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Colombia en biografía
UIS Stereo
Los primeros partidos políticos
La pregunta de hoy
En estos tiempos de elecciones presidenciales las opiniones que se expresan en público se dividen, como es normal en todo grupo que, de suyo, es esencialmente diverso y distinto. Algunos observadores de la escena pública proceden entonces a clasificar las opiniones expresadas en partidos de opinión, asignándole los nombres que arbitrariamente surgen en el curso mismo de los acalorados debates. Se habla entonces, por ejemplo, de liberales y serviles, exaltados y moderados, ministeriales y radicales, gólgotas y draconianos, históricos y nacionalistas, liberales y conservadores, pacifistas y guerreristas. Pero en algún momento de nuestra historia esos partidos de opinión lograron institucionalizarse como bancadas parlamentarias en el seno del poder legislativo. Es por ello que la pregunta de hoy es la siguiente:
¿Cuándo fue que nacieron en nuestro país los partidos políticos, entendidos como bancadas de senadores y representantes que en las cámaras legislativas se concertaron para convertir en nuevas leyes sus ideas políticas?
Mi respuesta es la siguiente:
La elección presidencial del año 1848 en el Estado de la Nueva Granada fue el evento que separó definitivamente a la élite política y a los ciudadanos electores en dos partidos organizados y dotados de sus respectivos programas de acción. Efectivamente, diez meses antes que ocurriera esta elección, Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro presentaron en el periódico El Nacional que habían creado su intención de “defender los intereses, los derechos, los principios y las doctrinas del partido conservador de la Nueva Granada”. Se comprometieron a exponer desde ese momento “una declaración general de esas doctrinas y de esos principios”, que permitiría a la opinión pública distinguir a ese Partido Conservador de otro distinto que era “el que se llama liberal progresista”. No obstante, el primer programa del Partido Conservador solo fue publicado por Ospina y Caro después de la elección presidencial del general José Hilario López, en la novena entrega del periódico La Civilización que apareció el 4 de octubre de 1849. A este último se debe la Declaratoria política escrita contra una afirmación ahistórica aparecida en El Día (no. 656, 1849), que los llevó a exponer los principios del Partido Conservador en los siguientes términos:
“El orden constitucional contra la dictadura;
La legalidad contra las vías de hecho;
La moral del cristianismo y sus doctrinas civilizadoras contra la inmoralidad y las doctrinas corruptoras del materialismo y del ateísmo;
La libertad racional, en todas sus diferentes aplicaciones, contra la opresión y el despotismo monárquico, militar, demagógico, literario, etc.;
La igualdad legal contra el privilegio aristocrático, odocrático, colocrático, universitario o cualquiera otro;
La tolerancia real y efectiva contra el exclusivismo y la persecución, sea del católico contra el protestante y el deísta, o del ateísta contra el jesuita y el fraile, etc.;
La propiedad contra el robo y la usurpación ejercida por los comunistas, los socialistas, los supremos o cualesquiera otros;
La seguridad contra la arbitrariedad de cualquier género que sea;
La civilización, en fin, contra la barbarie”.
En consecuencia, los conservadores considerarían en adelante que quien no aceptara estos principios no sería conservador, ya que, en su propias palabras, “El conservador condena todo acto contra el orden constitucional, contra la legalidad, contra la moral, contra la libertad, contra la igualdad, contra la tolerancia, contra la propiedad, contra la seguridad y contra la civilización, sea quien fuere el que los haya cometido. Y aprueba todos los actos a favor de estos grandes objetos, sea quien fuere el que los haya ejecutado. Ser o haber sido enemigo de Santander, o de Azuero o de López, no es ser conservador; porque Santander, Azuero y López defendieron también en diferentes épocas, principios conservadores. Haber sido amigo de estos o de aquellos caudillos en las guerras por la independencia, por la libertad o por la Constitución, no constituye a nadie conservador; porque algunos de esos caudillos han defendido también alguna vez principios anticonservadores. El conservador no tiene por guía a ningún hombre; eso es esencial en su programa. Si alguno o muchos hombres eminentes del partido se apartan del programa, el partido los abandona, los rechaza. El Partido Conservador no acepta ningún acto ejercido a su nombre contra su programa; ninguna aserción que esté en oposición con estos principios, sea cual fuere su procedencia. El Partido Conservador no quiere aumentar sus filas con hombres que no profesen teórica y prácticamente los principios de su programa; por el contrario, le convendría que si en sus filas se hallan algunos que no acepten con sinceridad estos principios, desertasen de una vez”.
Pasando al partido contrario, respondemos que la exposición de los "principios" que integraron el primer "programa" del Partido Liberal acaeció, durante el mes de julio de 1848, en dos artículos de prensa. El primero, escrito por el doctor Ezequiel Rojas, apareció en El Aviso (no. 26, 16 julio 1848), bajo el título de La razón de mi voto. El segundo, firmado por las iniciales P.P. y fechado el 8 de julio de 1848, apareció en La América (no. 19, 23 julio 1848), bajo el título de Nuestra situación política. Los dos periódicos promovían la candidatura presidencial del general José Hilario López, y el último además la concesión del indulto al general Obando. Una tercera "declaratoria de principios" liberales fue publicada en un periódico de Santa Marta, El Tribuno (no. 1, 30 abril 1848), que apoyaba la candidatura presidencial de Florentino González. Una comparación de estas tres declaratorias de los principios liberales que orientarían las administraciones de Florentino González o del general López, según quien ganara las elecciones primarias de 1848, puede sintetizarse del modo siguiente:
- Plena independencia de los tres poderes públicos, de tal manera que el Poder Ejecutivo no pudiese nombrar los empleados del Poder Judicial ni concurrir, con sus agentes, al Congreso.
- Abolición del veto suspensivo del Poder Ejecutivo sobre las leyes aprobadas en el Congreso, pues su ejercicio coarta la libertad del Poder Legislativo.
- Ampliación del derecho al voto a todos los granadinos mayores de 21 años que supiesen leer y escribir, eliminando cualquier requisito de propiedad o rentas.
- Elección directa del presidente, el vicepresidente, los congresistas y los gobernadores de las provincias.
- Libertad de cultos y tolerancia religiosa.
- Libertad de enseñanza y aprendizaje, de comercio y de industria.
- Supresión del ejército permanente y su reemplazo por una Guardia Nacional, para que el pueblo fuese el garante del orden y la libertad.
- Eliminación del diezmo agropecuario y libertad para el cultivo y el comercio de los tabacos, poniendo en circulación los capitales improductivos.
- Formación de un código civil y reforma del código penal, para mejorar la administración de justicia y su independencia.
- Libertad de imprenta.
- Expulsión de los jesuitas.
- Mejoramiento de la contabilidad de las rentas nacionales, ahorrando e invirtiendo mejor las rentas públicas, recuperando el crédito público y privilegiando el gasto en vías de comunicación.
- Separación de la Iglesia y el Estado.
- Fortalecimiento de los poderes municipales para poder transitar hacia el régimen federal.
El documento
El origen de la palabra conservador, usada para designar a un partido político, fue registrado en los recuerdos del general Tomás Cipriano de Mosquera de la siguiente manera:
En 1848, en la Cámara de Representantes, el señor Julio Arboleda pronunció un discurso manifestando la conveniencia de fundar en la República un partido denominado conservador, repitiendo casi literalmente un discurso de Mr. Guizot, pronunciado en la Cámara de diputados de Francia. Después de la sesión pasó a la Casa de Gobierno el doctor Mariano Ospina, que también era representante, y me hizo un elogio del discurso de Arboleda, manifestándome que era necesario organizar el partido conservador para contrariar las ideas anárquicas que comenzaban a dominar entre la juventud liberal; y le contesté que yo era progresista y de ninguna manera debía organizarse entre nosotros lo que se llama en Europa partido conservador, y le proporcioné el Diario de debates de París, para que leyese el discurso de Guizot. Tanto a él, como a Arboleda, les hice ver que lo que se denominaba en esa época en Francia e Inglaterra partido conservador era el que quería conservar la tradición monárquica, o sea la legitimidad de los reyes, con instituciones liberales que garantizaban la representación popular y los derechos individuales. Sin embargo de estas observaciones, estos señores y algunos de sus amigos comenzaron a organizar el partido conservador desde entonces, no obstante que durante la Administración Herrán habían sido antagonistas.
El general Mosquera, dada su larga experiencia política, estaba en posición de criticar las afirmaciones anacrónicas de José María Samper respecto de los nombres de los partidos, descalificando “la manía de los liberales de ogaño de hablar siempre de conservadores y liberales al tratar de los partidos políticos de diferentes épocas”. Por ejemplo, en la década de 1830 no puede hablarse de partido conservador, ni de tendencias tradicionalistas, “porque entonces no se habían trasladado estas ideas de los partidos europeos a América”. En realidad, durante la Administración Herrán solo existieron partidos de opinión, uno ministerial retrógrado y otro progresista, que la Administración Mosquera reunió en una sola corriente de opinión que llamó republicana progresista. Solo durante la agitación electoral de 1848 fue que los publicistas expusieron en la prensa los programas de los partidos liberal y conservador, entendidos como el partido de las nuevas libertades de la generación de 1848 y el partido del orden, la moral cristiana y la civilización. En su opinión, fue el gobierno de partido del general López el responsable de la insurrección conservadora de 1851, gracias a que este partido contaba ya con caudillos militares.
El personaje
Mariano Ospina Rodríguez nació en Guasca, Cundinamarca, el 18 de octubre de 1805, y murió en Medellín el 11 de enero de 1885. Como candidato del Partido Conservador ganó las primeras elecciones presidenciales realizadas por sufragio universal masculino y ejerció la presidencia de la República durante el cuatrienio 1857-1861. Durante su mandato se produjo la reforma constitucional de 1858 que abrió el camino de la experiencia federal colombiana. Como erróneamente se ha creído que su mandato constitucional fue derribado por la rebelión del presidente del Estado federal del Cauca, Tomás Cipriano de Mosquera, hay que aclarar que ello no fue así. El doctor Ospina concluyó su mandato el día 31 de marzo de 1861 y entregó el mando al procurador general de la República, Bartolomé Calvo, y se marchó a su casa. Las tropas del general Mosquera solo entraron a Bogotá en el mes de julio de 1861, y fue entonces cuando se rindió el doctor Calvo, quien fue encarcelado en Cartagena su ciudad natal, de donde pudo fugarse hacia las Antillas.
Ezequiel Rojas nació en la parroquia de San Joaquín de Miraflores, Boyacá, el 13 de septiembre de 1804. Discípulo de Vicente Azuero, se convirtió en principal publicista de la doctrina utilitarista y resultó comprometido en el intento de asesinato del Libertador, por lo cual fue encarcelado en Bocachica. Fue incorporado a la Administración López como secretario de Hacienda. Fue el contrincante principal de Miguel Antonio Caro en el debate entre el utilitarismo y el catolicismo y falleció el 21 de agosto de 1873.
Epílogo
Desde la distancia que le daba su vejez, el general Joaquín Posada Gutiérrez hizo un balance reposado, en sus Memorias histórico-políticas, de la arbitrariedad de esta “división funesta de los ciudadanos, engalanándose los unos con el título de liberales, y tratando a los otros de serviles”, nombres que acaloraban más las pasiones políticas y marcaron una tradición de descalificación política en las legislaturas de la Nueva Granada:
De entonces acá la primera de estas calificaciones ha variado por intervalos, unas veces en progresistas, otras en radicales, subdividiéndose a veces en gólgotas, en draconianos; otras en democráticos, en federalistas, y últimamente en mosqueristas. La segunda calificación, servil, como se recibía del partido adversario, ha venido variando como a él le ha parecido que sería más injuriosa, ya en beatos, rabilargos, fanáticos, romanistas, papistas; ya en retrógrados, centralistas, y últimamente en godos, que parece será el apodo que prevalecerá por haber sido importado por los revolucionarios de Venezuela, que se han desbordado sobre nuestra pobre patria, para que no quede ninguna calamidad que no la aflija. ¡Y estos epítetos absurdos, que apenas podrían oírse sin empacho en la boca inmunda de la plebe, hombres decentes y de posición social respetable no temen ensuciar sus labios repitiéndolos! […] (En 1827) Liberal era sinónimo de santanderista; servil era sinónimo de boliviano. Lo particular es que el mayor número de los que entonces eran llamados serviles resultan ahora liberales, y muchísimos de los que éramos considerados liberales, hemos venido a encontrarnos calificados de godos, como se llamaban en los primeros días de la revolución a los enemigos de la independencia. De qué manera se haya podido verificar esta metamorfosis en los nombres, sin que se haya cambiado la naturaleza de las cosas, es lo que nadie podrá explicar.
Música de José Joaquín Guarín (Bogotá, 1825-1854). Al piano: Harold Martina.
- El Granadino- vals
- Contradanza
- El Eco de los Andes- vals