En mayo de 1819, cientos de rebeldes congregados en los llanos Orientales aguardaban las órdenes del general Simón Bolívar, quien fraguaba un plan para invadir por sorpresa el Virreinato de Santafé y derrocar a las autoridades realistas.
Caminando con el agua hasta la cintura a causa del invierno, una parte de las tropas salió del pequeño pueblo de Mantecal, en los llanos de Apure, para unirse a las fuerzas del general Francisco de Paula Santander, en el Casanare. Ascendieron desde Tame por la cordillera Oriental, atravesaron el inclemente páramo de Pisba y llegaron, muertos de frío, hambre y cansancio, al pueblo de Socha, en el altiplano.
Cuando el virrey Juan Sámano descubrió que aquellos hombres iban tras él, encargó a la Tercera División del Ejército del rey de España impedirles que llegaran a Santafé.
Aunque luchaban por causas opuestas, soldados y oficiales de uno y otro bando elevaban plegarias al mismo santo, el apóstol Santiago, rogándole que intercediera a su favor. Se acercaban crueles enfrentamientos.
De la colección personal de Armando Martínez Garnica.