Venezolanos en Cartagena
Armando Martínez Garnica
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En el capítulo anterior se vió el modo como los cabildos de San Gil, Vélez y el Socorro se esforzaron, en cuanto estuvo a su alcance, por recuperar la autonomía jurisdiccional que habían tenido antes de la reforma borbónica de los corregimientos. Del mismo modo procedieron Sogamoso y otros poblados respecto de la autoridad de Tunja, Ambalema respecto de la de Mariquita, Nóvita respecto de la del Citará y Nare respecto de la de Antioquia. La estrategia de anexarse al Estado de Cundinamarca no sólo amparaba militarmente a estas provincias antiguas contra los esfuerzos armados de su reanexión a un corregimiento o gobernación, sino además les permitía una negociación con Santafé que les proporcionaba una mejor representación política que la que les ofrecía su cabecera de corregimiento. Incluso la antigua provincia de Mariquita, anexada militarmente por Cundinamarca, logró una conveniente representación en dicho estado. Pero fue en la provincia de Cartagena donde se dió la más resistente defensa de los fueros de una provincia antigua, Mompós, contra su cabecera de gobernación.
Cartagena reasumió en sí la soberanía provincial respecto de Santafé desde el primer momento de la independencia, pero a su turno tuvo que soportar la emancipación de la villa de Mompós respecto de su autoridad. En efecto, reasumiendo en sí la soberanía popular, el cabildo momposino se declaró cabecera de provincia y la reclamó soberanía sobre los pueblos que pertenecían a su jurisdicción, enviando diputado propio ante Santafé. Pero los cartageneros reaccionaron de inmediato con las armas, poniendo a los momposinos de nuevo bajo su autoridad desde comienzos de 1811. Antonio José de Ayos, el diputado de Cartagena ante el congreso general de Santafé, pudo entonces declarar que "Mompóx, por su propia situación, está condenada a no poseer jamás en su recinto un gobierno independiente"[1].
Lo que no se imaginó fue que los momposinos derrotados en su pretensión provincial se decidieron a obtener el poder en el recinto ajeno, es decir, en el gobierno provincial situado en Cartagena. En verdad, el líder momposino Gabriel Gutiérrez de Piñeres se convirtió en la cabeza de la oposición política contra las actuaciones del gobierno cartagenero, al frente de "la plebe" y los mulatos. Fue así como el 11 de noviembre de 1811 los mulatos de Getsemaní se reunieron en la plaza de San Francisco e intentaron tomarse la ciudad para obligar a la Junta de gobierno a acoger de inmediato sus demandas radicales: jura de la independencia absoluta de España, extinción del Tribunal de la Inquisición, división tripartita del poder, cese de la pesquisa contra los momposinos, entrega de unos fusiles que se habían retenido a Cundinamarca, pese a que dicha provincia era quien los había importado de los Estados Unidos. Por la presión popular, la Junta debió entonces terminar todo vínculo posible con el Consejo de Regencia, pasando a elaborar una constitución republicana. El partido de los Gutiérrez de Piñeres había unido así en sí dos movimientos: el de la defensa de los fueros momposinos contra la autoridad de Cartagena, de un lado y, del otro, el de la radicalización de la independencia proveniente de la plebe imbuída de ideas liberales.
El 21 de enero de 1812 se instaló la convención de los diputados de los pueblos de la provincia de Cartagena. Fue presidida, en calidad de prefecto, por Germán Gutiérrez de Piñeres. En ese momento era presidente del estado don José María del Real. Al conocerse la noticia de la llegada del virrey Benito Pérez a Portobelo, la convención organizó el recaudo de fondos para levantar tropas que empezaran por someter a la provincia de Santa Marta, en manos de los realistas. Fue entonces cuando en el seno de esta convención se percibieron con claridad los dos bandos enfrentados: por una parte, el que encabezaba García de Toledo, agrupador de la mayor parte de los hombres adinerados e ilustrados de Cartagena, llamado el "partido aristócrata"; y, de la otra, el que encabezaban los hermanos Gutiérrez de Piñeres (Celedonio, Germán y Gabriel), agrupador de los momposinos, de la plebe y de los mulatos. Gabriel era el principal agitador de la igualdad absoluta, rodeándose siempre de negros y mulatos iletrados, acusando a sus enemigos de "aristócratas".
La constitución del Estado soberano de la provincia de Cartagena fue redactada por el presbítero Manuel Benito Rebollo y tuvo un cariz abiertamente liberal: derechos del hombre, división tripartita del poder (presidente, cámara de representantes y senado conservador de la constitución, tribunal supremo), libertad de imprenta, sistema federativo, elecciones periódicas. Pese a ello, los reveses militares en la guerra contra Santa Marta obligaron a la convención a nombrar a Manuel Rodríguez Torices como dictador. El 11 y 12 de julio se realizaron las elecciones, resultando electo Rodríguez Torices para el cargo de presidente gobernador del estado. Por su parte, Gabriel Gutiérrez de Piñeres fue elegido para la segunda magistratura con el título de presidente del senado.
La doble pugna interna que se vivió en Cartagena, entre momposinos y cartageneros, por un lado, y entre "aristócratas" y plebe radical, por la otra, fue polarizada aún más por la presencia, desde 1812, de la primera oleada de venezolanos exiliados por la contrarrevolución triunfante en Caracas: Miguel y Fernando Carabaño, el coronel español Manuel Cortés Campomanes, el coronel Simón Bolívar, para nombrar los más destacados. Según los apuntes del coronel Rieux, esta inmigración "fue tratada con la mayor hospitalidad y distinción posible por el gobierno y los habitantes" en los primeros tiempos. Los que eran militares fueron incorporados a las milicias. Pero ocurrió que la facción de los Gutiérrez de Piñeres comenzó a formular "críticas transcendentales" a muchos de esos venezolanos, especialmente a los que habían rodeado más de cerca el gobierno rival de Rodríguez Torices. Como ocurrió que los exilados venezolanos más jóvenes "rechazaron con algunas imprudencias las ridículas pretensiones de aquel partido", generalizando su rechazo al grueso de los cartageneros, los Gutiérrez de Piñeres se aprovecharon para atraer hacia su facción a muchos venezolanos, en especial, al coronel Bolívar.
El 31 de marzo de 1813 el coronel Labatut, que había ejercido el mando militar de Cartagena desde septiembre de 1812, fue reemplazado en el mando militar de la provincia por el coronel Chatillón, quien fue derrotado en Papares por tropas samarias. El gobierno se vió entonces obligado a dar el mando de las tropas, desde finales de mayo de 1813, al coronel venezolano Carabaño, quien estaba en Barranquilla. Pero la facción de los Gutiérrez de Piñeres aprovechó la responsabilidad del gobierno provincial en la derrota militar para obligar a reponer al coronel Labatut en el mando, quien se posesionó en junio de 1813 en Barranca, desde donde dirigió una expedición exitosa contra Tenerife. En agosto siguiente salió de Barranquilla, bajo su mando, una gran expedición militar contra Santa Marta, que no tuvo éxito alguno. En su desordenada retirada, Labatut permitió que sus tropas dieran mal tratamiento a los pobladores de Barranquilla, permitiendo que el gobierno provincial pudiera deponerlo de su cargo, sin la resistencia de los Gutiérrez de Piñeres. De nuevo volvió al mando, a fines de octubre, el coronel Carabaño, pero los Gutiérrez de Piñeres le negaron los recursos suficientes, facilitando la ocurrencia de desórdenes en sus tropas.
En opinión del coronel Rieux, quien ejerció el mando militar entre el primero de junio y agosto de 1814, la agitación se agudizó cuando llegó a Cartagena el segundo exilio venezolano, en septiembre de 1814, una vez que cayó de nuevo la república venezolana. Estos exilados, al igual que los de la primera oleada, se involucraron activamente en la política provincial, adhiriendo en su mayor parte al bando de los Gutiérrez de Piñeres y, en consecuencia, atrayéndose la antipatía de los cartageneros. Uno de estos exilados, Joaquín de Ricaurte, relató al presidente del Congreso de las Provincias Unidas algunas incidencias relativas al mal trato que de que había sido objeto por la "facción que se apoderó de aquel gobierno"[2], que le obligó a trasladarse a la villa de Honda. Ricaurte había sido nombrado por el Congreso como comandante interino de la plaza de Cartagena, lo que originó un pleito de competencias entre el Poder Ejecutivo general de la Confederación y el Senado de Cartagena, que reclamaba por no haber sido previamente informado de esa decisión. Gabriel Gutiérrez de Piñeres, presidente del senado cartagenero, hizo el reclamo, pero el Poder Ejecutivo se negó a remover del cargo a Ricaurte. Luego el gobierno de Cartagena nombró como comandante en propiedad de la plaza a otro coronel venezolano, Luciano D'Elhuyar, ordenando a Ricaurte que le entregase el mando. Éste se negó a reconocerlo, pues entendía que su nombramiento, originado en el Congreso de la Unión, no podía ser anulado por el gobierno provincial de Cartagena. Pese a ello, fue depuesto del mando por el gobierno cartagenero y recluído en el hospital militar de la ciudad.
En opinión de Ricaurte, este conflicto había sido originado en la adopción del nuevo plan de gobierno (dado el 11 de octubre de 1814) que había fortalecido el Poder Ejecutivo de la Unión, concentrando en él todos los ramos de la guerra y los nombramientos militares. Conforme a este nuevo plan, él había sido nombrado en propiedad para la plaza de Cartagena, de tal modo que su obediencia prioritaria era ante el Congreso federal, antes que ante las autoridades provinciales cartageneras:
"...estando aprobado el nuevo plan de gobierno por todos los poderes, habiéndose así dado a entender y reconocer a las tropas, publicándose por bando y celebrándose con misa solemne en acción de gracias, con te deum, iluminación, etc., se ha anulado todo y respuestose al ser anterior"[3].
En efecto, el senado conservador de Cartagena suspendió, el 19 de noviembre de 1814, la ejecución del plan de reforma política que concentraba en el poder ejecutivo central los asuntos militares. Pudo así, legítimamente, confirmar a D'Elhuyar en la comandancia de la plaza. El 24 de noviembre se instaló un colegio electoral con el fin de revisar la constitución provincial, presidido por Miguel Díaz Granados. Aprobó un nuevo esquema de gobierno provincial: un gobernador, un senado de tres miembros, una cámara de representantes de siete y un tribunal de justicia de tres miembros.
Gabriel Gutiérrez de Piñeres le explicó al general de los ejércitos cartageneros las razones que habían llevado al senado conservador de Cartagena a suspender la reforma política general aprobada por el Congreso de la Unión:
"La constitución, las leyes fundamentales del Estado (de Cartagena), que vienen a ser los lazos que nos mantienen unidos en sociedad, debe ser observada con una inviolabilidad religiosa y con preferencia a cualquiera otras posteriores. Alterarlas o violarlas por otros trámites que los que ella misma prescribe es relajar, cuando no romper del todo, los vínculos que forman esta unión, y precipitar en la disolución el cuerpo político de que somos miembros"[4].
En consecuencia de esta determinación provincial, el 4 de diciembre de 1814 el general Castillo dió orden al jefe del estado mayor de los ejércitos cartageneros, Manuel Cortés y Campomanes, de suspender el reconocimiento al gobierno general de la Unión, volviendo a la dependencia del gobierno provincial. La consulta que éste realizó en el estado mayor conjunto mostró el problema creado por el senado cartagenero a los oficiales del ejército: ¿cómo salvar el honor militar frente a la exigencia de desconocer el juramento de obedecer al mando conjunto del Congreso de la Unión? Para los que originalmente habían servido al gobierno provincial de Cartagena había una salida, pues argumentaron que el juramento lo habían hecho por órdenes de dicho gobierno, de tal suerte que ahora simplemente obedecían la orden de retirarlo. En cambio, para los que habían sido enviados por el Congreso de la Unión al servicio de Cartagena se abría la senda del deshonor, al violar un juramento de obediencia ya hecho. El general Mariano Montilla, por ejemplo, decidió renovar su juramento de lealtad al Congreso de las Provincias Unidas, pues nunca había jurado lealtad a provincia particular alguna, solicitando no recibir comisión alguna. Manuel María Dávila renunció a su cargo militar, argumentando que como paisano no se le presentarían esta clase de comprometimientos, sirviendo a la causa común con la libertad de todo ciudadano libre.
El gobierno cartagenero le entregó, a finales de noviembre de 1814, el mando militar a un cartagenero, el coronel Manuel del Castillo. El 17 de diciembre de 1814 se reunió el Colegio Electoral de Cartagena para proceder a eligir los nuevos funcionarios públicos resueltos por la reforma constitucional. Resultó electo como gobernador don José María García de Toledo y como diputado ante el Congreso de la Unión don Pedro Gual. Al ver este resultado, unos 50 asistentes, encabezados por Ignacio Muñoz, comenzaron a gritar que no querían a García de Toledo como gobernador, sino a Gabriel Gutiérrez de Piñeres, procediendo a encerrar el Colegio electoral en el palacio público. Intimidado, el Colegio Electoral acordó nombrar dos gobernadores, los mencionados García de Toledo y Gutiérrez de Piñeres, en vista de que el coronel D'Elhuyar, comandante de la plaza, apoyaba la facción de los Gutiérrez de Piñeres. Como esta operación electoral violaba la constitución, que fijaba en una sola persona la función gubernativa, los dos gobernadores electos hicieron posteriormente renuncia de sus cargos en favor de don Pedro Gual, evitando el derramamiento de sangre que se anunciaba.
Pero Manuel del Castillo, al mando de una fuerza armada y acompañado de García de Toledo, quien se proclamó gobernador, se pronunció[5] en el pueblo de Turbaco contra el gobierno de Cartagena, obteniendo el apoyo de las villas de Barranquilla[6], Soledad[7] y San Roque de Mahates[8], que anunciaron su intención de financiar una expedición militar contra la facción rival que controlaba a Cartagena, "siguiendo el ejemplo que nos acaba de dar el Congreso general con la facción que todo lo entorpecía en Santa Fé". El cabildo de Mahates advirtió que había que reformar la constitución provincial y "refrenar el despotismo militar que nos ha rodeado tantos males inevitables de la indispensable guerra que sostenemos contra los enemigos de nuestra justa independencia".
Los apoderados de los anteriores vecindarios se presentaron en Cartagena ante el gobernador del estado, don Pedro Gual, reclamando remedio ante el insulto proferido al Colegio Electoral por la facción encabezada por Germán y Gabriel Gutiérrez de Piñeres, a la que pertenecían desde hacía cuatro años Ignacio Muñoz, Diego Parra, Antonio Angulo, Diego Gallardo, Cecilio Rojas, Pedro Medrano, Manuel Cajar, Ignacio Sánchez de Mora, el pbro. José de los Santos Gordon y los Castillos, padre e hijo, "perturbadores del orden, tranquilidad y reposo del público". Pidieron su destierro de la ciudad y la convocatoria a sesiones del Colegio Electoral, con el fin de poner en marcha la reforma propuesta por el Congreso de la Unión.
El gobernador citó a reunión a los letrados de Cartagena para acordar que se podía hacer con los facciosos "que han causado las presentes inquietudes". La Junta de Letrados aconsejó medidas de gobierno en vez de medidas judiciales, aprobando la idea del destierro de la Nueva Granada y el embargo de sus bienes. Visto el consejo, el gobernador Gual decretó el destierro de los identificados portadores del "espíritu de partido que han causado males y desórdenes espantosos" por seis años, remitiéndolos hacia los Estados Unidos de América, donde deberían aprender "los verdaderos principios de la libertad política y civil" y "se penetren bien de los males que han causado, vean los caminos errados que habían emprendido para libertar a su patria"[9].
Como respuesta, sus opositores publicaron una exposición[10] de los motivos que había tenido "el pueblo de Cartagena" para oponerse al nombramiento de García de Toledo, acusándolo de representar "ideas de aristocracia, aunque se pierda la patria y lo padezca la humanidad". Decían que García de Toledo había reunido sus votos con los de su primo Elías López, quien fue nombrado teniente de gobernador, y los de otro primo en segundo grado, para manipular a su favor los resultados del Colegio Electoral. Que teniendo hijos y parientes en España, creía secretamente en los privilegios de la nobleza, traicionando la causa de la independencia, que únicamente abre las puertas "al mérito y a la virtud".
Desde Mompós, el 7 de enero de 1815, Vicente Celedonio Gutiérrez de Piñeres, corregidor y comandante de armas de dicha villa, escribió[11] a su hermano Gabriel para celebrar el dominio que había adquirido en la provincia y el desconocimiento de Castillo por comandante militar del Magdalena, a fin de salir de "ese bárbaro, y que nadie le reconozca sino por un criminal de lesa patria en el estado". Una vez que llegara Bolívar, "incomparable hijo de Colombia y nuestro buen amigo", el único capaz de conquistar a Santa Marta, temblaría Castillo y todos sus "pérfidos". En su opinión, Cartagena y Mompós formaban el "todo en la provincia", de tal modo que para destruír a Gabriel Gutiérrez de Piñeres sus enemigos tendrían que disolver esta unión.
El mismo Bolívar esperaba que el gobierno de Cartagena pasara al control de los Gutiérrez de Piñeres, lo que unido al nombramiento de D'Elhuyar como comandante de la plaza, harían "cambiar la escena" y "todo tomará un nuevo aspecto mucho más favorable"[12]. Esperaba también que el corregidor de Mompós le enviaría a Honda embarcaciones y bogas para el transporte de sus tropas.
Castillo marchó con sus tropas sobre Cartagena y la sitió, pasando a proponer unos acuerdos pacificadores al gobernador Pedro Gual, que en esencia consistían en la expulsión de la "facción de los Piñeres" y la convocatoria a un nuevo colegio electoral que eligiera nuevos funcionarios provinciales. Aceptadas las exigencias de Castillo, el Colegio electoral se reunió desde el 24 de enero de 1815, procediendo a elegir un nuevo gobierno, encabezado por el comerciante Juan de Dios Amador. Como diputado ante el Congreso de la Unión se escogió a Juan Fernández de Sotomayor. Gual ratificó a Castillo en su cargo de comandante general del Magdalena, "a pesar de la orden del gobierno general de la Unión" (1 de enero anterior) que lo llamaba a Santafé, seguramente con el fin de que no estorbara a Bolívar, y por solicitud del Colegio Electoral de la provincia. El nuevo orden impuesto en Cartagena puso a Mompós en su contra, como era de esperar, dado que allí gobernaba Vicente Celedonio Gutiérrez de Piñeres.
Gual reconoció que el nombramiento de Bolívar para la conducción de todas las tropas del Congreso, en vez de haberlo hecho en Castillo, traería problemas, dado que sólo el segundo poseía "la confianza de los pueblos" y la capacidad de aquietar los ánimos en la provincia. Por ello, aconsejó dejar a Castillo en el cargo de comandante de las tropas del Magdalena, ya que así las requisas que se practicarían "se harían más llevaderas a los pueblos", pues "estas gentes tienen formada una idea bien infausta" de Bolívar[13]. En efecto, Juan de Dios Amador escribió al Congreso, el 5 de abril de 1815, que Cartagena no reconocía a Bolívar como general de la Unión ni como comisionado suyo, sino "como un intruso aventurero, un jefe de asesinos e incendiarios, devastador de la Nueva Granada, atentador a su libertad y usurpador de la autoridad suprema de la Unión":
"Baste decir a V.E. que no querría más, para que se burlase la Nueva Granada del poder y las fuerzas de España, que verla animada en el trance de un semejante espíritu al de Cartagena contra Simón Bolívar"[14].
Amador dirigió al coronel Manuel Castillo órdenes para que ningún comandante del río Magdalena obedeciera al general Bolívar y para que no lo dejaran pasar más allá de Mompós.
¿Por qué tanto odio del gobierno de Cartagena contra Bolívar, el general del ejército de la Unión? A esta pregunta respondió así Amador:
"he aquí la clave. Porque los designios de Bolívar, de Santafé, no han sido otros que tener esta plaza y sus fuerzas a su disposición para vengar agravios suyos y ajenos, y dar la ley a la Nación"[15].
Don Antonio de Villavicencio sólo pudo anotar al leer esa carta de Amador lo siguiente:
"...contéstese quedar enterado, y al mismo tiempo penetrado de dolor al ver haciéndose pedazos los dos ejércitos más floridos de la Unión, cuando unidos debían ya haber libertado a Santa Marta, que aprovechándose de la conducta y operaciones de Bolívar adquirirá mayores fuerzas y nos hará daños incalculables en el Magdalena, Ocaña, y sobretodo en la opinión pública".
Don Pedro Gual no pudo resistir por más tiempo la posición cartagenera[16] adversa a las órdenes del Congreso de la Unión, especialmente en la negativa a aceptar el mando militar del general Bolívar, pues consideraban que Castillo era quien debería tenerlo, ya que era "natural del país", y pidió pasaporte para marchar a Inglaterra:
"...se cree con derecho a esperar que las medidas adoptadas, debiendo conciliar la libertad y seguridad del país con la obediencia que hemos jurado al gobierno general de la unión, producirán al fin resultados favorables capaces de inspirar y afianzar la confianza pública. Protesta, sin embargo, a S.A.S. no comprometer la salud de la república con providencias desesperadas e imprudentes, que dictadas por el espíritu de discordia, que aún todavía causa tantos males, no podrían menos que llevarla a su ruina"[17].
Establecida la doble autoridad provincial, una en Cartagena y otra en Mompóx, las demás villas y pueblos tuvieron que elegir su dependencia. Las villas de Magangué y Soledad adhirieron a Cartagena, al igual que los departamentos de Turbaco, Mahates, Barranquilla y Sabanagrande. Los conflictos se agravaron cuando los vecinos del Carmen informaron que los momposinos habían entrado a Zambrano a robar ganados y haberes a los hacendados. Ratificado por el gobernador de Cartagena en su puesto, Castillo solicitaba al Congreso de la Unión que impidiera a Bolívar pasar más allá de Mompós, argumentando que en Cartagena sólo podría apoyar la facción que se había hecho con el gobierno.
La situación planteada por el pronunciamiento del coronel Castillo fue paradógica: unas tropas mandadas por un cartagenero sitiando la plaza de Cartagena, que a su turno era defendida por un venezolano. La pugna de dos facciones de la provincia había puesto a muchos militares venezolanos al lado de una de ellas, concitando hacia ellos el odio de "la parte sana" de los cartageneros. Mientras Castillo marchaba sobre Cartagena, en aquella plaza
"todo lo pudiente y de representación fue insultado y vejado, acompañado de persecusiones y amenazas alarmantes, bajo del pretexto de godas que injustamente se daba a la mayor parte"[18].
Para evitar una matanza entre cartageneros, el gobernador Gual tomó medidas para dejar entrar las tropas de Castillo a la plaza, para sorpresa de los piñeristas. García de Toledo, quien entró a la plaza proclamándose gobernador, renunció en Gual, quien también presentó renuncia a fines de enero de 1816. El Colegio Electoral nombró entonces a Juan de Dios Amador como gobernador, quien expulsó hacia las Antillas a los principales cabecillas del partido piñerista. Otro grupo de militares venezolanos fue retenido en la plaza, hasta que por sus presiones obtuvieron pasaportes para abandonarla, marchándose hacia Mompós. Allí el corregidor José Celedonio Gutiérrez de Piñeres se había negado a reconocer la autoridad del nuevo gobierno cartagenero que había expulsado a su hermano, pasando en cambio a cerrarle a Cartagena sus comunicaciones con el interior. De nuevo se produjo la guerra civil entre Cartagena y Mompós.
Luis Josef Echagaray, presidente de la legislatura cartagenera, escribió[19] al secretario de guerra de la Unión para solicitarle el no ingreso del general Bolívar a la plaza de Cartagena, acusándolo de haber tramado una conspiración con Gabriel Gutiérrez de Piñeres y el general Rafael Mariño para deponer al gobierno de Rodríguez Torices y nombrarlo a él como dictador. Por otra parte, los desórdenes protagonizados por Mompós tenían su origen en el apoyo que recibían de Bolívar, de tal suerte que los cartageneros esperaban de él toda suerte de venganzas.
Desde Cartagena, el 25 de abril de 1815, el canónigo Juan Marimón, quien había sido enviado por el Congreso a evitar una guerra civil, dirigió una comunicación al general Simón Bolívar para responderle una carta que éste le había dirigido el día anterior. En ella lo autorizaba a enviar su secretario al bohío de Juan de Jesús García, donde podría exponer los planes para la ocupación de Santa Marta, pero agregó que
"nada deseo yo tanto, como que se pudiese extinguir la aversión de los pueblos (de la provincia de Cartagena) a los oficiales venezolanos, y que se restableciera la confianza"[20].
Empero, en su opinión ello era casi imposible de lograr, pues además de crecer cada día esta aversión parecía a muchos "invencible e imprecindible". Esta aversión al mando militar del general Bolívar, en los momentos en que era más necesaria para la defensa de Cartagena ante la inminente reconquista, era el punto final de un enfrentamiento entre dos bandos de la dirigencia provincial que se había iniciado el 27 de diciembre del año anterior, con ocasión de las elecciones realizadas por el Colegio Electoral de la provincia.
Al comenzar el mes de abril Bolívar puso sitio a Cartagena y empezaron los combates entre el ejército de Castillo y el de la Unión. Previamente, el gobierno de Cartagena había constituído una Junta de Seguridad Pública, la que encarceló y desterró a todos los partidarios de Bolívar, entre ellos al coronel d'Elhuyar. Marimón proclamó que Bolívar actuaba contra las instrucciones del Congreso, variando su destino de Santa Marta. Amador exhortó a toda la provincia a repeler con las armas el acto de hostilidad del ejército de la Unión.
Bolívar ofreció entonces a Marimón su renuncia del mando, pidiendo una embarcación para exilarse. En una junta de guerra que reunió en Turbaco quizo entregarle el mando al general Florencio Palacios, pero ésta se negó a admitirla en consideración al manifiesto emitido por el gobierno cartagenero, "en que se declara a los venezolanos por hombres sin patria y deseosos de alzarse con la familia social". Esa "proscripción de la mayor parte de los venezolanos que se hallaban en la plaza" obligaba al ejército de la Unión a hostilizarla.
Mientras tanto, las tropas realistas de Santa Marta tomaron Barranquilla, Soledad y pusieron sitio a Mompós. Vicente Celedonio Gutiérrez de Piñeres, corregidor de esta villa y cabeza de los partidarios de Bolívar, relató al Poder Ejecutivo, el 26 de abril de 1815, las penurias de la defensa de Mompós, "falta de todo género de elementos con que defenderse y sin gobierno". Ante la inminencia de su derrota, que ocurrió cuatro días después, pidió el envío de un comisionado para informar a Bolívar y al gobierno de Cartagena de su desesperada situación,
"y les haga entender que la guerra civil y las diferencias entre hermanos deben cesar necesariamente cuando la patria peligra, y que todos debemos unirnos por la defensa de la causa general"[21].
Al caer Mompós en manos de los samarios se produjo una fuerte oleada de emigración de sus habitantes. Era tal la desconfianza que éstos tenían por el gobierno de Cartagena, que renunciaron a buscar su amparo. Martín José Amador, comisionado de su hermano el gobernador de Cartagena, se dirigió a esos exilados momposinos para reclamarles su temor a presentarse ante las justicias de los departamentos donde buscaron refugio, temiendo perder su libertad y bienes:
"Jamás el gobierno (de Cartagena) trató de criminal a un habitante que por desgracia se vió comprometido a la sociedad de un déspota...máxime hallándose convencido hasta la evidencia de los padecimientos que ha hecho sufrir a los vecinos de la nominada ciudad de Mompóx el gobierno revoltoso del corregidor Piñeres y Pantaleón Ribón"[22].
La noticia del desembarco de la expedición española de don Pablo Morillo en Venezuela forzó a Bolívar y a Castillo a realizar pactos secretos, cuyo resultado fue el exilio de Bolívar con rumbo a Jamaica el 8 de mayo de 1815. Le siguieron otros distinguidos soldados venezolanos, como su secretario Pedro Briceño, el general Mariño y los hermanos Carabaño. El mando del ejército de la Unión pasó al general Florencio Palacio, también nativo de Caracas.
Manuel García de Sena, secretario del gobernador Amador, fue enviado a Santafé a pedir apoyo urgente para resistir el sitio de las tropas que había mandado Bolívar y la de las del Ejército Expedicionario español que se anunciaba. Allí le recordó al presidente de la Unión que la provincia de Cartagena había sido de las primeras en adherir a los principios federales de gobierno,
"y que si Bolívar con sus transgresiones propende a transtornarlo, Cartagena con su resistencia propende a sostenerlo. Ésta, suspendiendo la ejecución de una orden de este gobierno (permitir el ingreso del ejército de Bolívar a Cartagena y auxiliarlo con embarcaciones), no ha faltado en nada al pacto federal; aquel, declarándole la guerra, se ha usurpado la soberanía"[23].
El capitán Esteban Santineli, sargento mayor del Batallón de Barlovento, respondió negativamente a la consulta que le hizo el general Florencio Palacio, comandante del ejército de la Unión, respecto de la invitación de Juan Marimón a unirse a las tropas de Cartagena en la recuperación de Mompós y ataque a Santa Marta, en los términos siguientes:
"...la experiencia, regla maestra del hombre, le ha hecho en una absoluta desconfianza de que aquel (el gobierno de Cartagena) cumpla nada de lo que propone, después que tan injusta y descaradamente quebrantó los tratados celebrados con el general Bolívar, ya permitiendo los insultos y tropelías que dentro de la misma ciudad se hicieron a muchos de nuestros oficiales que allí entraron, ya autorizando las sutilidades que se nos hacían en los pueblos...ya arrojando de la ciudad al mismo ciudadano general, a su oficialidad y séquito, bajo las indecentes amenazas que contiene el oficio del brigadier Castillo...y por último cerrando sus puertas al grueso número de nuestros enfermos..."[24].
El parecer de los demás miembros del estado mayor del ejército de la Unión fue unánime, pues todos los venezolanos que componían la fuerza principal estaban enojados contra el gobierno de Cartagena, a causa de sus injurias publicadas contra ellos. Decidieron así el retiro de la provincia de Cartagena y su regreso a Santafé, abandonando al gobierno de Cartagena a su suerte.
El 24 de marzo de 1815 el ejército de Bolívar puso sitio a Cartagena, instalando su cuartel general en el cerro de la Popa y enviando dos columnas móviles a recorrer las partes de sotavento y barlovento, bajo la conducción de Fernando y Miguel Caravaño. Empezaron entonces los enfrentamientos armados entre las tropas bolivarianas y los vecinos de Barranquilla, San Estanislao, Santa Rosa, Pasacaballos y las sabanas de Corozal, "capitaneados por sus alcaldes". Las guerrillas provinciales aumentaron sus efectivos, y el ejército federal tuvo que concentrar sus fuerzas en sitios insalubres, donde en menos de 20 días se diezmó en un tercio sus efectivos. Fue entonces cuando Bolívar optó por el exilio:
"El general, concibiendo impracticable la conciliación, prefirió hacer proposiciones para separarse del territorio, y confiando el mando del resto del ejército al jefe que por su mayor graduación y antigüedad le correspondiese mandarlo"[25].
Al aceptar esta propuesta el gobierno de Cartagena, Bolívar y otros oficiales se embarcaron en un bergantín de guerra inglés hacia Jamaica. Cesaron así las hostilidades entre los dos ejércitos. Mientras tanto los samarios habían tomado a Mompós, Barranquilla y Sabanagrande. Para recuperar estas posiciones, se reorganizó en Cartagena el ejército bajo el mando del general Palacios, quedando Mariano Montilla como jefe del estado mayor. El 16 de mayo fue sorprendida en Turbaco la tropa cartagenera, resultando derrotados el teniente coronel Stuart y Montilla, quienes se dirigieron hacia la villa de Magangué, "llevando tremolando el pabellón venezolano". En sólo 22 días el ejército patriota se había reducido a menos de 800 hombres, y se suscitaron competencias entre el general Palacios y varios jefes, las que terminaron por dividirlo. Una parte se marchó hacia la provincia de Antioquia y la otra, comandada por Montilla y Stuart, regresó a marcha forzada hacia Cartagena, a donde llegaron el 22 de agosto de 1816 unos 350 hombres.
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[1]Comunicacíón de Antonio José de Ayos al presidente de la Junta Suprema de Santafé. Mompóx, 23 de enero de 1811. En: Semanario ministerial del gobierno de Santafé de Bogotá, no. 4 (7 marzo de 1811), p. 16. AR, vol. 8, f. 24v.
[2]Cartas de Joaquín de Ricaurte al presidente del Soberano Congreso. Cartagena, 28 de nov. de 1814 y Honda, 26 de febrero de 1815. AR, vol. 1, f. 219-223.
[3]Ricaurte, carta del 28 de nov. de 1814 citada.
[4]Comunicación de Gutiérrez de Piñeres al general de los ejércitos. Cartagena, 28 de noviembre de 1814. AR, vol. 1, f. 245v.
[5]Pronunciamiento de José María García de Toledo y de Manuel Castillo. Turbaco, 10 de enero de 1815. AR, vol. 1, f. 262-265v.
[6]En la villa de Barranquilla, capital del Departamento de Barlovento, el 3 de enero de 1815, su cabildo eligió al pbro. Nicolás José Gómez como apoderado para demandar las acciones de la facción de los Gutiérrez de Piñeres, dirigida a impedir "la revisión de la constitución" de la provincia de Cartagena. AR, rollo 2, vol. 2, ff. 626-627. El vecindario de Sabanagrande eligió, para el mismo efecto, al pbro. José Cesáreo Delgado.
[7]El cabildo de Soledad eligió, el 5 de enero de 1815, a José Antonio Vargas como apoderado en la misca causa, a instancias del general Manuel del Castillo, "sujeto de acreditado patriotismo". Cfr. AR, rollo 2, vol. 2, f. 628.
[8]El 7 de enero de 1815 el cabildo de esta villa eligió a Martín José Amador como su apoderado, para que acompañando al coronel Manuel del Castillo fuera a Cartagena a "sostener los derechos de este pueblo ultrajado en las personas de los electores de este departamento, elegidos constitucionalmente". Este apoderado debía allí discutir la nueva organización del gobierno aprobada por el Congreso de la Unión, haciendo respetar al gobierno general frente a "los implacables enemigos de nuestra justa emancipación política". Cfr. AR, rollo 2, vol. 2, f. 629. Los vecinos del sitio de Santa Catalina de Turbaco eligieron, para el mismo propósito, a Carlos Antonio Amador.
[9]Decreto de destierro proferido por el gobernador Pedro Gual. Cartagena, 22 enero de 1815. AR, rollo 2, vol. 6, f.220-221. Para Restrepo, el partido de los Piñeres era "jacobino" y, en consecuencia, peligroso para la tranquilidad pública. Ibid, p. 389-390.
[10]El honor vindicado y brevísima exposición de los motivos que han obligado al pueblo de Cartagena a rechazar el nombramiento de gobernador en el señor García Toledo. Cartagena: Imprenta del gobierno, por Manuel González y Pujol, 1815. AR, vol. 1, f. 281-282v.
[11]Carta de Vicente Celedonio Gutiérrez a su hermano Gabriel. Mompós, 7 de enero de 1815. AR, vol. 1, f. 260.
[12]Carta de Simón Bolívar a Santiago Mariño. Santafé, diciembre 29 de 1814. AR, vol. 1, f. 291.
[13]Los enfrentamientos entre los coroneles Manuel del Castillo y Simón Bolívar tenían vieja data, desde la pugna por el mando de las tropas de la Unión en Cúcuta cuando se realizó la primera campaña bolivarista sobre Venezuela. El partido antibolivarista, que encabezaba en Cartagena el coronel Castillo, tenía entre sus miembros a reconocidos "aristócratas": Juan Marimón, Martín José Amador, Juan de Dios Amador y Miguel Díaz Granados. El partido bolivarista estaba encabezado por los Gutiérrez de Piñeres y el comandante militar de Mompós, Pantaleón Germán Ribón.
[14]Carta de Juan de Dios Amador. Cartagena, 5 de abril de 1815. AR, rollo 2, vol. 6, f. 234v.
[15]Carta de Amador citada, f. 235.
[16]La representación de "los hombres de bien" que pedían el mando militar de Manuel del Castillo fue firmada en Cartagena, el 21 de enero de 1815, por las personas más destacadas del clero, las profesiones, las haciendas y el comercio de la ciudad. AR, vol. 1, ff. 306-309.
[17]Comunicación de Pedro Gual al prefecto y secretario del Colegio Electoral de Cartagena. Cartagena, 30 de enero de 1815. AR, vol. 1, f. 304r-v.
[18]Memorias del coronel Luis Francisco Rieux, marzo de 1824. AR, vol. 1, f. 646.
[19]Carta de Luis Josef Echagaray al secretario de guerra de la Unión. Cartagena, 13 de febrero de 1815. AR, vol. 1, ff. 347-349.
[20]Oficio de Juan Marimón al general Simón Bolívar. Cartagena, 25 de abril de 1815. AR, vol. 1, f. 385v.
[21]Carta de Vicente Celedonio Gutiérrez de Piñeres al secretario de guerra del gobierno general. Mompós, 26 de abril de 1815. AR, vol 1, f. 391v.
[22]Llamamiento de Martín José Amador a los emigrados momposinos. Corozal, 10 de mayo de 1815. AR, vol. 1, ff. 395.
[23]Comunicación de Manuel García de Sena al presidente del Congreso de la Unión. Santafé, mayo 23 de 1815. AR, vol. 1, f. 401r-v.
[24]Parecer del capitán Esteban Santineli en la junta de guerra convocada por el general Florencio Palacio para contestar la propuesta presentada por Juan Marimón, comisionado del gobierno de Cartagena. Cuartel de Corozal, junio 1 de 1815. AR, f. 411.
[25]Ibid, f. 649.