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Héroes y antihéroes

Armando Martínez Garnica

766 palabras · unos 4 minutos de lectura

Durante el proceso revolucionario que hizo posible el tránsito del Estado monárquico absoluto a los nuevos estados nacionales surgió la figura del héroe, entendido como el patriota, el ciudadano en armas que participa en la contienda civil animado por un ideal nacional. Conocido o anónimo, individual o colectivo, el héroe pertenece a los procesos de invención de las nuevas naciones de ciudadanos. Como figura egregia del relato romántico, la construcción de la figura del héroe es una estrategia de la integración social de la universalidad de los ciudadanos. Como corolario, la figura del antihéroe es entonces la del vasallo que se mantuvo fiel a su rey, cumpliendo la palabra empeñada en la ceremonia de juramento de la lealtad a la persona que en algún momento se puso a la cabeza de la monarquía, la de quien resistió ante la propuesta de independencia de una nueva nación. Las razones de Agustín Agualongo, el antihéroe por excelencia, ante los acusadores que lo llevaron al patíbulo patriótico no pueden ser refutadas: "¡No acepto el cargo de traidor porque jamás juré obedecer la Constitución de Colombia!".

En este año conmemorativo del largo proceso de construcción de la nación colombiana, el escenario del recuerdo ha sido ocupado de inmediato por los héroes del relato nacional. Encabezada por el Libertador, ese caraqueño que ha sido visto de mil maneras, la larga fila muestra a las figuras heroicas de Santander, Nariño, Atanasio Girardot, Antonio Ricaurte, José María Córdoba, Reyes Patria, Juan José Rendón, José Antonio Paéz, Anzoátegui, Soublette y muchos otros suficientemente conocidos.

Pero en Pasto unas tenues voces antiguas este año se convirtieron en gritos: "Por nuestra tierra: ¡Agualongo vive!". ¿De qué hablan? Se refieren al mestizo antihéroe que le hizo imposible la vida al Libertador y que se hizo fusilar con la condecoración que le había conferido el rey Fernando VII. Como en Cartagena, donde se presentó hace algún tiempo la figura del héroe pardo de la independencia local, el herrero Pedro Romero, también recientemente se ha revindicado la figura de los antihéroes pardos de la contrarrevolución de las Sabanas de Tolú contra el gobierno patriótico de Cartagena: el pardo Pedro José Paternina y el zambo Manuel de Jesús Betín, líderes de Sincelejo y Chinú.

La actual reivindicación de los viejos antihéroes se funda en un anhelo de reconocimiento social. En Pasto se dijo esta semana: "es la hora de unir las banderas y las voces para decir que el Sur existe". Así como el héroe fue construido por los centros del poder del Estado, pues los relatos patrióticos ofrecieron figuras heroicas para promover desde la escuela primaria la integración social de la nación, estamos asistiendo ahora a la emergencia de unos relatos sobre los antihéroes para demandar inclusión social y atención de la Hacienda pública. Un viejo pastuso acaba de decir: "Son 200 años de silencio, de menosprecio y de abandono a una región que ha demostrado grandeza y trabajo".

La dialéctica del relato heroico, integrador social desde el centro político estatal, y del relato del antihéroe, reivindicación social desde las periferias políticas, está expuesta este año del Bicentenario. No hay que alarmarse. Los recuerdos sociales sobre héroes y antihéroes, pese a su aparente enfrentamiento bipolar, contribuyen de modos distintos al mismo propósito: la integración social de la nación colombiana. Es que una nación moderna es el resultado de un largo proceso de integración, animado por el relato patriótico de los héroes y padres de la patria. Pero en ese proceso de marchas y contramarchas, asistimos ahora el relato del antihéroe como reclamo por una deficiencia de integración en algunas regiones. "El Sur existe", "el Caribe existe", son la expresión de ese déficit de integración experimentado por algunos grupos sociales de la nación Colombia, de un peculiar sentimiento basado en una percepción de su situación de minusvalía.

La paradoja puede sorprender: el relato del antihéroe, aparente disociador, porta en el fondo un reclamo de integración a la nación. El vencido tiene que ser integrado, parece ser el mensaje que nos exponen los relatos de los antihéroes. La historia de la Humanidad puede confirmar esa demanda de integración del vencido a la sociedad que construyó el vencedor: Hispania vencida por las legiones romanas terminó incorporada a la ciudadanía de Roma. Las Indias vencidas fueron incorporadas a los reinos de la monarquía católica y uno de sus más brillantes abogados en el nuestro terminó escribiendo que "somos tan españoles como los hijos de don Pelayo".

Los antihéroes de este Bicentenario no deben asustarnos: son las voces de los vencidos que desde ultratumba quieren integrarse plenamente a la nación colombiana. ¡Bienvenidos a ella!

Ex libris de Armando Martínez Garnica: las tres plumas del Príncipe de Gales sobre una corona, con el lema «Ich Dien» y su nombre manuscrito.
Del archivo personal de Armando Martínez Garnica.