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Artículo

Quinto coloquio de estudiantes del nororiente colombiano

Armando Martínez Garnica

3.428 palabras · unos 17 minutos de lectura

Ponencia

Bucaramanga, 27 de marzo de 2009

1. ¿Qué sentido tuvo la eclosión juntera en el Nuevo Reino y Quito?

Los habitantes del Reino de Quito reaccionaron con gran patriotismo y determinación ante la crisis de la Monarquía en 1808. Reconocieron a Fernando vii como su legítimo y amado rey, repudiaron a Napoleón, realizaron contribuciones para financiar la guerra en la Península, y se prepararon para defender a la nación ante los opresores franceses. Organizaron plegarias públicas, misas formales y Te Deums para interceder por el rey y la nación. Muchos americanos creían que la Monarquía española no podría sobrevivir ante el poderío del Imperio Francés y algunos sospechaban que las autoridades peninsulares entregarían América a los franceses. El clima de miedo influyó profundamente sobre las acciones del Nuevo Mundo.

En la ciudad de Quito, un grupo de americanos que incluía a nobles, intelectuales, clérigos, abogados y oficiales militares debatieron sobre la necesidad de establecer una junta local, destinada a resguardar el reino para el Rey Fernando vii en caso de que los franceses conquistaran la Península. El debate en Quito estaba motivado también por el deseo de muchos americanos de retirar a Ruiz de Castilla del cargo y sustituirlo por alguien que actuara en defensa de Quito. A principios de agosto de 1809, los abogados y militares se reunieron para organizar la destitución de Ruiz de Castilla y el establecimiento de una junta que gobernara en nombre del Rey Fernando vii. Los líderes del movimiento, los abogados Juan de Dios Morales y Manuel Rodríguez de Quiroga, así como el Capitán Juan Salinas, convencieron a los curas de las cinco parroquias de la ciudad de contactar en secreto a los principales vecinos de cada barrio para elegir representantes ante una junta que, a su vez, elegiría a la Junta Suprema de Quito. La noche del 9 de agosto, una vez concluidas las elecciones secretas, Salinas arrestó a los mandos superiores de las fuerzas reales de Quito y convenció a los demás oficiales y tropas de unirse al movimiento. Durante la mañana del 10 de agosto, el Presidente Ruiz de Castilla y otros funcionarios peninsulares de alto rango fueron arrestados. Un nuevo gobierno compuesto por el Marqués de Selva Alegre como presidente; el Obispo José Cuero y Caicedo, natural de Cali, como vicepresidente; y una junta de miembros principales de la elite de Quito, incluidos muchos nobles, fue proclamado. El nuevo organismo, compuesto enteramente por americanos, declaró en un Manifiesto de la Junta Suprema de Quito al Público que la Junta Central en España había sido "totalmente extinguida" por los ateos franceses y que, por ende, era necesario establecer un gobierno para defender la Santa Fe, al rey y la patria.

El 11 de septiembre de 1809 se reunieron todas las autoridades locales en el Palacio Virreinal de Santa Fe para acordar la respuesta que debería darse a la carta que había enviado el presidente de la Junta de Quito. El procurador general del Cabildo de Santa Fe, Dr. Don José Gregorio Gutiérrez Moreno, leyó su voto. Sostuvo que la causa de la acción de los quiteños no había sido otra que "la sospecha y desconfianza con que miraban al Gobierno de su presidente y oidores de la Audiencia". Relató que mientras el pueblo de la Península hacia ostentación de "fidelidad, patriotismo y verdadero honor", en cambio "muchos de los ministros públicos y personajes de alta representación se han declarado traidores contra la Religión, contra el Rey, y contra la Patria". Por extensión, los quiteños percibían "el mismo espíritu de ambición y de felonía en sus magistrados, siendo europeos como aquellos".

Recordó entonces que una real cédula del 1º de enero de 1809 había sido circulada por la Junta Central Gubernativa para ordenar la creación de Juntas Provinciales. Como esta orden no se había cumplido, algunos americanos calculaban que en caso de ser destruida la Suprema Junta de la Nación los malos magistrados intentaban someter a América al dominio francés para conservar sus empleos y representación política. Aunque este no era el caso del Nuevo Reino, pidió verificare el establecimiento de Juntas Provinciales en América, conforme al Reglamento inserto en la real cédula citada, con lo cual depondría el público sus temores. El único medio de calmar la efervescencia de los ánimos y de disipar las sospechas era ese, pues en la Junta Provincial se reconocería una autoridad suprema de la soberanía sin denegar la obediencia a los jefes y autoridades constituidas.

"...resumiendo mi concepto, soy de opinión que establecida en esta capital la Junta Superior Provincial con todas las formalidades que exige el Reglamento y en la que deben tener también la parte que les corresponde los magistrados y tribunales, a ella le toca conforme al artículo 6º arbitrar los medios que puedan tomarse para la pacificación de la Provincia de Quito. Ella también, según los que adoptare, podrá responder a los pliegos dirigidos por el Marqués de Selva Alegre al Ilustre Cabildo, quien deberá por ahora reducir su contestación a los mismos oficios, defiriendo a lo que en particular resolviere la Junta".

La eclosión juntera no estaba dirigida entonces a proclamar una independencia de la Monarquía, sino al cumplimiento de una disposición de la Junta Central para conjurar el temor de que las autoridades enviadas por Godoy entregaran a los franceses los reinos americanos, poniendo en peligro a la Religión y los derechos de Fernando VII al trono. Fue entonces una acción defensiva ante el temor generado por las noticias llegadas de Ultramar.

2. ¿Qué provocó la crisis de 1808?

La historiografía patriótica colombiana ha buscado movimientos "precursores" de la crisis de 1808 en las revueltas sociales de la segunda mitad del siglo XVIII. La insurrección de los comunes de la provincia del Socorro (1781) fue entronizada en la representación historiográfica nacional por Germán Arciniegas como "movimiento precursor de la independencia", y recientemente Wieldler Guerra ha presentado a la rebelión indígena de la península de La Guajira (2 de mayo de 1769) en términos de "una reacción vigorosa de una nación amerindia contra la dominación colonial del imperio español". Se trata de abusos de la historia para ponerla al servicio de la retórica política de algunas reivindicaciones sociales. Los neogranadinos de 1808, como lo atestiguan las Memorias del abogado payanés Santiago Arroyo (1773-1845), sabían que "el espíritu apático" de sus paisanos fue agitado por las noticias que llegaron de Ultramar sobre "las grandes mudanzas ocurridas en la monarquía" durante el año 1808.

Fue entonces la rápida sucesión de noticias recibidas en la provincia de Popayán el origen de la crisis espiritual de sus gentes en 1808, como las de las de las demás provincias neogranadinas. Este fue un año que comenzó con la llegada del decreto de Carlos IV que anunciaba la conspiración y arresto de su hijo, el Príncipe de Asturias, seguida del decreto de su absolución; pero de inmediato se supo del alboroto del pueblo de Madrid que invadió la casa de Manuel Godoy, y de la renuncia de la Corona en favor del Príncipe Don Fernando. No repuestos aún de semejantes agitaciones del ánimo, los payaneses se enteraron de la ocupación de Madrid por el Duque de Berg, del viaje del nuevo Rey en solicitud de Napoleón, de las cesiones de sus derechos al trono y de su reclusión en Valençay, así como de la proclamación de José I Napoleón como nuevo rey de España y de las Indias. Tantos y tan inesperados acontecimientos "inflamaron la timidez americana", al decir del doctor Arroyo, "y cual golpe eléctrico los sacaron de la apatía", pese a que en el mes de julio de 1808 todavía ningún neogranadino podía presagiar la transformación política que iba a ocurrir en todas las provincias del Virreinato de Santa Fe.

La crisis de 1808 en este Virreinato no tenía entonces nada que ver con las revueltas sociales de las cinco décadas anteriores, sino con las noticias tan sorprendentes que llegaban de Ultramar, con lo cual puedo responder esta pregunta diciendo que esta crisis comenzó en la Península Ibérica y su origen fueron las decisiones del emperador de los franceses, causa directa del traslado de la real corte de Lisboa a Río de Janeiro, del levantamiento madrileño del 2 de mayo y del cambio dinástico en el trono de España y de Indias. Los principales actores sociales de esta crisis en el Virreinato de Santa Fe no fueron los comunes, los indios o los mulatos que se habían expresado con violencia en algunos eventos esporádicos durante la segunda mitad del siglo XVIII, sino aquellos que los habían contenido en su momento: los burócratas, los abogados, los médicos, el clero secular y los militares profesionales.

3. ¿Cuál es mi tesis central sobre las independencias?

En 1513 Nicolás Maquiavelo comenzó su Tratado sobre los Principados con la siguiente proposición: "Todos los estados, todos los dominios que han tenido y tienen imperio sobre los hombres, han sido y son o repúblicas o principados". Partiendo de esa afirmación puedo responder esta pregunta con la siguiente tesis: las independencias hispanoamericanas ocurridas desde la segunda década del siglo XIX fueron un proceso de tránsito de un dominio estatal general y monárquico hacia unos dominios estatales particulares y republicanos. La soberanía, es decir, el imperio sobre los hombres hispanoamericanos, pasó de una familia a unos cuerpos colegiados que de algún modo creían ser los representantes de unos pueblos imaginados, los cuales asumieron la responsabilidad de construir esas invenciones que llamamos naciones de ciudadanos. Como muchos hispanoamericanos preferían en el momento de la transición mantenerse fieles al imperio de sus antiguos reyes se produjo una guerra civil con quienes habían mutado ideológicamente y preferían un régimen republicano para el Estado. La intensidad de este conflicto llegó en Venezuela y el Nuevo Reino de Granada al extremo de una declaratoria de guerra a muerte entre los bandos, una táctica militar que explicaría la precocidad de la transición en esas provincias de la monarquía, así como los altos costos humanos y materiales del proceso político. Aunque en sus comienzos ese proceso de transición política apenas contemplaba un rechazo de un rey usurpador y una demanda de autonomía administrativa para las provincias y reinos, un reclamo de los abogados y eclesiásticos americanos por los altos empleos estatales y algunas libertades para el comercio atlántico, la imprenta y la iniciativa particular, los conflictos sociales y provinciales que la crisis monárquica de 1808 permitió expresarse en conceptos y metáforas de la nueva retórica liberal fueron llevando el proceso, sin cálculo previo de nadie, hacia las declaratorias de independencia "absoluta" respecto del Estado monárquico existente. Una vez que los ejércitos "patrióticos" lograron derrotar a los soldados del rey en los campos de la Audiencia de Charcas la opción de retorno al antiguo Estado monárquico pareció cerrarse para siempre en Suramérica, pese a algunos conatos fallidos que encabezaron algunos militares americanos. Transcurridos dos siglos de este proceso de formación de estados republicanos y de construcción permanente de naciones de ciudadanos en cada nueva generación de nacionales que viene al mundo, nada hace pensar que será posible en América algún intento de retorno a la forma monárquica del Estado, ese imperio que siempre ha pesado y pesa sobre los hombres sin importar su régimen.

4. ¿Se puede hablar de revolución de independencia, o por el contrario primaron las continuidades del Antiguo Régimen?

Si definimos la palabra revolución como el tránsito de la soberanía -la suma potestas- de una persona jurídica a otra, sea con uso de la violencia armada o sin ella, tengo que responder que durante la crisis monárquica de 1808-1814 efectivamente se produjo en los dominios de la casa dinástica de la familia de los Borbones españoles una revolución: su atributo de soberanía familiar fue transferida a unas personas imaginarias llamadas naciones, encarnadas en quienes se presentaban en la escena política estatal como los representantes de los pueblos de las provincias, de los antiguos reinos o de las capitanías generales. Esta revolución política se inició en Hispanoamérica durante el mes de enero de 1809, cuando la Junta Central Gubernativa convocó a los virreinatos y capitanías generales a elegir diputados y a enviarlos ante ella con instrucciones particulares. La convocatoria a Cortes por el Consejo de Regencia fue otro paso dado en esa dirección revolucionaria, pues los diputados americanos contribuyeron a establecer en Cádiz una carta constitucional que erigió el principio revolucionario según el cual la soberanía residía esencialmente en la Nación, y ésta por ser libre e independiente no sería en adelante patrimonio de ninguna familia monárquica. Aunque se mantuvo la existencia de una monarquía hereditaria en el gobierno nacional, al advenir al trono cada nuevo rey estaba obligado a jurar obediencia a la Constitución política y a las nuevas leyes que aprobaran las Cortes.

Puesta a salvo la revolución política que en mi opinión se dio en los dominios peninsulares e indianos de la monarquía de los Borbones españoles, podemos reconocer la principal continuidad del antiguo régimen monárquico en el nuevo mapa de los estados nacionales de Suramérica. Dado que quienes asumieron la suma potestad de los nuevos estados de régimen republicano que se constituyeron -gracias a que se presentaron como los representantes legítimos de los pueblos de los antiguos reinos, capitanías y provincias- adoptaron el principio jurídico moderno llamado uti possidetis para conjurar futuras disputas internacionales, los territorios nacionales fueron definidos por las jurisdicciones superiores del régimen antiguo, esto es, por los distritos de las reales audiencias. Por eso Charcas y Quito, que fueron audiencias subordinadas en el régimen anterior, lucharon con éxito para no ser simplemente el Alto Perú o el Departamento del Sur de la República de Colombia, y por eso Panamá, que alguna vez fue sede de una audiencia, finalmente se salió con la suya en 1903 al dejar de ser un departamento colombiano. Es gracias a una real cédula de 1803 que el archipiélago de San Andrés y Providencia, situado frente a las costas atlánticas de Nicaragua, puede ser controlado hasta nuestros días por el Estado colombiano. Otras continuidades del régimen hispano anterior en los nuevos estados nacionales que resultaron de la crisis monárquica de 1803 fueron las tradiciones del ordenamiento jurídico, el ideario liberal, el compromiso estatal con los privilegios de la Iglesia Católica Romana, la idea de los ejércitos permanentes y, por supuesto, el hogar propio de todos nosotros: la lengua castellana.

5. ¿Cuáles son las interpretaciones más relevantes, a su entender, que explican las independencias iberoamericanas?

Para responder con rasgos de brocha gorda, digamos que son dos las interpretaciones más relevantes de las independencias iberoamericanas: la primera considera que éstas fueron el resultado de un acto de emancipación de una nación criolla previa cuyos orígenes habría que remontar a las sociedades aborígenes que existían antes de 1492. Esa nación criolla habría existido desde muchos siglos antes de 1808 y su relato histórico debería comenzar al menos desde el Tahuantinsuyu, el "origen verdadero" de las naciones peruana, boliviana y ecuatoriana. La emancipación de una hija que en 1808 había llegado a la mayoría de la edad respecto de su madre patria es la metáfora familiar que soporta esta interpretación, que en algunos autores es presentada más como una mala madrastra. Mientras en esta interpretación la vieja nación criolla existía antes de que viniera al mundo su estado republicano, dando señales de vida en cada motín popular y en cada movimiento "precursor", sufriendo "entre cadenas como miserable colonia explotada por el imperio ultramarino", la segunda interpretación considera que 1808 es el punto de partida no solamente del estado republicano sino del proceso de invención y construcción de su nación particular correspondiente. En esta interpretación, el estado que declaró su independencia respecto de la monarquía española antecedió a la nación, dado que ésta no es definida en términos de sus atributos culturales sino mediante los seis atributos cívicos de la modernidad política. La primera interpretación se designa como historia patriótica, mientras que la segunda se conoce como nueva historia.

Al empuñar una brocha más fina se percibe en este cuadro una batalla ideológica, dado que la narración histórica es un mensaje que comunica un emisor (historiador profesional o aficionado, maestro lego o político profesional) para imponer una conducta determinada en sus receptores. En el campo de la primera interpretación campean los seguidores del historiador escocés William Robertson (1721-1791) cuya Historia de América transfirió su representación de las colonias británicas en el Norte de América a su plan de relatar en esa misma clave la historia de los reinos, capitanías y provincias castellanas y portuguesas en el resto del Continente Americano, con lo cual fueron reducidas a la condición de colonias españolas y portuguesas. Escandalizado por las dos páginas que este escritor dedicó al Nuevo Reino de Granada a lo largo de todos sus diez libros, el historiador neogranadino José Manuel Restrepo emprendió en la década de 1820 la escritura de los diez volúmenes de su Historia de la revolución de la República de Colombia, publicada en París durante el año 1827. Pese al impacto de este hito historiográfico, la perspectiva de Robertson es actualizada periódicamente por quienes necesitan comunicar representaciones ideológicas nacionalistas, anticolonialistas, antiimperialistas o subalternas. En el campo de la segunda interpretación mandan los discípulos de François-Xavier Guerra, cuya reflexión sobre el problema de los orígenes de la nación en la América Hispánica abrió una nueva historia de los procesos de independencia, enriquecida de inmediato por los escritos de Antonio Annino, Jaime E. Rodríguez O. y Manuel Chust, así como por la gran cantidad de historiadores profesionales que han animado todos los eventos conmemorativos del bicentenario de 1808 y de las independencias.

6. ¿Qué temas quedan aún por investigar?

Durante la última década se ha enriquecido y matizado la representación histórica sobre lo acontecido en la Península y en Iberoamérica en los años 1808 a 1810, así como sobre el doceañismo gaditano y el trienio liberal que inauguró Riego en 1820. La imagen historiográfica se ha aclarado con la profusión de trabajos y con una periodización más precisa, los movimientos de los liberalismos hispánicos también se han identificado, así como las acciones locales de la eclosión juntera y las primeras experiencias de representación política. Un tema pendiente que debe ser estudiado en el tiempo de la Primera República neogranadina y venezolana, mal nombrado con la categoría ideológica de "patria boba" -una reliquia de la lucha política colombiana de 1823-, es el de la agenda de los poderes republicanos que fueron erigidos por los colegios constituyentes de los estados provinciales. Esta singular experiencia temprana tuvo en el haber de la antigua Audiencia de Santa Fe un acta constitucional, un acta de federación (reformada una vez), un reglamento para gobierno provisorio y ocho constituciones de estados provinciales. Todas estas cartas acogieron en sus preámbulos una Declaración de los derechos del hombre, que en general tuvo la estructura de la Declaración francesa de 1795, agregando los Deberes ciudadanos después de los Derechos, y equilibrando de modos distintos los pesos de los articulados de las Declaraciones francesas de 1793 y 1795. En Venezuela también la experiencia constitucional fue importante, pero lo que cabe destacar es que las tareas republicanas de estado fueron efectivamente llevadas a la práctica política y a la reforma social entre 1811 y 1815, una experiencia que iluminaría a los constituyentes colombianos en 1821. Si bien María Teresa Ripoll (2006) advirtió que estas revoluciones políticas se habían realizado sin renovación social, dada la acomodación de los abogados, clérigos y militares a las mutaciones políticas y a las nuevas instituciones, la investigación podría ofrecer sorpresas respecto de la emergencia de "los de abajo" en el nuevo orden republicano. Las guías de forasteros, ordenadas por los virreyes, todavía no han sido estudiadas en profundidad para dibujar con precisión la complejidad de las instituciones del régimen antiguo y su transición a las instituciones republicanas.

7. Balance de los avances de la nueva historia de las independencias.

La conmemoración del bicentenario de las independencias iberoamericanas ya trajo un enriquecimiento de la representación histórica al concentrar buena parte de la atención de los historiadores profesionales de todos los países. Nuevas fuentes fueron examinadas y una nueva perspectiva de la construcción de las nuevas naciones ya surgió en los medios universitarios. Los lazos de la comunidad internacional de los historiadores se fortalecieron, así como los programas de especialización y de investigación, por no decir los editoriales. Asistimos entonces a una década feliz para el trabajo de la ciencia histórica, de fraternidad iberoamericana, y de incorporación de una nueva generación de historiadores a las viejas filas. Y todo ello ocurrió antes de las celebraciones gubernamentales y políticas del 2010. Creo que tenemos razones suficientes para sentirnos satisfechos.

Ex libris de Armando Martínez Garnica: las tres plumas del Príncipe de Gales sobre una corona, con el lema «Ich Dien» y su nombre manuscrito.
Del archivo personal de Armando Martínez Garnica.