Colección Martínez Garnica

1816 / El terror y la sangre sublime

Armando Martínez Garnica
ProcedenciaEjemplar de la colección personal del historiador Armando Martínez Garnica (Bucaramanga). Doctor en Historia por El Colegio de México y profesor emérito de la Universidad Industrial de Santander. Fue director del Archivo General de la Nación (2016-2019), dirigió la Revista de Santander y preside la Academia Colombiana de Historia.
Edición digital recompuesta de la digitalización del ejemplar impreso. Transcripción realizada página a página contra las imágenes del escaneo; los pasajes ilegibles están marcados. Recreación tipográfica que no sustituye a la edición impresa.

La recon­quista del centro del Nuevo Reino de Granada

La recon­quista del centro del Nuevo Reino de Granada

Armando Martínez Garnica

Desde el cuartel general del Ejército de Ope­ra­cio­nes del Norte, esta­ble­cido en el Pie de la Cuesta, el general de brigada Custodio García Rovira acusó —el 13 de enero de 1816— al Secre­ta­rio de Guerra del gobierno general de las Pro­vin­cias Unidas de la Nueva Granada el recibo de la orden de "contener a los enemigos de la repú­blica" que mar­cha­ban hacia Santafé, pese a no reunir en su persona "todos los cono­ci­mien­tos de una pro­fe­sión que no ha sido la mía, como por otros obs­tá­cu­los que son propios del tiempo".1 Contaba para ello con el apoyo de Fran­cisco de Paula San­tan­der, recien­te­mente nombrado mayor general, del coronel francés Manuel Roergas Serviez y de otros ofi­cia­les, como Fran­cisco Conde y Fran­cisco Madrid. Como las ins­truc­cio­nes que le habían sido giradas por el Secre­ta­rio de Guerra el 4 de enero anterior eran precisas —"atacar de firme al Exército de Sebas­tián de la Calzada hasta des­truirlo o por lo menos alejarlo de la Nueva Granada"—, su res­pon­sa­bi­li­dad política era máxima: "[…] si somos vencidos por el enemigo creo que, si no expira la libertad, a lo menos está la repú­blica a dos dedos de su ruina".2

La fuerza militar que debía enfren­tar García Rovira era la van­guar­dia del Ejército Expe­di­cio­na­rio de Tierra Firme, que, orga­ni­zada en la Quinta División, se había puesto en marcha el 18 de octubre del año anterior hacia el Nuevo Reino de Granada desde Guas­dua­lito, bajo el mando del coronel don Sebas­tián de la Calzada. Una vez que cayó la plaza de Car­ta­gena el 6 de diciem­bre siguiente y entró en ella Gabriel de Torres como gober­na­dor, pudo don Pablo Morillo formular un plan de campaña de recon­quista de las pro­vin­cias del centro del reino que se alejaba "del arte de la guerra por la dise­mi­na­ción que se hizo de las fuerzas, y por otras razones mili­ta­res", pues las columnas fueron dis­per­sa­das "para abrazar el vasto país, y explorar las cor­di­lle­ras y bosques, a fin de no dar lugar a que los mal­con­ten­tos formasen partidas", pero siempre man­te­niendo la fuerza prin­ci­pal "reunida a la derecha

1. Custodio García Rovira. Comu­ni­ca­ción dirigida a Andrés Rodrí­guez, secre­ta­rio de Guerra del gobierno general de las Pro­vin­cias Unidas de la Nueva Granada. Cuartel general del Pie de la Cuesta, 13 de enero de 1816. En Cacua Prada, Antonio. Custodio García Rovira. El estu­diante mártir. Bogotá: Academia Colom­biana de Historia, Plaza & Janés, 1983, p. 133.

2. Andrés Rodrí­guez, secre­ta­rio de Guerra del gobierno general de las Pro­vin­cias Unidas de la Nueva Granada. Ins­truc­cio­nes giradas [al] jefe del Ejército de Ope­ra­cio­nes del Norte, general de brigada Custodio García Rovira. Santafé, 4 de enero de 1816. Real Academia de la Historia, Colec­ción de Pablo Morillo, Conde de Car­ta­gena, sig. 9/7649, legajo 6, m) 3, folios 670r-672r.

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del río Mag­da­lena". La marcha sobre Santafé se haría simul­tá­ne­a­mente en tres direc­cio­nes: por el río Mag­da­lena hasta Honda; por Ocaña, el páramo de Cachirí, Girón, Socorro y Vélez y Tunja; y por la pro­vin­cia de Antio­quia hacia las de Mari­quita y Santafé. Las tropas que mar­cha­ron de Car­ta­gena hacia el interior del reino fueron el regi­miento de infan­te­ría de la Victoria, el primer batallón del rey, "com­puesto de vene­zo­la­nos", con otros dos bata­llo­nes más de vene­zo­la­nos, dos com­pa­ñías de arti­lle­ría ligera, cinco com­pa­ñías de húsares de Fernando VII, media compañía de zapa­do­res, la compañía de Caza­do­res de Castilla y la Compañía de Bar­bas­tro.3

La batalla del páramo de Cachirí

El 7 de febrero de 1816, el general Custodio García Rovira llegó con su ejército de soco­rra­nos, neo­gra­na­di­nos y vene­zo­la­nos a la villa de Matanza. Calzada ordenó que un des­ta­ca­mento de 300 hombres se quedase en la entrada al páramo de Cachirí, pero el siguiente día una columna de soco­rra­nos enca­be­zada por José María Carreño lo atacó y lo obligó a desa­lo­jar su posición. Tres días después, García Rovira informó al Secre­ta­rio de Guerra que había acampado al pie del páramo de Cachirí y el 16 de febrero ordenó a su ejército inter­narse en el páramo por el camino de Ocaña. Durante los días 21 y 22 de febrero, se libró en este páramo la batalla decisiva entre el Ejército de Ope­ra­cio­nes del Norte, enca­be­zado por García Rovira, y la Quinta División del Ejército Expe­di­cio­na­rio, coman­dada por el coronel Calzada, con el apoyo de las com­pa­ñías de caza­do­res diri­gi­das por el teniente coronel Matías Escuté. Los dos partes mili­ta­res4 dados inme­dia­ta­mente por Sebas­tián de la Calzada al general Pablo Morillo, como las memorias de Fran­cisco de Paula San­tan­der5 y Rafael Sevilla,6 son las mejores fuentes para recons­truir lo que allí ocurrió. Podemos agregar el relato pos­te­rior del mismo Morillo,7 quien estaba en Mompox en el momento de la batalla, y el de su primer biógrafo, Jerónimo de la Escosura,8 el primero que tuvo acceso a su archivo personal.

Según San­tan­der, el plan de defender la montaña de Cachirí "colo­cando las tropas por esca­lo­nes para hacer una retirada a Buca­ra­manga" era muy arries­gado porque tenía que ser eje­cu­tado "con tropas tan bisoñas, que más de la mitad de los soldados apenas se habían fogueado antes de ver por primera vez al enemigo".9 De acuerdo con el más completo parte de Calzada, los jefes de brigada Custodio García Rovira, Timoteo Ricaurte, Fran­cisco de Paula San­tan­der, Fran­cisco Madrid y el zambo Pedro Arévalo habían con­du­cido hasta las alturas de Cachirí tres mil hombres. El día 21 de febrero, las com­pa­ñías de caza­do­res mandadas por el capitán Sil­ves­tre Llorente reco­no­cie­ron los bosques inme­dia­tos y atacaron a 300 caza­do­res repu­bli­ca­nos que obser­va­ban las fuerzas expe­di­cio­na­rias, arro­llán­do­los. A las cinco de la tarde, el segundo batallón

3. Campaña de la recon­quista del Nuevo Reyno de Granada en 1816. Ope­ra­cio­nes en el interior del Nuevo Reyno de Granada, hasta la reduc­ción de los rebeldes y completa paci­fi­ca­ción del Virrey­nato. Real Academia de la Historia, Colec­ción Pablo Morillo, sig. 9/7651, leg. 8, 1), folios 351-385, fotos 706-774.

4. El primer parte de Sebas­tián de la Calzada fue firmado el 23 de febrero de 1816 en el cuartel general de Suratá. El segundo, el 27 de febrero siguiente, en el cuartel general del Pie de la Cuesta. Real Academia de la Historia, Colec­ción Pablo Morillo, libro copiador de la corres­pon­den­cia enviada por el general Pablo Morillo, sig­na­tura 9/7656, leg. 13, b), folios 125v-126v, fotos 248-250. Legajo 13, a), folios 15-16, fotos 35-38. Otra copia en sig. 9/7656, leg. 13, b), folios 128v-131, fotos 254-259. El segundo fue impreso, incom­pleto, con superior orden en Car­ta­gena de Indias, en la Imprenta del Gobierno, por don Ramón León del Pozo, año de 1816.

5. San­tan­der, Fran­cisco de Paula. Apun­ta­mien­tos para las memorias sobre Colombia i la Nueva Granada. Bogotá: Imprenta de Lleras y Compañía, 1837.

6. Sevilla, Rafael. Memorias de un oficial del Ejército español. Campañas contra Bolívar y los sepa­ra­tis­tas de América. Madrid: América, 1916.

7. Pablo Morillo. Campaña de la recon­quista del Nuevo Reyno de Granada en 1816. Ope­ra­cio­nes en el interior del Nuevo Reyno de Granada, hasta la reduc­ción de los rebeldes y completa paci­fi­ca­ción del Virrey­nato. Real Academia de la Historia, Colec­ción Pablo Morillo, sig. 9/7651, leg. 8, 1), folios 358-360, fotos 720-724.

8. Jerónimo de la Escosura. Bio­gra­fía del teniente general don Pablo Morillo, Conde de Car­ta­gena, Marqués de la Puerta, caba­llero gran cruz de la real y dis­tin­guida orden de Carlos 3º, de la militar de San Fernando, de la ame­ri­cana de Isabel la Católica y caba­llero de la de San Her­me­ne­gildo, gentil hombre de cámara de S. M. etc., etc. Madrid, 18 de marzo de 1840. Colec­ción Pablo Morillo, sig. 9/7651. Leg. 8, a), folios 1-38.

9. San­tan­der, Apun­ta­mien­tos para las memorias…, op. cit.

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de Numancia y la columna de caza­do­res se desplegó en gue­rri­lla para batir las posi­cio­nes de los enemigos "que estaban bien para­pe­ta­dos", hasta que llegó la noche, pero las com­pa­ñías de caza­do­res del primero y segundo batallón expe­di­cio­na­rio man­tu­vie­ron el fuego hasta tomar la altura de la izquierda, flan­que­ando a sus enemigos. Durante toda la noche, el Ejército del Norte trasladó su cam­pa­mento, cons­tru­yendo nuevos para­pe­tos a toda prisa. El desen­lace se produjo en la mañana del 22 de febrero, con el dra­má­tico resul­tado que reportó Calzada: más de mil muertos [repu­bli­ca­nos], "de los cuales 40 ofi­cia­les, 200 heridos, 500 pri­sio­ne­ros, incluso 28 ofi­cia­les, 4 banderas de batallón, 750 fusiles, 300 lanzas, 45 000 car­tu­chos, pro­vi­sio­nes, ganados y otros varios efectos".10 La pérdida del Ejército Expe­di­cio­na­rio la calculó en 150 hombres entre muertos y heridos. El 11 de mayo siguiente, 78 días después de la batalla, pasó por el páramo de Cachirí el capitán español Rafael Sevilla. Su relato es esca­lo­friante: "El hedor que exha­la­ban los inse­pul­tos cadá­ve­res que yacían en derredor era inso­por­ta­ble".11 Al llegar al sitio donde habían sido cons­trui­dos los para­pe­tos, lo encontró total­mente cubierto de muertos y caballos en putre­fac­ción, así como de prendas de un ejército des­tro­zado. Como "las aves de

10. Sebas­tián de la Calzada. Segundo parte de la batalla de Cachirí. Pie­de­cuesta, 27 de febrero de 1816. Manus­crito en la colec­ción de don Pablo Morillo, Conde de Car­ta­gena, Madrid, Real Academia de la Historia, Libro copiador de oficios des­pa­cha­dos, N° 19, sig. 9/7656, legajo 13, a), folios 15-16, fotos 35-38. Otra copia en sig. 9/7656, leg. 13, b), folios 128v-131, fotos 254-259. Fue impreso, incom­pleto, con superior orden en Car­ta­gena de Indias, en la Imprenta del Gobierno, por don Ramón León del Pozo, año de 1816.

11. Sevilla, Memorias de un oficial… op. cit.

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Feli­gre­sías del Socorro, Confines y Oiba, [s. f.], SMP4, REF 688A, sección: Mapas y Planos, Archivo General de la Nación, Bogotá.

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rapiña cer­ní­anse ominosas sobre aquel cemen­te­rio al des­cu­bierto", se permitió una refle­xión moral: "¡Oh, cuántas madres, cuántas esposas tendrían arro­ja­dos como perros en aquel campo a los pedazos de su amor! ¡Felices los pueblos que no han sido visi­ta­dos por esa cala­mi­dad que se llama guerra! ¡Des­gra­cia­dos aquellos en donde esta furia impera!".12

La recon­quista de la capital del reino

El 27 de febrero, entraron a la villa del Socorro los restos del Ejército de Ope­ra­cio­nes del Norte, enca­be­za­dos por Custodio García Rovira, Fran­cisco de Paula San­tan­der, 20 ofi­cia­les más y unos 30 jinetes. La mayor parte de los reclutas que sobre­vi­vie­ron se des­ban­da­ron por todas partes. De inme­diato, se ordenó una nueva leva de soco­rra­nos para orga­ni­zar la defensa de la capital. El día siguiente llegó la noticia del des­ca­la­bro militar a Santafé y entonces José María Caba­llero anotó en su diario con su pluma irónica: "¡Adiós, libertad! ¡Adiós, inde­pen­den­cia! ¡Qué mal te han sabido con­ser­var! Batieron la columna que mandaba don Custodio García Rovira, com­puesta de 400 hombres, y ense­guida los demás. Si éstos no tienen práctica militar, si se han colocado en los empleos es por el sueldo y robar".13

Mientras tanto, la quinta división expe­di­cio­na­ria de Calzada y la columna de caza­do­res de Matías Escuté avan­za­ron hacia la villa del Socorro, apo­de­rán­dose de todas las tara­bi­tas que cruzaban el río Chi­ca­mo­cha. Enca­be­za­dos por el párroco de Buca­ra­manga, el doctor Juan Eloy Valen­zuela Mantilla, este vecin­da­rio y los de Girón y el Pie de la Cuesta "se portaron con el mayor entu­siasmo y lealtad al acer­carse las tropas del rey, haciendo demos­tra­cio­nes que indi­ca­ban bien su adhesión a la justa causa, y dando el mejor hos­pe­daje a los soldados", según informó Morillo.14 En la plaza de Girón, fue ahorcado el oficial Pedro Arévalo, apresado en Cachirí, por orden de Sebas­tián de la Calzada.

Conforme a la tra­di­ción de la piedad aus­trí­aca del siglo XVII, los templos de Santafé reto­ma­ron la práctica de las horas de oración. Caba­llero relató que el pre­si­dente Camilo Torres ordenó celebrar una misa solemne en La Con­cep­ción, enco­men­dado las preces a Nuestra Señora de la Peña. Se comen­za­ron nove­na­rios a Nuestra Señora del Topo en la Catedral, preces a Nuestro Amo en Santo Domingo y en San Fran­cisco, al Espíritu Santo en La Con­cep­ción, a San Miguel y a Nuestra Señora del Des­cen­di­miento en San Fran­cisco, "y en todas las demás iglesias y con­ven­tos a dife­ren­tes santos, que es lo que real­mente nos puede librar de esta terrible cala­mi­dad".15

12. Ibid. El oficial Rafael Sevilla era sobrino del general Pascual Enrile y tenía 22 años en 1816.

13. José María Caba­llero. Libro de varias noticias par­ti­cu­la­res que han sucedido en esta capital de Santa Fe de Bogotá, Pro­vin­cia de Cun­di­na­marca, sacadas de varios cua­der­nos antiguos, desde el año de 1743, arre­glado lo posible en este año del Señor de 1813, 3º de nuestra trans­for­ma­ción política y 1º de nuestra inde­pen­den­cia absoluta… por el ciu­da­dano… sub­te­niente de milicias de infan­te­ría de esta capital, Santafé, 1783-1819. 1ª edición en Bogotá, como parte del primer volumen de la Biblio­teca de Historia Nacional (La Patria Boba), con el título de Días de la inde­pen­den­cia, 1902, ano­ta­ción del 28 de febrero de 1816.

14. Morillo, Campaña de la recon­quista del Nuevo Reyno…, op. cit.

15. Caba­llero, Libro de varias noticias par­ti­cu­la­res…, op. cit., ano­ta­cio­nes del 3 y 9 de marzo de 1816.

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El 6 de marzo, comenzó la migra­ción de soco­rra­nos hacia el sur y el siguiente día la res­pon­sa­bi­li­dad militar del gran derro­tado en Cachirí fue cobrada: el Secre­ta­rio de Guerra de las Pro­vin­cias Unidas nombró al general francés Manuel de Serviez como general en jefe de todas las fuerzas de la segunda línea de defensa que se estaba orga­ni­zando desde Sogamoso hasta Chi­quin­quirá, con las que se estaban reple­gando desde el Socorro. El 22 de marzo siguiente, García Rovira entregó al general Serviez, en el Puente Real de Vélez, el mando de los restos de los bata­llo­nes derro­ta­dos en Cachirí y en Cúcuta, aumen­ta­dos en la pro­vin­cia del Socorro con nuevos reclutas y con caba­lle­ría de milicias sin la menor dis­ci­plina. La res­pon­sa­bi­li­dad política de la derrota fue pagada el 12 de marzo, cuando renunció Camilo Torres a la pre­si­den­cia del gobierno general y Fran­cisco Javier García Hevia a la gober­na­ción de la pro­vin­cia de Santafé. Esa misma noche una turba de san­ta­fe­re­ños acudió a la sede del Congreso para pedir un dictador, como en los tiempos de don Antonio Nariño. Dos días después, fue elegido José Fer­nán­dez Madrid como nuevo pre­si­dente de las Pro­vin­cias Unidas de la Nueva Granada. Cinco días después entraron a Santafé los emi­gra­dos de la pro­vin­cia del Socorro, quienes fueron orga­ni­za­dos en un cuerpo militar para la defensa de esta ciudad.

El resul­tado de la batalla de Cachirí obligó a los miembros del gobierno de las Pro­vin­cias Unidas y a los jefes mili­ta­res a examinar las opciones polí­ti­cas per­ti­nen­tes: primero, resistir con las armas o capi­tu­lar en procura del indulto que ofrecía Morillo; segundo, en el caso de reti­rarse para orga­ni­zar la resis­ten­cia armada, hacia la pro­vin­cia de Popayán o hacia los llanos del Casanare. En la villa de Leiva, se produjo el encuen­tro entre el general Serviez y el doctor José María Dávila, diputado enviado por el Congreso de las Pro­vin­cias Unidas a con­sul­tar sobre la con­ve­nien­cia de capi­tu­lar con los espa­ño­les. Con­sul­ta­dos los jefes mili­ta­res, los coro­ne­les Vergara, Conde, Concha, Tomás Montilla y San­tan­der uná­ni­me­mente negaron la con­ve­nien­cia para el país de una capi­tu­la­ción con Morillo.

Serviez no tenía inten­ción alguna de dar la batalla al Ejército Expe­di­cio­na­rio, pues, según San­tan­der, tenía poca con­fianza en su ejército de bisoños y la con­vic­ción de que ya era impo­si­ble impedir al ejército real que se apo­de­rase de la Nueva Granada. Reser­vado con todos los jefes, des­con­fiando de la inten­ción de capi­tu­la­ción de estos, Serviez no mani­fes­taba a sus subal­ter­nos "sus ver­da­de­ras inten­cio­nes".16 Como tenía en su poder varias cartas que había recibido de patrio­tas gra­na­di­nos y vene­zo­la­nos que le hacían la más lison­jera pintura de los recursos del país en caballos y ganado, del entu­siasmo de los llaneros, y de las ventajas que las tropas inde­pen­dien­tes habían alcan­zado en la pro­vin­cia de Barinas en dis­tin­tos combates con los enemigos, acordó con los ofi­cia­les vene­zo­la­nos que le acom­pa­ña­ban enviar al coronel San­tan­der ante el pre­si­dente Fer­nán­dez

16. San­tan­der, Apun­ta­mien­tos para las memorias…, op. cit.

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Madrid para que lo con­ven­ciera de que se retirase hacia Casanare con las tropas y demás recursos que fuera posible. Fue así como San­tan­der pasó de Chi­quin­quirá a Zipa­quirá, donde estaban reunidos varios dipu­ta­dos del Congreso, y efec­ti­va­mente los con­ven­ció de la opción de reti­rarse hacia los llanos de Casanare. Serviez mismo fue llamado por el pre­si­dente Fer­nán­dez Madrid a Chía para con­sul­tarle sobre la posi­bi­li­dad de dar una batalla con espe­ranza de éxito, por una parte, y, de la otra, sobre la con­ve­nien­cia de preferir la retirada hacia Popayán en vez de la de los llanos. El oficial francés insistió en su inca­pa­ci­dad para resistir al enemigo y en su reso­lu­ción de reti­rarse hacia el Casanare cuando se le acercase, con­mi­nando al pre­si­dente a acom­pa­ñarlo con la Guardia de Honor y el batallón del Sur que acababa de llegar.

Resuelta ya la opción de la retirada y la negativa a capi­tu­lar ante Morillo, no fue posible un acuerdo sobre el destino de la retirada. Según San­tan­der, porque Fer­nán­dez Madrid des­con­fiaba que Serviez lo depu­siera del mando y se pro­cla­mase dictador, como porque Serviez, con los vene­zo­la­nos, des­con­fia­ban del pre­si­dente porque creían que este los haría arrestar y entregar a los espa­ño­les por medio de una capi­tu­la­ción. Fue así como el pre­si­dente salió de Chía pre­ci­pi­ta­da­mente hacia Popayán por el camino de Funza cuando las tropas de La Torre ocuparon Zipa­quirá, mientras que Serviez se situó en Usaquén, a una legua de Santafé. Como sus soldados apre­hen­die­ron un correo que llevaba unos pliegos enviados por Fer­nán­dez Madrid a Morillo, en los cuales mani­fes­taba "su decisión de capi­tu­lar y devolver al dominio del rey los pueblos que aún no lo estaban, y su pesar de que la opo­si­ción del ejército de Serviez le hubiese impedido llevar a efecto sus inten­cio­nes y los deseos del congreso general, que había facul­tado al pre­si­dente para esta nego­cia­ción", los ofi­cia­les que estaban a su mando des­co­no­cie­ron la orden que desde Funza les había enviado el pre­si­dente para que lo siguie­ran hacia Popayán, y tomaron la decisión de mar­charse hacia el Casanare.17

En la jus­ti­fi­ca­ción de su conducta desde La Mesa, Fer­nán­dez Madrid dio su versión sobre las desa­ve­nen­cias que había tenido con Serviez en la entre­vista de Chía: este le había ase­gu­rado que las dos fuerzas reunidas serían derro­ta­das por la supe­rio­ri­dad del enemigo, y le enca­re­ció la urgente retirada hacia los Llanos porque a su vista se dis­per­sa­rían las tropas bisoñas; y protestó que, si se trataba de llevar el Ejército al Sur, este se pondría en efer­ves­cen­cia y se disol­ve­ría causando graves males, pues todos los ofi­cia­les vene­zo­la­nos y aun los gra­na­di­nos estaban deci­di­dos a reti­rarse a Casanare, a donde algunos ya tenían ade­lan­ta­das sus familias. El pre­si­dente replicó que, aunque con­cor­daba con la opinión de que una acción militar no tenía para ellos pro­ba­bi­li­dad alguna de victoria, sin embargo, sus fuerzas unidas sí podían ser emple­a­das para abrir una nego­cia­ción de paz con el enemigo dirigida a "sacar algún partido que dis­mi­nu­yese cuanto

17. Ibid.

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fuese posible las cala­mi­da­des de los mise­ra­bles pueblos a quienes no era justo aban­do­nar para siempre".18 Pero Serviez le había con­tes­tado que "los ofi­cia­les del Exército estaban per­sua­di­dos de que los espa­ño­les nunca cumplían pacto ni capi­tu­la­ción alguna, y que así tampoco podía el gobierno contar con el Exército para este objeto".19

El fracaso de esta entre­vista era fatal para el pre­si­dente, pues el Ejército de Ope­ra­cio­nes del Norte no ofre­ce­ría combate al enemigo, ni le acom­pa­ña­ría en la retirada hacia Popayán, ni tampoco en una nego­cia­ción de paz que dis­mi­nu­yese a los pueblos las cala­mi­da­des que les espe­ra­ban. El 1º de mayo tuvo que mandarle a decir a Serviez, con García Rovira, que al menos con­tu­viera a los enemigos antes de mar­charse al Casanare, pro­te­giendo a las fuerzas que acom­pa­ña­rían al gobierno en su marcha hacia el pueblo de Bogotá. Cuando la van­guar­dia del Ejército Expe­di­cio­na­rio tomó Zipa­quirá, el 4 de mayo, el ejército del Sur se puso en marcha hacia La Mesa, dejando a los san­ta­fe­re­ños librados a su suerte. El lunes 6 de mayo entró a Santafé la van­guar­dia del Ejército Expe­di­cio­na­rio con sus dos jefes, los coro­ne­les Miguel de la Torre y Sebas­tián de la Calzada, como con­se­cuen­cia de la derrota de Cachirí y de las ventajas de la retirada de los ejér­ci­tos del Congreso de las Pro­vin­cias Unidas. Fue el día que José María Caba­llero consignó en su Diario como el "día de la trans­fi­gu­ra­ción":

[…] porque dentro de una hora —que fue de las diez a las once— se tras­fi­gu­ra­ron todos de tal modo, que todos los res­plan­do­res eran de rea­lis­tas; aun aquellos patrio­tas dis­tin­gui­dos se tras­fi­gu­ra­ron, que por los muchos res­plan­do­res yo no conocía a ninguno. Día mara­vi­lloso, ya se ve, día en que de nuevo se nos han rema­chado los grillos y las cadenas; y ahora sí que es de veras nuestra escla­vi­tud […] Las mujeres era cosa de ver cómo salieron como locas por las calles con ban­de­ri­tas y ramos blancos, gritando vivas a Fernando VII, entraron en tumulto al Palacio y cubrie­ron los balcones, y a las once que entraron los curros, ellas desde el balcón les echaban vítores con mucha alegría y algazara. La plaza se llenó de gente, con ser que más de media ciudad había emigrado. […].20

A las cuatro de la tarde, entraron los cuatro bata­llo­nes de infan­te­ría y se pudo ver cla­ra­mente su com­po­si­ción social y sus diversos trajes mili­ta­res: el primero y el segundo eran de espa­ño­les penin­su­la­res, pero los demás eran, como observó Caba­llero, de mulatos y negros de la pro­vin­cia de Vene­zuela, así como de hombres reclu­ta­dos en las pro­vin­cias del Socorro y Tunja. Los penin­su­la­res vestían "a lo mosaico, otros a lo moro, y los arti­lle­ros a lo genízaro, con una especie de diademas en la cabeza, que llaman cachu­chas. La infan­te­ría venía vestida a lo húngaro, y los curros a lo gitano, con chaqueta y capote corto; los zapa­do­res venían con barba larga, como capu­chi­nos, y el vestido a lo húngaro, y todos con bigote".21

18. José Fer­nán­dez Madrid. Breve jus­ti­fi­ca­ción de mi conducta desde que se me encargó del gobierno hasta esta fecha. La Mesa, mayo 5 de 1816. Imprenta del Gobierno. Por el C. J. M. Ríos, impresor del Congreso de la Nueva Granada, Real Academia de la Historia, Colec­ción de Pablo Morillo, Conde de Car­ta­gena, sig. 9/7649, leg. 6, h) 3, folio 579r-v.

19. Ibid.

20. Caba­llero, Libro de varias noticias par­ti­cu­la­res…, op. cit., ano­ta­ción del 6 de mayo de 1816.

21. Ibid.

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LA RECON­QUISTA DEL CENTRO DEL NUEVO REINO DE GRANADA

El 13 de mayo ya estaba Morillo con su séquito en la parro­quia de Buca­ra­manga, pro­ve­niente de Ocaña, desde donde había dirigido el 1º de abril anterior una proclama a los habi­tan­tes de las pro­vin­cias del Socorro y Tunja para adver­tir­les contra el francés Serviez, el nuevo jefe del Ejército del Congreso, quien como otros más de la "cáfila de aven­tu­re­ros" que habiendo sido arro­ja­dos de su patria "y hablando mucho de honor, com­pro­me­ten los sen­ci­llos habi­tan­tes de estos países y después de robar y de cometer toda suerte de maldades, se fugan y los aban­do­nan".22 Siguió su camino por las villas de San Gil y el Socorro, y en la noche del 26 de mayo entró a Santafé.

Desa­ve­nen­cias entre los jefes espa­ño­les

Las ins­truc­cio­nes dadas el 18 de noviem­bre de 1814 por el novo­his­pano Miguel de Lar­di­zá­bal y Uribe —ministro uni­ver­sal de Indias— al general Pablo Morillo limi­ta­ban su acción al res­ta­ble­ci­miento del orden en la Costa Firme hasta el Darién y de la tran­qui­li­dad en la capi­ta­nía general de Caracas, a la ocu­pa­ción de la plaza de Car­ta­gena de Indias y al auxilio del jefe que mandase en el Nuevo Reino de Granada con el menor derra­ma­miento de sangre de sus amados vasallos, sin excluir del número de vasallos a los extra­via­dos de aquellas vastas regiones de América. Una vez con­se­gui­dos estos pro­pó­si­tos, debía enviar al Perú el exce­dente de tropas europeas que pudiese, y si aún quedasen algunas sobran­tes las remi­ti­ría a la Nueva España. Se insistió en "la buena armonía" que Morillo debía esta­ble­cer con el virrey del Nuevo Reino de Granada, pues el rey esperaba que, si alguna desa­ve­nen­cia llegara a sus­ci­tarse entre ambos, no debían olvidar "que los inte­re­ses que se les ha confiado no son de ellos propios, sino son los de su majestad, que han de hacer la feli­ci­dad de sus amados vasallos".23

Como las capi­ta­nías gene­ra­les del Nuevo Reino de Granada y de Vene­zuela habían sido unidas por orden de la Regencia el 12 de sep­tiem­bre del año anterior y puestas en cabeza de Fran­cisco Montalvo, el día siguiente del despacho de las ante­rio­res ins­truc­cio­nes ordenó el ministro uni­ver­sal de Indias sepa­rar­las para que Morillo pudiera ejercer la de Vene­zuela, como se le había ofrecido el 14 de agosto anterior, de tal suerte que Montalvo retuvo sola­mente la juris­dic­ción del Nuevo Reino. Cuando Morillo marchó sobre la plaza de Car­ta­gena, dejó en Caracas como capitán general interino al bri­ga­dier Salvador Moxó, quien fue el encar­gado de res­ta­ble­cer solem­ne­mente el tribunal de la Real Audien­cia. El 28 de abril de 1816, cuando el rey Fernando VII dio la orden de res­ta­ble­cer el virrei­nato en la capi­ta­nía general del Nuevo Reino de Granada, como lo había sido en su sede de Panamá hasta 1812, Fran­cisco de Montalvo pasó de hecho a ocupar la posición de virrey, pero continuó des­pa­chando en Car­ta­gena, res­pal­dado por el regi­miento de León, los bata­llo­nes de Granada y

22. Pablo Morillo. Proclama dirigida a los habi­tan­tes de las pro­vin­cias del Socorro y Tunja. Ocaña, 1º de abril de 1816. RAH, Colec­ción de Pablo Morillo, Conde de Car­ta­gena, sig. 9/7650, leg. 7, c), folio 146r-v. Tanto el comodoro Louis-Michel Aury como Henri Louis Ducou­dray habían estado defen­diendo los cuatro fuertes de Boca­chica durante el sitio del año anterior. Ducou­dray Holstein, Henri Louis. Memorias de Simón Bolívar y de sus prin­ci­pa­les gene­ra­les [Boston, 1828], tra­duc­ción del original inglés por Juan Carlos Vela Correa. Bogotá: Terra Firma Editores, 2010, capítulo XI.

23. Miguel de Lar­di­zá­bal y Uribe. Ins­truc­cio­nes dadas al general Pablo Morillo para su expe­di­ción a la Costa Firme. Madrid, 18 de noviem­bre de 1814. RAH, Colec­ción de Pablo Morillo, Conde de Car­ta­gena, sig. 9/7651, legajo 8, b), folios 40-46v, fotos 88-101.

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1816 / El terror y la sangre sublime

de la Albuera, Puerto Rico y segundo del rey, dos com­pa­ñías de arti­lle­ría y el resto de las de zapa­do­res y mina­do­res.

Al quedarse des­pa­chando en Car­ta­gena, en vez de marchar hacia Santafé, Montalvo dio lugar a las temidas desa­ve­nen­cias con Morillo, quien comenzó a intrigar en su corres­pon­den­cia para des­po­jarlo de su empleo y organizó de hecho una cadena de mando militar en las pro­vin­cias que fue recon­quis­tando. Al llegar a la ciudad de Girón, que tan cálido reci­bi­miento le tributó, Morillo oyó las quejas de sus vecinos notables sobre la diso­lu­ción de su gober­na­ción pro­vin­cial en 1786 y su agre­ga­ción a la juris­dic­ción del corre­gi­dor de la pro­vin­cia de Pamplona. Con­si­deró entonces que las cir­cuns­tan­cias acon­se­ja­ban "ir por la vía militar" y resolvió separar las dos juris­dic­cio­nes pro­vin­cia­les antiguas, eri­giendo en Girón una coman­dan­cia militar. Al llegar a la villa del Socorro, cabecera de un corre­gi­miento nuevo, también decidió divi­dirlo inte­ri­na­mente en tres coman­dan­cias mili­ta­res, con­ce­diendo auto­no­mía de hecho a los rivales vecin­da­rios de San Gil y de Vélez, pero, sobre todo, ins­tau­rando en cada cabecera pro­vin­cial un coman­dante militar subor­di­nado direc­ta­mente a su persona.

La desa­ve­nen­cia entre Montalvo y Morillo se mani­festó cuando el virrey ordenó a los fun­cio­na­rios de la Real Audien­cia y del Tribunal de Cuentas que estaban des­pa­chando en Panamá desde 1810 tras­la­darse a Car­ta­gena. Morillo detuvo la marcha del contador del Tribunal de Cuentas alegando que lo nece­si­taba a su lado porque era la única persona del ramo de hacienda honrado y con el que hacía frente a los secues­tros, a las raciones, a la recau­da­ción, a adquirir noticias, y en fin a todo lo del ramo de la hacienda indis­pen­sa­ble para que el desorden no pro­du­jese ruina. Desde la pers­pec­tiva del virrey, se trataba de un atentado a sus facul­ta­des y, por ello, su ánimo se exasperó. Morillo cedió en ese momento y adoptó una actitud de subal­terno, en sacri­fi­cio de la paz, soli­ci­tán­dole a Montalvo otro fun­cio­na­rio de hacienda capaz y un juez togado para que lo ilus­tra­sen, pero le informó al Ministro de la Guerra que la cuestión se reducía "a que aquel señor es muy celoso de su auto­ri­dad y se imagina que todos se la atacan", algo que se reme­dia­ría si aquel esta­ble­ciera su despacho en Santafé y estu­vie­ran los dos "inme­dia­tos".24 Pero el 9 de junio de 1816 Morillo nombró en inte­ri­ni­dad los altos fun­cio­na­rios de la Real Hacienda coop­tán­do­los de su expe­di­ción: Pedro de Miche­lena, quien llegó como contador del Ejército Expe­di­cio­na­rio, fue nombrado admi­nis­tra­dor prin­ci­pal y además supe­rin­ten­dente de la Casa de Moneda de Santafé por haber falle­cido su titular anterior. Lorenzo Martínez, tesorero del mismo cuerpo, fue nombrado contador de la Casa Moneda por haber emigrado hacia Popayán su antiguo titular. En la práctica estaba Murillo creando en Santafé una real admi­nis­tra­ción paralela a la que mandaba el virrey en Car­ta­gena. Para colmo,

24. Pablo Morillo. Comu­ni­ca­ción reser­vada dirigida al Ministro de la Guerra. Santafé, 17 de sep­tiem­bre de 1816. RAH, Colec­ción de Pablo Morillo, Conde de Car­ta­gena, sig. 9/7656, legajo 13, a), folios 32-33v, fotos 69-72.

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LA RECON­QUISTA DEL CENTRO DEL NUEVO REINO DE GRANADA

el 8 de julio, la Real Audien­cia se reins­taló en Car­ta­gena y allí se mantuvo des­pa­chando hasta el 15 de enero del año siguiente.

Exas­pe­rado, el 31 de agosto de 1816, Morillo se atrevió a soli­ci­tarle al Ministro de la Guerra el nom­bra­miento del bri­ga­dier Juan Sámano como nuevo virrey, en recom­pensa de sus ser­vi­cios en el decisivo combate de la cuchilla del Tambo y por su actitud el 20 de julio de 1810. Dando por hecha su petición, entregó el mando de Santafé a Sámano y agregó que le constaba que Montalvo no deseaba seguir ejer­ciendo su empleo de virrey, con lo cual era natural su reem­plazo por Sámano, a quien des­cri­bió como un buen soldado, virtuoso, infle­xi­ble, temido de los malos y adorado de los buenos, cono­ciendo a unos y a otros, y amado de los habi­tan­tes de los Pastos. Y para que no hubiera duda alguna sobre su desin­te­rés por el poder, propuso que se le diera en pro­pie­dad la capi­ta­nía general de Vene­zuela al bri­ga­dier Moxó y pidió licencia para regresar a España.25 El 12 de noviem­bre de 1816, cuando Morillo abandonó Santafé, dejó el mando militar de la división que allí quedó esta­cio­nada a Sámano, negán­dose a entre­garlo a Montalvo. El 28 de julio del año siguiente, efec­ti­va­mente fue Sámano nombrado virrey de Santafé en el Minis­te­rio de la Guerra.

25. Pablo Morillo. Comu­ni­ca­cio­nes reser­va­das diri­gi­das al Ministro de la Guerra. Santafé, 31 de agosto de 1816. RAH, Colec­ción de Pablo Morillo, Conde de Car­ta­gena, sig. 9/7656, legajo 13, a), folios 23v-31, fotos 52-67.

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"Lista de los vecinos más pudien­tes de Mari­ni­lla y en la juris­dic­ción que pueden con­tri­buir para el sos­te­ni­miento del Exército Expe­di­cio­na­rio de S. M. las can­ti­da­des que con pre­sen­cia de sus facul­ta­des y de lo que ya han donado para el mismo objeto le señaló". Folio: 245r, docu­mento: 13212, tomo: 834, sección: Gobierno, fondo: Gober­na­ción de Antio­quia, época: Inde­pen­den­cia, Archivo His­tó­rico de Antio­quia, Medellín. Foto­gra­fía: Catalina Londoño Carder.
Ex libris de Armando Martínez Garnica: las tres plumas del Príncipe de Gales sobre una corona, con el lema «Ich Dien» y su nombre manuscrito.

De la colección personal de Armando Martínez Garnica.