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Artículo

La independencia del Nuevo Reino de Granada

Armando Martínez Garnica

10.937 palabras · unos 55 minutos de lectura

Temas e interpretaciones

Armando Martínez Garnica

Universidad Industrial de Santander

Los temas

1. Las instrucciones para el diputado del Nuevo Reino de Granada

Para la jurisdicción del Nuevo Reino de Granada, hasta ahora se conocen siete instrucciones preparadas para su diputado, dos de ellas redactadas por los más brillantes abogados del Nuevo Reino - Camilo Torres Tenorio e Ignacio de Herrera Vergara -, y las otras cinco por los miembros de los cabildos del Socorro, Tunja, Popayán, Quito y Loja. La instrucción de Quito fue dirigida y entregada al diputado del Perú, José de Silva y Olave, quizás porque era natural de Guayaquil y porque ya se encontraba en este puerto con destino inmediato a la Nueva España. Una octava instrucción, redactada por un funcionario real de Panamá - Salvador Bernabeu de Reguart - fue una respuesta personal al manifiesto inaugural de la Junta Suprema y enviada directamente a ella por su autor. Para el diputado de la Capitanía de Venezuela, el payanés Joaquín de Mosquera y Figueroa, solamente se conoce hasta ahora la instrucción preparada por el cabildo de Nueva Valencia, recientemente encontrada en su archivo por Ángel Rafael Almarza.

2. La eclosión juntera en el Nuevo Reino de Granada

Inscrito en el grupo de historiadores que ha mantenido en funcionamiento la Cátedra itinerante de Historia de Iberoamérica, Armando Martínez identificó la eclosión juntera acaecida en el Nuevo Reino durante el año 1810.[1] La experiencia de la Junta de Quito (1809) y la llegada del comisionado regio a Cartagena de Indias crearon las circunstancias apropiadas para que las huestes de estado doblegaran las resistencia del virrey Amar y de algunos corregidores o gobernadores a permitir su constitución. Fue así como se formaron las juntas de Cartagena, Mompóx, Pamplona, Socorro, Santafé, Mariquita, Neiva, Cali, Girón y Tunja. El gobernador de Popayán resistió con éxito y en Santa Marta algunos notables conjuraron el proceso.

La continuidad de las antiguas huestes de estado en las nuevas juntas - descontando al virrey, los oidores y algunos altos funcionarios peninsulares - fue muy notoria en todas ellas: la ruptura institucional se redujo inicialmente a la nomenclatura de los nuevos cargos republicanos y a la redefinición de las funciones públicas, así como a la adopción del nuevo espíritu representativo.[2] El problema inicial de todas las juntas fue el de la transición a la nueva entidad estatal que heredaría la jurisdicción del Nuevo Reino de Granada. Para empezar, la resolución de la representación en los congresos del Reino: ¿provincias o pueblos?[3] En el fondo, se trataba del problema de la cesión de la "soberanía reasumida" por las juntas a favor de un nuevo gobierno superior que conservara la jurisdicción del Reino.[4] La llegada a Santafé del comisionado de la Junta de Caracas, José Cortés de Madariaga, puso en claro el asunto: los estados que advendrían en Nueva Granada y Venezuela tendrían que aplicar el uti possidetis iuris a la hora de definir sus respectivas soberanías sobre los futuros territorios nacionales.

3. Las actas de formación de juntas y las declaraciones de independencia

Inés Quintero y Armando Martínez publicaron todas las actas de formación de juntas y de declaración de independencia de las audiencias de Quito, Santa Fe y Caracas. Esos movimientos comenzaron con la recepción de las noticias llegadas de la Península, seguida por la general adhesión de todos a tres causas: Fernando VII, la religión católica y la felicidad de la patria. Mientras que algunos americanos lucharon en solitario por mejorar la condición política de las provincias americanas en las Juntas de Bayona, la masa de los vasallos americanos se dispuso a seguir el expediente de sus hermanos peninsulares ante el secuestro del Soberano: reasumir en sí la soberanía para conservarla a su rey "deseado". Enfrentando la oposición de los altos funcionarios de las audiencias y de las instituciones del alto gobierno, finalmente terminaron por erigir juntas provinciales y locales en nombre del Soberano, tal como puede constatarse en las actas reunidas.

La segunda parte de esta compilación acoge las declaraciones de independencia "absoluta" que siguieron a la aprobada por el Congreso General de Venezuela (5 de julio de 1811) en el antiguo Nuevo Reino de Granada: Cartagena de Indias (11 de noviembre de 1811), Cundinamarca (16 de julio de 1813), Antioquia (11 de agosto de 1813), Tunja (10 de diciembre de 1813) y Neiva (8 de febrero de 1814). La realidad de la constitución de la República de Colombia en la villa del Rosario de Cúcuta presionó la declaración de independencia de la ciudad de Panamá (28 de noviembre de 1821), que "espontáneamente y conforme al voto general de los pueblos de su comprensión" se declaró independiente del gobierno español y parte del nuevo estado republicano de Colombia. Dado que la obra del Congreso de las provincias de la antigua jurisdicción de la Audiencia de Quito fue disipada por los conflictos internos de sus diputados y la recuperación del control por los agentes de la Regencia, la declaración de la independencia absoluta de la ciudad de Quito fue un resultado de las acciones de las tropas colombianas y peruanas en la batalla del cerro de Pichincha. Esta declaración (29 de mayo de 1822), como la de Panamá, fue de independencia respecto de la Corona española pero también de incorporación al Estado colombiano. Sólo que en este último caso la historiografía patriótica ecuatoriana ha cuestionado su "espontaneidad y conformidad al voto general de los pueblos de su comprensión".

Un reciente antecedente de esta compilación es la publicada en Caracas por la Biblioteca Ayacucho (2005) bajo el título de La independencia de Hispanoamérica. Declaraciones y actas, seleccionada por Haydée Miranda y Hasdrúbal Becerra. Si bien ésta cubre un espectro geográfico más amplio, no diferenció en su corta selección las actas del movimiento juntero respecto del movimiento independentista posterior. Por ello, esta nueva colección que se ofrece a los investigadores y al público ilustrado, aunque solamente se ocupa de las jurisdicciones realengas del norte de Suramérica, ofrece en cambio una mayor cantidad de documentos y los agrupa según el movimiento histórico al cual pertenecieron.

4. El debate centralismo vs federalismo durante la Primera República

Las urgencias de la guerra civil que puso en marcha Antonio Nariño, presidente del Estado de Cundinamarca, contra las provincias vecinas que quiso anexar a su jurisdicción y contra las provincias fidelistas del Sur hicieron olvidar el tema, en especial porque el Congreso de las Provincias Unidas representaba otro proyecto político para la formación del nuevo estado republicano. La profundización de la guerra civil devastó muchas localidades y fue debilitando el poder de los abogados. La "reconquista" de 1816 abrió el proceso de concentración del poder social en la nueva generación de militares del Ejército Libertador, con lo cual fue posible la invención de Colombia en 1819. Una mirada rápida al debate ideológico que libraron los abogados que encabezaron las juntas, y a las cartas constitucionales que redactaron, fue ofrecida por Rodrigo Llano Isaza.[5]

5. Actores sociales

El tema de los caudillos militares, primero de los actores sociales de la independencia, bien abonado por una buena cantidad de biografías de "próceres", fue examinado por John Lynch.[6] Posteriormente, Víctor Manuel Uribe emprendió el estudio de los abogados en el proceso de la independencia[7], con lo cual se pudo acceder a una extensa identificación de estos actores tan destacados durante la invención republicana temprana. Como complemento necesario, Julio Gaitán se ocupó de su formación universitaria y de los programas y textos escolares que sirvieron este propósito en los primeros tiempos republicanos[8]. Las vicisitudes personales del pequeño grupo de científicos que había sido congregado por la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino, durante los sucesos de la independencia, llamó recientemente la atención de Diana Soto[9] y de Armando Martínez.[10]

Por mucho tiempo se creyó que el Nuevo Reino de Granada no había tenido diputados en las Cortes de Cádiz. Vino a desvirtuar esta creencia Manuel Chust, quien no solamente identificó a los dos diputados suplentes sino que expuso los interesantes aportes hechos por José Mejía Lequerica en ese cuerpo constitucional[11]. El gran olvidado de los actores sigue siendo Ignacio Sánchez de Tejada, el oficial de la Secretaría del Virreinato que firmó la Carta de Bayona a nombre del Nuevo Reino de Granada.

Los actores privilegiados de la historiografía más reciente son los pardos[12] o "libres de todos los colores". Dado que la nueva Constitución Nacional de 1991 facilitó el "surgimiento de una identidad étnica más sólida que la que previamente existía", y complacidos por el saludo de Peter Wade al surgimiento de "una comunidad imaginada de negros"[13], muchos historiadores han introducido con los más bellos ropajes a estos "nuevos actores subalternos".

Alfonso Múnera incorporó a la representación histórica del proceso de independencia de Cartagena a los artesanos mulatos y libres del arrabal de Getsemaní, asignándoles un decisivo papel en la ruptura de la Junta formada en esa ciudad respecto de la autoridad del Consejo de Regencia. En su representación[14], el desenlace del 11 de noviembre de 1811 fue el resultado de la tensión social entre los mulatos artesanos que aspiraban a la igualdad y la elite criolla que se había apoderado inicialmente de la Junta tras la defección del gobernador español. Actor principal fue el mulato cubano Pedro Romero, quien al frente del cuerpo de los Lanceros del Getsemaní asaltó el almacén de armas e irrumpió en el salón donde se hallaba reunida la Junta para exigir la declaración de independencia absoluta de Cartagena, "al mismo tiempo que pedían que en las milicias de pardos los oficiales fuesen pardos". Asustada, "la mayoría de la dirigencia criolla allí presente votó contra su voluntad por la separación absoluta de España". En esta representación de la independencia de Cartagena respecto del Consejo de Regencia, se trató del resultado "de un levantamiento popular [de los pardos libres] contra las elites [blancas y criollas]".

Aunque los pardos ejercieron su poder social durante el proceso de la independencia de Cartagena, no hay que ir demasiado lejos. Como advirtió Múnera, no llegaron al extremo de reducir la autoridad de la Junta provincial a una sombra, ni tampoco emplearon el motín como arma única para imponer su perspectiva política. El caso de Pedro Romero, cuya hija mulata estaba casada con un abogado blanco de Corozal, y quien en 1810 había implorado al rey la dispensa del color para su hijo Mauricio con el fin de que pudiera estudiar leyes, ejemplifica bien los compromisos sociales y políticos de los líderes de los pardos con las autoridades establecidas. Romero se ganaba la vida como herrajero en el arsenal de la ciudad y fue elegido diputado en 1812 ante la Convención Constituyente del Estado de Cartagena.

El gran logro de los mulatos en esta Convención fue la igualdad de derechos de todos los hombres libres, "al margen del color de su piel y del grado de su educación", un derecho que habrían usado durante todos los años de la Primera República. Pero no se trata de un logro de algún proyecto racial de los pardos, sino la reivindicación normal allí donde las cartas provinciales erigieron la ciudadanía de los hombres libres y la promesa de manumisión paulatina de los esclavos.

¿Fueron los pardos del arrabal de Getsemaní una amenaza para los esfuerzos de organización republicana empeñados por la "parte sana" de la sociedad cartagenera durante la Primera República? La respuesta de Jorge Conde también es negativa, en el entendido que aceptar la existencia de esa supuesta amenaza supondría "un proyecto político alterno al que sus contemporáneos consideraron régimen republicano de gobierno"[15]. Por el contrario, los pardos jugaron decisivamente a favor de la organización republicana y de su representación en el Colegio Electoral de la provincia de Cartagena. La lucha por su igualdad, en el contexto de la nueva ciudadanía ofrecida a la opinión pública, mostró una participación destacada de los pardos en la inédita vida política republicana. El bando de los Gutiérrez de Piñeres se alió con los pardos para ascender a las altas posiciones del nuevo régimen político, en detrimento de los ricos comerciantes que habían controlado hasta entonces los grandes negocios de Cartagena.

Aline Helg se centró en el proceso contradictorio de la primera independencia (1810-1816) acaecido en las ciudades del Caribe colombiano (Cartagena, Santa Marta, Riohacha) con la mirada puesta en la reivindicación de igualdad política proveniente de los pardos.[16] Por este interés particular, el énfasis de su texto se refiere a la primera década de la República de Colombia (1821-1830) y sus políticas liberales respecto de la manumisión de esclavos e incorporación de los pardos al nuevo orden de la ciudadanía. Es así que el caso del general pardo José Padilla ocupa el centro de su atención en el capítulo final. Este interés en el tema de "la raza en la formación de las identidades políticas en la región caribeña" había sido manifestado por Helg previamente[17], cuando se lamentó de que la raza no se hubiera vuelto una "categoría organizacional" en el Caribe colombiano durante la primera independencia, con lo cual "la invisibilidad de la identidad afrocaribeña en la imagen de Colombia" habría facilitado a "la elite de los altiplanos centrales construir la nación colombiana como andina, blanca y mestiza, y minimizar su identidad afrocaribeña". Esta profesora norteamericana suscribió así, sin beneficio de inventario y pese a su esfuerzo por transmitir "una imagen mucho más matizada", las reclamaciones ideológicas de los historiadores caribeños contra la fuerza nacionalista del centro andino de Bogotá. Olvida que "el silencio oficial sobre la raza de los colombianos" no es un producto de algún "proyecto de la elite andina" interesada en presentar a la Nueva Granada "como blanca y andina", sino uno de los supuestos liberales de la construcción de una nación como comunidad de ciudadanos iguales. En sus estudios sobre las provincias neogranadinas del océano Pacífico, Oscar Almario introdujo a los negros esclavos en su representación del proceso de independencia acaecido, llegando a plantear cierta imagen de la independencia como "guerra de castas" desde su perspectiva de racialización-etnicidad.[18]

Los indios de la provincia de Pasto, tozudamente fieles al rey Fernando VII hasta la época colombiana, fueron estudiados por Rebecca Earle[19] y Jairo Gutiérrez.[20] Finalmente, las mujeres en tanto actrices del proceso de independencia han recibido la atención de varias historiadores tales como Evelyn Cherpak[21] y Mercedes Guhl.[22] Las mujeres de la gobernación de Popayán fueron estudiadas por Alonso Valencia Llano[23] y dos licenciados de la Universidad del Valle que identificaron sus roles como soldaderas, soldados, donantes y abastecedoras.[24] Pero la parte del león se la lleva Manuelita Sáenz, una figura que atrae por igual a historiadores y literatos.[25]

6. Guerras civiles

El tema de las guerras civiles acaecidas durante todo el proceso de la independencia de la Nueva Granada atrajo la atención de un nutrido grupo de historiadores. Un relato descriptivo fue ofrecido por los dos brigadieres generales que participaron en la Historia de las Fuerzas Militares de Colombia,[26] el cual se completa con el de Alfonso Riaño, afincado en el concepto de guerra civil.[27] Por contraste, Eduardo Pérez enfocó el asunto desde el concepto de guerra irregular.[28] El aspecto represivo de las acciones militares, en especial las que aplicó el Ejército Expedicionario de Tierra Firme, fue el tema de Hermes Tovar.[29] Una síntesis de las principales acciones militares de esta época fue recientemente presentada por Rafael Pardo.[30] La experiencia previa de las milicias disciplinadas de Cartagena y Santafé, útil para la formación de los primeros ejércitos republicanos, fue tema permanente de los trabajos de Allan J. Kuethe.[31]

La renovación de la representación sobre el papel central de la guerra en la construcción de las nuevas naciones en la Nueva Granada y Venezuela provino de la tesis doctoral de Clément Thibaud,[32] dirigida por François-Xavier Guerra, el libro más importante de la última década en esta temática. Desde su perspectiva, "la estrategia militar permitía leer las evoluciones y el progreso de la modernidad". Se afirma en él también la noción de que la Independencia asumió la forma de una guerra civil sangrienta, pese al pequeño tamaño de las tropas en contienda, y se recoge la tradición de las milicias disciplinadas de la época anterior. La guerra va siguiendo una mutación desde las primeras guerras cívicas entre provincias hasta la guerra a muerte entre españoles y patriotas, pasando por las levas masivas que le permiten hablar de guerra popular. Con la guerra a muerte se consolidó la guerra civil entre realistas y republicanos y la realización de la identidad proyectada por Bolívar. El capítulo IV da cuenta de las fuerzas armadas en los tiempos de la Primera República. En la misma lógica de la guerra civil, Georges Lomné advirtió sobre los peligros de olvidar la lógica de la guerra de emancipación nacional, pues fue ésta en los tiempos colombianos y en la dimensión continental la que hizo retroceder, "de momento, el espanto de la guerra civil".[33]

7. Impacto económico y social de las guerras de independencia

El tema del impacto económico de las guerras de independencia sobre las producciones e intercambios provinciales, así como en los niveles del contrabando y del abigeato, fue abordado comparativamente por Maurice P. Brungardt. Su mirada al tema[34] concluyó en un impacto diferenciado por provincias, según la vulnerabilidad de las localidades estratégicas. Las ciudades-puerto de Cartagena, Santa Marta y Mompóx fueron devastadas varias veces, al igual que algunos centros andinos como Popayán y Pasto donde las acciones militares fueron intensas y prolongadas. Los valles de Cúcuta, los llanos orientales, el valle del Cauca y los valles de la altiplanicie (Cáqueza, Tenza, Gachetá) fueron saqueados repetidamente. Los valles de Cúcuta, por ejemplo, cambiaron diez veces de manos durante las guerras de independencia. Las ganaderías vacunas y equinas fueron las más afectadas por las requisas militares y el abigeato. Los esclavos también forzados o convencidos a dejar las haciendas e incorporarse en todas las partidas militares. Como resultado general, las actividades mineras y agropecuarias fueron duramente golpeadas por las guerras de la independencia. Una mirada particular al legado del impacto de la guerra en la Cartagena ya colombiana fue expuesta por Gustavo Bell Lemus.[35] El examen de este tema por Marco Palacios se funda en las continuidades de la economía minera que empleaba esclavos, con lo cual la manumisión de los tiempos republicanos tenía que afectar negativamente su desempeño. Pero la continuidad del subdesarrollo colombiano sería entonces la situación de atraso de España y sus colonias, respecto de Inglaterra, en el momento de la independencia.[36] Recientemente, Adelaida Sourdis intentó medir "el dramático precio" pagado por los cartageneros durante la Primera República; colapso poblacional, emigraciones, asolamiento de la infraestructura, desabastecimiento y muertes.[37]

8. Imaginario político

De las universidades francesas nos han llegado el tema del imaginario político en la Independencia: Lydia Álvarez[38], Georges Lomné y Clément Thibaud introdujeron sus trabajos sobre este tema en las universidades bogotanas. Por su tesis doctoral sobre la mutación del imaginario de la soberanía en Quito y en Santa Fe durante la época revolucionaria,[39] y por su magisterio en la Universidad Nacional de Colombia, Lomné ha logrado la aceptación de este tema, ligado al de los símbolos nacionales[40] y al de las representaciones patrióticas en los nuevos espacios públicos.[41]

Por su lado, Clément Thibaud y María Teresa Calderón enfrentaron el problema de la construcción de la nueva sociedad republicana sin el referente simbólico que legitimaba el poder: el rey. Sometiendo a crítica el prejuicio sobre la naturaleza anárquica e invertebrada de la sociedad republicana en la Nueva Granada, usaron el concepto de redes de poder social para mostrar la construcción del orden republicano y sus correspondientes imaginarios políticos.[42]

Javier Ocampo López[43] y Margarita Garrido abordaron el tema de los catecismos políticos y los sermones patrióticos en la transición al orden republicano. En Cartagena de Indias se imprimó, en 1814, el Catecismo político del presbítero Juan Fernández de Sotomayor, una justificación popular de la legitimidad de la separación respecto del Estado monárquico español. Un decreto dado en 1819 por el vicepresidente Francisco de Paula Santander, dirigido a los párrocos, puso en ejecución la orden de predicar sermones para afianzar la legitimidad de la Independencia en la imaginación de los neogranadinos. Fue así como la figura del rey fue desacralizada, al tiempo que la independencia fue presentada como designio divino en tanto era la reasunción de la soberanía por el pueblo, una prédica de claro espíritu suarista,[44] de tal modo que los republicanos emplearon, de cara a las masas campesinas, las mismas tácticas que tanto habían criticado a los curas realistas.

9. La independencia en las provincias

Buena parte de la narrativa de los procesos de independencia ha tomado como unidad analítica las provincias que existían antes de 1810 en la jurisdicción del Nuevo Reino de Granada. Pese al reclamo de Alfonso Múnera contra los políticos andinos, son las provincias del Caribe las que han cobrado la mayor tajada de la producción historiográfica reciente: Christiane Laffite[45], Aline Helg[46], Adelaida Sourdis[47] y Ana Catalina Reyes[48] abordaron el Caribe colombiano como un todo. Aunque Laffite apenas abordó el tema de la independencia como una parte de su presentación sobre el estado social y económico del Caribe hasta la llegada de su antepasado a Cartagena en 1834, y desde los tradicionales términos de causas y consecuencias del proceso, Aline Helg se centró en los temas de la libertad y la igualdad para todo el Caribe colombiano.

En su investigación doctoral sobre la Primera República en el Caribe colombiano, Ana Catalina Reyes planteó el tema de los enfrentamientos entre las elites comerciales de Santa Fe y de Cartagena como antecedente de los sentimientos y actitudes que se expresaron durante la independencia y que contribuyeron a formar dos proyectos políticos enfrentados: el del Congreso de las Provincias Unidas y el del Estado de Cundinamarca. La disputas de las soberanías de las juntas locales y provinciales complicó el escenario político del Nuevo Reino, así como la guerra entre provincias independientes y subordinadas al Consejo de Regencia, con lo cual en 1815 "muchos odiaban y rechazaban el nuevo gobierno que les había prometido un mundo justo y mejor", una situación que explicaría "la facilidad con que la mayoría de las poblaciones se sometieron a la reconquista de Morillo en 1816". En su opinión, la fragmentación étnica y política del Virreinato en 1810, sumada a las confrontaciones entre las elites de las principales ciudades comerciales, fueron un obstáculo importante para el avance del proceso de construcción nacional. La Primera República habría que entenderla entonces como "muchas patrias que competían por sus autonomías e independencias", como "muchos gritos distintos" que ahogaban la voz de independencia nacional.[49]

La investigación doctoral de Steinar A. Saether sobre la lealtad inquebrantable de las provincias de Santa Marta y Riohacha durante la Primera Independencia es un trabajo importante, no solamente por el abigarrado aporte informativo sobre unas provincias que la historiografía colombiana había dejado de lado, sino por su revisión de algunos de los mitos de la historiografía del Caribe correspondiente a dicha época.[50] Después de caracterizar la compleja configuración social y la representación racial de estas dos provincias leales a Fernando VII, trató de explicar el sentido de esta lealtad y el modo como la independencia cambió el orden social. Así como la historiografía cartagenera aportó los nombres de los mulatos que jugaron un importante papel en la declaratoria de independencia absoluta, Saether aportó los nombres de los mulatos que defendieron al rey sin tregua contra las tropas cartageneras que tomaron la plaza de Santa Marta. Esta vista a la otra cara de la "moneda parda" le permitió sugerir que las circunstancias locales anteriores a 1809 tuvieron mayor importancia en la determinación de la configuración de las afiliaciones políticas en el momento de la crisis, antes que "el hecho de que la población fuera negra, india, blanca o mestiza". Este historiador noruego mostró en este trabajo, a partir del análisis de los patrones matrimoniales, la magnitud del cambio social que produjo el proceso de independencia incluso en las provincias leales a la Corona. Aunque fueron las mismas familias distinguidas las que siguieron en la cúspide de la sociedad local, las distinciones entre los comunes tendieron a disolverse. El debilitamiento del clero samario permitió la expresión de "una actitud nueva, liberal, antiautoritaria frente al matrimonio y la sexualidad". La simplificación de la anterior estratificación social y la disolución de las distinciones raciales hablan de una mutación social generada por la independencia. De modo matizado, Saether concluyó que aunque las dos divisiones sociales básicas heredadas (elites y comunes) se mantuvieron, "la forma como la gente concebía la sociedad cambió radicalmente".

Centrado en las vidas de tres aventureros que navegaron por las costas del mar Caribe durante el período de la independencia, todos ellos con Luis como nombre de pila (Luis Peru de Lacroix, Luis Aury, Luis Brion), el historiador santandereano Jaime Duarte French nos dejó una crónica ampliamente documentada sobre el proceso de independencia en el Caribe colombiano[51]. ¿Corsarios o libertadores? Estos dos aventureros franceses y un rico armador de Curazao, de ascendencia holandesa, ejemplifican la complejidad de los intereses comerciales y militares del mar Caribe durante esta época, la importancia de Jamaica como apoyo al proceso independentista, y la intervención de ingleses y norteamericanos en los primeros asuntos colombianos. Queda claro aquí el papel de los navegantes extranjeros con patente de corso otorgado por el gobierno de Buenos Aires y su aporte a la primera marina colombiana y a la soberanía reclamada sobre las islas de San Andrés y Providencia.

El Consulado de Comercio de Cartagena de Indias fue estudiado como "reflejo final de una época"[52] o bien como elemento del proceso de independencia[53]. Un importante trabajo es el de Justo Cuño sobre la época de la restauración monárquica en Cartagena (1816-1820), dado el aporte de información desconocida y las noticias sobre la proclamación de la Carta de Cádiz en esa ciudad cuando ya Santa Fe había pasado a manos de las fuerzas patriotas.[54] Finalmente, Adolfo Meisel Roca mostró las vicisitudes de una familia de comerciantes cartageneros, los Amador, durante el proceso de la independencia.[55]

El proceso de independencia en la provincia llanera del Casanare recibió la atención de Jane M. Rausch[56] y de Héctor Publio Pérez Ángel[57]. La primera hizo una representación general sobre las acciones militares acaecidas en esta provincia, insistiendo en "los inmensos recursos en ganados y caballos que los Llanos pusieron a disposición de la causa patriota, el asilo providencial que allí encontraron los perseguidos, sin contra con el elemento humano, más fuerte que todos los elementos para realizar la Independencia". El segundo identificó todas las acciones militares acaecidas y a los principales actores llaneros desde la perspectiva regional, así como la organización de la campaña libertadora que alcanzó el triunfo en Boyacá (7 de agosto de 1819), aportado un útil apéndice documental.

El proceso de la independencia en la gobernación de Popayán fue estudiado por Germán Colmenares[58], Francisco Zuluaga[59] y Zamira Díaz.[60] Colmenares insistió en la alteración de las prelaciones de los centros urbanos que trajo la Independencia, dado el proceso de reasunción de la soberanía por los pueblos. La antigua y orgullosa gobernación de Popayán, dotada de una elite burocrática importante, fue el teatro de todas las guerras civiles del siglo XIX, con sus obvios efectos en su decadencia económica. Basándose en los libros capitulares de Popayán, Cali y Pasto, Zamira Díaz estudió las transformaciones de las actitudes políticas de los notables durante los años de la Independencia, caracterizadas por su escasa uniformidad en el amplio rango que iba del regalismo sin cuartel (Pasto) hasta el autonomismo temprano (Cali). Por su parte, y con su larga experiencia, Francisco Zuluaga ofreció una representación general de la guerra civil entre Popayán y las ciudades confederadas del Valle del Cauca, por una parte, y por la otra de las guerras libradas en la provincia de Pasto.

Oscar Almario afinó su mirada sobre las provincias del Pacifico colombiano, una parte olvidada de la gobernación de Popayán, contrastando el proyecto general de la Independencia nacional con los "proyectos menores" que fueron expuestos por los actores locales y provinciales, en especial por los de la problemática provincia de Pasto.[61] Jean-Pierre Minaudier[62] y Rebecca A. Earle[63] se interesaron en sus investigaciones doctorales en la conducta política de la provincia de Pasto, precisamente por su tozuda resistencia al proyecto de emancipación. Aunque centrado en el tema de los indios de Pasto, también Jairo Gutiérrez Ramos se ocupó del tema del comportamiento de esta provincia en las guerras de independencia.[64]

Una mirada comparativa y sintética al signo político de la insurgencia popular (patriota o realista) en cada una de las provincias del Nuevo Reino de Granada fue presentada por Brian R. Hamnett, de gran utilidad para apreciar la desigual reacción política en este Reino respecto de la crisis de la monarquía[65]. Permanecieron fieles al Consejo de Regencia las provincias de Popayán, Pasto, Santa Marta, Riohacha, Barbacoas, El Patía y Panamá. En cambio, desde muy temprano rompieron con el Consejo las provincias de Pamplona, Socorro, Mariquita, Mompós, Santa Fe, Tunja, las ciudades del valle del Cauca y los Llanos. Cartagena se mantuvo fiel a la Regencia hasta el 11 de noviembre de 1811, cuando la presión popular precipitó la independencia absoluta. Los estudios cronológicos de la época de la Primera República no han superado las Efemérides publicadas por Rodrigo Llano, pero ya es tiempo de que alguien las actualice con mayor prolijidad.[66]

10. Experiencia constitucional de la Primera República

Armando Martínez presentó recientemente este tema en el congreso de Mérida (2007).

Las interpretaciones

Tal como ha resumido Annick Lempérière recientemente, la interpretación predominante en nuestros días sobre los procesos de independencia ha descartado el mito fundador de la tabula rasa revolucionaria: la continuidad de las instituciones estatales del Antiguo Régimen en el nuevo orden republicano tornan incluso difícil el uso del mismo concepto de revolución, pues los cambios tenían sus límites en la capacidad estratégica de los sistemas institucionales para asimilarse lo ya construido. Incluso la disyuntiva ruptura-continuidad tiene hoy escaso alcance heurístico. Antes que una acción, la independencia fue una reacción de emergencia ante el vacío inicial producido en el centro de la Monarquía por el ingreso de los ejércitos franceses a la península ibérica. Incluso el constitucionalismo que se activó de inmediato en las provincias neogranadinas y venezolanas demuestra la ausencia de alguna intención de destruir el orden establecido en esta emergencia institucional.[67]

La interpretación predominante en nuestros días también acepta que en Latinoamérica el Estado precedió a la Nación, y que ésta es parte de un largo proceso de construcción paulatina, continuo e inacabado, sin que presuponga la existencia de aspectos culturales para esa formación. La Independencia supone la existencia de un estado y la idea de su transición al régimen republicano, así como el inicio del proceso de construcción de la nación que se acompaña del proceso de la modernidad política. Todos los trabajos de Hans-Joachim König sobre la Nueva Granada han insistido en este vínculo entre Independencia, construcción de nación y modernidad, al punto de sugerir que en Latinoamérica puede hablarse de un tipo propio entre los procesos de construcción de naciones, "paralelo en el tiempo y hasta anterior a los procesos europeos" si bien conectado estrechamente con éstos.[68] Este tipo es propio porque la cuestión nacional no requirió un sustrato étnico sino "la idea de la libertad política y la autonomía". En consecuencia, la discusión sobre si los criollos neogranadinos se basaron en una idea de nación cultural/étnica o en una idea de nación cívica es gratuita.[69] María Teresa Uribe destacó el cambio del vocabulario político que significó la Independencia, mostrando el modo como el lenguaje del republicanismo patriótico guió la inmensa tarea intelectual que se impusieron las huestes de estado para construir la nueva nación. Los relatos patrióticos, de viejos agravios y de sangre derramada fueron habrían sido parte de esa acción política.[70]

Desde la reivindicación ideológica que en las últimas décadas erigió el concepto de Costa Caribe contra el concepto de Costa Atlántica[71], un historiador cartagenero - Alfonso Múnera Cavadía - propuso una singular interpretación de los conflictos entre federalistas y centralistas durante la Primera República. Esta pugna de las juntas que resultaron durante el proceso de independencia no habría sido más que "el disfraz ideológico" detrás del cual continuó una vieja "lucha colonial": la de las elites regionales que controlaban las provincias con el gobierno central asentado en los Andes orientales. En esencia, se trató de un conflicto histórico "entre el Caribe y los Andes" que hizo fracasar la primera independencia. Durante el tiempo de la República de Colombia (1819-1830), Caracas relevó a Cartagena en la pugna del Caribe contra Bogotá, la capital de los Andes, con lo cual este experimento político también fracasó. Ya en los tiempos del Estado de la Nueva Granada, Cartagena fue definitivamente subordinada a la "república andina" que gobernó Bogotá, con lo cual "el sentido de nación estuvo lejos de existir". Con este resultado inesperado de la pugna histórica entre el Caribe y los Andes, "un siglo de guerras civiles nos costó mantener un Estado" originado en un acto de fuerza de los andinos contra los caribeños.

La independencia es así interpretada por Múnera como la subordinación del centro de poder del Caribe por el centro de poder de los Andes, con un consiguiente "fracaso del proyecto nacional"[72]. Solamente cuando Cartagena fue reducida a "la mayor miseria y desolación", quedando sometida a la autoridad de Bogotá, fue posible "construir un estado-nación centrado en los Andes". Su conclusión general es la de que "el proyecto de nación de las elites del Caribe poco tenía en común con el de las elites andinas de Santa Fe". A la luz de esta diferencia de proyectos políticos, el nacimiento del Estado de la Nueva Granada en 1831 no se explica desde una supuesta "comunidad imaginada" conjuntamente, sino desde la guerra de las elites andinas contra el Caribe, del envío de "masas de soldados campesinos de tierra fría" al mundo del Caribe, "para que los costeños aprendieran a sentir como suyo también aquel otro lado de la patria".

La perspectiva reivindicativa de la nueva historiografía cartagenera erigió esta representación con fuerte sesgo ideológico que se esfuerza por conducir al lector al convencimiento de que "el proyecto de construir la nación [colombiana] sigue siendo todavía una realidad inconclusa, atravesada por toda clase de conflictos culturales". La fuerza sugestiva del título del libro del doctor Múnera - El fracaso de la nación - nos indica que sin la voluntad de los caribeños no habrá nación en el futuro. Agreguemos que también sin la voluntad de los habitantes de la Orinoquía, la Amazonía, el Pacífico, el Cauca, etc., y quedaremos convencidos de que la nación colombiana es una imposibilidad política. Con ello se confirmaría una tradición política propuesta por este historiador de la negatividad, para quien ya desde los tiempos del Virreinato de la Nueva Granada "probablemente en ninguna otra parte de Hispanoamérica tuvo esta anarquía manifestaciones más extremas que en el territorio de la actual Colombia".

Por otra parte, y fundándose en la tradición sostenida por Manuel José Forero[73], Armando Martínez y Anthony McFarlane arremetieron[74] contra la denominación de "Patria Boba" adjudicada por la historiografía centralista al período de la primera Independencia del Nuevo Reino de Granada (1810-1816), proveniente de la culpabilización de las provincias que se organizaron en Congreso y se negaron a subordinarse a la autoridad del Estado de Cundinamarca. La expresión Patria Boba no es un producto original del gabinete de los historiadores sino una acuñación de la pugna política de los liberales neogranadinos contra el general Antonio Nariño, a quien trataron de impedir que ocupara en 1823 la silla de senador en la primera Legislatura de Colombia. El redactor del periódico El Patriota se la endilgó y Nariño contestó desde las páginas de su "Tercera Corrida" de Los toros de Fucha (abril de 1823) usándola con desparpajo: "En cuanto a balazos de San Victorino y Ventaquemada, y las viudas, huérfanos, y qué sé yo qué más, que se vieron en la patria boba, con que usted me favorece...¿Y por qué tanta cólera, señor predicador de moderación, contra un general de antaño, contra un general de la patria boba, contra un general casi olvidado...".

La descalificación de esta época de la historia de la Nueva Granada, recogida sin beneficio de inventario de la Historia de José Manuel Restrepo por los manuales universitarios[75], ya no se sostiene, si se considera la precocidad con que los abogados y eclesiásticos de las provincias que desconocieron la autoridad del Consejo de Regencia introdujeron las reformas liberales al régimen político en la dirección republicana y plantearon todos los problemas de la construcción del estado nacional neogranadino, llegándose a ensayar en algunas provincias las soluciones que fueron adoptadas[76]. En la percepción de la mayor parte de esos actores ya había dejado de existir la autoridad de la dinastía de los Borbones, pues se partía del supuesto de la irreversibilidad de la acción napoleónica en Europa. En presencia de ese "vacío de poder", el movimiento inmediato fue la reasunción de la soberanía absoluta por cada una de las provincias. Este principio fue el punto de partida del proyecto de construcción del estado nacional pero, al mismo tiempo, la fuente de las disputas entre las provincias.

El complejo juego de intereses provinciales de tamaño distinto, unos basados en fueros antiguos y otros en las nuevas jurisdicciones de finales del siglo XVIII, fueron definiendo las lealtades de signo distinto que se construyeron durante la Primera República. Por una parte, las grandes provincias-corregimiento se asociaron en el Congreso de las Provincias Unidas, entendiendo que la nueva nación sería el resultado de la cesión mancomunada de sus soberanías en favor de un cuerpo legislativo resultado de su federación. De la otra, Cundinamarca derivó hacia la dictadura para potenciar el esfuerzo militar que le demandó el proyecto de reconstruir la jurisdicción gubernativa del Nuevo Reino, fundamento de una nación que resultaría de su unión con las otras dos jurisdicciones gubernativas de Popayán y Cartagena. Finalmente, las pequeñas provincias-cabildo se la jugaron, para contrarrestar las pretensiones de dominio de las provincias-corregimiento, a la anexión a los grandes poderes gubernativos de Cundinamarca (Vélez, San Gil, Sogamoso) o España (Santa Marta y Pasto), capaces de defender sus aspiraciones de la autonomía, ofreciendo a sus naturales una mejor representación política.

Vista desde la perspectiva de las huestes de estado[77], el proceso de la independencia de la Nueva Granada fue una continuidad de las anteriores en la escena republicana: los 23 abogados que, con los tres expertos funcionarios de corregimiento y barrio, coparon el 72% de los altos empleos del Estado de Cundinamarca demuestran una consolidación de las aspiraciones de este grupo para ejercer el poderío estatal. Entre ellos, dos españoles: un antiguo oidor de la Real Audiencia, Juan Jurado, y un abogado de rancia estirpe, el doctor Francisco Manrique del Frago, casado con la hermana del administrador de la Casa de Moneda, doña Manuela Sanz de Santamaría. En cambio, los eclesiásticos y los militares vieron reducidas sus posibilidades, pues sólo colocaron conjuntamente seis funcionarios en la nueva hueste estatal. La continuidad de las antiguas huestes de estado es evidente, como también el empoderamiento de los profesionales de la pluma en detrimento de los poderes de los profesionales de la predicación y de las armas.

Resulta así que en la transición del régimen indiano del Estado de la Monarquía Hispánica al régimen representativo del Estado de Cundinamarca las huestes del estado conservaron su tradicional diferenciación profesional (abogados, eclesiásticos y militares) y sus efectivos más destacados, pero se produjo un reequilibrio de sus respectivos poderes inicialmente a favor del grupo de los abogados. La congregación de los diputados de los colegios electorales de las provincias que se dieron sus propias cartas constitucionales (Cundinamarca, Cartagena, Tunja, Antioquia, Mariquita, Neiva y Pamplona) y la adhesión de buena parte de ellos al Acta de Federación (27 de noviembre de 1811) tenía que empoderar a los abogados, dado su especial talento profesional para redactar esa clase de textos y para debatir sobre las nuevas instituciones liberales que requeriría el nuevo régimen estatal.

Fueron los hombres de armas que se improvisaron en las milicias, y que aprendieron a ser oficiales y generales en las batallas, quienes fueron concentrando las oportunidades de ejercer poder en la medida en que se fue generalizando la guerra civil. Las acciones militares iniciales se libraron entre milicias locales que defendían la "soberanía reasumida" respecto de las antiguas cabeceras provinciales, siguiendo después entre los dos conglomerados provinciales que se constituyeron (Cundinamarca y el Congreso de las Provincias Unidas), y entre éstos y los gobernadores españoles que se aprestaron para impedir la separación del Reino respecto del Estado Monárquico. Cuando se ahondó la diferenciación ideológica entre "españoles" y "americanos", pasando a una "guerra a muerte" entre ejércitos de mayor tamaño, acompañada de embargos y destierros recíprocos, las acciones de los profesionales de armas se orientaron por las recompensas que recibirían del rey Fernando VII en pago de su fidelidad, o por la gloria a alcanzar en la liberación de la patria, en un clima de mutuos prejuicios y temores.

Aunque la representación predominante de nuestros días ha acogido bien la idea de eclosión juntera[78] y la representación de sus actores en términos de "reasunción de la soberanía" para conservarla intacta al rey cautivo, incluso las palabras del virrey Amar respecto de que la Junta de Santafé "cargó con las atribuciones de la soberanía", dos historiadores han criticado a los actores por no distinguir la soberanía moderna respecto de la majestad antigua. Aunque parecer tratarse solamente "un punto de erudición", sostienen que este paso de la majestad a la soberanía es "un precioso recurso heurístico" para "aclarar los problemas que encontró la nación colombiana para construir la república y la democracia en el pluralismo". Esa confusión conceptual de "los autores del pasado", disipada recientemente por algunos intelectuales franceses[79], permitiría entender "el momento confederal de la Independencia en Colombia" ya no en términos de "una simple reversión de soberanía, como los actores se complacían en repetir", sino como "la construcción de una forma nueva a partir de una tradición intelectual renuente a la idea de un poder secularizado".[80]

Guillermo Sosa estudió la forma como fue aplicado el principio de la soberanía popular en la provincia de Cundinamarca durante la Primera República, tratando de mostrar la transformación de la dimensión política que produjo, "resultado de múltiples combinaciones con la tradición que, si bien se mantuvo como estructura dominante, al mismo tiempo se vio afectada por una serie de factores que incidieron de diversa forma en su desarrollo". Este trabajo[81] aportó una representación sobre las tempranas experiencias electorales, representativas y constitucionales, con lo cual la imagen de renovación política durante la Primera República se torna más nítida. Con ello, la precocidad de las referencias republicanas en el caso de la Nueva Granada tendrá que dar por el suelo con la mala tradición de seguir llamando esta brillante época con la irónica voz de "patria boba", tal como señaló antes de su fallecimiento François-Xavier Guerra.[82] El legado de la Primera República al orden colombiano que se erigió en la villa del Rosario de Cúcuta (1821) fue esa forma republicana de gobierno que experimentó tempranamente la Generación de la Independencia.

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[1] Armando Martínez Garnica, "Las juntas neogranadinas de 1810", en Cátedra de Historia de Iberoamérica (ed.), La independencia en los países andinos: nuevas perspectivas, Bucaramanga, OEI, U. Andina Simón Bolívar, 2004 (Memorias del Primer Módulo Itinerante de la Cátedra. Quito, 9-12 de diciembre de 2003), pp. 112-134. También "La reasunción de la soberanía por las provincias neogranadinas durante la Primera República", Anuario de historia regional y de las fronteras, Universidad Industrial de Santander, núm. 7, septiembre de 2002, Bucaramanga, pp. 3-59.

[2] Armando Martínez Garnica, "Las huestes del estado durante la Primera República en la Nueva Granada" en Memorias del XIII Congreso Colombiano de Historia, Bucaramanga, UIS, UNAL Sede Medellín, 2006, CD.

[3] Armando Martínez Garnica, "El problema de la representación política en el Primer Congreso General del Nuevo Reino de Granada (enero de 1811), Boletín de Historia y Antigüedades, Academia Colombiana de Historia, volumen XCI, núm. 824, enero-marzo de 2004, Bogotá, pp. 3-16. También "La transición de un reino indiano de la Monarquía Hispánica a un estado republicano en las provincias neogranadinas, 1810-1816", en Cátedra de Historia de Iberoamérica (ed.), Independencia y transición a los estados nacionales en los países andinos: nuevas perspectivas. Bucaramanga: OEI, UIS, 2005 (Memorias del Segundo Módulo Itinerante de la Cátedra. Cartagena, 10-13 de agosto de 2004), pp. 45-108.

[4] Armando Martínez Garnica, "Vicisitudes de la soberanía en la Nueva Granada", en Manuel Chust e Ivana Frasquet (eds.). Bastillas, cetros y blasones: la independencia en Iberoamérica, Madrid, MAPFRE, 2006. El problema de la gobernabilidad del Reino en la circunstancia de la reasunción de soberanías fue planteado recientemente por Jorge Conde Calderón: "Soberanía de los pueblos o el difícil arte de la gobernabilidad política en el Caribe colombiano entre 1810 y 1830" en Memorias del XIII Congreso Colombiano de Historia, Bucaramanga, UIS, UNAL Sede Medellín, 2006, CD.

[5] Rodrigo Llano Isaza, Centralismo y federalismo, 1810-1816, Bogotá, Banco de la República, El Áncora editores, 1999.

[6] John Lynch, "Los caudillos de la independencia: enemigos y agentes del estado-nación" en Problemas de la formación del estado y de la nación en Hispanoamérica, Bonn, Inter Nationes, 1984, pp. 197-218.

[7] Víctor Manuel Uribe Urán, "!Maten a todos los abogados! Los abogados y el movimiento de independencia en la Nueva Granada, 1809-1820", Historia y Sociedad, Universidad Nacional, Sede Medellín, núm. 7, 2000, Medellín, pp. 7-48. También Abogados, partidos políticos y Estado en Nueva Granada, 1790-1850, Bogotá, Informe final para la Fundación para la promoción de la investigación y la tecnología del Banco de la República, 1992. También "La América Latina colonial y postcolonial: ¿Tierra de abogados y leguleyos?", en Víctor Manuel Uribe y Luis Javier Ortiz (eds.), Naciones, gentes y territorios. Ensayos de historia e historiografía comparada de América Latina y el Caribe, Medellín, Universidad de Antioquia, 2000, pp. 229-269.

[8] Julio Gaitán Bohórquez, Huestes de estado. La formación universitaria de los juristas en los comienzos del estado colombiano, Bogotá, Universidad del Rosario, 2002.

[9] Diana Soto Restrepo, Francisco Antonio Zea: un criollo ilustrado, Aranjuez, Ediciones Doce Calles, 2000.

[10] Armando Martínez Garnica, "Las vicisitudes de un científico durante la independencia de la Nueva Granada", Anuario de Historia Regional y de las Fronteras, UIS, núm. 11, Bucaramanga, pp. 50-60.

[11] Manuel Chust, "Revolución y autonomismo hispano: José Mejía Lequerica" en Manuel Chust (ed.), Revoluciones y revolucionarios en el mundo hispano, Castelló de la Plana, Universitat Jaime I, 2000, p. 43-62. También "José Mejía Lequerica: diputado del Nuevo Reino de Granada a las Cortes de Cádiz", en Cátedra de Historia de Iberoamérica (ed.), La independencia en los países andinos: nuevas perspectivas, Bucaramanga, OEI, Universidad Andina Simón Bolívar, 2004 (Memorias del Primer Módulo Itinerante de la Cátedra. Quito, 9-12 de diciembre de 2003), pp. 63-78. También "José Mejía Lequerica, un revolucionario en las Cortes hispanas", Procesos, Universidad Andina Simón Bolívar, núm. 14, 2º semestre de 1999, pp. 53-68.

[12] La palabra pardo nombraba a todos los descendientes de africanos que eran libres. La documentación raramente menciona las palabras mulato o moreno, por lo que el pardo se diferenciaba socialmente del negro (esclavo) por su libertad personal. Por ello, la expresión "libres de todos los colores" designa bien a los pardos, ya que se trataba de mulatos y zambos libres.

[13] Meter Wade, Gente negra, nación mestiza, Bogotá, Siglo del Hombre, Universidad de los Andes, 1997, p. 415.

[14] Alfonso Múnera Cavadía, "Los artesanos mulatos y la independencia de la República de Cartagena, 1810-1816" en El fracaso de la nación: Región, clase y raza en el Caribe colombiano (1717-1821), Bogotá, Banco de la República, El Áncora, 1998.

[15] Jorge Conde Calderón, "La República ante la amenaza de los pardos" en El Caribe en la nación colombiana, Ministerio de Cultura, Museo Nacional de Colombia, Observatorio del Caribe Colombiano, Bogotá, 2006, pp. 189-213. Este artículo es una réplica a Marixa Lasso, quien mostró el uso político de la revolución haitiana por los pardos de Cartagena en su lucha "para poner fin al dominio de los blancos". Cfr. "Haití como símbolo republicano popular en el Caribe colombiano: provincia de Cartagena, 1811-1828, Historia Caribe, núm. 8, 2003, Barranquilla, pp. 5-18.

[16] Aline Helg, Liberty & Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835, Chapel Hill, The University of North Carolina Press, 2004.

[17] Aline Helg, "Raíces de la invisibilidad del afrocaribe en la imagen de la nación colombiana: independencia y sociedad, 1800-1821" en Museo, memoria y nación, Memorias de la IV Cátedra anual de historia "Ernesto Restrepo Tirado", Bogotá, Museo Nacional de Colombia, 2000, pp. 219-251.

[18] Oscar Almario García, "Racialización, etnicidad y ciudadanía en el Pacífico neogranadino, 1780-1830" en Cátedra de historia de Iberoamérica (ed.), Independencia y transición a los estados nacionales en los países andinos: nuevas perspectivas, Bucaramanga, OEI, UIS, 2005 (Memorias del Segundo Módulo Itinerante de la Cátedra. Cartagena, 10-13 de agosto de 2004), p. 317-356. También en La invención del Suroccidente colombiano, Medellín, Pontificia Universidad Bolivariana, 2005, tomo II, pp. 105-153.

[19] Rebecca Earle, "Indian Rebellion and Bourbon Reform in New Granada: Riots in Pasto, 1780-1800" en Hispanic American Historical Review, vol. 73, núm. 1, 1993. También "Popular participation in the Wars of Independence in New Granada" en Anthony McFarlane y Eduardo Posada Carbó (eds.), Independent and Revolution. Spanish America : Perspectives and Problems, London, Institute of Latin American Studies, 1999, pp. 87-101. También "Patriotismo criollo y el mito del indio fiel" en Eugénio dos Santos (ed.), Actas do XII Congreso Internacional de AHILA, Porto, Centro Leonardo Coimbra, Universidade do Porto, 2002, volumen II, pp. 91-102.

[20] Jairo Gutiérrez Ramos, Lealtad y disidencia: las rebeliones antipatrióticas de los indios de Pasto, 1821-1824. Tesis doctoral, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 2004. En prensa: Bogotá, Instituto Colombiano de Antropología e Historia, UIS, 2006. Algunos avances fueron publicados ya: "El infame tumulto y criminal bochinche: los indios de Pasto contra la República de Colombia, 1822-1824" en Cátedra de Historia de Iberoamérica (ed.), Independencia y transición a los estados nacionales en los países andinos: nuevas perspectivas. Bucaramanga: OEI, UIS, 2005 (Memorias del Segundo Módulo Itinerante de la Cátedra. Cartagena, 10-13 de agosto de 2004), pp. 371-399. En la versión publicada en la revista Memorias, el título ya no habla de "indios" sino de "campesinos". Cfr. "El infame tumulto y criminal bochinche: las rebeliones campesinas de Pasto contra la República, 1822-1824", Memorias, Archivo General de la Nación, núm. 12, 2004, Bogotá, pp. 12-37.

[21] Evelyn Cherpak, "La participación de las mujeres en el Movimiento de la Independencia de la Gran Colombia, 1780-1830" en Asunción Lavrin (comp.), Las mujeres latinoamericanas, México, FCE, 1985, pp. 235-270.

[22] Mercedes Guhl, "Las madres de la Patria: Antonia Santos y Policarpa Salavarrieta" en María Mercedes Jaramillo y Betty Osorio (eds.), Las desobedientes: mujeres de nuestra América, Bogotá, Panamericana, 1977, pp. 118-130.

[23] Alonso Valencia Llano, "Las mujeres en la independencia: Las heroínas en la cotidianidad de la guerra, Región, Centro de Estudios Regionales, núm. 7, julio de 1999, Cali, pp. 81-116. Reeditado en Mujeres caucanas y sociedad republicana, Cali: Universidad del Valle, 2001, pp. 19-59.

[24] Nancy Otero Buitrago y John Lerma Rosas, "Participación de las mujeres en el proceso de independencia del suroccidente colombiano, 1790-1822", Región, Centro de Estudios Regionales, núm. 8, agosto de 2000, Cali, pp. 95-114.

[25] Recientemente, Carlos Álvarez Saá compiló Los diarios perdidos de Manuela Sáenz, Bogotá, FICA, 2005. Para una bibliografía actualizada de este personaje femenino ver Judith Nieto López, De literatura e historia: Manuela Sáenz entre el discurso del amor y el discurso del otro, Bucaramanga, Universidad Industrial de Santander, 2006.

[26] Gabriel Puyana García, "La Primera República y la Reconquista" en Álvaro Valencia Tovar (dir.), Historia de las Fuerzas Militares de Colombia, Bogotá, Planeta, 1993, Tomo 1 (Ejército), pp. 77-283. Roberto Ibáñez, "La independencia" en Ibid, tomo 1, pp. 285-380.

[27] Blas Alfonso Riaño Uparela, Las guerras civiles de la Patria Boba, Bogotá, Rafael López López, 1983.

[28] Eduardo Pérez Ochoa, La guerra irregular en la independencia de la Nueva Granada y Venezuela, 1810-1830, Tunja, Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, 1982.

[29] Hermes Tovar Pinzón, "Guerras de opinión y represión en Colombia durante la Independencia (1810-1820), Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, Universidad Nacional de Colombia, núm. 11, 1983, Bogotá, pp. 187-234.

[30] Rafael Pardo Rueda, "Las guerras de independencia" y "La campaña libertadora" en La historia de las guerras. Bogotá: Javier Vergara Editor, 2004, pp. 89-197.

[31] Allan J. Kuethe, "Las milicias disciplinadas en América" en Allan J. Kuethe y Juan Marchena (eds.), Soldados del rey: el ejército borbónico en América colonial en vísperas de la independencia, Castelló de la Plana, Universitat Jaime 1, 2005, pp. 101-126. También Reforma militar y sociedad en la Nueva Granada, 1773-1808, Bogotá, Banco de la República, 1993.

[32] Clément Thibaud, Guerre et révolution. Les armées bolivariennes dans la guerre d´indépendance en Colombie et au Venezuela, tesis doctoral, Universidad de París I - Sorbona, octubre de 2001. Traducción castellana de Nicolás Suescún: Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y Venezuela, Bogotá, Planeta, 2005. También: "Formas de guerra y mutación del Ejército durante la guerra de independencia en Colombia y Venezuela· en Jaime E. Rodríguez O. (ed.), Revolución, independencia y las nuevas naciones de América, Madrid, Fundación Mapfre Tavera, 2005, pp. 339-364. También "En búsqueda de un punto fijo para la república. El cesarismo liberal (Venezuela-Colombia), 1810-1830", Revista de Indias, volumen LXII, núm. 225, mayo-agosto de 2002, Madrid, pp. 463-492.

[33] Georges Lomné, "Una palestra de gladiadores: Colombia de 1810 a 1828: ¿guerra de emancipación o guerra civil?" en Museo, memoria y nación, Memorias del Simposio Internacional y IV Cátedra anual de historia "Ernesto Restrepo Tirado" (Museo Nacional de Colombia, 24-26 de noviembre de 1999), Bogotá, Ministerio de Cultura, 2000, pp. 285-312.

[34] Maurice P. Bringardt, "The Economy of Colombia in the Late Colonial and Early Nacional Periods" en John R. Fischer, Allan J. Kuethe y Anthony McFarlane (eds.), Reform and Insurrection in Bourbon New Granada and Peru, Louisiana State University Press, Baton Rouge, 1990, cap.7, pp. 164-193.

[35] Gustavo Bell Lemus, "El impacto económico de la independencia en Cartagena 1821-1830" en Cartagena de Indias: de la colonia a la república, Bogotá, Fundación Simón Lola Guberek, 1991.

[36] Marco Palacios, "Las consecuencias económicas de la independencia en Colombia: sobre los orígenes del subdesarrollo", Boletín Cultural y Bibliográfico, volumen. 29, núm. 31, 1992, Bogotá, pp. 3-23.

[37] Adelaida Sourdis Nájera, "El precio de la independencia en la Primera República: la población de Cartagena de Indias (1814-1816)" en Memorias del XIII Congreso Colombiano de Historia, Bucaramanga, UIS, Universidad Nacional de Colombia, 2006, CD.

[38] Lydia Álvarez, Santafé de Bogota, 1810-1812 : les mutations de l'imaginaire politique à travers la presse, tesis de doctorado, París, 1992.

[39] Georges Lomnè, La lis et la Grenada. Mis en scène et mutation imaginaire de la souveranité à Quito et Santa Fe de Bogotá, 1790-1830, Université de Marne-La-Vallée, 2003.

[40] Georges Lomnè, "El espejo roto de la Colombia bolivariana (1820-1850)" en Antonio Annino y François-Xavier Guerra (coords.), Inventando la nación: Iberoamérica siglo XIX, México: FCE, 2003, pp. 475-500.

[41] Georges Lomnè, "La patria en representación. Una escena y sus públicos: Santafé de Bogotá, 1810-1828" en Los espacios públicos en Iberoamérica. Ambigüedades y problemas. Siglos XVIII y XIX, México, FCE, 1998, pp. 321-339. También "Las ciudades de la Nueva Granada. Teatro y objeto de los conflictos de la Memoria Política (1810-1830)", Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, Universidad Nacional de Colombia, núm. 21, 1993, pp. 114-135.

[42] Clément Thibaud y María Teresa Calderón, "La construcción del orden en el paso del Antiguo Régimen a la República: redes sociales e imaginario político del Nuevo Reino de Granada al espacio Grancolombiano", Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, Universidad Nacional de Colombia, núm. 29, 2002, Bogotá, pp. 135-165.

[43] Javier Ocampo López, Los catecismos políticos en la independencia de Hispanoamérica: de la Monarquía a la República, Tunja, UPTC, 1988 (Nuevas lecturas de historia, 3).

[44] Margarita Garrido, "Los sermones patrióticos y el nuevo orden en Colombia, 1819-1820", Boletín de Historia y Antigüedades, Academia Colombiana de Historia, núm. 826, julio- septiembre de 2004, Bogotá, pp. 461-483. También "Contrarrestando los sentimientos de lealtad y obediencia: los sermones en defensa de la independencia en el Nuevo Reino de Granada", en Eugénio dos Santos (ed.). Actas do XII Congreso Internacional de AHILA, Porto, Centro Leonardo Coimbra da Facultade de Letras da Universidade do Porto, 2001, volumen II, pp. 65-79.

[45] Christiane Laffite Carles, La costa colombiana del Caribe (1810-1830), Bogotá, Banco de la República, 1995.

[46] Aline Helg, Liberty & Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835, Chapel Hill, The University of North Carolina Press, 2004.

[47] Adelaida Sourdis Nájera, "Ruptura del estado colonial y tránsito hacia la república, 1800-1850" en Adolfo Meisel Roca (ed.), Historia económica y social del Caribe Colombiano, Bogotá, Uninorte, 1994, pp. 155-228. Previamente había publicado Cartagena de Indias durante la primera República, 1810-1815, Bogotá, Banco de la República, 1988.

[48] Ana Catalina Reyes Cárdenas, "Soberanías, territorios y conflictos en el Caribe Colombiano durante la Primera República, 1808-1815", Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, num. 30, 2003, Bogotá. pp. 149-198.

[49] Ana Catalina Reyes Cárdenas, "La fragmentación étnica y política y su incidencia en la Independencia de la Nueva Granada, 1750-1815" en Cátedra de Historia de Iberoamérica (ed.), Independencia y transición a los estados nacionales en los países andinos: nuevas perspectivas. Bucaramanga: OEI, U. Andina Simón Bolívar, 2004 (Memorias del Primer Módulo Itinerante de la Cátedra. Quito, 9-12 de diciembre de 2003); pp. 281-315. La tesis doctoral de esta profesora antioqueña fue defendida a finales del 2006 en la Universidad Pablo de Olavide bajo el título de Hombres y territorios, identidades e independencias. El caso de la Nueva Granada, 1780-1816.

[50] Steinar A. Saether, Identidades e independencia en Santa Marta y Riohacha, 1750-1850. Bogotá, Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2005.

[51] Jaime Duarte French, Los tres Luises del Caribe: ¿corsarios o libertadores?, Bogotá, El Áncora Editores, 1988.

[52] Adelaida Sourdis, El Consulado de Comercio de Cartagena de Indias: reflejo final de una época, Cartagena de Indias, Cámara de Comercio de Cartagena, 1990.

[53] Ángel Álvarez Romero, "El Consulado en el proceso de independencia de Cartagena de Indias", en Anuario de Estudios Hispanoamericanos, Sevilla, 1996.

[54] Justo Cuño, "Sobre ilustrados, militares y laberintos: La proclamación de la Constitución de Cádiz en 1820 en Cartagena de Indias" en Historia Caribe, Barranquilla, num. 6, 2001, pp. 55-87.

[55] Adolfo Meisel Roca, "Entre Cádiz y Cartagena de Indias: la red familiar e los Amador, del comercio a la lucha por la independencia americana", Boletín de Historia y Antigüedades, Academia Colombiana de Historia, núm. 826, julio-septiembre de 2004, Bogotá, pp. 589-611.

[56] Jane M. Rausch, Una frontera de la sabana tropical: Los llanos de Colombia, 1531-1831, Bogotá, Banco de la República, 1994, parte VII.

[57] Héctor Publio Pérez Ángel, La participación de Casanare en la guerra de independencia, 1809-1819, 1 ed. Bogotá, ABC, 1988. 2 ed. aumentada, Bogotá, Panamericana, 2005.

[58] Germán Colmenares (ed.), La Independencia: ensayos de historia social, Bogotá, Colcultura, 1986. También "Popayán: continuidad y discontinuidad regionales en la época de la Independencia" en Reinhard Liehr (ed.), América Latina en la época de Simón Bolívar, Berlín, Colloquium Verlag, 1989, pp. 157-181.

[59] Francisco Zuluaga, "La independencia en la gobernación de Popayán" en Historia del Gran Cauca, Cali, Universidad del Valle, 1996, pp. 91-98.

[60] Zamira Díaz López: "Los cabildos en la génesis de la República en el suroccidente neogranadino, 1808-1821" en Memorias del XIII Congreso Colombiano de Historia, Bucaramanga, UIS, U. Nacional (sede Medellín), 2006, CD.

[61] Oscar Almario García, "Muchos actores, varios proyectos, distintas guerras: la Independencia en la Gobernación de Popayán y en las provincias del Pacífico, 1809-1824", en Cátedra de Historia de Iberoamérica (ed.), La independencia en los países andinos: nuevas perspectivas, Bucaramanga, OEI, U. Andina Simón Bolívar, 2004 (Memorias del Primer Módulo Itinerante de la Cátedra. Quito, 9-12 de diciembre de 2003); pp. 144-163. También en La invención del Suroccidente colombiano, Medellín, Pontificia Universidad Bolivariana, 2005, tomo II, pp. 43-104.

[62] Jean-Pierre Minaudier, La région de Pasto (Colombie) à l'époque de l'Indépendance (1750-1825), París, Universidad de Paris I, Sorbona, 1987.

[63] Rebecca A. Earle, Regional Revolt and Local Politics in the Province of Pasto (Colombia), 1780-1850. M. A. Dissertation, University of Warwick, 1989. También Spain and the independence of Colombia, 1810-1825, Exeter, University of Exeter Press, 2000.

[64] Jairo Gutiérrez Ramos, "La provincia de Pasto en las guerras de independencia, 1809-1825" en Cátedra de Historia de Iberoamérica (ed.), La independencia en los países andinos: nuevas perspectivas, Bucaramanga, OEI, U. Andina Simón Bolívar, 2004 (Memorias del Primer Módulo Itinerante de la Cátedra. Quito, 9-12 de diciembre de 2003); pp. 135-143.

[65] Brian R. Hamnett, "Popular Insurrection and Royalist Reaction: Colombian Regions, 1810-1823" en John R. Fischer, Allan J. Kuethe y Anthony McFarlane (eds.), Reform and Insurrection in Bourbon New Granada and Peru, Louisiana State University Press, Baton Rouge, 1990, cap. 10, pp. 292-339.

[66] Rodrigo Llano Isaza, "Efemérides de la Primera República", Boletín de Historia y Antigüedades, Academia Colombiana de Historia, números 784 y 789, 1985, pp. 147-164 y 501-523.

[67] Annick Lempérière, "Revolución y Estado en América Hispánica, 1808-1825" en María Teresa Calderón y Clément Thibaud (coords.), Las revoluciones en el Mundo Atlántico, Bogotá, Taurus, Universidad Externado de Colombia, 2006, p. 55-77.

[68] Hans-Joachim König, "Nacionalismo y Nación en la historia de Iberoamérica" en Hans-Joachim König, Tristan Platt y Colin Lewis (coord.), Estado-nación, Comunidad indígena, Industria, Netherlands, AHILA, 2000 (Cuadernos de historia latinoamericana, núm. 8), pp. 7-47. También En el camino hacia la nación: Nacionalismo en el proceso de formación del Estado y de la Nación de la Nueva Granada, 1750 a 1856, Bogotá, Banco de la República, 1994. También "Símbolos nacionales y retórica política en la independencia: el caso de la Nueva Granada" en Inge Buisson et a. (eds.). Problemas de la formación del estado y la nación en Hispano-América, Köln, Bühlau Verlag, 1984. También "Discursos de identidad, Estado-nación y ciudadanía en América Latina: viejos problemas, nuevos enfoques y dimensiones" en Historia y Sociedad, Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín, núm. 11, septiembre de 2005, Medellín, pp. 9-31.

[69] Hans-Joachim König, "Nacionalismo y Nación en la historia de Iberoamérica", Op. Cit., 2000, pp. 38-39.

[70] María Teresa Uribe, "La elusiva y difícil construcción de la identidad nacional en la Gran Colombia" en Francisco Colom González (ed.), Relatos de nación. La construcción de las identidades nacionales, Madrid, Iberoamericana, 2005, tomo I, pp. 225-249.

[71] Gustavo Bell Lemus, "¿Costa Atlántica? No: Costa Caribe" en El Caribe en la nación colombiana, Ministerio de Cultura, Museo Nacional de Colombia, Observatorio del Caribe Colombiano, Bogotá, 2006, pp. 123-149.

[72] Alfonso Múnera Cavadía, El fracaso de la nación: Región, clase y raza en el Caribe colombiano (1717-1821), Bogotá, Banco de la República, El Áncora, 1998.

[73] Manuel José Forero, La Primera República, Bogotá, Lerner, 1966 (Historia Extensa de Colombia, vol. V).

[74] Armando Martínez Garnica, El legado de la "Patria Boba", Bucaramanga, Sistemas y Computadores, 1998. Anthony McFarlane, "La construcción del orden político: la `Primera República´ en la Nueva Granada, 1810-1815", Historia y sociedad, Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín, Nº 8, 2002, Medellín, pp. 47-82.

[75] "Este período de 1811 a 1816, en que se abortó la tentativa de independencia en la Nueva Granada, se ha llamado tradicionalmente la Patria Boba. El nombre es bien merecido". Cfr. Frank Safford y Marco Palacios, Colombia: país fragmentado, sociedad dividida, su historia, Bogotá, Norma, 2002, p. 215. Aceptando que "todo el período desde 1810 hasta la reconquista fue llamado Patria Boba por los historiadores posteriores", David Bushnell reconoció que "bobos o no, los primeros gobiernos independientes alcanzaron muchos logros importantes". Cfr. Colombia: una nación a pesar de sí misma: de los tiempos precolombinos a nuestros días, Bogotá, Planeta, 1996, p. 69. En las memorias de uno de sus contemporáneos, don José María Espinosa, se advirtió que el origen de la expresión fue un tropo irónico: "... la primera y gloriosa época de nuestra emancipación política... esa época que sólo por ironía ha podido apellidarse la Patria Boba". Cfr. Memorias de un abanderado, Bogotá, 1876.

[76] Una representación detallada de estos logros de "los bobos" puede verse en Armando Martínez Garnica, La agenda liberal temprana en la Nueva Granada, 1800-1850, Bucaramanga: Universidad Industrial de Santander, 2006.

[77] Armando Martínez Garnica, "Las huestes del estado durante la Primera República en la Nueva Granada" en Memorias del XIII Congreso Colombiano de Historia, UIS, UNAL (Sede Medellín), Bucaramanga, 2006. CD-Rom.

[78] Una mirada de conjunto a este proceso fue presentada por Jaime E. Rodríguez en "Las primeras juntas autonomistas, 1808-1812" en Germán Carrera Damas (ed.), Crisis del régimen colonial e Independencia, Quito, Universidad Andina Simón Bolívar, 2003 (Historia de América Andina, volumen 4), pp. 129-168.

[79] Los autores se fundan en Yan Thomas ("L´institution de la majesté", Revue de synthèse, núm.3- 4, 1991, París, pp. 331-386) y en los comentarios de Jean-Fréderic Schaub ("Une histoire culturelle comme historie politique", Annales, LVI, núm. 4-5, 2001, París, pp. 981-997), según el cual "la monarquía española desconocía en la práctica la noción de soberanía".

[80] Clément Thibaud y María Teresa Calderón, "De la majestad a la soberanía en la Nueva Granada en tiempos de la Patria Boba, 1810-1816" en María Teresa Calderón y Clément Thibaud (coords.), Las revoluciones en el Mundo Atlántico, Bogotá, Taurus, Universidad Externado de Colombia, 2006, p. 365-401.

[81] Guillermo Sosa, Representación e independencia, 1810-1816, Bogotá, Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2006.

[82] François-Xavier Guerra, "La identidad republicana en la época de la independencia" en Museo, memoria y nación, Memorias del Simposio Internacional y IV Cátedra anual de historia "Ernesto Restrepo Tirado" (Museo Nacional de Colombia, 24-26 de noviembre de 1999), Bogotá, Ministerio de Cultura, 2000, pp. 253-283.

Ex libris de Armando Martínez Garnica: las tres plumas del Príncipe de Gales sobre una corona, con el lema «Ich Dien» y su nombre manuscrito.
Del archivo personal de Armando Martínez Garnica.