La historia de los orígenes de los poblamientos urbanos que hoy en día constituyen las cabeceras de los siete municipios de la provincia de Mares pretende situar a cada uno de ellos en el proyecto peculiar que produjo la traza rectangular alrededor de una plaza pública presidida por la iglesia y la casa cural. Se ha querido así mostrar que cada municipio, la forma político-administrativa básica que rige los poblamientos desde la adopción de la Carta Constitucional de 1886 tuvo un proyecto original distinto y una operación jurídica peculiar. Se ha incluido en este tomo al municipio de Sabana de Torres, pese a su tradicional adscripción a la Provincia de Soto, porque su desarrollo y localización lo han acercado a las características provinciales de Mares.
En la actual provincia de Mares no fue fundada ciudad alguna en el siglo de la conquista, como tampoco fueron erigidas villas. Todos los poblamientos urbanos empezaron como simples parroquias de colonos, si bien las aldeas de colonos posteriores a la Regeneración de 1886 debieron empezar por el moderno sistema de las municipalidades. Entender el proceso legal que hizo de cada trazo urbano un ente público o eclesiástico es el propósito de este trabajo, centrado en los orígenes de lo que hoy se llaman genéricamente municipios.
Las características geográficas y la vida económica en los territorios municipales, cuya especificidad puede buscarse en el Instituto Geográfico "Agustín Codazzi" o en el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, no deben ser buscadas en estas monografías. Aquí se ha intentado comprender el proceso social y político que le dio fisonomía político-administrativa a los asentamientos concentrados de los colonos de todas las épocas, una vez que se decidieron a darle un escenario urbanizado, así fuese solamente en los días de misa mayor, a las vidas de sus familias.
Este intento tiene un antecedente directo en dos esfuerzos realizados para relatar conjuntamente las historias locales como parte de la entidad llamada Magdalena Medio. El primero fue coordinado por Amparo Murillo Posada y congregó a cuatro investigadores más de la Universidad de Antioquia que produjeron en 1991 el documento titulado Historia y cultura en la región del Magdalena Medio. El segundo se debe a Alejo Vargas Velásquez, quien ampliando aún más la cobertura geográfica de la entidad llamada Magdalena Medio santandereano, produjo en 1992 el trabajo titulado Colonización y conflicto armado.
Siendo una provincia constituida como tal apenas en los años cuarenta de este siglo, gracias a la expansión económica de la industria petrolera asentada en Infantas, Barrancabermeja y El Centro, sólo unas pocas
monografías locales de Barrancabermeja han intentado ampliar la mirada hacia el entorno provincial. Tal es el caso del ensayo de Jacques Aprile-Gniset titulado Génesis de Barrancabermeja (1991). La historia de los poblamientos de la cordillera tiene una tradición más antigua, pues las parroquias que constituyeron durante algún tiempo la provincia de Zapatoca fueron estudiadas por fray Enrique Báez, O.P., quien recorrió desde 1943 decenas de archivos notariales y parroquiales de Santander para escribir la historia de todas las parroquias puestas a su alcance. El padre Báez nació en Soatá el 26 de enero de 1878 y se ordenó sacerdote el 6 de julio de 1903. Su interés por la historia comenzó muy temprano en su vida, pero se acrecentó en 1929 con ocasión de su viaje a Europa como asistente a un Capítulo General de la Orden de Predicadores. En ese entonces pudo husmear en los papeles de los archivos de Sevilla y Valencia que sellaron su indeclinable pasión por la lectura de documentos de archivo. A su regreso al país no paró de registrar todos los archivos que pudo, en especial los localizados en los de los municipios de Santander. Su huella, estampada con lápices rojos y azules ("Baeza"), puede encontrarse por doquier en dichos archivos.
Otro importante esfuerzo por relatar colectivamente las historias de los poblamientos de la provincia de Mares fue realizado en 1947 por don Mario Galán Gómez, cuya Geografía económica de Santander ameritaría una puesta al día de tan vigoroso esfuerzo intelectual. También el presbítero Isaías Ardila Díaz, en su monografía de su pueblo natal, Zapatoca (1988), amplió la mirada hacia los poblamientos que resultaron de la expansión de la frontera agraria de dicha parroquia. En su trabajo sobre La inmigración alemana al Estado Soberano de Santander en el siglo XIX, Horacio Rodríguez Plata mostró algunos aspectos de la colonización del Magdalena Medio durante el siglo pasado. Recientemente, Manuel Bayona y Judith Niño realizaron una tesis titulada Del camino de Paturia al ferrocarril de Santander, en la cual examinaron con detalle los aspectos empresariales de la construcción de la ruta hacia el Magdalena por la ciénaga de Paturia, y Diana L. Jaimes examinó un aspecto más puntual al realizar su trabajo de grado sobre el tema Trabajadores ferroviarios y conflicto social en Santander (1926-1930). Levantamiento de la Gómez en 1929.
A esos esfuerzos habría que agregar los antiguos, empezando por un cura de Mogotes, Basilio Vicente de Oviedo, quien en sus Cualidades y riquezas del Nuevo Reino de Granada ofreció en 1763 a sus colegas un conjunto de noticias sobre la población y las rentas de todos los curatos de las provincias del Socorro y San Gil, manual muy útil a la hora de escoger un beneficio eclesiástico. Después de él hemos de resaltar los trabajos de la Comisión Corográfica que dirigió Agustín Codazzi, pues en su Jeografía física i política de las provincias de la Nueva Granada que fue publicada en 1856 se dio una imagen general de la provincia del Socorro que incluyó al cantón de Zapatoca, complementada por las observaciones de don Manuel Ancízar en su Peregrinación de Alpha. En esta perspectiva geográfica hay que agregar la Geografía especial del Estado de Santander que en 1880 publicó Eladio Mantilla para el servicio de los escolares de los colegios del Socorro, Piedecuesta, Zapatoca y Vélez.
La idea de escribir estas monografías fue originalmente propuesta a los autores por el ingeniero Luis Alvaro Mejía, quien desde la dirección de la Secretaría de Cultura, Turismo y Recreación de Santander firmó los contratos necesarios con la Universidad Industrial de Santander, imaginando que así se daba el primer paso en el intento de actualizar la vieja Geografía Económica escrita por don Mario Galán Gómez. Su sucesor en la mencionada Secretaría, el ingeniero Gabriel Hernández Gómez, renovó el entusiasmo original por el proyecto. Por otra parte, fray Pedro José Díaz, provincial de la Orden de Predicadores, concedió todas las facilidades para utilizar la obra inédita del padre Báez, en el convencimiento de que su esfuerzo no debería quedar olvidado.
Bajo la dirección del doctor Armando Martínez Garnica se organizó en el Centro de Documentación e Investigación Histórica Regional de la UIS un equipo de investigadores, conformado por los profesores William Buendía Acevedo, Amado Antonio Guerrero Rincón, Jairo Gutiérrez Ramos, y Juan Alberto Rueda Cardozo. Como auxiliar de investigación fue convocado el señor Arturo Moncada, quien contribuyó decididamente a recolectar información en algunos sitios de la provincia e incluso a elaborar un texto preliminar. Los textos finales fueron elaborados por los profesores de la Escuela de Historia, Armando Martínez Garnica y Juan Alberto Rueda Cardozo.
Los primeros resultados que están a la vista pretenden mejorar la imagen histórica que la sociedad santandereana tiene de sí misma, en el entendido que no es un fruto definitivo sino un producto histórico que debe ser perfeccionado. Un agradecimiento especial debemos a los profesores de la Universidad de la Paz Germán Plata y Rigoberto Rueda, quienes propiciaron una primera divulgación de estos resultados.
De la colección personal de Armando Martínez Garnica.