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Colombia en biografía
UIS Stereo
Los nombres del país
La pregunta de hoy
Aunque el país en el que nos tocó vivir siempre ha estado y seguirá estando ahí, ¿cómo es que ha sido nombrado en las distintas épocas de su historia?
De aquí se deriva una pregunta secundaria: ¿cómo fue que este país terminó llamándose Colombia?
Mi respuesta a esta pregunta es la siguiente:
Al comienzo de los tiempos en que ya se hablaba en lengua castellana por los ríos, mares y cordilleras de este país, se usó la palabra provincia para nombrar a los grupos aborígenes que, después de haber sido vencidos en guerra por las huestes de soldados castellanos, habían aceptado su dominio y la obligación de pagar el servicio y la renta de las encomiendas. Así se fue designando el territorio conquistado, poco a poco, con las denominaciones de provincias de Tierra Firme, Castilla del Oro, Rio del Hacha, etc.
Los nombres usados para designar cada provincia conquistada dependieron del libre albedrío del capitán de la hueste conquistadora, quien tenía a la mano por lo menos cinco posibilidades:
- Rememorar su lugar de nacimiento, como en el caso de las provincias de Nueva Pamplona, Nueva Málaga, Cartagena de Indias, nueva Vélez.
- Rendir un homenaje al santo del día en el calendario cristiano o al santo de la personal devoción, como en Santa Marta, San Juan, Santo Domingo, San Francisco de Quito, la Santa Fe, la Santa Cruz.
- Agradecer una merced venida del cielo, como en el cabo Gracias a Dios, el puerto de la Buena Ventura, Los Remedios
- Incorporar palabras de los aborígenes, como en el caso de las provincias de Tunja, Bonda, Guajira, Guane, Popayán, Cali, Chocó, Quindío, Quito
- Introducir una palabra que rememoraba un accidente acaecido durante la expedición, como en los ríos de la Cimitarra o del Hacha, César el ahogado, la costa de las Perlas, la Grita de los indios, el cabo de la Vela, la provincia de las Sierras Nevadas, los Llanos, los Pastos, Caquetá, Tolima.
Sobre ese antecedente de las provincias conquistadas en la Tierra Firme, el Consejo de Indias determinó en 1549 instalar una real audiencia en la ciudad de Santa Fe de la sabana de Bogotá, con lo cual comenzó a predominar la palabra reino. Originalmente había sido usada por el capitán Gonzalo Jiménez de Quesada, por consejo del capitán Sebastián de Belalcázar, para designar el país de los muiscas. Rindiendo homenaje a su padre, quien fui oidor de la real audiencia de Granada, lo llamó Nuevo Reino de Granada. Como la audiencia era un tribunal de segunda instancia, pero también un gobierno superior sobre todos los gobernadores o corregidores de las provincias, con el paso del tiempo se fue llamando Nuevo Reino de Granada a las gentes de todas las provincias del país que mandaba el gobierno superior de la Audiencia, cuya centro de mando, la ciudad de Santa Fe, se convirtió en el siglo XVIII en cabecera de un virreinato. El gentilicio de sus gentes era, como el de sus homólogos de España, granadinos, abreviado en los mercados campesinos como reinosos, si bien en los colegios se apodaba moscas (por muiscas) a los estudiantes naturales de Santa Fe. Recordar el queso reinoso, las mujeres reinosos de mejillas nacaradas.
Con el acontecimiento de la revolución de 1810 comenzaron los nuevos políticos a renombrar el mundo conocido. El corazón del Nuevo Reino de Granada fue llamado desde 1811 con la palabra Cundinamarca, mientras que las que se le resistieron a su autoridad se agruparon en un congreso general de las Provincias Unidas de la Nueva Granada. Tras el fracaso de la experiencia de las primeras repúblicas provinciales, la reconquista restauró la fuerza de las antiguas palabras, pues el país siguió siendo uno de los reinos indianos del rey Fernando VII.
Con el triunfo militar que obtuvo en el campo de Boyacá un ejército venido de los llanos venezolanos, el general Simón Bolívar fue quien introdujo en el congreso de Venezuela reunido en Angostura la palabra Colombia. Pero no fue él su inventor, sino otro caraqueño llamado Francisco de Miranda.
Miranda fue quien, después de recorrer buena parte de Europa y de presentarse ante sus gobernantes como “agente principal, comisario y comandante general en lo militar” de las provincias, villas y ciudades del “Continente Hispanoamericano”, terminó asignándole a este la denominación de Colombia, su homenaje personal al genovés que descubrió el Nuevo Mundo. Su proyecto inicial de liberación del “pueblo hispanoamericano” fue transformándose, lentamente, en un proyecto de construcción de una “nación colombiana” de tamaño continental, cuya independencia y soberanía sería el resultado de la decidida acción de una invasión de republicanos voluntarios (británicos y estadounidenses) puesta bajo su mando, preparada por los jesuitas que habían sido expulsados de los reinos americanos por Carlos III y que se habían congregado en Italia, así como por una red de “comisarios” de las “colonias del continente americano español”.
En sus conversaciones privadas con los dirigentes estadounidenses era moneda común el uso del término Colombia —una castellanización de Columbia— para designar a Hispanoamérica, pues en ese momento esta palabra inglesa había sido puesta de moda por los poetas de Nueva Inglaterra que se habían formado en la Universidad de Yale. Columbia fue el nombre asignado a una evocación poética del hemisferio occidental, de los Estados Unidos y de la nación estadounidense; a la capital de South Carolina, a un río que nace en el sureste de British Columbia (Canadá), a un cabo en la costa norte de Ellesmere Island (Canadá) y al distrito federal de 69 millas cuadradas que perteneció a Maryland. En 1784, justo cuando Miranda estaba en Nueva York, el King’s College reinició sus labores con el nombre de Columbia College, que se convertiría después en Columbia University. El cartagenero Juan García del Río publicó, con el título de “La Colombíada”, una reseña del poema de Joel Barlow titulado “The Columbiad” (1807), en El Repertorio Americano, Londres, tomo II (enero de 1827), 6-21.
Una carta de Miranda nos recuerda que fue en “el año 1784, en la ciudad de Nueva York, donde se formó el proyecto actual de la independencia y Libertad de todo el Continente Hispanoamericano, con la cooperación de la Inglaterra, tanto más interesada cuanto que la España había dado ya el ejemplo, forzándola a reconocer la independencia de sus colonias en el propio Continente. Pasé con este objeto a Inglaterra en el principio de 1785”.
El Congreso de Angostura aprobó en diciembre de 1819 la Ley fundamental de la República de Colombia, cuya constitución formal se haría en el congreso constituyente que se reunió en la Villa del Rosario de Cúcuta en 1821. Pero la primera experiencia colombiana se disolvió en 1830, cuando nacieron tres estados nacionales nuevos de su ruina: Venezuela, Ecuador y la Nueva Granada. La persistencia del gentilicio granadino se mantuvo hasta la experiencia federal que comenzó en 1855 y que condujo a la creación de los Estados Unidos de Colombia. La restauración de la palabra Colombia en la convención de Rionegro se debe al general Tomás Cipriano de Mosquera, un militar fiel a la memoria del Libertador, quien le concedió los dos primeros empleos importantes de su carrera política: intendente de Guayaquil, primero, y después intendente del Cauca.
Al terminar la experiencia federal con la guerra civil de 1885, el Consejo Nacional de Plenipotenciarios de los nueve estados soberanos aprobó la constitución de 1886, por la cual se institucionalizó el nombre que hasta hoy designa nuestro país: República de Colombia.
El documento
MIRANDA, Francisco. A los pueblos del Continente Américo-Colombiano, manuscrito datado en Nueva York, 10 de enero de 1806. Impreso a bordo del barco Leander, marzo de 1806. Archivo Miranda, Negociaciones, tomo VI, f. 199-201 (manuscrito) y tomo VII, f. 174 (impreso).
Esta proclama dada por Miranda en su cuartel general de Nueva York, el 10 de enero de 1806, cuando ya la expedición se movía hacia su destino, la encabezó con el título de comandante general del Ejército Colombiano y fue dirigida a los pueblos y habitantes del Continente Américo y Colombiano:
… llegó el día por fin en que recobrando nuestra América su soberana independencia, podrán sus hijos libremente manifestar al Universo, a sus amigos generosos, el opresivo e insensato Gobierno que… consiguió también mantener un abominable sistema de administración por tres siglos consecutivos […] La recuperación de nuestros derechos como Ciudadanos y de nuestra Gloria Nacional como Americanos–Colombianos serán acaso los menores beneficios que recojamos de esta tan justa como necesaria determinación. Que los buenos e inocentes indios, así como los bizarros pardos y morenos libres, crean firmemente que somos todos conciudadanos y que los premios pertenecen exclusivamente al mérito y a la virtud, en cuya suposición obtendrán en adelante infaliblemente las recompensas militares y civiles por su mérito simplemente, sin distinción de castas ni colores….
Carta de Miranda a Lord Castlereagh, Londres, 10 de enero de 1808, en Archivo Miranda, Colombeia, Negociaciones, tomo XII, 165-174.
Ese mismo día escribió Miranda una carta dirigida a Lord Castlereagh para convencerlo de la urgencia de actuar. Podía ya determinar el lugar del Continente Colombiano donde convenía comenzar el proceso de independencia:
Los departamentos de Caracas, Santa Fe y Quito pueden ser considerados, en virtud de las similitudes de ubicación y estructura física, como la Suiza de Suramérica, totalmente separada de México por el istmo de Panamá, del Perú por la cordillera de Los Andes, y de Brasil por los inmensos ríos Amazonas y Orinoco. No habría, pues, interferencias con respecto a lo que ahora pueda estar ocurriendo en el Brasil. Si logramos el éxito en esta provincia, e inmediatamente se crea una normativa que la gente estime adecuada y aceptable, podemos confiar en que aquí veremos en poco tiempo el ejemplo seguido en México, a través de los istmos de Panamá y Guatemala; en el Perú a través de Quito; y más recientemente en Buenos Aires por medio del Perú y Chile.
El personaje
FRANCISCO DE MIRANDA, un caraqueño nacido en 1750 en la casa de un capitán de milicias venido de la isla de Tenerife (Canarias), y fallecido en la cárcel de Cádiz en 1816. Fue él quien propuso la palabra Colombia para designar a todo el continente suramericano. Bernardo del Campo, quien conoció a Miranda en Londres cuando era embajador de la Monarquía Española ante la Corona Británica, dijo en un informe dirigido a su protector, el Conde de Floridablanca, que el caraqueño tenía una “imaginación exaltada, luces y conocimientos más que medianos, fervor y vehemencia en su exterior y sobre todo una actividad extraordinaria… creo que preferiría siempre todo lo que sea acción, movimiento y singularidad que seguir una vida quieta e indiferente”. Miranda contaba con su inclinación a la carrera de las armas, su talento personal y su “limpieza de sangre” para respaldar su decisión de trasladarse a España con el propósito de enrolar en los reales ejércitos. Así fue como en 1774 comenzó su experiencia militar en la defensa de la plaza de Melilla contra las fuerzas del sultán de Marruecos, actuando como capitán del primer batallón del Regimiento de la Princesa y a órdenes del coronel Juan Manuel de Cagigal. En 1780, bajo el mando del mismo, navegó hacia La Habana para auxiliar al ejército español que, a órdenes del gobernador de La Luisiana, Bernardo de Gálvez, atacó la plaza de Pensacola (Florida) para desalojar a los ingleses mandados por John Campbell. El 9 de abril de 1781 zarpó de La Habana hacia su destino y el 9 de mayo siguiente estuvo con quienes tomaron esa plaza. Cuando la bandera británica era arriada, la experiencia militar de Miranda en América había comenzado. En abril del año siguiente participó, como edecán del ahora mariscal Cagigal, en la expedición de las Bahamas que capturó la plaza de Nassau en la isla de Nueva Providencia. Ya con el grado de teniente coronel del Regimiento de Aragón fue enviado a Jamaica para negociar un canje de prisioneros, regresando a La Habana con varios encargos que le fueron hechos.
Fue entonces cuando sus malquerientes lo acusaron de ser “apasionado de los ingleses” y de haber llevado consigo mucho dinero para comprar mercancías que ingresarían de contrabando en La Habana. En la Corte de El Pardo fue entonces emitida una orden de captura, firmada por José de Gálvez el 11 de marzo de 1782, que mandaba su remisión a España, incumplida hasta bien entrado el año siguiente gracias a la protección del ahora gobernador Cagigal. Convencido de que se trataba de una conspiración de sus enemigos ante el ministro Gálvez, Miranda abandonó la carrera militar en el Real Ejército Español y se hizo a la vela en la balandra estadounidense “Prudent”, el primero de junio de 1783, rumbo a las ciudades de la costa este de los Estados Unidos de América. Allí realizó un largo recorrido de observaciones sociales y políticas que anotaba en su Diario, mientras se introducía entre gran cantidad de caballeros importantes, entre ellos el presidente George Washington.
Ante el fracaso de este primer intento de organización de una expedición hacia Suramérica, Miranda partió hacia París el 20 de marzo de 1792 para gestionar el apoyo del alcalde (Gérôme Pétion) y de los ministros Jean M. Roland (Interior), Charles Dumouriez (Negocios Extranjeros) y Gaspard Monge (Marina) para su proyecto. Estaba allí el 10 de agosto de 1792, día en que el pueblo parisino asaltó el Palacio de las Tullerías como reacción al Manifiesto del duque de Brunswick, quien a la cabeza de ejércitos austriacos y prusianos invadió Francia para restaurar el régimen absolutista. La Asamblea Legislativa suspendió las funciones que la Constitución había asignado al rey y fueron convocadas elecciones generales para erigir la Convención que declaró abolida la monarquía, dando paso al nuevo calendario del primer año de la República. La acelerada transformación política que ocurrió en Francia, y la guerra nacional que sobrevino, provocaron un giro inesperado en la vida de Miranda: se unió al general en jefe Dumouriez en Grandpré, demostrando su talento militar contra las tropas invasoras y ascendiendo al grado de general y al mando del Ejército del Norte. Terminada la campaña de defensa del año I de la República, el prestigio social del caraqueño se había incrementado entre los republicanos de Francia y los Estados Unidos.
Conclusión
Entre 1549 y 1819, este país se llamó Nuevo Reino de Granada: 270 años
Entre 1820 y 1830 se llamó República de Colombia: 10 años
Entre 1831 y 1861 se llamó Nueva Granada: 30 años
Entre 1862 y 1886 se llamó Estados Unidos de Colombia: 24 años
Desde 1886, República de Colombia: 128 años
Resumen:
Granadinos: 300 años
Colombianos: 162 años