Colección Martínez Garnica

Colombia, la grande. Abor­da­jes his­to­rio­grá­fi­cos y nuevas pers­pec­ti­vas

Armando Martínez Garnica (capítulo); Ángel Rafael Almarza y Gabriel Samacá Alonso (editores aca­dé­mi­cos)
ProcedenciaEjemplar de la colección personal del historiador Armando Martínez Garnica (Bucaramanga). Doctor en Historia por El Colegio de México y profesor emérito de la Universidad Industrial de Santander. Fue director del Archivo General de la Nación (2016-2019), dirigió la Revista de Santander y preside la Academia Colombiana de Historia.
Edición digital recompuesta de la digitalización del ejemplar impreso. Transcripción realizada página a página contra las imágenes del escaneo; los pasajes ilegibles están marcados. Recreación tipográfica que no sustituye a la edición impresa.
Mapa antiguo colo­re­ado de Colombia (grabado en inglés, siglo XIX): «COLOMBIA», con Carib­bean Sea, Pacific Ocean, Cun­di­na­marca, Quito, Spanish Guyana, Dutch Guyana, French Guyana, Brazil y Peru. Pie: Drawn and Publis­hed by F. Lucas Jr., Bal­ti­more.

San­tan­der y la defensa de la auto­no­mía del Casanare

San­tan­der y la defensa de la auto­no­mía del Casanare

Armando Martínez Garnica

Los restos de los bata­llo­nes gra­na­di­nos derro­ta­dos, tanto en Cachirí como en San José de Cúcuta, quedaron bajo el mando del coronel francés Manuel Roergas Serviez durante el primer semestre de 1816. Este con­tin­gente se amplió con caba­lle­ría de milicias y reclutas sin dis­ci­plina ni expe­rien­cia militar, lo que con­tri­buyó a la desa­for­tu­nada derrota en Cachirí. La opinión pre­do­mi­nante entre los ofi­cia­les vene­zo­la­nos era que solo podrían encon­trar un entorno seguro en los llanos vene­zo­la­nos y en el Casanare, donde ya operaban tropas bajo el mando del general Rafael Urdaneta y el coronel Miguel Valdéz. Esto llevó al traslado de todas las tropas bajo el mando de Serviez y el coronel San­tan­der al Casanare, viajando por la ruta de Cáqueza. Final­mente, solo 800 infantes y 100 dragones mar­cha­ron para unirse a las fuerzas del general Urdaneta en

Nota *: Para citar este capítulo: https://doi.org/10.12804/urosario9789585003798.05

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Casanare y el coronel Valdés en Gua­dua­lito. En ese momento, el gober­na­dor del Casanare era Juan Nepo­mu­ceno Moreno.

Con­vo­ca­dos por el coronel Valdés, los repre­sen­tan­tes de estos tres cuerpos de tropas se reu­nie­ron en el pueblo de Arauca y acor­da­ron nombrar un pre­si­dente del gobierno patriota en el exilio. Eli­gie­ron a Fernando Serrano Uribe, quien había sido el último gober­na­dor del Estado de Pamplona, como pre­si­dente, y a Fran­cisco Javier Yanes, un vene­zo­lano, como secre­ta­rio. Además, eli­gie­ron al coronel San­tan­der como jefe supremo de todas las tropas reunidas, a pesar de que no tenía el rango nece­sa­rio. Esto se debió a que el mando del general Serviez no fue aceptado debido a su con­di­ción de extran­jero, y el del general Rafael Urdaneta no fue aceptado debido a los resen­ti­mien­tos que los jefes de la caba­lle­ría tenían contra él. Esto ocurrió el 16 de julio de 1816.

Sin embargo, esta jefatura militar, que se extendía desde los llanos de Arauca y el Casanare hasta los llanos del Apure, tenía en su contra el hecho de la natu­ra­leza de San­tan­der: ni era llanero ni era vene­zo­lano. San­tan­der recordó en sus Apun­ta­mien­tos de 1837 que los ofi­cia­les vene­zo­la­nos no habían olvidado las desa­ve­nen­cias de Manuel del Castillo y de él mismo con el general Bolívar en los valles de Cúcuta, cuando se negaron a seguirlo hasta Caracas. Los resen­ti­mien­tos de vene­zo­la­nos y gra­na­di­nos durante el bloqueo que Bolívar impuso a la plaza de Car­ta­gena en 1815, así como la resis­ten­cia a obe­de­cerlo y acom­pa­ñarlo en una expe­di­ción contra Santa Marta, seguían frescos en la memoria de los llaneros vene­zo­la­nos. San­tan­der ejercía como jefe supremo en un país donde se creía des­hon­roso que un gra­na­dino mandase a vene­zo­la­nos”. La realidad de las dife­ren­cias his­tó­ri­cas entre los gra­na­di­nos y los vene­zo­la­nos volvía a surgir, y no sería la última vez¹.

En ese momento, San­tan­der se apartó de la jefatura, pre­sen­tando su renuncia al pre­si­dente Fernando Serrano. La coman­dan­cia pasó entonces a manos de alguien que podía ejer­cerla debido a su doble natu­ra­leza como vene­zo­lano y llanero: el general José Antonio Páez. Sin dudarlo, decretó el cese de la auto­ri­dad civil gra­na­dina de Fernando Serrano en Arauca, esta­ble­ciendo úni­ca­mente su auto­ri­dad suprema y única en todos los llanos. Organizó a todas las tropas en brigadas de caba­lle­ría, siendo la primera brigada coman­dada por el general Rafael Urdaneta, la segunda por el coronel San­tan­der y la de reserva bajo Serviez, con­for­mada por los notables de Vene­zuela y la Nueva Granada que habían buscado refugio en los llanos. Poco después, un oficial vene­zo­lano asesinó a Serviez, Valdés y Girardot para robarlos, y pagó por su delito con su fusi­la­miento, ordenado por Páez.

La brigada coman­dada por San­tan­der par­ti­cipó en el combate del hato del Yagual el 8 de octubre de 1816 contra las tropas del gober­na­dor español de Barinas, el coronel López. Al cargar sobre la izquierda del enemigo, logró salvar a la primera brigada y como resul­tado, el ejército patriota obtuvo el control sobre la pro­vin­cia de Barinas. San­tan­der no pudo encon­trar después el boletín manus­crito de ese combate que circuló, pero mencionó que en ese momento la patria se reducía al “terreno donde viva­que­á­ba­mos”². Además del ase­si­nato de sus com­pa­ñe­ros, la campaña del Apure les sometió a muchas pri­va­cio­nes, ya que apenas podían ali­men­tarse de carne mal asada y sin sal, mientras sopor­ta­ban la intensa tem­po­rada de lluvias de ese año.

Después de la campaña de Barinas, San­tan­der y el general Conde soli­ci­ta­ron a Páez un pasa­porte para unirse en la pro­vin­cia de Guayana al ejército que estaba siendo formado allí por el general Manuel Carlos Piar. Durante la búsqueda de Piar, el coronel San­tan­der se enteró de que el general Simón Bolívar, en ese momento jefe supremo de Vene­zuela, había regre­sado de Haití y marchaba de Bar­ce­lona hacia Guayana. San­tan­der lo encontró en la villa de Pao el 2 de abril de 1817, coin­ci­diendo con su 25° cum­ple­a­ños. En sus memorias, San­tan­der mencionó la “desa­brida acogida” que le ofreció un hombre que “con­ser­vaba memorias de las mor­ti­fi­ca­cio­nes sufridas en Cúcuta”. Sin embargo, dado que estaba acom­pa­ñado por el teniente coronel Manuel Manrique y llevaba infor­ma­ción deta­llada sobre el estado de la pro­vin­cia de Apure y las fuerzas de Páez, fue incor­po­rado a la comitiva del jefe supremo como ayudante general del estado mayor, hasta la ren­di­ción de Angos­tura. La frialdad del jefe supremo fue desa­pa­re­ciendo “insen­si­ble­mente” al com­pro­bar que el coronel San­tan­der era “un oficial honrado, labo­rioso y de regu­la­res luces en su pro­fe­sión”³.

Nota 1: Martínez Garnica, Armando, Historia de la Primera Repú­blica de Colombia, 1819-1831. “Decid Colombia sea, y Colombia será” (Bogotá: Edi­to­rial Uni­ver­si­dad del Rosario, 2019), 747.

Nota 2: Martínez Garnica, Armando, La época de Fran­cisco de Paula San­tan­der, 1820-1840 (Bogotá: Academia Colom­biana de Historia, 2024) (en pre­pa­ra­ción).

Nota 3: Cer­ti­fi­ca­ción de los ser­vi­cios mili­ta­res del general Fran­cisco de Paula San­tan­der en Vene­zuela, expedida por el general Carlos Sou­blette, jefe del Estado Mayor General. Cuartel general en jefe de Angos­tura, 22 de agosto de 1818. En: Archivo San­tan­der, Academia Colom­biana de Historia, Bogotá, 1913, vol. I, 108-109.

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El coronel San­tan­der per­ma­ne­ció bajo las órdenes del general Bolívar durante el resto del año 1817 y durante toda la campaña vene­zo­lana de 1818, siempre desem­pe­ñando fun­cio­nes en los estados mayores de los cuerpos mili­ta­res. Fue jefe de estado mayor de la división Piar y líder del estado mayor del batallón de línea del bajo Caroní. Estuvo presente en el fuerte Brion cuando los espa­ño­les eva­cua­ron las for­ta­le­zas el 3 de agosto de 1817. El 24 de sep­tiem­bre de 1817, ascendió a subjefe del Estado Mayor de la División Urdaneta, y al mes siguiente, en noviem­bre, se unió al Estado Mayor General. Durante su tiempo como subjefe, par­ti­cipó en la campaña de 1817 en los llanos de Caracas y estuvo al frente del Estado Mayor General durante la enfer­me­dad del general Carlos Sou­blette, entre el 20 de febrero y el 15 de marzo de 1818, así como en su ausencia entre el 29 de marzo y junio de 1818. Tomó parte en varias acciones de guerra en el año 1818, inclu­yendo las batallas de Calabozo (12 de febrero), El Sombrero (16 de febrero), Semen (16 de marzo), Ortiz (26 de marzo) y Rincón de los Toros (17 de abril). El general Sou­blette cer­ti­ficó en Angos­tura, el 22 de agosto de 1818, que “en el día de la batalla, en las marchas y en la oficina, su conducta ha sido la más reco­men­da­ble, y ha des­ple­gado todo el valor, celo e inte­gri­dad que se requiere en un oficial que ocupa un puesto tan dis­tin­guido, y que jus­ta­mente le han gran­je­ado la con­si­de­ra­ción y aprecio de los jefes prin­ci­pa­les del ejército”⁴.

A partir de 1817, la pro­vin­cia del Casanare, la única que aún mantenía las reli­quias de los ejér­ci­tos gra­na­di­nos que habían sido derro­ta­dos durante el primer semestre de 1816, quedó bajo la auto­ri­dad de un gober­na­dor y un coman­dante vene­zo­la­nos, ya que el general José Antonio Páez la anexó a la pro­vin­cia de Barinas. Los coman­dan­tes llaneros estaban dis­per­sos y enfren­ta­dos, y solo los coro­ne­les Fran­cisco de Paula San­tan­der y Antonio Arre­dondo, junto con los tenien­tes coro­ne­les Juan Nepo­mu­ceno y Vicente Uribe, hacían esfuer­zos por defender la dignidad política y la auto­no­mía de esa pro­vin­cia. Fue nece­sa­rio realizar un gran esfuerzo político y militar para res­tau­rar la auto­no­mía y la res­pe­ta­bi­li­dad del Casanare durante el segundo semestre de 1818 y el primer semestre del año siguiente, tanto en el Congreso cons­ti­tu­yente de Vene­zuela como en la campaña liber­ta­dora que se extendió desde Mantecal hasta Santafé.

El 17 de diciem­bre de 1817, exac­ta­mente dos años antes de la apro­ba­ción de la Ley Fun­da­men­tal de la Repú­blica de Colombia, tres repre­sen­tan­tes del coman­dante general de las tropas de la pro­vin­cia de Casanare, en ese momento el coronel Ramón Nonato Pérez⁵, se pre­sen­ta­ron en Santo Tomás de Angos­tura ante el jefe supremo del Ejército de Vene­zuela, el general Simón Bolívar. Su pro­pó­sito era denun­ciar los abusos come­ti­dos en la pro­vin­cia por el general José Antonio Páez, quien lideraba el Ejército de Apure. Los repre­sen­tan­tes rela­ta­ron que en enero de ese año, las tropas del Casanare, per­se­gui­das por las fuerzas espa­ño­las, se habían visto obli­ga­das a unirse al Ejército de Apure. Como resul­tado, las familias emi­gra­das del Casanare quedaron bajo la pro­tec­ción del general Páez, pero nunca ima­gi­na­ron que esta decisión per­mi­ti­ría al general Páez “como si fuese el jefe absoluto de Vene­zuela”. Nombró solo a vene­zo­la­nos para el gobierno y la coman­dan­cia del Casanare “sin oír la opinión de los notables de la pro­vin­cia”⁶.

Fue así como el teniente coronel Vásquez des­ti­tuyó al teniente coronel Juan Nepo­mu­ceno Moreno del gobierno del Casanare, y el coronel Guerrero, segundo al mando en Apure, relevó al coronel Pérez de la coman­dan­cia general. La pobla­ción de la pro­vin­cia y las tropas se alar­ma­ron por estos cambios y se negaron a dejar de obedecer a Pérez y al general Páez. Soli­ci­ta­ron entonces la inde­pen­den­cia del Casanare de la auto­ri­dad del líder de Apure y pidieron que el coronel Pérez man­tu­viera su cargo como coman­dante de armas. Argu­men­ta­ron que por ninguna “razón de justicia, ni de con­ve­nien­cia” se debía permitir que el Casanare estu­viera sometido a Barinas o al ejército de Apure. Y ello porque “no hay ley que lo prevenga, no hay cos­tum­bre que lo haga tole­ra­ble, no hay razón que lo jus­ti­fi­que”. El general Páez nunca había sido reco­no­cido como líder del Casanare y su gente solo estaba dis­puesta a obedecer al general Bolívar debido

Nota 4: Cer­ti­fi­ca­ción de los ser­vi­cios mili­ta­res del general Fran­cisco de Paula San­tan­der en Vene­zuela, expedida por el general Carlos Sou­blette. En: Archivo San­tan­der, Academia Colom­biana de Historia, Bogotá, 1913, vol. I, 109.

Nota 5: El coronel Ramón Nonato Pérez había estado com­ba­tiendo a los espa­ño­les desde 1812 y había liberado al Casanare en dos oca­sio­nes de las inva­sio­nes del canario Yáñez. También había sido fun­da­men­tal en la defensa y pre­ser­va­ción de la libertad de esta pro­vin­cia hasta el año 1816. Pérez se había encar­gado de cuidar a las familias de los emi­gra­dos de ese año y había adqui­rido una gran repu­ta­ción como guerrero patriota en los Llanos debido a sus vic­to­rias en batallas como Arauca, Guas­dua­lito, Chire, La Miel, Betoyes, la aldea de Setenta y Mucu­ri­tas.

Nota 6: Repre­sen­ta­ción de fray Ignacio Mariño, Antonio Arre­dondo y Agustín R. Rodrí­guez al jefe supremo de Vene­zuela. Angos­tura, 17 de diciem­bre de 1817. En: Horacio Rodrí­guez Plata y fray Alberto Lee López, Docu­men­tos sobre la campaña liber­ta­dora de 1829 (Andes, Bogotá, 1970), tomo I, 131-134.

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a su pro­tec­ción nece­sa­ria, ya que esta pro­vin­cia había sido “el asilo más pro­por­cio­nado y más seguro para los des­gra­cia­dos gra­na­di­nos que sean per­se­gui­dos en el interior, y siempre habría que recordar que Casanare per­te­nece a la Nueva Granada”. Resu­mie­ron sus cuatro peti­cio­nes: 1. Inde­pen­di­zar la pro­vin­cia de Casanare y sus fuerzas del lide­razgo del Ejército de Apure. 2. Pro­por­cio­nar al Casanare apoyo para su defensa hasta que se abriera la campaña en la Nueva Granada. 3. Mantener al coronel Pérez en la coman­dan­cia de la división del Casanare. 4. Res­ta­ble­cer al teniente coronel en el gobierno de la pro­vin­cia, hasta que el jefe supremo de Vene­zuela con­si­dere con­ve­niente su remoción⁷.

La res­puesta del general Simón Bolívar fue adversa a los comi­sio­na­dos porque convenía “al servicio de la Repú­blica” des­ti­tuir al coronel Pérez de su cargo. Se le ordenó pre­sen­tarse en el cuartel general de Angos­tura, donde sería tratado “con el decoro y dignidad a que su empleo y ser­vi­cios le han hecho tan acreedor”, y donde se le admi­nis­tra­ría justicia “con la mayor impar­cia­li­dad”. El teniente coronel Miguel Vásquez fue nombrado gober­na­dor político del Casanare, y el teniente coronel Juan Galea como coman­dante general de armas, ambos eran vene­zo­la­nos⁸.

Sin embargo, al día siguiente, el general Bolívar escribió una carta privada al coronel Pérez para con­fiarle que la inde­pen­den­cia del Casanare con respecto a Barinas era “tanta justicia que no ha sido nece­sa­rio una decla­ra­to­ria siquiera”. Casanare “goza de los mismos derechos y pri­vi­le­gios que las demás Pro­vin­cias Unidas de Vene­zuela, y su gober­na­dor gozaba de absoluta inde­pen­den­cia en la admi­nis­tra­ción interior en lo civil y político. Su única subor­di­na­ción era respecto de la auto­ri­dad del jefe supremo de Vene­zuela, y del coman­dante en jefe de las pro­vin­cias del Occi­dente de Caracas (el general de brigada José Antonio Páez), al igual que las pro­vin­cias de Mérida, Trujillo y Barinas”⁹.

A pesar de que Bolívar envió al coronel fray Ignacio Mariño para per­sua­dir a Pérez de cumplir con la orden de pre­sen­tarse en Angos­tura, todo indica que Pérez no lo hizo. Por lo tanto, el general Páez lo detuvo y lo envió bajo custodia del capitán Juan Antonio Mal­do­nado a San Fernando de Apure, donde se encon­traba Bolívar. El 20 de mayo de 1818, Bolívar escribió a Páez para con­fir­mar la recep­ción del pri­sio­nero y expresar su deseo de recibir infor­ma­ción sobre las razones de su deten­ción y los cargos que se le impu­ta­ban. Pidió informes formales y deta­lla­dos sobre el Casanare para poder avanzar en el proceso de enjui­cia­miento que Páez soli­ci­taba. Los informes pro­por­cio­na­dos por Galea sobre Pérez no eran sufi­cien­tes para el pro­pó­sito de juzgarlo de acuerdo con las leyes y el decoro de su cargo, por lo que Bolívar solicitó informes más com­ple­tos para ase­gu­rarse de que el juicio se llevara a cabo con justicia y no por “pasión”¹⁰.

El 18 de junio de 1818, el general Bolívar incor­poró a Fran­cisco de Paula San­tan­der al servicio de Vene­zuela con el rango efectivo de coronel de infan­te­ría, el mismo rango que había osten­tado en el ejército de la Nueva Granada, y se le reco­no­ció la anti­güe­dad en dicho rango desde el 31 de mayo de 1814¹¹. Algunos días después, el 22 de junio de 1818, desde Angos­tura, el coronel Fran­cisco de Paula San­tan­der se vio obligado a escribir una segunda defensa de su conducta, similar a la que había rea­li­zado en mayo de 1814 para defender su honor militar después de la derrota en el Llano de Carrillo.

Ocurrió que Miguel Vásquez inter­ceptó una carta que San­tan­der, al servicio del ejército de Vene­zuela, había escrito en mayo de 1818 al teniente coronel Vicente Uribe, y se la remitió al general Páez. Antes de conocer a Uribe,

Nota 7: “Repre­sen­ta­ción de fray Ignacio Mariño, Antonio Arre­dondo y Agustín R. Rodrí­guez al jefe supremo de Vene­zuela. Angos­tura, 17 de diciem­bre de 1817”, en Horacio Rodrí­guez Plata y fray A. Lee, Docu­men­tos sobre la campaña..., tomo I, 131-134.

Nota 8: “Oficio del general Simón Bolívar dirigido al coronel Ramón Nonato Pérez. Calabozo, 22 de febrero de 1818”, en H. Rodrí­guez Plata y A. Lee, Docu­men­tos sobre la campaña..., tomo I, 135-136.

Nota 9: “Carta del general Simón Bolívar dirigida al coronel Ramón Nonato Pérez. Calabozo, 23 de febrero de 1818”, en H. Rodrí­guez Plata y A. Lee, Docu­men­tos sobre la campaña..., tomo I, 136-137.

Nota 10: “Carta de Simón Bolívar al general José Antonio Páez. San Fernando, 20 de mayo de 1818”, en Obras com­ple­tas (Buca­ra­manga, 2008), vol. II, 181.

Nota 11: “Aten­diendo a los ser­vi­cios y méritos del ciu­da­dano Fran­cisco de Paula San­tan­der, coronel efectivo de infan­te­ría al servicio de la Nueva Granada, he venido en admi­tirle al de Vene­zuela en la misma clase... y que el inten­dente del ejército o pro­vin­cia donde fuere a servir haga tomar cuenta y formar asiento de este despacho en la Con­ta­du­ría del estado”. Carlos Sou­blette, jefe de estado mayor general, dio cum­pli­miento a esta orden de Bolívar al día siguiente. Con esto, el coronel San­tan­der quedó ofi­cial­mente al servicio del Ejército Liber­ta­dor de Vene­zuela, una unidad creada por Bolívar en abril de 1817. Se entendió que los ser­vi­cios pres­ta­dos por San­tan­der en el Ejército de Apure habían sido “ser­vi­cios pres­ta­dos a Vene­zuela”. Como resul­tado, la par­ti­ci­pa­ción de San­tan­der en la campaña de la Nueva Granada en 1819 se realizó como oficial del Ejército Liber­ta­dor de Vene­zuela. Esta cer­ti­fi­ca­ción de sus ser­vi­cios mili­ta­res fue expedida por el general Carlos Sou­blette en 1913 (I, 140-141).

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San­tan­der ya tenía noticias de que se trataba de un oficial gra­na­dino de cono­ci­mien­tos e inte­li­gen­cia, y que había defen­dido ante el general Páez los derechos de Casanare para res­ti­tuirle sus antiguos fun­cio­na­rios, y no depender de una pro­vin­cia (Barinas) de quien jamás había depen­dido. Este proceder de Uribe le había com­pla­cido por ser muy justo, y por ver “que aún quedaban gra­na­di­nos que repre­sen­ta­sen por el honor y decoro de su país, y que no se dejasen tratar como se trata a los siervos”. Páez juzgó que esa carta de San­tan­der contenía afir­ma­cio­nes des­le­a­les contra su auto­ri­dad sobre el Casanare, y le escribió a San­tan­der el 29 de mayo de 1818 para cali­fi­car su conducta como propia de un hombre criminal. San­tan­der se vio obligado a redactar una defensa de su conducta con respecto a la auto­no­mía del Casanare.

“Vista sin pasión y con justicia”, la situa­ción creada por las deci­sio­nes de Páez en los llanos del Casanare, era nece­sa­rio esta­ble­cer el prin­ci­pio de que esta pro­vin­cia había sido parte de la Con­fe­de­ra­ción de las Pro­vin­cias Unidas de la Nueva Granada y había tenido “sus leyes, sus ins­ti­tu­cio­nes y sus fun­cio­na­rios”. Sin un acuerdo de los habi­tan­tes, no era posible abolir ni destruir esas ins­ti­tu­cio­nes “so pena de incurrir en la misma tiranía que ejer­cie­ron los espa­ño­les”. San­tan­der sostenía que “la fuerza no da derecho alguno para destruir el sistema esta­ble­cido por la espon­tá­nea y libre voluntad de los hombres”. Aunque Casanare había buscado “pro­tec­ción en su orfandad” por nece­si­dad, no era nece­sa­rio que el general Páez hubiera cambiado su sistema político ni des­ti­tuido a los antiguos fun­cio­na­rios gra­na­di­nos para nombrar nuevos, ni obligar a la pro­vin­cia “a obedecer leyes que no ha esta­ble­cido”¹².

Con justicia, se debía plantear la pregunta: ¿Casanare per­te­ne­ció alguna vez a Vene­zuela? Incluso si la pro­vin­cia deseaba ser parte de Vene­zuela, “¿hay razón y justicia para que por sí sola tome un partido sin escuchar la opinión de sus hermanas con quienes ha formado siempre un solo cuerpo?”. Defender los derechos de la Nueva Granada sobre Casanare no era un acto de “cri­mi­na­li­dad”, sino la expre­sión de los mismos sen­ti­mien­tos que un barinés, un cara­queño o un cumanés tendrían al defender su propia patria. Se trataba de “sostener el rango que se ha dado de unánime con­sen­ti­miento y defender los derechos que los pueblos reco­bra­ron por la trans­for­ma­ción”. Si un vene­zo­lano tenía el derecho de reco­no­cer la auto­ri­dad acordada por una asamblea repre­sen­ta­tiva en su propio país, ¿por qué un gra­na­dino no tendría el mismo derecho en el suyo?

Cuando se hablaba en Vene­zuela de liberar la Nueva Granada, no se trataba de expulsar a los espa­ño­les para imponer “un nuevo yugo”, ni de forzar a la pro­vin­cia a aceptar una ley “que a título de más fuerte se le impone”, ni mucho menos “la cons­ti­tu­ción que él no haya con­cu­rrido a formar”. La ver­da­dera libe­ra­ción de la Nueva Granada impli­caba romper las cadenas que la habían man­te­nido oprimida, para “res­ti­tuir sus pueblos al goce de sus pri­mi­ti­vos derechos”, deján­do­los “en aptitud de reformar los defectos de su sistema y de abrazar un partido que no per­ju­di­que a la libertad general de la América”. En resumen, se trataba de formar “con su acuerdo”, una gran nación llamada “Gra­na­dina Vene­zo­lana”. Cual­quier otro acto sería equi­va­lente a una con­quista, similar a la rea­li­zada por los espa­ño­les en el siglo XVI¹³.

Este sen­ti­miento de “un gra­na­dino” no podía ser con­si­de­rado como “criminal”, ya que sim­ple­mente cumplía “con los deberes de ame­ri­cano, de gra­na­dino y de patriota” al defender el derecho del Casanare a su auto­no­mía. La pro­vin­cia había tenido que depender pro­vi­sio­nal­mente de otra potencia que pudiera pro­te­gerla y ayudarla mientras recu­pe­raba “el honor perdido”, que se había visto afectado por las des­gra­cias mili­ta­res de 1816. Aunque obedecía tem­po­ral­mente a las auto­ri­da­des de Vene­zuela, también seguía el ejemplo de la lucha del “bravo vene­zo­lano” contra “los tiranos”. Repre­sen­tar los derechos del Casanare, sin incitar a la insu­bor­di­na­ción militar, debía ser visto como “un acto de patrio­tismo y de honor excep­cio­nal”. Callar llevaría a ser “colonos de Vene­zuela”, solo porque de allí se recibían los auxilios, “y porque los únicos fun­cio­na­rios que se han dado a Casanare son vene­zo­la­nos”.

Los vene­zo­la­nos parecían estar tratando al Casanare como una “colonia” suya al nombrar fun­cio­na­rios que no eran de su elección, imponer leyes sin su par­ti­ci­pa­ción y exi­gir­les “ciega obe­dien­cia”. El gober­na­dor de la pro­vin­cia no había sido elegido por ellos, y no se había desig­nado a ningún gra­na­dino como fun­cio­na­rio en la región¹⁴.

Nota 12: “Carta de Fran­cisco de Paula San­tan­der al general José Antonio Páez. Angos­tura, 22 de junio de 1818”, en Cartas y Mensajes del general Fran­cisco de Paula San­tan­der, editado por Roberto Cortázar (Bogotá: Librería Voluntad, 1953), vol. I, 78-83.

Nota 13: “Carta de Fran­cisco de Paula San­tan­der al general José Antonio Páez. Angos­tura, 22 de junio de 1818”, en Cartas y Mensajes del general..., vol. I, 78-83.

Nota 14: “Carta de Fran­cisco de Paula San­tan­der al general José Antonio Páez. Angos­tura, 22 de junio de 1818”, en Cartas y Mensajes del general..., vol. I, 78-83.

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Mientras todas las pro­vin­cias de Vene­zuela hacían valer sus derechos y man­te­nían sus leyes inal­te­ra­bles, a menos que fueran modi­fi­ca­das por una auto­ri­dad com­pe­tente, ¿por qué solo se esperaba que Casanare per­ma­ne­ciera en silencio y sopor­tara todo, “porque es pro­vin­cia del Reino”? Los gra­na­di­nos tenían todo el derecho de sentirse agra­via­dos y no cometían ninguna falta al defender sus derechos. En ese momento crucial de la historia tenía que “con­tem­plarse vene­zo­lano”, era esencial ver más allá de las fron­te­ras regio­na­les y actuar con sensatez. Estaba con­ven­cido de que el deber prin­ci­pal de un militar era obedecer, espe­cial­mente cuando la máxima auto­ri­dad en Vene­zuela estaba en manos de un “hombre de crédito y talentos”. Si esa auto­ri­dad fuera reco­no­cida por el libre con­sen­ti­miento de los pueblos de la Nueva Granada, como gra­na­dino, estaría dis­puesto a obe­de­cerla y apoyarla. Sin embargo, intentar obtener la obe­dien­cia de los pueblos por la fuerza no era conforme a los prin­ci­pios de justicia. Cuando dejó su país natal para servir a Vene­zuela, sabía que no obten­dría ventaja alguna, pero su filo­so­fía personal siempre fue cumplir con sus deberes, como lo ates­ti­gua­ban públi­ca­mente y su propia con­cien­cia. No había buscado ni siquiera el ascenso al rango de general, ya que la intriga del general Serviez lo había alejado del gobierno de la Nueva Granada. Su única aspi­ra­ción era regresar a su país natal con expe­rien­cia, mientras servía fiel­mente la causa de Vene­zuela, “que es la causa de mi patria”. “¡Cuánto me lastima esa riva­li­dad que se nota entre gra­na­di­nos y vene­zo­la­nos en Casanare!”. Jamás había aprobado esta riva­li­dad, y no podría hacerlo una persona sensata. Nadie había sido más generoso que él al olvidar los insultos que a menudo se habían lanzado contra el pueblo gra­na­dino, lla­mán­dolo “cobarde, inepto, bárbaro... y en olvidar el tra­ta­miento que han recibido muchos de mis paisanos todo porque estaban llamados estos dos pueblos “a formar un solo cuerpo de nación”¹⁵.

Estaba dis­puesto a escuchar al general Páez sobre los medios para res­ta­ble­cer la con­cor­dia y estaba dis­puesto a ponerlos en práctica, dejando de lado cual­quier resen­ti­miento personal que ambos pudieran tener. A pesar de haber recibido ciertas muestras de con­si­de­ra­ción personal en Vene­zuela, tenía que admitir “que a veces los pri­sio­ne­ros enemigos han sido mejor tratados que mis paisanos”. Incluso buscar refugio en Vene­zuela “fue mirado con burla y como un efecto de sobrada cobardía”, pues “ver a un gra­na­dino era repre­sen­tarse la idea de inep­ti­tud, de la barbarie, de la cana­lle­ría”. La memoria de los vene­zo­la­nos parecía haber olvidado la campaña de 1813, cuando un pequeño grupo de gra­na­di­nos bien lide­ra­dos había logrado romper las cadenas de la opresión. El enojo y el pre­jui­cio siempre estaban diri­gi­dos hacia cual­quier oficial o com­pa­triota que no hubiera nacido en Vene­zuela¹⁶.

Final­mente, le recordó a Páez que Casanare dependía de su lide­razgo y, por lo tanto, Juan Galea estaba al mando y Miguel Vásquez era el gober­na­dor. En gran medida, dependía de él y de sus ofi­cia­les más cercanos poner fin a esta riva­li­dad. No debían olvidar que la Nueva Granada era un país habitado por casi tres millones de personas y que, a pesar de sus des­gra­cias, no había perdido “ni su genio, ni su suelo, ni su sol”. Tampoco había sido borrada del mapa político, y aquellos que hoy se burlaban de sus difi­cul­ta­des podrían en algún momento nece­si­tar su apoyo y desear “encon­trar a la Nueva Granada ocupando el lugar que la natu­ra­leza le ha asignado”¹⁷.

Cuando el coronel San­tan­der envió la carta al teniente coronel Uribe, que fue inter­cep­tada por el gober­na­dor Vásquez, las dife­ren­cias entre el general Páez y el coronel Ramón Nonato Pérez ya habían sido resuel­tas porque Bolívar había acordado una medida que pondría fin a sus desa­cuer­dos. Esto explica por qué la firme defensa de la Nueva Granada y del Casanare, que fue con­fis­cada, llegó a manos del jefe supremo de Vene­zuela, el general Bolívar. En ese momento, se llevó a cabo un encuen­tro en Angos­tura entre Bolívar y el coronel San­tan­der, durante el cual se escu­cha­ron las justas razones que San­tan­der presentó contra el trato injusto que había recibido el Casanare por parte del general Páez.

La con­di­ción de gra­na­dino del coronel San­tan­der, com­pro­me­tido con la causa de la auto­no­mía del Casanare, podría haber sus­ci­tado dudas sobre su incor­po­ra­ción al Ejército liber­ta­dor de Vene­zuela. Por lo tanto, San­tan­der se encargó de disipar estas dudas en la tercera entrega del Correo del Orinoco,

Nota 15: “Carta de Fran­cisco de Paula San­tan­der al general José Antonio Páez. Angos­tura, 22 de junio de 1818”, en Cartas y Mensajes del general..., vol. I, 78-83.

Nota 16: “Carta de Fran­cisco de Paula San­tan­der al general José Antonio Páez. Angos­tura, 22 de junio de 1818”, en Cartas y Mensajes del general..., vol. I, 78-83.

Nota 17: Angos­tura, 22 de junio de 1818, en Cartas y Mensajes del general..., 1953, vol. I, 77-83. Esta carta es la defensa más temprana de San­tan­der contra una serie de calum­nias que se inven­ta­ron a lo largo de su vida. Su defensa de la auto­no­mía de Casanare y de la Nueva Granada frente al poder repu­bli­cano esta­ble­cido en Guayana y Barinas no podía tolerar la acu­sa­ción de “conducta criminal” bajo el mando de un jefe militar de los llanos vene­zo­la­nos.

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al defender el honor de los gra­na­di­nos, que habían sido acusados por el general español Pablo Morillo de “cobardía y timidez”. Después de reco­no­cer que los vene­zo­la­nos habían sido los primeros en pro­cla­mar los derechos de su patria, marcando el camino para otras pro­vin­cias, y anti­ci­pando que serían los vene­zo­la­nos quienes libe­ra­rían a la Nueva Granada de los tiranos que la oprimían, San­tan­der recordó que los ofi­cia­les gra­na­di­nos habían orga­ni­zado las divi­sio­nes mili­ta­res que lucharon en el Casanare, los valles de Cúcuta, el alto Mag­da­lena y el norte, y que las for­ti­fi­ca­cio­nes en la pro­vin­cia de Antio­quia y la angos­tura del Carare habían sido cons­trui­das por los alumnos de la Escuela de Inge­nie­ros de Caldas. Concluyó diciendo que, aunque tenía el honor de haber nacido en la Nueva Granada, era ante todo ame­ri­cano y que su patria sería cual­quier rincón de América “en que no tenga el más pequeño influjo el Gobierno español”¹⁸.

El general Bolívar final­mente llegó a la con­vic­ción de que los con­flic­tos en Casanare y el apoyo de su gente para una posible campaña en Santafé reque­rían de manera indis­pen­sa­ble el lide­razgo del coronel San­tan­der en el Ejército Liber­ta­dor de Vene­zuela¹⁹. Fue entonces cuando, uti­li­zando sus facul­ta­des como jefe supremo, relevó al general Páez del mando sobre Casanare. Para ello, ascendió a San­tan­der al rango de general de brigada de los Ejér­ci­tos de Vene­zuela en un despacho que el general Carlos Sou­blette preparó el 12 de agosto de 1818. Además, ese mismo día, lo nombró gober­na­dor y coman­dante general de la pro­vin­cia del Casanare.

La repa­ra­ción a San­tan­der comenzó el 16 de julio anterior, cuando el jefe supremo de Vene­zuela emitió un despacho que lo nombraba miembro de la Orden de los Liber­ta­do­res de Vene­zuela, auto­ri­zán­dolo para usar la venera mientras recibía la estrella. El 5 de agosto siguiente, el general Páez ascendió a Juan Nepo­mu­ceno Moreno al rango de coronel.

Desde Guayana, el 13 de agosto de 1818, el coronel vene­zo­lano Manuel Cedeño escribió al general Fran­cisco de Paula San­tan­der para feli­ci­tarlo por su ascenso al rango de general de brigada de los ejér­ci­tos de Vene­zuela que le había otorgado el jefe supremo del Gobierno de Vene­zuela el día anterior, como reco­no­ci­miento por “los sacri­fi­cios que han marcado su vida militar en la marcha de la libertad y de la inde­pen­den­cia”. Al ofre­cerle su amistad, anunció que su destino en Casanare debía con­si­de­rarse “un acon­te­ci­miento que va a hacer mudar la faz de aquellos negocios, pero de un modo que la Repú­blica sentirá muy pronto esta pro­mo­ción afor­tu­nada”. El Gobierno de Vene­zuela había tenido “un feliz acierto en confiar a usted uno de los puntos que más influi­rán en la libertad y en la inde­pen­den­cia del Sur”, un reco­no­ci­miento a “su talento militar y sus cono­ci­mien­tos polí­ti­cos”²⁰.

Desde el cuartel general en Angos­tura, el 21 de agosto de 1818, el general de brigada Carlos Sou­blette, quien le había enviado el despacho de nom­bra­miento el 12 de agosto anterior, escribió al nuevo general de brigada Fran­cisco de Paula San­tan­der para feli­ci­tarlo por la tarea especial que le había enco­men­dado el jefe supremo del Gobierno de Vene­zuela: “tomar el mando del Exército de Ope­ra­cio­nes de la pro­vin­cia del Casanare, orga­ni­zarlo, aumentar sus fuerzas”. Por lo tanto, como jefe del Estado Mayor General, le pro­por­cionó las siguien­tes ins­truc­cio­nes por escrito: 1. Su primera prio­ri­dad y atención debían estar cen­tra­das en levantar y dis­ci­pli­nar cuerpos de infan­te­ría, man­te­niendo la misma estruc­tura y fuerza que los bata­llo­nes del ejército. Para esto, se le confiaba el siguiente equipo: 1000 fusiles, 30 quin­ta­les de pólvora, 40 quin­ta­les de plomo, 20 000 piedras de chispa, 200 agujetas, una pequeña armería y 300 car­tu­che­ras con sus res­pec­ti­vos por­ta­car­tu­chos. 2. Debía también aumentar la caba­lle­ría uti­li­zando los recursos dis­po­ni­bles en la región para este pro­pó­sito. 3. Se le asignaba la res­pon­sa­bi­li­dad de la defensa de la pro­vin­cia del Casanare. Las ope­ra­cio­nes de este cuerpo de ejército estarían bajo su completa

Nota 18: Fran­cisco de Paula San­tan­der, “Carta del coronel Fran­cisco de Paula San­tan­der al editor del Correo del Orinoco”, en Correo del Orinoco, 3 (11 de julio de 1818), 11-12.

Nota 19: “Los gra­na­di­nos pen­sa­do­res que se encon­tra­ban en el Casanare, entre ellos un señor Soto, hermano del bene­mé­rito doctor Fran­cisco Soto, de gloriosa memoria, hicieron una soli­ci­tud al general Bolívar, a Angos­tura, pidién­dole un jefe gra­na­dino y de cir­cuns­tan­cias para que viniese a tomar el mando y pusiese término a aquella ene­mis­tad de los jefes repu­bli­ca­nos (los coro­ne­les Nepo­mu­ceno Moreno, Ramón Nonato Pérez y Juan Galea). Bolívar elevó entonces al coronel San­tan­der al rango de general de brigada, y lo destinó para Casanare”. Antonio Obando, Auto­bio­gra­fía y apun­ta­mien­tos para la historia, que tiene nece­si­dad de insertar como rela­cio­na­dos con su vida pública desde el año de 1809, edición de Roger Pita Pico (Bogotá: Academia Colom­biana de Historia, 2023), 117.

Nota 20: Archivo General de la Nación (AGN), Fondo Academia Colom­biana de Historia, Serie Corres­pon­den­cia de Fran­cisco de Paula San­tan­der, caja 1, carpeta 4, folio 7r-v. Citado en Corres­pon­den­cia dirigida al General San­tan­der, editado por Roberto Cortázar (Bogotá: Librería Voluntad, 1964) vol. IV, 372. Manuel Cedeño, natural de Cardonal (Cha­gua­ra­mas, Aragua), murió con el grado de general de división com­ba­tiendo en la Batalla de Carabobo el 24 de junio de 1821. En homenaje a su memoria, se creó el Batallón Cedeño en el ejército colom­biano, el cual marchó a las pro­vin­cias del sur de Colombia.

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res­pon­sa­bi­li­dad debido a la gran dis­tan­cia que lo separaba del cuartel general. Por lo tanto, debía apro­ve­char cual­quier opor­tu­ni­dad que se pre­sen­tara para invadir la Nueva Granada, apro­ve­chando el des­con­tento de sus habi­tan­tes con el Gobierno español. 4. Era fun­da­men­tal res­ta­ble­cer la dis­ci­plina militar en el Casanare para asegurar el éxito de las ope­ra­cio­nes mili­ta­res. 5. Debía mantener una corres­pon­den­cia fre­cuente con el Estado Mayor General de Vene­zuela²¹.

Le fueron asig­na­dos cuatro ofi­cia­les para acom­pa­ñarlo: el coronel Jacinto Lara, el teniente coronel Antonio Obando, el sargento mayor Joaquín París y el teniente coronel Vicente González. En un convoy de tres embar­ca­cio­nes que nave­ga­ron río Orinoco arriba, el 27 de agosto siguiente, el general San­tan­der se puso en marcha hacia el Casanare. El 17 de agosto anterior, el general Sou­blette había emitido una orden dirigida al coronel Juan Galea para noti­fi­carle su relevo del mando como coman­dante del ejército del Casanare, y le pidió que se pusiera bajo las órdenes y dis­po­si­ción del general San­tan­der. El 25 de agosto siguiente, el general Bolívar le otorgó el mando en jefe de la van­guar­dia del Ejército liber­ta­dor de la Nueva Granada. La campaña ya estaba en marcha.

Debido a su lealtad al general San­tan­der, el coronel gra­na­dino José María Vergara había sido selec­cio­nado como jefe del estado mayor de su guardia de honor. Esta­cio­nado en Upatá, recibió una carta enviada por San­tan­der desde Angos­tura el 21 de agosto de 1818, antes de zarpar. En esta carta, San­tan­der abrió su corazón y expresó sus grandes expec­ta­ti­vas sobre el destino de la Nueva Granada. “Loco” de entu­siasmo y con mil fusiles y pólvora a su dis­po­si­ción, sabiendo que final­mente era “el que ordena y manda”, deseaba tener a Vergara y al coronel Antonio Morales en su Guardia de Honor para que esta se des­ta­cara en ins­truc­ción y dis­ci­plina, acom­pa­ñán­dolo en su marcha triunfal por Casanare, Tunja, Socorro y Santafé. Mencionó que en ese momento ya tenía su “proclama impresa, anun­cián­dome a esos caba­lle­ros reinosos”. Tenía la inten­ción de fecharla en el “Cuartel General de Tunja”, aunque sus pen­sa­mien­tos a veces lo llevaban a Santafé y otras veces a Zipa­quirá. Prometió escribir desde Casanare, Tunja, Socorro y Santafé, con­fiando en que Dios ben­de­ci­ría su empresa y los per­mi­ti­ría reunirse en Santafé una vez alcan­zada la victoria²².

¿A cuál “proclama dirigida a los caba­lle­ros reinosos” se refería el general San­tan­der? Ni en el archivo personal de este general ni en otro archivo his­tó­rico se ha encon­trado alguna proclama impresa “que he pre­pa­rado para consolar a mis com­pa­trio­tas”, datada en el mes de agosto de 1818 y dirigida a los habi­tan­tes de la Nueva Granada. Sola­mente se conoce la proclama de Bolívar a los gra­na­di­nos del 15 de agosto de 1818, en la que les pedía reunir sus esfuer­zos a los de sus “hermanos” de Vene­zuela para liberar a la Nueva Granada, “como vosotros conmigo en los años pasados liber­tás­teis a Vene­zuela”. El general Páez también emitió a los habi­tan­tes del Casanare desde su cuartel general de Achaguas, el 1° de noviem­bre de 1818, una proclama en la que les anun­ciaba que su nuevo jefe era el general San­tan­der, encar­gado de poner fin a “las tur­bu­len­cias que hasta hoy han desor­ga­ni­zado vuestra pro­vin­cia y vuestras propias fuerzas”²³.

La proclama conocida y dirigida a los gra­na­di­nos es la firmada por San­tan­der en Manare, el 24 de mayo de 1819, en la que afirmó con reso­lu­ción que el momento de la libertad había llegado con la “intré­pida van­guar­dia” que estaba orga­ni­zando: “El ilustre Bolívar apa­re­cerá triun­fante en vuestro terri­to­rio, seguido de un gran número de bravos, que han jurado no envainar su espada mientras existan tiranos [...] Reuníos a las tropas de mi mando, con­tri­buid vosotros mismos a liber­ta­ros”²⁴. Les dijo que él era un gra­na­dino y que su ejército se componía de sus hermanos, parien­tes y amigos, sin más ambición que res­ti­tuir­les el goce de la libertad, y los convocó a tomar las armas para vengar la sangre de los más ilustres ciu­da­da­nos derra­mada por “el fiero español” que había asolado “nuestro país”.

Nota 21: Archivo General de la Nación (AGN), fondo Academia Colom­biana de Historia, serie Corres­pon­den­cia de Fran­cisco de Paula San­tan­der, caja 1, carpeta 1, folio 8r-10r. Citado en Corres­pon­den­cia dirigida al General San­tan­der, editado por Roberto Cortázar, 1964, vol. XII, 185-186. Natural de San Pedro de la Guaira, este general llegaría a ser pre­si­dente de la Repú­blica de Vene­zuela.

Nota 22: R. Cortázar, Corres­pon­den­cia dirigida al General San­tan­der, 87-88. San­tan­der les había enviado a sus paisanos resi­den­tes en Londres, Jamaica y Trinidad, para que allí la publi­ca­sen, “a fin de reanimar a cuantos gra­na­di­nos residan en colonias y Europa”.

Nota 23: “Proclama del general Páez a los habi­tan­tes del Casanare. Cuartel general de Achaguas, 1° de noviem­bre de 1818”, en Archivo San­tan­der, vol. I, 365-366.

Nota 24: “Proclama del general Fran­cisco de Paula San­tan­der a los gra­na­di­nos. Cuartel general de van­guar­dia, en Manare, 24 de mayo de 1819”, en H. Rodrí­guez y A. Lee, Docu­men­tos sobre la campaña..., 57. Inser­tada por San­tan­der en sus Apun­ta­mien­tos para las Memorias sobre Colombia y la Nueva Granada (Bogotá: Imprenta de Lleras, 1837).

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El 17 de agosto de 1818, el general Bolívar había enviado al coronel Juan Galea la orden de prestar obe­dien­cia al general San­tan­der, y este llegó al Casanare el 29 de noviem­bre siguiente, cuando ya se habían reunido dos juntas de ofi­cia­les gra­na­di­nos en el depar­ta­mento del Centro (coman­dante Santiago Béjar, capi­ta­nes Mauricio Béjar y Félix José Rangel, tenien­tes Luis Cubides, Atanasio y Nepo­mu­ceno Barragán, Con­cep­ción Aguirre y Santos Domín­guez, y ocho alfé­re­ces) y en el depar­ta­mento de Santiago (en la pro­vin­cia del Casanare). La primera se llevó a cabo en Curimina el 15 de sep­tiem­bre de 1818, y la segunda en la parro­quia de Taguana. Con­si­de­rando “la impo­lí­tica y mala direc­ción” de los jefes vene­zo­la­nos, Vásquez y Galea, y sus inten­cio­nes de tras­la­dar soldados y caballos al Bajo Apure, así como la certeza de que el Casanare era “una parte inte­grante de la Nueva Granada”, acor­da­ron res­ti­tuir en el gobierno del Casanare al teniente coronel Juan Nepo­mu­ceno Moreno²⁵. Repuesto de facto en la gober­na­ción y en la coman­dan­cia de armas de la pro­vin­cia del Casanare, Moreno argu­mentó que se había visto obligado a tomar las riendas debido a la falta de acción de los coro­ne­les Vásquez y Galeano, quienes no habían tomado ninguna pro­vi­den­cia para defender esta pro­vin­cia durante un año, lo que había llevado a la deses­pe­ra­ción de los pueblos²⁶.

Moreno envió a su comi­sio­nado, el teniente coronel Pedro Ignacio Vargas, ante el general Bolívar para ges­tio­nar la apro­ba­ción de lo actuado de hecho, y para que le nombrara como jefe al general San­tan­der o al general Urdaneta. Sin embargo, el 9 de noviem­bre, el general San­tan­der se encontró con Vargas en el sitio de Bue­na­vista (Meta) y, al con­si­de­rar ya inútil su comisión, lo hizo regresar en su compañía. Ya en su cuartel general de Gua­na­palo, desde el 27 de noviem­bre siguiente, San­tan­der comenzó a girar órdenes para subor­di­nar a Moreno, Arre­dondo y otros jefes llaneros a su auto­ri­dad. Así como el río Orinoco había sido la defensa natural de las tropas y de los migrados vene­zo­la­nos, dijo que el río Meta cum­pli­ría la misma función para los gra­na­di­nos.

Dentro del archivo personal del general San­tan­der, que la Academia Colom­biana de Historia compró a Juan Bautista Pérez y Soto, se encuen­tra un borrador de un proyecto de decreto datado en la ciudad de Pore en el año 1818, con los espacios para el día y el mes en blanco²⁷. A partir de este docu­mento, se han cons­truido tres inter­pre­ta­cio­nes sobre su sentido. Los aca­dé­mi­cos Rodrí­guez Plata y fray Lee opinaron que era un “acta de cons­ti­tu­ción del gobierno” autónomo del Casanare desde octubre de 1818, bajo el mando del teniente coronel Juan Nepo­mu­ceno Moreno²⁸. Aunque un abogado san­tan­de­re­ano resi­dente en el Casanare inter­pretó este docu­mento como una “proclama” fun­da­dora del “cons­ti­tu­cio­na­lismo llanero”, debemos entender que en realidad es un “proyecto de decreto” pre­pa­rado por el general San­tan­der, quien esperaba la mejor opor­tu­ni­dad para datarlo en alguna pobla­ción del Nuevo Reino de Granada (Tunja, Zipa­quirá o Santafé), con el pro­pó­sito de garan­ti­zar la auto­no­mía de la pro­vin­cia de Casanare respecto de Vene­zuela y, en con­se­cuen­cia, asegurar su ads­crip­ción a la Nueva Granada.

De acuerdo con esta inter­pre­ta­ción, el proyecto político sub­ya­cente en este proyecto de decreto, que nunca fue datado, firmado ni emitido, era asegurar la auto­no­mía de la pro­vin­cia de Casanare como un “Estado libre” “derecho incon­tes­ta­ble para repre­sen­tar él solo toda la fede­ra­ción” gra­na­dina que había sucum­bido en 1816. Según esta “decla­ra­ción”, el Estado de Casanare quedaba legal­mente auto­ri­zado para manejar asuntos polí­ti­cos y mili­ta­res “con toda la plenitud de poder y de auto­ri­dad”, similar al que las antiguas pro­vin­cias de la Unión Gra­na­dina habían otorgado al Congreso federal. Con estas facul­ta­des, el Estado de Casanare podía esta­ble­cer un gobierno pro­vi­sio­nal que admi­nis­trara los asuntos públicos de la fede­ra­ción. Este gobierno estaría com­puesto por una junta de cinco miembros que repre­sen­ta­ría al Congreso y un pre­si­dente de la Nueva Granada. El pre­si­dente solo sería elegido cuando exis­tie­ran tres estados libres; mientras tanto, el gober­na­dor de Casanare, es decir, el general San­tan­der, desem­pe­ña­ría sus fun­cio­nes. El gobierno pro­vi­sio­nal se encar­ga­ría de reclutar y dis­ci­pli­nar tropas, con­fir­mar los ascensos otor­ga­dos por el capitán

Nota 25: “Acta de la junta de ofi­cia­les del depar­ta­mento del Centro de Casanare. Curimina, 15 de sep­tiem­bre de 1818 y Acta de la junta de ofi­cia­les del depar­ta­mento de Santiago en el cantón de Que­bra­da­seca, Taguana, 29 de sep­tiem­bre de 1818”, en H. Rodrí­guez y A. Lee, Docu­men­tos sobre la campaña..., vol. I, 171-174.

Nota 26: “Ins­truc­cio­nes de Juan Nepo­mu­ceno Moreno a Pedro Ignacio Vargas para ges­tio­nar ante el general Simón Bolívar la apro­ba­ción de sus pro­ce­di­mien­tos. La Trinidad, 26 de octubre de 1818”, en H. Rodrí­guez y A. Lee, Docu­men­tos sobre la campaña..., vol. I, 186-189.

Nota 27: Este borrador se encuen­tra en AGN, colec­ción Academia Colom­biana de Historia, fondo Fran­cisco de Paula San­tan­der, carpeta 4 de la caja 1.

Nota 28: “Ins­truc­cio­nes de Juan Nepo­mu­ceno Moreno a Pedro Ignacio Vargas para ges­tio­nar ante el general Simón Bolívar la apro­ba­ción de sus pro­ce­di­mien­tos. La Trinidad, 26 de octubre de 1818”, en H. Rodrí­guez y A. Lee, Docu­men­tos sobre la campaña..., vol. I, 187-189.

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general Simón Bolívar a los ofi­cia­les del ejército de Casanare, for­ta­le­cer la alianza entre la Nueva Granada y Vene­zuela, y reco­no­cer al jefe supremo de Vene­zuela como capitán general de los ejér­ci­tos de Casanare²⁹.

Este proyecto político de San­tan­der res­ta­ble­ció la dignidad de la pro­vin­cia de Casanare, que había sido aplas­tada por Páez cuando la subor­dinó a la pro­vin­cia de Barinas y la puso bajo la auto­ri­dad de ofi­cia­les vene­zo­la­nos. Esta repo­si­ción elevó su dignidad a la altura de un Estado libre y, además, repre­sen­tante de un ente político que había dejado de existir desde mediados de 1816: el Congreso de las Pro­vin­cias Unidas de la Nueva Granada. La defensa política de la pro­vin­cia de Casanare ya era un hecho cumplido, y su artífice fue el general San­tan­der. Un cómplice natural en esta defensa de la auto­no­mía de la pro­vin­cia de Casanare fue el coronel José María Vergara, quien obtuvo la tercera votación en los comicios que se rea­li­za­ron para escoger a los dipu­ta­dos que la repre­sen­ta­rían en el segundo Congreso cons­ti­tu­yente de Vene­zuela que se reunió en Santo Tomás de Angos­tura durante el año 1819. Tan pronto como ingresó a este Congreso, el coronel Vergara leyó, el 12 de junio, un discurso en defensa de la auto­no­mía de la Nueva Granada respecto de Vene­zuela, argu­men­tando que esa antigua entidad política no debería ser tratada “como un país con­quis­tado o cedido en calidad de dote”. La unión de Vene­zuela y la Nueva Granada debía hacerse “por medio de la expresa voluntad de los habi­tan­tes de ambos países”, una vez que fueran con­ven­ci­dos “de la recí­proca utilidad que debe resul­tar­les”³⁰.

El coronel Vergara relató la historia del proyecto de unión de las dos enti­da­des político-admi­nis­tra­ti­vas autó­no­mas desde 1813, cuando el general Bolívar, habiendo tomado Caracas con tropas gra­na­di­nas, lo propuso al Congreso de las Pro­vin­cias Unidas de la Nueva Granada. Aunque el Congreso no tomó una decisión defi­ni­tiva sobre la pro­puesta, la tuvo en con­si­de­ra­ción. A finales de 1814, cuando regla­mentó el gobierno general de la Nueva Granada, ordenó convocar una con­ven­ción cons­ti­tu­yente cuando Vene­zuela fuera liberada. Dado que la repre­sen­ta­ción de la Nueva Granada en Angos­tura se limitaba a la pro­vin­cia del Casanare, se planteó la sus­pen­sión de la apro­ba­ción de la cons­ti­tu­ción de Vene­zuela y la adopción de un “regla­mento pro­vi­sio­nal de gobierno”, mientras se res­ta­ble­cían los mandatos de las pro­vin­cias gra­na­di­nas al punto en que estaban en 1816. Esta era la forma en que se esperaba con­sul­tar la voluntad de la Nueva Granada para la creación de una cons­ti­tu­ción conjunta. Estos escrú­pu­los sobre la toma de deci­sio­nes por parte de los dipu­ta­dos vene­zo­la­nos, en ausencia de los gra­na­di­nos, fueron los mismos que sur­gie­ron en el Congreso cons­ti­tu­yente de Colombia cuando se tomaban deci­sio­nes en nombre de los quiteños, gua­ya­qui­le­ños y cuen­ca­nos³¹.

En este contexto, se puede entender el proyecto de decreto de Pore, supues­ta­mente pre­pa­rado para “los repre­sen­tan­tes del Estado libre de Casanare, de acuerdo con la cons­ti­tu­ción federal de la Nueva Granada”, con el pro­pó­sito de afirmar su “derecho incues­tio­na­ble de repre­sen­tar a toda la fede­ra­ción” y de “manejar los asuntos polí­ti­cos y mili­ta­res” de todos los “estados de la Unión Gra­na­dina”. Este gobierno pro­vi­sio­nal diri­gi­ría “los asuntos públicos de la fede­ra­ción” hasta que esta fuera liberada, y se encar­ga­ría de dis­ci­pli­nar a las tropas reunidas en Casanare, equi­pán­do­las y vis­tién­do­las, ges­tio­nando el permiso del jefe supremo de Vene­zuela para intro­du­cir por el río Orinoco todos los sumi­nis­tros mili­ta­res nece­sa­rios, además de con­fir­mar los ascensos mili­ta­res otor­ga­dos por el propio capitán general y for­ta­le­cer la alianza militar con Vene­zuela³². Este docu­mento repre­sen­taba un esfuerzo por lega­li­zar los acuerdos rea­li­za­dos por el coronel San­tan­der, quien había sido ascen­dido al rango de general de brigada, con el capitán general de Vene­zuela, para orga­ni­zar la campaña liber­ta­dora que tendría como objetivo las pro­vin­cias del Virrei­nato. Todo esto se llevaría a cabo bajo la defensa de la auto­no­mía del Casanare y de la Nueva Granada en relación con el mando patrió­tico de Vene­zuela.

Desde Caicara, el 3 de octubre de 1818, el general San­tan­der informó al general Páez que el jefe supremo de Vene­zuela lo había nombrado coman­dante de la van­guar­dia del Ejército Liber­ta­dor de la Nueva Granada, y que debía

Nota 29: H. Rodrí­guez y A. Lee, Docu­men­tos sobre la campaña..., 187-189.

Nota 30: José María Vergara, “Discurso del diputado José María Vergara en el Congreso cons­ti­tu­yente de Vene­zuela reunido en Santo Tomás de Angos­tura, 12 de junio de 1819”, en Correo del Orinoco, 34 (sábado 24 de julio de 1819), 135.

Nota 31: José María Vergara, “Discurso del diputado José María Vergara en el Congreso cons­ti­tu­yente de Vene­zuela reunido en Santo Tomás de Angos­tura, 12 de junio de 1819”, en Correo del Orinoco, 34 y 35 (24 y 31 de julio de 1819), 135-136 y 138.

Nota 32: “Proyecto de acta de un supuesto congreso pro­vin­cial de Casanare, decla­rando que el Casanare repre­senta a la antigua Nueva Granada que estuvo unida por un pacto de fede­ra­ción”. Pore, 1818 y AGN, Fondo Academia Colom­biana de Historia, serie Archivo de Fran­cisco de Paula San­tan­der, caja 1, carpeta 4, en H. Rodrí­guez y A. Lee, Docu­men­tos sobre la campaña..., vol. I, 187-189.

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levan­tarla en Casanare. Para esta tarea, llevaba consigo un buen equipo militar y órdenes supe­rio­res para que todas las auto­ri­da­des de Casanare estu­vie­ran a su dis­po­si­ción. Este nom­bra­miento era merecido, ya que San­tan­der conocía bien el terri­to­rio y las pobla­cio­nes del Reino, además de tener una buena repu­ta­ción para liderar las primeras tropas que entra­rían a libe­rarlo. Reco­no­ció que en 1816, las fuerzas de la Nueva Granada habían debido su sal­va­ción al general Páez y esperaba contar con su apoyo continuo en el futuro. También le envió una copia de una proclama que había pre­pa­rado para consolar a sus com­pa­trio­tas, la cual había enviado a sus com­pa­trio­tas resi­den­tes en Londres, Jamaica y Trinidad para que la publi­ca­ran, con el fin de reanimar a todos los gra­na­di­nos”³³.

Desde el cuartel general de Achaguas, el 30 de octubre de 1818, el general José Antonio Páez, coman­dante del Ejército del Apure, escribió dos cartas al general San­tan­der para comu­ni­carle que, en vista de la orden emitida por el jefe supremo, no tenía más opción que cederle la auto­ri­dad sobre Casanare. Aunque había ordenado detener su avance hacia la desor­ga­ni­zada pro­vin­cia debido a que, estando a cargo de ella, no había sido infor­mado de la orden emitida por el general Bolívar, “sin decirme tus ni mus”, le agra­de­cía porque le había quitado el peso de Casanare de encima. Además, le advertía: “Esta gente está en un estado agitado, lleno de con­vul­sio­nes, y apenas Guerrero ha logrado cal­mar­los”. Era difícil com­pren­der la inten­ción de esta gente: “¿Acaso será porque el que da órdenes es vene­zo­lano? Esta maldita riva­li­dad, o más bien, esta dis­tin­ción de nombres me irrita, y Dios quiera que no nos lleve a una guerra civil si no hacemos esfuer­zos para evitarla desde ahora”. En resumen, ya que San­tan­der se dirigía a “su Casanare”, sin saber cómo se las arre­gla­ría en una pro­vin­cia mise­ra­ble, “sin recursos, sin hombres y sin nada”, que solo servía para desa­cre­di­tar a una persona, una “pro­vin­cia sumida en revo­lu­cio­nes”, le acon­se­jaba tener cuidado con el coronel español Arre­dondo, “el líder de todas las tur­bu­len­cias”³⁴. De todos modos, el general Páez tuvo que redactar una proclama, fechada en su cuartel general de Achaguas el primero de noviem­bre de 1818, para des­pe­dirse de los “dignos habi­tan­tes de Casanare”, debido a su reem­plazo por el general San­tan­der. Ter­mi­naba ase­gu­rando que ellos habían mejorado su fortuna con el nuevo líder, y al des­pe­dirse, expre­saba los más sinceros deseos de pros­pe­ri­dad para ellos³⁵.

San­tan­der sabía que al llegar al Casanare se encon­tra­ría con tres cau­di­llos mili­ta­res que se dis­pu­ta­ban el mando y se des­co­no­cían mutua­mente. El 19 de noviem­bre de 1819, desde su cuartel general en Gua­na­palo, escribió al coronel Juan Nepo­mu­ceno Moreno para comu­ni­carle su decisión de man­te­nerlo como gober­na­dor político de la pro­vin­cia del Casanare, “a reserva de ampliarle las facul­ta­des en lo militar” cuando él tuviera que ausen­tarse³⁶. Además, designó al doctor Manuel Baños como teniente de gober­na­dor letrado. Dos días después, le pidió a Moreno un informe deta­llado sobre el estado de las fuerzas en el Casanare, des­glo­sando infor­ma­ción sobre las armas, los jefes y el arma­mento dis­po­ni­ble. También solicitó infor­ma­ción sobre el estado del enemigo en el interior del Reino y sus fuerzas dis­po­ni­bles, así como los recursos de la pro­vin­cia para mantener a sus tropas. El 29 de noviem­bre siguiente, hizo la misma soli­ci­tud al teniente coronel Arre­dondo, orde­nán­dole que ges­tio­nara su reco­no­ci­miento como coman­dante. San­tan­der lograría que todos los cau­di­llos lo obe­de­cie­ran y cola­bo­ra­ran en la for­ma­ción de la división de van­guar­dia, una pieza clave para la campaña en la Nueva Granada.

Desde San Fernando, el 27 de noviem­bre de 1818, el coronel José María Vergara, esta­cio­nado en Angos­tura en contra de su voluntad y espe­rando órdenes del general Bolívar para marchar hacia el Casanare, escribió a San­tan­der para infor­marle que el coronel Antonio Morales estaba en camino hacia el Casanare, comi­sio­nado para entre­garle la con­vo­ca­to­ria al Congreso de Vene­zuela, ya que la pro­vin­cia de Casanare había sido “invitada” a par­ti­ci­par. Esta medida repor­ta­ría con­si­de­ra­bles ventajas para la Nueva Granada. Vergara aconsejó elegir a José María Salazar como uno de los dipu­ta­dos de esa pro­vin­cia, en virtud de sus buenas rela­cio­nes con la Casa de Little Page en Trinidad. Esta era una opor­tu­ni­dad para adquirir fusiles de la casa comer­cial del señor Princeps, que estaban dis­po­ni­bles en Angos­tura a 9 pesos, y obtener ayuda del señor Anderson. Vergara envió saludos a sus “amigos y paisanos”, inclu­yendo al teniente

Nota 33: Carta publi­cada por Roberto Cortázar en Corres­pon­den­cia dirigida al General San­tan­der, 88-90.

Nota 34: AGN, fondo Academia Colom­biana de Historia, serie Corres­pon­den­cia de Fran­cisco de Paula San­tan­der, caja 1, carpeta 1, folio 14r-15r. Citado en Corres­pon­den­cia dirigida al General San­tan­der, editado por Roberto Cortázar, 1967, vol. X, 62-63.

Nota 35: H. Rodrí­guez y A. Lee, Docu­men­tos sobre la campaña liber­ta­dora de 1829, 1970, I, 191.

Nota 36: Carta citada en Corres­pon­den­cia dirigida al General San­tan­der, vol. I, 95-96.

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coronel Antonio Obando, al sargento mayor Joaquín París, al teniente coronel Vicente González, al coronel Antonio Arre­dondo y otros³⁷.

Ese mismo día, el general San­tan­der llegó a Gua­na­palo, un pueblo en la pro­vin­cia de Casanare, después de un largo viaje en barco que había comen­zado en Angos­tura. Inme­dia­ta­mente, convocó al coronel Juan Nepo­mu­ceno Moreno, quien ocupaba el cargo de gober­na­dor pro­vin­cial, para que le pro­por­cio­nara un informe sobre las tropas bajo su mando y para hacerse cargo de ellas. San­tan­der ordenó un alis­ta­miento general de hombres, su entre­na­miento por armas y preparó la pro­vin­cia para tener una defensa sólida.

El 28 del mismo mes, Moreno presentó el informe soli­ci­tado, con­fir­mando que la división de opi­nio­nes había comen­zado en el pasado mes de agosto, desde la llegada de los nuevos líderes enviados por el general Páez. El coronel Arre­dondo se había negado a obedecer y se había esta­ble­cido en la serranía con 200 infantes, actuando como un líder inde­pen­diente. En el terri­to­rio libre del Casanare y los Llanos de San Martín, solo se podía contar con 800 hombres a caballo y 130 infantes, que estaban con­cen­tra­dos en La Laguna. La mayoría de la caba­lle­ría estaba dispersa en pequeñas partidas de gue­rri­lla y la prin­ci­pal fuente de alimento eran las carnes. En total, solo dis­po­nían de alre­de­dor de mil caballos.

El coronel Antonio Arre­dondo escribió al general San­tan­der desde Zapatosa el 28 de noviem­bre de 1818, infor­mán­dole que desde que la pro­vin­cia de Casanare había sido liberada del dominio de la pro­vin­cia de Barinas por un pequeño grupo de deser­to­res del Bajo Apure, todos deseaban un líder que pro­te­giera sus derechos y los man­tu­viera a salvo de los desór­de­nes internos y de los intentos de suble­va­ción pro­mo­vi­dos por sus enemigos. Los neo­gra­na­di­nos que vivían allí en asilo también com­par­tían este deseo, y aspi­ra­ban a orga­ni­zar alguna fuerza con la cual pudieran regresar a su tierra natal y posi­ble­mente libe­rarla. Sin embargo, sus esfuer­zos se veían obs­ta­cu­li­za­dos por la “inso­len­cia de las pasiones” que dis­tor­sio­naba todo. Todos se sin­tie­ron ali­via­dos al ente­rarse de que un líder gra­na­dino, res­pal­dado por la auto­ri­dad y el arma­mento del supremo líder Bolívar, estaba en camino, ya que se esperaba que pusiera fin a los dos pro­ble­mas men­cio­na­dos. Un nuevo orden en Casanare marcaría el fin de las “cala­mi­da­des del Llano” y del “des­tie­rro al que hemos sido con­de­na­dos”. También mencionó que el capitán Narciso Lobo Guerrero había sido enviado a informar sobre las razones de su sepa­ra­ción tanto del gobierno como del mando general de Casanare, así como las razones detrás de su decisión de traer su batallón desde Betoyes³⁸.

El coronel Arre­dondo le había infor­mado al coronel Briceño en Manare que su batallón de infan­te­ría no le obedecía ni a él ni al general Páez. En res­puesta, Briceño convocó a la ofi­cia­li­dad y a la tropa en nombre de Bolívar y Páez, ins­tán­do­los a unirse a aquellos dis­pues­tos a obedecer a las auto­ri­da­des desig­na­das por Páez en Casanare. Sin embargo, solo un oficial y 40 soldados vene­zo­la­nos res­pon­die­ron a su llamado, mientras que los otros 400 hombres per­ma­ne­cie­ron leales a Arre­dondo. Este último tomó el parque y las armas y se dirigió hacia Zapatosa, donde la gue­rri­lla de los Almeidas tenía a algunas personas, advir­tiendo que Bolívar des­co­no­cía lo que estaba ocu­rriendo en Casanare, y que solo lo obe­de­ce­rían cuando estu­vie­ran seguros de sus inten­cio­nes.

Por su parte, Juan Nepo­mu­ceno Moreno se negó a marchar al Apure y cruzó el río Meta para per­ma­ne­cer en esas llanuras. Juan Galea fue enviado con la misión de paci­fi­car los ánimos, acom­pa­ñado del teniente coronel Pedro Fortoul, pero no lograron con­ven­cer a Arre­dondo de unirse a ellos. Luego, Guerrero intentó asumir el control del gobierno de Casanare por orden de Páez, tratando de llevarse al Apure a cuantos hombres pudiera. El general San­tan­der esperaba resolver todas estas intrigas una vez que llegara a Casanare, ya que estaba con­ven­cido de que estas ten­sio­nes se debían al des­con­tento y disgusto con el gobierno de ofi­cia­les vene­zo­la­nos.

El 6 de diciem­bre de 1818, el general San­tan­der ya había logrado obtener la obe­dien­cia de todos los jefes mili­ta­res que operaban en Casanare. Les advirtió que debían poner fin de una vez por todas a las antiguas riva­li­da­des y divi­sio­nes, ya que no tole­ra­ría divi­sio­nes ni dis­tur­bios entre las tropas. Su naci­miento, sus prin­ci­pios y la situa­ción de América y Europa lo llamaban a sacri­fi­carse por su país. Por lo tanto, esperaba que todos sus com­pa­ñe­ros de armas demos­tra­ran valor, celo e interés en esta empresa. Todos los asuntos rela­cio­na­dos con el gobierno de la pro­vin­cia y los asuntos mili­ta­res serían con­sul­ta­dos con él.

Nota 37: AGN, fondo Academia Colom­biana de Historia, serie Corres­pon­den­cia de Fran­cisco de Paula San­tan­der, caja 1, carpeta 1, folio 19r-20r. Citado en Corres­pon­den­cia dirigida al General San­tan­der, vol. XIV, 37-38.

Nota 38: R. Cortázar, Corres­pon­den­cia dirigida al General San­tan­der, 252-253. Natural de los reinos de España, murió en la batalla de Gámeza.

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El 13 de diciem­bre siguiente, nombró a Juan José Man­za­neda como coman­dante del escua­drón del Arauca, al que le encargó la tarea de orga­ni­zar en dos com­pa­ñías y de pro­por­cio­nar ganado de forma perió­dica para mantener el batallón que se estaba formando en Tame, además de sumi­nis­trar caballos y mantener el orden en la villa de Arauca. Ber­nar­dino Tobar reco­no­ció que hasta la llegada de San­tan­der a Casanare con el rango de general, la norma había sido la insu­bor­di­na­ción, la indis­ci­plina, la inmo­ra­li­dad y los vicios, a pesar de las grandes virtudes de patrio­tismo pre­sen­tes. Los llaneros, que no habían res­pe­tado al general Serviez, deci­die­ron obedecer al general San­tan­der debido al respeto que les ins­pi­raba, con­si­de­rando las cua­li­da­des que agregó a su valor y dis­ci­plina militar: “edu­ca­ción, cono­ci­mien­tos, pru­den­cia, mora­li­dad y reli­gio­si­dad”³⁹.

El 8 de enero de 1819, el general San­tan­der pudo informar al general Bolívar, desde La Trinidad, que Casanare se encon­traba en “un estado de defensa muy res­pe­ta­ble”, con una ins­truc­ción cons­tante que per­mi­ti­ría comenzar pronto las ope­ra­cio­nes en la Nueva Granada. También se habían orga­ni­zado los depar­ta­men­tos civil y de hacienda de la pro­vin­cia. La mayoría de los ofi­cia­les, a excep­ción del coronel Arre­dondo y el sargento mayor Reynal Sas­ma­jous, eran gra­na­di­nos. Entre ellos des­ta­ca­ban nombres como Juan Nepo­mu­ceno Moreno, Ramón Nonato Pérez, Ambrosio Almeyda, José Concha, Pedro Fortoul, Joaquín París, Aniceto Ramírez, Juan José Molina y Fran­cisco Javier Alfonso. Aquellos cercanos a San­tan­der eran Pedro Fortoul, José Concha, Almeyda, París, Arre­dondo y el coronel Antonio Morales, junto con el diputado del Casanare, José María Vergara. Solo quedaba un vene­zo­lano, el coronel Jacinto Lara, quien había llegado de Angos­tura acom­pa­ñando la flotilla de embar­ca­cio­nes que trans­por­taba arma­mento y equipo pro­por­cio­na­dos por el jefe supremo de Vene­zuela.

Sin embargo, en febrero de 1819, el coronel Jacinto Lara solicitó a San­tan­der un pasa­porte para aban­do­nar Casanare y regresar a Vene­zuela. Junto con Juan Galea y el coronel Concha, aún no había recibido su destino militar en Casanare. Pre­o­cu­pado, San­tan­der le suplicó que no se fuera, argu­men­tando que tal acción le ganaría “todo el odio de los vene­zo­la­nos”. Ya había sufrido sufi­ciente por acu­sa­cio­nes infun­da­das de par­cia­li­dad hacia los vene­zo­la­nos, a pesar de que no había evi­den­cia de tal par­cia­li­dad en la ofi­cia­li­dad. Le prometió escuchar sus quejas, si las tenía, para evitar su sepa­ra­ción del ejército de Casanare, ya que estaba seguro de que en Vene­zuela todos dirían que “el general gra­na­dino está mos­trando su odio hacia los vene­zo­la­nos”⁴⁰. El coronel Juan Galea, quien había estado bajo las órdenes directas del general Páez, se presentó en Pore ante San­tan­der en ese mismo mes de febrero de 1819 para soli­ci­tar servicio en el ejército de Casanare. San­tan­der le informó al general llanero que apro­ve­cha­ría su valentía en caso de que llegara efec­ti­va­mente una expe­di­ción española a los llanos y que no le había asignado un destino porque había llegado muy enfermo. Aniceto Ramírez fue nombrado coman­dante general de los Llanos de San Martín, y el capitán Ignacio Castro asumió el cargo de juez político.

El coronel Lara per­ma­ne­ció en Casanare durante algunos meses, pero su per­sis­ten­cia obligó a San­tan­der a otor­garle el pasa­porte para que regre­sara al ejército de Vene­zuela, ya que temía sufrir desaires en este país. En opinión de San­tan­der, esos temores no tenían otro fun­da­mento que “la riva­li­dad de gra­na­di­nos y vene­zo­la­nos”, que parecían “bien exce­si­vos”. Por esta razón, recordó al general Bolívar⁴¹ que esa riva­li­dad siempre había existido, y que “en alguna parte de Vene­zuela se aumentó hasta el último punto”. Las dos partes le habían mani­fes­tado sus quejas, de modo que ya no entendía cuáles eran las justas y cuales no, pero “lo cierto es que las pasiones no se enfrenan de un solo golpe”. Relató a su des­ti­na­ta­rio que cuando llegó al Casanare esta riva­li­dad estaba encen­dida por efecto nece­sa­rio “del tra­ta­miento que la pro­vin­cia que los gra­na­di­nos habían recibido, y que al fin produjo la insu­rrec­ción”. Dado que era impo­si­ble eliminar por completo esta riva­li­dad, había tratado de erra­di­carla gra­dual­mente mediante decretos y órdenes, así como a través de su propio ejemplo. En la reor­ga­ni­za­ción del ejército de Casanare, solo había con­si­de­rado el mérito de los ofi­cia­les y su capa­ci­dad para cumplir con sus deberes, sin importar su lugar de naci­miento, salvo para otor­gar­les su filia­ción. Prueba de su conducta eran los ofi­cia­les que habían venido del Apure a ofrecer sus ser­vi­cios bajo su mando en Casanare. A pesar de sus esfuer­zos, el coronel Lara había tenido pequeños desa­cuer­dos con ofi­cia­les gra­na­di­nos, pero dado que estos podían

Nota 39: Carta de Ber­nar­dino Tobar al general San­tan­der. Socorro, 25 de marzo de 1820, en Corres­pon­den­cia dirigida al General San­tan­der, vol. XIII, 42.

Nota 40: “Carta dirigida por el general San­tan­der al coronel Jacinto Lara. Cuartel general de La Trinidad, 6 de febrero de 1819”, en Corres­pon­den­cia dirigida al General San­tan­der, vol. I, 188-189.

Nota 41: “Carta del general San­tan­der al general Bolívar. Cuartel general en el Palmar, 24 de abril de 1819”, en Corres­pon­den­cia dirigida al General San­tan­der, vol. I, 244-246.

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dar lugar a con­flic­tos mayores, San­tan­der con­si­deró que era mejor otor­garle el pasa­porte para su regreso a Vene­zuela⁴².

San­tan­der advirtió que esta “riva­li­dad tan arrai­gada” entre gra­na­di­nos y vene­zo­la­nos era similar a la que existía entre los habi­tan­tes de Barinas y Caracas, así como entre los cara­que­ños y los de Cumaná. Sin embargo, a dife­ren­cia de estas riva­li­da­des, la riva­li­dad entre gra­na­di­nos y vene­zo­la­nos generaba fuertes dis­cur­sos y ten­sio­nes. Dado que los vene­zo­la­nos habían tildado a los gra­na­di­nos de cobardes y estos últimos habían acu­mu­lado resen­ti­mien­tos y sufri­mien­tos, no era posible eliminar de inme­diato esta riva­li­dad. San­tan­der recordó que en el pasado, el propio general Bolívar le había dicho que los hombres eran “muy sen­si­bles al mal y indi­fe­ren­tes al bien”.

San­tan­der afirmó que su com­pro­miso con los inte­re­ses polí­ti­cos de la Nueva Granada no sig­ni­fi­caba que olvidara su gratitud hacia Vene­zuela por haberlo acogido en tiempos difí­ci­les y por pro­por­cio­narle el arma­mento y las muni­cio­nes nece­sa­rios para luchar contra los tiranos de sus com­pa­trio­tas y amigos, bajo la direc­ción del “pro­tec­tor de la Nueva Granada”⁴³.

Las demandas con­tra­dic­to­rias de pro­tec­ción y apoyo logís­tico para el ejército de Vene­zuela, la con­vo­ca­to­ria a par­ti­ci­par en el Congreso cons­ti­tu­yente de la nación vene­zo­lana y la defensa de los inte­re­ses polí­ti­cos de la Nueva Granada en medio de las ten­sio­nes entre gra­na­di­nos y vene­zo­la­nos pusieron a San­tan­der en una posición com­pli­cada. Además de enviar dipu­ta­dos del Casanare al Congreso vene­zo­lano, algunos de los cuales par­ti­ci­pa­ron en la redac­ción de la segunda carta cons­ti­tu­cio­nal de Vene­zuela, San­tan­der gestionó desde Tame, en mayo de 1819, el reco­no­ci­miento docu­men­tado de la auto­ri­dad del pre­si­dente de Vene­zuela por parte del ejército gra­na­dino que se había formado en Casanare. Pidió que esto fuera públi­ca­mente conocido, para demos­trar que las primeras fuerzas dis­pues­tas a res­pal­dar la auto­ri­dad del Gobierno de Vene­zuela eran las del único cuerpo armado dis­po­ni­ble en la Nueva Granada. El 20 de mayo de 1819, Bolívar ordenó a San­tan­der que estu­viera pre­pa­rado para cooperar con sus tropas en una ope­ra­ción militar en la Nueva Granada. Una semana después, San­tan­der expresó su dis­po­si­ción a reunir sus tropas donde se le indicara y había enviado a un oficial gra­na­dino a Sogamoso, donde tenía a su familia, para obtener infor­ma­ción sobre el estado del Reino y comu­ni­carse con los gue­rri­lle­ros⁴⁴.

Una parte crucial de la pre­pa­ra­ción de la División de Van­guar­dia del Ejército Liber­ta­dor de la Nueva Granada, formada por el General San­tan­der en el Ejército del Casanare, invo­lu­craba la cere­mo­nia de jura de reco­no­ci­miento y obe­dien­cia al Pre­si­dente de la Repú­blica de Vene­zuela. Entre los días 13 y 19 de mayo de 1819, se llevaron a cabo estas cere­mo­nias en las plazas públicas de Manare y Tame.

Después de la for­ma­ción de los bata­llo­nes 1° de Líneas y 1° de Caza­do­res, el General San­tan­der, con la espada en la mano, planteó la siguiente pregunta: “¿Juráis [...] reco­no­cer, obedecer y respetar al exce­len­tí­simo señor General Simón Bolívar como pre­si­dente del Gobierno de la Repú­blica, mientras se libera la Nueva Granada y los pueblos esta­ble­cen libre­mente el sistema de gobierno que con­si­de­ren más acorde a sus derechos?”. La pro­vin­cia de Casanare y el cantón de San Martín, con el ejército formado desde noviem­bre del año anterior, reco­no­cían que la “ausencia de una auto­ri­dad política legítima en la Nueva Granada” los había llevado, por nece­si­dad, a reco­no­cer al gobierno de Vene­zuela, que se había com­pro­me­tido a libe­rar­los. Dando ejemplo, el General San­tan­der renovó su com­pro­miso de “obe­dien­cia, sumisión y respeto al gobierno vene­zo­lano”⁴⁵.

La par­ti­ci­pa­ción del Casanare en el Congreso cons­ti­tu­yente de Vene­zuela

Al comenzar el mes de febrero de 1819, el general San­tan­der recibió el Regla­mento elec­to­ral, redac­tado el 17 de octubre de 1818, para la con­vo­ca­to­ria de dipu­ta­dos al Congreso Cons­ti­tu­yente de Vene­zuela. Aunque durante el segundo semestre del año anterior había estado invo­lu­crado con la carta política del Estado Libre de Casanare, en calidad de repre­sen­tante del Congreso de

Nota 42: “Carta del general San­tan­der al general Bolívar. Cuartel general en el Palmar, 24 de abril de 1819”, en Corres­pon­den­cia dirigida al General San­tan­der, vol. I, 244-246.

Nota 43: “Carta del general San­tan­der al general Bolívar. Cuartel general en el Palmar, 24 de abril de 1819”, en Corres­pon­den­cia dirigida al General San­tan­der, vol. I, 244-246.

Nota 44: “Oficio número 20 del general San­tan­der al general Bolívar. Cuartel General en Tame, 27 de mayo de 1819”, en H. Rodrí­guez y A. Lee, Docu­men­tos sobre la campaña..., vol. I, 62-63.

Nota 45: “Cer­ti­fi­ca­ción de la rea­li­za­ción de la cere­mo­nia de reco­no­ci­miento de la auto­ri­dad del pre­si­dente de Vene­zuela por los ofi­cia­les y soldados del Ejército del Casanare, firmada por el teniente coronel Antonio Morales, subjefe interino del Estrado Mayor General. Cuartel general de Tame, 18 de mayo de 1819”, en H. Rodrí­guez y A. Lee, Docu­men­tos sobre la campaña..., vol. I, 422-424.

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las Pro­vin­cias Unidas de la Nueva Granada, ahora se enfren­taba al problema político de la par­ti­ci­pa­ción de Casanare en un Congreso de las pro­vin­cias de Vene­zuela. Debía deter­mi­nar en qué con­di­ción podría asistir. En su carta al General Páez del 9 de febrero, apenas sugirió que “por ahora” Casanare par­ti­ci­pa­ría. Al día siguiente, dio ins­truc­cio­nes a su teniente de gober­na­dor para que orga­ni­zara las elec­cio­nes entre las familias de los cantones de El Palmar y Charte, instando a los elec­to­res a votar por “ciu­da­da­nos de aptitud, cono­ci­mien­tos y un com­pro­miso con la Nueva Granada, ya que en el Congreso General de Vene­zuela se tra­ta­rían asuntos muy com­ple­jos e impor­tan­tes”. Era esencial que los dipu­ta­dos de Casanare honraran a la Repú­blica Gra­na­dina eli­giendo “personas que fueran ciu­da­da­nos de la Nueva Granada”⁴⁶. El 12 y 13 de febrero, emitió las mismas ins­truc­cio­nes a los jueces mayores de los cantones del Norte y del Meta, así como al coronel Concha, quien lideraba el escua­drón esta­cio­nado en el depar­ta­mento de Chita.

Desde esta pers­pec­tiva, Casanare no asis­ti­ría en calidad de “pro­vin­cia de Vene­zuela”, sino como un “estado libre” y repre­sen­tante de la Repú­blica de la Nueva Granada. La auto­no­mía de la pro­vin­cia de Casanare requería que par­ti­ci­para en el Congreso de Vene­zuela solo como una “invitada”. Esta fue la estra­te­gia que adoptó el líder de los gra­na­di­nos en una situa­ción tan delicada. La habi­li­dad política del general San­tan­der quedó demos­trada, lo que cumplió con las palabras del coronel Manuel Cedeño, quien había afirmado que la desig­na­ción de este líder gra­na­dino como jefe de Casanare era un reco­no­ci­miento a “su talento militar y sus cono­ci­mien­tos polí­ti­cos”.

Dado que el Regla­mento elec­to­ral había asignado a Casanare cinco dipu­ta­dos para el Congreso Cons­ti­tu­yente de Vene­zuela, “con el pro­pó­sito de con­sul­tar mejor los asuntos rela­cio­na­dos con la eman­ci­pa­ción y la libertad de la Nueva Granada”, se llevaron a cabo elec­cio­nes en todos los depar­ta­men­tos de Casanare. En estas elec­cio­nes par­ti­ci­pa­ron 1,012 ciu­da­da­nos y se rea­li­za­ron el 29 de marzo de 1819, con el escru­ti­nio rea­li­zado en la casa del general San­tan­der en Pore. Los cinco dipu­ta­dos prin­ci­pa­les elegidos fueron: el doctor Fran­cisco Antonio Zea, el doctor José María Salazar, el coronel José María Vergara, el teniente coronel Vicente Uribe y el coronel Ignacio Mariño. Los cinco dipu­ta­dos suplen­tes elegidos fueron: el teniente coronel Antonio Morales, el doctor Ignacio Muñoz, Fran­cisco Escobar, el doctor Fran­cisco Javier Yanes y el pres­bí­tero Domingo Antonio Vargas⁴⁷.

Desde el cuartel general de La Laguna, el 8 de abril de 1819, San­tan­der dio ins­truc­cio­nes al diputado José María Vergara: “No permitas que los repre­sen­tan­tes de solo 600 almas nos impongan su ley”, a pesar de que se dice que “Nueva Granada y Vene­zuela están unidas de facto”, ya que nadie sabía “de dónde venía ni por qué existía esa unión”. Solo debía asistir a algunas sesiones, luego soli­ci­tar una licencia y regresar, incluso a pie. Le pidió que vigilara de cerca al coronel vene­zo­lano Jacinto Lara, quien final­mente se unió al ejército de Vene­zuela, ya que “algo podrá decir contra nosotros”. Debía estar a la mira para dar aviso y “defen­der­nos”, y cuando escri­biese acerca de ese oficial debía nom­brarlo con la expre­sión “correo de las brujas”, para que nadie enten­diese de quien se trataba⁴⁸.

Al informar al jefe supremo de Vene­zuela sobre los resul­ta­dos de las elec­cio­nes de los dipu­ta­dos de Casanare para el Congreso de Vene­zuela, San­tan­der reafirmó su com­pro­miso de “obedecer cie­ga­mente al gobierno de Vene­zuela”, pero advirtió que esto sería “hasta que se res­ta­blezca el gobierno de la Nueva Granada”⁴⁹. En una carta dirigida al coronel vene­zo­lano Pedro Briceño Méndez desde la Hacienda Tame, el 1 de junio de 1819, San­tan­der expresó la difi­cul­tad de unir a vene­zo­la­nos y gra­na­di­nos en una sola nación, dada la acu­mu­la­ción de resen­ti­mien­tos entre ofi­cia­les y soldados. La unión buscada, con la que estaba de acuerdo, debía rea­li­zarse de manera que la Nueva Granada no quedara en una posición de “país colonial” y que la gloria de Vene­zuela no sufriera “una mancha eterna”. Solo Bolívar podría liderar esta gran nación, ya que nadie

Nota 46: “Carta dirigida por el general San­tan­der al teniente de gober­na­dor desde el Cuartel general de Pore, 10 de febrero de 1819”, en Cartas y Mensajes del general Fran­cisco de Paula San­tan­der, vol. I, 193.

Nota 47: Ángel Rafael Almarza, Los inicios del gobierno repre­sen­ta­tivo en la Repú­blica de Colombia, 1818-1821 (Marcial Pons, Madrid, 2017), 69. Como el doctor Yanes era vene­zo­lano, San­tan­der le escribió desde el Cuartel general en La Laguna de Casanare, el 30 de marzo de 1819, para soli­ci­tarle que aceptase este nom­bra­miento como diputado suplente, pues se había debido a su “acen­drado patrio­tismo, sus luces y, sobre todo, al interés que otras veces ha mani­fes­tado por la feli­ci­dad de la Nueva Granada”. Por ello, le con­fe­saba que su elección le había sido satis­fac­to­ria. R. Cortázar, Cartas y mensajes del general, 1953, I, 234-235.

Nota 48: Carta publi­cada por Roberto Cortázar en Cartas y Mensajes del general Fran­cisco de Paula San­tan­der, vol. I, 236-237.

Nota 49: “Carta del general San­tan­der al general Bolívar. Cuartel general en el Palmar, 22 de abril de 1819”, en R. Cortázar, Cartas y Mensajes del general..., vol. I, 242-243.

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tenía motivos de queja contra él, y en cambio todos le debían reco­no­ci­miento y gratitud. En todas las oca­sio­nes en las que personas vene­zo­la­nas de alto rango insul­ta­ban a la Nueva Granada debido a su des­gra­ciada suerte en 1816, Bolívar era el único que defendía el honor de los gra­na­di­nos. Con razón podría afir­marse que él no con­tri­buyó a la funesta riva­li­dad entre gra­na­di­nos y vene­zo­la­nos⁵⁰.

Los primeros dipu­ta­dos del Casanare que llegaron al Congreso reunido en Santo Tomás de Angos­tura el 12 de junio de 1819 fueron el coronel José María Vergara y el teniente coronel Vicente Uribe. En ese momento, Fran­cisco Antonio Zea, quien había sido diputado de Caracas, ahora repre­sen­taba al Casanare. Tan pronto como asumió su cargo, en la sesión 93, el diputado Vergara solicitó la palabra para leer un discurso que había pre­pa­rado sobre la mejor manera de unir la Capi­ta­nía General de Vene­zuela y el Virrei­nato de Santafé en una sola nación. Argu­mentó que esta unión no debía ser “como la de un país con­quis­tado o cedido como dote”, sino que debía basarse en la voluntad expresa de los habi­tan­tes de ambos terri­to­rios, “con­ven­ci­dos de los bene­fi­cios mutuos que podrían obtener”.

Dado que el debate sobre el proyecto de cons­ti­tu­ción estaba en curso y requería respetar el derecho de la Nueva Granada a ser con­sul­tada sobre su voluntad, se con­si­de­raba nece­sa­rio sus­pen­der la cons­ti­tu­ción hasta que los repre­sen­tan­tes de la mayoría de las pro­vin­cias de la Nueva Granada pudieran par­ti­ci­par. Además, se debía esta­ble­cer una conducta “política, fra­ter­nal y generosa” para los líderes de las tropas que libe­ra­rían los terri­to­rios ocupados por los espa­ño­les. Estos líderes también debían com­pro­me­terse a res­tau­rar pro­vi­sio­nal­mente los gobier­nos de las pro­vin­cias tal como habían estado en 1816.

Vergara propuso que la carta cons­ti­tu­cio­nal que se estaba deba­tiendo se sus­pen­diera “hasta que los pueblos de la Nueva Granada puedan par­ti­ci­par en su ela­bo­ra­ción y se res­ta­blezca el gobierno pro­vin­cial que existía cuando se libe­ra­ron del dominio español”⁵¹. En su lugar, sugirió la imple­men­ta­ción de un regla­mento pro­vi­sio­nal de gobierno. Siguiendo las ins­truc­cio­nes del general San­tan­der, reco­mendó a los ofi­cia­les y tropas de “ambos Estados” que actuaran con mode­ra­ción y armonía en adelante y pidió que se dis­cu­tie­ran sus pro­pues­tas en la próxima sesión.

Durante el trans­curso de la semana siguiente, en las sesiones 94, 95 y 97, se deba­tie­ron las dos pro­pues­tas pre­sen­ta­das por el diputado Vergara: sus­pen­der el proyecto de cons­ti­tu­ción hasta que más dipu­ta­dos de las pro­vin­cias de la Nueva Granada estu­vie­ran pre­sen­tes y res­ta­ble­cer los gobier­nos que existían en las pro­vin­cias de la Nueva Granada en el año 1816 a medida que fueran libe­ra­das. Al final de estas sesiones, se acordó que se le encar­ga­ría al diputado Vergara la redac­ción de un proyecto de ley que incor­po­rara las obser­va­cio­nes de los demás dipu­ta­dos. Vergara insistió en que sus dos peti­cio­nes se resol­vie­ran en la sesión 100.

En la siguiente sesión, el 22 de junio, se acordó que primero se ela­bo­ra­ría un mani­fiesto sobre la impor­tan­cia de la unión entre Vene­zuela y Nueva Granada, así como las bases en las que debería fun­da­men­tarse. Esta tarea fue enco­men­dada a tres dipu­ta­dos, entre ellos el teniente coronel Uribe. En esa misma sesión, el vice­pre­si­dente Zea propuso que el diputado Vergara, quien hablaba inglés y francés, se uniera a la comisión que había sido enviada a Londres para ges­tio­nar un emprés­tito y asis­ten­cia para la causa vene­zo­lana. Así fue como los con­gre­sis­tas vene­zo­la­nos se libraron de la pre­sen­cia de Vergara, quien partió a Londres en una misión diplo­má­tica acom­pa­ñado por el diputado Peñalver.

El 15 de agosto de 1819, cuando los dipu­ta­dos del Congreso Cons­ti­tu­cio­nal de Vene­zuela firmaron la carta cons­ti­tu­cio­nal final­mente aprobada, dos de los titu­la­res que repre­sen­ta­ban a la pro­vin­cia del Casanare, el doctor Fran­cisco Antonio Zea y el teniente coronel Vicente Uribe, firmaron como “invi­ta­dos”. Afor­tu­na­da­mente, la pro­vin­cia que repre­sen­ta­ban no fue recla­mada por los cons­ti­tu­yen­tes de Vene­zuela al definir los límites del terri­to­rio nacional, de acuerdo con el prin­ci­pio uti pos­si­de­tis.

Colofón

El siguiente desafío político al que se enfrentó San­tan­der, actuando en calidad de vice­pre­si­dente del depar­ta­mento de Cun­di­na­marca, fue la defensa de los inte­re­ses de esta demar­ca­ción en el Congreso Cons­ti­tu­yente de Colombia, con­vo­cado para el primer semestre de 1821. Al igual que lo había hecho cuando organizó las elec­cio­nes en el Casanare para selec­cio­nar a sus dipu­ta­dos para el Congreso de Vene­zuela, se esforzó por ase­gu­rarse de que los dipu­ta­dos de las pro­vin­cias de Cun­di­na­marca fueran los más com­pe­ten­tes, evitando cual­quier intento por parte de los dipu­ta­dos vene­zo­la­nos de some­terla a la con­di­ción de “colonia” de Vene­zuela.

Nota 50: R. Cortázar, Cartas y Mensajes del general..., vol. I, 258-260.

Nota 51: Acta 93 del Congreso cons­ti­tu­yente de Vene­zuela. Angos­tura, 12 de junio de 1819.

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Biblio­gra­fía

Dado que Vene­zuela tenía dipu­ta­dos de ocho pro­vin­cias, la pro­vin­cia del Chocó fue tratada como dos (Nóvita y Citará), de modo que Cun­di­na­marca estuvo repre­sen­tada en el Congreso por trece pro­vin­cias. San­tan­der super­visó de cerca las elec­cio­nes para ase­gu­rarse de que sus hombres de con­fianza fueran elegidos como dipu­ta­dos, y efec­ti­va­mente, cuatro de ellos actuaron como sus infor­man­tes per­ma­nen­tes sobre todo lo que ocurría en el Congreso: Ale­jan­dro Osorio, José Manuel Restrepo, Vicente Azuero y Fran­cisco Soto. Y podemos afirmar que logró su objetivo, ya que Bogotá fue elegida como la capital efectiva de la Repú­blica de Colombia, y se adoptó un sistema cen­tra­li­zado de depar­ta­men­tos, así como un régimen popular repre­sen­ta­tivo. Además, San­tan­der mismo fue elegido vice­pre­si­dente de esta Repú­blica, derro­tando al general Antonio Nariño en el proceso elec­to­ral.

Biblio­gra­fía

Fuentes pri­ma­rias editadas

“Cer­ti­fi­ca­ción de los ser­vi­cios mili­ta­res del general Fran­cisco de Paula San­tan­der en Vene­zuela, expedida por el general Carlos Sou­blette, jefe del Estado Mayor General. Cuartel general en jefe de Angos­tura, 22 de agosto de 1818”, en Archivo San­tan­der, Bogotá, Academia Colom­biana de Historia, 1913.

Cortázar, Roberto. Cartas y Mensajes del general Fran­cisco de Paula San­tan­der (10 volú­me­nes), Bogotá, Librería Voluntad, 1953.

Cortázar, Roberto. Corres­pon­den­cia dirigida al General Fran­cisco de Paula San­tan­der (14 volú­me­nes), Bogotá, Librería Voluntad, 1964-1970.

Obando, Antonio. Auto­bio­gra­fía y apun­ta­mien­tos para la historia, que tiene nece­si­dad de insertar como rela­cio­na­dos con su vida pública desde el año de 1809, edición de Roger Pita Pico, Bogotá, Academia Colom­biana de Historia, 2023.

Restrepo Tirado, Ernesto. Archivo San­tan­der, Bogotá, Águila Negra Edi­to­rial, 1913-1932, 24 volú­me­nes. (La Comisión original fue inte­grada por Ernesto Restrepo Tirado (pre­si­dente), José D. Monsalve, Pedro María Ibáñez, Emilio Durán L. y Arturo Quijano).

Rodrí­guez Plata, Horacio y fray Alberto Lee López (com­pi­la­do­res). Docu­men­tos sobre la campaña liber­ta­dora de 1829, 3 tomos, Bogotá, Andes, 1970.

Santa, Eduardo. Memorias del general San­tan­der, Bogotá, Banco Popular, 1973.

San­tan­der, Fran­cisco de Paula. Apun­ta­mien­tos para las Memorias sobre Colombia y la Nueva Granada, Bogotá, Imprenta de Lleras, 1837.

San­tan­der, Fran­cisco de Paula. “Diario de la campaña de 1818 en Vene­zuela, veri­fi­cada por el Ejército Liber­ta­dor a las órdenes del jefe supremo general Bolívar contra el Ejército Real al mando del general Morillo, diciem­bre de 1817 a 28 de mayo de 1818”, en Archivo San­tan­der, 1914.

San­tan­der, Fran­cisco de Paula. “Acciones gene­ra­les de guerra en que me he encon­trado, fuera de las de la guerra civil y combates par­cia­les, incluido por Luis Javier Caicedo” en San­tan­der. La Repú­blica, Bogotá, Minis­te­rio de Edu­ca­ción Nacional, 1995.

Fuentes secun­da­rias

Almarza, Ángel Rafael. Los inicios del gobierno repre­sen­ta­tivo en la Repú­blica de Colombia, 1818-1821, Madrid, Marcial Pons, 2017.

Martínez Garnica, Armando. Historia de la Primera Repú­blica de Colombia, 1819-1831. “Decid Colombia sea, y Colombia será”, Bogotá, Edi­to­rial Uni­ver­si­dad del Rosario, 2019.

Martínez Garnica, Armando. La época de Fran­cisco de Paula San­tan­der, 1820-1840, Bogotá, Academia Colom­biana de Historia, 2024.

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Ex libris de Armando Martínez Garnica: las tres plumas del Príncipe de Gales sobre una corona, con el lema «Ich Dien» y su nombre manuscrito.

De la colección personal de Armando Martínez Garnica.