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La experiencia de la provincia de Tunja

Armando Martínez Garnica

1.074 palabras · unos 5 minutos de lectura

Ochenta y siete electores de las parroquias y pueblos de la provincia de Tunja se reunieron en un Colegio Electoral y, el 9 de diciembre de 1811, aprobaron la primera Constitución de la República de Tunja. Declararon entonces su independencia respecto de "toda autoridad civil de España y de cualquiera otra nación", pero advirtieron que se sujetarían a la autoridad de un Congreso General de las Provincias del Nuevo Reino de Granada. La independencia absoluta respecto de la Monarquía Española fue confirmada por la declaración de que la idea de que un hombre naciera rey "es absurda y contraria a la naturaleza".

Fue adoptada la forma popular y representativa de gobierno, con división tripartita del poder público. El Poder Ejecutivo sería encabezado por un presidente gobernador (elegido por el Congreso Electoral de la provincia); el Poder Legislativo tendría dos salas (Sala de 10 representantes y Senado de 5 miembros), y el Poder Judicial contaría con un Tribunal de Apelaciones, una Sala de Conjueces, un Tribunal de Jurados y los alcaldes (ordinarios y pedáneos). Un Congreso Electoral se reuniría todos los años para realizar las elecciones para los representantes ante el Congreso General y dictar las disposiciones que le correspondían. El Tesoro Provincial no haría novedad alguna en las antiguas contribuciones fiscales y conservaría sus antiguos funcionarios (contador y tesorero). La fuerza armada se integraría con todos los ciudadanos hábiles y capaces de armarse y mantenerse a sí mismo. En todos los pueblos habría una escuela de primeras letras y en la ciudad de Tunja una universidad.

Los atributos de la ciudadanía fueron establecidos de varias maneras: igualdad ("Ni en las escuelas de los pueblos ni en las de la capital habrá preferencias, ni distinciones entre blancos, indios u otra clase de gente"), moralidad ("Ninguno es buen ciudadano si no es buen padre, buen hijo, buen hermano, buen amigo y buen esposo"), legalidad ("Ninguno es buen ciudadano su franca y generosamente no observa las leyes"), patriotismo ("Todo ciudadano debe sus servicios a la Patria, a la conservación de la libertad, de la igualdad y de la propiedad, siempre que la ley le llame a defenderlas"), edad e independencia ("Para el nombramiento de electores pueden votar todos los vecinos que pasando de 15 años tengan un oficio honesto de que mantengan de sí... no puede ser elector el menor de 20 años").

El 35% de los electores del Congreso Electoral de Tunja eran eclesiásticos, y buena parte de ellos abogados de los Colegios Mayores de Santafé. Las personalidades más destacadas en la experiencia republicana de este provincia fueron los presbíteros Francisco Javier Torres y Rojas (1755-1819), presidente del Colegio Electoral (1813) y senador; y Joaquín Malo (1766-c.1835), senador y firmante de los Tratados de Santa Rosa (30 julio de 1812) con Cundinamarca. También el coronel Juan Nepomuceno Toscano (1787 - 1851), quien llegó a ser gobernador de Mariquita, Pamplona, Socorro y Tunja; congresista Ocaña y en la Convención Constituyente de la Nueva Granada (1832).

La República de Tunja se enfrentó militarmente al Estado de Cundinamarca en 1812 por la pretensión de Nariño a incorporarse las tres provincias del antiguo Corregimiento de Tunja (Tunja, Socorro, Pamplona), y para recuperar su jurisdicción sobre los pueblos que se le habían separado (Chiquinquirá, Muzo, Villa de Leiva, Sogamoso). El presidente gobernador Juan Nepomuceno Niño se alió con los presidentes de las Juntas del Socorro y Pamplona para resistir militarmente a las tropas enviadas desde Santafé. Tras el triunfo de Ventaquemada (2 de diciembre de 1812) vino la derrota de Santafé (9 de enero de 1813), debiendo los tunjanos replegarse. Durante este año se produjeron las declaraciones de independencia absoluta de Cundinamarca (16 de julio), Antioquia (11 de agosto) en respuesta a las convocatorias que desde Santa Marta hacía Francisco de Montalvo, capitán general del Nuevo Reino, y desde el sur Juan Sámano, para retornar a la obediencia del rey Fernando VII. En este contexto político se produjo también, el 10 de diciembre, la declaración de independencia absoluta de la República de Tunja[1].

Esta declaración de "agravios", firmada por 77 electores de la Provincia de Tunja, usaba ya el nuevo lenguaje de los publicistas del proceso de la independencia: fue denunciada "la opresión en que han gemido las colonias que fundaron los españoles en el siglo XV y principios del XVI" porque los indios se habían sujetado a "la madre patria" por un error político, cuya consecuencia en el "espíritu nacional debía ser funesto a sus descendientes, no menos que a los antiguos hijos de Colombia". Entre los motivos múltiples que sólo habían dejado como única alternativa la declaratoria de independencia se contaron la inmensa distancia que los separaba de la Metrópoli, origen del desconocimiento de las necesidades de los americanos, su "degradación y embrutecimiento" mediante la prohibición de enseñarles los conocimientos útiles y de abrir escuelas de primeras letras. La prohibición del comercio libre de las producciones americanas había permitido el intercambio desigual de "los frutos coloniales contra los europeos, que se vendían por tres o cuatro tantos más de lo que hubieran valido en un mercado libre". En síntesis, "todo se conjuraba contra los pueblos de América, el comercio, la industria, el gobierno, los juicios y hasta la Religión Santa se abusaba para aumentar el peso de nuestras cadenas".

Se declaraba entonces, ante "el Ser Supremo, la rectitud de nuestras intenciones", y ante "la faz del Universo" el desconocimiento de cualquier "subordinación al Gobierno de la Península, bien sea el que se ha establecido hoy con el nombre de Cortes y Regencia, o cualquier otro que se establezca en la sucesión de los siglos". La única autoridad que los tunjanos reconocían era la que ellos mismos se habían dado para su régimen interior, y el general del Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, según los principios establecidos por el Acta de Federación (27 de noviembre de 1811).

Entre los firmantes de esta declaración se destacan Pacífico Jaime, quien sería legislador en Cúcuta (1821); Joaquín Ortiz Nagle, vicepresidente del Colegio Electoral (1813) y convencionista en Cúcuta (1821); José María del Castillo y Rada, teniente de gobernador (1813), presidente gobernador (1814) y miembro del Triunvirato del Congreso de las Provincias Unidas: fray Ignacio Mariño, capellán del Ejército Libertador; y el presbítero Andrés María Gallo, ministro de la Alta Corte.

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[1]Declaración de independencia absoluta de la provincia de Tunja, 10 de diciembre de 1813. En: Boletín de Historia y Antigüedades; vol. VIII, No. 85 (1912), p. 706-708 .

Ex libris de Armando Martínez Garnica: las tres plumas del Príncipe de Gales sobre una corona, con el lema «Ich Dien» y su nombre manuscrito.
Del archivo personal de Armando Martínez Garnica.