La historia de los orígenes de los poblamientos urbanos que hoy en día constituyen las cabeceras de los dieciséis municipios de la provincia de Los Comuneros pretende situar a cada uno de ellos en el proyecto específico que produjo la traza rectangular, alrededor de una plaza pública, presidida por la iglesia y la casa cural. Se ha querido así mostrar que cada municipio, la forma político-administrativa básica que rige los poblamientos desde la adopción de la Carta Constitucional de 1886, tuvo un proyecto original distinto y una operación jurídica peculiar.
Este trabajo, La Provincia de los Comuneros: Orígenes de sus Poblamientos Urbanos, tiene como objetivo principal la descripción de los procesos sociales, políticos y jurídico-civiles o canónicos, que posibilitaron la configuración formal de los municipios actuales; prestando especial atención al papel desempeñado por sus promotores, bien fueran funcionarios reales, curas, clérigos, hacendados o simples campesinos, sobre quienes recayó especialmente la financiación de la infraestructura básica necesaria para lograr la erección de las parroquias: iglesia, casa cural, cárcel, ornamentos para el templo y el ejercicio de los oficios religiosos, además de la congrua respectiva.
Para la ejecución del trabajo se partió de la base del reconocimiento de la jerarquización de los poblamientos, impuesta por la legislación española, en especial lo dispuesto para la formalización de los pueblos de indios, villas y parroquias, que fue lo que básicamente se dio en la actual provincia comunera. Estos modelos de poblamiento se corresponden directamente, en su temporalidad, con los procesos sociales desencadenados por las transformaciones en la estructura poblacional y en las bases económicas que sustentaban el desarrollo de la región. Así entonces, la fundación de los pueblos de indios, típicos de comienzos del siglo XVII, es la respuesta a una profunda crisis demográfica de la población indígena y a los esfuerzos de la política colonial, por tratar de preservar estas comunidades; a la vez que reorganizar la utilización de la fuerza de trabajo indígena, estableciendo nuevos mecanismos para acceder a ella. El establecimiento de las villas, y las disputas que originó su fundación, tienen plena correspondencia con el afianzamiento de la población blanca y mestiza, así como con la consolidación económica de sus fortunas; siendo necesario entonces acercar los mecanismos de justicia para la resolución de los conflictos que tal proceso generaba, a la vez que obtener los
merecimientos y reconocimientos que se derivaban de un ascenso en el estatus del poblamiento colonial. El modelo de poblamiento parroquial, fue impulsado básicamente por comunidades campesinas mestizas que no encontraban asiento ni en los pueblos de indios ni tampoco en el estrecho ámbito de la villa, por ello, una tras otra, se asentó urbanamente en todo el paisaje rural de la provincia comunera.
En la actual provincia de Los Comuneros sólo pudo fundarse, y a costa de muchos sinsabores y esfuerzos, una sola villa: la de Nuestra Señora del Socorro. Todos los demás poblamientos comenzaron bien como pueblos de indios dotados de tierras resguardadas, como Oiba y Suaita; o bien como parroquias de feligreses blancos y mestizos, como Socorro, Guadalupe, Simacota, Confines, el Hato, etc. A excepción del vecindario de la parroquia de Nuestra Señora del Socorro, separado originalmente de la feligresía de la doctrina del pueblo de indios de Chanchón, ningún otro emprendió el proyecto de ascender al rango de villa. Lo normal en esta provincia fue el poblamiento parroquial, así como fue un caso jurídico anómalo y fallido el intento de los socorranos por constituirse en ciudad al comenzar el siglo XVIII. La legislación republicana no introdujo en esta provincia novedad alguna, pues el ordenamiento territorial de 1824 sólo confirmó al Socorro su condición de villa y a los demás vecindarios su condición de distritos parroquiales. Quizá la única innovación fue el cambio de nombre del distrito de La Robada por el de Galán, en el año del primer centenario conmemorativo de la insurrección de los comuneros, un acontecimiento que impregna significativamente el imaginario colectivo de las gentes de esta importante provincia santandereana.
El nombre de Los Comuneros rememora el evento de 1781 que involucró a la sociedad campesina y a los comerciantes en una activa protesta contra las nuevas políticas fiscales y sociales del Estado metropolitano español. La interpretación patriótica del hecho, un fruto de los historiadores del siglo pasado, predomina en la actual representación mental de sus gentes: esta provincia habría sido el pedernal de donde saltó "la chispa de la emancipación nacional". Esta invención republicana, como su mismo nombre, no debe hacernos olvidar que en el siglo XVIII y buena parte del XIX esta provincia fue mejor conocida como Provincia del Socorro, que después de la reforma del Corregimiento de Tunja (1795) significaba la jurisdicción conjunta sobre las provincias del Socorro, San Gil y Vélez. De este modo, "los socorranos" representaron en esa época "un modo de ser", caracterizado por José María Samper como el de "los catalanes de la república".
Pese a la preeminencia de la villa del Socorro sobre las parroquias de su provincia, todas tributarias de su mercado semanal, el movimiento igualitario de la propuesta municipalista terminó con la jerarquización de estos poblamientos: un decreto emitido en 1887 por el gobernador Alejandro Peña Solano, conforme a las directrices de la Constitución Nacional aprobada en 1886, igualó a todos estos poblamientos en la calidad de municipios. Aquí se ha intentado comprender entonces el proceso social y político que le dio fisonomía político-administrativa a los asentamientos concentrados de los colonos de todas las épocas, una vez que se decidieron a darle un escenario urbanizado, así fuese solamente en los días de misa mayor, a las vidas de sus familias.
Este intento tiene un antecedente directo en la obra inédita de fray Enrique Báez, O.P¹., religioso dominico que desde 1943 comenzó un recorrido por decenas de archivos notariales y parroquiales de Boyacá y Santander para escribir la historia de todas las parroquias puestas a su alcance. En 1943 el padre Báez firmó un contrato con el Concejo Municipal de Vélez para estudiar el Archivo de la Notaría Primera de dicho municipio y escribir una monografía histórica sobre los hechos y las gentes de Vélez. El contrato se legalizó ante el gobernador de Santander y el Concejo se obligó a pagarle al padre 250 pesos por el trabajo. Con dos secretarios, el padre Báez trabajó un año en dicho archivo notarial y luego en su homólogo del Socorro, continuando sus pesquisas en el actual archivo diocesano de San Gil-Socorro y en el parroquial del Socorro. Su trabajo sobrepasó así el objetivo propuesto y por ello resultó no sólo la monografía de Vélez, sino también la de San Gil y sesenta y seis parroquias santandereanas.
¹El padre Báez nació en Soatá el 26 de enero de 1878 y se ordenó sacerdote el 6 de julio de 1903. Su interés por la historia comenzó muy temprano en su vida, pero se acrecentó en 1929 con ocasión de su viaje a Europa como asistente a un Capítulo General de la Orden de Predicadores. En ese entonces pudo husmear en los papeles de los archivos de Sevilla y Valencia que sellaron su indeclinable pasión por la lectura de documentos de archivo. A su regreso al país no paró de registrar todos los archivos que pudo, en especial los localizados en los de los municipios de Santander. Su huella, estampada con lápices rojos y azules ("Baeza"), puede encontrarse por doquier en dichos archivos. Su método de ordenamiento de las miles de noticias que recolectó durante 36 años en los archivos es el cronológico simple, pero su interés por todas las cosas de los hombres y de su Orden hacen que sus 23 tomos inéditos, titulados genéricamente La Orden Dominicana en Colombia, sean una rica fuente de datos para el historiador. Los tomos específicamente dedicados a las monografías parroquiales son los numerados del 12 al 19, de los cuales hemos consultado con especial detalle los tomos 15, 16, 17, 18 correspondientes a las Parroquias de Santander del Sur.
Un segundo esfuerzo por relatar colectivamente las historias de los poblamientos de la provincia de los Comuneros fue realizado en 1947 por don Mario Galán Gómez, cuya Geografía Económica de Santander ameritaría una puesta al día de tan vigoroso esfuerzo intelectual. A estos esfuerzos recientes habría que agregar los antiguos, empezando por un cura de Mogotes, Basilio Vicente de Oviedo, quien en sus Cualidades y riquezas del Nuevo Reino de Granada ofreció en 1763 a sus colegas un conjunto de noticias sobre la población y las rentas de todos los curatos de la provincia de Vélez. Después de él hemos de resaltar los trabajos de la Comisión Corográfica que dirigió Agustín Codazzi, pues en su Jeografía física i política de las provincias de la Nueva Granada que fue publicada en 1856 se dio una imagen general de la provincia de Vélez, brillántemente complementada por las observaciones de don Manuel Ancízar en su Peregrinación de Alpha. En esta perspectiva geográfica hay que agregar la Geografía especial del Estado de Santander que en 1880 publicó Eladio Mantilla para el servicio de los escolares de los colegios del Socorro y Vélez. También debe mencionarse la obra del presbítero Isaías Ardila Díaz, quien unió a su largo peregrinar por buena parte de las parroquias aquí reseñadas, la escritura paciente de un grupo de estudios sobre las parroquias de sus desvelos: Zapatoca, San Gil, Mogotes, Guane, La Fuente, Galán, Pinchote y otras. Algunas informaciones fueron tomadas de los textos del desaparecido historiador Juan de Dios Arias, quien salió de su parroquia de Mogotes a educar una generación de bumangueses. También debe mencionarse la obra de los propios historiadores socorranos, encabezados por los fallecidos Horacio Rodríguez Plata y Ramiro Gómez Rodríguez, que en variados textos se ocuparon del poblamiento y acontecimientos de su patria chica. La devoción a Nuestra Señora del Socorro, imagen central del imponente templo socorrano, ha llamado la atención de los sacerdotes Jaime García Ortiz (Señora del mazo y soberana del Socorro, 1970) y José Restrepo Posada.
La idea de escribir estas monografías fue originalmente propuesta a los autores por el ingeniero Luis Álvaro Mejía, quien desde la dirección de la Secretaría de Cultura, Turismo y Recreación de Santander firmó los contratos necesarios con la Universidad Industrial de Santander, imaginando que así se daba el primer paso en el intento de actualizar la vieja Geografía Económica escrita por don Mario Galán Gómez. Su sucesor en la mencionada Secretaría, el ingeniero Gabriel Hernández Gómez, renovó el entusiasmo original por el proyecto. Por otra parte, fray Pedro José Díaz, provincial de la Orden de Predicadores, concedió todas las facilidades para copiar la obra inédita del padre Báez, en el convencimiento de que su esfuerzo no debería quedar olvidado. Un compañero de su misma Orden, monseñor Leonardo Gómez Serna, actual Obispo de San Gil y Socorro, contribuyó resueltamente con esta investigación al permitirnos microfilmar el fondo Erecciones Parroquiales del Archivo de la Curia Diocesana, fuente obligada para quien se interese por esta provincia. Infortunadamente, el presbítero Isaías Ardila Díaz falleció antes de concluir su trabajo histórico sobre todas las provincias de la diócesis mencionada, que hubiera podido completar la información que aquí ofrecemos al lector.
Bajo la dirección del doctor Armando Martínez Garnica se organizó en el Centro de Documentación e Investigación Histórica Regional, de la Escuela de Historia de la UIS, un equipo de investigadores, conformado por los profesores William Buendía Acevedo, Amado Antonio Guerrero Rincón, Jairo Gutiérrez Ramos y Juan Alberto Rueda Cardozo, quienes revisaron toda la documentación disponible para escribir las monografías particulares y la historia básica de la provincia de Los Comuneros. Fueron convocadas como auxiliares de investigación la historiadora Carmen Adriana Ferreira, Jacqueline Blanco Blanco, así como el profesor Hugo Franco Gómez, quienes contribuyeron a recolectar información en diversos archivos. La historiadora Carmen Adriana Ferreira Esparza contribuyó decididamente a redactar algunos textos preliminares. El documento final de esta provincia fue elaborado por los profesores Amado Antonio Guerrero Rincón y Armando Martínez Garnica.
El resultado que está a la vista pretende mejorar la imagen histórica que la sociedad santandereana y la comunidad comunera tienen de sí misma, contribuyendo a fundamentar su sentido de identidad y pertenencia. Por supuesto, no es un fruto definitivo sino un producto histórico que debe ser perfeccionado. Esperamos que su divulgación contribuya al logro de los fines previstos por sus autores y patrocinadores.
De la colección personal de Armando Martínez Garnica.