Reseña libro de Pablo Rodríguez Historia que no cesa
Armando Martínez Garnica
1.290 palabras · unos 6 minutos de lectura
Pablo Rodríguez Jiménez (dir.), Historia que no cesa. La independencia de Colombia (1780-1830), Bogotá, Universidad Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, abril de 2010, 313 p. + imágenes seleccionadas por Patricia Londoño Vega y Karim León Vargas.
La conmemoración bicentenaria de la independencia del Nuevo Reino de Granada resultó de una notable riqueza en eventos académicos y en publicaciones de nuevas representaciones históricas. Para mencionar sólo unas pocas, de la labor de la Alta Consejería para el Bicentenario resultaron dos bellos tomos, con imágenes seleccionadas por Ricardo Rivadeneira, publicados por MNR Ediciones bajo los títulos Revolución, independencias y guerras civiles (tomo I) y Vida cotidiana y cultura material en la Independencia (tomo II), y además la edición que Planeta hizo de las memorias del encuentro internacional de historiadores que fue organizado en el Teatro Adolfo Mejía de Cartagena (21 a 23 de octubre de 2009), bajo el título de El gran libro del Bicentenario. El Ministerio de Educación Nacional situó en 16.500 instituciones educativas del país un maletín con una docena de libros temáticos que dan cuenta de las diversas dimensiones del proceso de la Independencia, y la Universidad Industrial de Santander entregó otra docena de títulos en su Colección Bicentenario. Por otro lado, cinco decenas de simposios y congresos sobre las independencias reunieron a todos los especialistas del mundo hispanohablante en muchas ciudades del mundo, en un movimiento intelectual que culminará en Cádiz durante el próximo año. Los mejores frutos fueron reunidos por Manuel Chust en torno a seis preguntas que formuló a cuarenta especialistas de muchos países, cuyas respuestas pusieron en claro las interpretaciones, los problemas y las controversias bajo el título de Las independencias iberoamericanas en su laberinto, un tomo publicado a finales de 2010 por la Universitat de València.
Es en este contexto de amplia producción historiográfica sobre los procesos de independencia iberoamericanos que la Universidad Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario decidió asociarse a esta efemérides, comprometida por el hecho de que su rector en 1810, el doctor Antonio Ignacio Gallardo y Guerrero, fue uno de los firmantes del acta de erección de la Junta suprema de Santa Fe en la madrugada del día 21 de julio de ese año. El encargo de la dirección académica de este libro conmemorativo fue dado al profesor Pablo Rodríguez Jiménez, y la selección de las imágenes que acompañan los 20 artículos fue hecha por Patricia Londoño Vega y Karim León Vargas. Una cronología final fue cedida por Luis Fernando Molina Londoño.
Los veinte autores concertados en este gran tomo de tapas duras (23 x 27 cms.) aportaron estudios que pueden agruparse en dos categorías temáticas: los que se ocupan de los múltiples actores que participaron en el proceso de la independencia y los que versan sobre un tema específico. Comencemos identificando al primer grupo, presidido por Víctor Manuel Uribe, quien tradicionalmente ha identificado a los abogados en este proceso, a quien se agrega Amanda Caicedo con su estudio sobre los eclesiásticos infidentes. Para las voceras de la perspectiva de género, Martha Lux Martelo registró las acciones y contribuciones de las mujeres en la Independencia, mientras que Oscar Almario introdujo a los "actores sociales", cualquiera que ellos sean. Los extranjeros que con falsas promesas fueron enganchados en Inglaterra y llevados a Venezuela son los actores que Rodrigo de J. García investiga para completar su tesis doctoral. Tres médicos emblemáticos de la época fueron abordados por Emilio Quevedo, Néstor Miranda y Jairo Solano. Los caudillos y los militares son identificados por Leonardo Agudelo, mientras que Ana Catalina Reyes evalúa el papel jugado por los cabildos en el temprano proceso de las autonomías locales. Finalmente, un profesor de la casa, Fernando Mayorga, relata la historia del Colegio Mayor del Rosario hasta el año 1810, cuando sus egresados brillaron en la escena política del reino en convulsión.
Pasando a los temas específicos, Anthony McFarlane propone una visión de los antecedentes del proceso de independencia, abriendo este libro e insistiendo en la preparación de las elites educadas para enfrentar los dos años de incertidumbres que provocó la intervención napoleónica en la península. El mal llamado Memorial de agravios es examinado en detalle por Pablo Rodríguez, mientras que las primeras cartas constitucionales corren por cuenta de la mirada de Miguel Alejandro Malagón. La presencia de las figuras de la Antigüedad grecorromana en los escritores de la Primera República es un tema con el que siempre sorprende Ricardo del Molino, quizás una consecuencia de la lectura de las Vidas paralelas que en los colegios mayores del Reino hacían sus estudiantes. El asunto de los trajes y las modas es examinado por Ricardo Rivadeneira, gracias a su amplio conocimiento de las imágenes de la época, y el de la educación corre a cargo de Julio Gaitán. El funcionamiento del Tribunal de Purificación en los tiempos de la restauración del virreinato es aportado por Carlos Páramo, mientras que Frank Safford procede a listar los problemas que enfrentó la República de Colombia cuando ya era un hecho consumado la independencia. Los modos como la independencia fue inventada y recreada en la pintura colombiana son tratados por Santiago Londoño, al tiempo que Adriana María Alzate introduce un tema un tanto extraño a este tomo, que es el de los proyectos de reforma hospitalaria que fueron presentados durante el tiempo de los últimos virreyes. Finalmente, quien escribe esta reseña argumentó todo cuanto estuvo a su alcance para erradicar de la historiografía el uso de la expresión "Patria Boba", un legado de la lucha política contra el general Antonio Nariño que libraron los jóvenes abogados partidarios del vicepresidente Santander.
Esta combinación de miradas temáticas diversas, combinando actores del proceso con algunos aspectos específicos, es una buena muestra de la producción historiográfica del año del bicentenario, embellecida por las imágenes disponibles en los diferentes museos que varios especialistas han escogido. Muchos otros temas pudieron haberse presentado, pero aquí se trata de una muestra de lo que en el 2010 se hacía por los historiadores profesionales, según sus intereses y sus experiencias. Como muestra, este libro es representativo del estado de la profesión de historiador en Colombia, y por ello fue prologado por una de sus figuras veteranas, Marco Palacios.
La nueva información histórica que resultó de la eclosión bibliográfica del año del bicentenario es una fuente más variada respecto de la que tuvo a su disposición el grupo de brillantes historiadores que antes del centenario fundaron la Academia Colombiana de Historia. Es un resultado de la profesionalización del oficio de historiar y la base para las nuevas interpretaciones que se esperan de la década del 2010, preparatoria de la conmemoración del nacimiento de la República de Colombia en el congreso constituyente de la Villa del Rosario de Cúcuta. Las claves del tránsito del régimen absolutista del Estado monárquico al nuevo Estado republicano, con su aspiración a la división tripartita del poder público, así como las de la construcción de una nación de ciudadanos iguales allí donde existía un legado de vasallos diferenciados por privilegios variados para cada grupo social, se encuentran en la experiencia histórica de la década de 1810. Las declaraciones de independencia respecto de la familia de los Borbones españoles fueron apenas la experiencia de partida. La ciudad de Cartagena, donde se forzó la primera de ellas en la Nueva Granada, ejemplifica bien las dificultades y los problemas de la experiencia de esas transiciones.
Así que este libro es apenas el punto de partida del trabajo que espera durante esta década a los historiadores iberoamericanos. En el año 2021, cuando se realice el bicentenario del nacimiento de Colombia en la Villa del Rosario, evaluaremos el cumplimiento de esta promesa de una de las ciencias sociales que con mayor ahínco se está cultivando en nuestro país.
Armando Martínez Garnica