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Colombia en biografía
UIS Stereo
La alternación presidencial
Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander fueron, respectivamente, el primer presidente y el primer vicepresidente de la República de Colombia en ser reelegidos para el ejercicio de esos empleos. Pero esa experiencia bastó para que los constituyentes del Estado de la Nueva Granada establecieran en el duodécimo artículo del tercer título de la Constitución política de 1832 que en adelante el Gobierno sería alternativo. Como este atributo de alternación asignado al gobierno se mantuvo en las Constituciones de 1843 y 1853 se estableció una singular tradición política colombiana. Es por ello que la pregunta de hoy es la siguiente: ¿Qué tan larga y estable ha sido en la nación colombiana la tradición de la alternabilidad de los partidos en el ejercicio del poder ejecutivo?
Mi respuesta es la siguiente:
El doctor Ignacio Gutiérrez Vergara concluyó en 1858, cuando empezaba su brillante actuación como secretario de Hacienda de la Administración Ospina, que “un pueblo incipiente, dominado por una imaginación fogosa, ve en la alternabilidad de los partidos y de las personas la salvaguardia de su libertad.” Esta tradición política había comenzado durante la segunda elección presidencial de 1836, cuando el presidente Santander intentó influir en favor de la candidatura del general José María Obando, obteniendo una dura resistencia que llevó a la presidencia a su rival, el doctor José Ignacio de Márquez. En estos comicios habían participado los doctores José Ignacio de Márquez, Vicente Azuero y Francisco Soto, así como el general Obando. Los tres últimos eran personas muy cercanas a los afectos del presidente Santander, por lo cual compitieron entre sí para obtener su aprobación. Éste descalificó inicialmente a Azuero y Soto, señalando como su sucesor al general Obando, "a pesar de sus defectos para magistrado, por necesidad también, porque los perturbadores de oficio le tienen miedo y porque los patriotas tenemos confianza en él". Como el general Obando había proclamado su candidatura con un programa de gobierno emitido en Popayán (14 abril 1836), en el que ofrecía imitar al presidente Santander en su forma de gobernar, la resistencia al "continuismo" del gobierno se enconó, al punto que se divulgó la opinión que atribuía a Santander la pretensión de seguir gobernando a través del general Obando, para retornar así a la silla presidencial en 1841. Las elecciones primarias en las asambleas cantonales favorecieron al doctor Márquez (622 votos), seguido por Obando (555 votos) y Azuero (164 votos). Al no existir mayoría absoluta, le correspondió al Congreso de 1837 el perfeccionamiento de la elección. La primera votación de los 96 congresistas descartó a Obando, reduciéndose la elección a los doctores Márquez, quien había obtenido 58 votos, y Azuero, que contaba con 21 votos. En la segunda elección, la mayor parte de los partidarios de Obando votó por el doctor Azuero, quien había recibido el beneplácito final del presidente Santander, pero apenas pudo reunir 33 votos, frente a los 62 votos emitidos por el doctor Márquez, pues uno de los votos fue dado en blanco. En la cuarta votación éste pudo reunir al fin los 64 votos que requería para demostrar la mayoría de las dos terceras partes, con lo cual fue proclamado segundo presidente de la Nueva Granada. Este triunfo del bando moderado de los liberales y de los antiguos bolivarianos, promotores de la candidatura del vicepresidente Márquez, cerró el paso al intento de iniciar una tradición de elección exitosa de los "candidatos de la Administración", formando en cambio la tradición granadina de los movimientos de resistencia política a "la imposición" y "la tiranía" de los presidentes.
El debate presidencial de 1848-1849 también contó con un "candidato de la administración": el doctor Rufino Cuervo. Pero sus adversarios se esforzaron entonces por desprestigiar al gobierno Mosquera como medio para neutralizar este nuevo intento de formación de la tradición presidencial de designación del sucesor en el primer cargo del Poder Ejecutivo:
Mosquera pretende aún lo que Santander no pudo conseguir: quiere que el Congreso, dócil a sus órdenes, nombre al sucesor que él mismo ha elegido para continuar a su sombra la dictadura que ejerciera bajo las débiles administraciones de Márquez y Herrán. Él mismo ha dicho, con imprudente audacia, que no serán electos presidentes sino los individuos designados por él o por Herrán.
Pedro Neira Acevedo, el redactor de El Republicano, fue uno de los que convocó al Congreso de 1849 a derrotar las aspiraciones del candidato de la Administración Mosquera, el vicepresidente Rufino Cuervo, señalando "la injusticia" que su triunfo causaría:
el candidato de la administración es el más impopular, por cuya razón no hay motivos de temor; pero si llegase el caso en que despreciando la opinión pública, fuese electo presidente, la República entera se levantaría en masa protestando contra tan notoria injusticia. Si tal cosa sucediese, volvería a encenderse la guerra civil, veríamos correr la sangre a torrentes, y la corriente sería cien veces más encarnizada que lo fue en 1840.
La consolidación de la tradición de alternación en la administración del Poder Ejecutivo es el supuesto de la formación de la tradición bipartidista en la acción política granadina. Como se sabe bien, la campaña presidencial de 1848 fue la circunstancia en la cual se formularon, de manera explícita, los programas de los partidos liberal y conservador, cuya existencia política formal cristalizó definitivamente el 7 de marzo de 1849. Los liberales de 1848 fueron conscientes en ese momento de la posibilidad de la alternación en la conducción de los Poderes Ejecutivo y Legislativo. En la peculiar representación histórica que construyeron para justificar su acción política, sostuvieron que habían transcurrido doce años de su exclusión política del poder público, pero que al disponer ya de un sólido programa de gobierno, pertinente con las transformaciones sociales y políticas que habían ocurrido en Francia, sentían que les había llegado el turno de gobernar y de "redimir a los desterrados" que había dejado la Administración Herrán, empezando por "el gran perseguido": el "desgraciado general Obando".
Sometida a crítica la Administración Mosquera y presentado "con espanto" su candidato presidencial, todos los periódicos liberales convocaron a la nación a votar por el general López, dueño de un largo prestigio militar y centro de las esperanzas de las reformas liberales que los sucesos europeos de 1848 parecían exigir. La alternación partidista cobró este año su expresión definitiva con la exposición de los dos programas, y el candidato de los liberales triunfó ampliamente en las asambleas electorales de los cantones: 735 votos frente a los 304 que obtuvo el candidato de la Administración Mosquera. Incluso el doctor Gori, candidato independiente, superó en ochenta votos a éste. La agitación política que se inició desde comienzos de 1849 tenía como único propósito detener la maniobra "perfeccionadora" del Congreso, mayoritariamente conservador, contra los resultados de las asambleas cantonales. La organización de los artesanos de Bogotá y la agitación en los colegios, así como la campaña periodística en las provincias, no tenía otro propósito que el de ratificar en el Congreso los resultados electorales de los cantones, es decir, la defensa del triunfo "popular" del general López. El Congreso de 1849 se convirtió entonces en el ojo de la tormenta, señalando a los verdaderos actores del drama: los militares y los abogados que ocupaban los asientos de la Cámara y del Senado.
El documento
En 1853, cuando finalmente pudo el general Obando alcanzar la posición presidencial, el vicepresidente Obaldía le recordó que su derrota de 1837 la había causado el propio presidente Santander:
Diez y siete años hace que una parte del pueblo granadino quiso traeros al elevado puesto que ocupais en este día. El primer hombre de estado de aquellos tiempos favorecía decididamente vuestra candidatura: ese hombre era el general Santander. Pero su misma elevación, y la circunstancia de hallarse gobernando la República, fueron hábilmente explotadas por vuestros adversarios políticos, y desde el centro de la Nueva Granada hasta sus más remotas extremidades esparciose una idea, engalanada con el ropaje seductor de la libertad, que entrañaba, no obstante, un germen de muerte para vuestra candidatura. Hízose creer que aquel ciudadano distinguido ensayaba sus fuerzas contra el libre sufragio del pueblo, que quería imponerle su libertad, y que, en darse un sucesor, abrigaba un designio siniestro.
En 1837 Santander no habría comprendido que "su injerencia en vuestra elevación iba a ser proyectil que la hiriese desde su cuna, y que la hiciese descender a medio vuelo", porque quiso trasplantar a la Nueva Granada una práctica de los Estados Unidos, olvidando que "en la infancia de los pueblos, como en la adolescencia de los seres humanos, la susceptibilidad es una condición del organismo". Ese error, "nunca bien deplorado", había sido la causa de la derrota de la candidatura del general Obando. En su respuesta al discurso del vicepresidente, el general Obando reconoció que efectivamente había recibido de Santander "la ilimitada distinción de presentarme a la República como digno de sucederle en el mando supremo", para "dar arraigo a las instituciones republicanas que él había planteado en los cuatro años de su administración", pero este proyecto se había malogrado en la contienda electoral, tan "llena de peripecias que no se habrán olvidado".
El personaje
Nació el 29 de junio de 1806 en Santafé y se hizo abogado. Comenzó su carrera burocrática en la Secretaría de Hacienda de Colombia en 1825, cuando la dirigía el primer hacendista José María del Castillo y Rada. Pasó luego a la Secretaría de Relaciones Exteriores y así se fue convirtiendo en uno de los más brillantes miembros de la generación de los Ministeriales, llamados así porque siempre estaban ejerciendo un cargo durante los primeros cuatro gobiernos del Estado de la Nueva Granada. Como su especialidad fue el crédito público de la Nación se encargó de la Secretaría de Hacienda durante la Administración Ospina, y fue entonces cuando realizó las consultas en las bolsas de Londres y Amsterdam que despejó el camino para la resolución del grave problema de la deuda exterior que había dejado la experiencia colombiana. Por ser el secretario de estado de mayor edad recayó en él la presidencia constitucional durante la crisis de 1861, cuando el general Mosquera tomó Bogotá con sus tropas. Después de resistir escondido varios meses fue capturado y desterrado del país. A su regreso fue elegido en 1867 por voto popular gobernador del Estado de Cundinamarca, hasta que el presidente Santos Gutiérrez lo derribó de su empleo, violando la neutralidad del Estado federal respecto de la independencia de los estados. Después de servirle al país en muchos empleos murió en Bogotá el 3 de noviembre de 1877.
Epílogo
¿De dónde sacaron los legisladores colombianos esta idea de la alternación de los gobiernos? La respuesta no es difícil: del legado ideológico de la Revolución Francesa, pues la alternación fue una de las cualidades básicas de la forma republicana del gobierno, junto a la división de poderes, la elección de los gobernantes, la limitación legal de las facultades de la autoridad pública, y la responsabilidad del gobierno respecto de sus actos (rendición de cuentas y publicidad de su gestión). El artículo 12 de la Carta granadina de 1832 solo mencionó explícitamente tres cualidades de la forma republicana (electiva, alternativa y responsable), pero supuso las otras dos tras la limitación que el pueblo imponía a la autoridad gubernamental, así como el rasgo representativo suponía la división tripartita del poder público".
La hermenéutica del principio de la alternación en el gobierno pudo haber sido realizada por los juristas granadinos a partir de su lectura de las obras de Benjamin Constant (1767-1830), especialmente de las tituladas Sobre las reacciones políticas (1797), traducida al español por don Marcial Antonio López (Madrid: Imprenta de la Compañía, 1820), y Principios de política aplicables a todos los gobiernos (1815), que es un examen del Acta adicional a las constituciones del Imperio (proyecto constitucional liberal conocido como Benjamine). Don Manuel Ancízar fue uno de los lectores del Tratado sobre las reacciones políticas, pues incluso usó uno de sus párrafos como epígrafe de uno de sus editoriales del periódico El Neo-Granadino ("Sobre la necesidad de conservar el prestigio del gobierno"), cuando empezaba la Administración López. Fue entonces cuando recordó que "el sistema republicano alternativo es uno de los cánones democráticos", con unos efectos que tendrían que verse de inmediato bajo la nueva Administración López, cuya misión era, "en cierto modo, de rehabilitación para todo un gran partido": el que había estado fuera del gobierno durante los doce años anteriores. Así, la nueva mayoría triunfante en la elección del 7 de marzo de 1849 había "conquistado el derecho de gobernar con sus principios y sus hombres", pues "cuando una administración sucede a otra de principios enteramente opuestos, hay necesidad de cambiar casi todo el personal administrativo máxime cuando las circunstancias han sido tan adversas para los hombres de la mayoría que necesitan reorganizar su partido, creando entidades, y dando a sus hombres la práctica de los negocios y rehabilitándolos en la opinión".
La alternación, en tanto "canon democrático" del régimen republicano, permitía desechar las pretensiones de algunos respecto de que el poder público era "hereditario de un solo partido", al punto que una vez desplazado por otro partido pasaban a la actitud de minar la buena opinión de la nueva administración pública, "a fuerza de repetir calumnias o de exagerar algunas difamaciones". Contra esos "opositores exagerados" había que defender el prestigio del gobierno, pues sin el respaldo de la opinión pública podría "zozobrar la sociedad y se desquicia al menor vaivén".
Pasillos de Emilio Murillo (1880-1942)- Piano: Blanca Uribe
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