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26 Colombia en biografía
UIS Stereo

La batalla de Boyacá

2.321 palabras unos 12 minutos de lectura

La pregunta de hoy

Durante la semana pasada la nación colombiana tuvo un día festivo porque se conmemoraban 195 años del acontecimiento de la batalla que los ejércitos libertadores libraron en el campo de Boyacá. Es por ello que es pertinente preguntar por la importancia decisiva que tal batalla tuvo en la historia de la República de Colombia.

Mi respuesta es la siguiente:

El río del antiguo convento de los frailes Teatinos, también llamado río Boyacá, corre de occidente a oriente por un valle ondulado en declive, enmarcado por las alturas que lo separan de Tunja y de Samacá, y por una altiplanicie que lo comunica al sur con Ventaquemada. Los caminos que iban de Tunja y de Samacá hacia Santafé se unían en una casa de teja situada a un kilómetro al norte del puente. Al mediodía del 7 de agosto de 1819 la vanguardia de las tropas del rey llegó a esta casa de teja y su comandante dispuso el almuerzo. Fue entonces cuando, entre la niebla de aquel mediodía, apareció la vanguardia del ejército patriota desplegada y lista para el ataque. Como el general Barreiro ya no pudo juntar sus fuerzas con las del coronel Jiménez quedó el ejército realista dividido en dos bandos, teniendo que combatir desde dos frentes. Ante la sorpresa y la desmoralización, la Tercera División realista que aseguraba el virreinato de Santafé fue derrotada. Se trató de una victoria estratégica del ejército libertador comandado por el general Bolívar que cambió de inmediato el orden político. El virrey Sámano y los funcionarios de la real Audiencia huyeron por el camino de Honda y el general Bolívar entró a Santafé con la vanguardia el siguiente 10 de agosto. Fue entonces cuando se despejó el camino para la ejecución de su sueño político: unir en una nueva nación a los vasallos que hasta entonces habían estado bajo la jurisdicción del virreinato de Santafé y de la capitanía general de Venezuela. Colombia fue el nombre de esa nueva nación.

El documento

Boletín del ejército libertador de la Nueva Granada, 8 de agosto de 1819, Batalla de Boyacá

Al amanecer del día de ayer, dieron parte los cuerpos avanza­dos de que el enemigo estaba en marcha por camino de Samacá; el ejército se puso sobre las armas y luego que se reconoció que la inten­ción del enemigo era pasar el puente de Boyacá, para abrir sus comu­nicaciones directas y ponerse en contacto con la capital, marchó por el camino principal para impedírselo o forzarlo a admitir la batalla.

A las dos de la tarde, la primera división enemiga llegaba al puente, cuando se dejó ver nuestra descubierta caballería. El enemi­go, que no había podido aún descubrir nuestras fuerzas y que creyó que lo que se le oponía era un cuerpo de observación, lo hizo atacar con sus cazadores para alejarlo del camino, mientras que el cuerpo del ejército seguía su movimiento. Nuestras divisiones aceleraron la marcha y con gran sorpresa del enemigo, se presentó toda la infante­ría en columnas sobre una altura que dominaba su posición. La van­guardia enemiga había subido una parte del camino, persiguiendo nuestra descubierta y el resto del ejército, estaba en el bajo a un cuar­to de legua del puente y presentaba una fuerza de 3.000 hombres.

El batallón Cazadores de nuestra vanguardia, desplegó una com­pañía en guerrilla y con los demás en columna, atacó a los cazadores enemigos y los obligó a retirarse precipitadamente, hasta un paredón de donde también fueron desalojados; pasaron el puente y tomaron posiciones del otro lado; entre tanto, nuestra infantería descendía y la caballería marchaba por el camino.

El enemigo intentó un movimiento por su derecha y se le opu­sieron los Rifles y una compañía inglesa. Los batallones 1° de Barcelo­na y Bravos de Páez, con el escuadrón de caballería del Llano-arriba, marcharon por el centro. El batallón de línea de Nueva Granada y los Guías de retaguardia, se unieron al batallón de Cazadores y formaban la izquierda. La columna de Tunja y la del Socorro, quedaron en reserva.

En el momento se empeñó la acción en todos los puntos de la línea. El señor general Anzoátegui dirigía las operaciones del centro y de la derecha: hizo atacar un batallón que el enemigo había desplega­do en guerrilla en una cañada y lo obligó a retirarse al cuerpo del ejército, que en columna sobre una altura con tres piezas de artillería al centro y dos cuerpos de caballería a los costados, aguardó el ata­que. Las tropas del centro, despreciando los fuegos que hacían algu­nos cuerpos enemigos situados sobre su flanco izquierdo, atacaron la fuerza principal. El enemigo hacía un fuego terrible, pero nuestras tropas con movimientos más audaces y ejecutados con la más estricta disciplina, envolvieron todos los cuerpos enemigos. El escuadrón de caballería del Llano-arriba, cargó con su acostumbrado valor y desde aquel momento todos los esfuerzos del general español fueron in­fructuosos; perdió su posición. La compañía de Granaderos a caballo (toda de españoles) fue la primera que cobardemente abandonó el campo de batalla. La infantería trató de rehacerse en otra altura, pero fue inmediatamente destruida.

Un cuerpo de caballería que estaba en reserva, aguardó la nues­tra con las lanzas caladas y fue despedazado a lanzasos y todo el ejér­cito español en completa derrota y cercado por todas partes, después de sufrir una grande mortandad, rindió sus armas y se entregó prisio­nero. Casi simultáneamente el señor general Santander, que dirigía las operaciones de izquierda y que había encontrado una resistencia temeraria en la vanguardia enemiga, a lo que sólo había opuesto sus Cazadores, cargó con unas compañías del batallón de línea y los Guías de retaguardia, pasó el puente y completó la victoria.

Todo el ejército enemigo quedó en nuestro poder, fue prisio­nero el general Barreiro, comandante general del ejército de Nueva Granada, a quien tomó en el campo de batalla el soldado del 1°. de Rifles Pedro Martínez; fue prisionero su segundo el coronel Jiménez, casi todos los comandantes y mayores de los cuerpos, multitud de subalternos y más de 1.600 soldados; todo su armamento, municio­nes, artillería, caballería, etc; apenas se han salvado 50 hombres, en­tre ellos algunos jefes y oficiales de caballería, que huyeron antes de decidirse la acción.

El general Santander con la Vanguardia y los Guías de reta­guardia, siguió en el mismo acto, en persecución de los dispersos hasta este sitio y el general Anzoátegui con el resto del ejército, per­maneció toda la noche en el mismo campo.

No son calculables las ventajas que ha conseguido la Repúbli­ca, con la gloriosa victoria obtenida ayer. Jamás nuestras tropas ha­bían triunfado de un modo más decisivo y pocas veces habían combatido con tropas tan disciplinadas y tan bien mandadas.

Nada es comparable a la intrepidez, con que el señor general Anzoátegui a la cabeza de dos batallones y un escuadrón de caballe­ría, atacó y rindió el cuerpo principal del enemigo. A él se debe gran parte de la victoria. El señor general Santander dirigió sus movimientos con acierto y firmeza. Los batallones Bravos de Páez y 1°. de Barcelo­na y el Escuadrón del Llano-arriba, combatieron con un valor asom­broso. Las columnas de Tunja y el Socorro se reunieron a la derecha, al decidirse la batalla. En suma, su excelencia ha quedado altamente satisfecho de la conducta de todos los jefes, oficiales y soldados del ejército libertador, en esa memorable jornada.

Nuestra pérdida ha consistido en 13 muertos y 53 heridos, entre los primeros el teniente de caballería N. Pérez y el reverendo padre Fray Miguel Díaz, capellán de vanguardia y entre los segundos el sargento mayor José Rafael de las Heras, el capitán Johnson y el teniente Rivero.

Cuartel general en jefe en Ventaquemada, a 8 de agosto de 1819.-9°.

carlos soublette

El personaje

Carlos Valentín José de la Soledad Antonio del Sacramento Soublette y Jerez de Aristeguieta nació en La Guaira el 15 de diciembre de 1789, en el hogar formado por Antonio Soublette y Piar, natural de la isla de Tenerife, y de Teresa Jerez de Aristiguieta. Perdida la Segunda República venezolana migró a Nueva Granada con el general Simón Bolívar y participó en las acciones militares que este llevó a cabo en Santa Fe durante el mes de diciembre de 1814, en el río Magdalena y en el sitio de Cartagena de 1815. El 31 de diciembre de 1816 se incorporó a las fuerzas del general Simón Bolívar, que procedente de Haití, desembarcaron en Barcelona. El 2 de enero de 1817 Bolívar lo nombró miembro de la Orden de los Libertadores de Venezuela. En la batalla de Boyacá mandaba uno de los cuerpos del victorioso ejército republicano. El 3 de marzo de 1825 fue nombrado secretario de Guerra y Marina de la República de Colombia y en enero de 1830, al producirse la separación de Venezuela de la Gran Colombia, fue nombrado Secretario de Guerra y Marina de Venezuela. En 1835 y 1836 cumplió las funciones de Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de Inglaterra y España, con la importante misión de pedir a dichos Estados el reconocimiento de la Independencia de Venezuela. En 1837 fue elegido Vicepresidente de Venezuela y asumió la Primera Magistratura por haber renunciado el presidente Vargas en 1836, cargo que ejerció hasta el 28 de enero de 1839. El 26 de enero de 1843 asumió nuevamente la Presidencia de la República, al ser favorecido por la mayoría de los votos. Entregó el poder el 20 de enero de 1847 al vicepresidente Diego Bautista Urbaneja, de quien lo recibió el 1 de marzo de 1847 el nuevo presidente José Tadeo Monagas. En 1858 regresa a Venezuela por invitación del general Julián Castro, jefe del Gobierno en aquellos momentos. En 1860 fue Senador por la provincia de Caracas y luego Secretario de Estado en el gobierno de Pedro Gual. Después del triunfo de la Federación, se apartó de la vida pública sólo para volver brevemente antes de su muerte, que acaeció en Caracas el 11 de febrero de 1870.

Epílogo

La gesta militar que hizo posible la incorporación de las provincias neogranadinas y venezolanas a la nación colombiana debe tener en cuenta la leva general ordenada por el Libertador presidente tras la batalla de Boyacá, inicialmente de 400 hombres por provincia liberada, pero en aquellas en las que el sentimiento de fidelidad al rey era muy fuerte se aumentó mucho más. José Manuel Restrepo, con documentos a la vista, calculó las siguientes cifras para las provincias centrales del departamento de Cundinamarca:

… la provincia de Antioquia, en poco más de un año, dio dos mil reclutas, de los cuales novecientos eran esclavos, y cuatro mil pesos. La del Socorro contribuyó con ocho mil reclutas, setecientas mulas, trescientos cincuenta caballos, ocho mil vestidos y cerca de doscientos mil pesos, manteniendo además dos batallones. Exigiéronse de Pamplona en el mismo tiempo mil ochocientos reclutas, novecientas caballerías, cien mil pesos y gran cantidad de vituallas. Fueron cuantiosas también las contribuciones de Cartagena, Tunja, Bogotá, Neiva y de las otras provincias de Cundinamarca. Todos los pueblos hicieron grandes y dolorosos sacrificios para consolidar su independencia; sacrificios que su patriotismo les hizo llevaderos.[3]

El asalto a la plaza de Santa Marta y el prolongado sitio de la plaza de Cartagena movilizaron miles de hombres para cada uno de los bandos enfrentados. Los samarios realistas se alistaron en varios cuerpos de infantería y caballería, engrosados por los indios de Mamatoco y de otros lugares de esa provincia. Un solo combate, librado en el pueblo de San Juan, dejó tendidos más de 400 cadáveres, que según Restrepo eran testimonio del “valor indomable de sus belicosos habitantes y del furor con que se hacía la guerra”. En dos combates siguientes, los realistas tuvieron pérdidas de 600 muertos y 625 prisioneros. Una vez sometida esta provincia a la fuerza, el Libertador ordenó una leva de dos mil hombres útiles en las “poblaciones más desafectas”, los cuales debían enviarse para el servicio del Ejército de Venezuela, una medida que solo pudo cumplirse parcialmente porque los samarios huyeron a los bosques para formar partidas de guerrilla, cuya fuerte presencia fue registrada en Valledupar y Ocaña, donde la facción de los colorados comandada por los mulatos Jácome y por Javier Álvarez se apoderó de esta plaza y repelió una partida patriota enviada desde Cúcuta. La campaña de liberación de la provincia de Santa Marta reunió tres mil hombres del bando independentista, la mitad venida del interior de Cundinamarca y la otra mitad reclutada en la provincia de Cartagena. El gobierno militar del vicepresidente de Cundinamarca, encargado de imponer levas y contribuciones a todas las provincias liberadas, se ganó en ese tiempo el calificativo de “déspota”, como reconoció José Manuel Restrepo en su Diario político y militar (anotación del 18 de noviembre de 1820), afirmando que Santander “verdaderamente ha cometido actos arbitrarios, pero ha sido imposible seguir otra conducta en este tiempo de revolución, cuando es necesario usar de mucha energía para salvar a la patria”.

Música:

  1. La vencedora
  2. La Libertadora

5.La Guaneña

  1. El numeral 210, capítulo 18 del libro primero del Derecho de gentes (1758) dice así: “Cuando una nación toma posesión de un país distante y asienta allí una colonia, ese país, aunque separado del principal establecimiento del país-madre, deviene naturalmente una parte del estado, al igual que sus antiguas posesiones. Donde quiera que, por esta razón, las leyes políticas, o tratados, no hagan distinción entre ellos, todo lo que se ha dicho del territorio de una nación debe también extenderse a sus colonias”.

  2. Lucas FERNÁNDEZ PIEDRAHITA, Chantre de la Iglesia Metropolitana de Santa Fe de Bogotá, Calificador del Santo Oficio por la Suprema y General Inquisición y Obispo electo de Santa Marta. Historia general de las conquistas del Nuevo Reino de Granada, Amberes, impreso por Juan Baptista Verdussen, 1688, tomo 2, libro IX, cap. III, 361-362,

  3. José Manuel RESTREPO, Historia de la revolución, 2009, 2, 54-55.

Ex libris de Armando Martínez Garnica: las tres plumas del Príncipe de Gales sobre una corona, con el lema «Ich Dien» y su nombre manuscrito.
Guión radial emitido por UIS Stereo. Del archivo personal de Armando Martínez Garnica.