Memoria Viva. Colección Bicentenario

Quién es quién en 1810. Guía de foras­te­ros del Virrei­nato de Santa Fe

Armando Martínez Garnica; Daniel Gutié­rrez Ardila (editores aca­dé­mi­cos)
ProcedenciaEjemplar de la colección personal del historiador Armando Martínez Garnica (Bucaramanga). Doctor en Historia por El Colegio de México y profesor emérito de la Universidad Industrial de Santander. Fue director del Archivo General de la Nación (2016-2019), dirigió la Revista de Santander y preside la Academia Colombiana de Historia.
Edición digital recompuesta de la digitalización del ejemplar impreso. Transcripción realizada página a página contra las imágenes del escaneo; los pasajes ilegibles están marcados. Recreación tipográfica que no sustituye a la edición impresa.

Pre­sen­ta­ción

Durante la segunda mitad del siglo XVIII comen­za­ron a publi­carse en el Nuevo Reino de Granada los alma­na­ques o Kalen­da­rios manuales de los años trans­cu­rri­dos desde la encar­na­ción del Señor Jesu­cristo. En ellos se con­ta­bi­li­za­ban los años corridos desde la creación del mundo, la ocu­rren­cia del diluvio uni­ver­sal, la fun­da­ción de Roma, España y Madrid, el des­cu­bri­miento de América y la fun­da­ción de la ciudad de Santa Fe, el acto de la correc­ción gre­go­riana del calen­da­rio, el comienzo del pon­ti­fi­cado del papa en fun­cio­nes y el comienzo del reinado del católico monarca en vigencia, así como desde el comienzo de los gobier­nos del virrey y del arzo­bispo que a la sazón admi­nis­tra­ban los gobier­nos temporal y espi­ri­tual del Reino.

El Kalen­da­rio del año del Señor de 1780 circuló amplia­mente en el Nuevo Reino en formato de medio pliego, sumi­nis­trando infor­ma­ción sobre los santos patrones de cada día, las fiestas movibles, témporas y de precepto que debían guar­darse. Cada día de la semana se marcaba con su número y santo patrono, así como con un símbolo que señalaba los días de fiesta entera, los que podían ser tra­ba­ja­dos con con­di­ción de oír misa antes o después de las labores, los feriados, así como los días en que se sacaban almas del Pur­ga­to­rio o en que se podían ganar indul­gen­cias ple­na­rias si se visi­ta­ban cinco iglesias o altares, teniendo a la mano la bula de la Santa Cruzada. También se marcaban con cuatro signos los días en que empezaba una nueva fase de la luna (llena, men­guante, nueva y cre­ciente), una infor­ma­ción muy per­ti­nente para todos los cam­pe­si­nos que debían pro­gra­mar siembras, talas y cosechas.

Gracias a estos alma­na­ques, que muy pronto inclu­ye­ron infor­ma­ción sobre la ocu­rren­cia de los eclipses y el movi­miento admi­nis­tra­tivo de los tri­bu­na­les de justicia, jubileos, ben­di­cio­nes papales, besa­ma­nos del virrey y del arzo­bispo, cada día del año cobró per­so­na­li­dad propia entre la comu­ni­dad de los vasallos cris­tia­nos del Nuevo Reino de Granada, con­fi­rién­dole un sentido a la vida coti­diana y orien­tando las acti­vi­da­des cam­pe­si­nas y urbanas. Fijado en una de las

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paredes de la casa de habi­ta­ción, o en las manos cau­te­lo­sas del jefe del hogar, cada persona inte­re­sada podía con­sul­tar a dis­cre­ción el sentido de cada día y orga­ni­zar su asis­ten­cia a las misas y pro­ce­sio­nes solemnes, cumplir con el deber de salvar su propia alma y la de sus fami­lia­res falle­ci­dos, pero también calcular las labores del campo. Incluso podía contar con la segu­ri­dad coti­diana que daba el poder contar con el apoyo celes­tial que daba la inter­ce­sión del santo patrono del día, a quien se podía invocar desde el alba.

Al menos dos neo­gra­na­di­nos se ocuparon de com­ple­men­tar estos alma­na­ques con una guía de foras­te­ros. Querían ofrecer a quienes llegaban a la sede de la Real Corte Virrei­nal infor­ma­ción sobre todos los fun­cio­na­rios civiles y ecle­siás­ti­cos, sobre los abogados y pro­cu­ra­do­res de oficio que podían repre­sen­tar­los ante los estrados de la Real Audien­cia o ante la Curia Arqui­dio­ce­sana, y también sobre el estado admi­nis­tra­tivo y militar del Reino. Don Joaquín Durán y Díaz publicó en la capital su guía sobre el Estado general de todo el Virrei­nato de Santa Fe de Bogotá en el presente año de 1794, y dando cum­pli­miento a la comisión dada por el virrey Amar, el doctor Antonio José García de la Guardia publicó doce años después, en la Real Imprenta que admi­nis­traba don Bruno Espinosa de los Monteros, su Guía de foras­te­ros para el año de 1806. Como contador general de los diezmos y admi­nis­tra­dor de las rentas anuales del Arzo­bis­pado de Santa Fe, Durán y Díaz estaba en posición para conocer todos los curatos de su juris­dic­ción, los abogados y la admi­nis­tra­ción política del Reino, y de cumplir así satis­fac­to­ria­mente la real orden dada en 1804 para que se escri­biera esta guía.

Sobre el esquema jerar­qui­zado de dis­tri­bu­ción de los fun­cio­na­rios, tanto del orden secular como del ecle­siás­tico, pues el orden social del antiguo régimen político se fundaba en la dis­tin­ción y en los pri­vi­le­gios jerar­qui­za­dos de todos los grupos sociales, se ofrece a los docentes y estu­dian­tes colom­bia­nos y extran­je­ros esta Guía de foras­te­ros del Nuevo Reino de Granada para el año de 1810. Este fue un año especial en el Reino por el rápido cambio que acaeció desde su mes de mayo, cuando comenzó a hablarse de una trans­for­ma­ción política ori­gi­nada por la mayor crisis expe­ri­men­tada por la monar­quía de los Borbones en España y sus dominios ame­ri­ca­nos. Para ilustrar a cual­quier foras­tero de ese entonces, esta Guía ima­gi­na­ria pro­por­ciona en su primera parte una imagen buro­crá­tica general del Virrei­nato de Santa Fe hasta el mes de julio del año de la trans­for­ma­ción política, y da a con­ti­nua­ción, en su segunda parte, la imagen ins­ti­tu­cio­nal resul­tante de dicho cambio en la juris­dic­ción de la Real Audien­cia de Santa Fe.

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Pre­sen­ta­ción

Un agra­de­ci­miento especial debe esta Guía a los colegas que gen­til­mente revi­sa­ron el texto desde sus res­pec­ti­vas espe­cia­li­za­cio­nes temá­ti­cas: Santiago Díaz Pie­dra­hita, fray Luis Carlos Mantilla Ruiz O.F.M., María Clara Guillén de Iriarte, Adelaida Sourdis Nájera, Jaime E. Rodrí­guez O. y Marina González Arenas. También a Gloria Rivera, Mauricio Ortiz y Dora Mafla, quienes hicieron bús­que­das en varios archivos regio­na­les.

En la primera parte de esta guía de foras­te­ros se ha acu­mu­lado la infor­ma­ción bio­grá­fica per­ti­nente de cada fun­cio­na­rio iden­ti­fi­cado, y en la segunda parte sola­mente la que corres­ponde a los fun­cio­na­rios que emer­gie­ron durante la crisis política de 1810. Se com­pro­bará una vez más la carac­te­ri­za­ción de María Teresa Ripoll (2006), "revo­lu­ción política sin reno­va­ción social", pero también se verá que existió la opor­tu­ni­dad para que abogados y ofi­cia­les jóvenes pudieran trepar con mayor rapidez a las posi­cio­nes buro­crá­ti­cas abiertas ini­cial­mente por el proceso de la eclosión juntera y, después de 1811, por los estados pro­vin­cia­les que fueron erigidos en los con­gre­sos elec­to­ra­les y cons­ti­tu­yen­tes.

Como guía de ciu­da­da­nos de hoy que se acercan a un mundo que existió hace dos­cien­tos años, se trata de una fuente de consulta para la reso­lu­ción de diversas inquie­tu­des sobre la iden­ti­dad de las personas que ejercían la auto­ri­dad durante el año del comienzo del proceso de la Inde­pen­den­cia. La con­me­mo­ra­ción bicen­te­na­ria del proceso político que se inició en ese año de 1810 es una fuente de muchas pre­gun­tas sobre lo que acon­te­ció en este Reino y sobre su sentido para lo que resultó después, un Estado nacional soberano de régimen repu­bli­cano que se esfuerza por mantener su dominio sobre un cuerpo de ciu­da­da­nos en el con­cierto terrí­cola de más de dos cen­te­na­res de pares. Para con­tri­buir a resolver esas pre­gun­tas que se plantean hoy se ha reunido la expe­rien­cia inves­ti­ga­tiva de los cinco autores de esta ima­gi­na­ria Guía de foras­te­ros, quienes siempre tuvieron a la vista aquellos datos que habría podido con­sig­nar en ella el doctor Antonio José García de la Guardia, resi­dente ese año en la san­ta­fe­reña calle del edificio de las Aulas.

Esta Guía de foras­te­ros ha con­ser­vado el voca­bu­la­rio ins­ti­tu­cio­nal y el tono res­pe­tuoso de los vasallos cuando hablaban de los fun­cio­na­rios de los órdenes secular y espi­ri­tual en el Virrei­nato de Santa Fe. Se trata de un quién es quién de 1810 reducido al grupo buro­crá­tico virrei­nal, por lo que no debe espe­rarse una iden­ti­fi­ca­ción de los miles de vasallos que no ejercían la auto­ri­dad pública o ecle­siás­tica. Sabemos de antemano que se encon­tra­rán algunas equi­vo­ca­cio­nes

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en la iden­ti­fi­ca­ción de algunos per­so­na­jes de 1810, así como muchas ausen­cias, deri­va­das no de una mala inten­ción de los autores sino de la cantidad de fuentes aún no con­sul­ta­das. Por ello con­vo­ca­mos a todos los jóvenes colom­bia­nos a corregir los errores y a reparar las ausen­cias en la cir­cuns­tan­cia del bicen­te­na­rio de la Inde­pen­den­cia nacional. Se trata de que realicen, con el apoyo de los docentes, con­sul­tas de fuentes en las loca­li­da­des en las que habitan, tales como los archivos parro­quia­les, muni­ci­pa­les o his­tó­ri­cos, para con­fron­tar los nombres de los fun­cio­na­rios públicos o ecle­siás­ti­cos y com­ple­tar los datos bio­grá­fi­cos. Esta expe­rien­cia les per­mi­tirá com­pro­bar per­so­nal­mente que la ciencia his­tó­rica siempre se encuen­tra en cons­truc­ción y modi­fi­cando sus repre­sen­ta­cio­nes, conforme a su método de examen crítico de las fuentes dis­po­ni­bles para cada gene­ra­ción. Gracias a esas con­sul­tas locales de los jóvenes esta Guía de foras­te­ros de 1810 se enri­que­cerá y depurará, hasta con­ver­tirse en una fuente de refe­ren­cia general para toda persona que quiera entender de quiénes se habla cuando se con­me­mora el bicen­te­na­rio de la Inde­pen­den­cia.

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Ex libris de Armando Martínez Garnica: las tres plumas del Príncipe de Gales sobre una corona, con el lema «Ich Dien» y su nombre manuscrito.

De la colección personal de Armando Martínez Garnica.