¿Qué es un ensayo histórico?
Armando Martínez Garnica
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-Ag : La acción de conducir hacia un lugar.
-Exagium (latín): acción de conducir algo fuera de su contexto para examinarlo, pesarlo y sopesarlo. Es también la acción de pesar y examinar a dónde fueron conducidos los hombres por sus acciones o la propia conducta que lo ha conducido a uno a donde nos encontramos.
-Ensayo histórico: la acción de pesar y examinar lo histórico.
-Lo histórico: aquello que llegó a ser, aquello que surgió entre los hombres.
El tema del ensayo histórico: aquello que surgió en 1810 y llegó a realizarse entre los hombres.
1. El punto de partida: las noticias de la Península.
El doctor Santiago Arroyo Valencia (1773-1845), abogado neogranadino establecido en Popayán, reconoció en sus Memorias personales que durante el año 1808 su provincia, y todas las del Virreinato de Santa Fe, gozaban de una paz tan completa "que parecía no poderse alterar jamás"[1]. Las periódicas ceremonias de jura de fidelidad a los reyes de las Españas, los besamanos de los virreyes, la sucesión ordenada de los gobernadores provinciales y la cotidianidad de las ceremonias eclesiásticas anunciaban un estado de reposo social que no era turbado por suceso alguno. La publicación de calendarios y guías de forasteros daban cuenta del orden de los estamentos del Virreinato, de su organización administrativa en lo temporal y en lo espiritual, y de la rutina de las festividades del extenso santoral[2].
Solamente un reducido grupo de lectores de la Gaceta de Madrid y de los pocos semanarios o gacetas que se publicaron durante la primera década del siglo XIX en Santa Fe, Caracas y Cartagena pudieron enterarse de la toma de Montevideo por los ingleses el 3 de febrero de 1807 y del ataque infructuoso que hicieron contra Buenos Aires el 7 de julio siguiente, unas lejanas novedades que apenas estimulaban el sentimiento de unión de los españoles americanos con los españoles peninsulares.
Pero las noticias de las discordias de la familia real si lograron inquietar los ánimos de esos lectores: primero el decreto del rey Carlos IV (30 de octubre de 1807) anunciando la conspiración de El Escorial y el arresto de su hijo, el príncipe de Asturias; luego el decreto de su absolución (15 y 19 de marzo de 1808), seguido del alboroto de Aranjuez (15 de marzo de 1808) contra la casa del valido don Manuel Godoy, y finalmente la renuncia de la Corona (19 de marzo de 1808) a favor del príncipe, llamado desde entonces Fernando VII. Estas inquietudes por la suerte de la familia monárquica de las Españas fueron atizadas por la noticia de la ocupación de Madrid por el Duque de Berg (23 de marzo de 1808) y de la emigración de la familia monárquica de Portugal hacia el Brasil. Fueron las noticias de las sucesivas cesiones de la Corona acaecidas en Bayona y la proclamación de José I Bonaparte como nuevo rey de España y las Indias (6 de junio de 1808) las que convirtieron la inicial perplejidad de los vasallos americanos en irritación.
Descontando las tentaciones vertidas por los agentes de Carlota Joaquina en algunos lugares del Virreinato de Buenos Aires, vecino de la nueva sede del rey portugués, casi todos los americanos cerraron filas en torno de Fernando VII, "el rey deseado", a quien se le habían tributado ceremonias de jura de fidelidad en buena parte de las reales jurisdicciones. La atención se centró desde entonces en la respuesta que daban las provincias de la Península frente a la "usurpación" de la nueva familia monárquica y en la nueva situación en que quedarían las provincias americanas.
La respuesta dada en la Península fue doble: por una parte, los afrancesados abrieron en la Diputación de Bayona la posibilidad de mejorar la condición política de las provincias americanas en el seno de la Monarquía, iniciando unas tradiciones reivindicativas que fueron bien recogidas por los diputados suplentes de América en las Cortes de Cádiz. Por la otra parte, la eclosión juntera que acaeció en muchas provincias peninsulares ejemplificó la respuesta que podrían dar las americanas frente a la crisis política y abrió nuevas expectativas al ofrecerles un lugar en la Suprema Junta que se formó en Sevilla.
2. La primera experiencia de representación política:
Aceptando la invitación de la Junta Suprema Central Gubernativa de España y las Indias, durante el año de 1809 se realizaron en las provincias americanas las elecciones para la selección de sus diputados ante la misma Junta, así como la redacción de las instrucciones que llevarían consigo. Aunque las Indias sólo contribuirían con nueve diputados, frente a los 36 de la Península, la oferta de representación política en la corporación que ejercía la soberanía de la Monarquía despertó gran expectativas.
Las elecciones para la selección del diputado del Nuevo Reino de Granada comenzaron por la selección de las ternas de candidatos en cada una de las cabeceras de sus provincias. Los datos disponibles indican que el Cabildo de Santa Fe integró la suya (12 de junio) con los nombres de Camilo Torres, José Joaquín Camacho y Luis Eduardo de Azuola. Reducida por sorteo, dejó el nombre de este último como candidato de esta provincia. El Cabildo de la villa del Socorro integró su terna con los nombres de Camilo Torres, Joaquín Camacho y Tadeo Gómez Durán, resultando este último elegido. El Cabildo de Cartagena de Indias sorteó (29 de mayo) a José María García de Toledo como diputado provincial. En Popayán se escogió (mayo) al cartagenero Antonio de Narváez y a dos de sus nativos más ilustrados, José Ignacio de Pombo y Camilo Torres, resultado escogido por sorteo este último. El diputado escogido por sorteo en Pamplona fue don Pedro Groot, el de Antioquia fue el presbítero gironés Juan Eloy Valenzuela y el de Panamá don Ramón Díaz del Campo.
Reducidas las ternas provinciales a un único candidato, los nombres llegados al Real Acuerdo de la Audiencia de Santa Fe fueron reducidos a una terna integrada por Luis Eduardo de Azuola, Juan Matheu -conde de Puñonrostro-, y Antonio de Narváez y Latorre. El sorteo final se efectuó el 16 de septiembre, resultando favorecido por el azar el último. Pero el conde de Puñonrostro, que ya estaba en Cádiz como diputado suplente de este Virreinato, fue escogido en Quito como su diputado titular. El procedimiento para la selección del diputado de la Capitanía General de Venezuela fue idéntico, resultando elegido allí don Joaquín Mosquera y Figueroa, nativo de Popayán, quien se había desempeñado como oidor en Santafé y regente de México y Caracas. Su brillante carrera burocrática lo llevaría a integrar el Real Consejo de Regencia, desvirtuando con su ejemplo los posteriores argumentos de la historiografía liberal respecto de la falta de oportunidades de los americanos para ejercer altos empleos como causa del movimiento de independencia.
Aunque Narváez y Latorre nunca viajó a la península, pues la disolución de la Junta Central frustró su comisión, estos comicios realizados en las provincias promovieron entre sus hombres ilustrados la exposición de sus proyectos de recomposición del orden monárquico en las Indias mediante el empleo del lenguaje político moderno que provenía de la experiencia revolucionaria francesa. Las "instrucciones dadas al diputado del Nuevo Reino de Granada" fue el documento típico de la nueva retórica que se expresó abiertamente en todos los cabildos.
Hasta ahora se conocen bien cinco instrucciones preparadas para el diputado del Nuevo Reino de Granada, redactadas por tres de sus más brillantes abogados (Camilo Torres Tenorio, Ignacio de Herrera Vergara y José Gregorio Gutiérrez Moreno) y por los asesores de dos Cabildos (El Socorro y Tunja). Un examen de sus textos indica la formación política que se había alcanzado en este Reino cuando se inició la primera experiencia de representación en los nuevos cuerpos de la revolución política que hizo posible la crisis de la Monarquía española.
3. La eclosión juntera
Las noticias llegadas de la Península provocaron que en Santa Fe se repudiara la intervención del oficial mayor de la Secretaría del Virreinato en la Diputación de Bayona como representante de este Reino, don Ignacio Sánchez de Tejada. La acción de los párrocos en los púlpitos condenó a los afrancesados y a la nueva familia monárquica, sospechosa de haber llevado a los dominios españoles el designio revolucionario francés de destrucción de las tradiciones católicas. Inflamados los espíritus por la amenaza de una probable invasión militar francesa de América, sólo quedó abierta la posibilidad de organizar juntas provinciales conservadoras de la religión y de los derechos del rey Fernando VII a su trono de las Españas.
El proceso de eclosión juntera se inició, si descontamos lo que ocurría en el Virreinato de Buenos Aires y en la Audiencia de Charcas, en la ciudad de Quito, cabecera de una real audiencia subordinada al Virreinato del Nuevo Reino de Granada. El 10 de agosto de 1809, don Juan Pío Montúfar, marqués de Selva Alegre, informó a los cabildos de la jurisdicción de la Audiencia de Quito sobre las razones que lo habían llevado a encabezarla.
Pasando a la Capitanía General de Venezuela, tenemos que el 14 de abril de 1810 arribó a Puerto Cabello el bergantín Palomo con la noticia de la toma de Sevilla y del inminente ataque a Cádiz. El 18 de abril siguiente entraron a Caracas los tres comisionados de la Regencia, Antonio de Villavicencio, José Cos de Iriberriz y Carlos Montúfar. Los movimientos de estos tres comisionados por las jurisdicciones de las audiencias de Caracas, Santa Fe y Quito marcaron la ruta de la eclosión juntera. Al día siguiente de su llegada, 19 de abril, se formó la tan contenida Junta de Caracas. Era un jueves santo, y la presión sobre Emparán fue ejercida por un canónigo de la catedral, José Cortés de Madariaga. El argumento del "mal estado de la guerra en España", conocido por los buques recién llegados, fue determinante para la "constitución de una soberanía provisional" para Caracas y los pueblos de su provincia, en nombre de la conservación de los derechos de Fernando VII. La autoridad del Consejo de Regencia fue desconocida, los funcionarios de la Audiencia fueron destituidos y apresados varios militares. Una semana después ya funcionaba la Junta con 23 vocales y adoptaba disposiciones liberales: libertad de comercio con las naciones amigas o neutrales, reforma del arancel de derechos de importación y supresión de los de exportación, abolición de la alcabala y del tributo de los indios, prohibición del tráfico de esclavos, institución de una sociedad patriótica para el fomento de la agricultura y de la industria.
La invitación de la Junta de Caracas a las otras ciudades de la Capitanía para adherirse a la transformación política fue aceptada en el siguiente orden: Barcelona (27 de abril), Cumaná (27 de abril), Margarita (4 de mayo), Barinas (5 de mayo), Guayana (11 de mayo), San Felipe (30 de mayo), Mérida (16 de septiembre), Trujillo (9 de octubre). En cambio, la reacción se consolidó en las provincias de Coro y Maracaibo, seguidas después por Guayana, que defeccionó de su postura inicial.
La llegada a Cartagena de uno de los comisionados del Consejo de Regencia, don Antonio de Villavicencio, trazó la ruta de la eclosión juntera en el Nuevo Reino de Granada: Cartagena de Indias, Mompóx, Cali, Pamplona, Socorro, Santa Fe, Tunja, etc.
4. El problema de la representación política en los congresos provinciales:
El fracaso del Primer Congreso del Nuevo Reino, abierto el 22 de diciembre de 1810, y el éxito del Congreso de Venezuela, instalado en la casa del conde de San Javier el 2 de marzo de 1811. En Venezuela fue declarada la independencia (7 de julio de 1811) y aprobada la primera constitución federal (21 de diciembre de 1811). En el Nuevo Reino, al fracasar el congreso, los diputados se separaron y formaron dos estados: el de Cundinamarca y el del Congreso de las Provincias Unidas. Después de 11 cartas provinciales, al fin el acta de federación fue impuesto a Santa Fe.
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[1] Santiago Arroyo Valencia: Memoria para la historia de la revolución de Popayán., 1808-1824. En: Colección de grandes escritores nacionales y extranjeros. Bogotá: Librería Nueva, 1896 (Biblioteca Popular), tomo XII, p. 261-338.
[2] Antonio Joseph García de la Guardia: Calendario manual y guía de forasteros en Santa Fe de Bogotá, capital del Nuevo Reino de Granada, para el año de 1806. Santa Fe: Imprenta Real, por don Bruno Espinosa de los Monteros, 1806. Calendario manual y Guía Universal de forasteros en Venezuela para el año 1810. Caracas: Imprenta de Gallagher y Lamb, 1810.