Colección Martínez Garnica

Historia Íntima del Congreso Cons­ti­tu­yente de la Villa del Rosario de Cúcuta

Armando Martínez Garnica - Silvano Pabón Villa­mi­zar
ProcedenciaEjemplar de la colección personal del historiador Armando Martínez Garnica (Bucaramanga). Doctor en Historia por El Colegio de México y profesor emérito de la Universidad Industrial de Santander. Fue director del Archivo General de la Nación (2016-2019), dirigió la Revista de Santander y preside la Academia Colombiana de Historia.
Edición digital recompuesta de la digitalización del ejemplar impreso. Transcripción realizada página a página contra las imágenes del escaneo; los pasajes ilegibles están marcados. Recreación tipográfica que no sustituye a la edición impresa.

Intro­duc­ción

El Congreso de dipu­ta­dos de 21 pro­vin­cias del extin­guido Virrei­nato de Santafé y de la mori­bunda Capi­ta­nía general de Vene­zuela, reunido en la Villa del Rosario de Cúcuta entre el 6 de mayo y el 14 de octubre de 1821, fue a la vez cons­ti­tu­yente y cons­ti­tu­cio­nal. Las urgen­cias de la for­ma­ción de un nuevo Estado cons­ti­tu­cio­nal para poner fin a un gobierno militar —nacido de la victoria del campo de Boyacá— y para resolver las tareas pri­ma­rias de la inte­gra­ción social de una nueva nación de ciu­da­da­nos, así lo acon­se­ja­ron. Como congreso cons­ti­tu­yente, debatió y aprobó, el 30 de agosto de 1821, la primera carta cons­ti­tu­cio­nal de la Repú­blica de Colombia. Como congreso cons­ti­tu­cio­nal, debatió y aprobó 82 dis­po­si­cio­nes legis­la­ti­vas: 38 leyes, 36 decretos y 8 reso­lu­cio­nes.

Después de una década de expe­rien­cias cons­ti­tu­yen­tes en el mundo hispano¹, en cuyo haber figu­ra­ban tres cons­ti­tu­cio­nes nacio­na­les —Vene­zuela (21 de diciem­bre de 1811 y 15 de agosto de 1819) y España (19 de marzo de 1812)— y nueve cons­ti­tu­cio­nes pro­vin­cia­les de las cuales se tiene certeza

¹ Para esta expe­rien­cia cons­ti­tu­cio­nal temprana pueden verse las dos obras de Isidro VANEGAS, El cons­ti­tu­cio­na­lismo fun­da­cio­nal, Bogotá, Plural, 2012, y El cons­ti­tu­cio­na­lismo revo­lu­cio­na­rio, 1809-1815, Buca­ra­manga, UIS, 2012, 2 tomos. También los dos tomos de las Actas de los Colegios Elec­to­ra­les y Cons­ti­tu­yen­tes de Cun­di­na­marca y de Antio­quia, 1811-1812, editadas por Daniel GUTIÉ­RREZ ARDILA, Buca­ra­manga, UIS, 2010.

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—Cun­di­na­marca, Tunja, Antio­quia, Car­ta­gena, Pamplona, Socorro, Neiva, Popayán y Mari­quita—, ya estaba bien resuelto por los cons­ti­tu­yen­tes vene­zo­la­nos el pro­to­colo de la hoja de ruta para reunir un congreso cons­ti­tu­yente. Había que comenzar con una con­vo­ca­to­ria a su reunión, seguida por la redac­ción del regla­mento elec­to­ral y por la orga­ni­za­ción de los comicios para escoger los dipu­ta­dos que repre­sen­ta­rían a los dis­tin­tos pueblos de las pro­vin­cias. Una vez satis­fe­cho el quorum esta­ble­cido por la con­vo­ca­to­ria, se pro­ce­de­ría a la ins­ta­la­ción por la auto­ri­dad política com­pe­tente, la que debía leer el discurso de ins­ta­la­ción. Se pasaba entonces a debatir y aprobar el regla­mento de proceder durante las sesiones y a elegir la pre­si­den­cia pro tempore del Congreso y sus secre­ta­rios de actas. Venía luego el debate ordenado de los artí­cu­los del proyecto cons­ti­tu­cio­nal pre­sen­tado al cuerpo cons­ti­tu­cio­nal, dejando cons­tan­cia en actas, hasta alcanzar la apro­ba­ción del texto total­mente debatido. Este texto aprobado tenía que ser san­cio­nado legal­mente por el pre­si­dente del poder eje­cu­tivo elegido, y después impreso para su envío a todas las auto­ri­da­des locales y pro­vin­cia­les, encar­ga­das de dos trámites: la pro­mul­ga­ción y la jura de obe­dien­cia por todos, pero espe­cial­mente por todos los emple­a­dos públicos y cor­po­ra­cio­nes². Todo este pro­to­colo se realizó en su tota­li­dad en la Villa del Rosario, pese a las difi­cul­ta­des deri­va­das de su infra­es­truc­tura sani­ta­ria y física.

La historia íntima de esta con­gre­ga­ción ilumina las difí­ci­les cir­cuns­tan­cias sociales en las cuales se produjo la creación cons­ti­tu­cio­nal de la Repú­blica de Colombia en una villa sin agua potable ni ser­vi­cios indis­pen­sa­bles. Las quejas contra "el clima" de la Villa del Rosario fueron fre­cuen­tes desde antes de la apertura del Congreso, pues los dipu­ta­dos le atri­bu­ían el origen de las fre­cuen­tes diarreas que aque­ja­ban a algunos de ellos. Antes de la apertura de las sesiones falle­cie­ron dos vice­pre­si­den­tes

² Este pro­to­colo de ela­bo­ra­ción de las primeras cons­ti­tu­cio­nes de Vene­zuela y de Colombia puede verse en detalle en la obra de Ángel Rafael ALMARZA VILLA­LO­BOS, Los inicios del gobierno repre­sen­ta­tivo en la Repú­blica de Colombia, 1818-1821, Madrid, Marcial Pons, 2017. Una pere­grina hipó­te­sis sobre un supuesto "Congreso cons­ti­tu­yente del Estado libre de Casanare", apa­ren­te­mente rea­li­zado en Pore en 1818, ha sido defen­dida sin tener en cuenta este pro­to­colo de los con­gre­sos cons­ti­tu­yen­tes y sin aportar los docu­men­tos reque­ri­dos para cada uno de los pasos de la hoja de ruta.

inte­ri­nos de la nueva repú­blica, en orden sucesivo Juan Germán Roscio y Luis Eduardo de Azuola, y casi ense­guida Felipe Antonio Mazuera Rentería, dictador de Popayán durante el tiempo de las primeras repú­bli­cas. El primero dejó una huérfana de solo dos días de nacida, y una viuda de 20 años des­pro­te­gida que tuvo que regresar a su casa paterna en la villa de Angos­tura. Cuando ya había sido aprobada la carta cons­ti­tu­cio­nal, falleció el pres­bí­tero José Antonio Yanes, diputado de Mérida, y a los meses después de haber regre­sado de la Villa del Rosario a sus casas de Caracas y Mara­caibo falle­cie­ron dos de los dipu­ta­dos: el de Guayana, Miguel de Zárraga, y el licen­ciado Gaspar Melchor Marcano Boadas, quien había venido como diputado suplente de Mar­ga­rita.

La satis­fac­ción del quorum regla­men­ta­rio para la apertura de las sesiones nunca se completó, y por ello el vice­pre­si­dente Nariño tuvo que cambiar la regla de las dos terceras partes por la regla de la mayoría absoluta. Un oficial irlandés retó a un duelo de armas al general Nariño, en una supuesta defensa del honor herido de la señora Mary English, reto que el san­ta­fe­reño castigó hacién­dolo encar­ce­lar en una prisión inde­co­rosa en una casa de la Villa del Rosario. La dipu­ta­ción de la pro­vin­cia de Santa Marta era real­mente una dipu­ta­ción inte­grada por ocañeros y un vera­cru­zano, lo cual amerita una atención par­ti­cu­lar. Dos ilus­tra­dos hermanos fueron dipu­ta­dos prin­ci­pa­les, uno repre­sen­tando a Antio­quia y el otro al Cauca, pero fueron muchos más los dipu­ta­dos que eran primos hermanos. Buena parte de la finan­cia­ción de las dietas diarias de los dipu­ta­dos fueron sufra­ga­das por las cajas de las pro­vin­cias, como lo ilustra la del Socorro, que dedicó una parte de las rentas de alca­ba­las y aguar­dien­tes a ese objeto.

Fueron 13 los dipu­ta­dos que eran ecle­siás­ti­cos de pro­fe­sión³, lo cual permitía esperar la inclu­sión de un artículo que com­pro­me­tiera al poder eje­cu­tivo colom­biano con la pro­tec­ción de la religión católica en la carta

³ Además del obispo Rafael Lasso de la Vega, los pres­bí­te­ros José Manuel Campos Cote, Fran­cisco José Otero, Luis Ignacio Mendoza, Lorenzo San­tan­der, José Antonio Yanes, José Félix Blanco, Antonio María Briceño, Ramón Ignacio Méndez, Ignacio Fer­nán­dez, José Antonio Mendoza, Miguel Domín­guez y José Joaquín Fer­nán­dez de Soto.

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magna, pero el obispo Lasso de la Vega lo impidió, para sorpresa de todos. Algunos dipu­ta­dos no se dieron por satis­fe­chos con algunas deci­sio­nes tomadas por la mayoría, y por ello con­sig­na­ron ante los secre­ta­rios casi cinco decenas de pro­tes­tas. El proyecto cons­ti­tu­cio­nal pre­sen­tado por el general Antonio Nariño fue dese­chado por el doctor Vicente Azuero, quien impuso el suyo a la Comisión de Cons­ti­tu­ción y Legis­la­ción, que integró con José Manuel Restrepo, Luis Mendoza, Diego Fernando Gómez y José Cornelio Valencia. Como los vene­zo­la­nos se negaron a prestar la imprenta que había fun­cio­nado en el Congreso de Angos­tura, esta difi­cul­tad fue solu­cio­nada por el general Nariño, quien hizo venir de Bogotá al impresor Bruno Espinosa de los Monteros, quien cargó en mulas su propia imprenta. El regla­mento para la inter­ven­ción de los dipu­ta­dos en las sesiones fue ela­bo­rado por una comisión de los dipu­ta­dos, inte­grada por Diego Fernando Gómez, Ber­nar­dino Tobar, José Fran­cisco Pereira y José Antonio de las Bárcenas.

Los par­ti­ci­pan­tes en esta mesa exa­mi­na­ron algunos aspectos del evento cons­ti­tu­yente en el que vino al mundo la primera carta cons­ti­tu­cio­nal de la Repú­blica de Colombia. Las mejores fuentes, además del Libro de Actas, son los informes suce­si­vos que cuatro dipu­ta­dos remi­tie­ron al vice­pre­si­dente San­tan­der: Ale­jan­dro Osorio, José Manuel Restrepo, Vicente Azuero y Fran­cisco Soto. El doctor Ale­jan­dro Osorio Uribe se desem­peñó como secre­ta­rio de Guerra y Hacienda del depar­ta­mento de Cun­di­na­marca entre el 24 de sep­tiem­bre de 1819 y febrero de 1821, cuando se marchó a la Villa del Rosario como diputado suplente elegido por la pro­vin­cia de Mari­quita. Natural de Santafé (1790) y abogado, se había casado, el 21 de octubre de 1819, con doña Antonia Ricaurte Nariño, hija de doña Dolores Nariño (hermana de Antonio Nariño) y hermana del coman­dante José María Ricaurte. Había estado en la campaña de Pasto con Antonio Nariño, como auditor de guerra. Por haber tra­ba­jado año y

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medio bajo la depen­den­cia del vice­pre­si­dente San­tan­der se hizo su amigo y por ello actuó como su infor­mante sobre lo que ínti­ma­mente acon­te­cía en el Congreso cons­ti­tu­yente: San­tan­der recibió, entre el 21 de marzo y el 21 de agosto, once cartas de Osorio, cuyas res­pues­tas deben estar en el archivo privado de la familia Osorio Racines.

Gober­na­dor político de la pro­vin­cia de Antio­quia, José Manuel Restrepo fue elegido diputado prin­ci­pal por la pro­vin­cia del Citará. Llegó a Pamplona el 3 de mayo de 1821 y el 9 de mayo siguiente tomó asiento en el Congreso. Amigo del general San­tan­der desde los tiempos en que las tropas del Congreso de las Pro­vin­cias Unidas derro­ta­ron al general Nariño en Ven­ta­que­mada, actuó como su infor­mante sobre lo que ínti­ma­mente acon­te­cía en el Congreso cons­ti­tu­yente: San­tan­der recibió, entre el 5 de mayo y el 6 de agosto, cinco cartas de Restrepo, cuyas res­pues­tas deben estar en el archivo privado de este. Presente en las sesiones desde el día de la ins­ta­la­ción del Congreso, como diputado por la pro­vin­cia del Casanare, Vicente Azuero Plata hizo parte de la Comisión de Cons­ti­tu­ción y Legis­la­ción, y actuó como uno de los que escri­bían al vice­pre­si­dente San­tan­der para "ins­truirle de lo que aquí pasa", pues le envió dos extensos informes el 6 y el 20 de junio de 1821. El doctor Fran­cisco Soto fue una de las personas más cercanas al general San­tan­der y su albacea al final de sus días, así como su secre­ta­rio de Hacienda durante la admi­nis­tra­ción gra­na­dina de 1832-1837. El largo informe que le remitió el 5 de sep­tiem­bre de 1821 al vice­pre­si­dente contiene algunos detalles que sus colegas no men­cio­na­ron.

En 1823 ya estaba en Caracas com­ba­tiendo el arti­cu­lado de la carta cons­ti­tu­cio­nal de la Villa del Rosario el doctor Fran­cisco Javier Yanes, cuyos Apun­ta­mien­tos sobre la legis­la­ción de Colombia corrían de mano en mano en sus copias manus­cri­tas. Su ingreso al grupo de redac­to­res de El Cons­ti­tu­cio­nal, la versión remozada de El Vene­zo­lano, le dio nueva tribuna para su tarea de des­pres­ti­giar la obra de los cons­ti­tu­yen­tes de la Villa del Rosario.

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Ex libris de Armando Martínez Garnica: las tres plumas del Príncipe de Gales sobre una corona, con el lema «Ich Dien» y su nombre manuscrito.

De la colección personal de Armando Martínez Garnica.