El Club del Comercio de Bucaramanga, el primero de cuantos clubes sociales se han fundado en Colombia, puede por ello ser calificado como el Decano de los clubes sociales del país¹. Esta iniciativa fue liderada en el año 1872 por Nepomuceno Serrano Serrano para conformar el Liceo de Soto, formalizado el primero de mayo de 1873 con el nombre de Club de Soto, después de la reunión de la junta preparatoria que se organizó el 18 de marzo anterior en una residencia particular. Posteriormente surgieron dos clubes sociales en la ciudad de Bogotá: el Jockey Club y el Gun Club.
El Jockey Club fue fundado en 1874 por un grupo de caballeros bogotanos —Ricardo Portocarrero, Rodolfo Samper, Salvador Camacho Roldán y los hermanos Holguín— que se reunía en la tienda "La Rosa Blanca", de la calle 11 con carrera séptima, y que desde el siguiente año se instaló en la residencia de don Mariano Tanco, situada en la calle 12 con la calle de Florián. El nombre aludió a su gusto común por los caballos ingleses, y se dijo en Bogotá que su modelo fue el Reform Club de la calle Pall Mall número 104 de Londres, cuyo socio ficticio, Phileas Frogg, fue uno de los personajes de la novela de Julio Verne titulada La vuelta al mundo en ochenta días.
El Gun Club fue creado en 1882 por otro grupo de caballeros bogotanos —Julio y Enrique Silva, José Camacho Carrizosa, Ruperto y Carlos Restrepo Sáenz, Nicolás Pinzón Rico y José María Sáenz Pinzón— que se reunían en una tienda de la calle novena, entre carreras séptima y octava. Tomaron el nombre de una novela de Julio Verne, De la tierra a la luna (1865), pues fue en el ficticio Gun Club de Union Square número 21 de Baltimore (Maryland), donde un grupo de caballeros acordó realizar un viaje a la luna. Las guerras civiles interrumpieron su actividad, hasta su reorganización en octubre de 1893.
La primera denominación de "Liceo" y su nacimiento en el local de una escuela pública, hicieron referencia al proyecto educativo que estuvo en los orígenes del primer club bumangués: civilizar las costumbres sociales de los caballeros, en coexistencia con las actividades de entretenimiento, lo cual haría del colectivo masculino de socios un "grupo social de distinción", caracterizado por el cultivo del "buen gusto", tal como se expresaría en la elegancia del vestir, el trato amable, la comida gourmet del restaurante, los bailes de gala en el gran salón, los licores finos ofrecidos en la cantina, la novedad de los muebles y de los elementos decorativos de la sede, las lecturas en el gabinete de la biblioteca, los juegos elegantes y legales. Muy pronto se agregó el compromiso patriótico de los socios, expresado en la tradición de la celebración anual del día de la Independencia Nacional. El papel protagónico que jugaron los educadores locales tanto en el Liceo de Soto como en el Club de Soto explica esta peculiaridad institucional, si se compara con los propósitos particulares de los dos clubes bogotanos que le siguieron en orden.
1] El 13 de mayo de 1957, un grupo de 37 socios (entre ellos Armando Puyana Puyana, Víctor y Enrique Paillié O., Samuel Arango Reyes, Pedro A. y Hernán Gómez Gómez) reclamó a la junta directiva del Club del Comercio su silencio respecto de una intromisión en la autonomía de los clubes sociales de Cali por parte de un exgobernador del Valle del Cauca, situación que había generado un movimiento de solidaridad de todos los clubes del país. Dijeron estos que ese silencio era intolerable por "el hecho de ser el Club del Comercio el decano de los clubes sociales del país". En 1973, cuando el Club conmemoró su primer siglo de existencia, el presidente de la junta directiva, David G. Puyana Silva, afirmó que este era el primero de los clubes del país en alcanzar esa antigüedad. Como alguna versión atribuye al Club Manizales una antigüedad similar a la del Club del Comercio de Bucaramanga, es preciso decir que aquel solo fue constituido el 10 de mayo de 1935, más de seis décadas después de la instalación del Club de Soto.
El Club del Comercio de Bucaramanga, el primero de cuantos clubes sociales se han fundado en Colombia, puede por ello ser calificado como el Decano de los clubes sociales del país¹. Esta iniciativa fue liderada en el año 1872 por Nepomuceno Serrano Serrano para conformar el Liceo de Soto, formalizado el primero de mayo de 1873 con el nombre de Club de Soto, después de la reunión de la junta preparatoria que se organizó el 18 de marzo anterior en una residencia particular. Posteriormente surgieron dos clubes sociales en la ciudad de Bogotá: el Jockey Club y el Gun Club.
El Jockey Club fue fundado en 1874 por un grupo de caballeros bogotanos —Ricardo Portocarrero, Rodolfo Samper, Salvador Camacho Roldán y los hermanos Holguín— que se reunía en la tienda "La Rosa Blanca", de la calle 11 con carrera séptima, y que desde el siguiente año se instaló en la residencia de don Mariano Tanco, situada en la calle 12 con la calle de Florián. El nombre aludió a su gusto común por los caballos ingleses, y se dijo en Bogotá que su modelo fue el Reform Club de la calle Pall Mall número 104 de Londres, cuyo socio ficticio, Phileas Frogg, fue uno de los personajes de la novela de Julio Verne titulada La vuelta al mundo en ochenta días.
El Gun Club fue creado en 1882 por otro grupo de caballeros bogotanos —Julio y Enrique Silva, José Camacho Carrizosa, Ruperto y Carlos Restrepo Sáenz, Nicolás Pinzón Rico y José María Sáenz Pinzón— que se reunían en una tienda de la calle novena, entre carreras séptima y octava. Tomaron el nombre de una novela de Julio Verne, De la tierra a la luna (1865), pues fue en el ficticio Gun Club de Union Square número 21 de Baltimore (Maryland), donde un grupo de caballeros acordó realizar un viaje a la luna. Las guerras civiles interrumpieron su actividad, hasta su reorganización en octubre de 1893.
La primera denominación de "Liceo" y su nacimiento en el local de una escuela pública, hicieron referencia al proyecto educativo que estuvo en los orígenes del primer club bumangués: civilizar las costumbres sociales de los caballeros, en coexistencia con las actividades de entretenimiento, lo cual haría del colectivo masculino de socios un "grupo social de distinción", caracterizado por el cultivo del "buen gusto", tal como se expresaría en la elegancia del vestir, el trato amable, la comida gourmet del restaurante, los bailes de gala en el gran salón, los licores finos ofrecidos en la cantina, la novedad de los muebles y de los elementos decorativos de la sede, las lecturas en el gabinete de la biblioteca, los juegos elegantes y legales. Muy pronto se agregó el compromiso patriótico de los socios, expresado en la tradición de la celebración anual del día de la Independencia Nacional. El papel protagónico que jugaron los educadores locales tanto en el Liceo de Soto como en el Club de Soto explica esta peculiaridad institucional, si se compara con los propósitos particulares de los dos clubes bogotanos que le siguieron en orden.
1] El 13 de mayo de 1957, un grupo de 37 socios (entre ellos Armando Puyana Puyana, Víctor y Enrique Paillié O., Samuel Arango Reyes, Pedro A. y Hernán Gómez Gómez) reclamó a la junta directiva del Club del Comercio su silencio respecto de una intromisión en la autonomía de los clubes sociales de Cali por parte de un exgobernador del Valle del Cauca, situación que había generado un movimiento de solidaridad de todos los clubes del país. Dijeron estos que ese silencio era intolerable por "el hecho de ser el Club del Comercio el decano de los clubes sociales del país". En 1973, cuando el Club conmemoró su primer siglo de existencia, el presidente de la junta directiva, David G. Puyana Silva, afirmó que este era el primero de los clubes del país en alcanzar esa antigüedad. Como alguna versión atribuye al Club Manizales una antigüedad similar a la del Club del Comercio de Bucaramanga, es preciso decir que aquel solo fue constituido el 10 de mayo de 1935, más de seis décadas después de la instalación del Club de Soto.
Dos distinguidos socios, ambos académicos de número en la Academia de Historia de Santander, se han ocupado anteriormente de la historia del Club del Comercio de Bucaramanga. Edmundo Gavassa Villamizar entregó en 1986 el primero de sus tres libros históricos sobre el Club, titulado Club del Comercio, que dio cuenta de sus lecturas de las actas de las reuniones de la junta directiva entre 1873 y 1941. En el año 2005 entregó el segundo libro, producto de la lectura de las actas entre 1942 y 1980 y titulado Una historia íntima, y el último tomo, correspondiente a los años 1981-2019, fue publicado en febrero de 2020 con el título de Intimidades de su historia. Por su parte, Marina González de Cala escribió el libro conmemorativo con ocasión de sus primeros 125 años de historia, producido en 1997 por el Grupo Editorial 87, con la dirección editorial de Aída Martínez Carreño y la selección fotográfica de Saúl Meza Arenas.
La historia del Club del Comercio forma parte integral de la sociedad bumanguesa, de sus vicisitudes y sus realizaciones, testigo de excepción del desarrollo social, cultural, empresarial y político de la ciudad, que el 22 de diciembre de 2022 celebra los 400 años de la congregación de indios de Bucaramanga, simbiosis que se aprecia en el contenido de esta obra.
Al llegar a la conmemoración de los 150 años de la iniciativa del Liceo de Soto que dio origen al actual Club del Comercio, su junta directiva invitó al doctor Armando Martínez Garnica, presidente de las Academias Colombiana de Historia y de Santander, a ocuparse nuevamente de la investigación de esta historia institucional. Este aniversario coincide con la celebración de los primeros 100 años de la terminación, el 20 de septiembre de 2022, del edificio neoclásico diseñado y construido por el ingeniero italiano Pietro Colombo Monticoni, fecha desde cuando ha sido la sede social del Club. Edificación declarada mediante Resolución No 0350 del 01 de agosto de 2023 por el Ministerio de Cultura como un Bien Interés Cultural del orden nacional.
Con gran entusiasmo, el autor emprendió la paciente lectura de las actas de las reuniones de las juntas directivas y de las asambleas generales que se han conservado, reforzando las investigaciones anteriores y complementándolas con los hechos posteriores. Para la edición del libro conformó un equipo de alto nivel profesional con José Bernardo Mayorga Rodríguez, corrector de estilo; Saul Mesa Arenas, quien aportó la selección fotográfica; Marta Ayerbe Posada, el diseño gráfico; Beatriz Helena Dangond, el levantamiento y la restitución de la evolución arquitectónica; y Héctor Iván Moreno Villamizar, gerente del Club. Contó también con el decidido apoyo de la junta directiva y socios del Club, entre los que es preciso mencionar a Gilda Azuero Paillié, Elena Arenas de Ortiz y Carmen Alicia Remolina, quienes acompañaron esta exploración histórica, resolviendo dudas y ajustando los detalles de una gesta colectiva en las que cientos de socios empeñaron desvelos y esfuerzos, como miembros de las juntas directivas, para la resolución de los problemas diarios de la preservación de esta sesquicentenaria institución y de su centenario edificio neoclásico, cuyo devenir hace honor al proverbio que encabeza esta presentación, elegido como seudónimo por Pietro Colombo Monticoni para participar en el concurso de diseño de la sede. He aquí el fruto de todos ellos.
Un especial reconocimiento al Ministerio de Cultura, que asumió lo relacionado con el apoyo financiero para la publicación de esta amena obra, así como a la Universidad Autónoma de Bucaramanga y la Electrificadora de Santander S. A. ESP, entidades emblemáticas de Santander que patrocinaron el diseño gráfico y la selección fotográfica.
Este riguroso y ameno relato histórico, que con certeza disfrutarán los socios y amigos de esta casa social, las organizaciones históricas, académicas y culturales, y la ciudadanía en general, queda como referente documentado para futuras generaciones sobre uno de los modos de la sociabilidad urbana basada en la aspiración a la distinción, al buen gusto, a la camaradería, a la caballerosidad y a las buenas maneras.
CARLOS ALBERTO GÓMEZ GÓMEZ
Presidente de la Junta Directiva
Club del Comercio de Bucaramanga
De la colección personal de Armando Martínez Garnica.