Revolución e independencia en el Nuevo Reino de Granada
Armando Martínez Garnica
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El 11 de septiembre de 1809 se congregaron en el palacio virreinal de Santa Fe las autoridades de todas las corporaciones y tribunales para deliberar sobre la respuesta que habría de darse al despacho recibido del marqués de Selva Alegre, presidente de la Junta de gobierno que había sido erigida en la ciudad de Quito el 10 de agosto anterior. Previamente advertidos, algunos jóvenes abogados leyeron en ella sus votos favorables a la creación de una Junta suprema del Nuevo Reino de Granada, presidida por el virrey don Antonio Amar y Borbón e integrada por diputados del cabildo de la ciudad y de las otras provincias del Reino, subordinada a la Junta titulada suprema de Sevilla. En su opinión, sería esta Junta la que tendría la capacidad para dar respuesta no sólo a los acontecimientos quiteños sino a los de la propia Península, puesta ya bajo el reinado de José I Bonaparte. Pero los oidores de la Real Audiencia se opusieron a tal pretensión, juzgándola escandalosa, y aconsejaron al virrey resistirla hasta conocer la evolución de la situación política en el reino vecino. El tiempo les dio la razón, pues ninguna de las provincias circunvecinas respaldaron la acción de los quiteños, obligándolos a devolver el mando al presidente de su Audiencia, con lo cual el virrey pudo declarar el 8 de diciembre siguiente que "el feo lunar" de infidencia contraído por la ciudad de Quito, que había llegado a manchar "el lustre de las Américas", se había extinguido, de tal suerte que este incidente sólo había servido para que todas las provincias pudieran abrillantar su lealtad al rey Fernando VII.
Fue así como los abogados neogranadinos tuvieron que esperar diez meses para dar inicio a la eclosión juntera que ya había acaecido en la Península durante el año 1808. Por lo pronto, los oidores solicitaron a la Junta Central el reemplazo del virrey, juzgándolo incompetente para enfrentar la crisis política que se vivía en todos los dominios de la monarquía del "rey deseado". El Consejo de Regencia, constituido el último día del mes de enero de 1810, efectivamente escogió al teniente general don Francisco Xavier Venegas como reemplazo del virrey Amar y Borbón, pero además envió al quiteño don Antonio de Villavicencio como comisionado para gestionar la obediencia del Nuevo Reino de Granada a la nueva autoridad soberana recientemente erigida en la Península tras la defección de la Junta Central, que tantas expectativas había despertado en América durante el año anterior.
El 22 de mayo de 1810, reunido en la sala de sesiones del cabildo de Cartagena de Indias, don Antonio Villavicencio logró neutralizar la eclosión juntera al convencer al gobernador Francisco de Montes y a los capitulares de la conveniencia de someterse a la ley 2ª del título 7, libro cuarto del Código de leyes municipales, que autorizaba a los corregidores, en casos de grave crisis, a administrar la república conjuntamente con los cabildos. El mariscal don Antonio de Narváez y el regidor don Tomás Andrés Torres fueron comisionados por el cabildo para despachar conjuntamente con el gobernador Montes todos los negocios públicos, excepto los de justicia entre partes y los del vicepatronato de la Iglesia, que eran sólo del resorte del gobernador.
Pero durante el mes de julio siguiente ya resultó imposible contener la eclosión juntera anunciada: el día 4 el vecindario de la ciudad de Pamplona aprehendió al corregidor Juan Bastús, y el día 10, después de una refriega que dejó diez muertos, el corregidor del Socorro, José Valdés Posada, fue obligado a rendirse en su refugio del convento de los Capuchinos. Durante la agitada noche del día 20 se formó en la ciudad de Santa Fe, cabecera del virreinato, la Junta que se tituló suprema del Reino. De este modo, antes de terminar este mes ya se habían erigido juntas de gobierno en el Socorro, Santa Fe, Tunja, Neiva, Pamplona y Girón. Durante el siguiente mes se formaron en Santa Marta, Popayán, Cartagena de Indias y Citará, y durante el de septiembre en Nóvita, Timaná y Santa Fe de Antioquia.
Presionada por las multitudes radicalizadas, el 26 de julio la Junta Suprema de Santa Fe desconoció la autoridad del Consejo de Regencia, tras lo cual fueron encarcelados y posteriormente desterrados tanto el virrey como los oidores de la Audiencia. Dado que la unidad jurisdiccional del Reino se había esfumado, un congreso general de diputados de las juntas provinciales fue convocado para el 22 de diciembre siguiente. Efectivamente, este día se instaló en Santa Fe, pero antes de tres meses tuvo que disolverse porque los diputados de Tunja y Pamplona se negaron a aceptar a los diputados de las poblaciones que se habían separado de las cabeceras provinciales, y porque ningún diputado tenía autorización para ceder la soberanía reasumida por las juntas provinciales a favor del Congreso.
La respuesta a este fracaso fue la convocatoria provincial a colegios electorales y constituyentes. Nació así el Estado de Cundinamarca con su primera carta constitucional, promulgada el 4 de abril de 1811, seguido de los Estados de Tunja (9 de diciembre de 1811), Antioquia (constitución aceptada por el pueblo el 3 de mayo de 1812), Cartagena de Indias (15 de junio de 1812), Pamplona, Socorro, Casanare, Popayán, Mariquita y Neiva. Exceptuando a Cundinamarca, todos los demás estados formados en las provincias adhirieron rápidamente a un Acta de Federación, firmada el 27 de noviembre de 1811. Después de muchas vicisitudes, el 4 de octubre de 1812 se instaló solemnemente en la Villa de Leiva el Congreso General de las Provincias Unidas de la Nueva Granada con la presencia de los diputados de Antioquia, Cartagena de Indias, Casanare, Pamplona, Popayán, Tunja y también Cundinamarca, gracias a un tratamiento especial. Fue elegido presidente de este cuerpo don Camilo Torres Tenorio, con la vicepresidencia del presbítero Juan Marimón Enríquez y la secretaría de Crisanto Valenzuela.
La revolución en la soberanía ya era entonces un hecho consumado, si bien en ese momento sólo Cartagena de Indias había declarado formalmente, el 11 de noviembre de 1811, su independencia respecto de la Monarquía de los Borbones. Durante el año 1813 declararon su independencia Cundinamarca (16 de julio), Antioquia (11 de agosto) y Tunja (10 de diciembre). La provincia de Neiva no lo hizo sino hasta el 8 de febrero de 1814.
Por su precocidad, la Junta de Cartagena de Indias fue la que señaló el camino hacia las declaraciones de independencia absoluta: a las ocho y media de la mañana del 11 de noviembre de 1811 se reunieron en la plazuela de San Francisco los pardos del barrio de Getsemaní y procedieron a apoderarse de la artillería y a ocupar los baluartes de la muralla, respaldados por los batallones de patriotas y milicias pardas que neutralizaron los movimientos del Regimiento Fijo y del batallón de patriotas blancos. Escogieron como diputados ante la Junta de Gobierno a Ignacio Muñoz, marido de una mulata hija del matancero Pedro Romero, y al presbítero Nicolás Omaña, quienes pidieron expresamente la declaración de que Cartagena sería en adelante "absolutamente independiente de todo gobierno de España, y de toda nación extranjera". Este mismo día fue suprimido el Tribunal de la Inquisición y liberada la villa de Mompós del peso de la ocupación militar que el comisionado Antonio José de Ayos mantenía desde el mes de enero anterior.
Reasumir la soberanía en depósito mientras el rey Fernando VII permaneciese retenido en Francia, o declarar la independencia respecto de la monarquía bajo presión de la plebe urbana, fueron tareas relativamente fáciles de ejecutar en el Nuevo Reino de Granada durante el reinado de José I Bonaparte. La tarea difícil fue restaurar la unidad jurisdiccional sobre el territorio del Reino, el problema que más tarde sería resuelto invocando el principio jurídico uti possidetis de 1809. Tres fueron los actores políticos que contendieron por la posición de nuevo centro de gobierno general: el Estado de Cundinamarca, el Congreso General de las Provincias Unidas de la Nueva Granada y la Real Audiencia reinstalada en su nueva sede de Panamá.
Bajo la dictadura de Antonio Nariño, el Estado de Cundinamarca se incorporó, mediante negociaciones o invasiones militares, las provincias de Santa Fe, Los Llanos, Mariquita, Neiva, El Socorro y algunas poblaciones de la provincia de Tunja. Las campañas militares que este líder de los santafereños ejecutó sobre la provincia de Popayán, inicialmente marcadas por el éxito, finalmente fracasaron en Pasto, donde sus habitantes lo capturaron y entregaron al presidente de Quito para que lo enviara preso a la Península. Su sucesor en la dictadura, Manuel Bernardo Álvarez, también obstaculizó la adhesión efectiva de este Estado a la confederación de las provincias neogranadinas.
Bajo la conducción de Camilo Torres, Joaquín Camacho, Juan Marimón, José María del Castillo Rada, Custodio García Rovira, Frutos Joaquín Gutiérrez, José Miguel Pey, Manuel Rodríguez Torices y José Fernández Madrid, entre otros, el Congreso General se esforzó por armonizar los ordenamientos constitucionales de cada una de las provincias unidas con el Acta de Federación, pasando luego a un gobierno ejecutivo de tres personas que coordinó las campañas militares de los valles de Cúcuta, el Bajo Magdalena y Ocaña. Aceptó la colaboración de los militares exilados de la Primera República venezolana, entre ellos Simón Bolívar, Rafael Urdaneta y los hermanos Carabaño, y les proveyó hombres y recursos de varias provincias para que realizaran la Campaña Admirable que les permitió retomar Caracas.
La guerra civil entre Cundinamarca y el Estado de Tunja, uno de los miembros más activos de la confederación, tuvo batallas importantes en Ventaquemada y Santa Fe, ambas de signo contrario para los contendores. Pero sólo con la fuerza de la retaguardia de mulatos de Maracaibo que logró salvar el general Urdaneta tras el segundo exilio de Bolívar, unida a las tropas de Tunja y de la confederación, fue que finalmente Cundinamarca se rindió e ingresó a la Unión, con lo cual pudo el Congreso despachar desde Santa Fe. Pero esta unión de las provincias independientes de la Monarquía tuvo que esperar hasta diciembre de 1814.
Desde su nueva sede de Panamá, la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada y el nuevo virrey Benito Pérez y Valdelomar, quien había sido gobernador e intendente de Mérida de Yucatán, coordinaron todas las acciones de las provincias que se mantuvieron fieles al Consejo de Regencia y juraron la obediencia a la Constitución de Cádiz: Panamá, Veraguas, Darién del Sur, Barbacoas, Iscuandé, Pasto, Riohacha, Santa Marta, Chiriguaná, entre otras. La guerra civil entre Santa Marta y Cartagena, la de los pastusos y mulatos del Patía contra Popayán, y la de los valles de Cúcuta, fueron las mayores expresiones de la pugna entre la Real Audiencia como antiguo centro político del Reino y las provincias independientes.
La unificación final de todas las provincias independizadas en la Confederación abrió el año de 1815. El ejército de la Unión, puesto bajo la comandancia del general Bolívar, fue enviado a tomar la provincia de Santa Marta. Para entonces ya el rey Fernando VII había restaurado la monarquía absoluta y abrogado la Carta de Cádiz. Así que el 17 de febrero de este año zarpó de Cádiz, en 43 transportes escoltados por 18 buques de guerra, el Ejército Expedicionario de Tierra Firme. Su objetivo: recuperar la Capitanía General de Venezuela y el Nuevo Reino de Granada. A órdenes del teniente general de los reales ejércitos, don Pablo Morillo, navegaban 10.642 hombres.
Una vieja disputa de general Bolívar con el coronel Manuel del Castillo, comandante de la plaza de Cartagena de Indias, frustró la unificación de sus fuerzas y terminó en una situación absurda: el sitio de Cartagena por las tropas de la Confederación. Esta situación era insostenible, con lo cual el general Bolívar decidió entregar el mando y embarcarse hacia Jamaica. Su ejército marchó luego hacia la provincia de Antioquia, donde se disolvió.
El Ejército Expedicionario español entró a Caracas y el 11 de mayo de 1815 el general Morillo hizo pregonar una Proclama que convocaba a la reconciliación: "Venezolanos: somos vuestros hermanos; pertenecemos a la misma familia; el rey es nuestro común padre". Siguió el bloqueo naval y el sitio terrestre de la plaza de Cartagena de Indias. El 5 de diciembre, durante la noche, fue abandonada esta plaza por los que habían resistido hasta último momento. Se ha calculado que la tercera parte de su población pereció durante los cuatro meses de sitio. Don Gabriel de Torres se posesionó de inmediato como nuevo gobernador y comandante general de Cartagena de Indias. Pronto llegaría a esta ciudad el nuevo virrey, don Francisco de Montalvo, quien fijó allí la sede del virreinato restablecido.
El 16 de febrero de 1816 el ejército de Morillo inició su marcha hacia Santa Fe. Una semana después, las avanzadas del coronel Sebastián de la Calzada derrotaron con una hábil maniobra en el páramo de Cachirí la resistencia de las tropas de socorranos que Custodio García Rovira había llevado hasta allí. Según el parte militar de Calzada, su oponente había perdido "más de mil muertos, de los cuales cuarenta oficiales, doscientos heridos, quinientos prisioneros, inclusos veinte y ocho oficiales, dos piezas de artillería, cuatro banderas de batallón". La toma final de Santa Fe por la vanguardia del Ejército Expedicionario se produjo el 6 de mayo siguiente.
Los que se salvaron del desastre de Cachirí buscaron refugio en los Llanos del Casanare y toda la dirigencia de la Confederación se retiró hacia la provincia de Popayán, que ya había sido cercada desde el Sur por las tropas de Juan Sámano. Éste derrotó en la batalla de la Cuchilla del Tambo (29 de junio) a las tropas que comandaba el coronel Liborio Mejía, último vicepresidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada. Era el final de la experiencia de la Primera República de la Nueva Granada.
La historia que siguió desde entonces fue la de la campaña libertadora que Bolívar organizó en la Angostura del río Orinoco, y que después de partir de Mantecal recorrió los llanos venezolanos hasta el Casanare, por donde subió a los páramos de la Cordillera Oriental neogranadina para descender sorpresivamente por el otro flanco hasta el inesperado triunfo del campo de Boyacá. Era el 7 de agosto de 1819, y allí comenzó otra historia, que es la de la primera República de Colombia bajo el genio de su Libertador. Una historia de apenas una década, pues desde 1830 las antiguas jurisdicciones superiores de las reales audiencias de Santa Fe, Caracas y Quito se mantuvieron como territorios nacionales de las nuevas repúblicas de la Nueva Granada, Venezuela y el Ecuador. Tres generales venezolanos que Bolívar convirtió en superintendentes generales después de la crisis de 1828, respectivamente Rafael Urdaneta, José Antonio Páez y Juan José Flórez, fueron sus actores principales. Sólo el primero fue regresado a su patria natal por la rebelión de los generales payaneses que pusieron fin a su dictadura e hicieron posible el Congreso Constituyente que en 1832 erigió el Estado de la Nueva Granada. En ese momento había llegado la hora del regreso del general Francisco de Paula Santander, el neogranadino del momento que había permanecido varios años en el exilio.