Las experiencias republicanas de los ciudadanos colombianos que se acumularon durante sus dos primeros siglos de existencia nacional, a saber, entre 1810, cuando comenzó el proceso revolucionario que condujo a las declaraciones de independencia respecto del Estado monárquico de los reyes Borbones españoles, y el año 2010, cuando concluyó la administración del poder ejecutivo que encabezó Álvaro Uribe Vélez, son el objeto de este tomo. Es por ello que el grave problema de esta historia del poder social del régimen republicano colombiano es: ¿cómo relatar una historia de esas experiencias republicanas? ¿Acaso no se cuentan por miles?.
Al abrir su curso de historia moderna en la Universidad de Basilea, el 4 de mayo de 1871, el historiador suizo Jacob Burckhardt tuvo que delimitar ante sus estudiantes la historia europea del período 1578-1763 que iba a exponer en sus clases. Fue entonces cuando advirtió que en una exposición histórica la limitación era una necesidad obligada, con lo cual siempre se configuraba una arbitrariedad cuando un historiador procedía a escoger y destacar, en el tormentoso mar que es la historia mundial, solo algunas oleadas. El historiador actuaba entonces como un pintor de marinas, compelido a elegir una playa particular, una hora determinada y solo algunas oleadas del mar.
En un continuo histórico de todas las experiencias, le toca al historiador aislar solo algunas que le interesan, para luego exponer el resultado de su investigación ante sus lectores. Esta arbitrariedad, dictada por la
necesidad que impone nuestra limitación intelectual y de medios, solo nos deja con una selección personal, o la de nuestra tribu, y por ello la historia parece ser la menos científica de las ciencias, dado que su método de selección arbitraria de temas no está garantizado ni universalmente aprobado. Una vez que se han investigado algunos temas seleccionados arbitrariamente, llega el momento de enseñar lo que se ha comprendido o no, y viene de nuevo la arbitrariedad al seleccionar lo que ha de ser expuesto ante los lectores. La investigación crítica tiene un método bien conocido, pero la exposición que se hace de ella no, porque depende de lo que una época considera que es digno de ser mencionado de otra época. El historiador actúa entonces arbitrariamente al seleccionar, conforme a su criterio personal, aquello que vale la pena comunicar, según su personalidad, nacionalidad, vecindad y formación en algún período histórico. Es por eso que es tan difícil seleccionar los temas históricos que han de ser enseñados a una nueva generación de colombianos que debe pasar por las aulas escolares.
Este libro no escapa a esa arbitrariedad ni a las limitaciones intelectuales de su escritor, producto de su origen social y de su tiempo. Pero, con la seguridad de quien se siente animado por el amor a su patria, este ha elegido un conjunto de experiencias relativas al ejercicio del poder ejecutivo del Estado republicano, dado que en nuestra experiencia histórica es el presidente del Ejecutivo el mismo jefe del Estado. Esta investigación descubrió muchos jefes de estado excepcionales, animados por el deseo de acertar en sus agendas ejecutivas durante el tiempo asignado a sus administraciones, así como la escasa tolerancia de los ciudadanos a las propuestas dictatoriales, rápidamente eliminadas por auténticos golpes de opinión.
Si hay una nación fiel al principio de un Estado “popular representativo”, esta es la nación colombiana.
La historia tematizada se hace con las mejores y más pertinentes fuentes disponibles. Esta investigación eligió tres fuentes básicas para una historia del poder ejecutivo del Estado colombiano: la primera fue el Diario Oficial, fundado el 30 de abril de 1864 por un decreto dado por el presidente Manuel Murillo Toro y su secretario del Interior y Relaciones Exteriores. Al comenzar el año 2025 ya había llegado a casi 53.000 entregas, cifra no igualada por ninguna de las publicaciones oficiales o privadas del país. Como órgano de publicidad de los actos del Gobierno nacional, contiene la historia administrativa pública del país. Sus antecesores fueron: la Gaceta de Colombia, cuya primera entrega fue publicada en la Villa del Rosario el 6 de septiembre de 1821, y se extinguió en Bogotá con la entrega 566 del 29 de diciembre de 1831; la Gaceta de la Nueva Granada, cuya primera entrega apareció el 1° de enero de 1832 y concluyó con la entrega 941 el 30 de
necesidad que impone nuestra limitación intelectual y de medios, solo nos deja con una selección personal, o la de nuestra tribu, y por ello la historia parece ser la menos científica de las ciencias, dado que su método de selección arbitraria de temas no está garantizado ni universalmente aprobado. Una vez que se han investigado algunos temas seleccionados arbitrariamente, llega el momento de enseñar lo que se ha comprendido o no, y viene de nuevo la arbitrariedad al seleccionar lo que ha de ser expuesto ante los lectores. La investigación crítica tiene un método bien conocido, pero la exposición que se hace de ella no, porque depende de lo que una época considera que es digno de ser mencionado de otra época. El historiador actúa entonces arbitrariamente al seleccionar, conforme a su criterio personal, aquello que vale la pena comunicar, según su personalidad, nacionalidad, vecindad y formación en algún período histórico. Es por eso que es tan difícil seleccionar los temas históricos que han de ser enseñados a una nueva generación de colombianos que debe pasar por las aulas escolares.
Este libro no escapa a esa arbitrariedad ni a las limitaciones intelectuales de su escritor, producto de su origen social y de su tiempo. Pero, con la seguridad de quien se siente animado por el amor a su patria, este ha elegido un conjunto de experiencias relativas al ejercicio del poder ejecutivo del Estado republicano, dado que en nuestra experiencia histórica es el presidente del Ejecutivo el mismo jefe del Estado. Esta investigación descubrió muchos jefes de estado excepcionales, animados por el deseo de acertar en sus agendas ejecutivas durante el tiempo asignado a sus administraciones, así como la escasa tolerancia de los ciudadanos a las propuestas dictatoriales, rápidamente eliminadas por auténticos golpes de opinión.
Si hay una nación fiel al principio de un Estado “popular representativo”, esta es la nación colombiana.
La historia tematizada se hace con las mejores y más pertinentes fuentes disponibles. Esta investigación eligió tres fuentes básicas para una historia del poder ejecutivo del Estado colombiano: la primera fue el Diario Oficial, fundado el 30 de abril de 1864 por un decreto dado por el presidente Manuel Murillo Toro y su secretario del Interior y Relaciones Exteriores. Al comenzar el año 2025 ya había llegado a casi 53.000 entregas, cifra no igualada por ninguna de las publicaciones oficiales o privadas del país. Como órgano de publicidad de los actos del Gobierno nacional, contiene la historia administrativa pública del país. Sus antecesores fueron: la Gaceta de Colombia, cuya primera entrega fue publicada en la Villa del Rosario el 6 de septiembre de 1821, y se extinguió en Bogotá con la entrega 566 del 29 de diciembre de 1831; la Gaceta de la Nueva Granada, cuya primera entrega apareció el 1° de enero de 1832 y concluyó con la entrega 941 el 30 de
diciembre de 1847, seguida por la Gaceta Oficial el 2 de enero de 1848 como entrega 942, que se prolongó hasta la entrega 2603 del 9 de julio de 1.861; y el Registro Oficial, cuya primera entrega apareció 26 de julio de 1861 y se publicó hasta la entrega 160 del 27 de abril de 1864.
La segunda fuente fue la sección “Vida Nacional” de la Revista Javeriana, publicada mensualmente, entre marzo de 1938 y julio de 1983, por Juan Manuel Pacheco Ceballos, S.J. (Ocaña, 1914–Bogotá, 1986). Contiene un resumen de la vida social colombiana, bajo cuatro temáticas: política, economía, sociedad y cultura. Una selección y reedición de estas secciones, obra de Daniel Guillermo López Jiménez, fue publicada en 11 tomos por la Pontificia Universidad Javeriana y el Archivo Histórico Javeriano, entre los años 2016 y 2017. Y la tercera fue la compilación que el autor de este libro hizo de las memorias anuales presentadas por los presidentes de la república y los miembros de los gabinetes ministeriales al Congreso Nacional, el día en que se abrían sus sesiones ordinarias, acompañadas de la bibliografía disponible sobre las administraciones y los gobernantes. Esta compilación podrá descargarla el lector del código QR que la editorial fijará en el lugar correspondiente, y el autor solo tiene que agradecer a la comunidad de todos los historiadores, profesionales y aficionados, que con sus estudios temáticos especializados aportaron al texto de una obra dirigida al amplio público, sin las notas de pie de página para agradecer a cada uno de ellos su contribución a una representación básica de la historia republicana.
La historia de las administraciones del poder ejecutivo es importante en los Estados en los que el presidente de este poder actúa también como jefe de estado, pues es el corazón de la experiencia política de una nación. En algunos estados monárquico-parlamentarios, como Gran Bretaña, la historia del poder legislativo tiene una larga tradición de su cultivo, pero en el nuestro, de régimen presidencialista, importa mucho más la historia de la actuación del poder ejecutivo. Otras historias del Congreso, o de la Corte Suprema de Justicia, como la de Mario Alberto Cajas Sarria, complementarán la que se ofrece en este volumen. Siendo el Estado, en sus distintas ramas funcionales de ejercicio del poder soberano, el actor principal de la vida política de una nación de ciudadanos, habría que aceptar que una historia política de una nación es, en lo fundamental, la historia del poder soberano.
De la colección personal de Armando Martínez Garnica.