Santander y la defensa de la autonomía del Casanare
Armando Martínez Garnica
Los restos de los batallones granadinos derrotados, tanto en Cachirí como en San José de Cúcuta, quedaron bajo el mando del coronel francés Manuel Roergas Serviez durante el primer semestre de 1816. Este contingente se amplió con caballería de milicias y reclutas sin disciplina ni experiencia militar, lo que contribuyó a la desafortunada derrota en Cachirí. La opinión predominante entre los oficiales venezolanos era que solo podrían encontrar un entorno seguro en los llanos venezolanos y en el Casanare, donde ya operaban tropas bajo el mando del general Rafael Urdaneta y el coronel Miguel Valdéz. Esto llevó al traslado de todas las tropas bajo el mando de Serviez y el coronel Santander al Casanare, viajando por la ruta de Cáqueza. Finalmente, solo 800 infantes y 100 dragones marcharon para unirse a las fuerzas del general Urdaneta en
Nota *: Para citar este capítulo: https://doi.org/10.12804/urosario9789585003798.05
Casanare y el coronel Valdés en Guadualito. En ese momento, el gobernador del Casanare era Juan Nepomuceno Moreno.
Convocados por el coronel Valdés, los representantes de estos tres cuerpos de tropas se reunieron en el pueblo de Arauca y acordaron nombrar un presidente del gobierno patriota en el exilio. Eligieron a Fernando Serrano Uribe, quien había sido el último gobernador del Estado de Pamplona, como presidente, y a Francisco Javier Yanes, un venezolano, como secretario. Además, eligieron al coronel Santander como jefe supremo de todas las tropas reunidas, a pesar de que no tenía el rango necesario. Esto se debió a que el mando del general Serviez no fue aceptado debido a su condición de extranjero, y el del general Rafael Urdaneta no fue aceptado debido a los resentimientos que los jefes de la caballería tenían contra él. Esto ocurrió el 16 de julio de 1816.
Sin embargo, esta jefatura militar, que se extendía desde los llanos de Arauca y el Casanare hasta los llanos del Apure, tenía en su contra el hecho de la naturaleza de Santander: ni era llanero ni era venezolano. Santander recordó en sus Apuntamientos de 1837 que los oficiales venezolanos no habían olvidado las desavenencias de Manuel del Castillo y de él mismo con el general Bolívar en los valles de Cúcuta, cuando se negaron a seguirlo hasta Caracas. Los resentimientos de venezolanos y granadinos durante el bloqueo que Bolívar impuso a la plaza de Cartagena en 1815, así como la resistencia a obedecerlo y acompañarlo en una expedición contra Santa Marta, seguían frescos en la memoria de los llaneros venezolanos. Santander ejercía como jefe supremo en un país donde se creía deshonroso que un granadino mandase a venezolanos”. La realidad de las diferencias históricas entre los granadinos y los venezolanos volvía a surgir, y no sería la última vez¹.
En ese momento, Santander se apartó de la jefatura, presentando su renuncia al presidente Fernando Serrano. La comandancia pasó entonces a manos de alguien que podía ejercerla debido a su doble naturaleza como venezolano y llanero: el general José Antonio Páez. Sin dudarlo, decretó el cese de la autoridad civil granadina de Fernando Serrano en Arauca, estableciendo únicamente su autoridad suprema y única en todos los llanos. Organizó a todas las tropas en brigadas de caballería, siendo la primera brigada comandada por el general Rafael Urdaneta, la segunda por el coronel Santander y la de reserva bajo Serviez, conformada por los notables de Venezuela y la Nueva Granada que habían buscado refugio en los llanos. Poco después, un oficial venezolano asesinó a Serviez, Valdés y Girardot para robarlos, y pagó por su delito con su fusilamiento, ordenado por Páez.
La brigada comandada por Santander participó en el combate del hato del Yagual el 8 de octubre de 1816 contra las tropas del gobernador español de Barinas, el coronel López. Al cargar sobre la izquierda del enemigo, logró salvar a la primera brigada y como resultado, el ejército patriota obtuvo el control sobre la provincia de Barinas. Santander no pudo encontrar después el boletín manuscrito de ese combate que circuló, pero mencionó que en ese momento la patria se reducía al “terreno donde vivaqueábamos”². Además del asesinato de sus compañeros, la campaña del Apure les sometió a muchas privaciones, ya que apenas podían alimentarse de carne mal asada y sin sal, mientras soportaban la intensa temporada de lluvias de ese año.
Después de la campaña de Barinas, Santander y el general Conde solicitaron a Páez un pasaporte para unirse en la provincia de Guayana al ejército que estaba siendo formado allí por el general Manuel Carlos Piar. Durante la búsqueda de Piar, el coronel Santander se enteró de que el general Simón Bolívar, en ese momento jefe supremo de Venezuela, había regresado de Haití y marchaba de Barcelona hacia Guayana. Santander lo encontró en la villa de Pao el 2 de abril de 1817, coincidiendo con su 25° cumpleaños. En sus memorias, Santander mencionó la “desabrida acogida” que le ofreció un hombre que “conservaba memorias de las mortificaciones sufridas en Cúcuta”. Sin embargo, dado que estaba acompañado por el teniente coronel Manuel Manrique y llevaba información detallada sobre el estado de la provincia de Apure y las fuerzas de Páez, fue incorporado a la comitiva del jefe supremo como ayudante general del estado mayor, hasta la rendición de Angostura. La frialdad del jefe supremo fue desapareciendo “insensiblemente” al comprobar que el coronel Santander era “un oficial honrado, laborioso y de regulares luces en su profesión”³.
Nota 1: Martínez Garnica, Armando, Historia de la Primera República de Colombia, 1819-1831. “Decid Colombia sea, y Colombia será” (Bogotá: Editorial Universidad del Rosario, 2019), 747.
Nota 2: Martínez Garnica, Armando, La época de Francisco de Paula Santander, 1820-1840 (Bogotá: Academia Colombiana de Historia, 2024) (en preparación).
Nota 3: Certificación de los servicios militares del general Francisco de Paula Santander en Venezuela, expedida por el general Carlos Soublette, jefe del Estado Mayor General. Cuartel general en jefe de Angostura, 22 de agosto de 1818. En: Archivo Santander, Academia Colombiana de Historia, Bogotá, 1913, vol. I, 108-109.
El coronel Santander permaneció bajo las órdenes del general Bolívar durante el resto del año 1817 y durante toda la campaña venezolana de 1818, siempre desempeñando funciones en los estados mayores de los cuerpos militares. Fue jefe de estado mayor de la división Piar y líder del estado mayor del batallón de línea del bajo Caroní. Estuvo presente en el fuerte Brion cuando los españoles evacuaron las fortalezas el 3 de agosto de 1817. El 24 de septiembre de 1817, ascendió a subjefe del Estado Mayor de la División Urdaneta, y al mes siguiente, en noviembre, se unió al Estado Mayor General. Durante su tiempo como subjefe, participó en la campaña de 1817 en los llanos de Caracas y estuvo al frente del Estado Mayor General durante la enfermedad del general Carlos Soublette, entre el 20 de febrero y el 15 de marzo de 1818, así como en su ausencia entre el 29 de marzo y junio de 1818. Tomó parte en varias acciones de guerra en el año 1818, incluyendo las batallas de Calabozo (12 de febrero), El Sombrero (16 de febrero), Semen (16 de marzo), Ortiz (26 de marzo) y Rincón de los Toros (17 de abril). El general Soublette certificó en Angostura, el 22 de agosto de 1818, que “en el día de la batalla, en las marchas y en la oficina, su conducta ha sido la más recomendable, y ha desplegado todo el valor, celo e integridad que se requiere en un oficial que ocupa un puesto tan distinguido, y que justamente le han granjeado la consideración y aprecio de los jefes principales del ejército”⁴.
A partir de 1817, la provincia del Casanare, la única que aún mantenía las reliquias de los ejércitos granadinos que habían sido derrotados durante el primer semestre de 1816, quedó bajo la autoridad de un gobernador y un comandante venezolanos, ya que el general José Antonio Páez la anexó a la provincia de Barinas. Los comandantes llaneros estaban dispersos y enfrentados, y solo los coroneles Francisco de Paula Santander y Antonio Arredondo, junto con los tenientes coroneles Juan Nepomuceno y Vicente Uribe, hacían esfuerzos por defender la dignidad política y la autonomía de esa provincia. Fue necesario realizar un gran esfuerzo político y militar para restaurar la autonomía y la respetabilidad del Casanare durante el segundo semestre de 1818 y el primer semestre del año siguiente, tanto en el Congreso constituyente de Venezuela como en la campaña libertadora que se extendió desde Mantecal hasta Santafé.
El 17 de diciembre de 1817, exactamente dos años antes de la aprobación de la Ley Fundamental de la República de Colombia, tres representantes del comandante general de las tropas de la provincia de Casanare, en ese momento el coronel Ramón Nonato Pérez⁵, se presentaron en Santo Tomás de Angostura ante el jefe supremo del Ejército de Venezuela, el general Simón Bolívar. Su propósito era denunciar los abusos cometidos en la provincia por el general José Antonio Páez, quien lideraba el Ejército de Apure. Los representantes relataron que en enero de ese año, las tropas del Casanare, perseguidas por las fuerzas españolas, se habían visto obligadas a unirse al Ejército de Apure. Como resultado, las familias emigradas del Casanare quedaron bajo la protección del general Páez, pero nunca imaginaron que esta decisión permitiría al general Páez “como si fuese el jefe absoluto de Venezuela”. Nombró solo a venezolanos para el gobierno y la comandancia del Casanare “sin oír la opinión de los notables de la provincia”⁶.
Fue así como el teniente coronel Vásquez destituyó al teniente coronel Juan Nepomuceno Moreno del gobierno del Casanare, y el coronel Guerrero, segundo al mando en Apure, relevó al coronel Pérez de la comandancia general. La población de la provincia y las tropas se alarmaron por estos cambios y se negaron a dejar de obedecer a Pérez y al general Páez. Solicitaron entonces la independencia del Casanare de la autoridad del líder de Apure y pidieron que el coronel Pérez mantuviera su cargo como comandante de armas. Argumentaron que por ninguna “razón de justicia, ni de conveniencia” se debía permitir que el Casanare estuviera sometido a Barinas o al ejército de Apure. Y ello porque “no hay ley que lo prevenga, no hay costumbre que lo haga tolerable, no hay razón que lo justifique”. El general Páez nunca había sido reconocido como líder del Casanare y su gente solo estaba dispuesta a obedecer al general Bolívar debido
Nota 4: Certificación de los servicios militares del general Francisco de Paula Santander en Venezuela, expedida por el general Carlos Soublette. En: Archivo Santander, Academia Colombiana de Historia, Bogotá, 1913, vol. I, 109.
Nota 5: El coronel Ramón Nonato Pérez había estado combatiendo a los españoles desde 1812 y había liberado al Casanare en dos ocasiones de las invasiones del canario Yáñez. También había sido fundamental en la defensa y preservación de la libertad de esta provincia hasta el año 1816. Pérez se había encargado de cuidar a las familias de los emigrados de ese año y había adquirido una gran reputación como guerrero patriota en los Llanos debido a sus victorias en batallas como Arauca, Guasdualito, Chire, La Miel, Betoyes, la aldea de Setenta y Mucuritas.
Nota 6: Representación de fray Ignacio Mariño, Antonio Arredondo y Agustín R. Rodríguez al jefe supremo de Venezuela. Angostura, 17 de diciembre de 1817. En: Horacio Rodríguez Plata y fray Alberto Lee López, Documentos sobre la campaña libertadora de 1829 (Andes, Bogotá, 1970), tomo I, 131-134.
a su protección necesaria, ya que esta provincia había sido “el asilo más proporcionado y más seguro para los desgraciados granadinos que sean perseguidos en el interior, y siempre habría que recordar que Casanare pertenece a la Nueva Granada”. Resumieron sus cuatro peticiones: 1. Independizar la provincia de Casanare y sus fuerzas del liderazgo del Ejército de Apure. 2. Proporcionar al Casanare apoyo para su defensa hasta que se abriera la campaña en la Nueva Granada. 3. Mantener al coronel Pérez en la comandancia de la división del Casanare. 4. Restablecer al teniente coronel en el gobierno de la provincia, hasta que el jefe supremo de Venezuela considere conveniente su remoción⁷.
La respuesta del general Simón Bolívar fue adversa a los comisionados porque convenía “al servicio de la República” destituir al coronel Pérez de su cargo. Se le ordenó presentarse en el cuartel general de Angostura, donde sería tratado “con el decoro y dignidad a que su empleo y servicios le han hecho tan acreedor”, y donde se le administraría justicia “con la mayor imparcialidad”. El teniente coronel Miguel Vásquez fue nombrado gobernador político del Casanare, y el teniente coronel Juan Galea como comandante general de armas, ambos eran venezolanos⁸.
Sin embargo, al día siguiente, el general Bolívar escribió una carta privada al coronel Pérez para confiarle que la independencia del Casanare con respecto a Barinas era “tanta justicia que no ha sido necesario una declaratoria siquiera”. Casanare “goza de los mismos derechos y privilegios que las demás Provincias Unidas de Venezuela, y su gobernador gozaba de absoluta independencia en la administración interior en lo civil y político. Su única subordinación era respecto de la autoridad del jefe supremo de Venezuela, y del comandante en jefe de las provincias del Occidente de Caracas (el general de brigada José Antonio Páez), al igual que las provincias de Mérida, Trujillo y Barinas”⁹.
A pesar de que Bolívar envió al coronel fray Ignacio Mariño para persuadir a Pérez de cumplir con la orden de presentarse en Angostura, todo indica que Pérez no lo hizo. Por lo tanto, el general Páez lo detuvo y lo envió bajo custodia del capitán Juan Antonio Maldonado a San Fernando de Apure, donde se encontraba Bolívar. El 20 de mayo de 1818, Bolívar escribió a Páez para confirmar la recepción del prisionero y expresar su deseo de recibir información sobre las razones de su detención y los cargos que se le imputaban. Pidió informes formales y detallados sobre el Casanare para poder avanzar en el proceso de enjuiciamiento que Páez solicitaba. Los informes proporcionados por Galea sobre Pérez no eran suficientes para el propósito de juzgarlo de acuerdo con las leyes y el decoro de su cargo, por lo que Bolívar solicitó informes más completos para asegurarse de que el juicio se llevara a cabo con justicia y no por “pasión”¹⁰.
El 18 de junio de 1818, el general Bolívar incorporó a Francisco de Paula Santander al servicio de Venezuela con el rango efectivo de coronel de infantería, el mismo rango que había ostentado en el ejército de la Nueva Granada, y se le reconoció la antigüedad en dicho rango desde el 31 de mayo de 1814¹¹. Algunos días después, el 22 de junio de 1818, desde Angostura, el coronel Francisco de Paula Santander se vio obligado a escribir una segunda defensa de su conducta, similar a la que había realizado en mayo de 1814 para defender su honor militar después de la derrota en el Llano de Carrillo.
Ocurrió que Miguel Vásquez interceptó una carta que Santander, al servicio del ejército de Venezuela, había escrito en mayo de 1818 al teniente coronel Vicente Uribe, y se la remitió al general Páez. Antes de conocer a Uribe,
Nota 7: “Representación de fray Ignacio Mariño, Antonio Arredondo y Agustín R. Rodríguez al jefe supremo de Venezuela. Angostura, 17 de diciembre de 1817”, en Horacio Rodríguez Plata y fray A. Lee, Documentos sobre la campaña..., tomo I, 131-134.
Nota 8: “Oficio del general Simón Bolívar dirigido al coronel Ramón Nonato Pérez. Calabozo, 22 de febrero de 1818”, en H. Rodríguez Plata y A. Lee, Documentos sobre la campaña..., tomo I, 135-136.
Nota 9: “Carta del general Simón Bolívar dirigida al coronel Ramón Nonato Pérez. Calabozo, 23 de febrero de 1818”, en H. Rodríguez Plata y A. Lee, Documentos sobre la campaña..., tomo I, 136-137.
Nota 10: “Carta de Simón Bolívar al general José Antonio Páez. San Fernando, 20 de mayo de 1818”, en Obras completas (Bucaramanga, 2008), vol. II, 181.
Nota 11: “Atendiendo a los servicios y méritos del ciudadano Francisco de Paula Santander, coronel efectivo de infantería al servicio de la Nueva Granada, he venido en admitirle al de Venezuela en la misma clase... y que el intendente del ejército o provincia donde fuere a servir haga tomar cuenta y formar asiento de este despacho en la Contaduría del estado”. Carlos Soublette, jefe de estado mayor general, dio cumplimiento a esta orden de Bolívar al día siguiente. Con esto, el coronel Santander quedó oficialmente al servicio del Ejército Libertador de Venezuela, una unidad creada por Bolívar en abril de 1817. Se entendió que los servicios prestados por Santander en el Ejército de Apure habían sido “servicios prestados a Venezuela”. Como resultado, la participación de Santander en la campaña de la Nueva Granada en 1819 se realizó como oficial del Ejército Libertador de Venezuela. Esta certificación de sus servicios militares fue expedida por el general Carlos Soublette en 1913 (I, 140-141).
Santander ya tenía noticias de que se trataba de un oficial granadino de conocimientos e inteligencia, y que había defendido ante el general Páez los derechos de Casanare para restituirle sus antiguos funcionarios, y no depender de una provincia (Barinas) de quien jamás había dependido. Este proceder de Uribe le había complacido por ser muy justo, y por ver “que aún quedaban granadinos que representasen por el honor y decoro de su país, y que no se dejasen tratar como se trata a los siervos”. Páez juzgó que esa carta de Santander contenía afirmaciones desleales contra su autoridad sobre el Casanare, y le escribió a Santander el 29 de mayo de 1818 para calificar su conducta como propia de un hombre criminal. Santander se vio obligado a redactar una defensa de su conducta con respecto a la autonomía del Casanare.
“Vista sin pasión y con justicia”, la situación creada por las decisiones de Páez en los llanos del Casanare, era necesario establecer el principio de que esta provincia había sido parte de la Confederación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada y había tenido “sus leyes, sus instituciones y sus funcionarios”. Sin un acuerdo de los habitantes, no era posible abolir ni destruir esas instituciones “so pena de incurrir en la misma tiranía que ejercieron los españoles”. Santander sostenía que “la fuerza no da derecho alguno para destruir el sistema establecido por la espontánea y libre voluntad de los hombres”. Aunque Casanare había buscado “protección en su orfandad” por necesidad, no era necesario que el general Páez hubiera cambiado su sistema político ni destituido a los antiguos funcionarios granadinos para nombrar nuevos, ni obligar a la provincia “a obedecer leyes que no ha establecido”¹².
Con justicia, se debía plantear la pregunta: ¿Casanare perteneció alguna vez a Venezuela? Incluso si la provincia deseaba ser parte de Venezuela, “¿hay razón y justicia para que por sí sola tome un partido sin escuchar la opinión de sus hermanas con quienes ha formado siempre un solo cuerpo?”. Defender los derechos de la Nueva Granada sobre Casanare no era un acto de “criminalidad”, sino la expresión de los mismos sentimientos que un barinés, un caraqueño o un cumanés tendrían al defender su propia patria. Se trataba de “sostener el rango que se ha dado de unánime consentimiento y defender los derechos que los pueblos recobraron por la transformación”. Si un venezolano tenía el derecho de reconocer la autoridad acordada por una asamblea representativa en su propio país, ¿por qué un granadino no tendría el mismo derecho en el suyo?
Cuando se hablaba en Venezuela de liberar la Nueva Granada, no se trataba de expulsar a los españoles para imponer “un nuevo yugo”, ni de forzar a la provincia a aceptar una ley “que a título de más fuerte se le impone”, ni mucho menos “la constitución que él no haya concurrido a formar”. La verdadera liberación de la Nueva Granada implicaba romper las cadenas que la habían mantenido oprimida, para “restituir sus pueblos al goce de sus primitivos derechos”, dejándolos “en aptitud de reformar los defectos de su sistema y de abrazar un partido que no perjudique a la libertad general de la América”. En resumen, se trataba de formar “con su acuerdo”, una gran nación llamada “Granadina Venezolana”. Cualquier otro acto sería equivalente a una conquista, similar a la realizada por los españoles en el siglo XVI¹³.
Este sentimiento de “un granadino” no podía ser considerado como “criminal”, ya que simplemente cumplía “con los deberes de americano, de granadino y de patriota” al defender el derecho del Casanare a su autonomía. La provincia había tenido que depender provisionalmente de otra potencia que pudiera protegerla y ayudarla mientras recuperaba “el honor perdido”, que se había visto afectado por las desgracias militares de 1816. Aunque obedecía temporalmente a las autoridades de Venezuela, también seguía el ejemplo de la lucha del “bravo venezolano” contra “los tiranos”. Representar los derechos del Casanare, sin incitar a la insubordinación militar, debía ser visto como “un acto de patriotismo y de honor excepcional”. Callar llevaría a ser “colonos de Venezuela”, solo porque de allí se recibían los auxilios, “y porque los únicos funcionarios que se han dado a Casanare son venezolanos”.
Los venezolanos parecían estar tratando al Casanare como una “colonia” suya al nombrar funcionarios que no eran de su elección, imponer leyes sin su participación y exigirles “ciega obediencia”. El gobernador de la provincia no había sido elegido por ellos, y no se había designado a ningún granadino como funcionario en la región¹⁴.
Nota 12: “Carta de Francisco de Paula Santander al general José Antonio Páez. Angostura, 22 de junio de 1818”, en Cartas y Mensajes del general Francisco de Paula Santander, editado por Roberto Cortázar (Bogotá: Librería Voluntad, 1953), vol. I, 78-83.
Nota 13: “Carta de Francisco de Paula Santander al general José Antonio Páez. Angostura, 22 de junio de 1818”, en Cartas y Mensajes del general..., vol. I, 78-83.
Nota 14: “Carta de Francisco de Paula Santander al general José Antonio Páez. Angostura, 22 de junio de 1818”, en Cartas y Mensajes del general..., vol. I, 78-83.
Mientras todas las provincias de Venezuela hacían valer sus derechos y mantenían sus leyes inalterables, a menos que fueran modificadas por una autoridad competente, ¿por qué solo se esperaba que Casanare permaneciera en silencio y soportara todo, “porque es provincia del Reino”? Los granadinos tenían todo el derecho de sentirse agraviados y no cometían ninguna falta al defender sus derechos. En ese momento crucial de la historia tenía que “contemplarse venezolano”, era esencial ver más allá de las fronteras regionales y actuar con sensatez. Estaba convencido de que el deber principal de un militar era obedecer, especialmente cuando la máxima autoridad en Venezuela estaba en manos de un “hombre de crédito y talentos”. Si esa autoridad fuera reconocida por el libre consentimiento de los pueblos de la Nueva Granada, como granadino, estaría dispuesto a obedecerla y apoyarla. Sin embargo, intentar obtener la obediencia de los pueblos por la fuerza no era conforme a los principios de justicia. Cuando dejó su país natal para servir a Venezuela, sabía que no obtendría ventaja alguna, pero su filosofía personal siempre fue cumplir con sus deberes, como lo atestiguaban públicamente y su propia conciencia. No había buscado ni siquiera el ascenso al rango de general, ya que la intriga del general Serviez lo había alejado del gobierno de la Nueva Granada. Su única aspiración era regresar a su país natal con experiencia, mientras servía fielmente la causa de Venezuela, “que es la causa de mi patria”. “¡Cuánto me lastima esa rivalidad que se nota entre granadinos y venezolanos en Casanare!”. Jamás había aprobado esta rivalidad, y no podría hacerlo una persona sensata. Nadie había sido más generoso que él al olvidar los insultos que a menudo se habían lanzado contra el pueblo granadino, llamándolo “cobarde, inepto, bárbaro... y en olvidar el tratamiento que han recibido muchos de mis paisanos todo porque estaban llamados estos dos pueblos “a formar un solo cuerpo de nación”¹⁵.
Estaba dispuesto a escuchar al general Páez sobre los medios para restablecer la concordia y estaba dispuesto a ponerlos en práctica, dejando de lado cualquier resentimiento personal que ambos pudieran tener. A pesar de haber recibido ciertas muestras de consideración personal en Venezuela, tenía que admitir “que a veces los prisioneros enemigos han sido mejor tratados que mis paisanos”. Incluso buscar refugio en Venezuela “fue mirado con burla y como un efecto de sobrada cobardía”, pues “ver a un granadino era representarse la idea de ineptitud, de la barbarie, de la canallería”. La memoria de los venezolanos parecía haber olvidado la campaña de 1813, cuando un pequeño grupo de granadinos bien liderados había logrado romper las cadenas de la opresión. El enojo y el prejuicio siempre estaban dirigidos hacia cualquier oficial o compatriota que no hubiera nacido en Venezuela¹⁶.
Finalmente, le recordó a Páez que Casanare dependía de su liderazgo y, por lo tanto, Juan Galea estaba al mando y Miguel Vásquez era el gobernador. En gran medida, dependía de él y de sus oficiales más cercanos poner fin a esta rivalidad. No debían olvidar que la Nueva Granada era un país habitado por casi tres millones de personas y que, a pesar de sus desgracias, no había perdido “ni su genio, ni su suelo, ni su sol”. Tampoco había sido borrada del mapa político, y aquellos que hoy se burlaban de sus dificultades podrían en algún momento necesitar su apoyo y desear “encontrar a la Nueva Granada ocupando el lugar que la naturaleza le ha asignado”¹⁷.
Cuando el coronel Santander envió la carta al teniente coronel Uribe, que fue interceptada por el gobernador Vásquez, las diferencias entre el general Páez y el coronel Ramón Nonato Pérez ya habían sido resueltas porque Bolívar había acordado una medida que pondría fin a sus desacuerdos. Esto explica por qué la firme defensa de la Nueva Granada y del Casanare, que fue confiscada, llegó a manos del jefe supremo de Venezuela, el general Bolívar. En ese momento, se llevó a cabo un encuentro en Angostura entre Bolívar y el coronel Santander, durante el cual se escucharon las justas razones que Santander presentó contra el trato injusto que había recibido el Casanare por parte del general Páez.
La condición de granadino del coronel Santander, comprometido con la causa de la autonomía del Casanare, podría haber suscitado dudas sobre su incorporación al Ejército libertador de Venezuela. Por lo tanto, Santander se encargó de disipar estas dudas en la tercera entrega del Correo del Orinoco,
Nota 15: “Carta de Francisco de Paula Santander al general José Antonio Páez. Angostura, 22 de junio de 1818”, en Cartas y Mensajes del general..., vol. I, 78-83.
Nota 16: “Carta de Francisco de Paula Santander al general José Antonio Páez. Angostura, 22 de junio de 1818”, en Cartas y Mensajes del general..., vol. I, 78-83.
Nota 17: Angostura, 22 de junio de 1818, en Cartas y Mensajes del general..., 1953, vol. I, 77-83. Esta carta es la defensa más temprana de Santander contra una serie de calumnias que se inventaron a lo largo de su vida. Su defensa de la autonomía de Casanare y de la Nueva Granada frente al poder republicano establecido en Guayana y Barinas no podía tolerar la acusación de “conducta criminal” bajo el mando de un jefe militar de los llanos venezolanos.
al defender el honor de los granadinos, que habían sido acusados por el general español Pablo Morillo de “cobardía y timidez”. Después de reconocer que los venezolanos habían sido los primeros en proclamar los derechos de su patria, marcando el camino para otras provincias, y anticipando que serían los venezolanos quienes liberarían a la Nueva Granada de los tiranos que la oprimían, Santander recordó que los oficiales granadinos habían organizado las divisiones militares que lucharon en el Casanare, los valles de Cúcuta, el alto Magdalena y el norte, y que las fortificaciones en la provincia de Antioquia y la angostura del Carare habían sido construidas por los alumnos de la Escuela de Ingenieros de Caldas. Concluyó diciendo que, aunque tenía el honor de haber nacido en la Nueva Granada, era ante todo americano y que su patria sería cualquier rincón de América “en que no tenga el más pequeño influjo el Gobierno español”¹⁸.
El general Bolívar finalmente llegó a la convicción de que los conflictos en Casanare y el apoyo de su gente para una posible campaña en Santafé requerían de manera indispensable el liderazgo del coronel Santander en el Ejército Libertador de Venezuela¹⁹. Fue entonces cuando, utilizando sus facultades como jefe supremo, relevó al general Páez del mando sobre Casanare. Para ello, ascendió a Santander al rango de general de brigada de los Ejércitos de Venezuela en un despacho que el general Carlos Soublette preparó el 12 de agosto de 1818. Además, ese mismo día, lo nombró gobernador y comandante general de la provincia del Casanare.
La reparación a Santander comenzó el 16 de julio anterior, cuando el jefe supremo de Venezuela emitió un despacho que lo nombraba miembro de la Orden de los Libertadores de Venezuela, autorizándolo para usar la venera mientras recibía la estrella. El 5 de agosto siguiente, el general Páez ascendió a Juan Nepomuceno Moreno al rango de coronel.
Desde Guayana, el 13 de agosto de 1818, el coronel venezolano Manuel Cedeño escribió al general Francisco de Paula Santander para felicitarlo por su ascenso al rango de general de brigada de los ejércitos de Venezuela que le había otorgado el jefe supremo del Gobierno de Venezuela el día anterior, como reconocimiento por “los sacrificios que han marcado su vida militar en la marcha de la libertad y de la independencia”. Al ofrecerle su amistad, anunció que su destino en Casanare debía considerarse “un acontecimiento que va a hacer mudar la faz de aquellos negocios, pero de un modo que la República sentirá muy pronto esta promoción afortunada”. El Gobierno de Venezuela había tenido “un feliz acierto en confiar a usted uno de los puntos que más influirán en la libertad y en la independencia del Sur”, un reconocimiento a “su talento militar y sus conocimientos políticos”²⁰.
Desde el cuartel general en Angostura, el 21 de agosto de 1818, el general de brigada Carlos Soublette, quien le había enviado el despacho de nombramiento el 12 de agosto anterior, escribió al nuevo general de brigada Francisco de Paula Santander para felicitarlo por la tarea especial que le había encomendado el jefe supremo del Gobierno de Venezuela: “tomar el mando del Exército de Operaciones de la provincia del Casanare, organizarlo, aumentar sus fuerzas”. Por lo tanto, como jefe del Estado Mayor General, le proporcionó las siguientes instrucciones por escrito: 1. Su primera prioridad y atención debían estar centradas en levantar y disciplinar cuerpos de infantería, manteniendo la misma estructura y fuerza que los batallones del ejército. Para esto, se le confiaba el siguiente equipo: 1000 fusiles, 30 quintales de pólvora, 40 quintales de plomo, 20 000 piedras de chispa, 200 agujetas, una pequeña armería y 300 cartucheras con sus respectivos portacartuchos. 2. Debía también aumentar la caballería utilizando los recursos disponibles en la región para este propósito. 3. Se le asignaba la responsabilidad de la defensa de la provincia del Casanare. Las operaciones de este cuerpo de ejército estarían bajo su completa
Nota 18: Francisco de Paula Santander, “Carta del coronel Francisco de Paula Santander al editor del Correo del Orinoco”, en Correo del Orinoco, 3 (11 de julio de 1818), 11-12.
Nota 19: “Los granadinos pensadores que se encontraban en el Casanare, entre ellos un señor Soto, hermano del benemérito doctor Francisco Soto, de gloriosa memoria, hicieron una solicitud al general Bolívar, a Angostura, pidiéndole un jefe granadino y de circunstancias para que viniese a tomar el mando y pusiese término a aquella enemistad de los jefes republicanos (los coroneles Nepomuceno Moreno, Ramón Nonato Pérez y Juan Galea). Bolívar elevó entonces al coronel Santander al rango de general de brigada, y lo destinó para Casanare”. Antonio Obando, Autobiografía y apuntamientos para la historia, que tiene necesidad de insertar como relacionados con su vida pública desde el año de 1809, edición de Roger Pita Pico (Bogotá: Academia Colombiana de Historia, 2023), 117.
Nota 20: Archivo General de la Nación (AGN), Fondo Academia Colombiana de Historia, Serie Correspondencia de Francisco de Paula Santander, caja 1, carpeta 4, folio 7r-v. Citado en Correspondencia dirigida al General Santander, editado por Roberto Cortázar (Bogotá: Librería Voluntad, 1964) vol. IV, 372. Manuel Cedeño, natural de Cardonal (Chaguaramas, Aragua), murió con el grado de general de división combatiendo en la Batalla de Carabobo el 24 de junio de 1821. En homenaje a su memoria, se creó el Batallón Cedeño en el ejército colombiano, el cual marchó a las provincias del sur de Colombia.
responsabilidad debido a la gran distancia que lo separaba del cuartel general. Por lo tanto, debía aprovechar cualquier oportunidad que se presentara para invadir la Nueva Granada, aprovechando el descontento de sus habitantes con el Gobierno español. 4. Era fundamental restablecer la disciplina militar en el Casanare para asegurar el éxito de las operaciones militares. 5. Debía mantener una correspondencia frecuente con el Estado Mayor General de Venezuela²¹.
Le fueron asignados cuatro oficiales para acompañarlo: el coronel Jacinto Lara, el teniente coronel Antonio Obando, el sargento mayor Joaquín París y el teniente coronel Vicente González. En un convoy de tres embarcaciones que navegaron río Orinoco arriba, el 27 de agosto siguiente, el general Santander se puso en marcha hacia el Casanare. El 17 de agosto anterior, el general Soublette había emitido una orden dirigida al coronel Juan Galea para notificarle su relevo del mando como comandante del ejército del Casanare, y le pidió que se pusiera bajo las órdenes y disposición del general Santander. El 25 de agosto siguiente, el general Bolívar le otorgó el mando en jefe de la vanguardia del Ejército libertador de la Nueva Granada. La campaña ya estaba en marcha.
Debido a su lealtad al general Santander, el coronel granadino José María Vergara había sido seleccionado como jefe del estado mayor de su guardia de honor. Estacionado en Upatá, recibió una carta enviada por Santander desde Angostura el 21 de agosto de 1818, antes de zarpar. En esta carta, Santander abrió su corazón y expresó sus grandes expectativas sobre el destino de la Nueva Granada. “Loco” de entusiasmo y con mil fusiles y pólvora a su disposición, sabiendo que finalmente era “el que ordena y manda”, deseaba tener a Vergara y al coronel Antonio Morales en su Guardia de Honor para que esta se destacara en instrucción y disciplina, acompañándolo en su marcha triunfal por Casanare, Tunja, Socorro y Santafé. Mencionó que en ese momento ya tenía su “proclama impresa, anunciándome a esos caballeros reinosos”. Tenía la intención de fecharla en el “Cuartel General de Tunja”, aunque sus pensamientos a veces lo llevaban a Santafé y otras veces a Zipaquirá. Prometió escribir desde Casanare, Tunja, Socorro y Santafé, confiando en que Dios bendeciría su empresa y los permitiría reunirse en Santafé una vez alcanzada la victoria²².
¿A cuál “proclama dirigida a los caballeros reinosos” se refería el general Santander? Ni en el archivo personal de este general ni en otro archivo histórico se ha encontrado alguna proclama impresa “que he preparado para consolar a mis compatriotas”, datada en el mes de agosto de 1818 y dirigida a los habitantes de la Nueva Granada. Solamente se conoce la proclama de Bolívar a los granadinos del 15 de agosto de 1818, en la que les pedía reunir sus esfuerzos a los de sus “hermanos” de Venezuela para liberar a la Nueva Granada, “como vosotros conmigo en los años pasados libertásteis a Venezuela”. El general Páez también emitió a los habitantes del Casanare desde su cuartel general de Achaguas, el 1° de noviembre de 1818, una proclama en la que les anunciaba que su nuevo jefe era el general Santander, encargado de poner fin a “las turbulencias que hasta hoy han desorganizado vuestra provincia y vuestras propias fuerzas”²³.
La proclama conocida y dirigida a los granadinos es la firmada por Santander en Manare, el 24 de mayo de 1819, en la que afirmó con resolución que el momento de la libertad había llegado con la “intrépida vanguardia” que estaba organizando: “El ilustre Bolívar aparecerá triunfante en vuestro territorio, seguido de un gran número de bravos, que han jurado no envainar su espada mientras existan tiranos [...] Reuníos a las tropas de mi mando, contribuid vosotros mismos a libertaros”²⁴. Les dijo que él era un granadino y que su ejército se componía de sus hermanos, parientes y amigos, sin más ambición que restituirles el goce de la libertad, y los convocó a tomar las armas para vengar la sangre de los más ilustres ciudadanos derramada por “el fiero español” que había asolado “nuestro país”.
Nota 21: Archivo General de la Nación (AGN), fondo Academia Colombiana de Historia, serie Correspondencia de Francisco de Paula Santander, caja 1, carpeta 1, folio 8r-10r. Citado en Correspondencia dirigida al General Santander, editado por Roberto Cortázar, 1964, vol. XII, 185-186. Natural de San Pedro de la Guaira, este general llegaría a ser presidente de la República de Venezuela.
Nota 22: R. Cortázar, Correspondencia dirigida al General Santander, 87-88. Santander les había enviado a sus paisanos residentes en Londres, Jamaica y Trinidad, para que allí la publicasen, “a fin de reanimar a cuantos granadinos residan en colonias y Europa”.
Nota 23: “Proclama del general Páez a los habitantes del Casanare. Cuartel general de Achaguas, 1° de noviembre de 1818”, en Archivo Santander, vol. I, 365-366.
Nota 24: “Proclama del general Francisco de Paula Santander a los granadinos. Cuartel general de vanguardia, en Manare, 24 de mayo de 1819”, en H. Rodríguez y A. Lee, Documentos sobre la campaña..., 57. Insertada por Santander en sus Apuntamientos para las Memorias sobre Colombia y la Nueva Granada (Bogotá: Imprenta de Lleras, 1837).
El 17 de agosto de 1818, el general Bolívar había enviado al coronel Juan Galea la orden de prestar obediencia al general Santander, y este llegó al Casanare el 29 de noviembre siguiente, cuando ya se habían reunido dos juntas de oficiales granadinos en el departamento del Centro (comandante Santiago Béjar, capitanes Mauricio Béjar y Félix José Rangel, tenientes Luis Cubides, Atanasio y Nepomuceno Barragán, Concepción Aguirre y Santos Domínguez, y ocho alféreces) y en el departamento de Santiago (en la provincia del Casanare). La primera se llevó a cabo en Curimina el 15 de septiembre de 1818, y la segunda en la parroquia de Taguana. Considerando “la impolítica y mala dirección” de los jefes venezolanos, Vásquez y Galea, y sus intenciones de trasladar soldados y caballos al Bajo Apure, así como la certeza de que el Casanare era “una parte integrante de la Nueva Granada”, acordaron restituir en el gobierno del Casanare al teniente coronel Juan Nepomuceno Moreno²⁵. Repuesto de facto en la gobernación y en la comandancia de armas de la provincia del Casanare, Moreno argumentó que se había visto obligado a tomar las riendas debido a la falta de acción de los coroneles Vásquez y Galeano, quienes no habían tomado ninguna providencia para defender esta provincia durante un año, lo que había llevado a la desesperación de los pueblos²⁶.
Moreno envió a su comisionado, el teniente coronel Pedro Ignacio Vargas, ante el general Bolívar para gestionar la aprobación de lo actuado de hecho, y para que le nombrara como jefe al general Santander o al general Urdaneta. Sin embargo, el 9 de noviembre, el general Santander se encontró con Vargas en el sitio de Buenavista (Meta) y, al considerar ya inútil su comisión, lo hizo regresar en su compañía. Ya en su cuartel general de Guanapalo, desde el 27 de noviembre siguiente, Santander comenzó a girar órdenes para subordinar a Moreno, Arredondo y otros jefes llaneros a su autoridad. Así como el río Orinoco había sido la defensa natural de las tropas y de los migrados venezolanos, dijo que el río Meta cumpliría la misma función para los granadinos.
Dentro del archivo personal del general Santander, que la Academia Colombiana de Historia compró a Juan Bautista Pérez y Soto, se encuentra un borrador de un proyecto de decreto datado en la ciudad de Pore en el año 1818, con los espacios para el día y el mes en blanco²⁷. A partir de este documento, se han construido tres interpretaciones sobre su sentido. Los académicos Rodríguez Plata y fray Lee opinaron que era un “acta de constitución del gobierno” autónomo del Casanare desde octubre de 1818, bajo el mando del teniente coronel Juan Nepomuceno Moreno²⁸. Aunque un abogado santandereano residente en el Casanare interpretó este documento como una “proclama” fundadora del “constitucionalismo llanero”, debemos entender que en realidad es un “proyecto de decreto” preparado por el general Santander, quien esperaba la mejor oportunidad para datarlo en alguna población del Nuevo Reino de Granada (Tunja, Zipaquirá o Santafé), con el propósito de garantizar la autonomía de la provincia de Casanare respecto de Venezuela y, en consecuencia, asegurar su adscripción a la Nueva Granada.
De acuerdo con esta interpretación, el proyecto político subyacente en este proyecto de decreto, que nunca fue datado, firmado ni emitido, era asegurar la autonomía de la provincia de Casanare como un “Estado libre” “derecho incontestable para representar él solo toda la federación” granadina que había sucumbido en 1816. Según esta “declaración”, el Estado de Casanare quedaba legalmente autorizado para manejar asuntos políticos y militares “con toda la plenitud de poder y de autoridad”, similar al que las antiguas provincias de la Unión Granadina habían otorgado al Congreso federal. Con estas facultades, el Estado de Casanare podía establecer un gobierno provisional que administrara los asuntos públicos de la federación. Este gobierno estaría compuesto por una junta de cinco miembros que representaría al Congreso y un presidente de la Nueva Granada. El presidente solo sería elegido cuando existieran tres estados libres; mientras tanto, el gobernador de Casanare, es decir, el general Santander, desempeñaría sus funciones. El gobierno provisional se encargaría de reclutar y disciplinar tropas, confirmar los ascensos otorgados por el capitán
Nota 25: “Acta de la junta de oficiales del departamento del Centro de Casanare. Curimina, 15 de septiembre de 1818 y Acta de la junta de oficiales del departamento de Santiago en el cantón de Quebradaseca, Taguana, 29 de septiembre de 1818”, en H. Rodríguez y A. Lee, Documentos sobre la campaña..., vol. I, 171-174.
Nota 26: “Instrucciones de Juan Nepomuceno Moreno a Pedro Ignacio Vargas para gestionar ante el general Simón Bolívar la aprobación de sus procedimientos. La Trinidad, 26 de octubre de 1818”, en H. Rodríguez y A. Lee, Documentos sobre la campaña..., vol. I, 186-189.
Nota 27: Este borrador se encuentra en AGN, colección Academia Colombiana de Historia, fondo Francisco de Paula Santander, carpeta 4 de la caja 1.
Nota 28: “Instrucciones de Juan Nepomuceno Moreno a Pedro Ignacio Vargas para gestionar ante el general Simón Bolívar la aprobación de sus procedimientos. La Trinidad, 26 de octubre de 1818”, en H. Rodríguez y A. Lee, Documentos sobre la campaña..., vol. I, 187-189.
general Simón Bolívar a los oficiales del ejército de Casanare, fortalecer la alianza entre la Nueva Granada y Venezuela, y reconocer al jefe supremo de Venezuela como capitán general de los ejércitos de Casanare²⁹.
Este proyecto político de Santander restableció la dignidad de la provincia de Casanare, que había sido aplastada por Páez cuando la subordinó a la provincia de Barinas y la puso bajo la autoridad de oficiales venezolanos. Esta reposición elevó su dignidad a la altura de un Estado libre y, además, representante de un ente político que había dejado de existir desde mediados de 1816: el Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada. La defensa política de la provincia de Casanare ya era un hecho cumplido, y su artífice fue el general Santander. Un cómplice natural en esta defensa de la autonomía de la provincia de Casanare fue el coronel José María Vergara, quien obtuvo la tercera votación en los comicios que se realizaron para escoger a los diputados que la representarían en el segundo Congreso constituyente de Venezuela que se reunió en Santo Tomás de Angostura durante el año 1819. Tan pronto como ingresó a este Congreso, el coronel Vergara leyó, el 12 de junio, un discurso en defensa de la autonomía de la Nueva Granada respecto de Venezuela, argumentando que esa antigua entidad política no debería ser tratada “como un país conquistado o cedido en calidad de dote”. La unión de Venezuela y la Nueva Granada debía hacerse “por medio de la expresa voluntad de los habitantes de ambos países”, una vez que fueran convencidos “de la recíproca utilidad que debe resultarles”³⁰.
El coronel Vergara relató la historia del proyecto de unión de las dos entidades político-administrativas autónomas desde 1813, cuando el general Bolívar, habiendo tomado Caracas con tropas granadinas, lo propuso al Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada. Aunque el Congreso no tomó una decisión definitiva sobre la propuesta, la tuvo en consideración. A finales de 1814, cuando reglamentó el gobierno general de la Nueva Granada, ordenó convocar una convención constituyente cuando Venezuela fuera liberada. Dado que la representación de la Nueva Granada en Angostura se limitaba a la provincia del Casanare, se planteó la suspensión de la aprobación de la constitución de Venezuela y la adopción de un “reglamento provisional de gobierno”, mientras se restablecían los mandatos de las provincias granadinas al punto en que estaban en 1816. Esta era la forma en que se esperaba consultar la voluntad de la Nueva Granada para la creación de una constitución conjunta. Estos escrúpulos sobre la toma de decisiones por parte de los diputados venezolanos, en ausencia de los granadinos, fueron los mismos que surgieron en el Congreso constituyente de Colombia cuando se tomaban decisiones en nombre de los quiteños, guayaquileños y cuencanos³¹.
En este contexto, se puede entender el proyecto de decreto de Pore, supuestamente preparado para “los representantes del Estado libre de Casanare, de acuerdo con la constitución federal de la Nueva Granada”, con el propósito de afirmar su “derecho incuestionable de representar a toda la federación” y de “manejar los asuntos políticos y militares” de todos los “estados de la Unión Granadina”. Este gobierno provisional dirigiría “los asuntos públicos de la federación” hasta que esta fuera liberada, y se encargaría de disciplinar a las tropas reunidas en Casanare, equipándolas y vistiéndolas, gestionando el permiso del jefe supremo de Venezuela para introducir por el río Orinoco todos los suministros militares necesarios, además de confirmar los ascensos militares otorgados por el propio capitán general y fortalecer la alianza militar con Venezuela³². Este documento representaba un esfuerzo por legalizar los acuerdos realizados por el coronel Santander, quien había sido ascendido al rango de general de brigada, con el capitán general de Venezuela, para organizar la campaña libertadora que tendría como objetivo las provincias del Virreinato. Todo esto se llevaría a cabo bajo la defensa de la autonomía del Casanare y de la Nueva Granada en relación con el mando patriótico de Venezuela.
Desde Caicara, el 3 de octubre de 1818, el general Santander informó al general Páez que el jefe supremo de Venezuela lo había nombrado comandante de la vanguardia del Ejército Libertador de la Nueva Granada, y que debía
Nota 29: H. Rodríguez y A. Lee, Documentos sobre la campaña..., 187-189.
Nota 30: José María Vergara, “Discurso del diputado José María Vergara en el Congreso constituyente de Venezuela reunido en Santo Tomás de Angostura, 12 de junio de 1819”, en Correo del Orinoco, 34 (sábado 24 de julio de 1819), 135.
Nota 31: José María Vergara, “Discurso del diputado José María Vergara en el Congreso constituyente de Venezuela reunido en Santo Tomás de Angostura, 12 de junio de 1819”, en Correo del Orinoco, 34 y 35 (24 y 31 de julio de 1819), 135-136 y 138.
Nota 32: “Proyecto de acta de un supuesto congreso provincial de Casanare, declarando que el Casanare representa a la antigua Nueva Granada que estuvo unida por un pacto de federación”. Pore, 1818 y AGN, Fondo Academia Colombiana de Historia, serie Archivo de Francisco de Paula Santander, caja 1, carpeta 4, en H. Rodríguez y A. Lee, Documentos sobre la campaña..., vol. I, 187-189.
levantarla en Casanare. Para esta tarea, llevaba consigo un buen equipo militar y órdenes superiores para que todas las autoridades de Casanare estuvieran a su disposición. Este nombramiento era merecido, ya que Santander conocía bien el territorio y las poblaciones del Reino, además de tener una buena reputación para liderar las primeras tropas que entrarían a liberarlo. Reconoció que en 1816, las fuerzas de la Nueva Granada habían debido su salvación al general Páez y esperaba contar con su apoyo continuo en el futuro. También le envió una copia de una proclama que había preparado para consolar a sus compatriotas, la cual había enviado a sus compatriotas residentes en Londres, Jamaica y Trinidad para que la publicaran, con el fin de reanimar a todos los granadinos”³³.
Desde el cuartel general de Achaguas, el 30 de octubre de 1818, el general José Antonio Páez, comandante del Ejército del Apure, escribió dos cartas al general Santander para comunicarle que, en vista de la orden emitida por el jefe supremo, no tenía más opción que cederle la autoridad sobre Casanare. Aunque había ordenado detener su avance hacia la desorganizada provincia debido a que, estando a cargo de ella, no había sido informado de la orden emitida por el general Bolívar, “sin decirme tus ni mus”, le agradecía porque le había quitado el peso de Casanare de encima. Además, le advertía: “Esta gente está en un estado agitado, lleno de convulsiones, y apenas Guerrero ha logrado calmarlos”. Era difícil comprender la intención de esta gente: “¿Acaso será porque el que da órdenes es venezolano? Esta maldita rivalidad, o más bien, esta distinción de nombres me irrita, y Dios quiera que no nos lleve a una guerra civil si no hacemos esfuerzos para evitarla desde ahora”. En resumen, ya que Santander se dirigía a “su Casanare”, sin saber cómo se las arreglaría en una provincia miserable, “sin recursos, sin hombres y sin nada”, que solo servía para desacreditar a una persona, una “provincia sumida en revoluciones”, le aconsejaba tener cuidado con el coronel español Arredondo, “el líder de todas las turbulencias”³⁴. De todos modos, el general Páez tuvo que redactar una proclama, fechada en su cuartel general de Achaguas el primero de noviembre de 1818, para despedirse de los “dignos habitantes de Casanare”, debido a su reemplazo por el general Santander. Terminaba asegurando que ellos habían mejorado su fortuna con el nuevo líder, y al despedirse, expresaba los más sinceros deseos de prosperidad para ellos³⁵.
Santander sabía que al llegar al Casanare se encontraría con tres caudillos militares que se disputaban el mando y se desconocían mutuamente. El 19 de noviembre de 1819, desde su cuartel general en Guanapalo, escribió al coronel Juan Nepomuceno Moreno para comunicarle su decisión de mantenerlo como gobernador político de la provincia del Casanare, “a reserva de ampliarle las facultades en lo militar” cuando él tuviera que ausentarse³⁶. Además, designó al doctor Manuel Baños como teniente de gobernador letrado. Dos días después, le pidió a Moreno un informe detallado sobre el estado de las fuerzas en el Casanare, desglosando información sobre las armas, los jefes y el armamento disponible. También solicitó información sobre el estado del enemigo en el interior del Reino y sus fuerzas disponibles, así como los recursos de la provincia para mantener a sus tropas. El 29 de noviembre siguiente, hizo la misma solicitud al teniente coronel Arredondo, ordenándole que gestionara su reconocimiento como comandante. Santander lograría que todos los caudillos lo obedecieran y colaboraran en la formación de la división de vanguardia, una pieza clave para la campaña en la Nueva Granada.
Desde San Fernando, el 27 de noviembre de 1818, el coronel José María Vergara, estacionado en Angostura en contra de su voluntad y esperando órdenes del general Bolívar para marchar hacia el Casanare, escribió a Santander para informarle que el coronel Antonio Morales estaba en camino hacia el Casanare, comisionado para entregarle la convocatoria al Congreso de Venezuela, ya que la provincia de Casanare había sido “invitada” a participar. Esta medida reportaría considerables ventajas para la Nueva Granada. Vergara aconsejó elegir a José María Salazar como uno de los diputados de esa provincia, en virtud de sus buenas relaciones con la Casa de Little Page en Trinidad. Esta era una oportunidad para adquirir fusiles de la casa comercial del señor Princeps, que estaban disponibles en Angostura a 9 pesos, y obtener ayuda del señor Anderson. Vergara envió saludos a sus “amigos y paisanos”, incluyendo al teniente
Nota 33: Carta publicada por Roberto Cortázar en Correspondencia dirigida al General Santander, 88-90.
Nota 34: AGN, fondo Academia Colombiana de Historia, serie Correspondencia de Francisco de Paula Santander, caja 1, carpeta 1, folio 14r-15r. Citado en Correspondencia dirigida al General Santander, editado por Roberto Cortázar, 1967, vol. X, 62-63.
Nota 35: H. Rodríguez y A. Lee, Documentos sobre la campaña libertadora de 1829, 1970, I, 191.
Nota 36: Carta citada en Correspondencia dirigida al General Santander, vol. I, 95-96.
coronel Antonio Obando, al sargento mayor Joaquín París, al teniente coronel Vicente González, al coronel Antonio Arredondo y otros³⁷.
Ese mismo día, el general Santander llegó a Guanapalo, un pueblo en la provincia de Casanare, después de un largo viaje en barco que había comenzado en Angostura. Inmediatamente, convocó al coronel Juan Nepomuceno Moreno, quien ocupaba el cargo de gobernador provincial, para que le proporcionara un informe sobre las tropas bajo su mando y para hacerse cargo de ellas. Santander ordenó un alistamiento general de hombres, su entrenamiento por armas y preparó la provincia para tener una defensa sólida.
El 28 del mismo mes, Moreno presentó el informe solicitado, confirmando que la división de opiniones había comenzado en el pasado mes de agosto, desde la llegada de los nuevos líderes enviados por el general Páez. El coronel Arredondo se había negado a obedecer y se había establecido en la serranía con 200 infantes, actuando como un líder independiente. En el territorio libre del Casanare y los Llanos de San Martín, solo se podía contar con 800 hombres a caballo y 130 infantes, que estaban concentrados en La Laguna. La mayoría de la caballería estaba dispersa en pequeñas partidas de guerrilla y la principal fuente de alimento eran las carnes. En total, solo disponían de alrededor de mil caballos.
El coronel Antonio Arredondo escribió al general Santander desde Zapatosa el 28 de noviembre de 1818, informándole que desde que la provincia de Casanare había sido liberada del dominio de la provincia de Barinas por un pequeño grupo de desertores del Bajo Apure, todos deseaban un líder que protegiera sus derechos y los mantuviera a salvo de los desórdenes internos y de los intentos de sublevación promovidos por sus enemigos. Los neogranadinos que vivían allí en asilo también compartían este deseo, y aspiraban a organizar alguna fuerza con la cual pudieran regresar a su tierra natal y posiblemente liberarla. Sin embargo, sus esfuerzos se veían obstaculizados por la “insolencia de las pasiones” que distorsionaba todo. Todos se sintieron aliviados al enterarse de que un líder granadino, respaldado por la autoridad y el armamento del supremo líder Bolívar, estaba en camino, ya que se esperaba que pusiera fin a los dos problemas mencionados. Un nuevo orden en Casanare marcaría el fin de las “calamidades del Llano” y del “destierro al que hemos sido condenados”. También mencionó que el capitán Narciso Lobo Guerrero había sido enviado a informar sobre las razones de su separación tanto del gobierno como del mando general de Casanare, así como las razones detrás de su decisión de traer su batallón desde Betoyes³⁸.
El coronel Arredondo le había informado al coronel Briceño en Manare que su batallón de infantería no le obedecía ni a él ni al general Páez. En respuesta, Briceño convocó a la oficialidad y a la tropa en nombre de Bolívar y Páez, instándolos a unirse a aquellos dispuestos a obedecer a las autoridades designadas por Páez en Casanare. Sin embargo, solo un oficial y 40 soldados venezolanos respondieron a su llamado, mientras que los otros 400 hombres permanecieron leales a Arredondo. Este último tomó el parque y las armas y se dirigió hacia Zapatosa, donde la guerrilla de los Almeidas tenía a algunas personas, advirtiendo que Bolívar desconocía lo que estaba ocurriendo en Casanare, y que solo lo obedecerían cuando estuvieran seguros de sus intenciones.
Por su parte, Juan Nepomuceno Moreno se negó a marchar al Apure y cruzó el río Meta para permanecer en esas llanuras. Juan Galea fue enviado con la misión de pacificar los ánimos, acompañado del teniente coronel Pedro Fortoul, pero no lograron convencer a Arredondo de unirse a ellos. Luego, Guerrero intentó asumir el control del gobierno de Casanare por orden de Páez, tratando de llevarse al Apure a cuantos hombres pudiera. El general Santander esperaba resolver todas estas intrigas una vez que llegara a Casanare, ya que estaba convencido de que estas tensiones se debían al descontento y disgusto con el gobierno de oficiales venezolanos.
El 6 de diciembre de 1818, el general Santander ya había logrado obtener la obediencia de todos los jefes militares que operaban en Casanare. Les advirtió que debían poner fin de una vez por todas a las antiguas rivalidades y divisiones, ya que no toleraría divisiones ni disturbios entre las tropas. Su nacimiento, sus principios y la situación de América y Europa lo llamaban a sacrificarse por su país. Por lo tanto, esperaba que todos sus compañeros de armas demostraran valor, celo e interés en esta empresa. Todos los asuntos relacionados con el gobierno de la provincia y los asuntos militares serían consultados con él.
Nota 37: AGN, fondo Academia Colombiana de Historia, serie Correspondencia de Francisco de Paula Santander, caja 1, carpeta 1, folio 19r-20r. Citado en Correspondencia dirigida al General Santander, vol. XIV, 37-38.
Nota 38: R. Cortázar, Correspondencia dirigida al General Santander, 252-253. Natural de los reinos de España, murió en la batalla de Gámeza.
El 13 de diciembre siguiente, nombró a Juan José Manzaneda como comandante del escuadrón del Arauca, al que le encargó la tarea de organizar en dos compañías y de proporcionar ganado de forma periódica para mantener el batallón que se estaba formando en Tame, además de suministrar caballos y mantener el orden en la villa de Arauca. Bernardino Tobar reconoció que hasta la llegada de Santander a Casanare con el rango de general, la norma había sido la insubordinación, la indisciplina, la inmoralidad y los vicios, a pesar de las grandes virtudes de patriotismo presentes. Los llaneros, que no habían respetado al general Serviez, decidieron obedecer al general Santander debido al respeto que les inspiraba, considerando las cualidades que agregó a su valor y disciplina militar: “educación, conocimientos, prudencia, moralidad y religiosidad”³⁹.
El 8 de enero de 1819, el general Santander pudo informar al general Bolívar, desde La Trinidad, que Casanare se encontraba en “un estado de defensa muy respetable”, con una instrucción constante que permitiría comenzar pronto las operaciones en la Nueva Granada. También se habían organizado los departamentos civil y de hacienda de la provincia. La mayoría de los oficiales, a excepción del coronel Arredondo y el sargento mayor Reynal Sasmajous, eran granadinos. Entre ellos destacaban nombres como Juan Nepomuceno Moreno, Ramón Nonato Pérez, Ambrosio Almeyda, José Concha, Pedro Fortoul, Joaquín París, Aniceto Ramírez, Juan José Molina y Francisco Javier Alfonso. Aquellos cercanos a Santander eran Pedro Fortoul, José Concha, Almeyda, París, Arredondo y el coronel Antonio Morales, junto con el diputado del Casanare, José María Vergara. Solo quedaba un venezolano, el coronel Jacinto Lara, quien había llegado de Angostura acompañando la flotilla de embarcaciones que transportaba armamento y equipo proporcionados por el jefe supremo de Venezuela.
Sin embargo, en febrero de 1819, el coronel Jacinto Lara solicitó a Santander un pasaporte para abandonar Casanare y regresar a Venezuela. Junto con Juan Galea y el coronel Concha, aún no había recibido su destino militar en Casanare. Preocupado, Santander le suplicó que no se fuera, argumentando que tal acción le ganaría “todo el odio de los venezolanos”. Ya había sufrido suficiente por acusaciones infundadas de parcialidad hacia los venezolanos, a pesar de que no había evidencia de tal parcialidad en la oficialidad. Le prometió escuchar sus quejas, si las tenía, para evitar su separación del ejército de Casanare, ya que estaba seguro de que en Venezuela todos dirían que “el general granadino está mostrando su odio hacia los venezolanos”⁴⁰. El coronel Juan Galea, quien había estado bajo las órdenes directas del general Páez, se presentó en Pore ante Santander en ese mismo mes de febrero de 1819 para solicitar servicio en el ejército de Casanare. Santander le informó al general llanero que aprovecharía su valentía en caso de que llegara efectivamente una expedición española a los llanos y que no le había asignado un destino porque había llegado muy enfermo. Aniceto Ramírez fue nombrado comandante general de los Llanos de San Martín, y el capitán Ignacio Castro asumió el cargo de juez político.
El coronel Lara permaneció en Casanare durante algunos meses, pero su persistencia obligó a Santander a otorgarle el pasaporte para que regresara al ejército de Venezuela, ya que temía sufrir desaires en este país. En opinión de Santander, esos temores no tenían otro fundamento que “la rivalidad de granadinos y venezolanos”, que parecían “bien excesivos”. Por esta razón, recordó al general Bolívar⁴¹ que esa rivalidad siempre había existido, y que “en alguna parte de Venezuela se aumentó hasta el último punto”. Las dos partes le habían manifestado sus quejas, de modo que ya no entendía cuáles eran las justas y cuales no, pero “lo cierto es que las pasiones no se enfrenan de un solo golpe”. Relató a su destinatario que cuando llegó al Casanare esta rivalidad estaba encendida por efecto necesario “del tratamiento que la provincia que los granadinos habían recibido, y que al fin produjo la insurrección”. Dado que era imposible eliminar por completo esta rivalidad, había tratado de erradicarla gradualmente mediante decretos y órdenes, así como a través de su propio ejemplo. En la reorganización del ejército de Casanare, solo había considerado el mérito de los oficiales y su capacidad para cumplir con sus deberes, sin importar su lugar de nacimiento, salvo para otorgarles su filiación. Prueba de su conducta eran los oficiales que habían venido del Apure a ofrecer sus servicios bajo su mando en Casanare. A pesar de sus esfuerzos, el coronel Lara había tenido pequeños desacuerdos con oficiales granadinos, pero dado que estos podían
Nota 39: Carta de Bernardino Tobar al general Santander. Socorro, 25 de marzo de 1820, en Correspondencia dirigida al General Santander, vol. XIII, 42.
Nota 40: “Carta dirigida por el general Santander al coronel Jacinto Lara. Cuartel general de La Trinidad, 6 de febrero de 1819”, en Correspondencia dirigida al General Santander, vol. I, 188-189.
Nota 41: “Carta del general Santander al general Bolívar. Cuartel general en el Palmar, 24 de abril de 1819”, en Correspondencia dirigida al General Santander, vol. I, 244-246.
dar lugar a conflictos mayores, Santander consideró que era mejor otorgarle el pasaporte para su regreso a Venezuela⁴².
Santander advirtió que esta “rivalidad tan arraigada” entre granadinos y venezolanos era similar a la que existía entre los habitantes de Barinas y Caracas, así como entre los caraqueños y los de Cumaná. Sin embargo, a diferencia de estas rivalidades, la rivalidad entre granadinos y venezolanos generaba fuertes discursos y tensiones. Dado que los venezolanos habían tildado a los granadinos de cobardes y estos últimos habían acumulado resentimientos y sufrimientos, no era posible eliminar de inmediato esta rivalidad. Santander recordó que en el pasado, el propio general Bolívar le había dicho que los hombres eran “muy sensibles al mal y indiferentes al bien”.
Santander afirmó que su compromiso con los intereses políticos de la Nueva Granada no significaba que olvidara su gratitud hacia Venezuela por haberlo acogido en tiempos difíciles y por proporcionarle el armamento y las municiones necesarios para luchar contra los tiranos de sus compatriotas y amigos, bajo la dirección del “protector de la Nueva Granada”⁴³.
Las demandas contradictorias de protección y apoyo logístico para el ejército de Venezuela, la convocatoria a participar en el Congreso constituyente de la nación venezolana y la defensa de los intereses políticos de la Nueva Granada en medio de las tensiones entre granadinos y venezolanos pusieron a Santander en una posición complicada. Además de enviar diputados del Casanare al Congreso venezolano, algunos de los cuales participaron en la redacción de la segunda carta constitucional de Venezuela, Santander gestionó desde Tame, en mayo de 1819, el reconocimiento documentado de la autoridad del presidente de Venezuela por parte del ejército granadino que se había formado en Casanare. Pidió que esto fuera públicamente conocido, para demostrar que las primeras fuerzas dispuestas a respaldar la autoridad del Gobierno de Venezuela eran las del único cuerpo armado disponible en la Nueva Granada. El 20 de mayo de 1819, Bolívar ordenó a Santander que estuviera preparado para cooperar con sus tropas en una operación militar en la Nueva Granada. Una semana después, Santander expresó su disposición a reunir sus tropas donde se le indicara y había enviado a un oficial granadino a Sogamoso, donde tenía a su familia, para obtener información sobre el estado del Reino y comunicarse con los guerrilleros⁴⁴.
Una parte crucial de la preparación de la División de Vanguardia del Ejército Libertador de la Nueva Granada, formada por el General Santander en el Ejército del Casanare, involucraba la ceremonia de jura de reconocimiento y obediencia al Presidente de la República de Venezuela. Entre los días 13 y 19 de mayo de 1819, se llevaron a cabo estas ceremonias en las plazas públicas de Manare y Tame.
Después de la formación de los batallones 1° de Líneas y 1° de Cazadores, el General Santander, con la espada en la mano, planteó la siguiente pregunta: “¿Juráis [...] reconocer, obedecer y respetar al excelentísimo señor General Simón Bolívar como presidente del Gobierno de la República, mientras se libera la Nueva Granada y los pueblos establecen libremente el sistema de gobierno que consideren más acorde a sus derechos?”. La provincia de Casanare y el cantón de San Martín, con el ejército formado desde noviembre del año anterior, reconocían que la “ausencia de una autoridad política legítima en la Nueva Granada” los había llevado, por necesidad, a reconocer al gobierno de Venezuela, que se había comprometido a liberarlos. Dando ejemplo, el General Santander renovó su compromiso de “obediencia, sumisión y respeto al gobierno venezolano”⁴⁵.
La participación del Casanare en el Congreso constituyente de Venezuela
Al comenzar el mes de febrero de 1819, el general Santander recibió el Reglamento electoral, redactado el 17 de octubre de 1818, para la convocatoria de diputados al Congreso Constituyente de Venezuela. Aunque durante el segundo semestre del año anterior había estado involucrado con la carta política del Estado Libre de Casanare, en calidad de representante del Congreso de
Nota 42: “Carta del general Santander al general Bolívar. Cuartel general en el Palmar, 24 de abril de 1819”, en Correspondencia dirigida al General Santander, vol. I, 244-246.
Nota 43: “Carta del general Santander al general Bolívar. Cuartel general en el Palmar, 24 de abril de 1819”, en Correspondencia dirigida al General Santander, vol. I, 244-246.
Nota 44: “Oficio número 20 del general Santander al general Bolívar. Cuartel General en Tame, 27 de mayo de 1819”, en H. Rodríguez y A. Lee, Documentos sobre la campaña..., vol. I, 62-63.
Nota 45: “Certificación de la realización de la ceremonia de reconocimiento de la autoridad del presidente de Venezuela por los oficiales y soldados del Ejército del Casanare, firmada por el teniente coronel Antonio Morales, subjefe interino del Estrado Mayor General. Cuartel general de Tame, 18 de mayo de 1819”, en H. Rodríguez y A. Lee, Documentos sobre la campaña..., vol. I, 422-424.
las Provincias Unidas de la Nueva Granada, ahora se enfrentaba al problema político de la participación de Casanare en un Congreso de las provincias de Venezuela. Debía determinar en qué condición podría asistir. En su carta al General Páez del 9 de febrero, apenas sugirió que “por ahora” Casanare participaría. Al día siguiente, dio instrucciones a su teniente de gobernador para que organizara las elecciones entre las familias de los cantones de El Palmar y Charte, instando a los electores a votar por “ciudadanos de aptitud, conocimientos y un compromiso con la Nueva Granada, ya que en el Congreso General de Venezuela se tratarían asuntos muy complejos e importantes”. Era esencial que los diputados de Casanare honraran a la República Granadina eligiendo “personas que fueran ciudadanos de la Nueva Granada”⁴⁶. El 12 y 13 de febrero, emitió las mismas instrucciones a los jueces mayores de los cantones del Norte y del Meta, así como al coronel Concha, quien lideraba el escuadrón estacionado en el departamento de Chita.
Desde esta perspectiva, Casanare no asistiría en calidad de “provincia de Venezuela”, sino como un “estado libre” y representante de la República de la Nueva Granada. La autonomía de la provincia de Casanare requería que participara en el Congreso de Venezuela solo como una “invitada”. Esta fue la estrategia que adoptó el líder de los granadinos en una situación tan delicada. La habilidad política del general Santander quedó demostrada, lo que cumplió con las palabras del coronel Manuel Cedeño, quien había afirmado que la designación de este líder granadino como jefe de Casanare era un reconocimiento a “su talento militar y sus conocimientos políticos”.
Dado que el Reglamento electoral había asignado a Casanare cinco diputados para el Congreso Constituyente de Venezuela, “con el propósito de consultar mejor los asuntos relacionados con la emancipación y la libertad de la Nueva Granada”, se llevaron a cabo elecciones en todos los departamentos de Casanare. En estas elecciones participaron 1,012 ciudadanos y se realizaron el 29 de marzo de 1819, con el escrutinio realizado en la casa del general Santander en Pore. Los cinco diputados principales elegidos fueron: el doctor Francisco Antonio Zea, el doctor José María Salazar, el coronel José María Vergara, el teniente coronel Vicente Uribe y el coronel Ignacio Mariño. Los cinco diputados suplentes elegidos fueron: el teniente coronel Antonio Morales, el doctor Ignacio Muñoz, Francisco Escobar, el doctor Francisco Javier Yanes y el presbítero Domingo Antonio Vargas⁴⁷.
Desde el cuartel general de La Laguna, el 8 de abril de 1819, Santander dio instrucciones al diputado José María Vergara: “No permitas que los representantes de solo 600 almas nos impongan su ley”, a pesar de que se dice que “Nueva Granada y Venezuela están unidas de facto”, ya que nadie sabía “de dónde venía ni por qué existía esa unión”. Solo debía asistir a algunas sesiones, luego solicitar una licencia y regresar, incluso a pie. Le pidió que vigilara de cerca al coronel venezolano Jacinto Lara, quien finalmente se unió al ejército de Venezuela, ya que “algo podrá decir contra nosotros”. Debía estar a la mira para dar aviso y “defendernos”, y cuando escribiese acerca de ese oficial debía nombrarlo con la expresión “correo de las brujas”, para que nadie entendiese de quien se trataba⁴⁸.
Al informar al jefe supremo de Venezuela sobre los resultados de las elecciones de los diputados de Casanare para el Congreso de Venezuela, Santander reafirmó su compromiso de “obedecer ciegamente al gobierno de Venezuela”, pero advirtió que esto sería “hasta que se restablezca el gobierno de la Nueva Granada”⁴⁹. En una carta dirigida al coronel venezolano Pedro Briceño Méndez desde la Hacienda Tame, el 1 de junio de 1819, Santander expresó la dificultad de unir a venezolanos y granadinos en una sola nación, dada la acumulación de resentimientos entre oficiales y soldados. La unión buscada, con la que estaba de acuerdo, debía realizarse de manera que la Nueva Granada no quedara en una posición de “país colonial” y que la gloria de Venezuela no sufriera “una mancha eterna”. Solo Bolívar podría liderar esta gran nación, ya que nadie
Nota 46: “Carta dirigida por el general Santander al teniente de gobernador desde el Cuartel general de Pore, 10 de febrero de 1819”, en Cartas y Mensajes del general Francisco de Paula Santander, vol. I, 193.
Nota 47: Ángel Rafael Almarza, Los inicios del gobierno representativo en la República de Colombia, 1818-1821 (Marcial Pons, Madrid, 2017), 69. Como el doctor Yanes era venezolano, Santander le escribió desde el Cuartel general en La Laguna de Casanare, el 30 de marzo de 1819, para solicitarle que aceptase este nombramiento como diputado suplente, pues se había debido a su “acendrado patriotismo, sus luces y, sobre todo, al interés que otras veces ha manifestado por la felicidad de la Nueva Granada”. Por ello, le confesaba que su elección le había sido satisfactoria. R. Cortázar, Cartas y mensajes del general, 1953, I, 234-235.
Nota 48: Carta publicada por Roberto Cortázar en Cartas y Mensajes del general Francisco de Paula Santander, vol. I, 236-237.
Nota 49: “Carta del general Santander al general Bolívar. Cuartel general en el Palmar, 22 de abril de 1819”, en R. Cortázar, Cartas y Mensajes del general..., vol. I, 242-243.
tenía motivos de queja contra él, y en cambio todos le debían reconocimiento y gratitud. En todas las ocasiones en las que personas venezolanas de alto rango insultaban a la Nueva Granada debido a su desgraciada suerte en 1816, Bolívar era el único que defendía el honor de los granadinos. Con razón podría afirmarse que él no contribuyó a la funesta rivalidad entre granadinos y venezolanos⁵⁰.
Los primeros diputados del Casanare que llegaron al Congreso reunido en Santo Tomás de Angostura el 12 de junio de 1819 fueron el coronel José María Vergara y el teniente coronel Vicente Uribe. En ese momento, Francisco Antonio Zea, quien había sido diputado de Caracas, ahora representaba al Casanare. Tan pronto como asumió su cargo, en la sesión 93, el diputado Vergara solicitó la palabra para leer un discurso que había preparado sobre la mejor manera de unir la Capitanía General de Venezuela y el Virreinato de Santafé en una sola nación. Argumentó que esta unión no debía ser “como la de un país conquistado o cedido como dote”, sino que debía basarse en la voluntad expresa de los habitantes de ambos territorios, “convencidos de los beneficios mutuos que podrían obtener”.
Dado que el debate sobre el proyecto de constitución estaba en curso y requería respetar el derecho de la Nueva Granada a ser consultada sobre su voluntad, se consideraba necesario suspender la constitución hasta que los representantes de la mayoría de las provincias de la Nueva Granada pudieran participar. Además, se debía establecer una conducta “política, fraternal y generosa” para los líderes de las tropas que liberarían los territorios ocupados por los españoles. Estos líderes también debían comprometerse a restaurar provisionalmente los gobiernos de las provincias tal como habían estado en 1816.
Vergara propuso que la carta constitucional que se estaba debatiendo se suspendiera “hasta que los pueblos de la Nueva Granada puedan participar en su elaboración y se restablezca el gobierno provincial que existía cuando se liberaron del dominio español”⁵¹. En su lugar, sugirió la implementación de un reglamento provisional de gobierno. Siguiendo las instrucciones del general Santander, recomendó a los oficiales y tropas de “ambos Estados” que actuaran con moderación y armonía en adelante y pidió que se discutieran sus propuestas en la próxima sesión.
Durante el transcurso de la semana siguiente, en las sesiones 94, 95 y 97, se debatieron las dos propuestas presentadas por el diputado Vergara: suspender el proyecto de constitución hasta que más diputados de las provincias de la Nueva Granada estuvieran presentes y restablecer los gobiernos que existían en las provincias de la Nueva Granada en el año 1816 a medida que fueran liberadas. Al final de estas sesiones, se acordó que se le encargaría al diputado Vergara la redacción de un proyecto de ley que incorporara las observaciones de los demás diputados. Vergara insistió en que sus dos peticiones se resolvieran en la sesión 100.
En la siguiente sesión, el 22 de junio, se acordó que primero se elaboraría un manifiesto sobre la importancia de la unión entre Venezuela y Nueva Granada, así como las bases en las que debería fundamentarse. Esta tarea fue encomendada a tres diputados, entre ellos el teniente coronel Uribe. En esa misma sesión, el vicepresidente Zea propuso que el diputado Vergara, quien hablaba inglés y francés, se uniera a la comisión que había sido enviada a Londres para gestionar un empréstito y asistencia para la causa venezolana. Así fue como los congresistas venezolanos se libraron de la presencia de Vergara, quien partió a Londres en una misión diplomática acompañado por el diputado Peñalver.
El 15 de agosto de 1819, cuando los diputados del Congreso Constitucional de Venezuela firmaron la carta constitucional finalmente aprobada, dos de los titulares que representaban a la provincia del Casanare, el doctor Francisco Antonio Zea y el teniente coronel Vicente Uribe, firmaron como “invitados”. Afortunadamente, la provincia que representaban no fue reclamada por los constituyentes de Venezuela al definir los límites del territorio nacional, de acuerdo con el principio uti possidetis.
Colofón
El siguiente desafío político al que se enfrentó Santander, actuando en calidad de vicepresidente del departamento de Cundinamarca, fue la defensa de los intereses de esta demarcación en el Congreso Constituyente de Colombia, convocado para el primer semestre de 1821. Al igual que lo había hecho cuando organizó las elecciones en el Casanare para seleccionar a sus diputados para el Congreso de Venezuela, se esforzó por asegurarse de que los diputados de las provincias de Cundinamarca fueran los más competentes, evitando cualquier intento por parte de los diputados venezolanos de someterla a la condición de “colonia” de Venezuela.
Nota 50: R. Cortázar, Cartas y Mensajes del general..., vol. I, 258-260.
Nota 51: Acta 93 del Congreso constituyente de Venezuela. Angostura, 12 de junio de 1819.
Dado que Venezuela tenía diputados de ocho provincias, la provincia del Chocó fue tratada como dos (Nóvita y Citará), de modo que Cundinamarca estuvo representada en el Congreso por trece provincias. Santander supervisó de cerca las elecciones para asegurarse de que sus hombres de confianza fueran elegidos como diputados, y efectivamente, cuatro de ellos actuaron como sus informantes permanentes sobre todo lo que ocurría en el Congreso: Alejandro Osorio, José Manuel Restrepo, Vicente Azuero y Francisco Soto. Y podemos afirmar que logró su objetivo, ya que Bogotá fue elegida como la capital efectiva de la República de Colombia, y se adoptó un sistema centralizado de departamentos, así como un régimen popular representativo. Además, Santander mismo fue elegido vicepresidente de esta República, derrotando al general Antonio Nariño en el proceso electoral.
Bibliografía
Fuentes primarias editadas
“Certificación de los servicios militares del general Francisco de Paula Santander en Venezuela, expedida por el general Carlos Soublette, jefe del Estado Mayor General. Cuartel general en jefe de Angostura, 22 de agosto de 1818”, en Archivo Santander, Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 1913.
Cortázar, Roberto. Cartas y Mensajes del general Francisco de Paula Santander (10 volúmenes), Bogotá, Librería Voluntad, 1953.
Cortázar, Roberto. Correspondencia dirigida al General Francisco de Paula Santander (14 volúmenes), Bogotá, Librería Voluntad, 1964-1970.
Obando, Antonio. Autobiografía y apuntamientos para la historia, que tiene necesidad de insertar como relacionados con su vida pública desde el año de 1809, edición de Roger Pita Pico, Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 2023.
Restrepo Tirado, Ernesto. Archivo Santander, Bogotá, Águila Negra Editorial, 1913-1932, 24 volúmenes. (La Comisión original fue integrada por Ernesto Restrepo Tirado (presidente), José D. Monsalve, Pedro María Ibáñez, Emilio Durán L. y Arturo Quijano).
Rodríguez Plata, Horacio y fray Alberto Lee López (compiladores). Documentos sobre la campaña libertadora de 1829, 3 tomos, Bogotá, Andes, 1970.
Santa, Eduardo. Memorias del general Santander, Bogotá, Banco Popular, 1973.
Santander, Francisco de Paula. Apuntamientos para las Memorias sobre Colombia y la Nueva Granada, Bogotá, Imprenta de Lleras, 1837.
Santander, Francisco de Paula. “Diario de la campaña de 1818 en Venezuela, verificada por el Ejército Libertador a las órdenes del jefe supremo general Bolívar contra el Ejército Real al mando del general Morillo, diciembre de 1817 a 28 de mayo de 1818”, en Archivo Santander, 1914.
Santander, Francisco de Paula. “Acciones generales de guerra en que me he encontrado, fuera de las de la guerra civil y combates parciales, incluido por Luis Javier Caicedo” en Santander. La República, Bogotá, Ministerio de Educación Nacional, 1995.
Fuentes secundarias
Almarza, Ángel Rafael. Los inicios del gobierno representativo en la República de Colombia, 1818-1821, Madrid, Marcial Pons, 2017.
Martínez Garnica, Armando. Historia de la Primera República de Colombia, 1819-1831. “Decid Colombia sea, y Colombia será”, Bogotá, Editorial Universidad del Rosario, 2019.
Martínez Garnica, Armando. La época de Francisco de Paula Santander, 1820-1840, Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 2024.
De la colección personal de Armando Martínez Garnica.