Después de un intenso debate que duró dos meses, finalmente los diputados de las antiguas provincias del Nuevo Reino de Granada y de la Capitanía General de Venezuela ante su primer Congreso General aprobaron, el 12 de julio de 1821, la Ley Fundamental de la Unión de los Pueblos de Colombia. El primer artículo propuso que estos dos pueblos de distinta naturaleza quedarían reunidos en adelante en un nuevo cuerpo nacional que se presentaría ante el continente americano bajo el pacto solemne de que su Gobierno sería siempre popular representativo. El segundo artículo dictaminó que esta nueva nación sería conocida en el mundo de todas las naciones con el título de República de Colombia. En consecuencia, desde ese momento esta nación quedaría para siempre, y de una manera irrevocable, independiente y libre de la Monarquía Española.
Antes de realizar la última votación de ese proyecto de Ley Fundamental, el presidente del Congreso Constituyente —José Ignacio de Márquez— recordó a los diputados el escrúpulo con que se obligaban respecto de los pueblos de la jurisdicción de la presidencia de Quito: como había que reconocer que no existía derecho alguno para obligarlos por la fuerza a ingresar a la unión colombiana, solo “se les excitaba a la incorporación, porque así lo exigía su utilidad y la nuestra”, pero ellos conservarían su libertad para separarse o para ratificar la unión en otra convención futura, una vez que fuesen liberados del dominio monárquico que aún pesaba sobre ellos.
Importa resaltar que todas las voces que se escucharon en el Congreso Constituyente de la primera nación colombiana, reunido en la villa del Rosario de Cúcuta —evento que decidió la reunión de tres pueblos de naturaleza distinta (granadino, venezolano y quiteño) en un único cuerpo nacional—, comprendían la magnitud de la ambición política y las dificultades que se interpondrían para alcanzarla. Aunque una tradición historiográfica usó la palabra Grancolombia para designar esta voluntad realizativa, preferimos nombrar esta primera experiencia nacional de solo una década como lo hicieron sus directos responsables: Colombia. Con esta palabra designaremos la ambición y la voluntad de construcción de una nueva nación en el mundo político a partir de la reunión de tres pueblos antiguos de distinta naturaleza, la primera República de Colombia (1819-1831), rogando al lector ilustrado que no la confunda con la segunda Colombia, esa nación de régimen federal
nacida en el Congreso Constituyente de 1863 con el nombre de Estados Unidos de Colombia y limitada a dos pueblos de distinta naturaleza antigua: el granadino y el istmeño.
Es preciso entonces comprender la transición de los cuerpos de vasallos del rey, que se entendían desde sus distintas naturalezas, a los pueblos que emergieron en las juntas soberanas de gobierno durante la crisis monárquica de 1808-1813, y además el tránsito de estos pueblos de las provincias a la condición de una nueva y única nación. Hay que empezar recordando que en el comienzo del acontecer de la América hispanoparlante estuvo el vasallaje de los naturales respecto del Estado monárquico de Castilla, una experiencia de tres siglos que institucionalizó naturalezas sociales diferenciadas por efecto de la autoridad de los Gobiernos superiores de las reales audiencias encabezadas por un presidente o un virrey, y de los capitanes generales, así como de los Gobiernos ordinarios de las gobernaciones y los corregimientos. Solo durante la experiencia revolucionaria que comenzó en 1808, a ambos lados del océano Atlántico, emergieron los pueblos, en plural, esto es, el nuevo nombre que se dio a esas antiguas naturalezas singularizadas de quienes hasta entonces obedecían a Gobiernos superiores por delegación del rey, e incluso a las instituciones concejiles locales. Y finalmente vino la voluntad de las elites liberales a proponer la reducción de muchos pueblos de las provincias a la única nación, en singular.
El concepto de naturaleza designaba ya, en el siglo XV1, al vínculo natural de dependencia de todos los vasallos de un reino respeto de su señor natural. El testamento de la reina Isabel la Católica expresó esta idea con los siguientes términos: “la fidelidad e lealtad e reverencia e obediencia e sujeción e vasallaje que me deben e a que me son adscritos e obligados como a su reina y señora natural e so virtud de los juramentos e fidelidades e pleitos homenajes”. Como los naturales de un reino estaban obligados naturalmente a obedecer a sus señores naturales, lo que determinó el concepto original de naturaleza (política) no fue entonces el lugar del nacimiento de cada vasallo (su país, su patria) sino su vínculo de sujeción y dependencia respecto de una autoridad señorial.
Aunque el concepto de naturaleza unificaba, bajo el mismo lazo de dependencia, a todos los vasallos de todos los reinos y provincias de la Monarquía, también sirvió para diferenciar las distintas jurisdicciones superiores que emanaban del rey. Ser naturales de las Indias diferenciaba a los vasallos puestos bajo la jurisdicción del Real y Supremo Consejo de las Indias respecto de aquellos que estaban bajo la directa jurisdicción del Consejo de Castilla, los naturales de Castilla, pese a que jurídicamente las Indias pendían de Casti- | lla. Descendiendo por la cadena de las jurisdicciones se pudo decir que los naturales de | las grandes provincias del Nuevo Reino de Granada, Santa Marta, San Juan y Popayán | (cuatro países), subordinados desde 1550 al Gobierno superior del presidente de la Real Audiencia de Santa Fe y desde el siglo XVIII a la autoridad de un virrey, compartían un
sentimiento de diferenciación respecto de los vasallos naturales de las provincias que
fueron subordinadas en 1777 al Gobierno superior del capitán general de Venezuela. |
iedacada
!. Cuandoel profesor Darío Mesa se preguntó por el punto de partida en el tiempo histórico de la “naturale- | za humana” que con el tiempo formaría la nación granadina (colombiana desde 1863), respondió que “no vacilaría en proponer el año 1550, año de la instalación de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada”,
porque estableció “el ejercicio del derecho real” superior sobre las antiguas gobernaciones de Santa Marta, Cartagena, Popayán, San Juan y el Nuevo Reino. El régimen de esta real audiencia centrada en la ciudad de
mal
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ur nos eipueao: del Congreso Oumuement: de Colombia consideraron alos
es Ef Aci de la Mudiencia de Quito sobre las provincias de Quito, e y afue capaz de reproducir una naturaleza quiteña distinta que llegó a imaginarse a e T 0 reino autónomo y distinto desde los tiempos prehispánicos, tal como lo en Faenza el jesuita Juan de Velasco durante su destierro.
astilla en las Indias fueron el resultado del trabajo de los Gobiernos superiores, ron 0 las provincias que fueron delimitadas en el siglo de la conquista. El archide LS Ss gobernaciones provinciales que pusieron en orden y policía a los aborígeúistados y a los castellanos transterrados fue ordenado por las reales audiencias nlerías que el Consejo de las Indias estableció en Santo Domingo, Panamá, Santa
Da aut A idad alas provincias que desde Trinidad se extendían hasta el golfo de Ma18 de — de 1776 fueron agrupadas bajo una Intendencia de Ejército y
¡la de o. y bajo una misma Audiencia, la de Santo Domingo. Nueve años ardé e Vah utio * 1786, se independizó des esta a Venezuela al crearse la nueva
: emyendo en tres siglos una “naturaleza granadiha” diferenciada, respecto de la naturaleza 6: posteo rmente, la Capitanía General de Venezuela o la presidencia de la Real Audiencia de ví asallos de las provincias qué le fueron sujetadas desde la segunda mitad del siglo xv1. Darío » omtexto so cial y políti co colombiano del siglo x1x” (en Miguel Antonio Caro: el intelectual o donal de Colombia, 2014), 15.
e une" a — E a “e É, A.
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Cumaná, Guayana y Maracaibo e islas de 4 General del Nuevo Reyno de Granada, piranía General de Venezuela. Tras esta
separación de las mencionadas provincias de Trinidad y Margarita del Virreinato y Capitaní
y agregarlas en lo gubernativo y militar a la Ca referencia a los tres ramos de gobierno, ejército y hacienda, la Real Cédula de 1777 se
refirió rambién al de justicia: “asimismo, he resuelto separar en lo jurídico de la Audiencia de Santa Fe, y agregar a la primitiva de Santo Domingo, las dos expresadas provincias de Maracavbo y Guayana, como lo está la de Cumaná y las Islas de Margarita y Trinidad, y lo estaba la de Venezuela”? Fue así como las reales cédulas de 1776 y 1777 constituyeron una “provincia mayor” integrando en ellas otras que en adelante aparecieron como “provincias menores”, y dotaron a la misma de los órganos adecuados propios de gobierno, ya que la finalidad que se perseguía, según la Real Cédula de 1777, era que “hallándose estos territorios bajo una misma Audiencia, un capirán general y un inrendenee inmediatos sean mejor ejercidos y gobernados con mayor utilidad de mi real servicio”.
Solo cuatro ejemplos históricos prueban esta diferenciación de las distintas naturalezas que se reconocían entre los cuerpos de vasallos de los dominios indianos de la Monarquía. El primero acaeció el 20 de junio de 1809, cuando fue escogido por sorteo de una terna el doctor Joaquín Mosquera Figueroa para representar a la Capitanía General de Venezuela ante la Junta Central de España y las Indias. Aunque era natural de la gobernación de Popayán, jurisdicción del Virreinato de Santa Fe, estaba viviendo a la sazón en Caracas como regente visitador de su real audiencia, gracias a sus altas calidades burocráticas. Pero los regidores del Cabildo de Caracas y algunos miembros de las familias más prestigiosas demandaron la nulidad de esta elección con el argumento de que Mosquera no era natural de la jurisdicción de la Real Audiencia de Caracas y que por ello no podría representarla, dado que no conocía “sus costumbres, su agricultura, su comercio, sus necesidades y medios de prosperidad”* Examinado el pleito por el Consejo de Indias, fue declarada nula la elección en la circular del 6 de octubre de 1809, “por no ser Mosquera natural de las
España, Real Cédula de 1777 (San Ildefonso: 8 de septiembre de 1777. Disponible en htrps://web.archive. org/web/20120421153650/http:// www.analirica.com/Bitblio/venezuela/real_cedula_1777.asp).
* Ibid. Para una mayor comprensión institucional ranto de las reales audiencias de las Indias como de la Capiranía General de Venezuela se recomienda la lectura de los dos artículos de Alfonso García Gallo ritulados “Las Audiencias de Indias: su origen y caracteres”, y “La Capitanía general como institución de gobierno político en España e Indias en el siglo xv III” (en Los orígenes españoles de las instituciones americanas, Estudios de Derecho Indiano, 889-995, Madrid, Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, 1987).
1 Resolución del Consejo de Indias declarando nula la elección de don Joaquín Mosquera y Figueroa como diputado ante la Suprema Junta Central por las provincias del distriro de la Real Audiencia de Caracas, en virrud de reclamos formulados por cuatro regidores del Ayuntamiento de Caracas y Antonio Fernández de León, oidor honorario de aquella Audiencia. Cádiz, 6 de octubre de 1809. Archivo General de Indias, Caracas, Legajo 177. Publicada por Teresa Albornoz de López, La visita de Joaquín Mosquera Figueroa a la Real Audiencia de Caracas (1804-1809). Conflictos internos y corrupción en la administración de justicia (Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1987), 244. l Ese conflicto entre Mosquera y los poderosos caraqueños fue examinado por Inés Quintero, La Conjura de los Mantuanos (Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, 2002).
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: provincias de Venezuela”? y en consecuencia se ordenó la realización de una nueva elección de diputado ante la Junta Central, que esta vez recaería en un natural de Caracas, Martín Tovar Ponte. Para completar esta dererminación, el 23 de noviembre siguiente, la unta Central remitió a América un nuevo reglamento electoral que resolvió las dudas que se habían expresado en los comicios realizados hasta entonces en los reinos y provincias americanas, una de cuyas nuevas disposiciones hacía referencia a la conveniencia de que - os diputados electos fuesen naturales de las provincias que representarían 0, en su defecto, personas con vecindad en ellas y además americanas de nacimiento. — El segundo ejemplo ocurrió en Arauca, “la última población de la Nueva Granada — del lado del oriente”, durante el segundo semestre de 1816, cuando el enfermo coronel venezolano Manuel Valdés reunió una junta de jefes militares para dirimir el asunto del mando de los soldados que habían escapado del ejército expedicionario español, que ya ss había ocupado todas las provincias del Virreinato de Santafé. Después de elegir a un gra“nadino como presidente de la autoridad superior en el exilio (Fernando Serrano Uribe, e, obernador de Pamplona) y a un venezolano (nacido en Cuba) como secretario general (Francisco Javier Yanes), llegó el momento de elegir al jefe del ejército. Eran candidatos el general venezolano Rafael Urdaneta, el coronel francés Manuel Roegas de Serviez y el “mayor general Francisco de Paula Santander, granadino. Fue descartado Serviez por su
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condición de extranjero, todo indicaba que la elección recaería en Urdaneta, por su supe-
rior graduación y experiencia en la guerra de Venezuela, pero como los jefes de la caballería habían acumulado resentimientos contra él resultó ganador en el escrutinio Santander.
Este Gobierno en el exilio de los llanos desiertos, “altamente ridículo, ilegal y embaraze so”, al decir de don Pablo Morillo, se trasladó hacia Guasdualito. Dos meses después, los jefes de tres escuadrones venezolanos se rebelaron contra el mando del mayor Santander en la Trinidad de Arichuma, según este porque los emigrados venezolanos de Cartagena hi cieron revivir los celos entre granadinos y venezolanos que tanto se habían atizado el año anterior, cuando Bolivar puso sitio a Cartagena. Fue entonces cuando Santander comprobó por sí mismo que los Llanos de Venezuela eran “un país donde se creía deshonr 9so que un granadino mandase a venezolanos”, y por ello tuvo que resignar el mando ejército ante el presidente Serrano. Pero una nueva junta de oficiales escogió como jefe supremo a un venezolano, José Antonio Páez, quien de inmediato decretó el cese de la au oridad civil establecida en Arauca y declaró que solamente él reunía en sí todo el Joder que se necesitaba en “su país” y reorganizó el ejército en las brigadas de caballería que cosecharon éxitos militares en la campaña de Apure.
| NE tercer ejemplo es la argumentación que usó, al comenzar el año 1822, el general is meño José de Fábrega ante el vicepresidente de Colombia para solicitar para el istmo
E Ibid, (cursiva añadida).
“Francisco de Paula Santander, Apuntamientos para las memorias sobre Colombia i la Nueva Granada (Bo— gorá: Imprenta de Lleras i compañía, 1837), 119-120. Rafael María Baralt y Ramón Díaz, Resumen de la historia de Venezuela desde el año de 1797 basta el de 1830, tomo 1, (Brujas, Desclée, De Brouwer y Cía.,
1939),351-353.
de Panamá la calidad de deparramento autónomo, regido por su propio intendente. Ar. gumentó que “por su antigua representación bajo la denominación de Reino de Tierra Firme y el Superior Gobierno que en distintos tiempos ha tenido”, el istmo tendría que ser tenido como un departamento autónomo con los mismos límites de la jurisdicción que había tenido la Real Audiencia de Panamá, tal como aparecía en la Ley 4, título 15, del libro segundo de las Leyes Municipales de España. No podía ser olvidado que Panamá había sido sede de Gobierno Superior, Comandancia General, Superintendencia de Hacienda y de Cruzada, Subdelegación de Correos y había tenido todas “las prerrogativas de los gobiernos superiores”, de suerte que cuando los virreyes o las audiencias de Santafé las habían “cercenado”, los istmeños habían recurrido ante la Corte con sus quejas y con los “documentos de su antigua posesión” para lograr amparo y reposición.” Ante semejanre alegato, el vicepresidente Santander efectivamente le concedió al Istmo de Panamá la condición de departamento de la República de Colombia y lo proveyó de sus propios intendentes, conforme a “la categoría que merece” y a su antigua naruraleza distinca.*
El cuarto ejemplo lo dio el coronel payanés José María Obando, en abril de 1830, cuando ya estaba disuelta de hecho la República de Colombia por la constitución del Estado de Venezuela y la próxima separación del Estado del Sur en Colombia. Le dijo entonces al doctor Rufino Cuervo, de quien lo habían separado las intrigas del general venezolano Juan José Flores, que era preciso olvidar para siempre sus diferencias, porque los dos eran granadinos, y “este solo lazo tan tierno basta para unirnos a todos bajo el solio de la hermandad”, dado que estaba “sostenido por el recuerdo de los sufrimientos, los ultrajes, las vejaciones y todo cuanto mal puede recibir el hombre del hombre”. Había llegado la hora en la que “la hermosa granada no se injerte más con ningún árbol, para que su fruto dulce y saludable cordial no se convierta en amargo y venenoso”?
Era este el momento en que el coronel Obando se esforzaba por concertar al general Domingo Caicedo, al coronel José Hilario López y a Joaquín Mosquera para salvar la existencia de la Nueva Granada, enfrentando los planes del general Flores, un venezolano que, a pesar de ser extranjero en el sur, por tener allí sus riquezas y patrimonio, estaba listo para sacar provecho en un tiempo de disturbios, de perfidias y traiciones, cuando el Libertador presidente ya había dejado de mandar en Colombia. Como era evidente que el general Flores, quien había dicho a sus amigos que solo obedecía al Libertador, se jugaría su suerte al sostenimiento de una nueva república en el sur de Colombia, cabía esperar que se apoderaría por la fuerza de la provincia de Pasto valiéndose de la influencia de algunos clérigos que querían agregarla al Ecuador, pese a la “odiosidad mortal que ese
Ibid.
* Joséde Fábrega, “Comunicación del general José de Fábrega al vicepresidente Francisco de Paula Santander Panamá, 10 de enero de 1822” (en Archivo General de la Nación, Bogotá, Sección República, copiador de
oficios de los años 1821 y 1822). o ” José María Obando, “Carta del general José María Obando al doctor Rufino Cuervo desde Pasto, 29 de abril de 1830” (en Ángel y Rufino Cuervo, Epústolario del doctor Rufino Cuervo, tomo 1, Bogotá: Academia
Colombiana de Historia, 1918), 193-194. Ñ
pueblo le tenía por los males que les había causado anteriormente”. La provincia de Pasto, que era la “frontera natural” entre la Nueva Granada y el Ecuador, podía serle arrebarada ala Nueva Granada al tenor de la autoridad legal que el Libertador le había concedido al E general Flores para actuar como jefe militar en los tres departamentos del sur y en todo el Cauca desde el Carchi hasta Popayán. En esta circunstancia, el general Obando afirmó — resuelramente que no podía ser “un tranquilo espectador” de las operaciones del general Flores y consentir “la ocupación de este país”, pues mancillaría su repuración militar, “y mis conciudadanos dudarían de mis buenos sentimientos en favor de la patria en que he nacido” Fue entonces cuando tomó la decisión de enfrentar militarmente al ¿747150 general venezolano Flores para “llenar su deber”, uniéndose a los conciudadanos de su naturaleza T “granadina para “correr con ellos todas las vicisitudes de mi patria, prósperas o adversas”. Efectivamente, usado para designar la diferenciación de los vasallos según sus respectivas jurisdicciones superiores, pero también para designar la universalidad de la obediencia — de todoslos vasallos a la soberanía del único señor universal, el concepto de naturaleza expresó la identidad de un cuerpo político juzgado como natural. El Estado monárquico, como poder socialmente integrador de muchos reinos y provincias en varios continentes, rambién estableció una vinculación diferenciada de todos sus vasallos naturales al dominio de su mismo rey “natural, que Dios guarde”.'' Todos los vasallos que desde finales del siglo xv comenzaron a pasar en sus naves hacia las Indias, cuyas provincias fueron paulatinamente incorporadas a la Corona de Casrtilla por conquista, eran jurídicamente naturales de los reinos peninsulares, es decir, vasallos de los Reyes Carólicos. Por ello sus “conquistas armadas incorporaron naturalmente los nuevos vasallos aborígenes de las islas — ytierras firmes al señorío universal de los reyes. O Peroesta novedad histórica planteó dudas sobre la naturaleza política de los aborígenes imericanos, resueltas con presteza al comprobarse que estos ya eran, desde los tiempos de su gentilidad, personas naturales sujetas a caciques y a algunos señores universales, como A loctezumarzin y Atahualpa. Así fue como el cambio político inicial introducido por los conquistadores fue percibido de una manera restringida: solamente serían destruidos los ¿ señoríos universales y se conservarían los señoríos naturales, para que todos los aborígenes
“fuesen mantenidos sujetos a sus propios caciques y así garantizar su vasallaje y obediencia al nuevo señor universal que residía en la corte peninsular. Con el paso del tiempo com nzó el ataque al señorío de los caciques, pues la distribución de los tributos y servicios DP: ersonales de los naturales entre más personas, la llamada “cargada de las Indias, entre ellas los oficiales de la Real Hacienda y los frailes, así lo exigió.
ETA conquista de las provincias de las Indias, no obstante, mostró que algunos grupos “de aborígenes eran “gente muy bestial, como de bebetría, sin ninguna sujeción de unos
Ro,
| a José María Obando, “Carta al general Domingo Caicedo, vicepresidente de Colombia, desde Popayán, 15 O deabrilde 1830" (en Archivo epistolar del general Domingo Caicedo, tomo 1, Bogotá: Academia Colombiana “de Historia, 1943), 281-283.
o Elesclarecimiento del concepto de naturaleza política se debe a José Antonio Maravall, Estado moderno y mentalidad social, siglos x V a x VI1, tomo 1 (Madrid: Revista de Occidente, 1972), 420 (cursiva añadida).
a otros”. Esta realidad social dificultó el cumplimiento de ciertas órdenes reales entre los indígenas que no tenían naturaleza previa (sujeción a señores) en ciertas provincias, “porque aquí no obedecen los caciques, ni son sujetos losindios a ellos, sino que son como beherrías” Sebastián de Covarrubias encontró en las crónicas de Castilla que bebetría era una palabra que nombraba los poblamientos que desde riempo inmemorial renían libertad para ponerse bajo la dependencia del benefactor que los amparase, a su voluntad, con lo cual no era natural entre ellos la subordinación temporala señores. ' Pero esta situación, percibida por los funcionarios reales como un desorden político, había sido remediada en Castilla desde el siglo x1v, cuando el rey Alfonso X1, el Justiciero, puso a todas las behetrías que existían en las dieciséis merindades bajo su autoridad, extinguiendo la posibilidad de existencia de vasallos sin señores naturales, es decir, por fuera del orden político de la Monarquía. En las Indias tampoco los reyes castellanos podían tolerar indios de behetría, con lo cual dieron sus instrucciones para que rodos acudiesen a servir al nuevo señor narural universal, una tarea que fue de muy dificil cumplimiento.
La naturaleza de los miles de esclavos que fueron trasladados de las costas de África hacia los reinos de las Indias planteó la misma duda, extendida a la naturaleza de sus descendientes nacidos en estos. Esta duda confirma que la naturaleza no equivalía al nacimiento en alguna tierra determinada, pues si así fuera los mulatos y zambos indianos habrían sido descritos inmediaramente como naturales del respectivo reino donde hubiesen nacido. Provenía entonces del desconocimiento de los reyes africanos antiguos que habrían podido tener señorío sobre los esclavos transterrados, resuelto inicialmente con el argumento de que se trataba de gente de beherría, esto es, individuos sin señores propios
naturaleza alguna. La sospecha de desorden político que siempre pesó sobre los palenques y las rochelas de la provincia de Cartagena de Indias correspondía a esa suposición. Por ello, el esfuerzo empeñado por el jesuita Alonso de Sandoval para incluirlos en el seno de la cristiandad, mediante su bautismo y evangelización, tuvo que inventarles en Cartagena de Indias una naturaleza de antiguos vasallos libres de los reyes de Etiopía. El rírulo original de su libro, publicado en la Sevilla de 1627 por Francisco de Lira, fue Naturaleza, policía sagrada i profana, costumbres i ritos, disciplina i catecismo de todos los Ettopes.'*> Desde entonces, al hablarse de esclavos procedentes del África pudo
invocarse su atribuida naturaleza antigua: etíopes.
y, en consecuencia, sin
Juan de Vadillo, “Cartas del licenciado Juan de Vadillo al Consejo de Indias relatando su campaña de paci ficación del río Grande de la Magdalena, hasta el pueblo de indios de Mahares, y otros asuntos de la gobernación de Cartagena, 11 y 21 de febrero de 1537” (en Juan Friede, Documentos inéditos para la historia de Colombia, tomo 177 1533-1538, Bogotá: Academia Colombiana de Historia, 1956), 139 y 341.
1 Ibid. (cursiva añadida). “La palabra behetría parece ser una deformación vulgar de benefactría, la relación entre vasallos libres que
escogían como señor aquel que les promeriera buenos fechos. Sebastián de Covarrubias Orozco, Tesoro de / lengua castellana o española (2 edición corregida de: Felipe Maldonado. Madrid: Castalia, 1995), 177-175.
La segunda edición de esta obra de Alonso de Sandoval, salida de una imprenta madrileña en 1647, fue titulada De Instauranda Aethiopum Salute. o
Al comenzar el siglo X1X, cuando ya la tradición de la sujeción natural de los vasallos — respecto de sus reyes naturales estaba tan afianzada y generalizada que el cuerpo universal de vasallos de la Monarquía Católica podía permitirse algunas distinciones de cuerpos — menores por su escenario continental, se hablaba con propiedad de españoles peninsua lares y españoles americanos, una diferenciación que no soslayaba su común naturaleza
— devasallos del mismo rey:
Desaparezca, pues, toda desigualdad y superioridad de unas provincias respecto de las otras. Todas son partes constituyentes de un cuerpo político que recibe de ellas el vigor, la vida (...) Las Américas, señor, no están compuestas de extranjeros a la nación española. Somos hijos, somos descendientes de los que han derramado su sangre por adquirir estos
nuevos dominios a la Corona de España (...) Tan españoles somos, como los descendientes de Don Pelayo, y tan acreedores, por esta razón, a las distinciones, privilegios y prerrogativas del resto de la nación, como los que, salidos de las montañas, expelicron a los moros y poblaron sucesivamente la Península; con esta diferencia, si hay alguna, que nuestros padres, por medio de indecibles trabajos y fatigas, descubrieron, conquistaron y poblaron para España este Nuevo Mundo.
- Pese a este reclamo de igualdad de representación para los diputados indianos y peninsulares en la Junta Central que se había formado en la península durante la crisis mon Are uica de 1808, fue distinguida la naturaleza de la España europea respecto de la España an ericana, dos provincias independientes, aunque partes esenciales y constituyentes de la monarquía. Fue entonces cuando se abrió la época de la revolución hispánica, que comenzó con la reasunción de la soberanía por /os pueblos, encarnados en las juntas provinciales de gobierno que se erigieron tanto en la península como en las Indias:
Los pueblos son la fuente de la autoridad absoluta. Ellos se desprendieron de ella para ponerla en manos de un jefe que los hiciera felices. El Rey es el depositario de sus dominios, el Padre de la Sociedad y el árbitro soberano de sus bienes. De este principio del Derecho de Gentes resulta que todos los pueblos indistintamente descansan bajo la seguridad que les ofrece el poder de su Rey, que este como padre general no puede sembrar celos con distinciones de privilegios, y que la Balanza de la Justicia la ha de llevar con imparcialidad. '
Las distintas naturalezas de los vasallos de los reinos peninsulares y de los indianos comenzaron a ser designadas en adelante como pueblos, cuando “los vínculos de fraternidad
e _
5 Camilo Torres Tenorio, Representación del cabildo de Santa Fe, capital del Nuevo Reino de Granada, a la Suprema Junta Central de España (Santa Fe, 20 de noviembre de 1809).
A Ignacio de Herrera y Vergara, Reflexiones que hace un americano imparcial al diputado de este Nuevo Reino de Granada para que las tenga presentes en su delicada misión (Santafé, 1 de septiembre de 1809) (cursiva — añadida).
y amor que reinaban entre el pueblo español y americano” comenzaban a romperse. Camilo Torres Tenorio preguntaba entonces en la Santafé de 1809: “¿Se querrá que la América se sujete en todo a las deliberaciones y a la voluntad de unos pueblos [españoles] que no tienen el mismo interés que ella, o por mejor decir, que en mucha parte, los tienen opuestos y contrarios? (...) Si en semejantes circunstancias, los pueblos de América se denegasen q llevarlas, tendrían en su apoyo esta ley fundamental del reino”. *
La emergencia política de distintos pueblos en el seno de la Monarquía exigía entonces representación igual en las cortes generales, el escenario donde los diputados de esos
pueblos podían hacerse oír para solicitar reformas políticas:
Por otra parte, señor, ¿qué oposición es esta, a que la América tenga unos cuerpos que representen sus derechos? ¿De dónde han venido los males de España, sino de la absoluta arbitrariedad de los que mandan? ¿Hasta cuándo se nos querrá tener como manadas de ovejas al arbitrio de mercenarios, que en la lejanía del pastor pueden volverse lobos? ¿No se irán jamás las quejas del pueblo? ¿No se le dará gusto en nada? ¿No tendrá el menor influjo en el gobierno, para que así lo devoren impunemente sus sátrapas, como tal vez ha sucedido hasta aquí? ¿Sila presente catástrofe no nos hace prudentes y cautos, cuándo lo seremos?, ¿cuándo el mal no tenga remedio?, ¿cuándo /os pueblos cansados de opresión no quieran sufrir el yugo?”
Pero una vez que los pueblos americanos fueron ideológicamente diferenciados de los pueblos españoles, el reconocimiento de las diferencias entre los primeros llegó hasta el seno de las ciudades y villas de las provincias, las repúblicas de indios y las parroquias de feligreses. El proceso de reasunción de la soberanía que comenzó en las ciudades que erigieron juntas provinciales se extendió a las juntas que fueron erigidas por las villas subalrernas para separarse de sus cabeceras provinciales, e incluso a las parroquias que se auronombraron villas aurónomas. Fue por esta eclosión de autonomías locales que el asunto de la representación en el Primer Congreso General del Nuevo Reino de Granada ruvo que plantearse el problema de la reconstitución de la perdida unidad del Gobierno
superior de la Real Audiencia de Santa Fe:
¿Y hasta qué trozos (se me pregunta) pueden juntarse /os pueblos para constituir su gobierno separado? Hasta que su pequeñez ya no tenga representación política, es decir, cuando no se pueda sostener el Estado, cuando sus fuerzas, sean debiles, cuando ya no pueda haber diferencia entre el gobierno y los pueblos, cuando el gobierno público fuera del todo inúril; y al contrario, se sostendrá su representación y
"Torres Tenorio, Representación del cabildo de Santa Fe (cursiva añadida). '* bid. (cursiva añadida).
E Tu
merecerán una voz en el congreso cuando su número tenga cierta moral proporción
.. 20 con las otras provincias.
Aunque las tradiciones historiográficas de Colombia, Venezuela y Ecuador han cor - siderado que el proceso de construcción de la nación comenzó en 1809 y 1810, los años de los mal llamados “gritos de independencia, hay que matizar esa creencia reconociendo que en la década de 1810 este proceso no tuvo forruna, pese a la mayor aproximación de la primera república venezolana, que no solo contó con la primera declaración de inde: “pendencia auténtica (S de julio de 1811) del continente suramericano, sino con la primera Constitución de carácter nacional (21 de diciembre de 1811). Pero la guerra civil generalizada entre las provincias, la reacción de los realistas en la Audiencia de Quito y la llegada del Ejército Expedicionario de Tierra Firme que puso fin a los experimentos políticos de la Nueva Granada y Venezuela, frustraron todos los avances del proceso de construcción Ude una nueva nación. En términos del proceso de mutación de las antiguas naturalezas a - cuerpos nacionales, puede decirse que la década de 1810 fue una década perdida. La crisis revolucionaria introdujo también en el lenguaje político de las dos Españas un concepto antiguo que había mutado a una nueva semántica: ación. La nueva retórica - nacional se presentó ante los americanos en los siguientes rérminos:
o La nación ha de ser gobernada de aquí en adelante por las leyes libremente deliberadas y
administradas. Ha de haber unas Cortes nacionales en el modo y forma que pueda estaha blecerse, teniendo en consideración las diferencias y alteraciones que ha habido desde el
a tiempo en que se juntaban legalmente. Nuestras Américas y otras colonias han de ser lo “a mismo que la Metrópoli en todos los derechos y privilegios constitucionales. La reforma e: que nuestros códigos legales, administraciones y recaudación de las rentas públicas, y
todas las cosas pertenecientes a la dirección de comercio, agricultura, artes, educación,
como también a la marina nacional y a la guerra han de tener, será sola y exclusivamenas te dirigida a obrener la mayor facilidad y la mejor ilustración del Pueblo Español, tan, horriblemente apurado hasta este día. Las Cortes Generales de la Monarquía Española, después de haber estado por tanto tiempo omitidas, se han de juntar por la primera vez el día del nacimiento de nuestro muy amado Rey, en cuyo día el gobierno de la nación será legal y solemnemente constituido.”
La construcción de una nueva comunidad política basada en la voluntad ciudadana — quesellamaría nación, regida bien por una monarquía constitucional o por una república,
Licenciado Manuel Campos, “Voro del diputado de Neiva" (en Diario del Congreso General del Reyno, número 2, Santafé, 5 enero de 1811. En Biblioteca Nacional de Colombia, Fondo Quijano, tomo 151, número 1).
España, Decreto de la Junta Suprema Central restableciendo la representación legal de la Monarquía en
Cortes y convocándolas a reunirse en el año de 1810. Firmado por el Marqués de Astorga, 22 de mayo de 1809 (cursiva añadida).
fue acompañada por una rápida muración conceptual de naturalezas a pueblos, y después a nación, una acción política que tenía que asumir la libertad de los ciudadanos y convocar su libre voluntad para hacerse nacionales, y además contar con la ambición política de nuevos e estadistas. Ese proceso de tránsito de la naturaleza antigua a la nación moderna no podía | ocurrir de una manera unificada en todas las provincias, bajo la conducción soberana de un Estado absoluto. Y no fue así, porque fueron diferentes las naciones que capturaron los distintos Estados que resulraron de la desintegración de la Monarquía Católica. La invasión francesa a la península y los sucesos de Bayona determinaron la irrupción del proceso de la eclosión juntera, en el cual la soberanía dejó de ser única y fue reasumida por las juntas de gobierno que se formaron en las provincias de los dos hemisferios hispanos,
La ambición de los diputados peninsulares y americanos reunidos en las Cortes Ge-
nerales y Extraordinarias se dirigió a la construcción de una nación española de ambos hemisferios, sometiendo al rey a la soberanía de la nación. El retorno de Fernando VII y el Manifiesto de los Persas suspendieron esta ambición, mientras se intentaba tender un imposible velo de olvido sobre la temprana experiencia constitucional de la nación española. Quedaba la posibilidad de construir una nación hispanoamericana, propuesta por Francisco de Miranda con el nombre de Colombia, pero esa ambición desmedida resultó imposible a la luz de la extrema diversidad de reacciones provinciales y locales durante la crisis monárquica, a los diferentes partidos de opinión y a las guerras civiles que asolaron a la Nueva España y a los reinos y provincias del continente suramericano. En su Carta de Jamaica el propio Bolívar reconoció la imposibilidad de hacer realidad la ambición continental de Miranda, reduciendo su ambición personal al tamaño de un solo virreinato y una capiranía general vecina.
El tránsito más expedito de las antiguas naturalezas, formadas por los Gobiernos supe-
riores de los distritos de las reales audiencias, a naciones habría conservado las jurisdicciones de los Gobiernos superiores que existían en 1810, con lo cuallos naturales subordinados a cada real audiencia debieron haberse transformado en ciudadanos de una nación singular, cuyo Estado debió reclamar sus //mites naturales con el principio jurídico tt possidetis iuris de 1810. Pero laambición de algunas elites políticas y sus anhelos de gloria militar pusieron en marcha invenciones políticas ligadas a una aspiración a la grandeza nacional que se fundó en la agregación de jurisdicciones de varios Gobiernos superiores con tradición secular de mando sobre sus respectivos naturales. Como estas invenciones políticas no contaban con la fuerza de las tradiciones de una naturaleza previa, es decir, de obediencia a las auroridades superiores concentradas en una ciudad capital, tuvieron que esforzarse mucho con la espada y con la pluma para construir unidades políticas grandes sin tradiciones previas de mando y obediencia naturales. Solo podían contar con promesas de libertad y de grandeza, de potencia económica y política ante la mirada de las naciones europeas y americanas. Pero las resistencias que opusieron /os pueblos de muchas provincias y el conflicto de las ambiciones personales de los jefes militares, una clase de diádocos cuando se esfumó el carisma del Liberrador, puso las cosas en el camino de la incertidumbre política, ya que cualquier arreglo territorial pudo haber resultado en ese mar de arbitrariedades.
El caso de la nación colombiana, que una pequeña elite de venezolanos y granadinos inventó en un Congreso Constituyente de Venezuela y ratificó en el Congreso Constituyente de la villa del Rosario de Cúcuta, ejemplificará en este libro esa tensión original entre las antiguas naturalezas diferenciadas y el proyecto nacional que quiso superarlas con la ambición y la voluntad de guerreros ansiosos de gloria, así como de publicistas liberales atraídos por la administración, las legislaturas y las magistraturas. Aunque durante una década todos ellos se esforzaron por borrar las tres naturalezas diferentes que provenian de las tradiciones de mando superior de tres reales audiencias que existían en 1810, el primer experimento nacional colombiano resultó fallido. Hoy sabemos que de ese experimento salieron tres Estados nacionales distintos, pero en la década de 1820 la invención colombiana fue una apuesta política seguida con mucho interés por los publicistas de las grandes potencias del mundo.
Las nuevas naciones que sugieron en la primera mitad del siglo X1x requerían ser inventadas por algunas elites, así como la voluntad decidida de quienes capruraron los restos del Estado monárquico a nombre de ellas para poner en marcha todos los procesos de nacionalización de las naturalezas legadas. Pero requerían algo más, proveniente de la liberrad concedida a todo ciudadano: la identificación con la nueva nación, la voluntad para llegar a ser auténticos nacionales amantes de las nuevas patrias. La identidad del ciudadano es un concepto muy problemático a menos que se le reduzca de entrada a la actitud personal de identificarse con, como cuando decimos que nos identificamos con el
ser ecuatoriano porque efectivamente queremos ser ecuatorianos, del mismo modo que — podríamos no identificarnos con ese ser, pese a nuestro lugar de nacimiento, y negarnos —aseguir siéndolo. Se trata entonces de una manera de ser que tiene que ver con la libre voluntad del ciudadano. El ejemplo más ilustrativo de este querer ser nacional como - fundamento de la identidad nacional puede tomarse del escritor antioqueño Fernando Vallejo, residente en México, quien proclamó públicamente que no quería seguir siendo - más un colombiano porque “desde niño sabía que Colombia era un país asesino, el más “asesino de la Tierra, encabezando año tras año, imbatible, las estadísticas de la infamia.
* La determinación del Gobierno superior que impuso su impronta al proceso de transición a tres Estados distintos cuando se disolvió la República de Colombia en 1830 merece una precisión en el caso de Venezuela, dado que para la Nueva Granada y para Quiro era claro que desde el siglo xvt eran reales audiencias gobernadoras, presididas por un presidente y gobernador general, pese a que al institucionalizarse en Santa Fc un virreinato la segunda quedó en condición de audiencia subordinada, pero bajo el mando superior de un presidente. Pero en Venezuela la Capitanía General de provincia precedió en el tiempo a la instirucionalización de la Real Audiencia de Caracas. A diferencia de las antiguas gobernaciones sujetas a la presidencia de Santo Domingo o al Virreinato de Santa Fe, la novedad de la Capitanía General de Caracas —creada en 1777— respecto de las anteriores es que se trataba de una capitanía de provincia y no una de ejército, con dependencia directa del rey. La Real Audiencia de Caracas no se estableció sino hasta 1785. Con el modelo caraqueño fueron reconvertidas las antiguas presidencias de Guaremala y las Filipinas en capiranías generales,
y creada rambién la Capitanía General de Chile. El presidente Carondelet intentó convertir la presidencia de Quito en una nueva Capitanía General de provincia, sin éxito en la Corte. Guillermo Céspedes del Castillo.
“Las reformas indianas del absolutismo ilustrado” (en Ensayos sobre los reinos castellanos de Indias, Madrid: Real Academia de la Historia, 1999), 311-313.
Después, por experiencia propia, fui entendiendo que además de asesino era atropella. dor y mezquino” Dicho y hecho, desde el año 2007 es ciudadano mexicano porque se identificó con los mexicanos y obtuvo esa nacionalidad por adopción.
La libre voluntad con la que se responde a la pregunta por la identificación personal hace posible la formulación del problema de la identidad en términos de la respuesta a |a pregunta “¿quién quiero ser?” en la dimensión futura. Parte de la respuesta ya está dad, por el ser actual, pero rambién depende de la dirección que este quiera darle a su exic. rencia política futura. En la dimensión de lo que se quiere llegar a ser en el futuro están presentes sus disposiciones, es decir, sui capacidad para actuar en la dirección elegida y en consecuencia, llegar a serlo. Esa liberrad para elegir una identidad y para realizarl, efectivamente, a despecho de las constricciones sociales que lo determinan al nacer, ce expresa plenamente en las sociedades modernas. En estas, los hombres se relacionan con su futuro de una manera más libre e individual, con lo cual pueden elegir más fácilmente
una identidad futura que suponen que los hará más felices.”
Durante la época moderna se produjo la revolución estatal de los siglos XV1 y xvir, un proceso que formó los Estados absoluros de Europa Occidental, los que desde mediados del siglo XVIII en adelante se convirtieron, mediante procesos revolucionarios, en Estados nacionales. Los constituyentes de las naciones modernas de ciudadanos declararon que la soberanía residía esencialmente en la nación, poniendo en marcha procesos de construcción de nuevas naciones bajo el dominio de Estados republicanos o monárguicos parlamentarios. La construcción de esos nuevos cuerpos políticos planteó a todos los individuos la pregunta de la identidad nacional: ¿queremos ser, como ciudadanos, parte de la nación fundada, esto es, nacionales de un Estado nacional y soberano particular?
La respuesta afirmativa a esta pregunta fue dada inicialmente por pequeños grupos LT que formaban una elite política, la cual inventó las estrategias necesarias para que la [E mayoría de la población se fuese adhiriendo paulatinamente a esa identidad nacional propuesta, un proceso que fue más o menos prolongado, según las tradiciones políticas 4 existentes en el punto de partida del proceso de la construcción nacional. Pero el proceso fu pudo rambién ser interrumpido cuando la elite política se dividió en partidos de opinión
que rerminaron proponiendo otras opciones de identidad nacional, iniciando nuevos
procesos de construcción nacional entre grupos sociales separados de la primera opción. e. Esto es bien ejemplificado por el caso de la nación colombiana que se intentó construir 7
Esta identidad nacional colombiana fue la respuesta a la negativa a hacer parte de la nación española “de ambos hemisferios” que se propuso en las Cortes reunidas en Cádiz ” entre 1810y 1812. Cuando el general Simón Bolívar propuso a los congresistas reunidos en Angostura renunciar a su proyecto de construir una nación venezolana, clausurar sus “Fernando Vallejo, Declaración de renuncia a la nacionalidad colombiana (México D. E.: 6 de mayo de 2007) “+ Ernst Tugendhat, “Identidad personal, nacional y universal” (Ideas y Valores, 45(100), abril de 1996), 3-15.: * España, Constitución Política de la Monarquía Española, Cádiz, 12 de marzo de 1812. e
sesiones y a cambio asistir a un nuevo Congreso Constituyente de la nación colombiana, la pregunta que les hizo fue la de si estaban dispuestos a reunirse en una nueva nación con todas las provincias del Nuevo Reino de Granada y de la Presidencia de Quito. La respuesta afirmativa implicaba convencer a sus respectivos naturales de adoptar una identidad colombiana, encaminando sus disposiciones y su voluntad hacia una manera de ser futura. Esa voluntad les fue expresamente pedida por Francisco Antonio Zea en su Manifiesto
fundador del 13 de enero de 1820:
¿Qué os falta para ser [colombianos] sino la voluntad?... Pero, ¿ por qué fatalidad, por qué destino cruel este país, el primero en el mundo físico, no solo no es el primero, pero ni siquiera existe en el mundo político? Porque vosotros no lo habéis querido. Queredlo y está hecho. Decid “Colombia sea”, y Colombia será. Vuestra voluntad unánime, altamente pronunciada y firmemente decidida a sostener la obra de vuestra creación. Nada más que nuestra voluntad se necesita en tan vasto y tan rico país para levantar un poderoso y colosal Estado, y asegurarle una existencia eterna, y una progresiva y rápida prosperidad.”
La voluntad de llegar a ser colombianos fue la propuesta de un general que había alcanzado un poco más de cuatro meses antes la gloria militar en los campos de Boyacá. En el Congreso de Venezuela un puñado de políticos y militares, encabezados por Zea, acogieron con decisión la propuesta de ser colombianos: “¡Perezca el primero que concibiere la parricida idea de separar, no digo un departamento, una provincia, pero ni una aldea de vuestro territorio! ¡Perezca el que indigno del nombre colombiano se denegare
a sostener con su espada, y con su corazón, la integridad y unidad de la República que habéis constiruido!”.7
El proceso de construcción de la nación colombiana que se echó a andar en el Con-
greso de Angostura, una vez aprobada su primera Ley Fundamental, * requería de la disposición de casi tres millones de naturales de los territorios que por varios siglos habían estado bajo el dominio de los Gobiernos de rodas las provincias del Nuevo Reino de Granada, puestos bajo la autoridad superior de un virrey; de los Gobiernos que en 1777 -— fueron agregados en lo gubernativo y milirar a la Capitanía General de Venezuela, de las provincias puestas en el distrito de la Presidencia de Quiro y de la Comandancia General de Panamá. La disposición hacía referencia a su capacidad para actuar, medianre la libre
Francisco Antonio Zea, “Manifiesto a los Pueblos de Colombia, Angostura, 13 de enero de 1820” del Orinoco, 50, 29 de enero de 1820), 201 (cursiva añadida)
7 bid,
“ La Ley Fundamental del 17 de diciembre de 1819 decía en su primer artículo que “las Repúblicas de Venezuela y de la Nueva Granada quedan desde este día reunidas en una sola bajo el título glorioso de REPÚBLICA DE COLOMBIA”. El segundo artículo estableció que su territorio sería “el que comprendían la antigua Capitanía General de Venezuela y el Virreinato del Nuevo Reino de Granada, abrazando una extensión de 115.000 leguas cuadradas, cuyos términos precisos se fijarán en mejores circunstancias”. Congreso de Venezuela, Ley Fundamental de la República de Colombia (Santo Tomás de Angostura, 17 de diciembre de 1819).
(Correo
Pee
por el contrario, abandonar roda
voluntad, en la dirección de llegar a ser colombianos y, no, Esa voluntad de identifica.
voluntad de seguir siendo españoles del hemisferio india ción con la nación colombiana, que fue proclamada por lac
contar con lo que eran en 1819 los primeros candidatos a colombi o VII. Pero negar en adelante la identificación con la nación española
nio Liberal (1820-1822) y desobedecer para siempre al rey no ue extinguir la naturaleza particular que se había tenido ordinación política a cuatro reales audiencias distinta; as distintas maneras de ser natural, nombradas con
onvocatoria de Zea, tenía que anos: vasallos naturale<
del rey Fernand restaurada durante el Trie era suficiente. También había q por tres siglos, esa tradición de sub que habían dejado honda huella en l las palabras granadino, venezolano, qui La fuerza de oposición de las tradicio fueron integradas por la fuerza de los ejérc biana fue reconocida por Zea en su Manifiesto
teño o panameño.
nes políticas de las naturalezas singulares que itos libertadores a la nueva identidad colom. del 13 de enero de 1820:
des deparramentos, Quito, Venezuela y Cundinamarca,
Ninguno de vuestros tres gran ninguno absolutamente, por más vasto que
ninguno de ellos, pongo al Cielo portestigo,
sea y más rico su territorio, puede ni en todo un siglo constituir por sí solo una potencia firme y respetable. ¡Pueblos de Colombia! Una brillante perspectiva de gloria y de prosperidad se os presenta desde la entrada en la carrera inmensa que habéis emprendido, Avanzad en ella y veréis sucesivamente dilatarse la grande esfera de vuestro poder. Cada paso adelante os hará descubrir nuevos bienes en ese Nuevo Mundo; pero ¡ay de vosotros sí llegáis a dar un solo paso atrás! ¡En qué abismo de males, cuya sola idea horroriza la
imaginación, vais a precipitaros con roda vuestra posteridad!
Las posibilidades de existencia política de los antiguos vasallos de la Monarquía Carólica en la Presidencia de Quito, el Nuevo Reino de Granada y la Capitanía General de Venezuela habían sido durante la década de 1810 dos: la primera fue seguir siendo naturales de esa monarquía, reducida a la forma parlamentaria por los constituyentes de Cádiz que erigieron la nación española de ambos hemisferios, e integrarla con la voluntad de llegar a ser nacionales españoles. La segunda fue la decisión de llegar a ser parte de una nueva nación que se llamaría venezolana, cundinamarquesa o granadina, rompiendo con la antigua naturaleza de modo radical. Estas dos posibilidades fueron destruidas por los sucesos del escenario europeo y por las acciones militares que puso en marcha Fernando VII contra los liberales gadiranos y contra todas las novedades americanas.
Durante la década de 1820 fueron otras las posibilidades de existencia en el norte del continente suramericano: la primera fue la construcción de la nación colombiana, logrando que los cundinamarqueses, venezolanos y quiteños olvidaran sus naturalezas singulares antiguas que los diferenciaban, para que todos se identificaran en adelante como colombianos. La segunda fue la mutación de las naturalezas diferenciadoras antiguas
7 Zea, “Manifiesto a los Pueblos de Colombia”.
en tres identidades nacionales distintas, lo cual significaba la formación de tres Estados soberanos distintos. El resultado de esta tensión de identidades contrapuestas es bien conocido, pues tras una década de voluntad colombiana, sostenida por los generales del ejército, pudo verse con nitidez —antes de la muerte de Bolívar en Santa Marta— que ya no resistía más ese experimento político. Tres identidades nacionales fueron construidas durante el resto del siglo X1X con distintos nombres, con lo cual las naturalezas antiguas diferenciadoras se impusieron, pese a algunas turbulencias en algunas provincias limítrofes con otros Estados que se formaron durante la misma época.
Para entonces ya los conflictos entre las antiguas naturalezas distintas habían llegado muy lejos: el Convenio de Las Juntas de Apulo, firmado en abril de 1831 entre los generales Rafael Urdaneta y Domingo Caicedo, para regular la situación que entonces afrontaba lo que quedaba de Colombia, tuvo que consignar en su séptimo artículo que hasta que no se reuniera la Convención Constituyente de las provincias de la Nueva Granada, que definiría las relaciones futuras con Venezuela y Ecuador, quedaba “abolida la odiosa distinción de granadinos y venezolanos, distinción que ha sido causa de infinitos disgustos, y que no debe existir entre los hijos de Colombia”** Una década de construcción de la nación colombiana no había sido suficiente para borrar las improntas de las dos antiguas naruralezas, granadina y venezolana, así como la diferenciación que había llegado al cénit de una irremediable animadversión entre ellas, que al final impuso la escisión entre una identidad granadina y otra venezolana. En el ocaso de la década de experiencia colombiana, finalmente la identidad colombiana tuvo que ser abandonada. La larga tradición de tres distintas naturalezas terminó por imponerse sobre la ambición del general Bolívar que quiso abolirlas y reemplazarlas con la voluntad de ser colombianos.
Cuando la experiencia colombiana ya se estaba disolviendo, el obispo de Santa Marta advirtió que esta provincia y la vecina de Riohacha no soporraban su dependencia de Cartagena, capital del departamento del Magdalena, por sus distintas naturalezas. Para el obispo Estéves, la paz requería formar un departamento separado con las dos provincias de su diócesis, porque “desgraciadamente existe una rivalidad muy antigua entre las provincias de Santa Marra y Riohacha con la de Cartagena, tan faral como obstinada, hasta el extremo de persuadirse que su dependencia de Cartagena es el origen de todos sus males, una idea tan generalizada que no hay un solo habitante que no ansíe por la independencia”. Todas las conmociones entre estas dos provincias “han tenido su origen en el espíritu de provincialismo”, al punto que la terminación de la guerra de Riohacha requería de la formación del nuevo departamento separado, pues “basta saber cuál fue su origen para que se calcule este buen resultado”?!
“Convenio celebrado en Las Juntas de Apulo entre los comisionados del general en jefe Rafael Urdaneta
(natural de Venezuela) y el general de brigada Domingo Caicedo (natural de la Nueva Granada), 28 de abril de 1831" (en Gaceta de Colombia, Bogorá, 514, 1 de mayo de 1831), 2
José María Estéves, “Carra del obispo José María Estéves al Libertador. Santa Marta, 7 de diciembre de 1830”
(en Daniel Florencio O'"Leary (comp.), Memorias del general O'Leary, ed. facsimilar, tomo VII, Caracas: Ministerio de Defensa, 1981), 536-537.
La historia de la primera experiencia de la nación colombiana que acaeció duran: la década de 1820 tuvo a su hombre necesario —Simón Bolívar— y la conjunción de ambición, voluntad e identificación social con el propósito de subordinar las Naturalez N venezolana, granadina, quireña e istmeña a una sola nación de ciudadanos, regida por N, Estado republicano. Finalizada esta década, el fracaso de esta primera experiencia Nacional forzó la transición de la experiencia nacional por el camino más expedito, que era el de; conversión de las naruralezas diferenciadas por el legado del Estado monárquico, con su identificaciones sociales naturales, en naciones naturales. |
Este principio de la realidad política ha permitido que algunos historiadores elabore. en sus gabinetes de trabajo el concepto de proto-nación para dar cuenta del sentimiento nacional temprano que unió a algunas elites sociales en torno al amor al territorio nativo a la lengua propia y a cierta ascendencia común, que andando el tiempo sería la base de la conciencia nacional bajo los Estados nacionales. Pero los equívocos que ha generado este concepto anacrónico, así como su uso por algunos nacionalismos contemporáneos, aconsejan preferir el concepto heredado de naturaleza, comprensible si se acompaña de su contrapartida, que fue el concepto de destierro, es decir, la operación de desnaturalización. Con Felipe II, a finales del siglo XV1, esta antigua figura se convirtió en institución jurídica, pero no como una ruptura con el servicio del rey sino como una desnacionalización o un extrañamiento. El daño moral que esta pena causaba al vasallo fue resumido por Antonio
Agustín en sus Diálogos de Medallas así: “no hay hombre tan ajeno de sí mesmo que no
.. 3... ame su tierra y su nación”.”* No solo el amor, sino rambién los sinsabores, las derrotas y
los sufrimientos formaron el sentimiento de nación, como recordó Ernest Renan en su famosa conferencia de 1882.
La historia de la primera experiencia nacional colombiana, compartida por granadinos, venezolanos, quiteños y panameños, ya ha concirado la atención de varios historiadores. Hay que reconocer que la vieja obra del fallecido David Bushnell, 7he Santander Regime in Gran Colombia (1954), es imprescindible, pese a que resulta inaudito que no aparezca en ella el corazón de esta experiencia política, que fue el proyecto de construcción de una nueva nación de ciudadanos, dado que es más una historia de los principales problemas que tuvo que resolver la agenda administrativa del vicepresidente Francisco de Paula Sanrander entre 1821 y 1827. Pero todavía más inaudita es su conclusión final: “Colombia no constiruía un fin en sí mismo para Santander: era solo el esqueleto geográfico en el cual trataba de llevar a cabo su política”. En su opinión, esta política se reducía a “echar las bases para el desarrollo posterior del liberalismo en la Nueva Granada, al que él mismo volvio a
capitanear””* Resulraría entonces que Bolívar y Santander ganaron todas las batallas pero
Antonio Agustín, Diálogos de Medallas ( Tarragona: Mey, 1587). % Ernest Renan, ¿Qué es una nación? (Conferencia dictada en la Sorbona el 11 de mayo de 1882) (Madrid Alianza, 1987).
*“ David Bushnell, El régimen de Santander en la Gran Colombia, traducción de Jorge Orlando Melo (Bogot Tercer Mundo y Facultad de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia, 1966), 394.
fracasaron en la administración de Colombia con las leyes y las instituciones elegidas en la villa del Rosario de Cúcuta.
Entonces, la guerra liberradora no había durado lo suficiente para dotar permanentemente a su pueblo de un sentido de esfuerzo patriótico común, con lo cual terminó imponiéndose la organización política en unidades nacionales más pequeñas. No obstante, en la introducción a su manual de 1993 titulado 7he Making of Modern Colombia. A Nation in Spite of Itself. ya Bushnell era consciente del problema de la imagen de Colombia como nación. Reconociendo la tradición de los colombianos recientes que niegan la existencia de una “verdadera identidad nacional, o de un espíritu nacionalista propio”, sostuvo entonces que “en cualquier caso, Colombia existe como nación en el mundo actual”. Pero, ¿desde cuándo? No es clara su respuesta, pues la experiencia de la Nueva Granada que se formó en 1832 fue para él solo la de un Estado nacional, “no una nación” y a lo largo de este manual no hay sino unas cuantas referencias al lento avance del proceso de integración nacional de provincias y estamentos heredados del régimen monárquico.
Otro ejemplo reciente de esta perspectiva inaudita, que consiste en ignorar la experiencia nacional, lo ha dado el respetable historiador venezolano Germán Carrera Damas, ejemplo de defensa de la democracia en su patria, quien en su obra de 686 páginas titulada Colombia, 1821-1827: aprender a edificar una república moderna (2010) habla de todos los temas políticos posibles, menos de la nación colombiana. Sus siete consideraciones finales concluyen en la opinión de que se trató de un “diseño [constitucional] equivocado” que, durante una década, vivió “bajo una excepcionalidad que representó una suerte de dictadura comisoria permanente” La precariedad del proyecto, del poder, del liberalismo y de las finanzas habría conspirado contra la voluntad republicana.
Pero fue Mario Arrubla, con su éxito edirorial de estudios socioeconómicos titulado Estudios sobre el subdesarrollo colombiano,” quien fue más lejos en la negación de la historia nacional: para él, sencillamente, no existe una historia nacional.” Su resis era simple: siendo la sociedad colombiana subalrerna en el escenario de división internacional del trabajo, todos sus cambios eran inducidos por el marco internacional, vale decir, por el imperialismo que dominaba la escena internacional. La independencia de la Corona es-
pañola, por ejemplo, no podía ser obra de sus próceres, sino de la propia crisis del sistema imperial español y del ascenso del capitalismo inglés. En consecuencia, en vez de nación habría que hablar de un tránsito de la Colonia a la Semicolonia que siguió durante todo el
* David Bushnell, Colombia. Una nación a pesar de sí misma, trad. de Claudia Moncilla (Bogotá: Planeta,
1996).
Germán Carrera Damas, Colombia, 1821-1827: aprender a edificar una república moderna (Caracas: Universidad Central de Venezuela, Academia Nacional de la Historia, 2010), 588-589.
Entre 1969 y 1983 se imprimieron 16 ediciones de distintos tirajes, para un toral aproximado de 60 000 ejemplares. Según su autor, este éxito no se debió a su virtud intelectual, sino a que estuvo en sintonía con las modas intelectuales de su tiempo y con el entusiasmo que despertó entre los universitarios colombianos
la Revolución Cubana de 1959.
Mario Arrubla, Estudios sobre el subdesarrollo colombiano.
siglo XIX, y luego de esta a la Neocolonia del siglo siguiente. Como reconoció posterior. mente este autor en una polémica con Salomón Kalmanovitz, esta tesis era provocadora porque quería atacar una “psicología de aldea provinciana que se embebe en sus propias rutinas hasta que llega una oleada exterior de modernización y fractura esas rutinas o arra. sa con todo”. De todos modos, aunque este economista quería partir del supuesto según el cual la evolución de las sociedades que habitaron el actual territorio colombiano era incomprensible “fuera del marco mundial del capitalismo imperialista”, no tenía razonec para negar la historia de la construcción de una nación de ciudadanos. Su abuso provenía de su identificación de la historia nacional con la historia patria, tal como él creía que la entendían en ese entonces los miembros de la Academia Colombiana de Historia.
Podríamos preguntar a la tradición historiográfica que considera fracasado el proceso
de construcción de la nación colombiana, o al menos problemática su condición fragmentada, y que incluso ignoró su existencia de una manera inaudita: ¿qué es lo que entiende por nación, en su sentido moderno? La vieja lección de Ernest Renan, pronunciada el 11 de mayo de 1882 en la Sorbona, ya había establecido que una nación no se deriva de una raza, ni de una lengua, ni de una religión, ni de una geografía peculiar, ni de una comunidad de intereses económicos. Si así fuese, todo el continente suramericano habría formado una sola nación durante la crisis monárquica de 1808-1813, como lo soñó Francisco de Miranda. En realidad, una nación que se entiende como cuerpo político de ciudadanos es el resultado de un doble proceso inacabado de integración: por un lado, de la aspiración secular y de la voluntad de integración de las provincias que confluyeron, “parcialmente congéneres, que forman un núcleo y alrededor de las cuales se agrupan otras provincias ligadas las unas a las otras por intereses comunes o por antiguos hechos aceptados y transformados en intereses”.” Del otro lado, se trató de un proceso secular de integración de los antiguos estamentos legados por el antiguo régimen para construir un único cuerpo de ciudadanos libres e iguales en derechos. Esta doble aspiración secular a la integración social, de las provincias y de los estamentos que hasta entonces habían segregado a los vasallos de la Monarquía Carólica, exigió la voluntad de destruir, en el largo plazo, a esas dos entidades.
El caso de la nación granadina es una prueba de esa afirmación: fueron dieciocho los pueblos de las provincias que en 1832 expresaron su voluntad de integrarse en una nación al amparo del principio uti possidetis iuris que actualizaba la legitimidad de una antigua tradición política: su adscripción a la jurisdicción de la extinguida Real Audiencia de Santa Fe que existió en 1810. En ese momento los diputados de esas provincias consideraron que poseían en sí mismas “todos los recursos, poder y fuerza necesarios para existir como un estado independiente, y para hacer que se respeten sus derechos”, como rezaba la Ley Fundamental del Estado de la Nueva Granada aprobada el 17 de noviembre de 1831. También la nación granadina nació por una aspiración secular y su correspondiente voluntad
” Ernest Renan, “Nueva carta a Strauss. París, 1871” (en ¿Qué es una nación?).
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e supresión de los privilegios estamentales. Por ello fue necesario extinguiral estamento $ las Tn mediante un proceso paulatino de manumisión que respetara el principio liberal les e garantizaba la propiedad, eliminar al estamento indígena mediante el reparto de las d - e ES: sguardadas y de los bienes de las comunidades, luchar contra los privilegios del ramento de los españoles americanos mediante la abolición de los rírulos nobiliarios, y
| asta a los profesionales, y finalmente la introducción del sufragio universal masculino.
En las experiencias centralizadora, federal y regeneradora de la nación granadina que cedieron durante el siglo XIX se registran marchas y contramarchas en los dos grandes FOCESC sos de integración social, pero el sentido fue siempre el mismo: la construcción de in cuerpo de ciudadanos iguales, mediante la abolición de las provincias antiguas y de los 1 e ” ios de los estamentos. La experiencia federal resolvió con energía problemas de esa ir integración social y enseñó que otros problemas requerían una regeneración de las pcio nes propuestas por los liberales radicales o moderados pero, en cualquier caso, fue na E. e las experiencias que obtuvo grandes realizaciones en la construcción de la nación que volvió a nombrarse colombiana.
“Como no hay duda de que los proyectos de las naciones colombiana, venezolana y cuato riana se están ejecutando desde el momento en que se redujo la ambición continental EM: a a la ambición restringida de Bolívar, y sobre todo tras la huida de la fortuna
ne acor npañó a esta última, una nueva historiografía tendrá que encarar la escritura de s as auténticas historias nacionales, es decir, aquellas en las que la tematización de lo que se L _ nte histórico sea la nación, esa invención política de los dos últimos siglos que tiene ue s construida como una realización social, como una profecía que se autocumple, bajo conducción de los tres poderes estales y con la guía de los publicistas liberales.
Para ello, esta nueva corriente de historiadores nacionales tiene que dejar de meter gato Jor liebre, es decir, dejar de presentar a personalidades de las profesiones de las armas o del derecho, a grupos sociales particulares 0 a los grandes conflictos económicos y sociales como
i fuesc ala historia de la nación. Tienen que romper con la visión negativa y pesimista que en los ambientes universitarios sobre la nación, reflejo de la actitud reciente que entiicó en ellos David Bushnell: “son los primeros en subrayar los aspectos negativos | panorama nacional”. Pero, sobre todo, tienen que entender que el secular proceso de CC NS trucción de esta nación es el acontecimiento fundamental de nuestra historia moderna.
» esta investigación sobre la primera experiencia colombiana, es decir, sobre la voluntad olectiva que se empeñó entre fines de 1819 y 1830 por construir una nueva nación entre N. var: rios cuerpos antiguos de vasallos que se diferenciaban por sus particulares naturalezas, sdec in por su tradición de subordinación a la autoridad superior de tres reales audiencias listintas que fueron extinguidas, conoce de entrada su desventura. Pero no por ello tiene que renunciar a explicar en detalle su derrotero histórico, pues todas las dificultades que nfr 'entó para construir una nueva nación de ciudadanos bajo la autoridad de un Estado T mod derno de régimen republicano, así como las opciones viables que adoptó para resolveras, fueron un rico legado para las tres experiencias nacionales distintas que comenzaron
1 des - ollarse desde la década de 1830.
1 E
El argumen
to de este Nuevo relato hi tica como mort
orde la determinación
tener la vida del proyecto n
En el primer capítulo s cisco de Miranda,
acional que probó fortuna.
erá examinada la invención de un resultado de sus observaciones polí sus negociaciones con el primer ministro inglés, William tidad propuesta —ser colombianos en vez de españoles política desmedida, pues se proyectó para todas las di suramericano, es decir, grupos de vasallos que obedecí tres virreinatos y dos capitanías generales. Se identifica el Supuesto retórico del proyecto de construcción de esa nación, proveniente de la obra magna del Jurista suizo Emerich de Vartel, y se muestra la influencia de los acontecimientos de Caracas entre las elites políticas de la Nueva Granada, dado que la iniciativa de la identidad colombiana siempre provino de las ambiciones caraqueñas. Esta ambición nacional desmedida se compara con las pequeñas ambiciones del tiempo de las primeras repúblicas provinciales en el antiguo Nuevo Reino de Granada, cuando sus enfrentamientos hicieron imposible avanzar, entre
1810 y 1819, hacia algún congreso constituyente de una nueva nación, fuese Cundinamarca o la Nueva Granada.
la nación colombiana por Fran. ticas en los Estados Unidos y de Pitt el joven, Esa temprana iden. — se acompañó de una ambición stintas naturalezas del continente ana distintos Gobiernos Superiores:
El segundo capítulo corresponde al primer momento bolivariano, cuando se pudo constituir la República de Colombia como ambición restringida y comenzar el proceso de la identidad nacional colombiana, resolviendo los problemas políticos que planteó la construcción de esa nueva nación colombiana en solo tres naturalezas distintas, las que correspondían a un reino y unas provincias subordinadas al virrey de Santa Fe o ant general de Venezuela. La reducción de la ambición política, comparada a e a mento mirandino, era evidente desde la Carta de Jamaica. Se narra la so ela pue tina incorporación de todas las provincias subordinadas al nuevo Esta O E — casi todas por la guerra de los ejércitos libertadores, con las e e Guayaquil y Panamá. Se identifica el proceso político que echó a p
[nrtroducción
on en el Congreso
garon los prela-
ros de fidelidad uce el remá de o con los tres
ue se formular o el papel que ju guos juramen se introd
daene Angostura y las q: ra LA
5 de Cúcura, asi com olvidaran sus anti
ombiano. Finalmente,
cro nacional col ment | e las inrendencias, ejemplificad
ja — e pública por el régimen d | que cris-
nacionalización nsciru-
los simbolos de la nación, las i r la integración
dios para facilita ¡ón pública y el problema de la deuda o. Un balance del
er siglo republican proceso de construcción desde la ceso general de nacionalizaciones
pasa revista 4 algunos procesos de
olíticas permanent e los pueblos, los me ación de la instrucc ezas de todo el prim stados que iniciaron su ¡mación inicial al pro
cer capítulo S ¡nstiruciones P
r Enel te ocial
o ralizaron EN. “ciones de la representación
“de la nación. la insticucionaliz — externa que sería el rompecab “legado colombiano a los tres E
década de 1930 cierra esta aprox delavida social que caracteriza a las naciones modernas.
El cuarro capítulo aborda el proceso de desventura “ biana desde su crisis inicial de 1826 en Valencia, conocida
s réplicas que se experimentaron para subsanar la cri rodas fallidas: la Convención Constituyente de Ocaña, la entrega del poder supremo al
- Libertador, llámese 0 no dicradura, y la nueva Constitución Liberal aprobada por un “Congreso admirable por la ralla de sus diputados, todos ellos hombres representativos de Colombia y leales al Libertador. El asesinato del mariscal Sucre y su uso, COMO arma política arrojadiza contra varios generales granadinos, se inscribe en el contexto de las Juchas que libraron las ambiciones patrias, el motor que movió los hilos del abandono de
Jaambición del Liberrador. Y el quinto capítulo versa sobre el triunfo de
transmutaron los Gobiernos superiores de las antigua ralezas diferenciadas que habían sido formadas lentament naciones más viables que incluso mantuvieron los antiguos nom na fue la primera en formarse por la ambición parria correspondiente, cual adhirió el mismo Libertador, y luego el Estado del Sur en Colombia vino a realizar + ueno > E quiteños, quienes hasta hoy rinden homenaje en su palacio presidencial al Barón de Carondelet, el funcionario que entendió bien esa aspiració
“autonómica. Con los restos de Colombia una afortunada conjunció PE o junción de generales granaju — ia. semencadols de las manos de un jefe natural de Maracaibo y
, prometiendo a los istmeños una mejor suerte si deponían
del proyecto de nación colom-
como La Cosiata. Se examisis, que al final resulraron
nan las tre
las ambiciones patrias que finalmente s audiencias, aquellas antiguas nartue enlos siglos anteriores, en las bres. La patria venezolaun sentimiento al
sus aspiraciones | ue natural T_— ores tiempos, y estos porfiiron muchas veces por hacer valer su a uraleza, hasta que la legisl | slatura colombiana de 1903 les di Ey consigui e 1903 les dio la excusa y: _ transmutar su naturaleza en nación independiente a. a documentación que h 1 — - a a servido de ne para esta investigación es vasta, dada la gran e reposan en los archi Ven archivos nacionales, ezuela, algunos de ellos editados en el pasado por muchos hi de Colombia, Ecuador y por muchos historiadores. La prensa de la
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orias de los protagonistas, todos ellos d sformación política. La experiencia c tacida primaria cuenta con el testimonio excepcional de José Manuel Restrepo, de. Ombiana terior de las administraciones Santander y Bolívar, cuya temprana edición de la — a YA de
la revolución de la República de Colombia en la América Meridional salió de una im s de que terminara la primera experiencia colombiana - Enta
1 sus recuerdos sobre los cambios que estaban en proce cipales jetes militares se ha editado en muchos A y la El problema de esta época no es precisamente de es 0 etaciones, dado su uso por las ideologías AN os últimos siglos, de los cuales el coronel Hugo e. y ando gobernó la República Bolivariana de MM xperimento de la primera nación colombiana fracasa ar y económico que fue empeñado para cm den de las antiguas naturalezas provinciales. e siguió fue el tránsito a tres nuevas naciones lideradas por hombres de ambición política to mostraron Miranda, Bolívar y Zea respondientesa la acción de los diádocos del Libertador: Páez, Flores, os hermanos Monagas, José Hilario López y José María Obando. El ris fue empleado como orientación para completar la conversión e las extinguidas reales audiencias en los correspondientes tea fuerza o por la negociación, y desde entonces no ha cesado cial de los estamentos heredados en cuerpos ciudadanos
década es significativa, asf como las mem miembros de la generación de la gran an
parisiense tres años ante viajeros extranjeros dejaro correspondencia de los prin ha sido puesta en sitios web. sino de un conflicto de interpr el abuso por los caudillos de los d dio su más contundente ejemplo cu
Hay que advertir que aunque ele enso esfuerzo político, milit no por ello se regresó al or sallos del rey español. Lo qu rduran, pese a sus vicisitudes, gida que las que en su momen
pese alinm su realización, dividían alos va que hasta hoy pe mucho más restrin Son las naciones Cor Santander, Soublerte, | principio 11 possidetis tu de las antiguas provincias d rrirorios nacionales, bien porl el largo proceso de integración so
que aspiran ala igualdad, la libertad y la solidaridad.
De la colección personal de Armando Martínez Garnica.