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23 Colombia en biografía
UIS Stereo

Simón Bolívar

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La pregunta de hoy

Antier 24 de julio se conmemoró en Caracas, Bucaramanga y muchas ciudades los 231 años del nacimiento de quien fue bautizado como Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios. Es entonces un buen momento para plantear hoy la siguiente pregunta: ¿Quién fue ese personaje que recibió el título de Libertador de Venezuela, la Nueva Granada, Quito, el Perú y Charcas?

Mi respuesta es la siguiente:

Ante todo, fue un soldado afortunado y bendecido por la gloria en vida, que apenas tuvo una duración de 47 años y cinco meses. Fue el menor de una familia rica integrada por cuatro hermanos: dos hombres y dos mujeres. La hacienda predilecta de la familia Bolívar, San Mateo, estuvo en posesión de ella desde el siglo XVI. Como el padre y la madre murieron de tuberculosis cuando Simón aún era un niño, este pasó bajo la dependencia de tíos maternos de diferentes condiciones. Siguió la tradición militar de la familia como cadete del regimiento de milicias de voluntarios blancos del valle de Aragua, así como el impulso de autonomía de su grupo social respecto del capitán general de Caracas. A los 15 años fue enviado a España con sus tíos Esteban y Pedro Palacios para que conociera el mundo, pero a quien conoció fue a doña María Teresa Rodríguez del Toro, con quien contrajo matrimonio el 26 de mayo de 1802. Ocho meses después de la boda, esta murió en Caracas de una fiebre maligna. Bolívar se marchó de nuevo a Europa, donde adquirió los conocimientos y la experiencia necesaria para desempeñar un decisivo papel político desde 1810, cuando se formó la junta de gobierno patriótico de Caracas. Enviado con Andrés Bello en comisión ante el primer ministro de Gran Bretaña, fue entonces cuando conoció y fue influenciado por Francisco de Miranda, quien había imaginado una nueva nación continental independiente de la Monarquía española que habría de llamarse Colombia. Por lo pronto, el terremoto que acaeció en Caracas el 26 de marzo de 1812, jueves santo, fortaleció a la reacción regentista y terminó por poner fin a la experiencia de la primera república venezolana. Obligado por las circunstancias políticas, que incluyeron la captura de Miranda y su remisión a la cárcel de Cádiz, Bolívar y sus compañeros migraron hacia la plaza de Cartagena, donde se pusieron a órdenes del presidente del Estado de Cartagena. Una campaña militar contra los regentistas del Bajo Magdalena le dio a Bolívar el mando de tropas granadinas que, con la licencia del Congreso de las Provincias Unidas, llevó triunfantes hasta Caracas. Había nacido el Libertador de Venezuela, pero también su estilo de mando único y dictatorial, bien representado por su manifiesto de “guerra a muerte” a los españoles y canarios. No duró mucho la segunda república venezolana, y de nuevo Bolívar se refugió en la Nueva Granada, ayudando a su Congreso a reducir a Cundinamarca a sus filas. Pero cuando la nueva campaña contra Santa Marta se encontró con la resistencia de los cartageneros, acaudillada por el coronel Manuel del Castillo, Bolívar renunció al mando y se marchó a Jamaica. Y fue allí, en una carta dirigida al caballero Henry Cullen y datada el 6 de julio de 1815, que redujo la ambición continental de Miranda a una proporción viable y restringida: Colombia solo podría resultar de la unión de los pueblos de la capitanía general de Venezuela con los del virreinato de Santa Fe. Y fue así como el 23 de marzo de 1816, cuando se hizo a la vela desde los Cayos de San Luis hacia la costa venezolana la expedición de mil hombres en catorce barcos de guerra, que el general Bolívar comenzó a encabezar sus despachos con el título de “capitán general de los Ejércitos de Venezuela y de la Nueva Granada”. Era la ambición restringida que intentaba alcanzar el logro que hasta entonces le había sido esquivo.

El documento

En la Carta de Jamaica escribió Bolívar el siguiente párrafo:

La Nueva Granada se unirá con Venezuela si concuerdan en formar una república central, y por su situación y ventajas, la capital será Maracaibo… Su gobierno emulará, pues, al británico, pero como anhelo una república, en lugar de un rey tendrá un poder ejecutivo electivo, vitalicio tal vez, nunca hereditario. Su constitución será ecléctica, con lo cual se evitará que participe de todos los vicios; tendrá una cámara o senado hereditario que en las tempestades políticas se interpondrá entre las olas de las comunicaciones populares y los rayos del gobierno; y otro cuerpo legislativo de libre elección, sin más restricciones que las impuestas a la Cámara de los Comunes.

Esta ambición restringida, correspondiente a una identidad aplicable a un menor espectro social del continente suramericano, ya la había expuesto el general Bolívar al general Santiago Mariño en una carta datada a finales de diciembre de 1813, cuando coordinaba la existencia de los departamentos militares del oriente y del occidente de Venezuela:

Nuestra seguridad y la reputación del gobierno independiente nos impone, al contrario, el deber de hacer un cuerpo de nación con la Nueva Granada. Este es el voto ahora de los venezolanos y granadinos, y en solicitud de esta unión tan interesante a ambas regiones, los valientes hijos de Nueva Granada han venido a libertar a Venezuela. Si unimos todo en una misma masa de nación, al paso que extinguimos el fomento de los disturbios, consolidamos más nuestras fuerzas y facilitamos la mutua cooperación de los pueblos a sostener su causa natural. Divididos, seremos más débiles, menos respetados de los enemigos y neutrales. La unión bajo un solo gobierno supremo hará nuestra fuerza, y nos hará formidables a todos.

El discurso pronunciado por Bolívar al instalar el congreso de Venezuela reunido en Angostura, el 15 de febrero de 1819, insistió en “la reunión de la Nueva Granada y Venezuela en un grande estado”, y justificó esta ambición en “el voto uniforme de los pueblos y gobiernos de estas repúblicas”. La suerte favorable de las acciones militares ya había verificado “este enlace tan anhelado por todos los colombianos”, con lo cual podía decir que de hecho ya estaban incorporados. Como estos dos “pueblos hermanos” habían confiado sus intereses, sus derechos y sus destinos al congreso de Venezuela, pudo entonces decir que cuando contemplaba la reunión de estos dos pueblos en una sola nación

mi alma se remonta a la eminencia que exige la perspectiva colosal que ofrece un cuadro tan asombroso. Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá, con admiración y pasmo, la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región, me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del universo, extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos que la naturaleza había separado, y que nuestra patria reúne con prolongados y anchurosos canales. Ya la veo servir de lazo, de centro, de emporio a la familia humana. Ya la veo enviando a todos los recintos de la tierra los tesoros que abrigan sus montañas de plata y oro. Ya la veo distribuyendo por sus divinas plantas la salud y la vida a los hombres dolientes del antiguo universo. Ya la veo comunicando sus preciosos secretos a los sabios que ignoran cuan superior es la suma de las luces a la suma de las riquezas que le ha prodigado la naturaleza. Ya la veo sentada sobre el trono de la Libertad empuñando el cetro de la Justicia, coronada por la Gloria, mostrando al mundo antiguo la majestad del mundo moderno.

Los que fueron

La batalla de Boyacá confirmó la gloria militar del general Bolívar y su título de Libertador. Durante la siguiente década los ejércitos libertadores ganarían todas las grandes batallas en la antigua capitanía de Venezuela, el reino de Quito, el virreinato del Perú y la audiencia de Charcas. En la villa del Rosario de Cúcuta fue erigida constitucionalmente, durante el año 1821, la República de Colombia. La ambición política restringida del Libertador en Jamaica había cristalizado en una nueva nación de ciudadanos que se presentó ante las grandes potencias del mundo para reclamar su reconocimiento. Una constelación de estadistas se presentó ante la nación para dirigirla desde la administración, las legislaturas constitucionales y las magistraturas. Los nombres más brillantes fueron los de Francisco de Paula Santander, Francisco Antonio Zea, José Antonio Páez, Antonio José de Sucre, José Ignacio de Márquez, José Manuel Restrepo, Pedro Briceño Méndez, Carlos Soublette, José Rafael Revenga, Estanislao Vergara, Francisco Soto, Vicente Azuero, Pedro Gual, José María del Castillo y Rada, Rafael Urdaneta, Juan José Flores y Pedro Alcántara Herrán. Esa generación de los libertadores condujo a Colombia durante la década de 1820 y cuando esa nación se frustró en 1830 fue la misma que condujo en la siguiente década las tres nuevas naciones que desde entonces comenzaron su marcha: Nueva Granada, Venezuela y Ecuador.

Epílogo

El 17 de diciembre de 1830, en la hacienda samaria de San Pedro Alejandrino, expiró el general Simón Bolívar. Una semana antes había dictado a su secretario su última proclama dirigida a los colombianos, en la cual dijo que no aspiraba a más gloria que a la consolidación de Colombia. Encareció que trabajaran por la unión y para ello ofreció su vida, convencido de que su muerte contribuiría al cese de los enfrentamientos entre los diversos partidos de opinión. Era demasiado tarde, pues para entonces ya Venezuela y Ecuador se había constituido en nuevos estados independientes de Colombia.

El fin de la experiencia colombiana había comenzado el 30 de abril de 1826, cuando un movimiento popular se pronunció en Valencia contra el Senado de Colombia y desconoció la orden dada al general José Antonio Páez para que se presentara a juicio por un supuesto exceso cometido en un reclutamiento de milicias regladas ordenado en Caracas. Desde entonces la voluntad de seguir siendo colombianos comenzó a extinguirse entre las gentes de las provincias venezolanas, hasta que terminaron por erigirse constitucionalmente en un estado nacional separado de Colombia.

Fueron tres las respuestas políticas dadas a esa crisis: la gran convención de Ocaña en 1828, que terminó en un estruendoso fracaso; la dictadura del general Bolívar, que estimuló el intento de asesinarlo y la resistencia de los liberales granadinos y venezolanos; y la nueva constitución dada en 1830 por el Congreso Admirable que se aprobó demasiado tarde.

La vida de Bolívar no fue un derrotero recto ni indivisible. Hay que distinguir en ella tres etapas:

La primera, de 1810 a 1818, luchando por la independencia de Venezuela y la Nueva Granada, cosechando triunfos pero también grandes derrotas.

La segunda, de 1819 a 1826, convertido en el Liberador de su patria natal y de la Nueva Granada, pero llevando la revolución hasta el Perú y Charcas.

Y la tercera, entre 1826 y su muerte, cuando trató de sostener las instituciones colombianas con cambios que resultaron contrariando sus deseos.

Su vida ha inspirado múltiples interpretaciones de los historiadores, así como usos y abusos por los políticos. Pero, ¿qué es lo que la hace grande en la historia? Sin duda, su ambición política nacional restringida, si se la compara con la ambición continental de Miranda, pero viable políticamente en 1821. Su prolongada ausencia en el Perú jugó en contra de su ambición colombiana pero a favor de su gloria militar. Soldado de fortuna, como Napoleón, no pudo emular a la figura que los republicanos le presentaban, George Washington. Como dijo alguna vez, había contribuido a ganar la independencia para buena parte del continente, pero no así la libertad para todos los ciudadanos.

Música:

  1. Coplas del folclor llanero venezolano
  2. Las del Pantano de Vargas. Joropo
  3. Este niño don Simón
Ex libris de Armando Martínez Garnica: las tres plumas del Príncipe de Gales sobre una corona, con el lema «Ich Dien» y su nombre manuscrito.
Guión radial emitido por UIS Stereo. Del archivo personal de Armando Martínez Garnica.