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Balance de la experiencia de la Primera República

Armando Martínez Garnica

534 palabras · unos 3 minutos de lectura

En su primer informe administrativo como secretario del Interior y Justicia, presentado al vicepresidente Santander el 31 de diciembre de 1819, Estanislao Vergara hizo un balance -desde la perspectiva de un santafereño- de la experiencia de la Primera República:

Ante los sucesos de Bayona, las provincias se erigieron en soberanas y por mucho tiempo carecieron de un gobierno general que las uniese a todas. Y cuando al fin lo establecieron, no le concedieron pleno vigor y actividad. Incluso cuando centralizaron los ramos de hacienda y guerra quedaron los gobernantes generales en la misma impotencia porque los gastos de cada gobierno provincial eran superiores a sus ingresos, y no había fondos suficientes para sostener y armar ejércitos. De este modo,

La consunción, la debilidad, llevaron al sepulcro a nuestra anterior República, quedando todos convencidos que el federalismo, por muy perfecto que sea, no era conveniente en estos países y en aquellas circunstancias.

Pero la mayor experiencia fue la de que había que aprender a mandar un pueblo "que repentinamente ha mudado su forma de gobierno", pues en estos casos hay que mantener el imperio de las leyes anteriores que mantenían el orden. Resulta así un gobierno mixto y complicado, que trae muchos inconvenientes. Teniendo a la vista la experiencia de la Primera República, Bolívar decretó la permanencia de las instituciones que gobernaban a los pueblos: un Tribunal Superior de Justicia reemplazó de inmediato a la Real Audiencia, con sus mismas atribuciones. El tribunal de cuentas siguió gobernándose por las leyes de Indias. El superintendente de Hacienda ejerció sus funciones conforme a la ordenanza de intendentes de México. Todas las rentas fiscales fueron conservadas. Y estableció un gobierno fuerte y enérgico en la Nueva Granada, con atribuciones ejecutivas muy amplias.

Por su parte, el coronel José María Vergara presentó ante el Congreso de Angostura, el 12 de junio de 1819, actuando como diputado de la provincia de Casanare, el siguiente balance:

Los pueblos de la Nueva Granada estaban acostumbrados a sufrir en silencio el despotismo, la insolencia y la arbitrariedad de virreyes y gobernadores españoles. La revolución los puso en situación de mejorar su suerte; ellos eligieron un gobierno popular, gozaron por seis años del derecho de mandarse a sí mismos, tuvieron constituciones liberales, comercio libre, libertad de imprenta, sacudieron el yugo inquisitorial, y sus representantes tuvieron un miramiento que puede llamarse criminal en imponer contribuciones; jamás se derramó por el Gobierno republicano una sola gota de sangre, y su filantropía llegó a ser tanta que fue la ruina de la República... Ellos conocen ya los defectos del Gobierno que tenían sin olvidarse de la Libertad que disfrutaron. Maldicen la debilidad de sus antiguos gobernantes, pero conservan una memoria grata de su sistema[1].

Por estos antecedentes, aconsejó al general Bolívar proceder con prudencia en su campaña libertadora de la Nueva Granada, evitando toda arbitrariedad, restableciendo los gobiernos provinciales "provisionalmente como estaban el año de 16, es paso que exige la necesidad de poner un gobierno, y ninguno es más justo que el que eligieron los mismos pueblos y al que se habían acostumbrado".

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[1] Discurso del diputado de Casanare, 12 de junio de 1819. En: Correo del Orinoco, no. 34 (24 de julio de 1819).

Ex libris de Armando Martínez Garnica: las tres plumas del Príncipe de Gales sobre una corona, con el lema «Ich Dien» y su nombre manuscrito.
Del archivo personal de Armando Martínez Garnica.