La historia de los orígenes de los poblamientos urbanos que hoy en día constituyen las cabeceras de los quince municipios de la provincia de Soto pretende situar a cada uno de ellos en el proyecto peculiar que produjo la traza rectangular alrededor de una plaza pública presidida por la iglesia y la casa cural. Se ha querido así mostrar que cada municipio, la forma político-administrativa básica que rige los poblamientos desde la adopción de la Carta Constitucional de 1886, tuvo un proyecto original distinto y una operación jurídica peculiar.
En la actual provincia de Soto sólo se fundó con éxito una ciudad, San Juan Girón, que por diversas circunstancias nunca pudo ser la cabecera política de la provincia. Todos los demás poblamientos empezaron como pueblos de indios dotados de tierras resguardadas o como parroquias de feligreses, si bien las aldeas de colonos posteriores a la Regeneración de 1886 debieron empezar por el moderno sistema de las municipalidades. Entender el proceso legal que hizo de cada traza urbana un ente público o eclesiástico es el propósito de este trabajo, centrado en los orígenes de los que hoy se llaman genéricamente municipios.
Las características geográficas y la vida económica en los territorios municipales, cuya especialidad puede buscarse en el Instituto Geográfico o en el Departamento Administrativo Nacional de Estadística y complementarse con información proveniente de instituciones sectoriales o de planeación, no deben ser buscadas en estas monografías. Aquí se ha intentado comprender el proceso social y político que le dio fisonomía político-administrativa a los asentamientos concentrados de los colonos de todas las épocas, una vez que se decidieron a darle un es-
cenario urbanizado, así fuese solamente en los días de misa mayor, a las vidas de sus familias.
Este intento tiene un antecedente directo en la obra del presbítero Ismael Mejía Calderón, quien para relatar en 1986 la historia de la evangelización en la provincia de Soto, bajo el título de La Arquidiócesis de Bucaramanga, debió recorrer todos los archivos parroquiales de la jurisdicción de la antigua provincia de Pamplona. Como él, también fray Enrique Báez, O.P. recorrió desde 1943 decenas de archivos notariales y parroquiales de Santander para escribir la historia de todas las parroquias puestas a su alcance. El padre Báez nació en Soatá el 26 de enero de 1878 y se ordenó sacerdote el 6 de julio de 1903. Su interés por la historia comenzó muy temprano en su vida, pero se acrecentó en 1929 con ocasión de su viaje a Europa como asistente a un Capítulo General de la Orden de Predicadores. En ese entonces pudo husmear en los papeles de los archivos de Sevilla y Valencia que sellaron su indeclinable pasión por la lectura de documentos de archivo. A su regreso al país no paró de registrar todos los archivos que pudo, en especial los localizados en los de los municipios de Santander. Su huella, estampada con lápices rojos y azules ("Baeza"), puede encontrarse por doquier en dichos archivos.
Su método de ordenamiento de las miles de noticias que recolectó durante 36 años en los archivos es el cronológico simple, pero su interés por todas las cosas de los hombres y de su Orden hacen que sus 23 tomos inéditos, titulados genéricamente La Orden Dominicana en Colombia, sean una rica fuente de datos para el historiador. Los tomos específicamente dedicados a las monografías parroquiales son los numerados del 12 al 19, así: el 12 corresponde a las parroquias de Boyacá; el 13 a las de Cundinamarca, Antioquia, Norte de Santander, Costa Atlántica, Tolima, Cauca, Venezuela; el 14 es la Historia civil y eclesiástica de Colombia; el 15 y el 16 contienen las parroquias de Santander del Sur, en orden alfabético; el 17 contiene la Historia de Vélez (1539-1943) y el 18 la del Socorro (1861-1943).
En el año de 1943 el padre Báez firmó un contrato con el Concejo Municipal de Vélez para estudiar el Archivo de la Notaría Primera de dicho municipio y escribir una monografía histórica sobre los hechos y las gentes de Vélez. El contrato se legalizó ante el gobernador de Santander y el Concejo se obligó a pagarle al padre 250 pesos por el trabajo. Con dos secretarios, el padre Báez trabajó un año en dicho archivo notarial y luego en su homólogo del Socorro, continuando sus pesquisas en el actual archivo diocesano de San Gil-Socorro y en el parroquial del Socorro. Su trabajo sobrepasó así el objetivo propuesto y por ello resultó no sólo la monografía de Vélez, sino también la del Socorro y 66 parroquias santandereanas. Fue así como terminó escribiendo una historia de la ciudad de Girón, en su opinión hija del vecindario veleño, y de todas las parroquias que se formaron en el antiguo territorio del Real de Minas de Bucaramanga.
Un tercer esfuerzo por relatar colectivamente las historias de los poblamientos de la provincia de Soto fue realizado en 1947 por don Mario Galán Gómez, cuya Geografía económica de Santander ameritaría una puesta al día de tan vigoroso esfuerzo intelectual. Después de él registramos el trabajo de Emilio Arenas titulado La casa del diablo (1982), en el que con documentación de archivo trató de relatar paralelamente las historias de Girón y Bucaramanga.
A estos esfuerzos recientes habría que agregar los antiguos, empezando por un cura de Mogotes, Basilio Vicente de Oviedo, quien en sus Cualidades y riquezas del Nuevo Reino de Granada, ofreció en 1763 a sus colegas un conjunto de noticias sobre la población y las rentas de todos los curatos de las provincias de Santander, manual muy útil a la hora de escoger un beneficio eclesiástico. Después de él hemos de resaltar los trabajos de la Comisión Corográfica que dirigió Agustín Codazzi, pues en su Jeografía física i política de las provincias de la Nueva Granada, que fue publicada en 1856, se dio una imagen general de la provincia de Soto, brillantemente complementada por las observaciones de don Manuel Ancízar en su Peregrinación de Alpha. En esta perspectiva geográfica hay que agregar la Geografía especial del Estado de Santander que en 1880 publicó Eladio Mantilla para el servicio de los escolares de los colegios del Socorro, Piedecuesta y Vélez.
La idea de escribir estas monografías fue originalmente propuesta a los autores por el ingeniero Luis Alvaro Mejía, quien
desde la dirección de la Secretaría de Cultura, Turismo y Recreación de Santander firmó los contratos necesarios con la Universidad Industrial de Santander, imaginando que así se daba el primer paso en el intento de actualizar la Geografía Económica escrita por don Mario Galán Gómez. Su sucesor en la mencionada Secretaría, el ingeniero Gabriel Hernández Gómez, renovó el entusiasmo original por el proyecto. Por otra parte, fray Pedro José Díaz Camacho, O.P., provincial de la Orden de Predicadores, concedió todas las facilidades para consultar la obra inédita del padre Báez, con el convencimiento de que su esfuerzo no debería quedar olvidado.
Bajo la dirección del doctor Armando Martínez Garnica se organizó en el Centro de Documentación e Investigación Histórica Regional un equipo de investigadores, conformado por los profesores William Buendía Acevedo, Amado Antonio Guerrero Rincón, Jairo Gutiérrez Ramos y Juan Alberto Rueda Cardozo, quienes revisaron toda la documentación disponible para escribir las monografías particulares y la historia básica de las provincias de Santander. Fueron convocados como auxiliares de investigación los historiadores, egresados de la Escuela de Historia, Carmen Adriana Ferreira Esparza, Silvano Pabón Villamizar, Alvaro Acevedo Tarazona, César Augusto González Manosalva y Alba Cecilia Gómez, además del Sociologo Emilio Arenas; quienes contribuyeron decididamente a recolectar información en diversos archivos e incluso a elaborar algunos textos preliminares. Los textos finales de las monografías de los municipios de la provincia de Soto fueron elaborados por los profesores, de la Escuela de Historia, Armando Martínez Garnica y Amado Guerrero Rincón.
Los resultados, que están a la vista, pretenden mejorar la imagen histórica que la sociedad santandereana tiene de sí misma, en el entendido que no es un fruto definitivo sino un producto histórico que debe ser perfeccionado.
De la colección personal de Armando Martínez Garnica.