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Colombia en biografía
UIS Stereo
La prensa de la República de Colombia
La pregunta de hoy
La construcción de una nación siempre se acompaña de la actividad de los publicistas que escriben y publican periódicos. El primer periódico de nuestra nación se tituló precisamente El Colombiano, cuya primera entrega apareció en Londres el 15 de marzo de 1810, redactado por Francisco de Miranda. Se conocen cinco entregas salidas, hasta el mes de mayo siguiente, de la imprenta del sacerdote R. Juigné, situada en el número 17 de Margaret Street, Cavendish Square.
La pregunta de hoy es entonces, ¿Cuáles fueron los primeros periódicos publicados en la República de Colombia durante su primera década de existencia, es decir, entre 1820 y 1830.
En la década de 1820 existió una clasificación de la prensa con dos categorías: la prensa ministerial y la prensa política particular, buena parte de ella de oposición al gobierno.
Comenzaré entonces identificando la prensa ministerial, que era aquella que usaban los publicistas metidos a ministros para comunicar sus decretos y las leyes aprobadas en las legislaturas, pero también para confrontar a los publicistas de la oposición.
La Gaceta de Colombia fue la decana de la prensa ministerial porque nació en la Villa del Rosario de Cúcuta antes de que terminaran las sesiones del congreso constituyente y porque se mantuvo en circulación hasta el cierre del año 1831, con lo cual distribuyó 566 números en todos los departamentos colombianos. Su primer director fue el diputado por Santa Marta, aunque mexicano de nacimiento —Miguel de Santamaría—, pero una vez que el gobierno comenzó a despachar en Bogotá el vicepresidente dio la dirección permanente a Casimiro Calvo, un oficial de la Secretaría del Interior. Aunque se vendía en dos reales cada uno de los 800 ejemplares que se imprimían por número, el gobierno nacional tenía que subsidiar su déficit porque el editor distribuía gratuitamente 330 ejemplares, entregados a los principales empleados y autoridades, así como los que enviaba por canje a los editores de otros periódicos del país y del extranjero. Como el vicepresidente usó sus páginas para defenderse de los ataques que le hacían desde periódicos opositores, el editor tuvo que enfrentar las críticas de los lectores dividiendo sus páginas en las secciones “oficial” y “no oficial”, intentado hacer creer que el gobierno no tenía responsabilidad intelectual en los textos de la segunda sección, una estrategia que nadie se tomaba en serio.
Pero también se imprimieron otras gacetas ministeriales en algunos departamentos para la comunicación de los actos públicos de sus respetivos intendentes. Fueron ellas las siguientes:
El Constitucional de Boyacá, un semanario dirigido por el intendente José Ignacio de Márquez, comenzó a publicarse en Tunja, en la imprenta de ese departamento, el viernes 22 de julio de 1825. Con el lema “Sin constitución no hay patria ni libertad” prometió insertar los decretos y resoluciones del gobierno supremo y los propios de la intendencia, así como “cuanto creamos conducente al bien de este departamento y a los intereses de la nación”. Durante el tiempo en que el doctor José María del Real ocupó el empleo de intendente del departamento del Magdalena se publicó en Cartagena el Correo del Magdalena, un semanario que comenzó a salir en mayo de 1825 y se mantuvo hasta el 10 de noviembre siguiente. Como El Iris que se publicó en Caracas durante los tiempos del intendente Carlos Soublette, y la Gaceta del Istmo, de su respectivo intendente, estos ministeriales de los departamentos tuvieron una existencia efímera.
En el departamento de Venezuela sus intendentes publicaron dos ministeriales sucesivos: el primero fue El Constitucional Caraqueño del tiempo del intendente Juan Escalona (1824-1825), apoyado por sus amigos políticos, que comenzó a circular en Caracas el lunes 13 de septiembre de 1824 para “ilustrar a los pueblos en los verdaderos principios de la libertad civil” y “reclamar constantemente el cumplimiento religioso de la constitución y de las leyes”. El segundo, que fue estrictamente un ministerial desde el tiempo del intendente Cristóbal Mendoza, fue la Gaceta del Gobierno del departamento de Venezuela, publicada en Caracas dos veces por semana desde el 15 de septiembre de 1827 en la imprenta de Vicente Espinal, saliendo a la luz 242 números hasta el 30 de diciembre de 1829 con el lema “Salus populi suprema lex esto”, con lo cual alcanzó a insertar los pronunciamientos por la constitución del territorio que componía la antigua capitanía general de Venezuela “en estado soberano”. La orden de su publicación fue dada por el Libertador en Caracas, el 4 de julio de 1827, quien ordenó insertar en ella todas las leyes y decretos, las sentencias o providencias judiciales y administrativas, los emplazamientos y las circulares, pues en adelante “nadie podrá pretextar ignorancia para eximirse del perjuicio que ocasione su indolencia”.
El Colombiano de Guayas, que apareció el 13 de octubre de 1827 para suceder al desprestigiado El Patriota de Guayaquil, se mantuvo durante el resto de la década como el periódico ministerial del departamento de Guayaquil en la República de Colombia. Pero a partir de la entrega 42 del jueves 20 de mayo de 1830, cuando fue insertada el acta del pronunciamiento de Guayaquil por la división de Colombia en tres grandes secciones, y por su unión con los otros dos departamentos del Sur bajo la jefatura superior del general Flores, pasó a ser el medio ministerial de este departamento en la República del Ecuador, por lo menos hasta la entrega 102 del 21 de julio de 1831.
La prensa particular de oposición
El 19 de mayo de 1827 salió a la luz en la imprenta bogotana de Bruno Espinosa de los Monteros la primera entrega del periódico El Granadino. El primer párrafo de su primera página expuso abiertamente lo que ocurriría tres años después:
No hay remedio: la integridad de la República de Colombia no se salva ya ni con la Bula de Meco. Venezuela se ha separado para siempre de Colombia: las oficinas multiplicadas de hacienda, los muchos arreglos definitivos y permanentes que ha dictado allí el Libertador lo manifiestan; los papeles públicos que se escriben bajo sus auspicios no hablan sino de separación cuando tratan de la división de Colombia en tres estados… Ni es de esperar que el general Bolívar sea de opinión que sigan íntimamente unidas Venezuela y Nueva Granada, ni es probable que, aunque lo quiera, lo pueda conseguir. Los habitantes del Sur también desean la separación absoluta y aun se trasluce que se inclinan a su agregación al Perú.
El redactor de esta atrevida hoja impresa era uno de los mayores publicistas liberales granadinos de la década de 1820, autor de otros periódicos de combate contra la constitución boliviana y la dictadura del Libertador, como lo reconocería en 1832: “Yo fui uno de los muy raros, y de los primeros, que previne, que desarrollé y que combatí los designios de Bolívar y su constitución boliviana en El Granadino, Los Pensamientos, La Bandera Tricolor, El Observador Colombiano, El Batuecano, El Conductor y tantos otros papeles, a cuya redacción contribuí, o que fueron exclusivamente obra mía”.
El Conductor comenzó a salir en la Imprenta Bogotana el viernes 2 de febrero de 1827 con la mancheta “Los pueblos deben ser conducidos por la autoridad de las leyes, siempre igual e imposible, y no por voluntades pasajeras expuestas a todas las pasiones”. Azuero expuso aquí que en “una época tan oscura y tan incierta” era necesario que la prensa vigilase la moralidad de los gobernantes, pues la sublevación de Valencia había comenzado cuando el Senado llamó al general Páez y al doctor Peña a rendir cuentas, el primero por “una pequeñísima parte de su conducta” y al segundo por una suma de 28.000 pesos que le había usurpado a la República. En la práctica convirtió a este nuevo periódico en una tribuna partidista de combate contra los redactores de algunos periódicos de Caracas —El Cometa (el dominicano José Núñez de Cáceres), El Argos y La Lira de Antonio Leocadio Guzmán— y de los departamentos del Sur: La Aurora y El Patriota de Guayaquil, así como El Colombiano del Ecuador —redactado por José Félix Valdivieso y el español nacionalizado Francisco Eugenio Tamariz— que se publicaba en Quito.
La Bandera Tricolor nació en Bogotá el 16 de julio de 1826 con la intención principal de combatir al general Páez por “su defección ignominiosa”, a los redactores de El Venezolano —“un puñado de facciosos que sembró las primeras semillas de la división”— y al doctor Miguel Peña por “el pecadillo de haberse engullido la miseria de 25.000 pesos de esta menguada República”. Después de circular un semestre, los redactores de La Bandera Tricolor pusieron fin a su existencia al llegar a la entrega 26 del 7 de enero de 1827.
El documento
Tanto el presidente Simón Bolívar como el vicepresidente Francisco de Paula Santander fueron objeto de la crítica feroz de la prensa de oposición. Dos ejemplos dan cuenta de ello:
Antonio Leocadio Guzmán comenzó a publicar en Caracas, desde el sábado 3 de marzo de 1827, el periódico La Lira. Desde la primera entrega fue un botafuego contra el vicepresidente Santander, a quien atribuía gratuitamente la autoría de los artículos que aparecían en La Bandera Tricolor que se publicaba en Bogotá, pese a que en esta ciudad todo el mundo sabía que este periódico era redactado por Rufino Cuervo y Vicente Azuero. En defensa de los generales Bolívar y Páez se dedicó a zaherir al vicepresidente para restarle legitimidad moral a la autoridad ejecutiva que ejercía en el centro de Colombia:
¿Quién sino él disipó las rentas, desmoralizó y aniquiló el ejército, dividió las opiniones, persiguió el talento, exasperó el poder y conspiró, en fin, a la nación contra sus leyes? ¿Sin esas facultades extraordinarias que siempre tuvo, sin el eterno abuso que hizo de ellas, sin ese lenguaje con que llamó ladrones a los comerciantes y demagogos a los hombres de luces, sin la pueril ostentación de su poder, sin el abandono lamentable del Norte y Sur de la República, sin esos innumerables canonicatos, prebendas, tribunales y demás medios de que se valió para engendrar criaturas, sin la persecución manifiesta contra el mérito y la capacidad, sin los escándalos vergonzosos de los Arrublas, Montoyas, Hurtados y tantos otros, sin la acusación descabellada del general Páez, sin los elementos, en fin, que el redactor creó para la revolución, habría ella tenido lugar?
El segundo ejemplo es el periódico El Fanal que apareció el 24 de diciembre de 1829 en la imprenta caraqueña de Tomás Antero, para ofrecer explicaciones a sus lectores sobre “los justos motivos que ha tenido el pueblo de Caracas para pronunciarse por la separación del gobierno de Bogotá” y para desconocer la autoridad del general Bolívar. El editorial de la tercera entrega del 6 de enero de 1830 fue contundente en su ataque al Libertador:
El general Bolívar es la fuente de todos nuestros males y el que ha cegado todos los manantiales del bien: todo lo demás que pudiera aducirse a favor de nuestra separación de Bogotá es de segundo orden y verdaderamente no influye en lo que nos hemos propuesto… ¿Quién ha podido dudar que el general Bolívar es el único que ha puesto la República al borde del precipicio? ¿Quién es capaz de creer que se hubiera atrevido alguno en Colombia a proponer una monarquía sin estar satisfecho de que el general Bolívar, si no estaba decidido, se decidiría a entrar en el plan luego que supiese las disposiciones favorables de todos sus antiguos compañeros?
El personaje
Vicente Azuero Plata, quien durante la década de 1820 publicó la mayor cantidad de periódicos para defender las posturas liberales contra los proyectos dictatoriales o violatorios de la Constitución, que se titularon El Granadino, La Indicación, Los Pensamientos, El Correo de Bogotá, La Bandera Tricolor, El Observador Colombiano, El Batuecano y El Conductor.
Era natural de Oiba, donde nació el 21 de abril de 1787. Fue uno de los principales publicistas del liberalismo temprano de Colombia y un colaborador muy cercano del vicepresidente Santander. Se graduó como abogado en 1810 y fue uno de los constituyentes por San Gil en el colegio electoral que se reunió en el Valle de San José en agosto de 1812 para erigir el Estado Libre del Socorro. En 1821 fue uno de los constituyentes de la República de Colombia en la Villa del Rosario de Cúcuta, y luego fue fiscal de la Corte Suprema de Justicia. Estuvo en la gran convención de Ocaña como constituyente y acompañó al presidente Joaquín Mosquera en 1830 como su ministro del Interior. Murió en la hacienda La Esperanza, municipio de La Mesa, el 28 de septiembre de 1844.
- Epílogo
El semanario de mejor calidad de cuantos se publicaron en la primera década de Colombia fue el que comenzó a publicar el 27 de mayo de 1824 Leandro Miranda, el hijo del sacrificado “precursor” don Francisco de Miranda, en cuanto estableció su residencia en Bogotá. Se llamó El Constitucional y llevaba en su encabezado uno de los primeros escudos colombianos que circularon en Londres, quizás invención de su propio padre, y el lema “Patria cara, carior libertas”. Técnicamente fue la publicación particular de mejor calidad de cuantas existieron en Colombia —cuatro columnas, textos en español y en inglés, maquinaria inglesa y hasta impresor inglés—, y ofreció a sus lectores las actas de las sesiones de las legislaturas y decretos del poder ejecutivo. Sus suscriptores fueron todos los extranjeros y la alta burocracia, pero contó con un subsidio que le llegaba del extranjero. Era una mezcla de diario de sesiones del congreso con programas de las carreras de caballos que se organizaban, avisos comerciales, noticias del exterior, poesías, misceláneas políticas y cartas remitidas por muchas personas. Su naturaleza cosmopolita llamó la atención de quienes creían que su existencia adornaba la vida social de la capital de la República, y circuló hasta bien entrado el año 1827.
Música de Santos Quijano (organista de la catedral de Bogotá en el siglo XIX), interpretada al piano por Harold Martina:
- Polka a Isabel
- Vals Mis delirios
- Galopa