Parte I
Armando Martínez Garnica
Parte I. Armando Martínez Garnica
Desde 1817, las gentes de la provincia del Casanare, la única que sostenía las reliquias de los ejércitos granadinos que habían sido destruidos durante el primer semestre de 1816, fueron puestas bajo la autoridad de un gobernador y un comandante venezolanos, dado que el general José Antonio Páez la anexó de hecho a la provincia de Barinas. Los comandantes llaneros estaban dispersos y enemistados, y solo los coroneles Francisco de Paula Santander y Antonio Arredondo, así como los tenientes coroneles Juan Nepomuceno y Vicente Uribe hacían esfuerzos por defender la dignidad política de esa provincia. Fue entonces necesario empeñar un gran esfuerzo político y militar para restaurarle al Casanare su autonomía y respetabilidad durante el segundo semestre de 1818 y el primero del siguiente año, no solo en el Congreso constituyente de Venezuela sino en la campaña libertadora que vino desde Mantecal hasta Santafé. En ese proceso político jugó un papel destacado un granadino ejemplar: Francisco de Paula Santander. De sus acciones se ocupa esta ponencia.
El 17 de diciembre de 1817, exactamente dos años antes de la aprobación de la Ley Fundamental de la República de Colombia, tres comisionados del comandante general de las tropas de la provincia de Casanare, el coronel Ramón Nonato Pérez ¹, representaron en Santo Tomás de Angostura, ante el jefe supremo del Ejército de Venezuela, el general Simón Bolívar, los abusos cometidos en ella por el general José Antonio Páez, jefe del Ejército de Apure. Relataron
¹ El coronel Ramón Nonato Pérez había combatido a los españoles desde 1812, había liberado dos veces al Casanare de las invasiones del canario Yáñez, y había sostenido la libertad de esta provincia hasta 1816. Cuidó las familias de los emigrados de este año y tenía gran fama de guerrero patriota en el Llano por sus victorias en Arauca, Guasdualito, Chire, La Miel, Betoyes, aldea de Setenta y Mucuritas.
que en el mes de enero de ese año las tropas del Casanare, perseguidas por las tropas españolas, habían tenido que unirse al Ejército de Apure. Quedaron entonces bajo la protección del general Páez las familias emigradas del Casanare, pero nunca imaginaron que esa decisión permitiría al general Páez comportarse en el Casanare “como si fuese el jefe absoluto de Venezuela”. Nombró solo a venezolanos para el gobierno y la comandancia del Casanare, “sin oír la opinión de los notables de la provincia”. Fue así como el teniente coronel Vásquez despojó del gobierno del Casanare al coronel Juan Nepomuceno Moreno, y el coronel Guerrero, segundo jefe de Apure, de la comandancia general al coronel Pérez. Las gentes de la provincia y las tropas se alarmaron con estos cambios, y estas se negaron a dejar de obedecer a Pérez y a obedecer al general Páez. Pidieron entonces independizar al Casanare de la autoridad del jefe de Apure y mantener en el coronel Pérez la comandancia de armas. Por ninguna “razón de justicia, ni de conveniencia”, podía permitirse que Casanare estuviese sometida a Barinas, ni al ejército de Apure. Y ello porque “no hay ley que lo prevenga, no hay costumbre que lo haga tolerable, no hay razón que lo justifique”. El general Páez jamás había sido reconocido como jefe del Casanare, y sus gentes solo estaban dispuestas a obedecer al general Bolívar, por su protección indispensable, ya que esta provincia había sido “el asilo más proporcionado y más seguro para los desgraciados granadinos que sean perseguidos en el interior, y siempre habría que recordar que “Casanare pertenece a la Nueva Granada”. Resumieron sus cuatro peticiones: 1. Independizar a la provincia del Casanare y sus fuerzas del jefe del ejército de Apure. 2. Proporcionar al Casanare auxilios para su defensa, hasta que se abriera la campaña sobre la Nueva Granada. 3. Mantener al coronel Pérez en la comandancia de la división del Casanare. 4. Restablecer al teniente coronel en el gobierno de la provincia, hasta que se crea conveniente su remoción por el jefe supremo de Venezuela ².
La respuesta del general Simón Bolívar fue adversa a los comisionados: porque convenía “al servicio de la República”, el coronel Pérez fue destituido de su cargo, y se le ordenó presentarse en el cuartel general de Angostura, donde sería tratado “con el decoro y dignidad a que su empleo y servicios le han hecho tan acreedor”, y donde se le administraría justicia “con la mayor imparcialidad”. El
teniente coronel Miguel Vásquez fue nombrado gobernador político del Casanare, y el teniente coronel Juan Galea como comandante general de armas. Ambos eran venezolanos ³. No obstante, el día siguiente escribió el general Bolívar una carta privada al coronel Pérez para confiarle que la independencia del Casanare respecto de Barinas era de “tanta justicia que no ha sido necesario una declaratoria siquiera”. Casanare “goza de los mismos derechos y privilegios que las demás Provincias Unidas de Venezuela, y su gobernador gozaba de absoluta independencia en la administración interior en lo civil y político. Su única subordinación era respecto de la autoridad del jefe supremo de Venezuela, y del comandante en jefe de las provincias del Occidente de Caracas (el general de brigada José Antonio Páez), al igual que las provincias de Mérida, Trujillo y Barinas ⁴. En ese entonces el general Páez firmaba sus despachos como jefe del ejército de Apure y Casanare.
Aunque Bolívar envió al coronel fray Ignacio Mariño a convencer a Pérez de la conveniencia de cumplir la orden de presentarse en Angostura, todo indica que no lo hizo, con lo cual el general Páez lo apresó y lo envió, bajo custodia del capitán Juan Antonio Maldonado, a San Fernando de Apure, donde estaba Bolívar. Pero el 20 de mayo de 1818 este escribió al general Páez para acusarle recibo del prisionero y decirle que habiendo llegado sin algún oficio que acreditase el motivo de su prisión, ni los cargos que se le imputaban, le pedía informes del Casanare para avanzar en la demanda de enjuiciamiento que le pedía Páez. Los informes que había dado Galea sobre Pérez no servían para el propósito de juzgarlo conforme a las leyes y el decoro de su empleo, y por ello le pidió informes formales y solemnes para que nadie creyera que se le juzgaba en justicia y no por “pasión”.
El 18 de junio de 1818 el general Bolívar incorporó a Francisco de Paula Santander al servicio de Venezuela con el grado de coronel efectivo de infantería, que era el mismo que había tenido en el ejército de la Nueva Granada, declarándole la antigüedad en este rango de 31 de mayo de 1814.
² Representación de fray Ignacio Mariño, Antonio Arredondo y Agustín R. Rodríguez al jefe supremo de Venezuela. Angostura, 17 de diciembre de 1817. En Horacio Rodríguez Plata y fray Alberto Lee López, Documentos sobre la Campaña Libertadora de 1819, tomo I (Bogotá, Andes, 1970), pp. 131-134.
³ Oficio del general Simón Bolívar dirigido al coronel Ramón Nonato Pérez. Calabozo, 22 de febrero de 1818. En Horacio Rodríguez Plata y fray Alberto Lee López, Documentos sobre la Campaña Libertadora de 1819, tomo I (Bogotá, Andes, 1970), pp. 135-136.
⁴ Carta del general Simón Bolívar dirigido al coronel Ramón Nonato Pérez. Calabozo, 23 de febrero de 1818. En Horacio Rodríguez Plata y fray Alberto Lee López, Documentos sobre la Campaña Libertadora de 1819, tomo I (Bogotá, Andes, 1970), pp. 136-137.
Desde Angostura, el 22 de junio siguiente el coronel Francisco de Paula Santander tuvo que escribir una carta al general José Antonio Páez para justificarse de la acusación de “hombre criminal” que este le había endilgado después de que el teniente coronel Miguel Vásquez interceptara una carta que el granadino había escrito el 29 de mayo anterior al teniente coronel Vicente Uribe, remitiéndosela a Páez. Antes de conocer a Uribe, advirtió el acusado, ya sabía que Uribe era “un oficial de conocimientos e inteligencia”, y que había hecho valer ante el general Páez “los derechos de Casanare para restituirle sus antiguos funcionarios, y no depender de provincia (Barinas) de quien jamás había dependido”. Ese proceder de Uribe le había complacido por ser muy justo, y por ver “que aún quedaban granadinos que representasen por el honor y decoro de su país, y que no se dejasen tratar como se trata a los siervos”. Vista sin pasión y con justicia la situación creada por las decisiones de Páez, la provincia de Casanare había pertenecido a la Confederación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, y había tenido “sus leyes, sus instituciones y sus funcionarios”. Sin mediar un acuerdo de los pueblos no era posible abolir ni destruir esas instituciones, “so pena de incurrir en la misma tiranía que ejercieron los españoles”. Sostuvo que “la fuerza no da derecho alguno para destruir el sistema establecido por la espontánea y libre voluntad de los hombres”. Aunque Casanare había buscado “protección en su orfandad” por necesidad, no era necesario que el general Páez hubiera procedido a variar su sistema político, y menos a quitar los funcionarios granadinos antiguos para nombrarle nuevos, y obligarla “a obedecer leyes que no ha establecido”. Con justicia había que preguntar: ¿Perteneció Casanare alguna vez a Venezuela? Pero incluso si quisiera pertenecer a Venezuela: “¿hay razón y justicia para que por sí sola tome un partido sin escuchar la opinión de sus hermanas con quienes ha formado siempre un solo cuerpo?”. Sostener los derechos de la Nueva Granada al Casanare no era “criminalidad”, sino los mismos sentimientos de un barinés, un caraqueño o un cumanés. Se trataba de “sostener el rango que se ha dado de unánime consentimiento y defender los derechos que los pueblos recobraron por la transformación”. Si el venezolano tenía el derecho a reconocer la autoridad acordada por una asamblea representativa de los pueblos en su propio país: ¿por qué no la habría de tener el granadino en el suyo? Cuando se hablaba en Venezuela de libertar la Nueva Granada no se trataba de echar a los españoles para imponerle “un nuevo yugo”, ni de obligarlo con las armas a recibir la ley “que a título de más fuerte se le impone”, ni menos “la constitución que él no haya concurrido
a formar”. Había que entender que libertar la Nueva Granada era romper las cadenas que la tenían aprisionada, para “restituir sus pueblos al goce de sus primitivos derechos”, dejándolos “en aptitud de reformar los defectos de su sistema y de abrazar un partido que no perjudique a la libertad general de la América”. En una palabra, se trataba de formar, “con su acuerdo”, la gran nación “Granadina Venezolana”. Si hacía otra cosa quienes conducían los ejércitos venezolanos, no harían diferencia entre esa conquista y la que habían hecho los españoles en el siglo XVI.
Este sentimiento de un granadino no podía calificarse de criminal, pues solamente cumplía “con los deberes de americano, de granadino y de patriota”, representando los derechos del Casanare. Esta provincia tenía que depender por algún tiempo de cualquier potencia que la pudiera proteger y auxiliar, mientras recuperaba el honor perdido por consecuencia de las desgracias de 1816. Solo provisionalmente obedecería las autoridades de Venezuela, mientras imitaba el ejemplo de la lucha del “bravo venezolano” contra los tiranos. Representar los derechos del Casanare, sin excitar a la insubordinación militar, tendría que juzgarse como “un acto de patriotismo y de honor excepcional”. Callar llevaría a ser “colonos de Venezuela”, solo porque de allí se recibían los auxilios, “y porque los únicos funcionarios que se han dado a Casanare son venezolanos”. Los venezolanos parecían estar gobernando al Casanare como una colonia suya cuando le nombraban funcionarios que no querían, leyes que no habían concurrido a formar, quitándoles toda representación y exigiéndoles “ciega obediencia”. El gobernador que tenían no había sido elegido por ellos, ni habían nombrado a algún granadino como funcionario.
Mientras que todas las provincias de Venezuela hacían valer sus derechos y las leyes que habían sido dadas por su Confederación se mantenían invariables, excepto en las circunstancias en que habían sido dictadas por una autoridad competente, ¿solamente era Casanare la que debía callar y sufrir, “porque es provincia del Reino”? Los granadinos tenían derecho a estar resentidos, y no cometían falta alguna en representar sus derechos.
En este momento histórico tenía que “contemplarse venezolano”, distinguiendo lo que era razonable de lo que no lo era, y estaba convencido que el primer deber de un militar era obedecer, sobre todo porque la autoridad suprema venezolana era ejercida por un “hombre de crédito y talentos”. En el caso de que esa autoridad fuese reconocida por los pueblos de la Nueva Granada, por su espontá-
nea voluntad, como granadino tendría que obedecerla y sostenerla. Pero pretender obtener por la fuerza la obediencia de los pueblos que gozan de sus derechos no estaba escrito en el sagrado libro de la justicia. Cuando había dejado su país para venir a servir a Venezuela estaba seguro de que no adelantaría nada, pero su filosofía personal era la de llenar sus deberes, conforme al testimonio público y a su conciencia. No había siquiera ascendido al rango de general porque la intriga del general Serviez lo había alejado del Gobierno de la Nueva Granada. Su aspiración era solamente la de volver a su país cargado de experiencia, y mientras tanto servir fielmente la causa de Venezuela, “que es la causa de mi patria”. “¡Cuánto me lastima esa rivalidad que se nota entre granadinos y venezolanos en Casanare!”. Jamás la había aprobado, ni la aprobaría una persona que tuviese un poco de sentido común. Nadie había sido más generoso que él en olvidar las injurias con que mil veces se había insultado al pueblo granadino llamándolo “cobarde, inepto, bárbaro… y en olvidar el tratamiento que han recibido muchos de mis paisanos”, todo porque estaban llamados estos dos pueblos “a formar un solo cuerpo de nación”. Estaba entonces abierto a escuchar del general Páez los medios de restablecer la concordia, y para ponerlos en ejecución, prescindiendo de los resentimientos que los dos pudieran tener. Aunque personalmente había recibido alguna consideración en Venezuela, tenía que confesar “que a veces los prisioneros enemigos han sido mejor tratados que mis paisanos”. Incluso haber buscado asilo en Venezuela “fue mirado con burla y como un efecto de sobrada cobardía”, pues “ver a un granadino era representarse la idea de ineptitud, de la barbarie, de la canallería”. De la memoria de los venezolanos había desaparecido el recuerdo de la campaña de 1813, cuando un puñado de granadinos bien conducidos habían roto las cadenas que los oprimían. El encono y la prevención se dirigía siempre contra cualquier oficial o paisano que no hubiese nacido en Venezuela.
Finalmente le recordó que Casanare dependía del general Páez, y por ello Juan Galea mandaba y Miguel Vásquez gobernaba. Y de él y de sus oficiales más cercanos dependía en gran parte sofocar esa rivalidad. No podían olvidar que la Nueva Granada era un país poblado por casi tres millones de habitantes, y que a pesar de sus desgracias no había perdido “ni su genio, ni su suelo, ni su sol”, ni estaba borrado de la carta política, y que quienes hoy se reían de sus males podrían en otro tiempo recurrir a su apoyo y desear “en-
contrar a la Nueva Granada ocupando el lugar que la naturaleza le ha asignado” ⁵.
Cuando el coronel Santander envió la carta al teniente coronel Uribe que fue interceptada por el gobernador Vásquez ya habían terminado las diferencias entre el general Páez y el coronel Ramón Nonato Pérez, porque el general Bolívar había acordado dictar la providencia que les pondría fin. Esto explica que la firme defensa de la Nueva Granada y del Casanare decomisada llegara a manos del jefe supremo de Venezuela, el general Bolívar. Se produjo entonces en Angostura un encuentro entre este y el coronel granadino, en el que tuvieron que ser escuchadas las justas razones alegadas por Santander contra el mal tratamiento dado a los llaneros del Casanare por el general Páez.
Bolívar comprendió que los conflictos del Casanare, y el apoyo de sus gentes a una eventual campaña sobre Santafé, requerían de manera indispensable del liderazgo del coronel Santander. Fue entonces cuando, usando sus facultades de jefe supremo, relevó al general Páez del mando sobre el Casanare. Para ello tuvo que ascender a Santander al rango de general de brigada de los ejércitos de Venezuela, en un despacho que preparó el general Carlos Soublette el 12 de agosto siguiente, pero además lo nombró ese mismo día gobernador y comandante general de la provincia del Casanare. La reparación a Santander había comenzado el 16 de julio anterior, cuando el jefe supremo de Venezuela expidió un despacho que lo hacía miembro de la Orden de los Libertadores de Venezuela, autorizándolo para usar la venera mientras recibía la estrella. El 5 de agosto siguiente, el general Páez ascendió a Juan Nepomuceno Moreno al grado de coronel.
Desde Guayana, el 13 de agosto de 1818, el coronel venezolano Manuel Cedeño escribió al general Francisco de Paula Santander para felicitarlo por su ascenso o al rango de general de brigada de los ejércitos de Venezuela que le había dado el jefe supremo del Gobierno de Venezuela el día anterior, en remuneración de “los sacrificios que han marcado su vida militar en la marcha de la libertad y de la independencia”. Al ofrecerle su amistad, anunció que su destinación al Casanare lo miraba como “un acontecimiento que va a hacer mudar la faz de aquellos negocios, pero de un modo que la República sentirá muy pronto esta promoción afortunada”. El Gobierno de Venezuela había tenido “un feliz acierto en confiar a
⁵ Carta publicada por Roberto Cortázar en Cartas y Mensajes del general Francisco de Paula Santander, volumen I (Bogotá, Librería Voluntad, 1953), pp. 77-83.
usted uno de los puntos que más influirán en la libertad y en la independencia del Sur”, un reconocimiento a “su talento militar y sus conocimientos políticos” ⁶.
Desde el cuartel general en Angostura, el 21 de agosto de 1818, el general de brigada Carlos Soublette, quien le había remitido el 12 de agosto anterior el despacho de nombramiento, escribió ⁷ al nuevo general de brigada Francisco de Paula Santander para felicitarlo por el encargo especial que le había dado el jefe supremo del Gobierno de Venezuela: “tomar el mando del Exército de Operaciones de la provincia del Casanare, organizarlo, aumentar sus fuerzas”. Por ello, como jefe del Estado Mayor General, le daba por escrito las siguientes instrucciones:
1. Su primer cuidado y atención sería levantar y disciplinar cuerpos de infantería bajo el mismo pie y fuerza de los batallones del ejército. Para ello se le confiaba el siguiente armamento: 1.000 fusiles, 30 quintales de pólvora, 40 quintales de plomo, 20.000 piedras de chispa, 200 agujetas, una pequeña armería y 300 cartucheras con sus portacartuchos.
2. Aumentar también la caballería, con los recursos disponibles en ese país para el servicio de esta arma.
3. Responsabilizarse de la defensa de la provincia del Casanare. Las operaciones de este cuerpo de ejército dependerán de su entera responsabilidad, dada la enorme distancia a la que estaba el cuartel general. Por ello aprovechará cualquier oportunidad que se le presentare para invadir la Nueva Granada, aprovechando el descontento de sus pobladores con el Gobierno español.
4. Restablecer la disciplina militar en el Casanare para el acierto de las operaciones de guerra.
5. Mantener correspondencia frecuente con el Estado Mayor General de Venezuela.
En un convoy de tres embarcaciones que navegó río Orinoco arriba, el 22 de agosto siguiente se puso en marcha el general Santander hacia el Casanare. El 17 de agosto anterior, el general Soublette había despachado una orden dirigida al coronel Juan Galea para notificarle su relevo del mando de comandante del ejército del Casanare, pidiéndole ponerse en adelante bajo las órdenes y a disposición del general Santander.
Por su lealtad al general Santander, el coronel granadino José María Vergara había sido escogido como jefe de estado mayor de su guardia de honor. Estacionado en Upatá, fue el destinatario de una carta dirigida por Santander desde Angostura, el 21 de agosto de 1818, antes de zarpar, en la que le abrió su corazón para mostrarle sus grandes expectativas por la suerte de la Nueva Granada. “Loco” de entusiasmo, dueño de mil fusiles y pólvora, sabiendo que al fin era “el que ordena y manda”, quisiera tenerlo a él y al coronel Antonio Morales en su Guardia Honor para que esta brillase en instrucción y disciplina, y para que lo acompañasen en su marcha triunfal por Casanare, Tunja, Socorro y Santafé. Advirtió que en ese momento ya tenía su proclama impresa, anunciándome a esos caballeros reinosos”. Iba a datarla en el “Cuartel General de Tunja”, pero su locura lo situaba algunas veces en Santafé y otras en Zipaquirá. Prometió escribirle desde Casanare, Tunja, Socorro y Santafé, pues estaba seguro que Dios bendeciría su empresa, y los dejaría reunir en Santafé, ya victoriosos ⁸.
¿A cuál proclama dirigida a los caballeros reinosos se refería el general Santander? Ni en el archivo personal de este general ni en otro archivo histórico se ha encontrado alguna proclama impresa “que he preparado para consolar a mis compatriotas”, datada en el mes de agosto de 1818 y dirigida a los habitantes de la Nueva Granada. Solamente se conoce la proclama de Bolívar a los granadinos del 15 de agosto de 1818, en la que les pedía reunir sus esfuerzos a los de sus “hermanos” de Venezuela para liberar a la Nueva Granada, “como vosotros conmigo en los años pasados libertásteis a
⁶ AGN, fondo Academia Colombiana de Historia, serie Correspondencia de Francisco de Paula Santander, caja 1, carpeta 1, folio 7r-v. Carta publicada por Roberto Cortázar en Correspondencia dirigida al general Santander, 1964, IV, p. 372. Natural de Cardonal (Chaguaramas, Aragua), con el grado de general de división murió combatiendo en la batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821.
⁷ AGN, fondo Academia Colombiana de Historia, serie Correspondencia de Francisco de Paula Santander, caja 1, carpeta 1, folio 8r-10r. Carta publicada por Roberto Cortázar en Correspondencia dirigida al general Santander, 1964, XII, pp. 185-186. Natural de San Pedro de la Guaira, este general llegaría a ser presidente de la República de Venezuela.
⁸ Carta publicada por Roberto Cortázar en Cartas y mensajes del general Francisco de Paula Santander, volumen I (Bogotá, Librería Voluntad, 1953), pp. 87-88. Santander les había enviado a sus paisanos residentes en Londres, Jamaica y Trinidad, para que allí la publicasen, “a fin de reanimar a cuantos granadinos residan en colonias y Europa”.
Venezuela”. La proclama conocida y dirigida a los granadinos es la firmada por Santander en Manare, el 24 de mayo de 1819: “El ilustre Bolívar aparecerá triunfante en vuestro territorio, seguido de un gran número de bravos, que han jurado no envainar su espada mientras existan tiranos… Reuníos a las tropas de mi mando, contribuid vosotros mismos a libertaros” ⁹.
Antes de que el general Santander llegara al Casanare ya se habían producido dos juntas de los oficiales granadinos del departamento del Centro (comandante Santiago Béjar, capitanes Mauricio Béjar y Félix José Rangel, tenientes Luis Cubides, Atanasio y Nepomuceno Barragán, Concepción Aguirre y Santos Domínguez, y ocho alféreces) y del departamento de Santiago (en la provincia del Casanare. La primera en Curimina, el 15 de septiembre de 1818, y la segunda en la parroquia de Taguana. Considerando “la impolítica y mala dirección” de los jefes venezolanos (Vásquez y Galea), y las intenciones de trasladar soldados y caballos al Bajo Apure, así como la propuesta de que la Nueva Granada era “una parte integrante de la Nueva Granada”, acordaron reponer en el gobierno del Casanare al teniente coronel Juan Nepomuceno Moreno ¹⁰. Repuesto de facto en la gobernación y en la comandancia de armas de la provincia del Casanare, Moreno argumentó que se había visto precisado a tomar las riendas de ellas por un convencimiento de que los coroneles Vásquez y Galeano habían tomado durante un año ninguna providencia para defender esta provincia, y los pueblos desesperados lo habían compelido a ello ¹¹.
Moreno envió un comisionado suyo, el teniente coronel Pedro Ignacio Vargas, ante el general Bolívar para gestionar la aprobación de lo actuado de hecho, y para que les diese como jefe al general Santander o al general Urdaneta. Pero el 9 de noviembre el general Santander se encontró con Vargas en el sitio de Buenavista (Meta), y al considerar ya inútil su comisión le hizo regresar en su compa-
ñía. Ya en su cuartel general de Guanapalo, desde el 27 de noviembre siguiente comenzó Santander a girar las órdenes para subordinar a Moreno, Arredondo y demás jefes llaneros a su autoridad. Así como el río Orinoco había sido la defensa natural de las tropas y de los migrados venezolanos, dijo que el río Meta sería lo mismo para los granadinos.
Como en la carpeta 4 de la caja 1 que hace parte del archivo personal del general Santander que la Academia Colombiana de Historia compró a Juan Bautista Pérez y Soto se encuentra un borrador de un proyecto de decreto datado en la ciudad de Pore en el año 1818, con los espacios para el día y el mes en blanco, se han construido tres interpretaciones sobre su sentido. Los académicos Rodríguez Plata y fray Lee opinaron que era un “acta de constitución del gobierno” autónomo del Casanare desde octubre de 1818, bajo el mando del teniente coronel Juan Nepomuceno Moreno ¹². Como un abogado que reside en el Casanare lo interpretó como una “proclama” fundadora del “constitucionalismo llanero”, tenemos el derecho a presentar otra interpretación: es un “proyecto de decreto” vinculado al general Santander, quien esperaba la oportunidad para datarlo en alguna población del Nuevo Reino de Granada (Tunja, Zipaquirá o Santafé) con el propósito de asegurar la autonomía de la provincia de Casanare respecto de Venezuela y su adscripción a la Nueva Granada.
Conforme a esta interpretación, el proyecto político que subyace en este proyectado decreto era el de declarar la provincia de Casanare como “Estado libre”. Siendo este Estado “el único de la Unión que se halla enteramente libre”, tenía el “derecho incontestable para representar él solo toda la federación” granadina que había sucumbido en 1816. Sobre esta “declaración”, el Estado del Casanare quedaba legalmente autorizado para tratar los negocios políticos y militares “con toda la plenitud de poder y de autoridad” que todos los antiguos estados de la Unión granadina habían depositado en el Congreso federal. Con estas facultades, el Estado de Casanare podía instituir un Gobierno provisorio que dirigiera los negocios públicos de la federación, integrado por una junta de cinco miembros que re-
⁹ Proclama del general Francisco de Paula Santander a los granadinos. Cuartel General de Vanguardia, en Manare, 24 de mayo de 1819. En Horacio Rodríguez Plata y fray Alberto Lee López. Documentos sobre la Campaña Libertadora de 1819, Bogotá, Andes, 1970, tomo II, p. 57.
¹⁰ Acta de la junta de oficiales del departamento del Centro de Casanare. Curimina, 15 de septiembre de 1818. Acta de la junta oficiales del departamento de Santiago en el cantón de Quebaradaseca, Taguana, 29 de septiembre de 1818. En Horacio Rodríguez Plata y fray Alberto Lee López. Documentos sobre la Campaña Libertadora de 1819, Bogotá, Andes, 1970, tomo I, pp. 171-174.
¹¹ Carta de Juan Nepomuceno Moreno al general Simón Bolívar. La Trinidad, 26 de octubre de 1818. En Horacio Rodríguez Plata y fray Alberto Lee López. Documentos sobre la Campaña Libertadora de 1819, Bogotá, Andes, 1970, tomo I, pp. 187-189.
¹² Horacio Rodríguez Plata y fray Alberto Lee publicaron este borrador con tachaduras en el tomo I de sus Documentos sobre la Campaña Libertadora de 1819, Bogotá, Andes, 1970, pp. 187-189. Interpretaron este documento como “el acta de constitución del gobierno de la provincia de Casanare” y opinaron que no podía ser del 18 de diciembre de 1818, “pues el general Santander nunca hace referencia a ella”, sino de los meses de septiembre u octubre, “pues sus términos” se relacionan con los del oficio de Juan Nepomuceno Moreno datado en Trinidad el 26 de octubre de este año.
presentase al Congreso y un presidente de la Nueva Granada. Como este solo podría ser elegido cuando existiesen al menos tres estados libres, mientras tanto ejercería sus funciones el gobernador del Casanare, es decir, el general Santander. Este gobierno provisorio levantaría y disciplinaría tropas, confirmaría los ascensos concedidos por el capitán general Simón Bolívar a los oficiales del ejército del Casanare, estrecharía la alianza entre la Nueva Granada y Venezuela, y reconocería al jefe supremo de Venezuela como capitán general de los ejércitos del Casanare.
Este proyecto político del general Santander restituía la dignidad de la provincia del Casanare que había sido aplastada por el general Páez cuando la subordinó a la provincia de Barinas y la puso bajo la autoridad de oficiales venezolanos. Esta restitución elevó su dignidad a la altura de un Estado libre, y además representante de un ente político que había dejado de existir desde mediados de 1816: el Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada. La defensa política de la provincia del Casanare era ya un hecho cumplido, y su artífice era el general Santander.
Desde Caicara, el 3 de octubre de 1818, el general Santander informó al general Páez que el jefe supremo de Venezuela lo había nombrado comandante de la vanguardia del ejército libertador de la Nueva Granada, el cual tenía que levantar en el Casanare. Para ello llevaba buenos elementos de guerra y órdenes superiores para que todas las autoridades del Casanare se pusieran a su disposición. Este nombramiento era justo, pues él conocía el territorio y los pueblos del Reino, y además buena reputación para conducir las primeras tropas que ingresarían a liberarlo. Reconocía que las reliquias de las fuerzas de la Nueva Granada debían en 1816 su salvación al general Páez, y esperaba que su ayuda continuase en el futuro. Le remitió una copia de una proclama que había preparado para consolar a sus compatriotas, la cual había remitido a sus paisanos residentes en Londres, Jamaica y Trinidad, para que la publicasen, a fin de reanimar a todos los granadinos ¹³.
Desde el cuartel general de Achaguas, el 30 de octubre de 1818, el general José Antonio Páez, comandante del Ejército del Apure, escribió dos cartas al general Santander para decirle que, a la vista de la orden dada por el jefe supremo, no tenía más camino que cederle la autoridad sobre el Casanare. Aunque había mandado suspender su marcha a la desorganizada provincia del Casanare porque estan-
do a cargo de ella no había sido informado de la orden dada por el general Bolívar, “sin decirme tus ni mus”, le daba las gracias porque le había quitado de encima el peso de Casanare. Y le advirtió: “esta gente está endemoniada, hierve en convulsiones, y apenas Guerrero ha podido calmarlas”. Era difícil conocer la intención de esa gente: “¿Acaso será porque es venezolano el que lo manda? Esta maldita rivalidad, o más bien, esta distinción de nombres me irrita, y Dios quiera no nos traiga una guerra civil si desde ahora no nos esforzamos en destruirla”. En fin, como Santander se iba a “su Casanare”, sin saber cómo saldría bien en una provincia miserable, “sin recursos, sin hombres, y sin nada”, que solo servía para desacreditar a un hombre, una “provincia enviciada en revoluciones”, le aconsejó tener cuidado con el coronel español Arredondo, “el corifeo de todas las turbulencias” ¹⁴. De todos modos, el general Páez tuvo que redactar una proclama, datada en su cuartel general de Achaguas el 1° de noviembre de 1818, para despedirse de los “dignos habitantes del Casanare”, en virtud de su sustitución por el general Santander. Ella terminaba asegurando que ellos habían mejorado su fortuna con el nuevo jefe, y al darle su adiós hacía los más ardientes votos por su prosperidad ¹⁵.
El 19 de noviembre de 1819, desde el cuartel general de Guanapalo, el general Santander escribió al coronel Juan Nepomuceno Moreno para comunicarle su decisión de sostenerlo como gobernador político de la provincia del Casanare, “a reserva de ampliarle las facultades en lo militar” cuando tuviera que ausentarse de ella ¹⁶. El doctor Manuel Baños le fue agregado como teniente de gobernador letrado. Dos días después le pidió un informe sobre el estado de las fuerzas que existían en el Casanare, discriminadas por arma, jefes y armamento; el estado del enemigo en el interior del Reino y sus fuerzas disponibles, y los recursos de la provincia para la subsistencia de sus tropas. El 29 de noviembre siguiente pidió lo mismo al teniente coronel Arredondo, ordenándole que gestionara de inmediato su reconocimiento como comandante.
¹³ Carta publicada por Roberto Cortázar en Cartas y mensajes del general Francisco de Paula Santander, Bogotá, Librería Voluntad, 1953, volumen I, pp. 88-90.
¹⁴ AGN, fondo Academia Colombiana de Historia, serie Correspondencia de Francisco de Paula Santander, caja 1, carpeta 1, folio 14r-15r. Carta publicada por Roberto Cortázar en Correspondencia dirigida al general Santander, 1967, volumen X, pp. 62-63.
¹⁵ Esta proclama fue publicada por Horacio Rodríguez Plata y fray Alberto Lee en el tomo I de sus Documentos sobre la Campaña Libertadora de 1819, Bogotá, Andes, 1970, p. 191.
¹⁶ Carta publicada por Roberto Cortázar en Cartas y mensajes del general Francisco de Paula Santander, Bogotá, Librería Voluntad, 1953, volumen I, pp. 95-96.
Desde San Fernando, el 27 de noviembre de 1818, el coronel José María Vergara, estacionado en Angostura contra su parecer, y esperando órdenes del general Bolívar para marcharse al Casanare, escribió al general Santander para informarle que el coronel Antonio Morales iba en camino hacia el Casanare, comisionado para entregarle la convocatoria para el Congreso de Venezuela, por haber sido “invitada la provincia de Casanare”. Esta medida reportaría considerables ventajas a la Nueva Granada, y aconsejó elegir a José María Salazar como uno de los diputados de esa provincia, en consideración a sus buenas relaciones adquiridas con la Casa de Little Page de Trinidad. Era una buena oportunidad para que la Nueva Granada consiguiera fusiles de la casa comercial del señor Princeps, puestos en Angostura a 9 pesos, y auxilios del señor Anderson. Envió saludos a los “amigos y paisanos”: el teniente coronel Antonio Obando, el sargento mayor Joaquín París, el teniente coronel Vicente González, el coronel Antonio Arredondo y demás ¹⁷.
Este mismo día llegó el general Santander a Guanapalo, pueblo de la provincia de Casanare, después de la larga navegación que había comenzado en Angostura. De inmediato hizo llamar al coronel Juan Nepomuceno Moreno, quien desempeñaba el cargo de gobernador provincial, para que le diera un informe de las tropas que mandaba y hacerse cargo de ellas. Ordenó un alistamiento general de hombres, su instrucción por armas, y poner la provincia en estado de defensa respetable. El 28 siguiente llegó Moreno a presentarle el informe solicitado, confirmando que la división de los ánimos había comenzado en el pasado mes de agosto, desde que llegaron los nuevos jefes enviados por el general Páez. El coronel Arredondo se había negado a obedecerlos y se situó en la serranía con 200 infantes, como jefe independiente. En el territorio libre del Casanare y Llanos de San Martín solo se podía contar con 800 hombres de caballería y 130 infantes, concentrados en La Laguna. La mayor parte de la caballería estaba dispersa en partidas de guerrilla, y el único sustento eran las carnes. Solo se contaba con unos mil caballos.
El coronel Antonio Arredondo escribió al general Santander desde Zapatosa, el 28 de noviembre de 1818, informándole que desde que la provincia de Casanare había sido rescatada del dominio de la provincia de Barinas “por un corto número de desertores del Bajo Apure”, todos deseaban un jefe que le guardara sus derechos y
la pusiera a salvo de los desórdenes interiores y de las tentativas de sublevación que promovían sus enemigos. Los neogranadinos emigrados que allí vivían en asilo deseaban lo mismo, aspirando a organizar alguna fuerza con la cual pudieran regresar a “su país” y acaso liberarla, pero nada avanzaban por “la insolencia de las pasiones”, que todo lo ha tergiversado”. Todos habían respirado al fin al saber que ya venía en camino un jefe granadino dotado de autoridad y armamento por el supremo jefe Bolívar, pues pondría remedio a los dos males descritos. Un nuevo orden de cosas en el Casanare pondría fin a las “calamidades del Llano” y al “linaje de destierro en que hemos caído”. Le dijo que el capitán Narciso Lobo Guerrero había sido enviado ante él para informarle sobre las causas que lo habían separado tanto del gobierno como de la comandancia general del Casanare, y las razones por las cuales había decidido traer su batallón desde Betoyes al Casanare ¹⁸.
El coronel Arredondo le había dicho al coronel Briceño en Manare que su batallón de infantería no le obedecía ni a él ni al general Páez. Careado, Briceño convocó a la oficialidad y a la tropa, en nombre de Bolívar y Páez, a unírsele quienes estuvieran dispuestos a obedecer las autoridades puestas por Páez en el Casanare. Solo un oficial y 40 soldados venezolanos lo hicieron, y los otros 400 hombres se mantuvieron fieles a Arredondo. Este tomó el parque y las armas y se marchó hacia Zapatosa, donde la guerrilla de los Almeidas tenía alguna gente, advirtiendo que Bolívar ignoraba cuanto ocurría en el Casanare, y que lo obedecerían cuando estuviesen seguros de sus designios.
Por su parte, Juan Nepomuceno Moreno se negó a marchar al Apure y cruzó el río Meta para mantenerse en esas sabanas. Juan Galea fue enviado a pacificar los ánimos, acompañado del teniente coronel Pedro Fortoul, pero no consiguieron que Arredondo fuese a su encuentro. Así que Guerrero intentó tomar el mando de la gobernación del Casanare, por orden de Páez, intentando llevarse al Apure todos los hombres que pudiese. Todas esas intrigas esperaba calmarlas el general Santander en cuanto llegase al Casanare, pues estaba convencido de que se debían al descontento y disgusto con el gobierno de oficiales venezolanos.
El 6 de diciembre de 1818 ya el general Santander había obtenido la obediencia de todos los jefes militares que actuaban en
¹⁷ AGN, fondo Academia Colombiana de Historia, serie Correspondencia de Francisco de Paula Santander, caja 1, carpeta 1, folio 19r-20r. Carta publicada por Roberto Cortázar en Correspondencia dirigida al general Santander, 1970, volumen XIV, pp. 37-38.
¹⁸ Carta publicada por Roberto Cortázar en Correspondencia dirigida al general Santander, 1970, volumen I, pp. 252-253. Natural de los reinos de España, murió en la batalla de Gámeza.
el Casanare, y a todos les advirtió que debían cesar para siempre las antiguas rivalidades y disensiones, pues no iba a permitir divisiones ni tumultos entre las tropas. Su nacimiento, sus principios y el estado de la América y Europa lo llamaban a sacrificarse por su país. Por ello esperaba el valor, celo e interés de todos sus compañeros de armas.
El 8 de enero de 1818 ya pudo el general Santander informar al general Bolívar, desde La Trinidad, que el Casanare se encontraba en “un pie de defensa muy respetable”, en instrucción constante, y con ellas pronto comenzaría las operaciones sobre la Nueva Granada. También estaban organizados tanto el departamento civil como de hacienda de la provincia. Todos los oficiales, exceptuando al coronel Arredondo y al sargento mayor Reynal Sasmajous, eran granadinos, destacándose entre ellos Juan Nepomuceno Moreno, Ramón Nonato Pérez, Ambrosio Almeyda, José Concha, Pedro Fortoul, Joaquín París, Aniceto Ramírez, Juan José Molina y Francisco Javier Alfonso. Los de la “pandilla sin cuenta” de Santander eran Fortoul, Concha, Almeyda, París, Arredondo y el coronel Antonio Morales, así como el diputado del Casanare, José María Vergara. Solo quedaba un venezolano, el coronel Jacinto Lara, porque había venido de Angostura acompañando la flotilla de embarcaciones que trajo el armamento y el parque cedido por el jefe supremo de Venezuela. Pero en febrero de 1819 este pidió a Santander un pasaporte para abandonar el Casanare y volver a Venezuela. Al igual que Juan Galea y el coronel Concha, no había recibido aún su destino militar en el Casanare. Alarmado, Santander le rogó que no se fuera, argumentando que por este hecho se ganaría “todo el odio de los venezolanos”. Bastante había sufrido ya por la injusta acusación de odiar a los venezolanos, sin que se pudiera presentar un solo hecho de parcialidad por el lugar de origen de la oficialidad. Le prometió escuchar sus quejas, si las tuviera, para impedir su separación del ejército del Casanare, pues estaba seguro de que en Venezuela todos dirían que “el general granadino está desplegando su odio contra los venezolanos” ¹⁹. El coronel Juan Galea, quien había estado bajo las órdenes directas del general Páez, se presentó en Pore ante Santander en este mismo mes de febrero de 1819, para solicitar servicio en el ejército del Casanare, y este informó al general Páez que aprovecharía su bravura en el caso de que efectivamente llega-
ra la expedición española a los llanos, y que no le había dado algún destino porque había llegado muy enfermo.
El coronel Lara se quedó unos meses en el Casanare, pero su porfía obligó a Santander a concederle el pasaporte para que regresara al ejército de Venezuela, “temeroso de sufrir desaires en este país”. En opinión de Santander, esos temores no tenían otro fundamento que “la rivalidad de granadinos y venezolanos”, que parecían “bien excesivos”. Por ello recordó al general Bolívar ²⁰ que esa rivalidad siempre había existido, y que “en alguna parte de Venezuela se aumentó hasta el último punto”. Las dos partes le habían manifestado sus quejas, de modo que ya no entendía cuáles eran las justas y cuáles las injustas, pero “lo cierto es que las pasiones no se enfrenan de un solo golpe”. Relató a su destinatario que cuando llegó al Casanare esta rivalidad estaba encendida por efecto necesario “del tratamiento que la provincia y los granadinos habían recibido, y que al fin produjo la insurrección”. Como era imposible erradicar de raíz esta rivalidad, había tratado de desterrarla poco a poco con bandos y órdenes, así como con su ejemplo, pues en la reorganización del ejército del Casanare solo había atendido al mérito de los oficiales y a su capacidad de cumplir sus deberes, y “a nadie se le pregunta el lugar de su nacimiento, sino para extenderle la filiación”. Prueba de su conducta eran los oficiales que habían venido del Apure a solicitar servicio bajo sus órdenes en el Casanare. Pese a su empeño, el coronel Lara había tenido pequeños disgustos con oficiales granadinos, pero como podían ser precursores de otros mayores, era mejor concederle el pasaporte para su regreso a Venezuela.
Advirtió que esta “rivalidad tan decantada” entre granadinos y venezolanos era la misma que tenían los de Barinas con los de Caracas, y la de los caraqueños con los de Cumaná, pero, aunque de estas no se hacía caso, de la de los primeros “se forman las mejores declamaciones”. Como desafortunadamente los venezolanos habían distinguido a los granadinos con el epíteto de cobardes, y estos habían acumulado muchos resentimientos y padecimientos, era imposible borra de repente esta rivalidad. Recordó que en otra época el mismo general Bolívar le había dicho que los hombres eran “muy sensibles al mal e indiferentes al bien”. Finalmente sostuvo que su celo por “los intereses políticos de la Nueva Granada” no significaba que olvidara su gratitud con Venezuela, su asilo en la des-
¹⁹ Carta dirigida por el general Santander al coronel Jacinto Lara. Cuartel General de La Trinidad, 6 de febrero de 1819. Publicada por Roberto Cortázar en Cartas y mensajes del general Francisco de Paula Santander, Bogotá, Librería Voluntad, 1953, volumen I, pp. 188-189.
²⁰ Carta del general Santander al general Bolívar. Cuartel General en el Palmar, 24 de abril de 1819. Publicada por Roberto Cortázar en Cartas y mensajes del general Francisco de Paula Santander, Bogotá, Librería Voluntad, 1953, volumen I, pp. 244-246.
gracia y ser la fuente del armamento y municiones que usaría para dar muerte a los tiranos de sus padres y amigos, bajo la conducción del “protector de la Nueva Granada”.
La imperiosa necesidad de protección y apoyo logístico del ejército de Venezuela, la convocatoria a participar en el Congreso constituyente de la nación venezolana, y la defensa de los intereses políticos de la Nueva Granada en una atmósfera de recelos entre granadinos y venezolanos, eran demandas contradictorias que el general Santander tuvo que equilibrar. Además de enviar diputados del Casanare al Congreso venezolano, algunos de los cuales fueron firmantes de la segunda carta constitucional de esa nación, Santander tramitó desde Tame, en mayo de 1819, el testimonio documental que reconocía la autoridad del presidente de Venezuela por el ejército granadino que se había organizado en el Casanare. Pidió que fuese publicado, para que todo el mundo supiese que las primeras armas listas para sostener la autoridad del Gobierno de Venezuela eran las del único cuerpo armado disponible en la Nueva Granada.
El 20 de mayo de 1819 envió el general Bolívar al general Santander la orden de estar preparado para cooperar con sus tropas una operación militar sobre la Nueva Granada. Una semana después expresó este último su complacencia por esta orden y manifestó que estaba listo para reunir sus tropas donde le indicase. Ya había enviado a un oficial reinoso a Sogamoso, donde tenía su familia, para averiguar sobre el estado del Reino y llevar comunicaciones para los guerrilleros.
Parte importante de la preparación de la división de Vanguardia del Ejército Libertador de la Nueva Granada, construida por el general Santander en el ejército del Casanare, era la jura de reconocimiento y obediencia al presidente de la República de Venezuela. Durante los días 13 y 19 de mayo de 1819 se organizaron en las plazas públicas de Manare y Tame esas ceremonias. Hecha la formación de los batallones 1° de Líneas y 1° de Cazadores, el general Santander, con la espada en la mano, preguntó: “¿Juráis… reconocer, obedecer y respetar al excelentísimo señor general Simón Bolívar como presidente del Gobierno de la República, entre tanto que se liberta la Nueva Granada y los pueblos establecen libremente el sistema de gobierno que crean más conforme a sus derechos?”. La provincia de Casanare y el cantón de San Martín, con el ejército formado desde noviembre del año anterior, en reconocimiento de la “orfandad política a que la ocupación de la Nueva Granada” les
había reducido, por un acto de necesidad reconocían al gobierno de Venezuela, que se había hecho cargo de liberarla. Dando ejemplo, el general Santander renovó sus votos de “obediencia, sumisión y respeto al gobierno venezolano” ²¹.
La participación del Casanare en el Congreso constituyente de Venezuela
Al comenzar el mes de febrero de 1819 recibió el general Santander el Reglamento electoral (redactado el 17 de octubre de 1818) de la convocatoria de diputados para el Congreso constituyente de Venezuela. Aunque durante el segundo semestre del año anterior había jugado este general con la carta política del Estado libre del Casanare, como representante del Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, ahora tenía que resolver el problema político de la presencia del Casanare en un congreso de las provincias de Venezuela. ¿En cuál condición podría asistir? En su carta al general Páez del 9 de febrero apenas sugirió que “por ahora” el Casanare concurriría. El día siguiente giró instrucciones a su teniente de gobernador para que organizara las elecciones entre las familias de los cantones de El Palmar y de Charte, manifestando a los electores que deberían votar por “ciudadanos de aptitud, de luces y de un interés por la Nueva Granada, pues en el congreso general de Venezuela se han de tratar negocios muy arduos e importantes”. Era necesario que los diputados de Casanare dieran “honor a la República Granadina”, eligiendo “personas que sean ciudadanos de la Nueva Granada” ²². El 12 y 13 de febrero giró las mismas instrucciones a los jueces mayores de los cantones del Norte y del Meta, y al coronel Concha, jefe del escuadrón estacionado en el departamento de Chita.
²¹ Certificación de la realización de la ceremonia de reconocimiento de la autoridad del presidente de Venezuela por los oficiales y soldados del Ejército del Casanare, firmada por el teniente coronel Antonio Morales, subjefe interino del Estrado Mayor General. Cuartel General de Tame, 18 de mayo de 1819. Publicada por Horacio Rodríguez Plata y fray Alberto Lee en el tomo I de sus Documentos sobre la Campaña Libertadora de 1829, Bogotá, Andes, 1970, pp. 422-424.
²² Carta dirigida por el general Santander al teniente de gobernador desde el Cuartel General de Pore, 10 de febrero de 1819. Publicada por Roberto Cortázar en Cartas y mensajes del general Francisco de Paula Santander, Bogotá, Librería Voluntad, 1953, volumen I, p. 193.
En esta perspectiva, Casanare asistiría no como provincia de Venezuela, sino como Estado libre y representante de la República de la Nueva Granada. La autonomía de la provincia del Casanare exigía llegar a ese congreso en calidad de “invitada”. Y esta fue efectivamente la estrategia que decidió el paladín de los granadinos en esa situación tan riesgosa. La habilidad política del general Santander había quedado demostrada, haciendo honor a las palabras del coronel Cedeño, quien había dicho que el nombramiento de este jefe granadino como jefe del Casanare era un reconocimiento a “su talento militar y sus conocimientos políticos”.
Como el Reglamento electoral había asignado al Casanare cinco diputados ante el Congreso constituyente de Venezuela, “para mejor consultar aquel Departamento la emancipación y libertad de la Nueva Granada”, las votaciones que se realizaron en todos los departamentos del Casanare, en las cuales participaron 1.012 ciudadanos, escrutadas en la casa del general Santander de Pore, el 29 de marzo de 1819, arrojaron la escogencia de los cinco diputados principales siguientes: doctor Francisco Antonio Zea, doctor José María Salazar, coronel José María Vergara, teniente coronel Vicente Uribe y coronel Ignacio Mariño. Los cinco diputados suplentes que fueron elegidos fueron: teniente coronel Antonio Morales, doctor Ignacio Muñoz, Francisco Escobar, doctor Francisco Javier Yanes y presbítero Domingo Antonio Vargas ²³.
Desde el cuartel general de La Laguna, Santander giró el 8 de abril de 1819 instrucciones al diputado Vergara: “no deje que nos impongan la ley los representantes de 600 almas”, aunque se diga que “Nueva Granada y Venezuela están incorporadas de hecho”, ya que nadie sabía “de dónde y por qué sea esa incorporación”. Solo debía asistir a algunas sesiones, luego pedir una licencia, y regresarse aunque fuese a pie. Le pidió vigilar de cerca al coronel Lara, quien se había marchado finalmente al ejército de Venezuela, pues “algo podrá decir contra nosotros”. Debía estar a la mira para dar aviso y “defendernos”, y cuando escribiese acerca de ese oficial debía nombrarlo con la expresión “correo de las brujas”, para que nadie entendiese de quién se trataba ²⁴.
Al informar al jefe supremo de Venezuela sobre el resultado de la elección de diputados del Casanare al Congreso de Venezuela,
Santander volvió a reiterarle su palabra de “obedecer ciegamente al gobierno de Venezuela”, pero “entre tanto se restablece el de la Nueva Granada” ²⁵. En una comunicación dirigida al coronel venezolano Pedro Briceño Méndez desde la Hacienda Tame, el 1° de junio de 1819, Santander le expresó la dificultad de reunir en una sola nación a venezolanos y granadinos, dados los resentimientos acumulados entre los oficiales y soldados. La pretendida unión, con la cual estaba de acuerdo, tendría que hacerse de tal modo que la Nueva Granada no quedase en posición de “un país colonial”, y que la gloria de Venezuela no cargase con “una mancha eterna”, y que Bolívar podría ser la persona que se podría poner al frente de esa gran nación, porque nadie tenía motivo de queja contra él, y en cambio todos le debían reconocimiento y gratitud. En cuantas ocasiones algunas personas venezolanas de alto rango insultaban a toda la Nueva Granada por su desgraciada suerte del año 1816, de las cuales fue testigo, solamente el general Bolívar trataba de sostener el honor de los granadinos. Con razón podía decir que él no podía ser culpado de haber contribuido a esa funesta rivalidad entre granadinos y venezolanos ²⁶.
Los primeros diputados del Casanare que llegaron al Congreso reunido en Santo Tomás de Angostura, el 12 de junio de 1819, fueron el coronel José María Vergara y el teniente coronel Vicente Uribe. Para entonces Francisco Antonio Zea, quien presidía el Congreso, había pasado de ser diputado de Caracas a ser diputado del Casanare. Tan pronto fue posesionado, en la sesión 93, el diputado Vergara pidió la palabra para leer un discurso que traía preparado sobre la mejor manera de reunir en una sola nación la capitanía general de Venezuela y el virreinato de Santafé. Alegó que esta unión no podría ser “como la de un país conquistado, o cedido en calidad de dote”, sino por medio de la expresa voluntad de los habitantes de ambos países, “convencidos de la recíproca utilidad que debe resultarles”. Como el debate del proyecto de constitución que se estaba dando requería del respeto al derecho de la Nueva Granada a ser consultada respecto de su voluntad, era preciso suspender esta constitución hasta que se pudieran reunirse los representantes de la mayoría de las provincias de la Nueva Granada. Además, había que prescribir una conducta “política, fraternal y generosa” a los
²³ Ángel Rafael Almarza Villalobos. Los inicios del gobierno representativo en la República de Colombia, 1818-1821, Madrid, Marcial Pons, 2017, p. 69.
²⁴ Carta publicada por Roberto Cortázar en Cartas y mensajes del general Francisco de Paula Santander, Bogotá, Librería Voluntad, 1953, volumen I, pp. 236-237.
²⁵ Carta del general Santander al general Bolívar. Cuartel General en el Palmar, 22 de abril de 1819. Publicada por Roberto Cortázar en Cartas y mensajes del general Francisco de Paula Santander, Bogotá, Librería Voluntad, 1953, volumen I, pp. 242-243.
²⁶ Carta publicada por Roberto Cortázar en Cartas y mensajes del general Francisco de Paula Santander, Bogotá, Librería Voluntad, 1953, volumen I, pp. 258-260.
jefes de las tropas que irían a liberar los territorios ocupados por los españoles. Pero también ellos debían estar obligados a reponer provisionalmente los gobiernos de las provincias que fuesen liberando, tal como los habían tenido en 1816.
Pidió entonces que la carta constitucional que se estaba debatiendo debería ser suspendida “hasta que puedan tomar parte en ella los pueblos de la Nueva Granada; a que se restablezca el gobierno provincial que se estableció cuando se vieron libres del yugo español” ²⁷. En su lugar, podía suplirse con un reglamento provisional de gobierno. Siguiendo instrucciones del general Santander, recomendó a los oficiales y tropas de “ambos Estados” observar en adelante moderación y recíproca armonía, y pidió discutir sus propuestas en la siguiente sesión.
Durante el curso de la siguiente semana, durante las sesiones 94 y 95 y 97, fueron sometidas a debate las dos propuestas que había llevado el diputado Vergara: suspender el proyecto de constitución hasta que estuviesen presentes más diputados de las provincias de la Nueva Granada, y reponer en los pueblos de la Nueva Granada que se fueran liberando el gobierno que tenían en el año 1816. Al final de ellas fue acordado que se le encargaba la redacción de un proyecto de ley que recogiese las observaciones que le habían hecho los demás diputados. Insistió Vergara en que se resolvieran sus dos peticiones en la sesión 100, y durante la siguiente, del 22 de junio, fue acordado que previamente se hiciera un manifiesto relativo a la importancia de la unión entre Venezuela y Nueva Granada, y sobre las bases en que esta debía fundarse, el cual fue encargada a una comisión de tres diputados, entre ellos el teniente coronel Uribe. En esa misma sesión, propuso el vicepresidente Zea que el diputado Vergara, poseedor de las lenguas inglesa y francesa, debía marchar con la comisión que había sido despachada a Londres para gestionar un empréstito y auxilios para la causa venezolana. Y así fue como los congresistas venezolanos se libraron de la presencia de Vergara, quien acompañado del diputado Peñalver marchó a Londres en misión diplomática.
El 15 de agosto de 1819, cuando los diputados del Congreso constitucional de Venezuela estamparon su firma en carta constitucional finalmente aprobada, firmaron como diputados por la provincia del Casanare dos de los que eran titulares: el doctor Francisco Antonio Zea y el teniente coronel Vicente Uribe. Habían estado
allí como “invitados”, porque afortunadamente la provincia que representaban no fue reclamada por los constituyentes de Venezuela a la hora de delimitar el territorio nacional, de acuerdo al principio uti posidetis.
²⁷ Acta 93 del Congreso constituyente de Venezuela. Angostura, 12 de junio de 1819.
De la colección personal de Armando Martínez Garnica.