Colección de Historia Regional. Escuela de Historia UIS

La Pro­vin­cia de Guanentá. Orígenes de sus pobla­mien­tos urbanos

Amado Antonio Guerrero Rincón; Armando Martínez Garnica
ProcedenciaEjemplar de la colección personal del historiador Armando Martínez Garnica (Bucaramanga). Doctor en Historia por El Colegio de México y profesor emérito de la Universidad Industrial de Santander. Fue director del Archivo General de la Nación (2016-2019), dirigió la Revista de Santander y preside la Academia Colombiana de Historia.
Edición digital recompuesta de la digitalización del ejemplar impreso. Transcripción realizada página a página contra las imágenes del escaneo; los pasajes ilegibles están marcados. Recreación tipográfica que no sustituye a la edición impresa.

PRE­SEN­TA­CIÓN

La historia de los orígenes de los pobla­mien­tos urbanos que hoy en día cons­ti­tu­yen las cabe­ce­ras de los die­ci­séis muni­ci­pios de la pro­vin­cia de Los Comu­ne­ros pretende situar a cada uno de ellos en el proyecto espe­cí­fico que produjo la traza rec­tan­gu­lar, alre­de­dor de una plaza pública, pre­si­dida por la iglesia y la casa cural. Se ha querido así mostrar que cada muni­ci­pio, la forma político-admi­nis­tra­tiva básica que rige los pobla­mien­tos desde la adopción de la Carta Cons­ti­tu­cio­nal de 1886, tuvo un proyecto original distinto y una ope­ra­ción jurídica peculiar.

Este trabajo, La Pro­vin­cia de los Comu­ne­ros: Orígenes de sus Pobla­mien­tos Urbanos, tiene como objetivo prin­ci­pal la des­crip­ción de los procesos sociales, polí­ti­cos y jurídico-civiles o canó­ni­cos, que posi­bi­li­ta­ron la con­fi­gu­ra­ción formal de los muni­ci­pios actuales; pres­tando especial atención al papel desem­pe­ñado por sus pro­mo­to­res, bien fueran fun­cio­na­rios reales, curas, clérigos, hacen­da­dos o simples cam­pe­si­nos, sobre quienes recayó espe­cial­mente la finan­cia­ción de la infra­es­truc­tura básica nece­sa­ria para lograr la erección de las parro­quias: iglesia, casa cural, cárcel, orna­men­tos para el templo y el ejer­ci­cio de los oficios reli­gio­sos, además de la congrua res­pec­tiva.

Para la eje­cu­ción del trabajo se partió de la base del reco­no­ci­miento de la jerar­qui­za­ción de los pobla­mien­tos, impuesta por la legis­la­ción española, en especial lo dis­puesto para la for­ma­li­za­ción de los pueblos de indios, villas y parro­quias, que fue lo que bási­ca­mente se dio en la actual pro­vin­cia comunera. Estos modelos de pobla­miento se corres­pon­den direc­ta­mente, en su tem­po­ra­li­dad, con los procesos sociales desen­ca­de­na­dos por las trans­for­ma­cio­nes en la estruc­tura pobla­cio­nal y en las bases eco­nó­mi­cas que sus­ten­ta­ban el desa­rro­llo de la región. Así entonces, la fun­da­ción de los pueblos de indios, típicos de comien­zos del siglo XVII, es la res­puesta a una profunda crisis demo­grá­fica de la pobla­ción indígena y a los esfuer­zos de la política colonial, por tratar de pre­ser­var estas comu­ni­da­des; a la vez que reor­ga­ni­zar la uti­li­za­ción de la fuerza de trabajo indígena, esta­ble­ciendo nuevos meca­nis­mos para acceder a ella. El esta­ble­ci­miento de las villas, y las disputas que originó su fun­da­ción, tienen plena corres­pon­den­cia con el afian­za­miento de la pobla­ción blanca y mestiza, así como con la con­so­li­da­ción eco­nó­mica de sus fortunas; siendo nece­sa­rio entonces acercar los meca­nis­mos de justicia para la reso­lu­ción de los con­flic­tos que tal proceso generaba, a la vez que obtener los

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mere­ci­mien­tos y reco­no­ci­mien­tos que se deri­va­ban de un ascenso en el estatus del pobla­miento colonial. El modelo de pobla­miento parro­quial, fue impul­sado bási­ca­mente por comu­ni­da­des cam­pe­si­nas mestizas que no encon­tra­ban asiento ni en los pueblos de indios ni tampoco en el estrecho ámbito de la villa, por ello, una tras otra, se asentó urba­na­mente en todo el paisaje rural de la pro­vin­cia comunera.

En la actual pro­vin­cia de Los Comu­ne­ros sólo pudo fundarse, y a costa de muchos sin­sa­bo­res y esfuer­zos, una sola villa: la de Nuestra Señora del Socorro. Todos los demás pobla­mien­tos comen­za­ron bien como pueblos de indios dotados de tierras res­guar­da­das, como Oiba y Suaita; o bien como parro­quias de feli­gre­ses blancos y mestizos, como Socorro, Gua­da­lupe, Simacota, Confines, el Hato, etc. A excep­ción del vecin­da­rio de la parro­quia de Nuestra Señora del Socorro, separado ori­gi­nal­mente de la feli­gre­sía de la doctrina del pueblo de indios de Chanchón, ningún otro empren­dió el proyecto de ascender al rango de villa. Lo normal en esta pro­vin­cia fue el pobla­miento parro­quial, así como fue un caso jurídico anómalo y fallido el intento de los soco­rra­nos por cons­ti­tuirse en ciudad al comenzar el siglo XVIII. La legis­la­ción repu­bli­cana no intro­dujo en esta pro­vin­cia novedad alguna, pues el orde­na­miento terri­to­rial de 1824 sólo confirmó al Socorro su con­di­ción de villa y a los demás vecin­da­rios su con­di­ción de dis­tri­tos parro­quia­les. Quizá la única inno­va­ción fue el cambio de nombre del distrito de La Robada por el de Galán, en el año del primer cen­te­na­rio con­me­mo­ra­tivo de la insu­rrec­ción de los comu­ne­ros, un acon­te­ci­miento que impregna sig­ni­fi­ca­ti­va­mente el ima­gi­na­rio colec­tivo de las gentes de esta impor­tante pro­vin­cia san­tan­de­re­ana.

El nombre de Los Comu­ne­ros rememora el evento de 1781 que invo­lu­cró a la sociedad cam­pe­sina y a los comer­cian­tes en una activa protesta contra las nuevas polí­ti­cas fiscales y sociales del Estado metro­po­li­tano español. La inter­pre­ta­ción patrió­tica del hecho, un fruto de los his­to­ria­do­res del siglo pasado, pre­do­mina en la actual repre­sen­ta­ción mental de sus gentes: esta pro­vin­cia habría sido el pedernal de donde saltó "la chispa de la eman­ci­pa­ción nacional". Esta inven­ción repu­bli­cana, como su mismo nombre, no debe hacernos olvidar que en el siglo XVIII y buena parte del XIX esta pro­vin­cia fue mejor conocida como Pro­vin­cia del Socorro, que después de la reforma del Corre­gi­miento de Tunja (1795) sig­ni­fi­caba la juris­dic­ción conjunta sobre las pro­vin­cias del Socorro, San Gil y Vélez. De este modo, "los soco­rra­nos" repre­sen­ta­ron en esa época "un modo de ser", carac­te­ri­zado por José María Samper como el de "los cata­la­nes de la repú­blica".

Pese a la pre­e­mi­nen­cia de la villa del Socorro sobre las parro­quias de su pro­vin­cia, todas tri­bu­ta­rias de su mercado semanal, el movi­miento igua­li­ta­rio de la pro­puesta muni­ci­pa­lista terminó con la jerar­qui­za­ción de estos pobla­mien­tos: un decreto emitido en 1887 por el gober­na­dor Ale­jan­dro Peña Solano, conforme a las direc­tri­ces de la Cons­ti­tu­ción Nacional aprobada en 1886, igualó a todos estos pobla­mien­tos en la calidad de muni­ci­pios. Aquí se ha inten­tado com­pren­der entonces el proceso social y político que le dio fiso­no­mía político-admi­nis­tra­tiva a los asen­ta­mien­tos con­cen­tra­dos de los colonos de todas las épocas, una vez que se deci­die­ron a darle un esce­na­rio urba­ni­zado, así fuese sola­mente en los días de misa mayor, a las vidas de sus familias.

Este intento tiene un ante­ce­dente directo en la obra inédita de fray Enrique Báez, O.P¹., reli­gioso dominico que desde 1943 comenzó un reco­rrido por decenas de archivos nota­ria­les y parro­quia­les de Boyacá y San­tan­der para escribir la historia de todas las parro­quias puestas a su alcance. En 1943 el padre Báez firmó un contrato con el Concejo Muni­ci­pal de Vélez para estudiar el Archivo de la Notaría Primera de dicho muni­ci­pio y escribir una mono­gra­fía his­tó­rica sobre los hechos y las gentes de Vélez. El contrato se legalizó ante el gober­na­dor de San­tan­der y el Concejo se obligó a pagarle al padre 250 pesos por el trabajo. Con dos secre­ta­rios, el padre Báez trabajó un año en dicho archivo notarial y luego en su homólogo del Socorro, con­ti­nuando sus pes­qui­sas en el actual archivo dio­ce­sano de San Gil-Socorro y en el parro­quial del Socorro. Su trabajo sobre­pasó así el objetivo pro­puesto y por ello resultó no sólo la mono­gra­fía de Vélez, sino también la de San Gil y sesenta y seis parro­quias san­tan­de­re­a­nas.

¹El padre Báez nació en Soatá el 26 de enero de 1878 y se ordenó sacer­dote el 6 de julio de 1903. Su interés por la historia comenzó muy temprano en su vida, pero se acre­centó en 1929 con ocasión de su viaje a Europa como asis­tente a un Capítulo General de la Orden de Pre­di­ca­do­res. En ese entonces pudo husmear en los papeles de los archivos de Sevilla y Valencia que sellaron su inde­cli­na­ble pasión por la lectura de docu­men­tos de archivo. A su regreso al país no paró de regis­trar todos los archivos que pudo, en especial los loca­li­za­dos en los de los muni­ci­pios de San­tan­der. Su huella, estam­pada con lápices rojos y azules ("Baeza"), puede encon­trarse por doquier en dichos archivos. Su método de orde­na­miento de las miles de noticias que reco­lectó durante 36 años en los archivos es el cro­no­ló­gico simple, pero su interés por todas las cosas de los hombres y de su Orden hacen que sus 23 tomos inéditos, titu­la­dos gené­ri­ca­mente La Orden Domi­ni­cana en Colombia, sean una rica fuente de datos para el his­to­ria­dor. Los tomos espe­cí­fi­ca­mente dedi­ca­dos a las mono­gra­fías parro­quia­les son los nume­ra­dos del 12 al 19, de los cuales hemos con­sul­tado con especial detalle los tomos 15, 16, 17, 18 corres­pon­dien­tes a las Parro­quias de San­tan­der del Sur.

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Un segundo esfuerzo por relatar colec­ti­va­mente las his­to­rias de los pobla­mien­tos de la pro­vin­cia de los Comu­ne­ros fue rea­li­zado en 1947 por don Mario Galán Gómez, cuya Geo­gra­fía Eco­nó­mica de San­tan­der ame­ri­ta­ría una puesta al día de tan vigoroso esfuerzo inte­lec­tual. A estos esfuer­zos recien­tes habría que agregar los antiguos, empe­zando por un cura de Mogotes, Basilio Vicente de Oviedo, quien en sus Cua­li­da­des y riquezas del Nuevo Reino de Granada ofreció en 1763 a sus colegas un conjunto de noticias sobre la pobla­ción y las rentas de todos los curatos de la pro­vin­cia de Vélez. Después de él hemos de resaltar los trabajos de la Comisión Coro­grá­fica que dirigió Agustín Codazzi, pues en su Jeo­gra­fía física i política de las pro­vin­cias de la Nueva Granada que fue publi­cada en 1856 se dio una imagen general de la pro­vin­cia de Vélez, bri­llán­te­mente com­ple­men­tada por las obser­va­cio­nes de don Manuel Ancízar en su Pere­gri­na­ción de Alpha. En esta pers­pec­tiva geo­grá­fica hay que agregar la Geo­gra­fía especial del Estado de San­tan­der que en 1880 publicó Eladio Mantilla para el servicio de los esco­la­res de los colegios del Socorro y Vélez. También debe men­cio­narse la obra del pres­bí­tero Isaías Ardila Díaz, quien unió a su largo pere­gri­nar por buena parte de las parro­quias aquí rese­ña­das, la escri­tura paciente de un grupo de estudios sobre las parro­quias de sus desvelos: Zapatoca, San Gil, Mogotes, Guane, La Fuente, Galán, Pinchote y otras. Algunas infor­ma­cio­nes fueron tomadas de los textos del desa­pa­re­cido his­to­ria­dor Juan de Dios Arias, quien salió de su parro­quia de Mogotes a educar una gene­ra­ción de buman­gue­ses. También debe men­cio­narse la obra de los propios his­to­ria­do­res soco­rra­nos, enca­be­za­dos por los falle­ci­dos Horacio Rodrí­guez Plata y Ramiro Gómez Rodrí­guez, que en variados textos se ocuparon del pobla­miento y acon­te­ci­mien­tos de su patria chica. La devoción a Nuestra Señora del Socorro, imagen central del impo­nente templo soco­rrano, ha llamado la atención de los sacer­do­tes Jaime García Ortiz (Señora del mazo y soberana del Socorro, 1970) y José Restrepo Posada.

La idea de escribir estas mono­gra­fías fue ori­gi­nal­mente pro­puesta a los autores por el inge­niero Luis Álvaro Mejía, quien desde la direc­ción de la Secre­ta­ría de Cultura, Turismo y Recre­a­ción de San­tan­der firmó los con­tra­tos nece­sa­rios con la Uni­ver­si­dad Indus­trial de San­tan­der, ima­gi­nando que así se daba el primer paso en el intento de actua­li­zar la vieja Geo­gra­fía Eco­nó­mica escrita por don Mario Galán Gómez. Su sucesor en la men­cio­nada Secre­ta­ría, el inge­niero Gabriel Her­nán­dez Gómez, renovó el entu­siasmo original por el proyecto. Por otra parte, fray Pedro José Díaz, pro­vin­cial de la Orden de Pre­di­ca­do­res, concedió todas las faci­li­da­des para copiar la obra inédita del padre Báez, en el con­ven­ci­miento de que su esfuerzo no debería quedar olvidado. Un com­pa­ñero de su misma Orden, monseñor Leonardo Gómez Serna, actual Obispo de San Gil y Socorro, con­tri­buyó resuel­ta­mente con esta inves­ti­ga­ción al per­mi­tir­nos micro­fil­mar el fondo Erec­cio­nes Parro­quia­les del Archivo de la Curia Dio­ce­sana, fuente obligada para quien se interese por esta pro­vin­cia. Infor­tu­na­da­mente, el pres­bí­tero Isaías Ardila Díaz falleció antes de concluir su trabajo his­tó­rico sobre todas las pro­vin­cias de la diócesis men­cio­nada, que hubiera podido com­ple­tar la infor­ma­ción que aquí ofre­ce­mos al lector.

Bajo la direc­ción del doctor Armando Martínez Garnica se organizó en el Centro de Docu­men­ta­ción e Inves­ti­ga­ción His­tó­rica Regional, de la Escuela de Historia de la UIS, un equipo de inves­ti­ga­do­res, con­for­mado por los pro­fe­so­res William Buendía Acevedo, Amado Antonio Guerrero Rincón, Jairo Gutié­rrez Ramos y Juan Alberto Rueda Cardozo, quienes revi­sa­ron toda la docu­men­ta­ción dis­po­ni­ble para escribir las mono­gra­fías par­ti­cu­la­res y la historia básica de la pro­vin­cia de Los Comu­ne­ros. Fueron con­vo­ca­das como auxi­lia­res de inves­ti­ga­ción la his­to­ria­dora Carmen Adriana Ferreira, Jac­que­line Blanco Blanco, así como el profesor Hugo Franco Gómez, quienes con­tri­bu­ye­ron a reco­lec­tar infor­ma­ción en diversos archivos. La his­to­ria­dora Carmen Adriana Ferreira Esparza con­tri­buyó deci­di­da­mente a redactar algunos textos pre­li­mi­na­res. El docu­mento final de esta pro­vin­cia fue ela­bo­rado por los pro­fe­so­res Amado Antonio Guerrero Rincón y Armando Martínez Garnica.

El resul­tado que está a la vista pretende mejorar la imagen his­tó­rica que la sociedad san­tan­de­re­ana y la comu­ni­dad comunera tienen de sí misma, con­tri­bu­yendo a fun­da­men­tar su sentido de iden­ti­dad y per­te­nen­cia. Por supuesto, no es un fruto defi­ni­tivo sino un producto his­tó­rico que debe ser per­fec­cio­nado. Espe­ra­mos que su divul­ga­ción con­tri­buya al logro de los fines pre­vis­tos por sus autores y patro­ci­na­do­res.

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Ex libris de Armando Martínez Garnica: las tres plumas del Príncipe de Gales sobre una corona, con el lema «Ich Dien» y su nombre manuscrito.

De la colección personal de Armando Martínez Garnica.