Los nuevos estados nacionales que emergieron en el mar de la hispanidad, durante la revolución que fue promovida por la crisis monárquica de 1808-1813, aspiraron a formar nuevas autoridades republicanas capaces de mantener el monopolio sobre la fuerza armada y los recaudos fiscales. El cumplimiento de este propósito era relativamente fácil en los escenarios continentales, dado que sobre la marcha podían reclutarse milicianos bisoños, darles instrucción militar con rapidez y a bajo costo, e improvisar oficiales capaces de mandarlos y hacerlos marchar. Batallones de campesinos conscriptos, instruidos como soldados y dotados de unas cuantas armas blancas, se formaron con rapidez allí donde se establecieron juntas de gobierno autónomas, y fueron muchos los colegiales que se improvisaron como capitanes de tierra.
Pero en los escenarios marítimos este asunto era mucho más difícil. Para empezar, había que conquistar una porción del antiguo Mare Nostrum del Estado monárquico, administrado desde hacía siglos por el almirante de Castilla, y defenderlo como mar territorial de una nueva nación independiente. Lograr este objetivo requería contar con navíos grandes y costosos, fruto de carpinteros y veleros profesionales, artillados convenientemente por peritos en balística, y manejados por capitanes de navíos y una marinería experta en todas las maniobras marítimas. Nada de esto podía obtenerse
The new national states that emerged in the sea of Hispanity during the revolution that was promoted by the monarchic crisis of 1808-1813, aspired to form new republican authorities capable of maintaining a monopoly over armed force and tax revenues. The fulfillment of this purpose was relatively easy in the continental scenarios, since inexperienced militiamen could be recruited on the go, give them military instruction quickly and cheaply, and improvise officers that could be capable of commanding them and marching them. Battalions of conscript peasants, instructed as soldiers and equipped with a few bladed weapons, were quickly formed wherever autonomous government boards were formed and many schoolboys improvised as land captains.
But in the maritime scenarios this matter was much more difficult. To begin with, it was necessary to conquer a portion of the former Mare Nostrum of the monarchic state, administered for centuries by the admiral de Castilla, and to defend it as the territorial sea of a new independent nation. To achieve this objective required large and expensive ships, the work of professional carpenters and sailors, properly armed by experts in ballistics, and manned by captains and sailors expert in all maritime maneuvers. None of this could be obtained at the time of the revolution. That is why the new republican states had provide themselves with foreign sailors
en los tiempos de la revolución. Por eso los nuevos Estados republicanos tuvieron que servirse de marinos extranjeros y concederles patentes de corso, dándoles una participación en los repartos de los navíos enemigos apresados en alta mar. Una potencia marítima mundial como Gran Bretaña, dueña de una alta cultura naval que incluía caballeros formados como oficiales, maestranzas administradas por maestros carpinteros y herreros, colecciones de precisos mapas de marear e instrumentos eficientes, conserva en los archivos de su tribunal de presas marítimas información sobre más de 32.000 naves capturadas en los mares del planeta.
Estas circunstancias explican que el primer capítulo de una historia de la Armada republicana de Colombia tenga que versar sobre navíos corsarios y capitanes extranjeros al servicio de las primeras autoridades republicanas, entre los cuales brillaron los nombres de Luis Brión, Renato Beluche, John Daniel Danells, Walter Dawes Chitty, James Bluck, J. Pelot, Pedro Uribarri, Pedro María Iglesias, Nicolás Joly, Dennis Thomas, Marck R. Mankind, William White, John McCann, Clement Castell, Richard Wright y John Illingworth. Por sus servicios de transporte a la expedición militar que salió de los Cayos de Haití, hasta hacerse con el control de la isla de Margarita, el general Bolívar concedió a Luis Brión el único título de almirante que existió durante la experiencia de la primera República de Colombia.
Los constituyentes que se reunieron en la Villa del Rosario en el año 1821 examinaron la temprana experiencia marítima republicana, basada en los recursos de los navíos particulares que recibieron patentes de corso. Juzgaron que, pese a los beneficios obtenidos contra los navíos españoles enemigos y a la experiencia obtenida en las flotillas sutiles, la Armada republicana debía contar con organización, navíos y hombres propios calificados. Una Comisión de Marina accidental propuso la abolición del Almirantazgo y del Tribunal del Almirantazgo que habían existido hasta entonces en Venezuela, y su reemplazo por un régimen de cuatro departamentos de marina, coordinados por el secretario de Marina del poder ejecutivo. Así fue como la costa del mar Caribe fue dividida en tres departamentos de marina,
and grant them privateer's patents, giving them a share in the distribution of enemy ships captured on the high seas. A world maritime power like Great Britain, owner of a high naval culture that included gentlemen trained as officers, master ships' yards managed by master carpenters and blacksmiths, collections of precise sea charts and efficient instruments, preserves in the archives of its court of maritime dams information on more than 32,000 ships captured on the seas of the planet.
These circumstances explain why the first chapter of a history of the Republican Navy of Colombia had to navigate over corsair ships and foreign captains in the service of the first republican authorities, among which the names of Luis Brión, Renato Beluche, John Daniel Danells, Walter Dawes Chitty, James Bluck, J. Pelot, Pedro Uribarri, Pedro María Iglesias, Nicolás Joly, Dennis Thomas, Marck R. Mankind, William White, John McCann, Clement Castell, Richard Wright and John Illingworth stood out. For his transport services to the military expedition that left the Haitian Keys, until it took the control of Isla Margarita, General Bolívar granted Luis Brión the only title of admiral that existed during the experience of the first Republic of Colombia.
The constituents that met They judged in Villa de Rosario in 1821, examined the early republican maritime experience, based on the resources of private vessels that received privateer's patents. They judged that, in spite of the benefits obtained against enemy Spanish ships and the experience gained in the subtle flotillas, the Republican Navy should have an organization, ships and qualified men. An accidental Navy Commission proposed the abolition of the Admiralty and the Admiralty Court, which had existed until then in Venezuela and their replacement by a regime of four Navy Departments, coordinated by the Secretary of the Navy of the Executive Power. That was how the Caribbean coast was divided into three marine departments, and the fourth would be in charge of the Pacific coast, from the port of Guayaquil.
When the port of Cartagena became the headquarters of the Third Department of the Navy, Vice Presi-
y el cuarto quedaría encargado de la costa del mar Pacífico, desde el puerto de Guayaquil.
Cuando el puerto de Cartagena se convirtió en la sede del Tercer Departamento de Marina, juzgó el vicepresidente Santander que su comandancia debía recaer en el coronel José Padilla López, a la vista de su lucido liderazgo de la flotilla de navíos sutiles, e incluso de los navíos mayores, en el asedio y la toma de las plazas de Santa Marta y Cartagena. Dado que los panameños se adelantaron en declararse independientes del Estado monárquico, la conquista del istmo de Panamá no fue necesaria, por lo que el objetivo militar se desplazó a las plazas de Maracaibo y Puerto Cabello, cuya defensa era apoyada con grandes navíos españoles desde la isla de Cuba.
La campaña del Zulia fue entonces la oportunidad para que la República de Colombia pudiera contar con un mar territorial propio, vedado a la navegación de navíos enemigos. Pero tomar las dos plazas en disputa, defendidas por la flota del capitán Ángel Laborde, segundo jefe de las Fuerzas navales españolas en la América Septentrional, era una misión muy difícil. Para empezar, había que ingresar en navíos al lago de Maracaibo por una barra de aguas poco profundas, paso defendido por el castillo de San Carlos, y después sortear los bajos de El Tablazo. Eran precisos los servicios de prácticos que sondearan las profundidades del mar, pero, sobre todo, la decisión del comandante Padilla, encargado de la misión. Una vez superados estos graves riesgos, había que batir en batalla abierta la flota española. El objetivo pudo cumplirse el 24 de julio de 1823, cuyo mejor resultado fue la capitulación que tuvo que firmar el comandante de la marina española, y el regreso de todas las Fuerzas españolas a la isla de Cuba.
El resultado político de la gran batalla del lago de Maracaibo fue de una contundencia continental. Las armadas españolas no volvieron a tener la posibilidad de conservar el control sobre el mar y la costa de la Tierra Firme. En adelante, este control solo pudo ser de la primera República de Colombia y, desde 1830, de los nuevos Estados de Venezuela y la Nueva Granada.
dent Santander judged that its command should fall on Colonel José Padilla López, in view of his brilliant leadership of the flotilla of subtle ships, and even of the larger ships in the siege and capture of the squares of Santa Marta and Cartagena. As the conquest of the Isthmus of Panama was not necessary, given that the Panamanians went ahead by declaring their independence from the monarchic State, the military objective was shifted to the squares of Maracaibo and Puerto Cabello, whose defense was supported by large Spanish ships from the island of Cuba.
The Zulia campaign was then the opportunity for the Republic of Colombia to have its own territorial sea, forbidden to enemy ships. But taking the two places in dispute, defended by the fleet of Captain Angel Laborde, second in command of the Spanish naval forces in North America, was a very difficult mission. To begin with, it was necessary to enter Lake Maracaibo in ships through a shallow water bar, a pass defended by the castle of San Carlos, and then to cross the shallows of El Tablazo. The services of pilots to sound out the depths of the sea were necessary, but, above all, the decision of Commander Padilla, in charge of the mission. Once these serious risks had been overcome, the Spanish fleet had to be beaten in open battle. The objective was achieved on July 24, 1823, the best result of which was the capitulation that the commander of the Spanish navy had to sign and the return of all the Spanish forces to the island of Cuba.
The political result of the great battle of Lake Maracaibo was of continental forcefulness. The Spanish navies never again had the possibility of retaining control over the sea and the coast of the Tierra Firme. From then on, this control could only belong to the first Republic of Colombia and, since 1830, to the new States of Venezuela and New Granada. The old Mare Nostrum of the Spanish monarchic State had ceased to exist in Tierra Firme, and for this reason the military sailors of the new republics that had been formed to the south of the continent in Buenos Aires and Montevideo could breathe easy. That is why Colombian
El antiguo Mare Nostrum del Estado monárquico español había dejado de existir en la Tierra Firme, y por ello respiraron con tranquilidad los marinos militares de las nuevas repúblicas que se habían formado al sur del continente, en Buenos Aires y Montevideo. Es por ello, que los marinos colombianos consideran que esta fue la acción naval que aseguró la libertad de la América del Sur.
Este libro da cuenta de esa historia, en el año en que se conmemoran los 200 años de su ocurrencia. En el momento en que se libraba la batalla decisiva, el coronel José Padilla no había recibido el despacho por el cual el Consejo de Gobierno de Colombia lo ascendía al rango de general de brigada. Después de la batalla, el Consejo tuvo que ofrecerle el título de general de división como recompensa por sus servicios a la Patria. Así que solo en este año del Bicentenario es cuando la Armada de Colombia le ofrece, como reconocimiento póstumo, el título de Gran Almirante de la República.
sailors consider that this was the naval action that ensured the freedom of South America.
This book gives an account of that history in the year in which the 200th anniversary of its occurrence is commemorated. At the time of the decisive battle, Colonel José Padilla had not received the dispatch by which the Colombian Governing Council promoted him to the rank of brigadier general. After the battle, the Council had to offer him the title of major general as a reward for his services to the Fatherland. So it is only in this year of the Bicentennial that the Colombian Navy offers him, as a posthumous recognition, the title of Grand Admiral of the Republic.
Armando Martínez Garnica
Presidente de la Academia Colombiana de Historia
President of the Colombian Academy of History
De la colección personal de Armando Martínez Garnica.