La ruta liberadora de 1819
Armando Martínez Garnica
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En una mísera choza de la aldea de Setenta, a orillas del río Apure, reunió el general Simón Bolívar a los oficiales de su Estado Mayor para planear la campaña que haría sobre la Nueva Granada. Era el 21 de mayo de 1819 cuando, sentados sobre los cráneos de unas vacas sacrificadas mucho tiempo atrás, estos hombres escucharon el plan. Marcharían en tres columnas envolventes hacia Santa Fe: la caballería mandada por el general Páez entraría por los valles de Cúcuta, seguiría hacia Pamplona y se dirigiría hacia Soatá por el camino de Capitanejo; la División de Vanguardia que el general Santander había reunido en Casanare entraría por el valle de Tenza hacia Tunja, y el Libertador ingresaría con el grueso de su ejército por La Salina y Chita, rumbo a Soatá.
Vanas ilusiones, pues se supo que el general Páez no estaba en capacidad de entrar a los valles de Cúcuta. El Libertador cambió entonces su plan: marcharía en una única columna hacia Tunja y Santa Fe. El 27 de mayo se puso en marcha desde Mantecal, en el Apure, rumbo al Casanare. Después de recorrer 300 kilómetros en siete días llegó a Guasdualito el 1º de junio, donde descansó tres días, y el 4 cruzó el río Arauca. Para entonces ya las lluvias tenían inundada la sabana, lo cual obligó a construir botes de cuero para transportar las armas y las municiones, mientras los hombres caminaban con el agua hasta la cintura. El 12 de junio entró a Tame, lugar de reunión con la División mandada por Santander.
Después de este encuentro fueron reordenadas las tropas del Ejército Libertador: el Estado Mayor fue puesto bajo la jefatura del general Carlos Soublette, la División de Vanguardia siguió bajo el mando del general Santander con dos batallones de infantería, y otra División, que integraba al grueso de la tropa y la retaguardia, se puso a las órdenes del general José Antonio Anzoátegui. En total eran cerca de 3.500 hombres los que se reunieron en Tame. Había llegado la hora de escoger el camino hacia las cimas de la cordillera que llevaba al Nuevo Reino de Granada, y el Libertador escogió el peor de todos, precisamente porque era el menos custodiado: ascenderían por Nunchía hacia Paya y el páramo de Pisba con rumbo a Socha, pese al intenso frío que les esperaba.
El 18 de junio se puso este ejército en movimiento hacia Pore, la capital del Casanare. El 23 atravesó el río Pauto y el 27 ya estaba marchando sobre la sabana de Chitacoba. Había llegado el momento de atacar la posición realista de Paya, comandada por el sargento mayor Juan de Figueroa. Esta tarea fue encomendada por el general Santander a los dos jefes del Batallón Cazadores, el coronel Antonio Arredondo y el sargento mayor Joaquín París, a quienes apoyaron algunos jinetes del escuadrón de Guías, a órdenes del capitán Juan José Reyes Patria. Pronto fue tomada esta posición por el Ejército Libertador, quedando despejado el camino hacia el páramo de Pisba.
El 2 de julio entró el primer grupo de vanguardia al pueblo de Socha, ya en la provincia de Tunja. Cerca de 40 llaneros murieron en la travesía del páramo, que sin embargo no detuvo a las mujeres soldaderas que marchaban con las tropas. El Libertador llegó a este pueblo el 7 de julio, contento de este esfuerzo estratégico que no era esperado por su oponente, el coronel José María Barreiro, quien tenía su cuartel general en Tunja. Sólo hasta que una avanzada del Batallón Cazadores sorprendió a un destacamento realista en Corrales vino a caer en cuenta de lo que se aproximaba. El 9 de julio salió con sus tropas de Tunja por el camino de Sogamoso, listo para enfrentar la invasión.
El 10 de julio el Libertador estableció su cuartel en Tasco, y en la tarde de este día se produjo el primer choque con la vanguardia española que comandaba el coronel Nicolás López. En el sitio de La Ramada fueron ejecutados los patriotas que fueron capturados. El siguiente día Bolívar movió su ejército a Gámeza, donde el Batallón Cazadores enfrentó al Batallón segundo de Numancia y al Batallón primero del Rey. Antes de la batalla se libró un duelo de caballeros entre el capitán Juan José Reyes Patria y un capitán español que lo desafió a gritos, a costa de la cabeza que le quitó aquel de un sablazo. La caída de la noche detuvo la batalla sin resultado definitivo, que costó la vida al coronel Arredondo. El Ejército Liberador regresó al cuartel de Tasco, desde donde marchó por Cerinza hasta los corrales de Bonza, esperando la llegada de la Legión Británica. Mientras tanto, Barreiro estableció su cuartel en Paipa, población que ocupó el 18 de julio.
Durante una semana, y separados por el río Surba, los dos ejércitos se dedicaron a observarse y a preparar sus operaciones. En la madrugada del 25 de julio el Libertador comenzó a mover su ejército por el camino del Salitre y el Pantano de Vargas. Como Barreiro dio la orden de alcanzarlo, desde las diez de la mañana se libró la batalla entre los dos ejércitos. La carga de la caballería de 300 llaneros, encabezada por el teniente coronel Juan José Rondón, desorganizó al escuadrón de dragones españoles y abrió el campo a todas las fuerzas del Ejército Libertador que este día se emplearon a fondo y libraron la más sangrienta y decisiva batalla. La caída de la noche le puso fin, y entonces los dos ejércitos regresaron a sus cuarteles anteriores para reorganizarse.
Por una semana, los dos ejércitos se rearmaron y aumentar sus efectivos. Bolívar hizo proclamar el 29 de julio en Duitama una ley marcial que le atrajo reclutas de muchos pueblos. Barreiro movió su ejército a Loma Bonita, cediéndole la plaza de Paipa a Bolívar, que éste tomó el 3 de agosto. En la noche del día siguiente movió su ejército con mucho sigilo por el camino de Toca, con lo cual pudo ocupar Tunja en la mañana del 5 de agosto. Esta plaza le ofreció municiones, cabalgaduras, abastecimientos, uniformes y nuevos reclutas. Ya estaba en posesión de una de las plazas más importantes del Nuevo Reino de Granada, cuyas mujeres trabajaron sin descanso cosiendo y bordando prendas militares.
Mientras Bolívar entraba a Tunja, Barreiro movía su ejército hacia Motavita, donde recibió los refuerzos del Batallón Tambo del Socorro, proyectando su marcha hacia Santa Fe. Conocida esta intención por un espía que entró al campamento realista, el Libertador formó todo su ejército en la plaza de Tunja, en la mañana del 7 de agosto, y ordenó la marcha en persecución de su oponente. A las 11 de la mañana de este día llegó la vanguardia española a la casa de teja situada en la intersección del camino real que iba a Santa Fe con el camino de Samacá, cerca de un pequeño puente de tablas sobre el río Teatinos que corre de occidente a oriente, en el valle ondulado que hoy conocemos como campo de Boyacá. Era un día frío y nublado. La vanguardia realista se detuvo allí para almorzar.
De pronto emergió por el camino real de Tunja, entre la niebla, la vanguardia libertadora en formación de combate. Los realistas pasaron apresuradamente el puente y se organizaron defensivamente en la orilla sur del río Teatinos. Barreiro intentó alcanzar a su vanguardia para ayudarla, pero se interpusieron en su camino el Batallón Rifles y la Legión Británica. Las dos vanguardias habían quedado frente a frente, río Teatinos de por medio, mientras el grueso de los dos ejércitos rivales se desplegaba en todo el valle. Mientras unas mujeres lavanderas conducían a los jinetes del Batallón Guías de Casanare por un vado del río para infiltrar la retaguardia del coronel Francisco Jiménez, el Batallón Cazadores cruzó el puente y comenzó a dispersar la defensa realista. Todos los cuerpos armados entraron a la batalla hasta que el ejército realista huyó en desbandada por el camino de Samacá.
Con muy poco costo de vidas, el Ejército Libertador emergió victorioso en la tarde del 7 de agosto de 1819. El desastre militar para el rey Fernando VII, y para el virrey Juan Sámano, se había consumado. El parte dado por el general Carlos Soublette al Libertador lo resume bien: "Todo el ejército enemigo quedó en nuestro poder, fue prisionero el general Barreiro, comandante general del ejército de Nueva Granada, a quien tomó en el campo de batalla el soldado del 1º de Rifles, Pedro Martínez; fue prisionero su segundo, el coronel Jiménez, casi todos los comandantes y mayores de los cuerpos, multitud de subalternos y más de 1.600 soldados; todo su armamento, municiones, artillería, caballería, etc.; apenas se han salvado 50 hombres, entre ellos algunos jefes y oficiales de caballería, que huyeron antes de decidirse la acción".
Durante la noche del 8 de agosto fue informado de este resultado el último virrey, quien al día siguiente se puso en marcha precipitada hacia Cartagena por el camino de Honda. Al caer la tarde del 10 de agosto de 1819 entró el general Bolívar a Santa Fe. En cuanto encontró al doctor Alejandro Osorio en el Palacio Virreinal lo hizo su secretario general. Al día siguiente, éste abrió el Copiador de órdenes dadas por el Libertador, que de inmediato vertía en decretos para la firma del mismo, en su condición de presidente interno de la República de Venezuela. La primera frase dictada fue la siguiente: "Restablecido felizmente el Gobierno Liberal de la República, por la fuga de los tiranos que la oprimían...". Era el reconocimiento de la gesta constitucional y política de los estadistas de la Primera República, cuya destrucción había comenzado en diciembre de 1815 por el Ejército Expedicionario que había traído Pablo Morillo. Aunque en este momento se iniciaba la historia de la República de Colombia, rindió homenaje a la generación que en 1810 comenzó el proceso de la independencia.