Durante la segunda mitad del siglo XVIII comenzaron a publicarse en el Nuevo Reino de Granada los almanaques o Kalendarios manuales de los años transcurridos desde la encarnación del Señor Jesucristo. En ellos se contabilizaban los años corridos desde la creación del mundo, la ocurrencia del diluvio universal, la fundación de Roma, España y Madrid, el descubrimiento de América y la fundación de la ciudad de Santa Fe, el acto de la corrección gregoriana del calendario, el comienzo del pontificado del papa en funciones y el comienzo del reinado del católico monarca en vigencia, así como desde el comienzo de los gobiernos del virrey y del arzobispo que a la sazón administraban los gobiernos temporal y espiritual del Reino.
El Kalendario del año del Señor de 1780 circuló ampliamente en el Nuevo Reino en formato de medio pliego, suministrando información sobre los santos patrones de cada día, las fiestas movibles, témporas y de precepto que debían guardarse. Cada día de la semana se marcaba con su número y santo patrono, así como con un símbolo que señalaba los días de fiesta entera, los que podían ser trabajados con condición de oír misa antes o después de las labores, los feriados, así como los días en que se sacaban almas del Purgatorio o en que se podían ganar indulgencias plenarias si se visitaban cinco iglesias o altares, teniendo a la mano la bula de la Santa Cruzada. También se marcaban con cuatro signos los días en que empezaba una nueva fase de la luna (llena, menguante, nueva y creciente), una información muy pertinente para todos los campesinos que debían programar siembras, talas y cosechas.
Gracias a estos almanaques, que muy pronto incluyeron información sobre la ocurrencia de los eclipses y el movimiento administrativo de los tribunales de justicia, jubileos, bendiciones papales, besamanos del virrey y del arzobispo, cada día del año cobró personalidad propia entre la comunidad de los vasallos cristianos del Nuevo Reino de Granada, confiriéndole un sentido a la vida cotidiana y orientando las actividades campesinas y urbanas. Fijado en una de las
paredes de la casa de habitación, o en las manos cautelosas del jefe del hogar, cada persona interesada podía consultar a discreción el sentido de cada día y organizar su asistencia a las misas y procesiones solemnes, cumplir con el deber de salvar su propia alma y la de sus familiares fallecidos, pero también calcular las labores del campo. Incluso podía contar con la seguridad cotidiana que daba el poder contar con el apoyo celestial que daba la intercesión del santo patrono del día, a quien se podía invocar desde el alba.
Al menos dos neogranadinos se ocuparon de complementar estos almanaques con una guía de forasteros. Querían ofrecer a quienes llegaban a la sede de la Real Corte Virreinal información sobre todos los funcionarios civiles y eclesiásticos, sobre los abogados y procuradores de oficio que podían representarlos ante los estrados de la Real Audiencia o ante la Curia Arquidiocesana, y también sobre el estado administrativo y militar del Reino. Don Joaquín Durán y Díaz publicó en la capital su guía sobre el Estado general de todo el Virreinato de Santa Fe de Bogotá en el presente año de 1794, y dando cumplimiento a la comisión dada por el virrey Amar, el doctor Antonio José García de la Guardia publicó doce años después, en la Real Imprenta que administraba don Bruno Espinosa de los Monteros, su Guía de forasteros para el año de 1806. Como contador general de los diezmos y administrador de las rentas anuales del Arzobispado de Santa Fe, Durán y Díaz estaba en posición para conocer todos los curatos de su jurisdicción, los abogados y la administración política del Reino, y de cumplir así satisfactoriamente la real orden dada en 1804 para que se escribiera esta guía.
Sobre el esquema jerarquizado de distribución de los funcionarios, tanto del orden secular como del eclesiástico, pues el orden social del antiguo régimen político se fundaba en la distinción y en los privilegios jerarquizados de todos los grupos sociales, se ofrece a los docentes y estudiantes colombianos y extranjeros esta Guía de forasteros del Nuevo Reino de Granada para el año de 1810. Este fue un año especial en el Reino por el rápido cambio que acaeció desde su mes de mayo, cuando comenzó a hablarse de una transformación política originada por la mayor crisis experimentada por la monarquía de los Borbones en España y sus dominios americanos. Para ilustrar a cualquier forastero de ese entonces, esta Guía imaginaria proporciona en su primera parte una imagen burocrática general del Virreinato de Santa Fe hasta el mes de julio del año de la transformación política, y da a continuación, en su segunda parte, la imagen institucional resultante de dicho cambio en la jurisdicción de la Real Audiencia de Santa Fe.
Un agradecimiento especial debe esta Guía a los colegas que gentilmente revisaron el texto desde sus respectivas especializaciones temáticas: Santiago Díaz Piedrahita, fray Luis Carlos Mantilla Ruiz O.F.M., María Clara Guillén de Iriarte, Adelaida Sourdis Nájera, Jaime E. Rodríguez O. y Marina González Arenas. También a Gloria Rivera, Mauricio Ortiz y Dora Mafla, quienes hicieron búsquedas en varios archivos regionales.
En la primera parte de esta guía de forasteros se ha acumulado la información biográfica pertinente de cada funcionario identificado, y en la segunda parte solamente la que corresponde a los funcionarios que emergieron durante la crisis política de 1810. Se comprobará una vez más la caracterización de María Teresa Ripoll (2006), "revolución política sin renovación social", pero también se verá que existió la oportunidad para que abogados y oficiales jóvenes pudieran trepar con mayor rapidez a las posiciones burocráticas abiertas inicialmente por el proceso de la eclosión juntera y, después de 1811, por los estados provinciales que fueron erigidos en los congresos electorales y constituyentes.
Como guía de ciudadanos de hoy que se acercan a un mundo que existió hace doscientos años, se trata de una fuente de consulta para la resolución de diversas inquietudes sobre la identidad de las personas que ejercían la autoridad durante el año del comienzo del proceso de la Independencia. La conmemoración bicentenaria del proceso político que se inició en ese año de 1810 es una fuente de muchas preguntas sobre lo que aconteció en este Reino y sobre su sentido para lo que resultó después, un Estado nacional soberano de régimen republicano que se esfuerza por mantener su dominio sobre un cuerpo de ciudadanos en el concierto terrícola de más de dos centenares de pares. Para contribuir a resolver esas preguntas que se plantean hoy se ha reunido la experiencia investigativa de los cinco autores de esta imaginaria Guía de forasteros, quienes siempre tuvieron a la vista aquellos datos que habría podido consignar en ella el doctor Antonio José García de la Guardia, residente ese año en la santafereña calle del edificio de las Aulas.
Esta Guía de forasteros ha conservado el vocabulario institucional y el tono respetuoso de los vasallos cuando hablaban de los funcionarios de los órdenes secular y espiritual en el Virreinato de Santa Fe. Se trata de un quién es quién de 1810 reducido al grupo burocrático virreinal, por lo que no debe esperarse una identificación de los miles de vasallos que no ejercían la autoridad pública o eclesiástica. Sabemos de antemano que se encontrarán algunas equivocaciones
en la identificación de algunos personajes de 1810, así como muchas ausencias, derivadas no de una mala intención de los autores sino de la cantidad de fuentes aún no consultadas. Por ello convocamos a todos los jóvenes colombianos a corregir los errores y a reparar las ausencias en la circunstancia del bicentenario de la Independencia nacional. Se trata de que realicen, con el apoyo de los docentes, consultas de fuentes en las localidades en las que habitan, tales como los archivos parroquiales, municipales o históricos, para confrontar los nombres de los funcionarios públicos o eclesiásticos y completar los datos biográficos. Esta experiencia les permitirá comprobar personalmente que la ciencia histórica siempre se encuentra en construcción y modificando sus representaciones, conforme a su método de examen crítico de las fuentes disponibles para cada generación. Gracias a esas consultas locales de los jóvenes esta Guía de forasteros de 1810 se enriquecerá y depurará, hasta convertirse en una fuente de referencia general para toda persona que quiera entender de quiénes se habla cuando se conmemora el bicentenario de la Independencia.
De la colección personal de Armando Martínez Garnica.