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15 Colombia en biografía
UIS Stereo

Historia local e historia nacional

2.173 palabras unos 11 minutos de lectura

La pregunta de hoy

Todos los 87 municipios del departamento de Santander tienen una historia propia que podemos llamar local. Pero desde hace dos siglos cada uno de ellos participa de una historia de la construcción de la nación colombiana que podemos llamar historia nacional. Así es que la pregunta de hoy es: ¿cómo es que se relaciona la historia local de cada municipio con la historia de la nación colombiana?

Para responder esta pregunta voy a escoger la historia local del municipio tradicionalmente más pequeño de Santander, situado junto al puente sobre el río Sube, enclavado en el fondo del cañón del Chicamocha. De acuerdo al censo del año 2005, el municipio de Jordán solo cuenta con 1.140 habitantes, de los cuales permanecen en la cabecera municipal apenas 64, y el resto se disemina en las abruptas pendientes del cañón que descienden de los 1.200 a los 500 metros. Esta población es menor en 136 personas a las que tenía el distrito parroquial de Jordán en el año 1859. Y, sin embargo, es un municipio santandereano dotado de alcalde y concejo municipal, escuela e iglesia, y también disputas partidistas a la hora de las elecciones.

La historia local de Jordán es tan antigua como la cabuya que los indios guanes nadadores cuidaron sobre las aguas del río Sube para ayudar a los transeúntes a pasarlas, junto con sus cargas. En los tiempos indianos indios y mestizos siguieron nadando y templando la cabuya, convertida en una tarabita de 24 rejos de cuero torcidos y entrelazados, y en el siglo XIX un práctico venido de Maracaibo tendió un puente de madera que facilitó el paso de las cargas. Hoy en día conserva un puente con garitas en los estribos que es una reliquia arquitectónica.

Después de muchos siglos de existencia del paso del río Sube por la cabuya de su nombre, el 22 de abril de 1854 un grupo de vecinos del sitio protocolizó la firma de su compromiso mancomunado para sufragar los gastos de una parroquia en el sitio: la congrua anual del cura párroco, adornar la capilla existente y sostener las tres cofradías. El arzobispo Antonio Herrán aprobó la petición y autorizó la erección de la parroquia pedida en el sitio de Sube con el nombre de El Jordán, segregando sus feligreses de la anterior adscripción a las feligresías de Aratoca, Curití y Barichara, todas de la provincia de San Gil. El primer párroco encargado fue el presbítero Pedro Alcántara Rojas. Como hasta entonces los feligreses de Sube habían tenido como patrona de su capilla “de palos y paja” a santa Rosa de Lima, decidieron conservar esa devoción hasta nuestros días.

El segundo párroco fue el doctor Diego Enrique Meléndez, un sangileño, quien rigió a sus feligreses por cuatro décadas, entre 1869 y 1909. Gracias a sus anotaciones en un diario que llevó por esos años podemos responder la pregunta por la conexión de esa historia de uno de los municipios más pequeños del país con la historia de la construcción de un cuerpo de ciudadanos que llamamos colombianos. Su esmerada educación en Bogotá, primero en el colegio de los jesuitas y después en el seminario mayor arquidiocesano, hicieron de él el centro del régimen parroquial que pesaba sobre esa sociedad local. La autoridad de las encíclicas papales y de Miguel Antonio Caro, cabecilla del Partido Nacional que llevaba adelante el proyecto político de la Regeneración y de la defensa de la constitución de 1886, hicieron obedecer a esa sociedad local por medio de la palabra dominical de este pastor de almas.

La figura del párroco y la del telegrafista se unieron en Jordán para hacer realidad la subordinación de una pequeña sociedad local a la autoridad de la legitimidad que emanaba de la carta de 1886, el proyecto que construía una nación de ciudadanos bajo la tutela de la Iglesia Católica, al punto que monseñor Rafael Carrasquilla, quien fue rector de la Universidad del Rosario, pudo decir que ser buen colombiano significaba ser primero buen católico. La historia de esa nación de ciudadanos católicos pasaba por la historia local de Jordán gracias a que esta estuvo regida durante cuatro décadas por un párroco que era un hombre de letras muy bien informado y dotado del poder de persuasión en asuntos políticos y religiosos.

El documento

Anotaciones del doctor Meléndez fechadas en Jordán el 18 de abril de 1896:

Patrocinio de San José, la Santa Cruz, las elecciones futuras

  1. Los católicos recurrimos con oración y expiación al Señor de los pueblos, al Legislador eterno, para elegir con acierto hombres que tengan verdadera idea del Altar y del Trono, que son la Iglesia y la Patria. Los enemigos giran en diverso sentido.
  2. El próximo domingo, dedicado al Patrocinio de San José, se harán las elecciones de Municipales y de Diputados de la Asamblea Departamental. San José sabe librarnos de la mayoría de los adversarios, de modo que prime la de los buenos ciudadanos en urna.
  3. El domingo 3 de mayo se hará elección de miembros del Congreso, de modo que no resulte Cangrejo. La Santa Cruz, repeledora del demonio, manifestará su influencia, a efecto de que de la urna electoral salgan señores que en la Cámara de Representantes representen categóricamente el verdadero ser y valer de Colombia, en cuanto a discreción, juicio y mérito positivo, según la luminosa frase del Sr. González, enérgico Arzobispo de Quito; y que los señores del Senado, por su mayor saber y leal entender, procuren infundir serenidad de pensamiento, de ideas, de ánimo, de aspiraciones en el pueblo colombiano, a quien quiere alumbrar con lumbre infernal la mano negra.
  4. Si la suerte resultare adversa a la causa del bien, a pesar de que la Providencia protege a Colombia, es señal de que la ira divina no está completamente desagraviada y que hay necesidad de otros sufrimientos por la victoria.

Jordán, enero 25 de 1897, a.m.

La ovación de los radicales al señor Rafael Uribe Uribe

  1. Con el pretexto de que publicó un programa, en el cual toca de Religión alguna cosa, como los niños cuando los entretienen las madres haciéndolos tocar las teclas de un piano o armonio, y porque en las sesiones del último Congreso rezó una novena en bien de Cuba y agotó sus alientos injuriando al Gobierno, los radicales, envalentonados, han suscrito una manifestación de sahumerio, que no de sincero elogio, al señor Rafael Uribe Uribe, autor del dicho de 1894: “El golpe avisa”.
  2. Si supieran Don Rafael y su cola la fábula del lobo y del cordero, cuando bebían agua de corriente, el primero arriba y el segundo abajo, se callaran y estuvieran quedos. Don Rafael y Don Gaitán Obeso son lo mismo: olivos y aceitunos.

El personaje

El doctor Diego Enrique Meléndez Martínez, cura de la parroquia de El Jordán sita en la aldea de Sube, nació en la villa de San Gil el 15 de julio de 1842 —día de san Camilo de Lelis en el almanaque cristiano que se seguía entonces— y fue bautizado con los nombres de Diego, Camilo, Enrique, Francisco de Paula. Era el hijo legítimo menor de don José Agustín Meléndez Estengo, fallecido el 10 de mayo de 1850, y de doña Juliana Martínez Fernández, quien falleció en 1860. Por el lado materno estaba emparentado con el publicista conservador Carlos Martínez Silva, cinco años menor y paisano. Falleció en la casa cura de Jordán el 12 de marzo de 1912 y fue inhumado a la entrada de la iglesia parroquial. A los siete años fue confirmado en Bogotá por el arzobispo de Bogotá, Manuel José Mosquera, y aprendió a leer y a escribir en la escuela pública de San Gil y en el sitio de Los Pozos. Desde 1856 acompañó como monaguillo en la parroquia de Betulia a su tío, el presbítero Teófilo Martínez Fernández, quien le enseñó latín para encaminarlo hacia la carrera eclesiástica. Todos los lunes de los años 1857, 1858 y 1859 asistió a clases en el establecimiento de educación de los Hermanos Villar que funcionaba en San Gil, y de ahí pasó a Bogotá, donde dedicó los años 1860 y medio 1861 a estudiar griego y latín con el padre Roberto María del Pozo S.J. en el colegio de los jesuitas. Cerrado este camino, ingresó como interno al seminario arquidiocesano, donde abrazó el estado eclesiástico y durante el año 1869 se hizo diácono y se ordenó sacerdote. De inmediato fue escogido como segundo cura de la parroquia de El Jordán por el vicario de San Pedro, Diócesis de Tunja. Tenía entonces 27 años.

Además de la cura de almas en El Jordán por tres veces fue encargado de la parroquia de Los Santos, que pertenecía a la diócesis de Nueva Pamplona: 1894-1896.

En su retiro parroquial de El Jordán fue llevando sus anotaciones en hojas sueltas que luego cosió para formar cuadernitos. Sus razones fueron anotadas durante la tarde del 17 de mayo de 1896:

Mi póstumo lector dirá: Paciencia de sobra tuvo el presbítero Diego Enrique Meléndez en apuntar curiosidades y saborearlas. ¿Por qué? Por amigo de la posteridad. Paciencia tuvo para hacer cuadernos de vueltas de cartas y llenar los blancos con apuntes no despreciables. ¿Por qué? Porque quiso dejar a la posteridad un ejemplo que aprendió de Ruth la espigadora. Paciencia tuvo para dejar noticia de las funciones religiosas de su amada parroquia. ¿Por qué? Porque la posteridad que viene, viene nutrida de elemento religioso. Paciencia tuvo para escribir por sí mismo y bastante. ¿Por qué? Porque le enseñaron esa buena ocupación y porque quiso gozar de su trabajo, según esto: “Ora et labora”.

Epílogo

Jordán, enero 26 de 1897, a.m.

Fructificar según San Policarpo

  1. En el cielo, lo que está haciendo el Santo: agradecer perennemente al Señor que en la tierra hubiera correspondido al significado de su nombre, “mucho fruto”. En consecuencia, con su apostolado ganó muchas almas para la bienaventuranza.
  2. Cuantos se llamen Policarpos tienen que pensar y obrar de acuerdo con su santo Patrón, y no de decir de su dignidad de cristianos. Policarpa Salavarrieta, la patriota de la Independencia, mientras estuvo en su buena fe, procedió bien.
  3. En mi ministerio parroquial los frutos serán calificados por Dios y por la sanción sensata: no corresponde al autor, calificarlos, pues incurre en presunción y vanidad.
  4. Estudiaré los frutos de los partidos en Colombia desde la Independencia al presente año. Del partido conservador, los que su nombre evoca esto es: conservador de las tradiciones de Bolívar, cristianas y sanas, y basta. A última hora los llamados conservadores se contagiaron, excepto unos pocos, y se han convertido en camaleones.
  5. Del partido radical, sus frutos son consecuentes con su fe de bautismo, esto es: arrancan de raíz el altar y el trono, nada respetan, nada dejan, y al cabo reciben la Confirmación que en ese partido se llama Nihilismo.
  6. Los frutos del partido independiente concuerdan con su denominación: independiente del conservador porque no lo sigue en un todo, e independiente del radical, porque le infunde miedo meterse en cosas de Religión.
  7. El fruto general de todos los tres partidos en Colombia desde la Independencia es haber andado un camino de 86 años buscando un sistema de vida político que nada se pareciera al de su madre España. Por cierto ha habido mucho error y ninguno de los tres ha podido dar con la brújula que abandonaron desde que abandonaron a España y después a Bolívar, quien comprendió mejor lo que convenía a Colombia. Por Independencia se comenzó y a independientes llegamos ya, para volver a monarquía, que será el final resultado.
  8. En hora feliz la Providencia descargó severo golpe sobre la mano negra del radicalismo colombiano, por medio de nueva Constitución (1886) que engendró lo que hoy se llama con propiedad “Regeneración”, esto es, purificación de los buenos elementos conservadores, radicales e independientes, para formar con ellos un fruto digno de su nombre y de su misión: “Partido Nacional”. Cosa muy natural y bien racional.
  9. Pero: ciertos conservadores viejos no han querido sentarse en tan fraternal, tan liberal y tan igual mesa, porque es visto que no es el Patriotismo sino el egoísmo, lo que está anidado en su carcomido corazón. Lo mismo se debe decir de ciertos caballeros de los dos restantes partidos.
  10. Luego es una injusticia no cooperar ingenuamente a sostener el árbol y gustar del fruto de la Regeneración que sembró el Desdeñado de los liberales, Dr. Núñez, y que el desengañado de los conservadores, sr. Caro, está cuidando, podando y despejando de ramas que son inútiles.
  11. Respecto de la mala inteligencia de los no adictos al Partido Nacional, cabe decirles lo que N. S. J. C. dijo de los oyentes de sus Apóstoles y de éstos: “A vosotros toca entender los misterios y explicarlos a ellos en parábolas”.
  12. Los radicales colombianos no conocen ni las parábolas; las parabalas sí. Por eso hoy revientan con el ejército permanente, para castigarles su malicia impenitente.

Música de Lucas Céspedes Ayala al tiple:

  1. Aires de mi tierra, pasillo de Gustavo Gómez Ardila
  2. Inspiración, bambuco de Felipe Lamus
  3. Jorcastil, pasillo de Jorge Ariza
Ex libris de Armando Martínez Garnica: las tres plumas del Príncipe de Gales sobre una corona, con el lema «Ich Dien» y su nombre manuscrito.
Guión radial emitido por UIS Stereo. Del archivo personal de Armando Martínez Garnica.