Historia de la Independencia de Colombia

Revo­lu­ción, inde­pen­den­cias y guerras civiles

Armando Martínez Garnica
ProcedenciaEjemplar de la colección personal del historiador Armando Martínez Garnica (Bucaramanga). Doctor en Historia por El Colegio de México y profesor emérito de la Universidad Industrial de Santander. Fue director del Archivo General de la Nación (2016-2019), dirigió la Revista de Santander y preside la Academia Colombiana de Historia.
Edición digital recompuesta de la digitalización del ejemplar impreso. Transcripción realizada página a página contra las imágenes del escaneo; los pasajes ilegibles están marcados. Recreación tipográfica que no sustituye a la edición impresa.

Pre­sen­ta­ción

La historia de las juntas que rea­su­mie­ron en sí el poder soberano, orga­ni­za­ron colegios cons­ti­tu­yen­tes y decla­ra­ron su inde­pen­den­cia respecto de la monar­quía de los Borbones espa­ño­les en la juris­dic­ción del Nuevo Reino de Granada –todo ello entre 1810 y 1813– puede ser inscrita en la historia de la Era de las Revo­lu­cio­nes Atlán­ti­cas. Es por ello por lo que este tomo comienza situán­do­nos en los procesos mun­dia­les que sub­vir­tie­ron el dominio de las monar­quías abso­lu­tas y cons­ti­tu­ye­ron repú­bli­cas o monar­quías par­la­men­ta­rias, intro­du­je­ron inno­va­cio­nes indus­tria­les, cir­cun­na­ve­ga­ron los océanos y fundaron nuevos Estados nacio­na­les. La Paz de West­fa­lia (1648), al reco­no­cer la inde­pen­den­cia de la Repú­blica de los Siete Países Bajos Unidos respecto de la monar­quía absoluta de España, marca esa era que pareció cerrarse en el campo de Ayacucho por los ejér­ci­tos colom­bia­nos. Las revo­lu­cio­nes europeas que se ini­cia­ron con la francesa, de 1789, con­du­je­ron al Imperio napo­le­ó­nico. Éste, a su vez, provocó, en 1808, la crisis de la dinastía de los Borbones en el trono de las Españas. Es así como Hugues Sánchez Mejía nos sitúa en este esce­na­rio general para todos los dominios penin­su­la­res y ultra­ma­ri­nos que reac­cio­na­ron desde dis­tin­tas opciones polí­ti­cas, pues había llegado el momento de las revo­lu­cio­nes his­pá­ni­cas en ambos hemis­fe­rios. Al comienzo de la crisis emergió Fernando VII como rey "deseado" por todos sus vasallos, frente al "usur­pa­dor" José I Bona­parte, pues la agenda de las juntas de gobierno que se formaron en la penín­sula, y después en las reales audien­cias indianas, fue la misma: con­ser­va­ción de la religión católica, defensa de los derechos de los Borbones al trono y alivio de las nece­si­da­des de la patria. Sobre ese esce­na­rio, Ana Catalina Reyes Cárdenas aborda el movi­miento revo­lu­cio­na­rio de los cabildos neo­gra­na­di­nos que eri­gie­ron juntas de gobier­nos y rea­su­mie­ron en sí la sobe­ra­nía, al comienzo sola­mente para con­ser­varla al rey deseado. Ya no se trata sola­mente de la junta san­ta­fe­reña del 20 de julio de 1810, sino también de las que pre­via­mente se habían formado en otras ciudades o villas, y de las que siguiendo el ejemplo de la capital del reino se formaron durante los meses siguien­tes. Eclosión juntera es el concepto que mejor puede des­cri­bir este sor­pren­dente proceso, tan penin­su­lar como ame­ri­cano. De todos modos, Pablo Rodrí­guez estudia en detalle el proceso de for­ma­ción de la Junta que se tituló "suprema del Reino" en la ciudad de Santafé de Bogotá durante el día y la noche del 20 de julio. Ense­guida, Jorge Conde aborda el tema que tra­di­cio­nal­mente ha sido visto como un enfren­ta­miento entre dos opciones ide­o­ló­gi­cas (cen­tra­lismo versus fede­ra­lismo) pero que en realidad fue una pugna armada por la mejor opción para recons­truir la unidad de las pro­vin­cias que inte­gra­ban el reino en ausencia de las ins­ti­tu­cio­nes juris­dic­cio­na­les supe­rio­res que habían desa­pa­re­cido. El fracaso del primer congreso general del reino condujo a la orga­ni­za­ción de varios colegios

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cons­ti­tu­yen­tes que apro­ba­ron sus res­pec­ti­vas cartas cons­ti­tu­cio­na­les, pero de tal modo que contra las pre­ten­sio­nes del Estado de Cun­di­na­marca la mayoría de los estados pro­vin­cia­les prefirió sus­cri­bir un acta de fede­ra­ción que con­fi­guró una con­fe­de­ra­ción. La llegada de los mili­ta­res vene­zo­la­nos expul­sa­dos de la primera repú­blica vene­zo­lana dio nuevos alientos a la guerra civil entre las pro­vin­cias que decla­ra­ron la inde­pen­den­cia y las que se man­tu­vie­ron obe­dien­tes al Consejo de Regencia y a las Cortes de Cádiz. Jorge Conde, además, pro­fun­diza en la com­ple­ji­dad política de esta Primera Repú­blica neo­gra­na­dina (1810-1816), en términos de la intro­duc­ción de las agendas de los gobier­nos repu­bli­ca­nos y del régimen repre­sen­ta­tivo, en camino hacia la nueva nación de ciu­da­da­nos libres e iguales.

Las primeras cons­ti­tu­cio­nes de los estados pro­vin­cia­les son exa­mi­na­das en detalle por Gilberto Loaiza Cano, quien las inscribe en el proceso general de irrup­ción del ideario liberal que irra­diaba de Cádiz y de la Europa revo­lu­cio­na­ria, pero también de la tra­di­ción de la cultura política que provenía tanto de los juristas espa­ño­les como de los escri­to­res de la Ilus­tra­ción. El aspecto de las guerras civiles que acom­pa­ña­ron el proceso de las inde­pen­den­cias es descrito por Carlos Eduardo Jara­mi­llo, pues se trata de una larga expe­rien­cia militar que llevó a los colom­bia­nos hasta los confines de la Audien­cia de Charcas, una estra­te­gia que el Liber­ta­dor defendió para asegurar la inde­pen­den­cia de Vene­zuela y de la Nueva Granada. Jairo Gutié­rrez Ramos se ocupa del tema de la par­ti­ci­pa­ción de los indios y de los mulatos en el proceso de las inde­pen­den­cias, en especial de aquellos que dejaron muchas noticias sobre su actua­ción: los indios vecinos de Santa Marta y de Pasto, los gue­rri­lle­ros negros del Patía, los paeces del Cauca y los pardos del arrabal de Get­se­maní, tan impor­tan­tes en la temprana decla­ra­ción de inde­pen­den­cia por Car­ta­gena.

Por su parte, Martha Elisa Lux Martelo analiza el calei­dos­có­pico tema de la par­ti­ci­pa­ción de las mujeres en las guerras civiles, iden­ti­fi­cando los nombres de algunas de las que per­die­ron la vida en el proceso. Cierra este tomo Fabio Zambrano al examinar el difícil proceso de cons­truc­ción de la nación que siguió al fin de la corta expe­rien­cia colom­biana. Las socia­bi­li­da­des modernas y las disputas bipar­ti­dis­tas, la irrup­ción política de los arte­sa­nos urbanos y de una nueva gene­ra­ción de libe­ra­les, ins­pi­ra­dos en la Revo­lu­ción francesa de 1848 y en los escri­to­res román­ti­cos, tornaron más compleja la defi­ni­ción de la agenda estatal. En defi­ni­tiva, todas las repre­sen­ta­cio­nes his­tó­ri­cas aquí pre­sen­ta­das son un bri­llante aporte a nuestra con­me­mo­ra­ción bicen­te­na­ria del proceso de las inde­pen­den­cias.

Armando Martínez Garnica

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Ex libris de Armando Martínez Garnica: las tres plumas del Príncipe de Gales sobre una corona, con el lema «Ich Dien» y su nombre manuscrito.

De la colección personal de Armando Martínez Garnica.