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Colombia en biografía
UIS Stereo
Fundar, congregar, erigir
En un nuevo hotel de una cadena internacional, anexo a un centro comercial de Bucaramanga, se ha abierto un restaurante bautizado con el título de un año singular: “1622”. Cuando le pregunté a uno de sus meseros por el significado que atribuían a ese año me respondió con una expresión verbal insospechada: “Es el año de la inauguración de Bucaramanga”. Desde su perspectiva profesional, si un hotel merece una ceremonia de inauguración, también Bucaramanga debió tenerla en su día. Como en el siglo pasado se usaron otros verbos para relatar el origen del poblamiento de Bucaramanga, tales como fundar o congregar, la pregunta de hoy es la siguiente:
¿Cuáles fueron los verbos escogidos en los primeros siglos del Nuevo Reino de Granada para dar cuenta de los distintos procesos del poblamiento de su territorio jurisdiccional?
Mi respuesta es la siguiente: Además del verbo genérico poblar, solamente se usaron tres verbos para designar las entidades político-administrativas que fueron pobladas, los cuales son los siguientes: fundar, congregar y erigir.
El verbo fundar se reservó durante el primer siglo de la conquista española para designar los actos de poblamiento de ciudades en provincias indígenas, gracias a las violencias de las conquistas militares que hicieron posible su incorporación al dominio universal de la Corona de Castilla. Por ejemplo, cuando el alcalde don Juan de Ovalle respondió a la pregunta por el origen de la ciudad de La Palma contestó lo siguiente: “La ciudad de la Palma en este Nuevo Reino de Granada es pueblo de españoles y está fundada en la gobernación de la Trinidad, en una provincia de indios que los cristianos llamamos colimas, por haber hallado este nombre introducido en ellos”. Se escogió este verbo fundar porque permitió legitimar el derecho emanado de la Corona y de las gobernaciones que ella concedió a capitanes conquistadores para fundar el derecho a repartirse los indios en unidades de encomendación, las tierras y las aguas obtenidas por real merced, y los solares entregados a quienes se quedaron como vecinos de las ciudades para formar familias y edificar sus casas de habitación, cocinas y corrales. Las ciudades de Santa Fe, Tunja, Vélez, Pamplona y Ocaña son ejemplos de poblamientos por fundación.
El verbo congregar se reservó para el poblamiento de los aborígenes conquistados en pueblos dotados con tierras inalienables o resguardadas, con el fin de que recibieran la doctrina cristiana de los frailes evangelizadores y de que fueran protegidos de los abusos de los encomenderos, los hacendados y los mineros. Por ejemplo, cuando en 1622 don Andrés Páez de Sotomayor, actuando como juez poblador por comisión del oidor Juan de Villabona, congregó en el pueblo de indios de Bucaramanga a los indios lavadores de Cachagua en tres bohíos grandes, a los indios de Xérira en dos bohíos grandes, a los indios quebejos de la cuadrilla de Paéz de Sotomayor en dos bohíos y en otros a los indios guacas de la encomienda del capitán Juan de Velasco dijo que se estaban congregando en población para ser doctrinados por el presbítero Miguel de Trujillo, a la sazón cura doctrinero del Río del Oro. Los pueblos de indios de Cúcuta, Güepsa, Sogamoso y Curití fueron resultado de operaciones de congregación.
El verbo erigir se usó para designar las largas diligencias que un apoderado de un vecindario criollo hacía en la curia arquidiocesana y en la corte virreinal para poblarse alrededor de una plaza presidida por una iglesia administrada por un párroco. En virtud del real patronato que pesaba sobre la iglesia en América, correspondía al virrey de Santa Fe, en su condición de vicepatrono real, dar la aprobación final a las diligencias de erección de nuevas parroquias que comenzaban ante el provisor general del arzobispado. Por ejemplo, el vecindario de los sitios de Barbosa, Cite, Pozo Negro, Santa Rosa y Semiza consiguieron en febrero de 1819 la aprobación virreinal que les permitió erigirse en parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Cite, separándose de la autoridad del cura párroco de Vélez.
Finalizo mi respuesta resumiendo que las ciudades fueron fundadas en derecho por las huestes de conquistadores españoles, que los pueblos de indios fueron congregados en visitas de jueces congregadores para administrarlos como doctrinas y protegiéndoles un fundo de tierras colectivas para su sustento, y que las parroquias de hacendados y campesinos fueron erigidas bajo la advocación de un santo patrón y bajo la autoridad de un cura párroco.
El documento
El informe de comisión que presentó el presbítero Juan Andrés Bermúdez, párroco de Saboyá, al gobernador del arzobispado para recomendar la erección de la parroquia de Cite que por casi una década habían pedido sus vecinos:
Señor provisor capitular y vicario general del Arzobispado don Francisco Xavier Guerra:
La viceparroquia de Cite, jurisdicción de la ciudad de Vélez, está situada en las faldas de un alto o cordillera del pueblo antiguo del mismo nombre. Tiene una capilla y casa de cura cuya construcción es de madera, cubiertas de tejas. La primera consta de treinta varas de longitud y seis de latitud. En el centro del altar se halla colocado entre otros retablos de diferentes santos uno de la imagen de María Santísima del Rosario, copia de la milagrosa de Chiquinquirá. En su sacristía se custodian dos casullas con sus adherentes, una alba, una sobrepelliz, un cáliz con su patena y copa dorada, unas vinajeras con su salvilla, todo de plata, un misal y un Ritual Romano. Al frente de la puerta de dicha capilla, que está al oriente, se presenta un espacio cuasi horizontal, lo bastante capaz para la formación de la plaza y casas de su circunferencia, a que continúa el bastante territorio donde puede extenderse su población, aunque es algún tanto quebradizo. Este es un país delicioso que logra de un temperamento mediocre y tiene en sus inmediaciones buenas y bastantes aguas, pero en sí escaso de maderas para construir edificios de consideración. Por el lado del occidente tiene a su matriz, la ciudad de Vélez, distante tres horas; al sur las parroquias de Puente Real y Moniquirá, que se retiran también tres horas poco más o menos; en el oriente y con distancia de un cuarto de legua tiene la canoa con el nombre de Cite para transitar el río de Suárez, y en este punto se encuentran las jurisdicciones de Moniquirá y Pare, y la parroquial de la segunda se retira cuatro horas; y al norte tiene el pueblo de Güepsa que acerca hasta dos.
El ilustre cabildo de la ciudad de Vélez tiene puesto un alcalde partidario, que en el presente lo es don José María Sotomonte. Su jurisdicción se extiende a los territorios de Barbosa, Semisa, Pozo Negro y Cite. Por dentro de los cuales se encuentran trescientos sesenta y ocho cabezas de familia, y que resultan haber en su total un mil ochocientos cuarenta y un almas. Sus habitantes son robustos y hay algunos acomodados. Todo el globo es feraz y en él se encuentran frutos de tierra templada y fría. El espacio de este partido es con corta diferencia un cuadrilongo, que en el deslinde de Puente Real forma ángulos rectos a una y a otra parte; por la de Güepsa en el un extremo hace ángulo agudo, y en el otro obtuso. Son líneas de su longitud a saber, el río de Suárez y la cordillera de Pozo Negro, que son rectas.
Es cuanto puedo informar a V.S. en virtud de su superior orden, como se puede ver más latamente en las diligencias de mi comisión y padrón que a ellas acompaño.
Dios guarde a V.S. muchos años. Saboyá septiembre 14 de 1818. Su rendido súbdito y capellán que besa sus manos,
Juan Andrés Bermúdez.
El personaje
Nació en Cuenca, España en 1577. El 30 de agosto de 1600 se graduó como licenciado en Cánones en el Colegio Mayor de Santa María de Jesús (Universidad de Sevilla). El 9 de octubre siguiente recibió una Beca Jurista, de la cual tomó posesión el 20 de marzo de 1603, año en que obtuvo el grado de doctor y la cátedra de Prima de Cánones. El 1º de enero de 1607 fue elegido rector de la Universidad de Sevilla y en 1608 por sus méritos se le designó oidor de la Real Audiencia de Santa Fe.
Tan pronto llegó al Nuevo Reino de Granada, el presidente Juan de Borja le comisionó la visita de los indios de la provincia de Cartagena porque “las causas de su gobierno, conversión y buen tratamiento han estado desamparadas y desvalidas y en estado de grandísima lástima y compasión”. El 7 de diciembre de 1609 comenzó esta comisión con una reunión de testimonios y de las actas de las visitas practicadas anteriormente. A mediados de febrero de 1610 informó al rey que eran dos los principales problemas identificados: la tolerancia del servicio personal por las autoridades provinciales y la falta de curas doctrineros. Juzgó preciso congregar a los indios en menos poblaciones para proveer el remedio a estos dos problemas. El 27 de febrero de 1610 comenzó su visita a los partidos de Tolú, Cartagena y Mompóx. Después de censar un total de 86 pueblos de indios, se propuso reducirlos a 25. Efectivamente, ordenó hacer 13 pueblos de congregación en el partido de Cartagena y 6 en el de Tolú para que todos los indios tuvieran doctrina durante todo el año. Les asignó tierras de resguardo y redactó unas Ordenanzas que regirían en adelante todos los aspectos de su vida social: adoctrinamiento, trajes, protectores, mayordomos, servicios, rozas de comunidad, tasas tributarias, caciques, etc.
Por vía reservada y confidencial, el presidente Juan de Borja informó al rey sobre la calidad del oidor conquense:
En todo se ha señalado y mostrado su inteligencia, actividad, buen celo y letras, que son lucidísimas. Su edad es de 43 años. El ingenio vivo y agudo, aplicado generalmente a todas las materias referidas. Es muy estudioso y diligente, gran trabajador, limpio y entero, que todas estas partes juntas le hacen digno y merecedor de los mayores puestos de su profesión, que hay en estos Reinos de las Indias, porque demás de merecerlo su gran capacidad, las necesidades y pobreza con que vive, cargado con obligaciones de mujer y dos hijos y tres hijas, todas de poca edad, deben inclinar la generosa real clemencia de V. M.
En los años 1622-1623 practicó la visita general de los indios de las provincias de Tunja, Pamplona, San Cristóbal, La Grita y Salazar de las Palmas, durante la cual redujo todos los indios a pueblos dotados de tierras de resguardo. Uno de esos pueblos fue el de Bucaramanga. Al terminar esta visita firmó en Pamplona, el 12 de febrero de 1623, las Ordenanzas para el buen gobierno de las minas de las Vetas, Montuosa y Río de Oro.
Conclusión
El verbo poblar se usó de modo genérico durante los tres siglos de dominación de la Monarquía Católica en los reinos y provincias indianas. Pero los poblamientos fueron distintos, de acuerdo a su época y al grupo social que fue reunido en vecindad. La conquista de las provincias aborígenes se hizo con ciudades fundadas, esto es, con el establecimiento del derecho realengo para la apropiación de la energía laboral de los grupos aborígenes conquistados, de tierras y aguas, de solares trazados en cuadrícula alrededor de una plaza de armas. Se trató de la época de las fundaciones de las ciudades de Cartagena, Santa Marta, Popayán, Pasto, Tunja, San Cristóbal, Ocaña y San Juan Girón.
Fray Bartolomé de las Casas convenció a los reyes de la necesidad de poblar a los indios en pueblos dotados de tierras de resguardo para poder avanzar en su evangelización, una obligación de la Monarquía Católica con la Cristiandad universal. Para ello había que sacarlos de las minas y las haciendas para congregarlos en pueblos. Esta fue la época de las congregaciones, cuya figura más emblemática fue el visitador Juan de Villabona Zubiaurre, responsable de la congregación de los pueblos de Bucaramanga, Cácota de Suratá, Arboledas, Cácota de Velasco, Labateca y Silos.
Cuando el crecimiento demográfico se hizo notable fue preciso erigir parroquias para atender espiritualmente a un campesinado que requería someter a sacramentos las operaciones de su vida colectiva. Por medio de erecciones parroquiales vinieron al mundo la mayoría de los poblados que se convirtieron en los actuales municipios, tales como Piedecuesta, Floridablanca, Rionegro, Socorro, San Gil y Málaga.
Fundar, congregar y erigir son entonces los verbos propios del poblamiento americano, pero en todo caso nunca el verbo inaugurar.
Música de las parroquias santandereanas: el tiple de Pedro Nel Martínez.
- Ricitos de oro. Emilio Sierra.
- El zurdo Puentes. Pedro Nel Martínez
- Mi cabaña. Emilio Murillo