La batalla dada en los alrededores del puente de Boyacá el día 7 de agosto de 1819 entre la Tercera División del Ejército Expedicionario de Tierra Firme y las dos divisiones del Ejército de Operaciones sobre la Nueva Granada pudo interpretarse como un “acontecimiento histórico” por sus consecuencias políticas: la destrucción de las instituciones monárquicas en el Virreinato de Santafé y la formación de un Estado de régimen republicano en la República de Colombia que se constituyó en la Villa del Rosario de Cúcuta menos de dos años después.
Mucho menos encarnizada que la batalla dada en el campo del Pantano de Vargas, donde la lucha cuerpo a cuerpo fue más mortífera y cobró mayor número de vidas, la batalla del campo de Boyacá fue decisiva porque las tropas al servicio del virrey “volvieron caras”. Dos días después se produjo la huida del virrey, de los funcionarios de la real audiencia y de muchos españoles por el camino de Honda, con lo cual, al atardecer del 10 de agosto siguiente, entró el general Bolívar a palacio para organizar el nuevo gobierno que administró el dominio sobre todas las provincias que fueron “liberadas” por los ejércitos patriotas.
Un buen relato histórico se hace con las mejores fuentes disponibles. Dada la naturaleza patriótica de la memoria social de este acontecimiento, cultivada durante los dos últimos siglos en las instituciones escolares y en las conmemoraciones públicas, así como en las representaciones periódicas de los cuerpos armados del Ejército Nacional, el relato popular se desliza hacia la ficción. Es cierto que toda nación requiere relatos míticos para representarse sus orígenes, pero también es cierto que el desarrollo de la ciencia histórica requiere un esfuerzo de revisión y crítica de la memoria colectiva. A diferencia del relato de la memoria, que no precisa fuentes conocidas ni de control social en su uso político, el relato histórico debe regirse por el canon del método de la ciencia histórica: la labor crítica de las mejores fuentes conocidas.
Al completar dos siglos de experiencia republicana en Colombia, hecha posible desde 1819 por el acontecimiento de la batalla de Boyacá, que permitió la destrucción de las instituciones superiores del Virreinato de Santafé, la nueva generación de colombianos, huérfana del aprendizaje metódico de la ciencia histórica por una mala aplicación de una decisión curricular del Ministerio de Educación, necesita construir de nuevo el relato de la historia de la nación colombiana. Y ello solo es posible con las mejores fuentes disponibles.
Tal es la intención de este pequeño libro: proveer las mejores fuentes disponibles sobre el acontecimiento de la batalla de Boyacá para que los ciudadanos ilustrados se formen una mejor representación de un acontecimiento histórico de gran significado para la gesta de una nación moderna de ciudadanos, que ya completa una existencia bicentenaria.
De la colección personal de Armando Martínez Garnica.