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Colombia en biografía
UIS Stereo
El nacimiento de Colombia
La pregunta de hoy
Hasta la batalla de Boyacá, el 7 de agosto de 1819, y descontando los cinco años de experiencia de los primeros estados provinciales, este país fue políticamente un reino del dominio de la monarquía católica, exactamente el Nuevo Reino de Granada. La pregunta de hoy es: ¿cuándo fue que nació Colombia y qué significa su nacimiento para los ciudadanos de hoy?
Mi respuesta es la siguiente:
El general Simón Bolívar pronunció el Libertador ante el Congreso de Venezuela reunido en Angostura, el 12 de diciembre de 1819, un discurso en el que dijo gratuitamente que “el anhelo” de todas las provincias de la Nueva Granada por unirse a las provincias de Venezuela era “unánime”:
Los granadinos están íntimamente penetrados de la inmensa ventaja que resulta a uno y otro pueblo de la creación de una nueva república, compuesta de estas dos naciones. La reunión de la Nueva Granada y Venezuela es el objeto único que me he propuesto desde mis primeras armas: es el voto de los ciudadanos de ambos países, y es la garantía de la Libertad de la América del Sur.
Francisco Antonio Zea, el entusiasta presidente de este Congreso, contestó diciendo que los hombres “sensibles a lo sublime y a lo grande” tenían que recompensar las hazañas militares del “héroe de Venezuela”, pues su genio admirable tenía derecho al “premio que ambiciona”, esto es: “la unión de los pueblos que ha libertado y sigue libertando, unión que es de necesidad para las provincias de Venezuela, las de Quito y las que propiamente constituyen la Nueva Granada”. Esta unión sería de gran importancia para “la causa de la Independencia”, ventajosa para toda la América y de interés general para todos los “países industriosos y comerciantes”. Si las masas humanas de las antiguas audiencias de Quito, Santa Fe y Caracas se reunían en una sola República, su “poder y prosperidad” sería incalculable, pues así como en la naturaleza la ley de atracción era proporcional a las masas, en política la ley de la importancia también era proporcional a las masas humanas.
Cinco días después del ingreso de Bolívar al Soberano Congreso de Venezuela, este cuerpo tuvo muy en cuenta su opinión de que los pueblos de la Nueva Granada habían “querido voluntariamente sujetarse” a su autoridad, y consideró que si las provincias de Venezuela y Nueva Granada formasen repúblicas separadas no tendrían facilidad para “consolidar y hacer respetar su soberanía”. En consecuencia, decretó que desde este día quedaban unidas para siempre esas provincias bajo el título de República de Colombia. El nombre de Nueva Granada fue suprimido desde ese momento, pues en adelante el territorio conquistado que era dominado desde la ciudad de Santa Fe se llamaría Departamento de Cundinamarca. Más aún, Bogotá sería el nombre que en adelante tendría la capital de este departamento, pues el nombre de Santa Fe fue también suprimido.
La Ley Fundamental de la República de Colombia, aprobada en el Congreso de Venezuela el 17 de diciembre de 1819, fue el resultado directo de la victoria militar obtenida por los ejércitos libertadores en el Nuevo Reino de Granada.
Francisco Antonio Zea redactó y leyó un Manifiesto dirigido a los “Pueblos de Colombia” que puede considerarse, con la Ley Fundamental, uno de los principales documentos fundadores de la nación colombiana que había hecho posible la ambición y la gloria militar del Libertador. Este documento es un magnífico ejemplo de las oraciones realizativas identificadas por John L. Austin en sus conferencias pronunciadas en 1955 en la Universidad de Harvard. Entendía Zea por “Pueblos de Colombia” la reunión de tres pueblos de naturaleza distinta: los de Venezuela, Cundinamarca y Quito. Por algún extraño sortilegio, todos ellos habrían reconocido la necesidad de reunirse “en una enorme masa” para constituir “una fuerte y sólida potencia”, capaz de hacerse respetar, y para existir como un solo “cuerpo de nación”. Todos los ciudadanos de este nuevo pueblo tendrían que aprender a decir con orgullo “yo soy colombiano” porque los tres pueblos integrantes no serían capaces, ni en un siglo, de constituirse por su parte en una “potencia firme y respetable”. En cambio, reunidos serían una “colosal república” con un pie en el Atlántico y otro en el Pacífico, ocupando “el centro del nuevo continente con grandes y numerosos puertos”.
Lo único que se requería para tal unión política era la voluntad de todos los colombianos, porque si una nación dotada con tal profusión de recursos por la Naturaleza no había existido antes en el mundo político era porque no se había querido. Así que la nación colombiana comenzaría a existir cuando estos tres pueblos lo quisieran:
Queredlo y está hecho. Decid “Colombia sea, y Colombia será”. Vuestra voluntad unánime, altamente pronunciada y firmemente decidida a sostener la obra de vuestra creación; nada más que nuestra voluntad se necesita en tan vasto y tan rico país para levantar un poderoso y colosal Estado; y asegurarle una existencia eterna, y una progresiva y rápida prosperidad.
El congreso constituyente de Colombia solo pudo reunirse desde el 6 de mayo de 1821, con 57 diputados de 19 provincias, y su primera tarea fue legitimar la existencia de la nueva nación. Al finalizar sus sesiones habían asistido 71 diputados en representación de 21 de las 22 provincias que debieron estar representadas. El primer problema a resolver fue el de la nula legitimidad que había tenido la Ley fundamental aprobada en el congreso de Angostura el 17 de diciembre de 1819, donde solo dos diputados de la provincia del Casanare —la única neogranadina— habían estado presentes. El mismo general Bolívar reconoció en su mensaje enviado desde Barinas que su cargo de presidente interino se lo debía al congreso de Venezuela, con lo cual frente a esta representación de Colombia no lo era “porque no he sido nombrado por ella, porque no tengo los talentos que ella exige para la administración de su gloria y bienestar, porque mi oficio de soldado es incompatible con el de magistrado, porque estoy cansado de oírme llamar tirano por mis enemigos, y porque mi carácter y sentimientos me oponen una repugnancia insuperable”.
El problema de la reunión de dos pueblos de distinta naturaleza no obtuvo consenso, pese al prolongado debate que causó, con lo cual fue preciso dirimirlo por votación mayoritaria. El diputado Leandro Egea (Bogotá) se opuso a la ratificación de la Ley fundamental que se había aprobada en el Congreso de Angostura con el argumento que “sería aprobar el colonismo de la Nueva Granada a Venezuela”, y recordó que a Venezuela no le había interesado la unión con Nueva Granada sino hasta el terremoto que asoló a Caracas en 1812, y solo después de que recuperó su libertad con tropas venidas de Nueva Granada fue que aprobó la unión. Después de exponer un relato histórico sobre las relaciones entre los dos pueblos preguntó: “¿En cuál época manifestó Cundinamarca su voluntad de unirse a Venezuela? Los granadinos, si el centralismo se adopta, vendrían a ser colonos”. El diputado Ildefonso Méndez (Cartagena) controvirtió con el argumento de que la Nueva Granada saldría ganadora de la unión por tener mayor número de provincias, población y recursos. El doctor Félix José Restrepo (Antioquia) y Joaquín Borrero (Neiva) cuestionaron la legalidad y la legitimidad que habían tenido dos diputados de la provincia del Casanare para autorizar en el Congreso de Angostura la reunión de la Nueva Granada con Venezuela, siendo esa provincia “la parte más insignificante de Nueva Granada”.
El concepto de la naturaleza diferente de granadinos y los venezolanos, expuesto por quienes se opusieron a ratificar su unión en la nueva nación colombiana, tuvo que ser controvertido con la apelación al concepto de la naturaleza común que les confería su dependencia de la monarquía. El diputado Miguel Tobar (Citará) argumentó que la unión de Venezuela y Cundinamarca “estaba indicada por la naturaleza” porque había desaparecido “el lazo que unía a los dos estados nombrados: el Virreinato de la Nueva Granada y la Capitanía General de Caracas”. Desde este momento tendría que primar su naturaleza común, proveniente de la dependencia que habían tenido respecto de rey de España. Ildefonso Méndez apoyó esta argumentación, asegurando que “la naturaleza y la conveniencia exigían la unión”. El diputado Lorenzo Santander (Mérida) defendió con atributos culturales (una misma religión, idioma y costumbres) la necesidad de la unión efectiva de las dos repúblicas.
Pero el diputado José Ignacio de Márquez (Tunja) contradijo el argumento de la naturaleza común basada en el vínculo de la común dependencia de Cundinamarca, Venezuela y Quito a la misma metrópoli, diciendo que en todo lo demás estas entidades eran de naturaleza distinta: “casi no se conocían, sus usos y costumbres diferentes eran como partes heterogéneas”. Predijo entonces que Quito no se uniría a Colombia “sin seguridad de conservar su independencia, porque ¿cómo querría ir a buscar su felicidad a tan lejanas tierras?” El diputado Manuel Baños (Mariquita) lo apoyó al recomendar que había que tener en cuenta el carácter de los pueblos a la hora de escoger las instituciones para gobernarlos, pues en su opinión “el carácter del venezolano y del granadino es diferente: para aquel, vivo y fogoso, parece adecuada la democracia; y para este, lento y tardío, un gobierno que tenga más suma de energía”.
Como los vasallos del antiguo Reino de Quito representaban una naturaleza distinta, el debate incluyó muchas intervenciones sobre la posibilidad de reunirlos a Colombia cuando se hubieran libertado del dominio monárquico. El supuesto de su incorporación a Colombia era la dependencia que el régimen de la Presidencia de este reino había tenido respecto del virrey de Santa Fe, pero de entrada el diputado Miguel Domínguez (Nóvita) advirtió: “si hoy hay quien no vea a la Nueva Granada [bien] representada en el Congreso de Venezuela, menos puede verse en este congreso al Reino de Quito”. El diputado José Joaquín Fernández de Soto (Citará) también advirtió que hablar y decidir por la Nueva Granada era una mala generalización, “porque Quito oprimida aun no ha manifestado su voluntad”, con lo cual era la libertad de los quiteños la clave de su incorporación a Colombia como un departamento, pero jamás la fuerza ni la guerra. El diputado Luis Ignacio Mendoza (Mérida) reconoció que el Reino de Quito debía quedar “siempre libre para hacer lo que quisiese”.
El diputado Miguel Tobar (Citará) sostuvo entonces que Quito y Cundinamarca eran de la misma naturaleza: “hay unidad de naturaleza por la posición geográfica del país. La naturaleza ha unido por medio del terreno a Quito con Cundinamarca, porque si fuese de otro modo, aquella tendría que unirse a Lima y recibir su ley, pues no tiene puertos [en el mar Atlántico]”. El diputado Miguel Santamaría agregó que mientras los quiteños seguían bajo la esclavitud, el congreso estaba procurando por su libertad, con lo cual en la Ley fundamental habría que tenerlos en cuenta, para que con el tiempo tuvieran la opción de incorporarse, si esa era su voluntad. El diputado Manuel María Quijano (Nóvita) contradijo la posición de Tobar argumentando que Quito tenía puertos en el mar Pacífico y en relación con los del Virreinato del Perú, tenía más relaciones con Chile que con la Nueva Granada y por ello quizás les convendría más sus relaciones libres con el sur que con el norte, y que la mejor política sería proponerles los medios para la unión con Colombia, sin que por ello entendieran que se les quería obligar a ella.
Las intervenciones a favor de la autonomía de los quiteños para reunirse con Colombia obligaron al diputado Pedro Gual a proponer que el primer artículo de la Ley fundamental debía acoger la libertad de las provincias para incorporarse, cuya redacción presentó en los siguientes términos: “Las provincias libres de la Nueva Granada y Venezuela quedan desde ahora para siempre reunidas en un cuerpo de nación bajo el título de República de Colombia”. Antonio María Briceño (Barinas) apoyó esta redacción para concederle al departamento de Quito, una vez independiente, su libertad para decidir en el asunto, pues sería “una extravagancia atribuirnos su representación”.
El texto definitivo de los artículos de la nueva Ley fundamental de la unión de los pueblos de Colombia fue redactado por Vicente Azuero Plata y aprobado en su totalidad en la sesión del 12 de julio de 1821. Este día se votó el artículo 5º (“El territorio de la República de Colombia será el comprendido dentro de los límites de la antigua Capitanía General de Venezuela y el Virreinato y Capitanía General del Nuevo Reino de Granada”) que dividió las opiniones porque estaba en juego la facultad de los quiteños para separarse de Colombia, o para “ratificar después su incorporación en una futura convención”, así como el artículo 1º de esta misma Ley ratificaba la unión de la Nueva Granada y Venezuela (“Los pueblos de la Nueva Granada y Venezuela quedan reunidos en un solo cuerpo de nación, bajo el pacto expreso de que su Gobierno será ahora y siempre popular representativo”). Votaron 27 diputados afirmativamente el artículo 5º y negativamente lo hicieron 15, con lo cual quedó abierto el camino hacia la constitución de la República de Colombia, la nueva nación centralizada y unitaria que cerró temporalmente la opción federal de dos o tres estados distintos, con régimen de división tripartita del poder supremo nacional. Las deudas de la guerra de Venezuela y la Nueva Granada se reconocieron in solidum como deuda colombiana y se prometió que en mejores circunstancias se levantaría la capital de la nación en una nueva ciudad que se llamaría Ciudad Bolívar. Para una mejor administración se dividiría el territorio nacional en departamentos, dependientes del gobierno nacional, una política anunciada durante los debates, cuando se reconoció que la Ordenanza de Intendentes había sido el mejor legado de la administración española.
Esta nueva Ley fundamental de la unión de los pueblos de Colombia fue firmada el 12 de julio de 1821 por 58 diputados que representaban 19 provincias, y es la piedra fundacional plena de legitimidad de la nueva nación independiente que durante la década de 1820 se llamó colombiana. Sus principios liberales provinieron de un pequeño grupo de granadinos y venezolanos que pusieron en marcha el proceso irreversible de formación de una nación independiente de la monarquía española, así como de la propuesta gaditana que fue actualizada en 1820 por la revolución que encabezó en la península Rafael de Riego. Los ejércitos libertadores incorporaron por la fuerza a los ciudadanos de las provincias que arrancaron a los ejércitos realistas, haciendo realidad la promesa del territorio nacional definido por el artículo 5º de la Ley fundamental. El artículo 7º ordenó a este mismo congreso reunido en la Villa del Rosario de Cúcuta formar la carta constitucional, “conforme a las bases expresadas y a los principios liberales que ha consagrado la sana práctica de otras naciones”.
El documento
Simón Bolívar
Fragmento final del discurso pronunciado al instalar el Congreso General de Venezuela reunido en Angostura
(15 de febrero de 1819)
[…] La reunión de la Nueva Granada y Venezuela en un grande estado ha sido el voto uniforme de los pueblos y gobiernos de estas repúblicas. La suerte de la guerra ha verificado este enlace tan anhelado por todos los colombianos: de hecho estamos incorporados. Estos pueblos hermanos ya os han confiado sus intereses, sus derechos, sus destinos. Al contemplar la reunión de esta inmensa comarca, mi alma se remonta a la eminencia que exige la perspectiva colosal, que ofrece un cuadro tan asombroso. Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá, con admiración y pasmo, la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región, me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del universo, extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos que la naturaleza había separado, y que nuestra patria reúne con prolongados y anchurosos canales. Ya la veo servir de lazo, de centro, de emporio a la familia humana. Ya la veo enviando a todos los recintos de la tierra los tesoros que abrigan sus montañas de plata y oro. Ya la veo distribuyendo por sus divinas plantas la salud y la vida a los hombres dolientes del antiguo universo. Ya la veo comunicando sus preciosos secretos a los sabios que ignoran cuan superior es la suma de las luces a la suma de las riquezas que le ha prodigado la naturaleza. Ya la veo sentada sobre el trono de la Libertad empuñando el cetro de la Justicia, coronada por la Gloria, mostrando al mundo antiguo la majestad del mundo moderno.
Correo del Orinoco, Angostura, 19 (20 de febrero de 1819), 76.
El personaje
Simón Bolívar.
24 de julio de 1783 - 17 de diciembre de 1830: 47 años.
Los dos paradigmas de la generación de la independencia: George Washington y Napoleón Bonaparte. Republicanismo o gloria militar en guerras de expansión.
La Gloria militar: la decisión de Bolívar
Conclusión
La existencia de la primera República de Colombia dependió totalmente de la acción política de Simón Bolívar, de la defensa que hizo Francisco Antonio Zea del proyecto, de los constituyentes de la Villa del Rosario de Cúcuta que hicieron la primera constitución, y de la nacionalización de las instituciones que condujo Francisco de Paula Santander. No fueron más que diez años de experiencia de construcción de una nueva nación, terminada en 1830. Pero enseñaron que el futuro de la vida política es la construcción de naciones de ciudadanos, con lo cual se puso en marcha el largo camino de formación de ciudadanos que aún no termina, ni acabará nunca porque cada generación que viene al mundo tiene que aprender la lección de la ciudadanía.
Música:
La Guaneña, antiguo bambuco originario de la provincia de Pasto. Según los Recuerdos históricos del coronel Manuel Antonio López, ayudante del Estado Mayor General Libertador entre 1822 y 1826, este bambuco fue interpretado en el campo de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824, por las bandas de los Batallones Vencedor y Voltíjeros, integradas por cornetas, cornetines, pitos y tambores: “rompió el bambuco, aire nacional colombiano con que hacemos fiesta de la misma muerte”. Esta pieza se mantuvo incorporada a la vida festiva de los pastusos por todo el siglo XIX, y el maestro Lubín Mazuera le dio una versión para orquesta.
Pasodoble, se encuentra en el cuaderno de guitarra de doña Carmen Caicedo es una danza en ritmo de seis por ocho, para guitarra y orquesta de cuerdas.
Marcha para el funeral del Libertador en Santa Marta, compuesta por el maestro samario Francisco Seyes en la circunstancia del fallecimiento del general Bolívar en Santa Marta (17 de diciembre de 1830). Fue ejecutada por la banda del Batallón militar de Santa Marta durante la ceremonia oficiada en la catedral.