Colección Pregón

EL LEGADO DE LA "PATRIA BOBA"

Armando Martínez Garnica
ProcedenciaEjemplar de la colección personal del historiador Armando Martínez Garnica (Bucaramanga). Doctor en Historia por El Colegio de México y profesor emérito de la Universidad Industrial de Santander. Fue director del Archivo General de la Nación (2016-2019), dirigió la Revista de Santander y preside la Academia Colombiana de Historia.
Edición digital recompuesta de la digitalización del ejemplar impreso. Transcripción realizada página a página contra las imágenes del escaneo; los pasajes ilegibles están marcados. Recreación tipográfica que no sustituye a la edición impresa.

1. LA MAL LLAMADA «PATRIA BOBA»

Aunque pueda creerse que el término Patria Boba es una acu­ña­ción de la his­to­rio­gra­fía del período de la primera repú­blica eman­ci­pada, lo cierto es que ya se usaba en la tercera década del siglo XIX por quienes habían par­ti­ci­pado en ella como prin­ci­pa­les pro­ta­go­nis­tas. El general Antonio Nariño, por ejemplo, menciona el término en su «Tercera Corrida» de Los toros de Fucha (1823) contra el redactor del perió­dico El Patriota, quien segu­ra­mente también lo usaba:

«En cuanto a balazos de San Vic­to­rino y Ven­ta­que­mada, y las viudas, huér­fa­nos, y qué sé yo qué más, que se vieron en la patria boba, con que usted me favorece...¿Y por qué tanta cólera, señor pre­di­ca­dor de mode­ra­ción, contra un general de antaño, contra un general de la patria boba, contra un general casi olvidado...»¹.

Los his­to­ria­do­res de la Patria Boba, influ­í­dos por el triunfo defi­ni­tivo de la ten­den­cia cen­tra­lista en la orga­ni­za­ción de la repú­blica colom­biana,

1 Tercera Corrida de Los Toros de Fucha, abril de 1823. En: Archivo Nariño, 1990, VI, p. 258.

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nor­mal­mente la han inter­pre­tado en términos del utopismo, la envidia y el anar­quismo de las gentes de las pro­vin­cias, quienes no habrían podido com­pren­der en su momento la verdad de las posi­cio­nes polí­ti­cas del general Nariño y de la élite san­ta­fe­reña.

Para José Manuel Restrepo, el primero de los his­to­ria­do­res repu­bli­ca­nos que se ocupó del período, la prin­ci­pal causa de la Patria Boba que perdió la primera repú­blica fue

«que las pro­vin­cias de la Nueva Granada se hubieran decidido desde 1810 por el sistema de gobierno fede­ra­tivo...de aquí la guerra civil entre las pro­vin­cias...que impidió la Unión, paralizó las fuerzas y recursos, y hon­da­mente arraigó los odios, la división y la dis­cor­dia, pre­pa­rando así un camino fácil a las armas espa­ño­las»².

La cali­fi­ca­ción de «fede­ra­lismo utópico» se debe a monseñor Rafael Gómez Hoyos, quien presenta la posición de las pro­vin­cias como la culpable de las pugnas internas y el olvido de la amenaza que procedía de España³.

Para los dos his­to­ria­do­res citados, la posición política de la pro­vin­cia de Car­ta­gena frente a la de Cun­di­na­marca sólo es expli­ca­ble en términos de la «envidia». Restrepo nos dice que

«la junta de Car­ta­gena prin­ci­pió la división; ésta, por la impor­tan­cia de aquella plaza y por la multitud de ele­men­tos mili­ta­res que ence­rraba, tenía grandes aspi­ra­cio­nes a figurar, y miraba con ojos envi­dio­sos que la capital fuera Santafé, según lo acre­di­ta­ron los sucesos pos­te­rio­res»⁴.

Siguién­dolo de cerca, Gómez Hoyos repite la tesis de los «ojos de la envidia» car­ta­ge­nera:

«La Junta Superior de Car­ta­gena dió los primeros cam­pa­na­zos de la división que haría impo­si­ble un gobierno nacional eficaz. Por la impor­tan­cia eco­nó­mica, social y militar de aquella plaza, miró con ojos de envidia a la Junta Suprema de Santafé y no se resignó a soportar la supe­rio­ri­dad de la capital...No sobra observar que también el regen­tismo de Car­ta­gena, abierta o vela­da­mente, inspira esta actitud»⁵.

2 RESTREPO, José Manuel: Historia de la revo­lu­ción de Colombia. Medellín: Bedout, 1969, tomo II, p. 130.

3 Gómez Hoyos, Rafael: «La división entre las pro­vin­cias». En: La inde­pen­den­cia de Colombia. Madrid: Mapfre, 1992, p. 168.

4 Restrepo, ob. cit., I, p. 147.

5 Cfr. Gómez Hoyos, ob. cit., p. 168.

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La tercera idea atribuye a las pro­vin­cias simples ideas anar­qui­zan­tes. Es así como Restrepo nos relata que

«prin­ci­pia­ron también a desa­rro­llarse otros gérmenes activos de división y anarquía: el fede­ra­lismo, la riva­li­dad de unas pro­vin­cias con otras y la de las ciudades subal­ter­nas con sus capi­ta­les. He aquí los prin­ci­pios desor­ga­ni­za­do­res que desde los primeros días turbaron la revo­lu­ción de la Nueva Granada, y que más de una vez regaron con sangre sus fértiles campos»⁶.

Monseñor Gómez Hoyos llega incluso a incluír el Mani­fiesto de Car­ta­gena, famoso texto escrito por Simón Bolívar, en esta ten­den­cia anar­qui­zante, pues

«sembró el morbo de las pequeñas repú­bli­cas o par­cia­les sobe­ra­nías, y difundió las ideas fede­ra­les que las embria­ga­ron con anhelos de poder, lo cual fue origen de futuras derrotas...Don Antonio Nariño...y Frutos Joaquín Gutié­rrez de Caviedes, en Santafé, seña­la­ron el peligro de estas ideas anar­qui­zan­tes»⁷.

Pero si la posición cen­tra­lista de Cun­di­na­marca, enca­be­zada por el pre­si­dente Antonio Nariño, era la «única sal­va­ción de la patria»: ¿cómo explican entonces los his­to­ria­do­res el pre­do­mi­nio de la postura federal en la mayor parte de las pro­vin­cias que se eman­ci­pa­ron en el Nuevo Reino de Granada?

Para José Manuel Restrepo, «la falta de opinión de los pueblos en casi todas las pro­vin­cias» respecto de la pro­puesta cen­tra­lista fue agravada por la escasa energía de mando que des­ple­ga­ron los jefes del gobierno ins­ta­lado en Santafé:

«Influyó también pode­ro­sa­mente en la pérdida de la Nueva Granada la falta de energía de los diversos jefes que mane­ja­ron las riendas del gobierno. Ninguno de ellos desplegó aquellos talentos y fuerza de alma que sólo son capaces de consumar las revo­lu­cio­nes. Pro­vi­den­cias medias, decretos con­ci­lia­to­rios y detalles de admi­nis­tra­ción era lo que emanaba de la auto­ri­dad nacional, y jamás alguna de las grandes medidas que podían salvar el Estado»⁸.

6 Cfr. Restrepo, ob. cit., I, p. 147.

7 Cfr. Gómez Hoyos, ob. cit., p. 168.

8 Cfr. Restrepo, ob. cit, II, p. 130.

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Frente a esta inter­pre­ta­ción pre­do­mi­nante en los his­to­ria­do­res de la Patria Boba, resul­tado de «la cárcel his­to­rio­grá­fica»⁹ fabri­cada por José Manuel Restrepo, podemos oponer la auto­ri­zada voz del general Antonio Nariño, para quien la radical postura de las pro­vin­cias contra su pre­ten­sión cen­tra­li­za­dora se fundaba en una razón menos frívola:

«La con­tra­dic­ción de prin­ci­pios es la que nos ha llenado de difi­cul­ta­des al tiempo de formar nuestros gobier­nos. Tendamos la vista sobre nuestro con­ti­nente y veremos que ésta es la causa de los emba­ra­zos en que se hallan todos nuestros gobier­nos...»¹⁰.

Hay que comenzar entonces a entender los con­flic­tos entre las pro­vin­cias durante el tiempo de la «patria boba» como con­tra­dic­cio­nes de prin­ci­pios o, lo que es lo mismo, como desin­te­li­gen­cia entre ellas, lo que no puede inter­pre­tarse como «bobería». Y es que, por prin­ci­pio, cada una de las pro­vin­cias que inte­gra­ban el Nuevo Reino de Granada actuó, en los tiempos de la eman­ci­pa­ción, de manera dife­ren­ciada. Algunas abra­za­ron con energía la decisión de seguir bajo la auto­ri­dad de la Corona (Santa Marta y Pasto), otras la de romper todo vínculo con ella (Socorro, Car­ta­gena, Pamplona, Mari­quita) y otras la de esperar pru­den­te­mente el desa­rro­llo de los acon­te­ci­mien­tos de Cádiz. Esa iden­ti­dad política dife­ren­ciada alimentó una gran cantidad de pas­qui­nes que cir­cu­la­ron impresos o manus­cri­tos. En 1812 circuló uno de ellos¹¹, en el que puede regis­trarse la per­cep­ción dife­ren­cia­dora que se tenía respecto de la distinta iden­ti­dad política de cada pro­vin­cia. Se trata de un diálogo nocturno de un viejo con sus dos hijos, acos­ta­dos sobre sus enjalmas, sobre las simi­li­tu­des de las pro­vin­cias del Nuevo Reino. Allí se expre­sa­ron las opi­nio­nes siguien­tes: la pro­vin­cia de Car­ta­gena se parecía a un aljibe, pues «si no le cae la agua del cielo, perece». La de Santa Marta se parecía a una casa de azotea, pues ya estaba des­man­te­lada. Por su parte, la del Socorro era como «el enano del zarzo de Puente Real, que daba gritos como gigante y era un pigmeo». La de Santafé era como un gallo capón, «que picada la pechuga con ortiga saca pollos, y cuando éstos crecen lo

9 Germán Col­me­na­res señaló que la Historia de Restrepo, «un reper­to­rio fijo e inal­te­ra­ble de los hechos, sus­cep­ti­ble sólo de rea­co­mo­darse en una inter­pre­ta­ción dife­rente», es una «cárcel his­to­rio­grá­fica que ha cerrado los caminos de la inves­ti­ga­ción a la infi­ni­tud de los hechos sociales». Cfr. La historia de la revo­lu­ción por José Manuel Restrepo: una prisión his­to­rio­grá­fica, 1986, p. 11.

10 Discurso de Nariño en el Colegio Elec­to­ral de Cun­di­na­marca, 23 diciem­bre 1811. Archivo Nariño, 1990, III, p. 71.

11 Hoja anónima: Fábula sobre las pro­vin­cias. Archivo del Convento de Santo Domingo, caja 33, f. 204v.

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pisan». Aunque no podamos com­pren­der a caba­li­dad el sentido de estas com­pa­ra­cio­nes, lo que importa destacar aquí es el hecho de que las pro­vin­cias eran el fun­da­mento de la ima­gi­na­ción política de los neo­gra­na­di­nos.

Ex libris de Armando Martínez Garnica: las tres plumas del Príncipe de Gales sobre una corona, con el lema «Ich Dien» y su nombre manuscrito.

De la colección personal de Armando Martínez Garnica.