Influencia de los sucesos de Caracas en el Nuevo Reino de Granada, 1807-1812
Armando Martínez Garnica
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El Virreinato de Santa Fe y la Capitanía General de Venezuela eran dos entidades administrativas distintas del Estado monárquico absoluto de los Borbones españoles. Los cuerpos de vasallos que administraban en sus respectivas jurisdicciones eran distintos, pero sin embargo hacían parte del conjunto de todos los estados de la misma monarquía católica. Esa pertenencia conjunta a lo que se comenzó a designar en la primera mitad del siglo XIX con el nombre de Nación Española es la condición del interés y atención con que sus respectivos sucesos eran seguidos por los ilustrados de ambas jurisdicciones.
La Gaceta de Caracas era leída con mucho interés por los abogados neogranadinos, pues por este medio seguían las noticias europeas. Fue así como el abogado más brillante que actuaba en los estrados de las Real Audiencia de Santa Fe, el doctor Camilo Torres Tenorio, adquiría y distribuía entre sus amigos entregas de dicho periódico, tal como se registra en una carta dirigida a su hermano Jerónimo desde Santa Fe, el 5 de febrero de 1809, quien vivía en la ciudad natal de ambos, Popayán:
Has hecho bien en no copiar el papel de Cevallos porque aquí lo he visto yo antes que tú en su original en la Gazeta de Caracas.... Ahora te incluyo una copiecita de que te hablé en el pasado, y que no te incluí no por olvido, sino porque las presté y no me la volvieron a tiempo. Van también esas copias de Caracas de los sucesos de allí, y de la batalla que se dice dada en España, aunque la primera noticia sin duda es exagerada y la segunda falsa; porque la misma Gazeta de Caracas supone acontecido este gran suceso el 15 de octubre, y tenemos cartas de Cádiz por Cartagena hasta 9 de noviembre, en que no dicen nada.[1]
Este mismo abogado, redactor de la representación que el Cabildo de Santa Fe dirigió a la Junta Central y Suprema de España y las Indias en 1809, y también candidato de seis cabildos del Virreinato (Santa Fe de Bogotá, Santa Fe de Antioquia, Pamplona, Santiago de las Atalayas, Socorro y Popayán) a diputado ante ella, siguió con atención el resultado de esas elecciones en los cabildos de la vecina Capitanía, donde resultó electo un paisano suyo, el payanés Joaquín de Mosquera y Figueroa, a la sazón regente visitador de la Audiencia de Caracas. En una carta que dirigió al doctor Santiago Pérez y Valencia desde Santafé, el 5 de junio de 1809, dejó testimonio del interés político por los diputados de Virreinato y de la Capitanía General:
En las elecciones puede haber mucha maldad. Cuidado con el influjo que se les dé a los que no lo deben tener, o a los viles instrumentos de quienes se valgan. Sepa usted que en Mariquita ha salido don Andrés Torres, un comerciante de Cartagena, de quien vuestra merced tendrá largas noticias. En Tunja han elegido a la Loca Torres, el cura de allí, escapándose Jover, que entró también en cántara, (vuestra merced los conoce, mi amigo); y de Pamplona ha venido don Pedro Groot. En Maracaibo, aunque perteneciente a Caracas, han elegido al gobernador Miyares: ¿qué pura habrá andado la elección, y cómo se juegan títeres en este mundo? En fin, amigo, Pombo, Pombo, (diga lo que quiera ese gobernador a quien este sujeto no agrada según usted me instruye), sin agravio de nadie, es el que necesita el Reino, y por eso a este y a otros de su carácter les temblarán siempre los que conocen que puede abatir su imperio, y sostener los derechos de su país. Dios quiera que lleguen estas reflexiones a tiempo.... Aquí está señalado el 12 de este mes para la elección.
Efectivamente, el 12 de junio de 1809 se realizó la selección de la terna del cabildo de la capital del Virreinato, resultando el doctor Torres en ella, junto con dos abogados más: el santafereño Luis Eduardo de Azuola y el tunjano José Joaquín Camacho. El sorteo realizado por la mano de un niño en una jarra de plata favoreció al doctor Azuola. El 16 de septiembre siguiente procedió el Real Acuerdo a escoger la terna final del Virreinato, resultando integrada por el doctor Azuola, don Juan José Matheu -conde de Puñonrostro- y el mariscal de campo don Antonio de Narváez. Un niño de tres años, llamado Ramón M. Arjona, sacó de la jarra de plata la boleta correspondiente al mariscal Narváez, el cartagenero que se convirtió en el diputado del Virreinato de Santa Fe. Como se sabe, el cabildo de Caracas controvirtió la elección del diputado de la Capitanía General, precisamente porque su origen payanés lo hacía no natural de ella, y el éxito de esta demanda llevó al doctor Mosquera a las filas del Real Consejo de Indias, y desde 1813 a integrar el Real Consejo de Regencia, convirtiéndose en el neogranadino que más alto pudo encumbrarse en la burocracia del Estado hispano.
En otra carta enviada por el doctor Torres a don Santiago Pérez de Valencia desde Santafé, el 21 de noviembre de 1809, muestra como la Gaceta de Caracas era su mejor fuente de información para el conocimiento de los asuntos peninsulares:
Las últimas noticias de España son las que usted verá en la Gaceta de Caracas; pero por cartas particulares se sabe que está disuelta la Junta Central, y en su lugar creado un Consejo de Regencia, compuesto del Cardenal de Borbón, presidente, dos consejeros íntimos, Conde de Altamira y Jovellanos, y tres áulicos, Ceballos, Cuesta y Saavedra; secretario del Consejo, Garay. Ignoramos los pormenores y antecedentes de esta mutación...
Gracias a la Gaceta de Caracas comprobó el doctor Torres que los diputados de América ante la Junta Central ya no tenían destino alguno, como tampoco serían ya necesarias las instrucciones que muchos cabildos habían preparado para el diputado del Virreinato. Esta doble frustración del extraordinario trabajo político que los abogados neogranadinos habían realizado durante el año 1809 es el supuesto de las decisiones que tomaron en el siguiente año de 1810. Pero para ello no solamente tenían la inspiración de la fallida junta de gobierno que se formó en el Quito del 10 de agosto de 1809, sino de la que se formó en Caracas durante la Semana Santa de 1810.
Por su vecindad, los corregimientos de Pamplona, Socorro y Tunja, así como la plaza de Cartagena de Indias, fueron los lugares que registraron con mayor prontitud la erección de la Junta suprema de Caracas. Sabemos que don José Jover, teniente de corregidor y justicia mayor de Tunja, hizo leer un bando firmado el 7 de junio de 1810 para prevenir el llamado "contagio de rebeldía" que procedía de Caracas. He aquí el bando que fue leído en todas las poblaciones del corregimiento de Tunja:
Hago saber que la obstinación y perversidad de los vecinos de la ciudad de Caracas ha llegado hasta el lamentable extremo de retraerse de la justa obediencia a la suprema autoridad que ejerce la Soberanía en nombre de nuestro legítimo Rey el señor Don Fernando Séptimo (que Dios guarde), en cuya virtud se hace forzoso cortar toda comunicación con aquellos ingratos y rebeldes vasallos; y para este fin ordeno y mando a todos los estantes y habitantes en esta provincia de Tunja de cualquiera clase, sexo, condición y fuero que sean que no traten directa ni indirectamente con los expresados vecinos, que no admitan ninguna clase de papeles, ni emisarios de cualquier parte de aquella provincia, y que los sujetos que tuvieren noticia de tales emisarios, o papeles, los denuncien a este juzgado bajo el apercibimiento de que serán tratados como reos de estado y alta traición contra la Patria y Soberano. Y para que llegue a noticia de todos publíquese por bando y fíjese copia en la parte acostumbrada. Fecho en la ciudad de Tunja en siete de junio de mil ochocientos diez años. José Jover. Ante mí, José Dimas Azevedo".[2]
En este mismo día los señores capitulares de la ciudad de Tunja leyeron en su sesión ordinaria la comunicación que el virrey Antonio Amar y Borbón había enviado al teniente de corregidor de Tunja para informarle sobre los sucesos acaecidos en Caracas, encargándole que estuviese vigilante y "se cele que no se introduzca en esta provincia emisarios ni papel alguno que puedan dirigir los rebeldes de la ciudad de Caracas, con el depravado objeto de atraer a su abominable partido a los leales vasallos de esta provincia, y que en el caso de introducirse unos u otros se les diese parte o aviso para providenciar lo conveniente en defensa de los derechos de nuestro legítimo soberano Don Fernando 7º, lo que se prometía de la lealtad, fidelidad y patriotismo de todos los individuos de este cuerpo". Efectivamente, el teniente de corregidor ordenó al cabildo cumplir con lo que había prevenido el virrey.[3]
Mucho más al sur, en la ciudad interior de Popayán, su vecindario registró en el mes de octubre del mismo año la influencia de las noticias de la junta caraqueña, para entonces ya acompañada de la noticia de la erección de la junta suprema de Santa Fe. El doctor Santiago Arroyo, en los apuntes que iba llevando sobre los novedosos sucesos políticos, asentó el siguiente registro:
Octubre de 1810. Disuelta la Junta y acalorados los ánimos con los sucesos de Santafé, y con los papeles que hacían valer los derechos de los americanos en esa capital y en Caracas, Cartagena... los vecinos de Popayán se creyeron maltratados con el vilipendio hecho a la Junta. En consecuencia se reunieron en Santo Domingo en número de más de ciento de los notables, para pedir el establecimiento de la Junta, con autoridad bastante para obrar por sí sola. Tacón estaba fuera de la ciudad, de paseo en su berlina: supo la agitación y vino de carrera. Se le presentó el vecindario, y no pudo menos que deferir a sus deseos, conviniendo en citar a los barrios y a sus diputados para deliberar. Se entregaron los cuarteles al mando de don José María Mosquera, y quedó todo concluido con una conferencia verbal y tranquila.[4]
En 1811, cuando el Congreso de las provincias de Venezuela se reunió, las noticias sobre lo que ocurría en sus sesiones fueron seguidas por los abogados santafereños con mucha atención. El doctor José Gregorio Gutiérrez, quien informaba de todo lo que ocurría a su hermano Agustín, residente en Santa Marta, es una fuente de primer orden para el registro de esa atención. El 9 de junio de 1811, por ejemplo, relataba a su hermano lo siguiente:
El Congreso de Caracas está dominado por la Sociedad Patriótica que se ha establecido allí. Se compone ya de más de 150 miembros, entre ellos Miranda. Tienen sus sesiones públicas, se tratan materias que le gustan al Pueblo, y forman sus actas. Regularmente los puntos que se discuten son de los que actualmente trata el Congreso, y que este va a decidir, no puede hacer otra cosa que lo que ha determinado ya la Sociedad Patriótica. Todo esto cómo les agradará a los chapetones, y a los Ingleses, que se disputarán quién debe llevarse la presa.[5]
La actividad de los abogados santafereños respecto de los sucesos de Caracas fue la de intermediarios políticos respecto de las provincias del sur, pues de esta sede del Virreinato salían los correos cargados de noticias y Gacetas de Caracas por las rutas de Quito y el Perú. El mismo José Gregorio Gutiérrez daba cuenta a su hermano de este singular movimiento político:
De aquí han enviado noticias en bruto, gazetas de Caracas a millares, para que se impongan a fondo y tengan razón en Lima y el Perú, en donde los patriotas han avanzado mucho y reducido a Abascal al último trance. Hasta los ingleses han reconocido ya la independencia de América, y envían a Buenos Aires un cónsul, o embajador, a tratar con aquel Gobierno. Lo mismo anuncian para Caracas aquellas gazetas, y todos estos antecedentes, de que no tenían noticia los quiteños porque la correspondencia la interceptaba Molina en Guayaquil es preciso que los exalte de alegría, que los entusiasme, y que les dé mayor valor y fuerzas para concluir de una vez con Tacón, y quitar de en medio este padrastro que nos ha causado perjuicios incalculables.[6]
Como se sabe muy bien, el 5 de julio de 1811 se produjo en el Congreso la votación que aprobó la Declaración de independencia de Venezuela respecto de la monarquía de los Borbones. Esta noticia llegó a Santafé durante el mes siguiente y produjo un estallido popular de júbilo que fue relatado por José Gregorio Gutiérrez a su hermano con las siguientes palabras:
"Caraqueños (dice la proclama en que se anunció esta determinación en Caracas) ya no reconocéis superior alguno sobre la tierra, solo dependéis del Ser eterno". Este papel que vino impreso en un carácter de letra arrogante lo fijó el Bola Ricaurte en la esquina de la Calle Real. Comenzó a divulgarse la noticia; los chisperos empezaron a ensalzar hasta las nubes la conducta de Caracas y a blasfemar de la España y de Fernando 7º, y la Calle Real se llenó de gente. Por la tarde pidieron licencia para una música, y salieron con ella desde la Plaza por las calles reales hasta las Nieves, quemando voladores sin término, y gritando "Viva la independencia". Toda la jarana duró hasta las 6, en que gritaban ya "muera Fernando 7º, por pendejo, y todos los chapetones", y se quitaron e hicieron quitar las escarapelas.[7]
Los caraqueños estuvieron interesados en que sus vecinos del Nuevo Reino de Granada que habían erigido juntas provinciales durante el año anterior también pasaran a declarar la independencia. La Junta de Santafé había desconocido la autoridad del Consejo de Regencia desde el 26 de julio de 1810, y era opinión general que no tardaría mucho en declarar la independencia, pero la Junta de Cartagena no había desconocido a la Regencia y además mantenía correspondencia con los diputados suplentes del Nuevo Reino que permanecían en Cádiz. Incluso había escogido al doctor José María García de Toledo, el 8 de junio de 1810, como diputado propietario de la provincia de Cartagena antes las Cortes generales y extraordinarias de la Nación española. Según una carta de Agustín Gutiérrez a su hermano, datada en Barranquilla el 25 de septiembre de 1811, los caraqueños habían preguntado a los santafereños sobre "cuál sería el dictamen de Cartagena en orden a declarar la absoluta independencia: si la abrazaría, o si tomaría medidas contrarias". Según su informe,
Santafé contestó en calidad de reservado, haciendo los mayores elogios de aquella [Cartagena], concediéndole mucha ilustración y mejores conocimientos políticos, en fin, alabándola cual no lo hubieran acertado a hacer los mismos piringos. Caracas levantó al oficio la calidad de reservado, lo insertó en sus papeles públicos, y Cartagena cuando menos lo esperaba vio una prueba de la ingenuidad, franqueza, y magnanimidad de una provincia a quien ha mirado como a su mayor enemiga, ¿Lo creerás? Pues en la tertulia de la casa consistorial [de Cartagena] fue preciso confesar a voces que no se podía dudar de la buena fe de los señores cundinamarqueses. Así me lo aseguró un testigo presencial, pero ignoro cuál sea el papel de Caracas porque no lo he visto.[8]
Sabemos que don Miguel de Pombo mantenía una nutrida correspondencia con el venezolano Domingo González. Este último decidió enviarle una copia de esa correspondencia a Juan Germán Roscio, quien en la respuesta que dio desde Caracas, el 7 de septiembre de 1811, vertió unos comentarios muy ilustrativos sobre el interés de algunos congresistas venezolanos en el desarrollo de los acontecimientos políticos en Cartagena:
He recibido su correspondencia con la del Sr. Pombo, que verdaderamente es interesante, y tanto que en nuestra primera Gazeta saldrán los artículos concernientes a Santa Marta y Guayaquil, por lo menos. Es muy importante el clamor de Cartagena por la independencia absoluta. Considero que este clamor nacería de la novedad del casamiento de Fernando que he leído en El Argos. Sin ella sobraban razones para tan justa solicitud y es prueba de su trascendencia el que los mismos pueblos la propagan. Este era mi sentir siempre que se trataba de este punto. Manifestaba previamente la razón y justicia de la independencia de Venezuela y de toda la América, su necesidad, etc., pero concluía diciendo que aún no era tiempo por la ignorancia de los pueblos, por nuestra falta de confederación con Santafé, para figurar una soberanía más bien fundada sobre otra población más numerosa y más rica, y por estar, todavía nuestros brazos algo desarmados para sostener a toda costa nuestra libertad e independencia...
Aún no he acabado de leer los periódicos de Cundinamarca y Cartagena que traen cosas de importancia. Ya habíamos recibido por Curazao, enviados por la misma Junta de Cartagena, varios ejemplares del informe sobre contribuciones, navegación, comercio, industria, etc., y habíamos conocido su mérito. No están olvidados los libros del Sr. Pombo, pero dilatan porque no habiéndolos en Caracas fue menester pedirlos a Norte América. Por medio del cónsul de aquellos Estados y de nuestros Comisionados están encargados.
He visto impresos en el periódico ministerial de Santafé los puntos que se propusieron para la confederación de Venezuela luego que se instó por este tratado, y le faltan trece artículos, pues son 67 en suma. Después se propusieron otros que Vd. vería insertos en uno de nuestros periódicos. Pero ni los unos ni los otros están sancionados y estamos ya discutiendo sobre los de la Constitución como más necesarios a fin de que salga esta cuanto antes. Esperamos nueva resolución de Cundinamarca para la ratificación del tratado ajustado con el canónigo, pues estando ya Venezuela sin máscara fernandina no podía convenirse con esta en Santafé.[9]
Esta carta muestra bien los motivos de Roscio al escribir Patriotismo de Nirgua y abuso de los reyes, un folleto de gran trascendencia en la revolución neogranadina. Roscio no solo siguió con cuidado la situación del Nuevo Reino sino que mantuvo además correspondencia con varios dirigentes de las juntas provinciales, entre ellos don Miguel de Pombo.
El Manifiesto al Mundo[10], fechado el 30 de julio de 1811, fue puesto a circular por la Gaceta de Caracas. El comentario de José Gregorio Gutiérrez a su hermano, fechado en Santafé el 9 de octubre de 1811, es una prueba de su impacto en el Nuevo Reino de Granada:
Poco me queda que decirte de noticias públicas después que he puesto en el correo todos los impresos que han salido, y que las contienen. Van en pliego cerrado, para que no se extravíen, particularmente el famoso Manifiesto de Caracas, que expone los fundamentos que tuvo aquel Estado para declarar su absoluta independencia de España: papel interesantísimo, y que desearía que no se perdiese antes de llegar a tus manos, principalmente que no cayera en las de los de Tenerife.[11]
En su siguiente carta, escrita en Santafé diez días después, cuando ya calculaba que su hermano Agustín había leído el Manifiesto, escribió con llaneza su opinión sobre el impacto que tendría en la opinión de los cartageneros:
Cuando vean el Manifiesto impreso que te remití en el correo pasado se acabarán de convencer, si no lo están, porque es documento que no lo pueden negar. Allí sí que tratan ya las cosas con formalidad, y sin andar con pañitos calientes, que nos hacen tanto perjuicio. Más de 20 han sido los ahorcados por complicidad en la última revolución, y por eso la ciudad está como en misa. Miranda hizo también un destrozo considerable en Valencia, secuestrando después los bienes de los culpados que ascendieron, según dicen, a medio millón, y lo mismo hará en Coro y Maracaibo, para donde ha dirigido su marcha. Nosotros todavía estamos muy al principio: solo se trata de quitarse el pellejo los particulares, y las provincias entre sí, y hasta ahora no ha servido de otra cosa la libertad de la imprenta, que nos ha perjudicado, lejos de sernos útil.[12]
Pues se equivocó don José Gregorio Gutiérrez con los cartageneros, pues 23 días después de escrita su carta aquellos se dejaron de "andar con pañitos calientes". Un relato publicado en la Gaceta ministerial de Cundinamarca es la mejor fuente de la sorpresiva declaración de independencia de Cartagena de Indias, el 11 de noviembre de 1811:
A las ocho y media de la mañana empezaron a correr las gentes por las calles y a cerrar las puertas de las casas y tiendas. El motivo de esta alarma era que los pardos del Barrio de Getsemaní se habían reunido en la Plazuela de San Francisco y estaban de tomar las puertas de la ciudad para entrar a ella y presentarse en la plaza del Gobierno. A poco rato se oyeron algunos cañonazos de las murallas, y se supo que ya los mismos pardos se habían apoderado de la Artillería, habían ocupado los principales baluartes, unidos ya con los Batallones de Patriotas Pardos, Milicias Pardas y Artillería, y habían avocado sobre la ciudad los cañones que caían al Cuartel del Regimiento Fijo y Patriotas Blancos, para impedir que éstos salieran a la calle. Entretanto la Junta de Gobierno se reunió en el lugar acostumbrado para oír las demandas del Pueblo. Éste nombró por sus diputados al doctor Muñoz, y al doctor don Nicolás Omaña, cura del Sagrario de la Catedral de Santa Fe. Los condujeron muchos de los pardos por entre la multitud. La Junta los recibió con gran atención. El doctor Omaña se excusó con no menos urbanas que sólidas razones. Pero el innumerable Pueblo clamó ratificando el nombramiento que había hecho en él, y la Junta le mandó hablar, expresándole que estaba muy satisfecha de su patriotismo. En consecuencia de ello se entregaron a los diputados las instrucciones del Pueblo. El primer artículo de ellas era pedir que se declarase expresamente que Cartagena era absolutamente independiente de todo Gobierno de España, y de toda nación extranjera. Se discutió este punto interesante, y se sancionó como se solicitaba. Inmediatamente se publicó un bando, cuya escolta se componía de todos los cuerpos militares, declarando a la provincia de Cartagena por Estado soberano independiente de España.[13]
La historiografía colombiana ya ha reconocido los tres contextos históricos en los que se produjo la declaración de independencia de Cartagena. Son ellos: el momento histórico en que se publicaba en el mundo ese tipo documental llamado declaraciones de independencia, el del conflicto interno que acaecía en la propia provincia de Cartagena, y el de la coyuntura política marcada por la reciente declaración de independencia de Venezuela y por su Manifiesto al mundo.[14] Así como "la conexión caraqueña" es parte de la representación histórica reciente sobre la independencia de Cartagena, también habría que esperar alguna similitud entre los textos de las declaraciones de estos dos movimientos. En efecto, los primeros párrafos de los dos textos dan cuenta de esa familiaridad:
Acta de Caracas: En el nombre de Dios Todopoderoso, nosotros, los representantes de las Provincias Unidas de Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita, Barcelona, Mérida y Trujillo, que forman la Confederación Americana de Venezuela en el continente meridional, reunidos en Congreso, y considerando la plena y absoluta posesión de nuestros derechos, que recobramos justa y legítimamente desde el 19 de abril de 1810, en consecuencia de la jornada de Bayona y la ocupación del trono español por la conquista y sucesión de otra nueva dinastía, constituida sin nuestro consentimiento, queremos, antes de usar de los derechos de que nos tuvo privados la fuerza por más de tres siglos, y nos ha restituido el orden político de los acontecimientos humanos, patentizar al universo las razones que han emanado de estos mismos acontecimientos y autorizar el libre uso que vamos a hacer de nuestra soberanía. No queremos, sin embargo, empezar alegando los derechos que tiene todo país conquistado, para recuperar su estado de propiedad e independencia; olvidamos generosamente la larga serie de males, agravios y privaciones que el derecho funesto de conquista ha causado indistintamente a todos los descendientes de los descubridores, conquistadores y pobladores de estos países, hechos de peor condición por la misma razón que debía favorecerlos; y corriendo un velo sobre los trescientos años de dominación española en América, sólo presentaremos los hechos auténticos y notorios que han debido desprender y han desprendido de derecho a un mundo de otro en el trastorno, desorden y conquista que tiene ya disuelta la nación española.
Acta de Cartagena: En el nombre de Dios Todopoderoso, autor de la Naturaleza, nosotros los representantes del buen pueblo de la Provincia de Cartagena de Indias, congregados en Junta plena, con asistencia de todos los Tribunales de esta ciudad, a efecto de entrar en el pleno goce de nuestros justos e imprescriptibles derechos, que se nos han devuelto por el orden de los sucesos con que la Divina Providencia quiso marcar la disolución de la monarquía española, y la erección de otra nueva dinastía sobre el trono de los Borbones; antes de poner en ejercicio aquellos mismos derechos que el sabio Autor del Universo ha concedido a todo el género humano, vamos a exponer a los ojos del mundo imparcial el cúmulo de motivos poderosos que nos impelen a esta solemne declaración, y justifican la resolución, tan necesaria, que va a separarnos para siempre de la monarquía española. Apartamos con horror de nuestra consideración aquellos trescientos años de vejaciones, de miserias, de sufrimientos de todo género, que acumuló sobre nuestro país la ferocidad de sus conquistadores y mandatarios españoles, cuya historia no podrá leer la posteridad sin admirarse de tan largo sufrimiento; y pasando en silencio, aunque no en olvido, las consecuencias de aquel tiempo tan desgraciado para las Américas, queremos contraernos solamente a los hechos que son peculiares a esta provincia desde la época de la revolución española; y a su lectura el hombre más decidido por la causa de España no podrá resistirse a confesar que mientras más liberal y más desinteresada ha sido nuestra conducta con respecto a los gobiernos de la Península, más injusta, más tiránica y opresiva ha sido la de éstos contra nosotros.
El texto de la primera Constitución de Venezuela fue bien conocido y estudiado por los abogados neogranadinos, quienes no dejaron de compararla con las que ya se había dado Cundinamarca y la que se dio Antioquia y Cartagena a comienzos de 1812. Un comentario de José Gregorio Gutiérrez a su hermano Agustín, fechado en Santafé el 29 de junio de 1812, prueba la favorable impresión que causó la carta fundamental firmada en Caracas el 21 de diciembre de 1811:
... Mi opinión es la que siguen los hombres más ilustrados, la que adoptó Caracas, cuyo ejemplo debe sernos respetable, y la que constituye la felicidad de los pueblos más sabios, y basta con esto para que no me crea tan engañado como piensas. Yo estoy palpando los sucesos, veo ya las consecuencias, y todo anuncia, que si mi opinión puede atraer la ruina de Santafé, la contraria, la ha verificado ya, y con la añadidura más sensible de envolver en ella a todo el Reino.[15]
Los caraqueños fueron más lejos al proponer a los neogranadinos la realización de un Congreso continental, un proyecto que fue considerado por unos de los principales ideólogos del Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, el doctor José Joaquín Camacho:
Tal vez no se insistirá por ahora en este pensamiento por haberse ocupado los ánimos con la reciente propuesta de Caracas sobre establecer en esta capital el Congreso Continental de toda la América Española, como verá vuestra excelencia en la adjunta gaceta, que se ha de servir devolverme después de imponerse de ella. Están ya nombrados cuatro sujetos que deben venir de Caracas a formar este gran consejo, cuya residencia en esta capital sería útil a todo el Reino. No sabemos si esta confederación general supone el centralismo en cada uno de los grandes departamentos o reinos que envían a él sus diputados, y esperamos que el sabio autor del proyecto nos dé el pormenor para dirigirnos en las medidas ulteriores, que tal vez habrán comunicado a este gobierno, y de que daré a vuestra excelencia las noticias que pueda adquirir en tan importante asunto.[16]
Pero sobrevino el terremoto político del 26 de marzo de 1812, el proceso que pudo en marcha un nuevo impacto de los sucesos de Caracas en el Nuevo Reino. Ya no se trataba de la influencia de sus gacetas y de sus manifiestos, sino de la influencia directa de los hombres de Venezuela en la escena neogranadina. Desde el 19 de julio de 1812 comenzó don José Gregorio Gutiérrez a registrar en las cartas que enviaba a su hermano Agustín las noticias sobre la inmigración venezolana al Nuevo Reino: "Cada día se aparecen aquí emigrados de Mérida, Barinas y Caracas, espantados de los chapetones y del terremoto". Desde Cartagena, Agustín también daba noticias a su hermano de la llegada de venezolanos a esa plaza. El 10 de septiembre de 1812 escribió:
... repentinamente hemos tenido la noticia de la pérdida de Caracas por la traición, o cobardía de Miranda. Cuando no esperábamos sino noticias placenteras llegó de Caracas un barco, y en él 12 personas emigradas de Caracas. Ellos dijeron que Miranda capituló con Monteverde, a pesar de que tenía 6 mil hombres de tropa ansiosos por batirse con el enemigo y continuar los triunfos que anteriormente habían alcanzado sobre él. La capitulación fue secreta; pero aunque Monteverde entró en Caracas y la Guaira, el ejército no cayó en sus manos. Miranda queda preso, porque los españoles no guardan consideración a capitulaciones hechas con americanos. Cumaná quedaba todavía libre, y Barinas reconquistada. Después ha llegado otro barco con 34 personas, y dice que el pueblo de Calabozo tomó las armas y derrotó a una partida de 300 hombres que mandó contra ellos Monteverde, por cuyo motivo este se embarcó para Puerto Cabello, y los negocios de los patriotas iban mejorando de aspecto. Sin embargo, como todavía se aguardan dos o tres barcos más en que vienen otros emigrados, y entre ellos Burke, yo no he creído esta última noticia. La mayor parte de los emigrados son franceses, oficiales y gente de armas; pero ya los ñopos comienzan a sembrar la cizaña en el Pueblo contra ellos, y unos hombres, a quienes la Constitución, y la proclama del Gobierno que te remití en el correo pasado protegen para que se establezcan entre nosotros, quedarán sin destino, o tal vez serán expelidos del Estado, en un tiempo en que nos serían utilísimos si se empleasen en la Expedición del Magdalena. Ojalá que Santafé los convidara y abriera una inmigración que tanto necesita.[17]
Diez días después, confió don Agustín Gutiérrez a su hermano que algunos de los venezolanos que había llegado a la plaza de Cartagena no estaban contentos con la poca actividad que percibían en el Gobierno de Cartagena, y que decían temer "ser testigos de otra catástrofe igual a la de Caracas". Pese a ello, ya Elías Martín hacía lo posible por proveerles de fusiles.[18] El 30 de septiembre siguiente dio don Agustín a su hermano la primera noticia sobre la contrarrevolución que se había iniciado en las Sabanas de Tolú y del Sinú el 15 de septiembre anterior:
Los pueblos de Sincé, Cincelejos, Sampués, Chima, Corozal, y otros se han rebelado, proclamado a Fernando 7º, han intimado a Tolú, Lorica, y otros para que se rindan, o entren en la conjuración, y si lo consiguen, la ciudad se queda poco menos que aislada, los víveres que ya están demasiado caros, faltarán enteramente y la entrega es precisa, principalmente cuando el descontento se va generalizando, a causa del papel moneda, la insubordinación se aumenta, la deserción de tropas es diaria, y las providencias del Gobierno tardías, y muy lánguidas...[19]
Fue ese acontecimiento la primera oportunidad para que los emigrados de Venezuela entraran a las acciones militares en el nuevo escenario de la lucha entre los ñopos de Santa Marta y el Gobierno de Cartagena. Don Agustín contó a su hermano que "algunos emigrados de Caracas habían prestado hoy [30 de septiembre de 1812] el juramento que se previene en el Reglamento inserto en la Gazeta que te incluyo, y van a ser empleados en el mando de la Expedición". La historiografía colombiana ya ha mostrado el modo como los emigrados de Venezuela participaron en la expedición contra los pardos de las Sabanas de Tolú en dos partidas: la terrestre fue acaudillada por el teniente coronel Manuel Cortés Campomanes y la marítima por el coronel Miguel Carabaño, quien estaba acompañado por su hermano Fernando.[20] El 12 de noviembre siguiente, en el arroyo grande de Mancomojan, Cortés derrotó a los pardos insurrectos y los puso en desbandada. Por su parte, los hermanos Carabaño y el zambo José Padilla tomaron la fortaleza de Cispatá el 26 de noviembre siguiente y obligaron a los soldados del regimiento Albuera a embarcarse en Tolú con rumbo a Panamá. El comandante Cortés Campomanes impuso a los pueblos de las Sabanas una conscripción forzosa, con lo cual llevó a Cartagena 800 soldados nuevos para emplearlos en la campaña contra la plaza de Santa Marta.
A la vista de estos éxitos militares logrados por los militares inmigrados e Venezuela, el coronel Simón Bolívar terminó de redactar, el 15 de diciembre de este año, su Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada. Salida en el mes de enero de 1813 de la imprenta cartagenera de Diego Espinosa de los Monteros, esta Memoria se convirtió en la primera convocatoria a defender las semillas y las raíces del "árbol de la libertad de Colombia". Su plan de campaña era sencillo: "aproximarnos a Maracaibo por Santa Marta, y a Barinas por Cúcuta". Este audaz y ambicioso coronel caraqueño fincó gratuitamente el honor y la gloria de la Nueva Granada en la propuesta de "tomar a su cargo la empresa de marchar a Venezuela a libertar la cuna de la independencia colombiana", argumentando que el "benemérito pueblo caraqueño" clamaba por la ayuda de "sus amados compatriotas, los granadinos", a quienes aguardaban con impaciencia, considerándolos, además de compatriotas, como a sus "redentores". Nacía con esta Memoria pública el proyecto político de convertir a los caraqueños y a los granadinos en "compatriotas" y en "hermanos". La tozudez y la suerte militar de este caraqueño hizo posible entonces el nacimiento constitucional de la República de Colombia en la Villa del Rosario de Cúcuta ocho años y medio después, pero también con su muerte este proyecto bajó "tranquilo al sepulcro".
No fue el único soldado venezolano que dejó sus huesos en la Nueva Granada por la causa de la independencia. El 8 de julio de 1816 fue fusilado en la plaza de San Camilo de la ciudad de Popayán, por orden del último virrey, el oficial Prudencio España, hijo del capitán retirado José María España, el primer sacrificado en Venezuela por la impresión del texto de los Derechos del hombre y del ciudadano, quien había sido capturado en el combate de la Cuchilla del Tambo, el grito de cisne de la primera república neogranadina.[21]
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[1] Carta de Camilo Torres Tenorio a su hermano Jerónimo. Santafé, 5 de febrero de 1809.
[2] Archivo Histórico Regional de Boyacá, fondo Archivo Histórico, legajo 474.
[3] Archivo Histórico Regional de Boyacá, Cabildos, legajo 44.
[4] Santiago Arroyo: Apuntes históricos sobre la revolución de independencia en Popayán, 1896.
[5] Carta de José Gregorio Gutiérrez a su hermano Agustín, Santafé, Junio 9 de 1811.
[6] Carta de José Gregorio Gutiérrez a su hermano Agustín, Santafé, Julio 9 de 1811
[7] Carta de José Gregorio Gutiérrez Moreno a su hermano Agustín, Santafé, agosto 28 de 1811.
[8] Carta de Agustín Gutiérrez a su hermano José Gregorio. Barranquilla Septiembre 25 de 1811
[9] Carta de Juan Germán Roscio a Domingo González donde le explica las intenciones que ha tenido con sus reflexiones acerca del origen del poder monárquico. Caracas, 7 de septiembre de 1811. Fundación John Boulton, Sección Venezolana del Archivo de la Gran Colombia, Serie G, números 55-62. Manuel Pérez Vila, comp., Epistolario de la Primera República, t. 2, Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1960, pp. 222-226.
[10] Este Manifiesto fue publicado por entregas en la Gaceta de Caracas (9 de agosto a 6 de septiembre de 1811), firmado por Juan Antonio Rodríguez Domínguez, quien presidía el Congreso en ese momento, y por Francisco Isnardi, su secretario. Algunos historiadores, como Caracciolo Parra Pérez (Historia de la Primera República de Venezuela, 1939, tomo II, p. 55) atribuyeron su autoría al diputado José María Ramírez, dado que el 5 de julio, cuando fue declarada la Independencia, presidía el Congreso; pero la historiografía posterior la concedió a Juan Germán Roscio, teniendo en cuenta su brillante ilustración. Sin embargo, como tanto en la Historia de Venezuela de Feliciano Montenegro y Colón (1839), como en la compilación monumental de José Félix Blanco y Ramón Azpúrua titulada Documentos para la vida pública del Libertador Simón Bolívar (1873) fue publicado el Manifiesto con las dos firmas originales, la reciente historiografía mantiene la autoría de Rodríguez e Isnardi. Agradezco a la doctora Inés Quintero Montiel, de la Universidad Central de Venezuela, la información precisa que me suministró sobre el primer Congreso de las Provincias Unidas de Venezuela.
[11] Carta de José Gregorio Gutiérrez a su hermano Agustín. Santafé el 9 de octubre de 1811.
[12] Carta de José Gregorio Gutiérrez a su hermano Agustín. Santafé, 19 de octubre de 1811.
[13] Crónica de la revolución del lunes 11 de noviembre de 1811 en Cartagena. Publicada en la Gaceta Ministerial de Cundinamarca. Bogotá. Nº 16 (5 de diciembre de 1811), p. 55-56.
[14] Armando Martínez Garnica, "Los contextos de la declaración de independencia de Cartagena de Indias", en revista Economía & Región, Cartagena, Universidad Tecnológica de Bolívar, 2011, en prensa.
[15] Carta de José Gregorio Gutiérrez a su hermano Agustín. Santafé, 29 de junio de 1812.
[16] Carta de José Joaquín Camacho a la Junta de Tunja informando sobre el alcance de la Constitución de Cundinamarca, sobre la propuesta caraqueña de un Congreso Continental, sobre la comisión de Custodio García Rovira ante las juntas del Socorro y Girón y sobre la posible entrada del nuevo virrey al Reino. Santafé, 22 de mayo de 1811. Manuscrito, Real Academia de la Historia, 2 f. Sig. 9/7648, leg. 5, a), ff. 48-49.
[17] Carta de Agustín Gutiérrez a su hermano José Gregorio. Cartagena, 10 de septiembre de 1812. Epistolario de Agustín Gutiérrez Moreno, CMVJ, t. 3224, ff. 244-245.
[18] Carta de Agustín Gutiérrez a su hermano José Gregorio. Cartagena, 20 de septiembre de 1812.
[19] Carta de Agustín Gutiérrez a su hermano José Gregorio. Cartagena, 30 de septiembre de 1812.
[20] Armando Martínez y Daniel Gutiérrez, [pic]ALMNìï
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8-La contrarrevolución de los pueblos de las Sabanas de Tolú y el Sinú (1812). Bucaramanga, Universidad Industrial de Santander, 2010.
[21] Santiago Arroyo: Apuntes históricos sobre la revolución de independencia en Popayán, 1896.