El legado de la Patria Boba 1998
Armando Martínez Garnica
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e la Patria Bob .1 no se ha dicho secularmente otra cosa sino que ,e trató de un intermedio sonso y pendejo, donde los patriotas olvidaron prepararse para la reconquista española.
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La sólida y concienzuda investigación de Armando Martínez Gamica nos demuestra en cambio que todos los grandes problemas de la nacionalidad fueron ahondados y definidos con acierto por los accidentados próceres de la época.
La República ha tardado casi doscientos años completos en hacer realidad legal y constitucional lo que aquellos hombres libres definieron en la aurora de nuestra independencia. Más aún: esta investigación los absuelve de la eterna falta que se les imputa: la de no haber estado listos para enfrentar el retomo español. ,
Armando Martínez Garnica
EL LEGADO DE LA
UNIVERSIDAD INDUS1RIAL DE SANTANDER
ESCUELA DE HISTORIA
Sistemas & Computadores Ltda.
l. La mal llamada «Patria Boba» ..................... 9
Investigación realizada por Armando Martínez Garnica con el apoyo de la Dirección de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Industrial de Santander.
2. La idea de la desaparición de la Corona Española . .. .. .. . . .. .. .. . .. .. . . .. .. ... .. .. .. .. .. . .. .. .. . . .. . . 17
3. El nuevo punto de partida del imaginario político: el propio país y la propia patria .. 25
4. El principio de las soberanías provinciales 29
5. La determinación del mejor límite territorial para las soberanías de las provincias .... 33
5.1. Impedir la disolución de la autoridad de las provincias supremas del .,,,.,,· Virreinato .......................................... 34
Abril de 1998
5.2. Defender las soberanías de los corregimientos sobre sus cabildos subalternos . ....................................... 54
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5 .3. Levantar la soberanía de los cabildos ............................................. 7 4
6. Cómo construír una nación de provincias ................................................ 105
ENCUADERNACIÓN Santandereana de Empastes (97)6351790
6. l. Restaurar la jurisdicción del Virreina to . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 106
6.2. Ceder las soberanías provinciales en favor del Congreso de la unión nacional. .. . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . .. . . . . . .. . . . . . 126
Prohibida la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio, sin autorización escrita de autor.
Impreso en Colombia
l. LA MAL LLAMADA
7. Cómo construír una nación de ciudadanos ............................................... l 43
8. Cómo gobernar liberalmente la nueva nación ...................................................... 161
Aunque pueda creerse que el término Patria Boba es una acuñación de la historiografía del período de la primera república emancipada, lo cierto es que ya se usaba en la tercera década del siglo XIX por quienes habían participado en ella como principales protagonistas. El general Antonio Nariño, por ejemplo, menciona el término en su «Tercera Corrida>> de Los toros de Fucha ( 1823) contra el redactor del periódico El Patriota, quien seguramente también lo usaba:
8.1. Adoptar la división tripartita del poder público ...................................... 162
8.2. Constituír los monopolios básicos del estado ........................................ 169
8.3. Defender la religión católica ........... 180
8.4. Levantar la legitimidad de la autoridad ......................................... 189
9. La resurrección del poder de la Corona Española .................................................. 193
10. Conclusiones ........................................... 213
«En cuanto a balazos de San Victorino y Ventaquemada, y las viudas, huérfanos, y qué sé yo qué más, que se vieron en la patria boba, con que usted me favorece ... ¿ Y por qué tanta cólera, señor predicador de moderación, contra un general de antaño, contra un general de la patria boba, contra un general casi olvidado ... »'.
a) Fuentes documentales ........................ 221
b) Bibliografía ........................................ 221
Los historiadores de la Patria Boba, influídos por el triunfo definitivo de la tendencia centralis-
ta en la organización de la república colombiana,
Tercera Corrida de Los Toros de Fucha, abril de 1823. En:
Archivo Nariño, 1990, VI, p. 258.
frente a la de Cundinamarca sólo es explicable en términos de la «envidia». Restrepo nos dice que
normalmente la han interpretado en términos del utopismo. la envidia y el anarquismo de las gentes de las provincias, quienes no habrían podido comprender en su momento la verdad de las posiciones políticas del general Nariño y de la élite santafereña.
«la junta de Cartagena principió la división; ésta, por la importancia de aquella plaza y por la multitud de elementos militares que encerraba, tenía grandes aspiraciones a figurar, y miraba con ojos envidiosos que la capital fuera Santafé, según lo acreditaron los sucesos posteriores» 4.
Para José Manuel Restrepo, el primero de los historiadores republicanos que se ocupó del período, la principal causa de la Patria Boba que perdió la primera república fue
«que las provincias de la Nueva Granada se hubieran decidido desde 181 O por el sistema de gobierno federativo ... de aquí la guerra civil entre las provincias ... que impidió la Unión, paralizó las fuerzas y recursos, y hondamente arraigó los odios, la división y la discordia, preparando así un camino fácil a las armas españolas»2.
Siguiéndolo de cerca, Gómez Hoyos repite la tesis de los <<ojos de la envidia» cartagenera:
«La Junta Superior de Cartagena dió los primeros campanazos de la división que haría imposible un gobierno nacional eficaz. Por la importancia económica, social y militar de aquella plaza, miró con ojos de envidia a la Junta Suprema de Santafé y no se resignó a soportar la superioridad de la capital. .. No sobra observar que también el regentismo de Cartagena, abierta o veladamente, inspira esta actitud»5•
La calificación de «federalismo utópico» se debe a monseñor Rafael Gómez Hoyos, quien presenta la posición de las provincias como la culpable de las pugnas internas y el olvido de la amenaza que procedía de España3 •
Para los dos historiadores citados, la posición política de la provincia de Cartagena
2 RESTREPO, José Manuel: Historia de la revolución de Colombia. Medellín: Bedout. 1969, temo II, p. 130.
4 Restrepo, ob. cit., I, p. 147.
3 Gómez Hoyos, Rafael: «La división entre las provincias». En: La independencia de Colombia. Madrid: Mapfre, 1992, p. 168.
5 Cfr. Gómez Hoyos, ob. cit., p. 168.
Pero si la pos1c10n centralista· de Cundinamarca, encabezada por el presidente Antonio Nariño, era la «única salvación de la patria»: ¿cómo explican entonces los historiadores el predominio de la postura federal en la mayor parte de las provincias que se emanciparon en el Nuevo Reino de Granada?
~ La tercera idea atribuye a las provincias simples ideas an~rquizantes. Es así como Restrepo nos relata que
«principiaron también a desarrollarse otros gérmenes activos de división y anarquía: el federalismo, la rivalidad de unas provincias con otras y la de las ciudades subalternas con sus capitales. He aquí los principios desorganizadores que desde los primeros días turbaron la revolución de la Nueva Granada, y que más de una vez regaron con sangre sus fértiles campos»6•
Para José Manuel Restrepo, «la falta de opinión de los pueblos en casi todas las provincias» respecto de la propuesta centralista fue agravada por la escasa energía de mando que desplegaron los jefes del gobierno instalado en Santafé:.
Monseñor Gómez Hoyos llega incluso a incluír el Manifiesto de Cartagena, famoso texto escrito por Simón Bolívar, en esta tendencia anarquizante, pues
«Influyó también poderosamente en la pérdida de la Nueva Granada la falta de energía de los diversos jefes que manejaron las riendas del gobierno. Ninguno de ellos desplegó aquellos talentos y fuerza de alma que sólo son capaces de consumar las revoluciones. Providencias medias, decretos conciliatorios y detalles de administración era lo que emanaba de la autoridad nacional, y jamás alguna de las grandes medidas que podían salvar el Estado»8•
«sembró el morbo de las pequeñas repúblicas o parciales soberanías, y difundió las ideas federales que las embriagaron con anhelos de poder, lo cual fue origen de futuras derrotas ... Don Antonio Nariño ... y Frutos Joaquín Gutiérrez de Caviedes, en Santafé, señalaron el peligro de estas ideas anarquizantes» 7•
6 Cfr. Res trepo, ob. cit., I, p. 147.
8 Cfr. Restrepo, ob. cit, II, p. 130.
7 Cfr. Górnez Hoyos, ob. cit., p. 168.
el Nuevo Reino de Granada actuó, en los tiempos de la emancipación, de manera diferenciada. Algunas abrazaron con energía la decisión de seguir bajo la autoridad de la Corona (Santa Marta y Pasto), otras la de romper todo vínculo con ella (Socorro, Cartagena, Pamplona, Mariquita) y otras la de esperar prudentemente el desarrollo de los acontecimientos de Cádiz. Esa identidad política diferenciada alimentó una gran cantidad de pasquines que circularon impresos o manuscritos. En 1812 circuló uno de ellos 11 , en el que puede registrarse la percepción diferenciadora que se tenía respecto de la distinta identidad política de cada provincia. Se trata de un diálogo nocturno de un viejo con sus dos hijos, acostados sobre sus enjalmas, sobre las similitudes de las provincias del Nuevo Reino. Allí se expresaron las opiniones siguientes: la provincia de Cartagena se parecía a un aljibe, pues «si no le cae la agua del cielo, perece». La de Santa Marta se parecía a una casa de azotea, pues ya estaba desmantelada. Por su parte, la del Socorro era como «el enano del zarzo de Puente Real, que daba gritos como gigante y era un pigmeo». La de Santafé era como un gallo capón, «que picada la pechuga con ortiga saca pollos, y cuando éstos crecen lo
Frente a esta interpretación predominante en los historiadores de la Patria Boba, resultado de «la cárcel historiográfica» 9 fabricada por José Manuel Restrepo, podemos oponer la autorizada voz del general Antonio Nariño, para quien la radical postura de las provincias contra su pretensión centralizadora se fundaba en una razón menos frívola:
«La contradicción de principios es la que nos ha llenado de dificultades al tiempo de formar nuestros gobiernos. Tendamos la vista sobre nuestro continente y veremos que ésta es la causa de los embarazos en que se hallan todos nuestros gobiernos ... » 10.
Hay que comenzar entonces a entender los conflictos entre las provincias durante el tiempo de la «patria boba» como contradicciones de principios o, lo que es lo mismo, como desinteligencia entre ellas, lo que no puede interpretarse como «bobería». Y es que, por principio, cada una de las provincias que integraban
9 Germán Colmenares señaló que la Historia de Restrepo, «un repertorio fijo e inalterable de los hechos, susceptible sólo de reacomodarse en una interpretación diferente», es una «cárcel historiográfica que ha cerrado los caminos de la investigación a la infinitud de los hechos sociales». Cfr. La historia de la revolución por José Manuel Restrepo: una prisión historiográfica, 1986, p. 11.
10 Discurso de Nariño en el Colegio Electoral de Cundinamarca, · 23 diciembre 1811. Archivo Nariño, 1990, Ill, p. 71.
11 Hoja anónima: Fábula sobre las provincias. Archivo del Convento de Santo Domingo, caja 33, f. 204v.
; 2. LA IDEA DE LA DESAPARICIÓN DE LA CORONA ESPAÑOLA
pisan».( Aunque no podamos comprender a cabalidad el sentido de estas comparaciones, lo que importa destacar aquí es el hecho de que las provincias eran el fundamento de la imaginación política de los neogranadinos.
Desde la mirada del presente, es corriente que se reproche a los dirigentes de la «patria boba» la energía que emplearon en sus disputas por principios, desatendiendo los urgentes preparativos que tendrían que haber realizado para enfrentar la «inminente reconquista» que la Corona española hizo de sus dominios neogranadinos. Pero esta mirada muestra su anacronismo al no preguntar por la situación de la imaginación política que bullía en las mentes de esos dirigentes. Para la mayor parte de los dirigentes de Santafé y de las provincias emancipadas estaba claro que el dominio de la Corona española se había extinguido definitivamente en el mundo político europeo.
La posición de los dirigentes de la «patria boba» estaba entonces fundada en este postulado de su peculiar imaginación política, lo que la hace diferente a la mirada anacrónica que podamos tener en nuestra perspectiva retrospectiva. Ellos miraban hacia el futuro político del mundo, y en él ya no había espacio posible para la Corona española. Así por ejemplo, cuando Camilo Torres y Frutos Joaquín Carnacho dirigieron a los habitantes de Santa Marta, fortín
del regalismo de la costa atlántica, una recriminación por la fidelidad que mantenían al «yugo español que· había oprimido por tanto tanto tiempo» a la Nueva Granada, argumentaron que con ello no hacían más que deshonrarse como hombres libres, pues en vez de gobernarse a sí mismos, seguían unidos «al pueblo más débil, menos ilustrado y más infelizmente gobernado de Europa». Ni siquiera la Constitución liberal de Cádiz podía ser acatada por los neogranadinos, pues en ella reconocían «marcada la tiranía y el despotismo en cada una de sus líneas», ya que la apariencia de una representación de diputados sólo «traería males infinitos a la América». En fin, ningún neogranadino debería esperar nada «de un pueblo, de un gobierno, de una nación que no puede nada y de quien nada necesitáis».
XVI, sino unos vengadores de aquella sangre y justos conocedores de sus derechos» 12 .
Como ellos, buena parte de los dirigentes de las provincias neogranadinas emancipadas estaban seguros que la invasión francesa a la península, el apresamiento de los dos reyes en Bayona y la difusión del pensamiento liberal habían cerrado para siempre el tiempo del dominio de la Corona española en América. ¿ Quién podía entonces creer en la caída del más grande emperador de los franceses? En la imaginación de los hombres de la «patria boba», plena de la promesa de una nueva época liberal, ya no existía la nación dominada por la Corona de España. En su lugar, sólo quedaba la percepción de la propia patria y del propio país.
El acontecimiento de la represión exitosa _ de un intento contraemancipador, ocurrido en la provincia de Cartagena, ratificó la creencia
En la imaginación política de Camilo Torres, España ya sólo tenía en común con los neogranadinos «la mezcla infeliz que ha venido a hacer de su sangre con estos pueblos, o que hicieron sus mayores, pero que no les ha transmitido ningún derecho, para que mantengamos con ellos unas relaciones que hasta aquí nos han sido y nos serán siempre perjudiciales». En ese momento histórico, los pueblos americanos ya no eran más los <<pueblos bárbaros que asesinaron a los principios del siglo
" del fin del dominio de la Corona en la Nueva " Granada. En efecto, el 4 de febrero de 1811 se produjo allí un intento contrarrevolucionario de los regalistas, conjurado en el último momento por el general Narváez y la Torre. El gobernador
12 Comunicación del Congreso a los habitantes de Santa Marta,
Tunja, 25 de abril de 1813. En: Congreso de las Provincias
Unidas, 1989, l. pp. 149-15 l.
restaurado de Cartagena, Gabriel Torres, presentó en 1817 al virrey del Nuevo Reino un informe detallado 13 de los sucesos de dicho intento, que calificó de «uno de los más principales esfuerzos que en este Reyno se hicieron contra los rebeldes, porque a no haber sido desgraciado, pudo seguramente haber restablecido en él la autoridad real». Podemos así saber que este movimiento no fue obra de los <<realistas puros», sino de los «refactarios de la revolución, arrepentidos o descontentos de que no se hubiese por aquella satisfecho completamente a los deseos y a la ambición particular de cada uno».
como el grupo de simpatizantes. Los regalistas sabían entonces que sólo ganando el apoyo de este grupo podían recuperar el poder, si se presentaba la ocasión. El rechazo de la Junta Suprema provincial a recibir al nuevo gobernador español enviado por la Junta de Regencia, quien llegó a la ciudad el 11 de noviembre de 1810, fue justificado por los revolucionarios con la idea de que el pueblo tenía el derecho a elegir a sus propios gobernantes, como ocurría en cualquier nación libre. Agregaron que los compromisos con la Junta de Santafé también los obligaban a ello, so pena de perder los situados, auxilios y la comunicación con aquella ciudad.
En opinión de Gabriel Torres, los cartageneros podían dividirse en aquella época, según sus opiniones políticas, en cuatro grupos: los auténticos revolucionarios, los simpatizantes del gobierno revolucionario, el populacho veleidoso y carente de ideas, y los realistas convencidos. Pero, pese a esta división, podía reducirse sólo a dos partidos, el de los revolucionarios y el de los regalistas. Si los primeros se habían hecho con el poder de la provincia, ello se debió al apoyo que recibían de los «hombres buenos seducidos», identificados
Lps regalistas optaron entonces por tratar de ganarse a los oficiales del Regimiento Fijo de Cartagena, ofreciéndoles la posibilidad de obtener una buena recompensa por el servicio que prestarían al rey al reconquistarle esta provincia. La oportunidad se presentó cuando el gobierno quiso nombrar como comandante de la plaza a una persona distinta al oficial, que estaba ejerciendo este empleo interinamente, quien sintiéndose engañado en la promesa que se había hecho de ascenso, decidió unirse a los regalistas, vinculando al cuerpo de artillería y a las milicias blancas y pardas. Se acordó que el golpe militar al gobierno, encabezado por el Regimiento Fijo, se daría el 4 de febrero de
13 Informe de Gabriel de Torres al virrey del Nuevo Reino. Cartagena, 2 de agosto de 1817. AR, vol. 1, ff. 619-634.
1811. Un buque de guerra fue alistado en el puerto para llevar a España a los miembros de la Junta revolucionaria, una vez apresados.
Regimiento Fijo fue el coronel José María Moledo, quien había sido coronel de Regimiento Auxiliar de Santafé. Los oficiales del Fijo se sintieron ofendidos por el nombramiento de este advenedizo por «la inoculación de Moledo» 14, facilitando la acción de los dos facciosos que intentaron tomar la plaza, si no lo hubiera impedido Narváez. Éste logró que el regimiento se devolviera al cuartel cuando les explicó que ya había sido revocado el nombramiento de Moledo, y que si no lo sabían, era porque los días 2 y 3 de febrero habían sido feriados. La ocasión había servido para que el pueblo de Cartagena apresara a los simpatizantes de la Regencia de Cádiz, invocando la defensa de la independencia contra una supuesta contrarrevolución regalista. En esta interpretación, el movimiento del 4 de febrero habría sido una réplica de oficiales cartageneros contra una je-
Efectivamente, el día acordado el Regimiento Fijo se dirigió hacia la Casa Consistorial, encabezado por los oficiales Miguel Gutiérrez y Juan Esteban de León, donde los regalistas los esperaban, dando voces de « Viva el Rey, y muera el infame gobierno». Pero se les interpuso en el camino el general Antonio de N arváez y de la Torre, rodeado por los miembros del gobierno, y haciéndose reconocer por comandante de las armas de la plaza, ordenó, «a nombre del rey», a los soldados del Regimiento Fijo el regreso al cuartel, so pena de perder la vida. Lo que sucedió después fue el desarme de este Regimiento y la persecución a los oficiales adversarios a la revolución. Terminó así en pocas horas el intento contraemancipador, desapareciendo de la escena política provincial el partido regalista.
fatura santafereña impuesta, siendo aprovechada su derrota para ajustar cuentas con los simpatizantes de la Regencia española.
Interesa saber que los sucesos del 4 de febrero han sido interpretados como una expresión de las resistencias cartageneras contra los mandatos del Congreso de la Unión, antes que como una resistencia regalista al movimiento emancipador. Este punto de vista se funda en el hecho de que la persona que había sido. nombrada para el cargo de comandante del
14 Noticia publicada en el Semanario Ministerial del gobierno de la capital de Santafé en el Nuevo Reino de Granada, no. 6 (jueves 21 de marzo de 1811), p. 23. AR, vol. 8, f. 41.
3. EL NUEVO PUNTO DE PARTIDA DEL IMAGINARIO POLÍTICO:
EL PROPIO PAÍS Y LA PROPIA
Preso en Santafé por haber ordenado la publicación de un bando contra el gobernador de Cundinamarca, el ciudadano cartagenero Isidro Maestre escribió en 1815 una carta a su esposa Felicia de Mendoza, residente en Cartagena, relatándole detalles de su prisión y sus inquietudes por la posibilidad de que las tropas realistas de Santa Marta sitiaran a su ciudad natal. Relataba en esta carta don Isidro que, habiendo cenado con un oficial venezolano que había llegado a Santafé proveniente de Cartagena, se había enterado
«del estado deplorable de mi país ... Si en efucto es cierto el refuerzo llegado a Santa Marta de tropas españolas y en el número que dicen, me parece que ya esto es asunto concluído. Nada siento más que no estar en mi país y al lado de mi familia»1s.
15 Carta de Isidro Maestre a su esposa. Santafé, 8 de septiembre de 1815. AR, vol. l, f. 508.
«madre patria». Fueran ellas quienes, al conocer las primeras noticias de las declaraciones de independencia americanas, confirmaron
En esta percepción de un cartagenero del tiempo de la Patria Boba, el país sólo coincidía con la jurisdicción de la provincia de Cartagena, por oposición a las jurisdicciones de, por ejemplo, Santa Marta o Santafé. Esta reducción imaginaria del país propio a las dimensiones de la provincia en la que se ha nacido o, mejor dicho, esta identificación de la provincia con el país, es el punto de partida del imaginario político de los nuevos ciudadanos de las provincias neogranadinas en la circunstancia del imaginario fin de la dominación es- . paño la. Esas provincias, o países, integraban al
«el inconcuso concepto de que los dominios españoles en ambos hemisferios forman una sola y misma monarquía, una misma y sola nación y una sola familia, y que por lo mismo los naturales que sean originarios de dichos dominios europeos o ultramarinos son iguales en derechos a los de esta península ... Ordenan asimismo las Cortes que desde el momento en que los países de ultramar, en donde se hayan manifestado conmociones, hagan el debido reconocimiento a la legítima autoridad soberana que se halla establecida en la Madre Patria, haya un general olvido de cuanto hubiese ocurrido indebidamente en ellas, dejando sin embargo a salvo el derecho de tercero» 16 •
menos tres elementos diferenciadores: la «naturaleza» de sus habitantes, es decir, el hecho de haber nacido en ella; - El paisaje natural peculiar que posibilita un autorreconocimiento de la «tierra nativa», y la jurisdicción política que le daba la entidad y límites provinciales al país.
Esta tierra nativa/provincia/país fue, incluso desde antes de la emancipación, la patria. La patria independiente y soberana, en la di-
Pero ya era demasiado tarde. Al menos en la imaginación de los neogranadinos, la patria era ya la tierra nativa, el país comprendido por la tradicional jurisdicción provincial. Desde su perspectiva, el sojuzgamiento de la Corona de España por Napoleón era un asunto sin
mensión provincial, fue el postulado político original de la nación neogranadina que se empezó a construír tras la emancipación de España. Las Cortes de Cádiz intentaron retener esas pequeñas patrias americanas que se emancipaban con la invención de la lealtad debida a la
16 Decreto de las Cortes de Cádiz dado en la isla de León el 15 de octubre de 1810. Cfr. Archivo Restrepo, rollo 2, vol. 2, f. 47v.
remedio, de tal suerte que la emancipación no encontraría ya resistencia alguna de parte de la fracasada Junta de Regencia de Cádiz.
4. EL PRINCIPIO DE LAS SOBERANÍAS PROVINCIALES
E1 27 de noviembre de 1811 fue aprobada en Santafé, por los diputados de cinco provincias de la Nueva Granada, el Acta de su «asociación federativa». Las cinco provincias que estuvieron representadas en esta «convención», llamada peyorativamente por sus críticos <<congreso de canapé», fueron: Antioquia (José Manuel Res trepo), Cartagena (Enrique José Rodríguez), Neiva (Manuel Campos y Cote), Pamplona (Camilo Torres y Tenorio) y Tunja (José Joaquín Camacho). A excepción del presbítero Campos, todos estos diputados habían sido abogados en la Real Audiencia. Dos de ellos (Torres y Camacho) tuvieron en su tiempo fama de ser los mejores abogados del Nuevo Reino de Granada y por ello fueron ambos asesores del Cabildo de Santafé. Dos de ellos (Camacho y Campos) habían publicado estudios en el Semanario de Francisco José de Caldas, primo de Camilo Torres. Por otra parte, sólo Restrepo (Envigado, 1781), Carnacho (Tunja, 1766) y Rodríguez (Cartagena, 1765) representaban a sus provincias nativas, pero Torres y el presbítero Campos eran bien co nacidos, respectivamente, por las élites de las
provincias que representaban. Los diputados de Cundinamarca (Manuel Bernardo Alvarez) y Chocó (Ignacio Herrera) se negaron a suscribir el acta, por instrucciones de Antonio Nariño.
centralista que acaudilló Antonio Nariño desde la conducción del Estado de Cundinamarca. Este proyecto, que se ha llamado «federal», fundó un discurso político dirigido a la invención de la nación neogranadina desde la soberanía de las provincias, cuya argumentación se expone enseguida.
Este «canapé republicano» comisionó al diputado Camilo Torres para la tarea de redactar el Acta de federación de las provincias que representaban. A este brillante abogado, quien en 1809 había elaborado para el Cabildo de Santafé el célebre Memorial de agravios que nunca fue enviado a la Suprema Junta Central de España, se debe el texto definitivo del Acta de federación, compartido en su espíritu y lenguaje, por sus colegas. Importa detenemos en este documento 17 porque expresa el proyecto del grupo de abogados 18 que encabezó la resistencia de las provincias frente al esfuerzo
El 20 de julio de 1810 se había producido una revolución política porque fue disuelto el antiguo Nuevo Reino de Granada que estaba sujeto a la autoridad de la Metrópoli española. Al extinguirse este Reino, las provincias habían reasumido «de hecho y de derecho» su soberanía, porque habían desaparecido «las únicas autoridades superiores y generales que reconocían sobre sí» 19 . Estas provincias eran las únicas entidades políticas vigentes desde que los ejércitos franceses ocuparon la península española y depusieron la Monarquía, sobre todo después de que la experiencia había mostrado que las formas de gobierno experimentadas habían sido incapaces de salvar la nación. El pueblo de dichas provincias, en procura de su conservación, había levantado el derecho a reas u mir su autogobierno y administración
17 Publicado originalmente como folleto en el mismo año de 1811, fue reproducido de inmediato en la Gaceta de Caracas (ediciones del 21, 28 y 31 de enero, y 4, 7 y 11-de febrero de 1812). Eduardo Posada la publicó en 1924 (Biblioteca de Historia Nacional, vol. 33) y recientemente la Fundación Francisco de Paula S<ll)tander la incluyó en el tomo I (pp. 1- 21) de la compilación documental Congreso de las Provincias Unidas, 1811-1816 (Bogotá, 1989).
18 Además de los ya mencionados, hay que agregar los que posteriormente integraron el Congreso de las Provincias U nielas como diputados adversos al esfuerzo centralista que realizaba el Estado de Cundinamarca: Juan José León (Casanare ), Frutos Joaquín Gutiérrez (segundo diput~do de Pamplo"a), Crisanto Valenzuela (secretario del Congreso en Villa de Leiva), José Joaquín Ortiz Nagle (Popayán) y José Fernández Madrid (Cartagena).
interior. Llegado el momento de iniciar la
19 Comunicación del Congreso de las Provincias Unidas al presidente de Cundinamarca. Ibagué. 13 de abril de 1812. Cfr. Congreso de las provincias unidas, 1989, tomo I. p. 27.
transformación política del extinguido reino, los pueblos de las provincias partían de su propia independencia y soberanía para reservarse la facultad de darse un gobierno (popular, representativo y con poderes divididos) y un tesoro propios, pero expresaban su deseo de unirse a una <<asociación federativa».
5. LA DETERMINACIÓN DEL MEJOR LÍMITE TERRITORIAL PARA LAS SOBERANÍAS DE LAS
E1 primer paso político dado por los pueblos emancipados fue la proclamación de la soberanía de las provincias. Pero la adopción de este principio planteó problemas irresolubles cuando se quizo determinar la dimensión de los territorios que deberían quedar comprendidos bajo la soberanía de las provincias republicanas. Las posiciones enfrentadas se situaron en el rango comprendido entre la defensa de los fueros de los cabildos locales antiguos y la restauración de la única jurisdicción del extinto virreinato, mediando entre ellas la defensa militar de las «provincias suprema» o de las provincias-corregimiento. Esta pugna entre intereses provinciales de distinto orden, unos «supremos>> y otros «locales», puede ser reducida a tres respuestas básicas que se dieron a la pregunta por la dimensión territorial que deberían tener las jurisdicciones de las nuevas provincias republicanas.
32 f '
5;1. IMPEDIR LA DISOLUCIÓN DE LA AUTORIDAD DE LAS PROVINCIAS SUPREMAS DEL VIRREINATO
un gobierno supremo, independiente de las demás. Este «derecho sagrado» de los «pueblos libres» habría sido el primer baluarte de la resistencia española contra la invasión france- · sa, pero la Junta de Sevilla no lo había reconocido a las provincias americanas. Por ello se había atrevido a enviar diputados a América, exigiendo obediencia a sus mandatoS', como posteriormente lo hizo la Suprema Junta Central española y el Consejo de Regencia. Lo ocurrido el 20 de julio de 1810 en Santafé había sido originado en este derecho de las provincias a erigir un gobierno supremo, en ausencia del monarca. Al conocerse las noticias de que los cabildos de Caracas, Cartagena y el Socorro habían depuesto a sus corregidores y se habían hecho al mando de sus provincias, los juristas santafereños vieron ante sí la amenaza de «una desmenbración y la disolución política de este cuerpo social». Inútilmente habían alertado al virrey sobre los peligros que se cernían sobre la capital del Nuevo Reino de Granada ' viéndose obligados a solicitar a gritos el cabildo abierto que instituyó la Suprema Junta Provincial. Una vez establecidos los principios constitucionales ya mencionados, habría que esperar la unión de todas las provincias neogranadinas, pues «la división sería nuestra ruina, y el enemigo que supiese inducirla en las
La idea de la necesidad de «atajar la disonancia de los ecos de nuestras provincias, y ocurrir a despedazar el monstruo de la división, antes que la anarquía venga a despedazar nuestros pueblos», fue expuesta en la reunión de la Suprema Junta de Santafé que discutió la conducta que se seguiría respecto a don Antonio Villavicencio, el enviado del Consejo Supremo de la nación española. Esa preocupación de la junta santafereña por la posibilidad de disgregación del Nuevo Reino fue señalada con toda claridad en su convocatoria20 al primer congreso de diputados provinciales. Allí fue vertido el siguiente discurso sobre el «sagrado derecho» de las provincias a reasumir sus «derechos primitivos» a autogobernarse con autonomía:
Al ser apresado por Napoleón el titular del trono español, se habría producido una recuperación de los derechos primitivos por parte de
las provincias./Cada provincia erigió entonces
20 Convocatoria al congreso de las provincias del Nuevo Reino de Granada. Santafé, 29 de julio de 1810. AR, vol. 8, ff. 6-7v.
hablaba de soberanía provincial. Pero hay que examinar en detalle el modo como se transitó, en el imaginario político cundinamarqués, de un inicial respeto a la autonomía de las provincias neogranadinas hacia el proyecto de restauración de la soberanía de la única "provincia legal" de Cundinamarca, heredera de la jurisdicción del Nuevo Reino de Granada.
provincias, sería el que mejor habría logrado invadirlas o subyugarlas». La idea era
«que ninguna provincia pues de este Reyno se separe, que todas vengan a darse el ósculo fraternal.. .La capital no intenta prescribir reglas a las provincias, ni se ha erigido en superior de ellas: toma solo la iniciativa que le dan las circunstancias»21.
En noviembre de 1810 los señores José María Gutiérrez de Caviedes y José María Gómez presentaron ante la Junta Suprema el prospecto de una Gazeta ministerial de Santaf é de Bogotá que se proponían editar y distribuír para informar sobre «los progresos de la feliz transformación de esta capital del Reyno» y «dar impulso a los deseos generales de tocios los pueblos en orden a la felicidad a que los deben conducir sus generosos esfuerzos». El proyecto recibió la aprobación de Camilo Torres, y así el primer número (Prospecto) salió de la Imprenta Real el 13 de diciembre siguiente.
De este modo, idealmente los diputados de las 22 provincias que habían constituído el Nuevo Reino de Granada se reunirían en Santafé, donde procederían a convocar una asamblea general de todos los cabildos, una especie de «Cortes de todo el Reyno». Se previó que los cabildos subalternos de las provincias no deberían quedar sin representación, llegando a sugerirse que se obtuviese su beneplácito para el diputado que enviaría el cabildo cabeza de provincia.! Los diputados provinciales lograrían realizar el proyecto de conformación de una «liga general», capaz de impedir la guerra civil entre provincias¡ El primer congreso nacional de las provincias del reino se citó para el 22 de diciembre de 1810, en la ciudad de Santafé. Hasta aquí, el discurso de los dirigentes de Cundinamarca suena similar al de las otras provincias que pedían federación, pero en Santafé se pensaba en algo distinto cuando se
Ocurrió que en la cuarta página de esa única entrega los editores22 publicaron una
22 José María Gutiérrez de Caviedes, apodado «el fogoso», era cucuteño y medio hermano de Frutos Joaquín Gutiérrez, un vocal de la Junta Suprema de Santafé. Graduado de abogado, había recibido del virrey la comisión para organizar un colegiouniversidad en Mompós. José María Gómez de Salazar era un poeta que posteriormente fig~ó como redactor de la Gazeta ministerial de Cundinamarca ( 1811-1815), periódico publicado por orden de Antonio Nariño.
21 Convocatoria citada. Santafé, 29 de julio de l8 l0. AR, vol. 8, f. 7.
su título era casi oficiaL comprometió seriamente a la Junta de Santafé. Por ello su presidente ordenó recoger la edición, no obstante que «la , malicia ha hecho divulgar antes y después de su prohibición».
noticia sobre los acontecimientos políticos acaecidos en el Departamento de Mompós, seguramente escrita por José María Gutiérrez, dado su conocimiento personal sobre dicha villa. Aparecía allí Mompós ocupando un lugar destacado en la revolución y reasumiendo sus derechos de soberanía, enviando diputados ante la Junta provincial de Cartagena. Al enterarse que la Junta de Cartagena había adherido a la autoridad del Consejo de Regencia y se negaba a enviar diputados al congresQ general del reino convocado por Santafé,
El 23 de enero de 1811 el diputado de Cartagena ante el Congreso General del Reino, Antonio José de Ayos, dirigió una comunicación24 al presidente de la junta santafereña para informarle sobre el éxito de la campaña militar de reducción de la villa de Mompós a la autoridad de la cabecera provincial de Cartagena, y sobre la divulgación maliciosa de la prohibida Gazeta ministerial que había dado aliento a Mompósi en su fallido esfuerzo separacionista25 .
« ... rompe los vínculos que lo ligaban con aquella plaza, desprecia los insultos y las amenazas, erige un gobierno independiente sobre bases sólidas, justas y liberales, y se mantiene firme aguardando los efectos hostiles de las intimaciones de Cartagena» 23.
/ Hasta la primera mitad de 1811, pese a las tentaciones, la Junta Supt"ema de Santafé se inclinó hacia la posición de conservar la integridad de las antiguas provincias del Nuevo Reino, absteniéndose de apoyar oficialmente los intentos de secesión de cabildos dependientes
Los editores se ofrecían a publicar los documentos de dichos sucesos si se recaudaban 200 suscripciones que costearan la impresión. Esa pública toma de partido en contra del esfuerzo militar que realizó el gobierno provincial de Cartagena para someter a la villa de Mompós a su autoridad, en un medio que por
24 Comunicación de Antonio José de Ayos al presidente de la Suprema Junta de Santafé. Mompós, 23 de enero de 1811. En: Semanario ministerial del gobierno de la capital de Santafé en el Nuevo Reino de Granada, No. 4 (7 de marzo de 1811), p. 16.
25 José Manuel Restrepo anotó en su ejemplar del controvertido Prospecto de la prohibida Gazeta Ministerial lo siguiente: «Pobre gaceta, al mismo tiempo que iba a nacer la sofocaron, sin más delito que lo que dice de Mompóx y Cartagena: pecado horrendo, crimen atroz, y por esto digna de recogerse, como , ,¡fice el señor Ayos.,.», AR, vol. 8, f. 16v.
23 Prospecto de una Gazeta ministerial de Santafé de Bogotá. 13 de diciembre de 1810, p. IV. AR, vol. 8, f. 16v.
· de cabeceras provincialei}En efecto, el cuerpo legislativo de Cundinamarca aprobó, el 29 de diciembre de 1810, un acuerdo autorizando al diputado de l!sa provincia ante el congreso del reino para que reconociera como legítimos a los diputados enviados por los cabildos que se hubieran separado de sus cabeceras provinciales, erigiendose, «por su propia autoridad», en provincias. Pero la legalidad de ese acuerdo fue demandado ante la misma legislatura, dado que contradecía las disposiciones contrarias que había tomado la Junta Suprema, sancionadas unánimemente por todos los diputados de las antiguas provincias del reino. Se alegó que en esa aprobación habían votado, ilícitamente, vocales del poder ejecutivo del estado. En consecuencia, el 11 de febrero de 1811 el cuerpo legislativo· debió anular el acuerdo anterior, decretando que los pueblos secesionados de la provincia de Tunja deberían volver a su matriz.
independencia, y persuadidos del ningún derecho que tienen para separarse de su matriz, siempre que ella les de en su gobierno la parte y representación que les corresponda», habían ordenado a los pueblos que se separaron de la provincia de Tunja volver a la dependencia de su cabecera provincial. De este modo, los diputados de Mompós y Soga¡noso fueron excluídos del congreso de las provincias unidas.
Esta posición fue seguramente inducida por la representación entregada a la Junta Suprema de Santafé por don Joaquín Camacho, diputado de Tunja, en la cual se fijaba el criterio que en su opinión debería fijar la dimensión de las jurisdicciones provinciales: <<no se deben unir lugares demasiado distantes, que no tengan relaciones entre sí, ni separarse los pueblos vecinos que se puedan gobernar cómodamente desde un mismo centro>> 26 . En su parecer, las demarcaciones provinciales no eran cosa arbitraria de los hombres, sino un acomodamiento a los linderos geográficos naturales. Por ejemplo, la provincia de Tunja tenía naturalmente determinados sus contornos por los llanos de Casanare ( otra provincia) y una cordillera que la separaba de la provincia del
Se reconoció por ese entonces que el congreso del reino sólo podría reunirse efectiva- . mente cuando todas· las provincias custodiaran
la conservación de «la unidad y asociación de los pueblos en sus respectivas matrices», evitándose «los males de la anarquía». El nuevo acuerdo señalaba cómo los legisladores,.
26 Representación de Joaquín Camacho, diputado de la provincia de Tunja, 1811. En: Semanario ministerial del gobierno .... no. 3 (28 febrero 18 ll), p. 11-12. AR, vol. 8. f.22r-v.
«desimpresionados de las falsas ideas de
Socorro. Había que respetar el ordenamiento provincial dejado por el gobierno español, pues después de la reforma de 179427 nunca se había pensado en reformar más la provincia de Tunj a, y por tanto Chiquinquirá o Turmequé no tenían derecho a pasarse a la provincia de Cundinamarca.
Fue así como una vez que las tropas de Cundinamarca depusieron a la Junta provincial de Mariquita, el presidente Jorge Tadeo Lozano celebró un tratado28 de incorporación del territorio de Mariquita al estado de Cundinamarca, con su diputado, José León Armero. Por este tratado, Mariquita se convertía en una Círculo del Departamento de Cundinamarca, reservando en el futuro congreso «la decisión del derecho de provincia que legalmente le corresponda>>. Mariquita tendría electores para la formación del gobierno departamental, según su población, y representación ante el congreso general. Sería gobernado por un subpresidente con funciones de corregidor intendente, nombrado por el poder ejecutivo de , Santafé. El territorio de Mariquita quedaba unido al de Cundinamarca.
El Colegio Constituyente y Electoral de Cundinamarca fue instalado el 7 de febrero de
1811, procediéndose a elegir las personas que ocuparían los empleos correspondientes a los tres poderes públicos. Al resultar electo presidente don Jorge Tadeo Lozano de Peralta, se vió que el Estado se mantendría en la posición respetuosa de la autonomía de las otras provincias. En el mensaje que el secretario de Gracia y Justicia, José Acevedo y Gómez, dirigió al cuerpo legislativo en su sesión de apertura, se ofrece el proyecto político que constituiría el futuro estado nacional: éste sería un «reino» constituído por sólo cuatro grandes «departamentos»: Cundinamarca, Popayán, Cartagena y Tunja. Cada departamento se dividiría a su turno en círculos, de tal suerte que la antigua provincia de Mariquita sería en adelante un círculo de Cundinamarca.
Cumplida esta primeras meta, el presidente Lozano ratificó, el 7 de mayo de 1811, el , plan para realizar efectivamente la idea que los , cundinamarqueses se hacían de la construcción de la futura nación: para que no fuese ilusoria la nación federal, debería ser integrada sólo por las cuatro grandes y antiguas provincias,
28 Tratado de incorporación del territorio de Mariquita en el Estado de Cundinamarca. Santafé. 25 abril de 1811. En: Suplemento al no. 14 del Semanario ministerial del gobierno de la capital de Santafé (16 de mayo de 1811). p. 64. AR, vol. 8, f. 66v.
27 En este año, vista la carta geográfica dibujada por el ingeniero Carlos Cabrero, se dividió la antigua provincia de Tunja en tres corregimientos: Tunja, Socorro y Pamplona.
Bogotá al llevar la libertad a los de Popayán. Deseó entonces que la provincia de
capaces de subsistir en todos los ramos de la administración pública: Cundinamarca, Cartagena, Popayán y Quito. Bajo la nueva categoría político-administrativa de «departamento», esas cuatro provincias elegidas por la Providencia congregarían a las demás provincias que hasta entonces gravitaban a su alrededor. De esta forma, el Departamento de Cundinamarca congregaría, en calidad de círculos, a las antiguas provincias de Santafé, Neiva, Mariquita, Tunja, Socorro, Pamplona, Llanos de Casanare y San Martín, Santa Marta y Riohacha.
«Popayán ... se elevará a la dignidad de un estado soberano, y ocupará en la escala de las que deben formar la confederación de la Nueva Granada el lugar a que la convidan sus destinos»29.
Instruyó a Baraya que éste era el voto de Santafé respecto del futuro de la provincia de Popayán, y le ordenó comunicarlo así a los cabildos de ella, para que no creyeran que su mando militar significaba el mando del Estado de Cundinamarca sobre esa provincia, «que no aspira a sembrar la guerra civil entre los pueblos para dominarlos», sino a que Popayán ensanchara los lúnites de su territorio, para que se elevara a «la alta representación de un departamento soberano e independiente».
En este proyecto, Cartagena tendría que someter a Santa Marta y Popayán a Pasto y las demás provincias antiguas del sur. A Lozano y Nariño les preocupaba especialmente la liberación de Popayán, controlada por el gobernador regalista Miguel Tacón, para realizar el proyecto, y por ello organizaron una expedición militar que se puso bajo la dirección del coronel Antonio Baraya. Éste informó desde Popayán, el 2 de abril de 1811, que habiendo obtenido el triunfo militar en los combates del río Palacé, había obligado a huír a su contendor. Así, con el apoyo de las ciudades confederadas del Cauca, Popayán fue liberada. En su respuesta, el presidente Jorge Tadeo Lozano mostró su complacencia por la gloria de los hijos de
En la respuesta que dió, el 6 de mayo de 1811, al cabildo patriota restablecido en Popayán, el presidente Jorge Tadeo Lozano precisó su proyecto30: la Provincia de Popayán
29 Contestación de Jorge Tadeo Lozano al oficio de I comandante Antonio Baraya. Santafé, 20 de abril de 181 l. En: Semanario ministerial del gobierno de la capital de Santafé en el Nuevo Reino de Granada, no. 11 (25 abril de 1811), p. 41. AR, vol. 8, f. 55.
30 Contestación del presidente del Estado de Cundinamarca al cabildo de Popayán. Santafé, 6 de mayo de 1811. En: Suplemento al no. 14 del Semanario ministerial del gobierno de la capital de Santafé en el Nuevo Reino de Granada ( 16 de mayo de 1811), p. 63. AR, vol. 8, f. 66.
j Como podía esperarse, el proyecto de un reino dividido en sólo cuatro grandes provincias puso en guardia a las antiguas provincias del Socorro, Tunja, N eiva, Pamplona y Casanare, convencidas ahora de la ambición del gobierno santafereño. En sus oficios, Lozano comenzó a argumentar que en los tiempos hispánicos dichas provincias no habían sido «verdaderas», sino sólo corregimientos pertenecientes a la «provincia legal» de Santafé, la única que dependía de la autoridad inmediata del virrey. En consecuencia, estaban obligadas, históricamente, a someterse a la autoridad de Cundinamarca.
debería conservar su antigua autoridad provincial, con el fin de evitar las divisiones de cabildos y partidos. Reasumiendo en sí la soberanía, las autoridades provinciales debían escoger una forma de gobierno liberal y aumentar su territorio para elevarse a la condición de un Departamento supremo en que se dividiría en adelante el reino, eliminando así «la multitud de gobiernos impotentes que produjo la revolución». Solamente con estos cuatro estados independientes y bien constituídos, «capaces de equilibrarse mutuamente», es que podría existir «el sistema federativo». El camino a la federación era éste, el de grandes estados soberanos, y no el predicado por los anarquistas, que era «dividir y subdividir el reino ... un verdadero feudalismo». Pidió Lozano al cabildo de Popayán su apoyo para recorrer el camino que proponía, esquivando el otro: el de una Junta Central compuesta de muchos diputados de corregimientos y gobiernos, de tal suerte que las «provincias legales y poderosas» tendrían menos representación que la gran cantidad de «corregimientos o gobernaciones subalternas». Pidió un frente común de Cundinamarca y Popayán contra quienes aspiraban a establecer <<tantas juntas soberanas cuantos son los corregimientos y provincias nominales».
Las juntas provinciales contestaron a Lozano «que no tenía autoridad para hacer una variación tan sustancial en el sistema adoptado, la que pertenecía a los pueblos». Los ánimos de las gentes de las provincias se exaltaron desde entonces contra el gobierno de Santaf é, a quien acusaron de atentar contra las independencias provinciales. Fue entonces cuando se dibujó la posición hegemonizante de Cundinamarca, hostilizada por la posición federalista de Tunja y el Socorro.
Reunidos en Santafé, los diputados de las provincias ante el primer Congreso general de Reino obligaron a la Junta Suprema de la capital a nombrar a Manuel Bernardo Alvarez como
su propio diputado, y a sufragar los gastos de instalación de sus colegas desde su primera reunión, celebrada el 22 de diciembre de 1810. Estuvieron presentes los diputados de seis de las 22 provincias que se decía tenía el reino: José León Armero (Mariquita), Manuel Campos (Neiva), Ignacio de Herrera (Nóvita), Andrés María Rosillo (Socorro), Camilo Torres (Pamplona) y el mencionado Alvarez (Santafé). Luego se les agregó Joaquín Camacho (Tunja).
secretario Nariño, contrarió la posición de la Junta Suprema que lo había elegido como su diputado, admitiendo al representante de Sogamoso en el congreso general del reino. El diputado de Tunja, Joaquín Camacho, se vió precisado a retirarse del congreso, siendo secundado en esta protesta por los diputados de Pamplona y Mariquita, defensores de la integridad territorial de las antiguas provincias.
El segundo conflicto, que enfrentó a Alvarez y Nariño con la Junta Suprema de Santafé, versaba sobre el asunto de las soberanías. Mientras el congreso debatía el proyecto de constitución del congreso general de las provincias del reino que había redactado Nariño, los miembros de la Junta Suprema (Pey, Domínguez del Castillo, Mendoza y Galavís, Francisco Morales, Acevedo y Gómez, Rodríguez del Lago) sintieron amenazada la soberanía propia por gentes que a la <<sombra del congreso pretendían poner en transtomo esta provincia, y soltar la rienda a los desórdenes en oprobio de su gobierno»:
Alvarez fue elegido presidente del congreso, con la doble secretaría de Antonio Nariño y Crisanto Valenzuela. Este congreso se disolvió dos meses después por el desarrollo, durante sus sesiones, de una doble contradicción mantenida por-el diputado de Santafé: la primera, con el diputado de Tunja, por el reconocimiento de un representante de Sogamoso, un pueblo separado de dicha provincia; y la segunda, con la Junta Suprema de la capital, por asuntos de soberanía.
En efecto, aunque originalmente la Junta Suprema santafereña había recibido a los diputados de pueblos que se habían separado de la autoridad de sus cabeceras provinciales, como Sogamoso y Mompós, el 19 de diciembre de
«Quien sepa que la constitución de un Reyno entero, siendo la base de toda su felicidad, no es la obra de tres o cuatro provincias, ni puede ser adoptada sino después de un largo examen y de un maduro discernimiento, conocerá con cuan-
181 O pasó a comprometerse oficialmente a no aceptarlos más en el seno del congreso convocado. Pero ocurrió que Alvarez, apoyado por el
ta razón la Junta Suprema de Santafé se detuvo para exponer su concepto en una materia la más ardua de todas, y las más digna de la meditación de todos los hombres»31.
opm10n, la Junta no tenía por qué adoptar precipitadamente «la pretendida constitución» redactada por Nariño, cediéndole al congreso la soberanía que había proclamado para sí y «la legítima autoridad de la provincia». La alarma del 17 de enero fue un hecho ruidoso, y convenció a la Junta Suprema de Santafé de que
La Junta Suprema de Santafé consideró que entre los partidarios del congreso había «hombres conocidamente díscolos y turbu-lentos», dispuestos a iniciar una conspiración para destruírla, con el fin de que el congreso pudiera «realizar sus proyectos de soberanía», que por lo demás ya divulgaba en sus impresos. La Junta fue informada que los conspiradores habían convocado a la plebe para el 17 de enero de 1811 con el fin de derribar su poder, pues ese día se examinaría en el Congreso el proyecto de constitución escrito por Nariño, y pasó a tomar medidas de seguridad para conjurar el supuesto propósito y mantener el orden público. Al día siguiente el congreso protestó por el despliegue militar ofrecido por la Junta. Ésta se enfrentó a Alvarez, acusándolo de no representarla en el congreso, y de concitar a las provincias en contra de Santafé, uniéndose a las calumnias de que le hacían objeto. En su
«las miras y designios eran los de hacer que desapareciese, para levantar sobre sus ruinas el edificio de la soberanía del Congreso, y sobre las de algunos particu-lares la fortuna de otros, que habiendo tal vez sacado el mejor partido de la revo-lución, aún no se hallan satisfechos»32.
El 7 de marzo de 1811 se trató en el Colegio Electoral y Constituyente de Santafé el asun- ., to de la admisión de los representantes de los pueblos que se separaron de las provincias a que estaban subordinados antes de la revolución. Por unanimidad, se aprobó no admitirlos, pese a lo que anteriormente hubiese hecho en contrario el cabildo santafereño. Publicó entonces la síntesis de dos representaciones con las '.'. que concordaba:
« ... crear nuevas provincias, despedazar las antiguas, sin ningún examen precedente,
31 Junta Suprema de Santafé: La conducta del gobierno de la Provincia de Santafé para con el congreso, y la de éste para con el gobierno de la Provincia de Santafé. Impreso en Santafé, 24 de febrero de 1811. p. 5. AR, vol. 8, f. 33.
32 Ibid, p. 8-9. AR, vol. 8, f. 34v-35.
sólo porque algunos individuos que usurpan la voz general dicen que ésta es la voluntad de los pueblos, es la cosa más disonante, la más perjudicial, la más contraria a la razón, y opuesta en todo al buen orden social»33.
energía contra los enemigos internos de la emancipación. La agitación pública despertada llevó a convocar una reunión de los tres poderes del estado la tarde de ese mismo día. Presionado por los agitadores, Lozano hizo renuncia de su cargo. El tumulto proclamó entonces el nombre de Antonio N ariño, quien aceptó la presidencia del Estado de Cundinamarca bajo a condición de suspender los artículos constitucionales que limitaban su poder.
Se opuso asía la pretensión,de crear la provincia de Sogamoso a expensas de la de Tunja. El 28 de marzo de 1811 el Colegio Elec-
toral eligió como diputado ante el Congreso general del reino a don Jerónimo Mendoza y Galavís, Debía cesar en sus funciones Manuel Bernardo Alvarez.
El ascenso de N ariño al poder de Cundinamarca le hizo cambiar su estrategia política: la centralización de un único mando hegemónico para la construcción de la nueva nación ya no se haría gravitar desde el Congreso de las provincias unidas, sino desde el Estado de Cundinamarca. Así como Baraya había liberado a Popayán, podía defender la anexión de muchos pueblos a Cundinamarca, pese a la resistencia de las cabeceras provinciales de Tunja y el Socorro. Por este camino fue como Cundinamarca se involucró en una guerra contra dichas provincias.
Cerradas las pretensiones hegemónicas del Congreso general, Antonio N ariño inició una campaña publicitaria de sus ideas centra-listas en La Bagatela. Poco a poco fue creando una corriente de opinión contra el presidente Lozano, presentado por Nariño como carácter débil, incapaz de levantar la hegemonía de Cundinamarca frente a las demás provincias. El número extraordinario del 19 de septiembre de 1811, titulado «Noticias muy gordas», presentaba un lista de los peligros que se cernían sobre la Nueva Granada, convocando al uso de
33 Semanario ministerial del gobierno de la capital de Santafé en el Nuevo Reino de Granada, no, 5 (jueves 13 de marzo de
1811), p. 19. AR. vol. 8, f. 39.
5.2. DEFENDER LAS SOBERANÍAS DE LOS CORREGIMIENTOS SOBRE SUS PROVINCIAS SUBALTERNAS
con título de corregimientos, que subsumieron en una autoridad superior antiguas jurisdicciones provinciales que tenían cabildos propios. De este modo, lo que los socorranos de finales del siglo XVIII llamaban «su provincia» era más que la vieja provincia de la villa de su nombre: era el conjunto de tres antiguas jurisdicciones capitulares o provincias antiguas. Al producirse el movimiento emancipador, los cabildos subalternos trataron de destruír inmediata Omente las nuevas jurisdicciones de los corregimientos, igualándose políticamente al cabildo que funcionaba en la cabecera de corregimiento. Ello obligó a las tres cabeceras de corregimiento (Tunja, Socorro y Pamplona) a emplear la fuerza armada para tratar de mantener vivas las nuevas provinciascorregimiento, en detrimento de los antiguos derechos de las provincias subordinadas.
Una segunda respuesta fue la de defender, militarmente, las jurisdicciones que los corregimientos habían tenido sobre grupos de antiguas provincias, según la reforma modernizante de los barbones. El antiguo corregimiento de Tunja había sido dividido en 1795 por la Real Audiencia, después de escuchar los informes presentados por una comisión, en tres corregimientos modernos: el de Tunja, el del Socorro y el de Pamplona. Con esta reforma se pusieron, bajo las autoridades superiores de tres corregidores, antiguas jurisdicciones de cabildos agrupados. Así por ejemplo, la antigua gobernación de la ciudad de Girón fue extinguida y su cabildo subordinado al corregidor que se puso en la ciudad de Pamplona, que también tenía autoridad sobre los cabildos de las villas del Rosario y San José de Cúcuta. Del mismo modo, el corregidor puesto en la villa del Socorro tuvo jurisdicción superior sobre el cabildo de la rival villa de San Gil, e incluso sobre el antiguo cabildo de la ciudad de Vélez. La reforma del tiempo de los Barbones había creado así unas grandes jurisdicciones modernas,
EL CORREGIMIENTO DEL SOCORRO
La crónica34 de un anónimo fraile, escrita en 1812, nos proporciona una versión aproximada sobre los conflictos entre la villa del Socorro, cabecera
34 Esta crónica, de un religioso anónimo, se encuentra en el Archivo del Convento de Santo Domingo, caja 33, ff. 177-
del corregimiento de su mismo nombre, por una parte, y de la otra la villa de San Gil y la ciudad de Vélez, poblamientos jurisdiccionalmente subordinados suyos. Después de que los socorranos depusieron al corregidor José Valdés y pusíeron en fuga los sesenta soldados de su guarnición, se erigió en la villa del Socorro una Junta Provincial, a cuya cabeza fue colocado don José Lorenzo Plata, a la sazón alcalde ordinario de primer voto.
partes, que se ha extendido hasta los extremos de la América, poblando regiones enteras, como los llanos y otras. Una provincia cuyos hijos son en extremo laboriosos ... »35 .
Pero, como además del cabildo de la villa del Socorro existían en el corregimiento dos cabildos más (San Gil y Vélez), se acordó la constitución de un Colegio Electoral de la provincia-corregimiento, formado por los represen-· tantes y electores de los tres cabildos. A la cabeza del Colegio se puso don José Lorenzo Plata. Esta opción fue el resultado de la posición que inicialmente había asumido el cabildo de Vélez, dispuesto también a asumir la soberanía que le correspondía en su antigua jurisdicción colonial, declarando su independencia no sólo de la Junta de Santafé, sino también de la del Socorro. Nombró entonces a don Miguel Angulo como su representante propio ante el congreso del reino que pretendió reunirse en Santafé. En este movimiento autonomista de los veleños respecto de la cabecera del corregimiento al que pertenecían fueron acompañados por todas las parroquias de su jurisdicción, excepto las de Guadalupe y Suaita, que permanecieron unidas al Socorro. Alguna negociación debió mediar para que los veleños se
Los socorranos eran conscientes de su propia dignidad en el concierto del Nuevo Reino, y estaban convencidos de que la provincia que encabezaban debería ocupar un lugar privilegiado en el nuevo estado emancipado. Fue ésta una de las primeras provincias que «reasumió en sí» la soberanía popular, entendiendo que los límites de ella eran idénticos a los que tenía .el Corregimiento del Socorro. La admiración
del fraile por dicha provincia, en tiempos de la independencia, es un ejemplo de ese sentimiento:
«una provincia amada y respetada. A la verdad, una provincia de quien son hijos la mayor parte de los sacerdotes y de los letrados del Reino, que formaba casi las comunidades de los dos colegios (ma yores), que mantenía el comercio de lienzos, algodones y azúcares en todas
35 Crónica citada, 1812, f. l 77bis.
decidieran a enviar electores y vocales ante el Colegio Electoral del Socorro.
superiores concedidas al corregidor socorrano lo que motivó la pugna de los sangileños y veleños contra la pretensión socorrana de preservar para sí la soberanía sobre todo el territorio del corregimiento.
Pero el Colegio Electoral de la provincia se disolvió pronto, durante el mes de diciembre de 1810. Aunque el presidente afirmó que la mayor parte de los electores que lo componían habían sido elegidos mediante intrigas, lo cierto es que el retiro de los electores de San Gil y Vélez obedeció a la defensa de sus fueros provinciales antiguos. En efecto, antes de la reforma de 1795 que creó el Corregimiento del Socorro, los cabildos de Vélez y San Gil disponían de antiguas jurisdicciones sobre sus respectivas «ciudad, provincia y términos». La creación del Corregimiento del Socorro constituyó una provincia moderna que subsumía en sí las jurisdicciones de tres provincias antiguas. En el lenguaje de aquella época, la nueva provincia del Socorro creada por el corregimiento era «legal», mientras que las antiguas jurisdicciones de los tres cabildos agrupados eran provincias «naturales». Al producirse la emancipación, la villa del Socorro reclamó la soberanía sobre la provincia legal del corregimiento de su nombre, mientras que los sangileños y los veleños reclamaron, respectivamente, la soberanía sobre las antiguas provincias «naturales». Fue este conflicto entre los fueros provinciales antiguos y las atribuciones
La acusación de «tiranía» contra Plata fue formulada por los representantes de San Gil y Vélez cuando comprobaron que aquel había concedido a los vecindarios de las parroquias de Barichara y Moniquirá títulos de villa, satisfaciendo antiguas aspiraciones de éstos. Esta disposición atrajo hacia el Socorro la lealtad de los baricharas, pero en la práctica significaba secesiones de vecindarios sujetos desde antiguo a la autoridad de los cabildos de San Gil y Vélez. Al crear dos cabildos nuevos, dos antiguos cabildos habían sido despojados de parte de su jurisdicción. La acusación de «tiranía» contra un presidente que, por su parte, obró «liberalmente» respecto de las «justas aspiraciones» de dos vecindarios, muestra la indisolubilidad del conflicto planteado entre la defensa de antiguos fueros provinciales y la disposición modemizante de las nuevas provincias soberanas.
A los diputados y representantes de San Gil y Vélez no les quedaba más camino que retirarse del Colegio Electoral, argumentando contra el «despojo de jurisdicción» y la «tiranía» del
presidente Plata. Reagrupados en San Gil. vieron venir la guerra interna. Ante su inminencia, la Junta suprema de esta villa, reasumiendo la soberanía que le correspondía, declaró su independencia respecto de la Junta del Socorro. Al obtener el apoyo de la vecina parroquia de Charalá, los sangileños atacaron primero y tomaron la vecina parroquia de Pinchote, partidaria del Socorro. Los socorranos reaccionaron de inmediato y con un cuerpo de tropas reconquistaron su dominio sobre Pinchote, enviando además una guarnición a asegurar el vecindario de la parroquia amiga del Valle de San José. No obstante, entretenida bañándose en el río, fue sorprendida por las milicias de Charalá, quienes lograron disolverla y ponerla en fuga.
estado de extrema anarquía que existía en la provincia del Socorro les confería plena libertad para darse un nuevo gobierno. Junto con los veleños, enviaron a Santafé diputados para tramitar la anexión. También solicitaron anexión a Cundinamarca otras parroquías que hasta entonces habían pertenecido a la jurisdicción del Corregimiento del Socorro: Charalá, Ocamonte, Cincelada, Riachuelo y San Vicente de Chucurí.
El cabildo de San Gil se separó formalmente de la provincia del Socorro el 7 de diciembre de 1811. ¿ Qué ganaba con anexarse a Cundinamarca? Para empezar, un funcionario con el título de «subpresidente» a la cabeza de su cantón, escogido de una terna de nativos del mismo que propondría su cabildo. Por otra parte, todos los demás cargos administrativos y empleos lucrativos los ocuparían los naturales del cantón. Conservaba además el derecho a tener estanco de aguardientes, el <<ramo más productivo que hay para los gastos públicos», a abrir caminos, beneficiar minas y emprender proyectos para la felicidad del cantón. Finalmente, la promesa de Cundinamarca de defender al cantón de San Gil «contra cualquier ataque de todo enemigo exterior o interior»36 •
Para enfrentar la inminente reconquista socorrana, los regidores del cabildo de San Gil tomaron la decisión de anexar su jurisdicción al Estado de Cundinamarca, invocando su protección militar. Fue entonces cuando las tropas socorranas ocuparon San Gil y apresaron varios de esos regidores, procediendo a posesionar dos nuevos alcaldes ordinarios, sujetos a su autoridad. Los regidores que habían logrado escapar se refugiaron en Cepitá, donde procedieron a redactar el acta de anexión de la villa al Estado de Cundinamarca, expresando que el
36 Capitulaciones de Cundinarnarca y el apoderado del cantón de San Gil. Cfr, Archivo Nariño, 1990, III, p. 76-77.
En términos comparativos, ¿qué ganaba San Gil si decidía someterse a la autoridad del Socorro? Poca cosa: sólo un vocal que los representase en el Colegio Electoral y la pérdida definitiva de las parroquias que, erigidas en villas de Varaflorida y Moniquirá, se habían anexado al Estado del Socorro, quedando allí <<eternamente agregadas ... con absoluta independencia del cabildo de San Gil y su jurisdicción»37•
de San Gil y Vélez respecto del Socorro. Cuatro días después le siguieron más tropas de Cundinamarca, comandadas por el general J oaq u ín Ricaurte, Lorenzo Ley y Atanasia Girardot. En opinión de nuestro fraile informante, los pertrechos que llevaban parecían más para la conquista de un reino, que para la defensa de unos pueblos. El capitán Salcedo penetró al Monte del Moro, en jurisdicción de Vélez, y encontró atrincherados a los socorranos en el sitio de Soaque. Después de tres horas de fuego los puso en fuga.
Mientras el presidente de Cundinamarca, Antonio Nariño, comunicaba la aceptación de todos estos vecindarios separados de la autoridad del Socorro, el presidente Plata ya había marchado sobre la provincia de Vélez, exigiendo a los sangileños el pago de los gastos de su expedición. Por su parte, el vecindario de la parroquia de Barichara, que se había autoproclamado villa de Varaflorida, anunciaba su independencia respecto de San Gil. Cuando las tropas sangileñas marcharon contra ellos, los baricharas situaron la imagen de Nuestra Señora de la Piedra en las alturas que los separaban de la jurisdicción de San Gil, deteniendo así el paso de la expedición militar.
Durante el mes de febrero el comandante Ricaurte instaló el cuartel general en Puente Real. Prosiguió por Vélez hasta Guadalupe, donde solicitó a Plata el paso libre para llegar a San Gil y la celebración de negociaciones. Instalado en Charalá el cuartel general de lastropas de Cundinamarca, Plata envió a negociar con Ricaurte a los presbíteros Ignacio Fernández, vocal de la Junta del Socorro, y Antonio Rueda, párroco de Chima. Ante el poderío militar de Cundinamarca fue obligado Plata a capitular. Fue así como Ricaurte entró al Socorro el 7 de marzo siguiente. Como se supo que Plata había escondido siete cañones de cobre y fusiles en Simacota, más los cuatro cañones que Rangel se había llevado en su fuga, se ordenó ocupar la parroquia de Simacota.
A.mediados de enero de 1812 salieron tropas de Cundinamarca, capitaneadas por el capitán Salcedo, para defender la independencia
37 Capitulaciones ofrecidas por el presidente del Socorro al cabildo de San Gil, 30 diciembre de 1811. Ibid, p. 92-93.
En su parte de victoria, Ricaurte sugirió a Nariño la conveniencia de poner la villa de Socorro bajo la autoridad de un vicepresidente y un letrado ajeno a la provincia, para que pudiera impartir justicia y organizar la administración de las rentas públicas. Plata fue remitido preso a Santafé.
regalismo de Girón, con el apoyo de Pamplona. La situación obligó a Girón a independizarse del Corregimiento de Pamplona, con las acciones de armas que debían producirse de inmediato.
El presidente de Pamplona, José Rafael Valencia, y el secretario, Francisco Soto, pasaron luego a convocar a los gironeses a la unión, en mayo de 1811:
EL CORREGIMIENTO DE PAMPLONA
«Gironeses: el gobierno (de Pamplona) os recibe con la dignidad que corresponde, y con la distinción que os merescéis. Se acabaron las divisiones pasadas, sóis pues pamploneses: Componéis parte de esta gran familia, y una parte preciosa. Apresuraos por enviar vuestro representante: el gobierno olvida absolutamente que habéis sido en otro tiempo causa de su disgusto y pesar; sólo se acuerda que sóis sus hijos, y unos hijos dignos de toda su compasión, y que váis ya a merecer su beneficencia ... »38.
Producida la emancipación de España, el cabildo de Girón declaró su independencia respecto de Pamplona, a cuyo corregimiento había sido anexado en 1795. Aunque los pamploneses atribuyeron a los gironeses una actitud regalista, encabezada por uno de sus hijos que a la sazón era cura de Bucaramanga, Juan Eloy Valenzuela, lo que debe verse aquí es una recuperación de los fueros antiguos de la provincia de Girón, en disputa con un corregimiento que abría a la parroquia de Bucaramanga la posibilidad de erigirse en villa, extinguiendo definitivamente los esfuerzos que los gironeses habían realizado desde el siglo anterior por anexar a su cabildo la antigua jurisdicción del Real de Minas de Bucararnanga
Ofrecían así olvidar las incursiones armadas que los gironeses habían realizado durante
y, con él, a los feligreses de Bucaramanga.
38 La Junta de Pamplona al pueblo de Girón. Pamplona, 13 de mayo de 1811. En: Semanario ministerial del gobierno de la capital de Santafé en el Nuevo Reyno de Granada, no. 19 (20 de junio de 1811), p. 85. AR, vol. 8, f. 77.
Ni cortos ni perezosos, los bumangueses se proclamaron villa, enfrentando el supuesto
los meses de octubre y diciembre de 1810, una vez que proclamaron su independencia de la autoridad de la nueva provincia de Pamplona. Como en el caso de la pugna Socorro-San Gil, esta pugna Pamplona-Girón fue el resultado de la defensa de los fueros provinciales antiguos contra la prolongación de la autoridad de los corregimientos creados en 1795.
LA GOBERNACIÓN DE ANTIOQUIA
Don Francisco de Ayala, quien gobernaba la provincia de Antioquia al momento de la independencia, aceptó la fonnación de un congreso de diputados de los cuatro cabildos que en ese entonces componían la provincia: Santafé de Antioquia (Manuel Martínez y José María Ortiz), Medellín (el presbítero Lucio de Villa y Juan Elías López), Rionegro (el presbítero José Miguel de la Calle y José María Montoya) y Marinilla (José María Restrepo). Reunido entre el 30 de agosto y el 7 de septiembre de ese año, tomó la decisión de conferir el poder soberano de la provincia a una Junta Superior, presidida por el mismo Ayala. También hicieron parte de esa junta, durante el primer año, los señores Nicolás de Hoyos, Pantaleón Arango, Francisco Javier Gómez, Isidro Peláez Toro, José Antonio Gómez Londoño y José · Joaquín Gómez Hoyos39• José Manuel Restrepo fue nombrado secretario de la junta y, en compañía de don Juan del Corral, diputado de Antioquia ante el primer congreso del Reino que había convocado Cundinamarca. Pero estos dos diputados, al igual
EL CORREGIMIENTO DE TUNJA
Al producirse la independencia, 18 parroquias subordinadas al corregimiento de Tunja declararon su autonomía respecto de su cabecera, solicitando su agregación al Estado de Cundinamarca para escapar a la reanexión militar de los tunjanos. Las fuerzas socorranas prestaron ayuda a Tunja cuando se produjo el movimiento de recuperación de su autoridad sobre la provincia moderna del corregimiento de su nombre. Sólo Chiquinquirá y Tunja se escaparon a la reanexión porque alcanzaron a ser recibidas en el seno del Estado de Cundinamarca, pero ello fue un motivo más para la guerra entre dicho estado y el de Tunja. Al convertirse Tunja en la sede del Congreso de las Provincias Unidas, las tropas tunjanas lograron restablecer el orden previo a la independencia.
39 Cfr. Sierra García. 1991, p. 9 L
en octubre de ese año, fue reemplazado por José Miguel Restrepo.
que los de Cartagena, con quienes mantenían estrecho acuerdo político, llegaron a Santafé cuando ya se había disuelto el frustrado congreso. Permanecieron allí, donde Restrepo firmó, el 27 de noviembre de 1811, el acta de federación de las Provincias Unidas.
La transición del régimen colonial de gobierno al republicano se dió en Antioquia sin conflictos ni guerras internas, exceptuando la declaración de independencia de Nare. El congreso de los cuatro cabildos federados sólo tuvo serios conflictos con el Poder ejecutivo de la provincia, cuando éste desconoció los fueros antiguos que le conferían la preeminencia provincial a la ciudad de Santafé de Antioquia, tradicional sede del poder provincial. El conflicto lo originó el gobernador Dionisia Tejada cuando convocó la reunión de la Legislatura Provincial a la villa de Rionegro. Al cambiar la sede del gobierno provincial, que por tradición y disposición constitucional correspondía a Santafé de Antioquia, su cabildo se rebeló y armó contra el poder ejecutivo de la provincia. Los años 1814-15 estuvieron marcados entonces por las pugnas entre las villas antioqueñas por razón de los derechos violados a la ciudad capital y por la revisión de las leyes fundamentales. En este caso, la resistencia contra el poder ejecutivo se produjo por la defensa de los fueros antiguos del cabildo de Santafé de Antioquia, es decir, contra los innovaciones introducidas por uno de los nuevos poderes republicanos.
Ayala renunció a la presidencia de la Junta Suprema de Antioquia el 17 de febrero de
1811, siendo sucedido por el cartagenero Juan Elías López Tagle (29 de marzo a 29 de julio de 1811), José María Montoya (agosto a octubre de 1811) y José Antonio Górnez. La primera constitución provincial, aprobada por la Junta el 27 de junio de 1811, se fundó en el postulado de la soberanía provincial reasumida: al abdicar Femando VII el trono español, el pueblo de la provincia de Antioquia decidía reasumir en sí la soberanía corno medio para velar por su propia conservación, organizándose autónornarnente en provincia soberana e independiente. La constitución del Estado de Antioquia, expedida el 21 de marzo de 1812, agregó que esta carta garantizaría «la libertad, igualdad, seguridad y propiedad» prometida por la revolución política. Acorde con el acta de federación, Antioquia dividió el poder público en tres ramas, creando dos cámaras para el poder legislativo. Al morir el presidente Górnez
LA GOBERNACIÓN DE POPAYÁN
Tacón obtuvo la alianza de las ciudades del sur, con el apoyo de un discurso realengo que presentó al movimiento insurgente como una traición al rey y a la religión, logrando así detener, con el refuerzo de los pastusos, una invasión de los quiteños repub,licanos. El cabildo de Cali, que había escogido a Camilo Torres como su representante ante las Cortes, desconoció en
Al mantenerse el dominio realengo en la ciudad de Papayán, la emancipación fue impuesta allí por las tropas de Cundinamarca y de las siete ciudades confederadas del Cauca (Anserma, Toro, Caloto, Cali, Buga, Iscuandé y Cartago ), comandadas por Baraya. El gobierno independiente de la Junta suprema provincial se instaló en Popayán el 26 de julio de 1811. Los diputados de las ocho ciudades confederadas del Cauca, pues ya se incluía entre ellas a Popayán, juraron entonces defender la religión católica y obedecer la autoridad del gobierno superior provisional de la Provincia. Realizada la votación, se constituyó el primer gobierno republicano de la provincia, presidido por Joaquín de Caicedo y Cuero. Fue nombrado como presidente honorario el brigadier Antonio Baraya, en reconocimiento a sus servicios, y al Estado de Cundinamarca, en la liberación de Popayán.
1810 la autoridad de la Junta de Regencia para apoyar la constitución de una Junta Suprema en Santafé. Esta innovación, como indica Francisco Zuluaga40, fue interpretada por los payaneses como una maniobra de los caleños para desacatar la tradicional autoridad suprema de Popayán sobre su provincia. Ante las maniobras de su gobernador, las ciudades «amigas del Valle del Cauca» se organizaron en una , Junta Provisional de Gobierno y marcharon en armas contra Tacón, derrotándolo. Fue este cuerpo quien instaló en Popayán una nueva .. Junta Provisional de Gobierno, constituída por los diputados de dicha ciudad, Cali, Buga, Caloto, Cartago, Anserma, Toro, Iscuandé y Almaguer.
En esta provincia, los enfrentamientos de las ciudades confederadas del Valle del Cauca con las ciudades situadas al sur del río Ovejas pueden explicarse en términos de la pugna tradicional entre Popayán y Cali, en la cual los rebeldes intentaban suprimir la jurisdicción suprema de Popayán. El gobernador Miguel
40 Cfr. Francisco Zuluaga: «La independencia en la gobernación de Popayán». En: Historia del Gran Cauca. Cali: Universidad del Valle, 1996, p. 91.
pas y tribunales de justicia, sin los cuales sería semejante a la república imaginaria de Platón?» 41 .
Pero el discurso de Tacón sobre los patianos, Almaguer y Pasto había tenido ya un fuerte impacto. Las gentes de estas provincias, subordinadas tradicionalmente al mando de Popayán, eligieron la defensa del Rey y de la religión católica como estrategia para impedir que esa ciudad, Cundinamarca o Quito pudieran subordinarlos de nuevo en los tiempos republicanos. El caso de los pastusos, aliados con Tacón contra los patriotas quiteños y luego contra las tropas de Nariño, causó la perplejidad de todos los dirigentes neogranadinos. Estaba claro que Pasto defendería a ultranza su derecho a ser una provincia soberana, independiente de cualquier otra provincia «suprema». La perplejidad frente a esa firme defensa de un fuero local fue manifestada por Alejandro Macaulay, militar norteamericano al servicio de Cundinamarca, en 1812:
Pues esta tenaz resistencia pastusa a ceder la autonomía de su «patria», ganada en la circunstancia de la emancipación, argumentada en la defensa de una España protectora frente a la tiranía de las «supremas provincias» de Cundinamarca y Popayán, adquirió las dimensiones de una pugna de honor. Fue así como el cabildo de Pasto citó a Antonio N ariño a un duelo de armas:
«Sería una impertinencia preguntar a usía con qué autoridad viene a invadir a un pueblo que halla su conveniencia en vivir bajo las sabias y equitativas leyes del gobierno español; porque por lo mismo que se trata de invasión, no hay que hablar de otros derechos, de otra autoridad ni de otra ley que la del más fuerte y, puesto que usía no nos deja otro arbitrio al presente que éste, no obstante de ser el más bárbaro que la ciega ambición ha podido inspirar a los hombres, puede usía
«Quiero suponer más: y es que Quito, Popayán y demás provincias interesadas en la reunión de todos los pueblos permitiesen a Pasto la absoluta y quimérica separación a que ésta aspira. ¿Cómo podrá sostenerse? ¿Con qué tesoro público contará para mantener tro-
41 Citado por Lydia Inés Muñoz Cordero en «Filosofía del regalismo pastuso». Cfr. Academia Nariñense de Historia: Manual de historia de Pasto. Pasto: Alcaldía de Pasto, 1996, p. 247.
escoger, a lo largo del Juanambú, el punto que le parezca más a propósito para terminar nuestras diferencias. En todos ellos encontrará usía pastusos, y encontrará víctimas generosas, deseosas a ser inmoladas sobre los altares de la Patria ... » 42.
de Mariquita, Nóvita respecto de la del Citará y Nare respecto de la de Antioquia. La estrategia de anexarse al Estado de Cundinamarca no sólo amparaba militarmente a estas provincias antiguas contra los esfuerzos armados de su reanexión a un corregimiento o gobernación, sino además les permitía una negociación con Santafé que les proporcionaba una mejor representación política que la que les ofrecía su cabecera de corregimiento. Incluso la antigua provincia de Mariquita, anexada militarmente por Cundinamarca, logró una conveniente representación en dicho estado. Pero fue en la provincia de Cartagena donde se dió la más resistente defensa de los fueros de una provincia antigua, Mompós, contra su cabecera de gobernación.
Con esta clara expresión de un cabildo decidido a defender por las armas su independencia respecto de Popayán, Cundinamarca o Quito, las tres grandes provincias «supremas», podemos ahora examinar otros casos de este movimiento de defensa de los fueros locales de los antiguos cabildos.
5.3. LEVANTAR LA SOBERANÍA DE LOS CABILDOS
Cartagena reasumió en sí la soberanía provincial respecto de Santafé desde el primer momento de la independencia, pero a su tumo tuvo que soportar la emancipación de la villa de Mompós respecto de su autoridad. En efecto, reasumiendo en sí la soberanía popular, el cabildo momposino se declaró cabecera de provincia y la reclamó soberanía sobre los pueblos que pertenecían a su jurisdicción, enviando diputado propio ante Santafé. Pero los cartageneros reaccionaron de inmediato con las armas, poniendo a los momposinos de nuevo
En el capítulo anterior se vió el modo como los cabildos de San Gil, Vélez y el Socorro se esforzaron, en cuanto estuvo a su alcance, por recuperar la autonomía jurisdiccional que habían tenido antes de la reforma borbónica de los corregimientos. Del mismo modo procedieron Sogamoso y otros poblados respecto de la autoridad de Tunja, Ambalema respecto de la
42 Carta del cabildo de Pasto a Antonio Nariño. abril de 18 l4. Citada por Lydia Inés Muñoz, ob. cit., p. 243.
bajo su autoridad desde comienzos de 1811. Antonio José de Ayos, el diputado de Cartagena ante el congreso general de Santafé, pudo entonces declarar que «Mompóx, por su propia situación, está condenada a no poseer jamás en su recinto un gobierno independiente» 43 .
dicha provincia era quien los había importado de los Estados Unidos. Por la presión popular, la Junta debió entonces terminar todo vínculo posible con el Consejo de Regencia, pasando a elaborar una constitución republicana. El partido de los Gutiérrez de Piñeres había unido así en sí dos movimientos: el de la defensa de los fueros momposinos contra la autoridad de Cartagena, de un lado y, del otro, el de la radicalización de la independencia proveniente de la plebe imbuída de ideas liberales.
Lo que no se imaginó fue que los momposinos derrotados en su pretensión provincial se decidieron a obtener el poder en el recinto ajeno, es decir, en el gobierno provincial situado en Cartagena. En verdad, el líder momposino Gabriel Gutiérrez de Piñeres se convirtió en la cabeza de la oposición política contra las actuaciones del gobierno cartagenero, al frente de «la plebe» y los mulatos. Fue así como el 11 de noviembre de 1811 los mulatos de Getsemaní se reunieron en la plaza de San Francisco e intentaron tomarse la ciudad para obligar a la Junta de gobierno a acoger de inmediato sus demandas radicales: jura de la independencia absoluta de España, extinción del Tribunal de la Inquisición, división tripartita del poder, cese de la pesquisa contra los momposinos, entrega de unos fusiles que se habían retenido a Cundinamarca, pese a que
El 21 de enero de 1812 se instaló la convención de los diputados de los pueblos de la provincia de Cartagena. Fue presidida, en calidad de prefecto, por Germán Gutiérrez de Piñeres. En ese momento era presidente del estado don José María del Real. Al conocerse la noticia de la llegada del virrey Benito Pérez a Portobelo, la convención organizó el recaudo de fondos para levantar tropas que empezaran por someter a la provincia de Santa Marta, en manos de los realistas. Fue entonces cuando en el seno de esta convención se percibieron con claridad los dos bandos enfrentados: por una parte, el que encabezaba García de Toledo, agrupador de la mayor parte de los hombres adinerados e ilustrados de Cartagena, llamado el «partido aristócrata»; y, de la otra, el que encabezaban los hermanos Gutiérrez de Piñeres
43 Comunicacíón de Antonio José de Ayos al presidente de la Junta Suprema de Santafé. Mompóx, 23 de enero de 1811. En: Semanario ministerial del gobierno de Santafé de Bogotá, no. 4 (7 marzo de 1811), p. 16. AR, vol. 8. f. 24v.
(Celedonio, Germán y Gabriel), agrupador de los momposinos, de la plebe y de los mulatos. Gabriel era el principal agitador de la igualdad absoluta, rodeándose siempre de negros y mulatos iletrados, acusando a sus enemigos de «aristócratas».
triunfante en Caracas: Miguel y Fernando Carabaño, el coronel español Manuel Cortés Campomanes, el coronel Simón Bolívar, para nombrar los más destacados. Según los apuntes del coronel Rieux, esta inmigración «fue tratada con la mayor hospitalidad y distinción posible por el gobierno y los habitantes» en los primeros tiempos. Los que eran militares fueron incorporados a las milicias. Pero ocurrió que la facción de los Gutiérrez de Piñeres comenzó a formular «críticas transcendentales» a muchos de esos venezolanos, especialmente a los que habían rodeado más de cerca el gobierno rival de Rodríguez Torices. Como ocurrió que los exilados venezolanos más jóvenes «rechazaron con algunas imprudencias las ridículas pretensiones de aquel partido», generalizando su rechazo al grueso de los cartageneros, los Gutiérrez de Piñeres se aprovecharon para atraer I' hacia su facción a muchos venezolanos, en especial, al coronel Bolívar.
La constitución del Estado soberano de la provincia de Cartagena fue redactada por el presbítero Manuel Benito Rebollo y tuvo un cariz abiertamente liberal: derechos del hombre, división tripartita del poder (presidente, cámara de representantes y senado conservador de la constitución, tribunal supremo), libertad de imprenta, sistema federativo, elecciones periódicas. Pese a ello, los reveses militares en la guerra contra Santa Marta obligaron a la convención a nombrar a Manuel Rodríguez Torices como dictador. El 11 y 12 de julio se realizaron las elecciones, resultando electo Rodríguez Torices para el cargo de presidente gobernador del estado. Por su parte, Gabriel Gutiérrez de Piñeres fue elegido para la segunda magistratura con el título de presidente del senado.
El 31 de marzo de 1813 el coronel Labatut, que había ejercido el mando militar de Cartagena desde septiembre de 1812, fue reemplazado en el mando militar de la provincia por el coronel Chatillón, quien fue derrotado en Papares por tropas samarias. El gobierno se vió entonces obligado a dar el mando de lastropas, desde finales de mayo de 1813, al coronel
La doble pugna interna que se vivió en Cartagena, entre momposinos y cartageneros, por un lado, y entre <<aristócratas» y plebe radical, por la otra, fue polarizada aún más por la presencia, desde 1812, de la primera oleada de venezolanos exiliados por la contrarrevolución
de los Gutiérrez de Piñeres y, en consecuencia, atrayéndose la antipatía de los cartageneros. Uno de estos exilados, Joaquín de Ricaurte, relató al presidente del Congreso de las Provincias Unidas algunas incidencias relativas al mal trato que de que había sido objeto por la «facción que se apoderó de aquel gobierno»44, que le obligó a trasladarse a la villa de Honda. Ricaurte había sido nombrado por el Congreso como comandante interino de la plaza de Cartagena, lo que originó un pleito de competencias entre el Poder Ejecutivo general de la Confederación y el Senado de Cartagena, que reclamaba por no haber sido previamente informado de esa decisión. Gabriel Gutiérrez de Piñeres, presidente del senado cartagenero, hizo el reclamo, pero el Poder Ejecutivo se negó a remover del cargo a Ricaurte. Luego el gobierno de Cartagena nombró como comandante en propiedad de la plaza a otro coronel venezolano, Luciano D'Elhuyar, ordenando a Ricaurte que le entregase el mando. Éste se negó a reconocerlo, pues entendía que su nombramiento, originado en el Congreso de la Unión, no podía ser anulado por el gobierno provincial de Cartagena. Pese a ello, fue depuesto del mando
venezolano Carabaño, quien estaba en Barranquilla. Pero la facción de los Gutiérrez de Piñeres aprovechó la responsabilidad del gobierno provincial en la derrota militar para obligar a reponer al coronel Labatut en el mando, quien se posesionó en junio de 1813 en Barranca, desde donde dirigió una expedición exitosa contra Tenerife. En agosto siguiente salió de Barranquilla, bajo su mando, una gran expedición militar contra Santa Marta, que no tuvo éxito alguno. En su desordenada retirada, Labatut permitió que sus tropas dieran mal tratamiento a los pobladores de Barranquilla, permitiendo que el gobierno provincial pudiera deponerlo de su cargo, sin la resistencia de los Gutiérrez de Piñeres. De nuevo volvió al mando, a fines de octubre, el coronel Carabaño, pero los Gutiérrez de Piñeres le negaron los recursos suficientes, facilitando la ocurrencia de desórdenes en sus tropas.
En opinión del coronel Rieux, quien ejerció el mando militar entre el primero de junio y agosto de 1814, la agitación se agudizó cuando llegó a Cartagena el segundo exilio venezolano, en septiembre de 1814, una vez que cayó de nuevo la república venezolana. Estos exilados, al igual que los de la primera oleada, se involucraron activamente en la política provincial, adhiriendo en su mayor parte al bando
44 Cartas de Joaquín de Ricaurte al presidente del Soberano Congreso. Cartagena, 28 de nov. de 1814 y Honda, 26 de febrero de 1815. AR, vol. 1, f. 219-223.
por el gobierno cartagenero y recluído en el hospital militar de la ciudad.
plaza. El 24 de noviembre se instaló un colegio electoral con el fin de revisar la constitución provincial, presidido por Miguel Díaz Granados. Aprobó un nuevo esquema de gobierno provincial: un gobernador, un senado de tres miembros, una cámara de representantes de siete y un tribunal de justicia de tres miembros.
En opinión de Ricaurte, este conflicto había sido originado en la adopción del nuevo plan de gobierno (dado el 11 de octubre de 1814) que había fortalecido el Poder Ejecutivo de la Unión, concentrando en él todos los ramos de la guerra y los nombramientos militares. Conforme a este nuevo plan, él había sido nombrado en propiedad para la plaza de Cartagena, de tal modo que su obediencia prioritaria era ante el Congreso federal, antes que ante las autoridades provinciales cartageneras:
Gabriel Gutiérrez de Piñeres le explicó al general de los ejércitos cartageneros las razones que habían llevado al senado conservador de Cartagena a suspender la reforma política general aprobada por el Congreso de la Unión:
« ... estando aprobado el nuevo plan de gobierno por todos los poderes, habiéndose así dado a entender y reconocer a las tropas, publicándose por bando y celebrándose con misa solemne en acción de gracias, con te deum, iluminación, etc., se ha anulado todo y respuestose al ser anterior» 45.
«La constitución, las leyes fundamentales del Estado ( de Cartagena), que vienen a ser los lazos que nos mantienen unidos en sociedad, debe ser observada con una inviolabilidad religiosa y con preferencia a cualquiera otras posteriores. Alterarlas o violarlas por otros trámites que los que ella misma prescribe es relajar, cuando no romper del todo, los vínculos que forman esta unión, y precipitar en la disolución el cuerpo político de que somos miembros» 46•
En efecto, el senado conservador de Cartagena suspendió, el 19 de noviembre de
1814, la ejecución del plan de reforma política que concentraba en el poder ejecutivo central los asuntos militares. Pudo así, legítimamente, confirmar a D'Elhuyar en la comandancia de la
46 Comunicación de Gutiérrez de Piñeres al general de los ejércitos. Cartagena. 28 de noviembre de 1814. AR, vol. 1, f. 245v.
45 Ricaurte, carta del 28 de nov. de 1814 citada.
En consecuencia de esta determinación provincial, el 4 de diciembre de 1814 el general Castillo dió orden al jefe del estado mayor de los ejércitos cartageneros, Manuel Cortés y Campomanes, de suspender el reconocimiento al gobierno general de la Unión, volviendo a la dependencia del gobierno provincial. La consulta que éste realizó en el estado mayor conjunto mostró el problema creado por el senado
presentarían esta clase de comprometimientos, sirviendo a la causa común con la libertad de todo ciudadano libre.
El gobierno cartagenero le entregó, a finales de noviembre de 1814, el mando militar a un cartagenero, el coronel Manuel del Castillo. El 17 de diciembre de 1814 se reunió el Colegio Electoral de Cartagena para proceder a eligir los nuevos funcionarios públicos resueltos por la reforma constitucional. Resultó electo como gobernador don José María García de Toledo y como diputado ante el Congreso de la Unión don Pedro Gual. Al ver este resultado, unos 50 asistentes, encabezados por Ignacio Muñoz, comenzaron a gritar que no querían a García de Toledo como gobernador, sino a Gabriel Gutiérrez de Piñeres, procediendo a encerrar el Colegio electoral en el palacio público. Intimidado, el Colegio Electoral acordó nombrar dos gobernadores, los mencionados García de Toledo y Gutiérrez de Piñeres, en vista de que el coronel D'Elhuyar, comandante de la plaza, apoyaba la facción de los Gutiérrez de Piñeres. Como esta operación electoral violaba la constitución, que frjaba en una sola persona la función gubernativa, los dos gobernadores electos hicieron posteriormente renuncia de sus cargos en favor de don Pedro Gual, evitando el derramamiento de sangre que se anunciaba.
cartagenero a los oficiales del ejército: ¿cómo salvar el honor militar frente a la exigencia de desconocer el juramento de obedecer al mando conjunto del Congreso de la Unión? Para los que originalmente habían servido al gobierno provincial de Cartagena había una salida, pues argumentaron que el juramento lo habían hecho por órdenes de dicho gobierno, de tal suerte que ahora simplemente obedecían la orden de retirarlo. En cambio, para los que habían sido enviados por el Congreso de la Unión al servicio de Cartagena se abría la senda del deshonor, al violar un juramento de obediencia ya hecho. El general Mariano Montilla, por ejemplo, decidió renovar su juramento de lealtad al Congreso de las Provincias Unidas, pues nunca había jurado lealtad a provincia particular alguna, solicitando no recibir comisión alguna. Manuel María Dávila renunció a su cargo militar, argumentando que como paisano no se le
Pero Manuel del Castillo, al mando de una fuerza armada y acompañado de García de Toledo, quien se proclamó gobernador, se pronunció47 en el pueblo de Turbaco contra el gobierno de Cartagena, obteniendo el apoyo de las villas de Barranquilla48, Soledad49 y San Roque de Mahates50, que anunciaron su intención de financiar una expedición militar contra la facción rival que controlaba a Cartagena, «siguiendo el ejemplo que nos acaba de dar el
Congreso general con la facción que todo lo entorpecía en Santa Fé». El cabildo de Mahates advirtió que había que reformar la constitución provincial y «refrenar el despotismo militar que nos ha rodeado tantos males inevitables de la indispensable guerra que sostenemos contra los enemigos de nuestra justa independencia».
Los apoderados de los anteriores vecindarios se presentaron en Cartagena ante el gobernador del estado, don Pedro Gual, reclamando remedio ante el insulto proferido al Colegio Electoral por la facción encabezada por Germán y Gabriel Gutiérrez de Piñeres, a la que pertenecían desde hacía cuatro años Ignacio Muñoz, Diego Parra, Antonio Angulo, Diego Gallardo, Cecilia Rojas, Pedro Medrana, Manuel Cajar, Ignacio Sánchez de Mora, el pbro. José de los Santos Gordon y los Castillos, padre e hijo, «perturbadores del orden, tranquilidad y reposo del público». Pidieron su destierro de la ciudad y la convocatoria a sesiones del Colegio Electoral, con el fin de poner en marcha la reforma propuesta por el Congreso de la Unión.
47 Pronunciamiento de José María García de Toledo y de Manuel Castillo. Turbaco, 10 de enero de 1815. AR, vol. 1, f. 262- 265v.
48 En la villa de Barranquilla, capital del Departamento de Barlovento. el 3 de enero de 1815. su cabildo eligió al pbro. Nicolás José Górnez corno apoderado para demandar las acciones de la facción de los Gutiérrez de Piñeres, dirigida a impedir «la revisión de la constitución» de la provincia de Cartagena. AR. rollo 2. vol. 2, ff. 626-627. El vecindario de Sabanagrande eligió, para el mismo efecto, al pbro. José Cesáreo Delgado.
49 El cabildo de Soledad eligió, el 5 de enero de 1815. a José Antonio Vargas corno apoderado en la rnisca causa, a instancias del general Manuel del Castillo, «sujeto de acreditado patriotismo». Cfr. AR, rollo 2, vol. 2, f. 628.
50 El 7 de enero de 1815 el cabildo de esta villa eligió a Martm José Amador como su apoderado, para que acompañando al coronel Manuel del Castillo fuera a Cartagena a «sostener los derechos de este pueblo ultrajado en las personas de los electores de este departamento. elegidos constitucionalmente». Este apoderado debía allí discutir la nueva organización del gobierno aprobada por el Congreso de la Unión, haciendo respetar al gobierno general frente a «los implacables enemigos de nuestra justa emancipación política». Cfr. AR, rollo 2, vol. 2, f. 629. Los vecinos del sitio de Santa Catalina de Turbaco • eligieron, para el mismo propósito, a Carlos Antonio Amador.
El gobernador citó a reunión a los letrados de Cartagena para acordar que se podía hacer con los facciosos «que han causado las presentes inquietudes». La Junta de Letrados aconsejó medidas de gobierno en vez de medidas judiciales, aprobando la idea del destierro
de la Nueva Granada y el embargo de sus bienes. Visto el consejo, el gobernador Gual decretó el destierro de los identificados portadores del «espíritu de partido que han causado males y desórdenes espantosos» por seis años, remitiéndolos hacia los Estados Unidos de América, donde deberían aprender «los verdaderos principios de la libertad política y civil» y «se penetren bien de los males que han causado, vean los caminos errados que habían emprendido para libertar a su patria»51 .
manipular a su favor los resultados del Colegio Electoral. Que teniendo hijos y parientes en España, creía secretamente en los privilegios de la nobleza, traicionando la causa de la independencia, que únicamente abre las puertas «al mérito y a la virtud».
Desde Mompós, el 7 de enero de 1815, Vicente Celedonio Gutiérrez de Piñeres, corregidor y comandante de armas de dicha villa, escribió53 a su hermano Gabriel para celebrar el dominio que había adquirido en la provincia y el desconocimiento de Castillo por comandante militar del Magdalena, a fin de salir de «ese bárbaro, y que nadie le reconozca sino por un criminal de lesa patria en el estado». Una vez que llegara Bolívar, «incomparable hijo de Colombia y nuestro buen amigo», el único capaz de conquistar a Santa Marta, temblaría Castillo y todos sus «pérfidos». En su opinión, Cartagena y Mompós formaban el «todo en la ¡ provincia», de tal modo que para destruír a Gabriel Gutiérrez de Piñeres sus enemigos tendrían que disolver esta unión.
Como respuesta, sus opositores publicaron una exposición52 de los motivos que había tenido «el pueblo de Cartagena» para oponerse al nombramiento de García de Toledo, acusándolo de representar «ideas de aristocracia, aunque se pierda la patria y lo padezca la humanidad». Decían que García de Toledo había reunido sus votos con los de su primo Elías López, quien fue nombrado teniente de gobernador, y los de otro primo en segundo grado, para
51 Decreto de destierro proferido por el gobernador Pedro Gual. Cartagena, 22 enero de 1815. AR, rollo 2, vol. 6, f.220-221. Para Restrepo, el partido de los Piñeres era <~ acobíno» y. en consecuencia, peligroso para la tranquilidad pública. Ibid, p. 389-390.
El mismo Bolívar esperaba que el gobierno ' " de Cartagena pasara al control de los Gutiérrez de Piñeres, lo que unido al nombramiento
5 2 El honor vindicado y brevísima exposición de los motivos que han obligado al pueblo de Cartagena a rechazar el nombramiento de gobernador en el señor García Toledo. Cartagena: Imprenta del gobierno, por Manuel González y Pujo!, 1815. AR, vol. l, f. 281-282v.
53 Carta de Vicente Celedonio Gutiérrez a su hermano Gabriel.
Mompós, 7 de enero de 1815. AR, vol. l. f. 260.
Cartagena puso a Mompós en su contra, como era de esperar, dado que allí gobernaba Vicente Celedonio Gutiérrez de Piñeres.
de D' Elhuyar como comandante de la plaza, harían «cambiar la escena)) y «todo tomará un nuevo aspecto mucho más favorable»54. Esperaba también que el corregidor de Mompós le enviaría a Honda embarcaciones y bogas para el transporte de sus tropas.
Gual reconoció que el nombramiento de Bolívar para la conducción de todas las tropas del Congreso, en vez de haberlo hecho en Castillo, traería problemas, dado que sólo el segundo poseía «la confianza de los pueblos» y la capacidad de aquietar los ánimos en la provincia. Por ello, aconsejó dejar a Castillo en el cargo de comandante de las tropas del Magdalena, ya que así las requisas que se practicarían «se harían más llevaderas a los pueblos», pues «estas gentes tienen formada una idea bien infausta» de Bolívar55. En efecto, Juan de Dios Amador escribió al Congreso, el 5 de abril de
Castillo marchó con sus tropas sobre Cartagena y la sitió, pasando a proponer unos acuerdos pacificadores al gobernador Pedro Gual, que en esencia consistían en la expulsión de la <<facción de los Piñeres» y la convocatoria a un nuevo colegio electoral que eligiera nuevos funcionarios provinciales. Aceptadas las exigencias de Castillo, el Colegio electoral se reunió desde el 24 de enero de 1815, procediendo a elegir un nuevo gobierno, encabezado por el comerciante Juan de Dios Amador. Como diputado ante el Congreso de la Unión se escogió a Juan Fernández de Sotomayor. Gual ratificó a Castillo en su cargo de comandante general del Magdalena, «a pesar de la orden del gobierno general de la Unión» (l de enero anterior) que lo llamaba a Santafé, seguramente con el fin de que no estorbara a Bolívar, y por solicitud del Colegio Electoral de la provincia. El nuevo orden impuesto en
1815, que Cartagena no reconocía a Bolívar como general de la Unión ni como comisionado suyo, sino «como un intruso aventurero, un jefe de asesinos e incendiarios, devastador de
la Nueva Granada, atentador a su libertad y
55 Los enfrentamientos entre los coroneles Manuel del Castillo y Simón Bolívar tenían vieja data, desde la pugna por el mando de las tropas de la Unión en Cúcuta cuando se realizó la primera campaña bolivarista sobre Venezuela. El partido antibolivarista, que encabezaba en Cartagena el coronel Castillo, tenía entre sus miembros a reconocidos «aristócratas»: Juan Marimón, Martín José Amador, Juan de Dios Amador y Miguel Díaz Granados. El partido bolivarista estaba encabezado por los Gutiérrez de Piñeres y el comandante militar de Mompós, Pantaleón Germán Ribón.
54 Carta de Simón Bolívar a Santiago Mariño. Santafé, diciembre 29 de [814. AR, vol. 1, f. 291.
haciéndose pedazos los dos ejércitos más floridos de la Unión, cuando unidos debían ya haber libertado a Santa Marta, que aprovechándose de la conducta y operaciones de Bolívar adquirirá mayores fuerzas y nos hará daños incalculables en el Magdalena, Ocaña, y sobretodo en la opinión pública».
usurpador de la autoridad suprema de la Unión»:
«Baste decir a V.E. que no querría más, para que se burlase la Nueva Granada del poder y las fuerzas de España, que verla animada en el trance de un semejante espíritu al de Cartagena contra Simón Bolívar»56.
Don Pedro Gual no pudo resistir por más tiempo la posición cartagenera58 adversa a las órdenes del Congreso de la Unión, especialmente en la negativa a aceptar el mando militar del general Bolívar, pues consideraban que Castillo era quien debería tenerlo, ya que era «natural del país», y pidió pasaporte para marchar a Inglaterra:
Amador dirigió al coronel Manuel Castillo órdenes para que ningún comandante del río Magdalena obedeciera al general Bolívar y para que no lo dejaran pasar más allá de Mompós.
¿Por qué tanto odio del gobierno de Cartagena contra Bolívar, el general del ejército de la Unión? A esta pregunta respondió así Amador:
« ... se cree con derecho a esperar que las medidas adoptadas, debiendo conciliar la libertad y seguridad del país con la obediencia que hemos jurado al gobierno general de la unión, producirán al fin resultados favorables capaces de inspirar y afianzar la confianza pública. Protesta, sin embargo, a S.A.S. no comprometer la salud de la república con providencias
«he aquí la clave. Porque los designios de Bolívar, de Santafé, no han sido otros que tener esta plaza y sus fuerzas a su disposición para vengar agravios suyos y ajenos, y dar la ley a la Nación»57.
Don Antonio de Villavicencio sólo pudo anotar al leer esa carta de Amador lo siguiente:
« ... contéstese quedar enterado, y al mismo tiempo penetrado de dolor al ver
58 La representación de «los hombres de bien» que pedían el mando militar de Manuel del Castillo fue firmada en Cartagena. el 21 de enero de l815, por las personas más destacadas del clero, las profesiones. las haciendas y el comercio de la ciudad. AR, vol. 1, ff. 306-309.
56 Carta de Juan de Dios Amador. Cartagena, 5 de abril de 1815. AR, rollo 2, vol. 6, f. 234v.
57 Carta de Amador citada. f. 235.
desesperadas e imprudentes, que dictadas por el espíritu de discordia, que aún todavía causa tantos males, no podrían menos que llevarla a su ruina»59.
militares venezolanos al lado de una de ellas, concitando hacia ellos el odio de «la parte sana» de los cartageneros. Mientras Castillo marchaba sobre Cartagena, en aquella plaza
Establecida la doble autoridad provincial, una en Cartagena y otra en Mompóx, las demás villas y pueblos tuvieron que elegir su dependencia. Las villas de Magangué y Soledad adhirieron a Cartagena, al igual que los departamentos de Turbaco, Mahates, Barranquilla y Sabanagrande. Los conflictos se agravaron cuando los vecinos del Carmen informaron que los momposinos habían entrado a Zambrano a robar ganados y haberes a los hacendados. Ratificado por el gobernador de Cartagena en su puesto, Castillo solicitaba al Congreso de la Unión que impidiera a Bolívar pasar más allá de Mompós, argumentando que en Cartagena sólo podría apoyar la facción que se había hecho con el gobierno.
«todo lo pudiente y de representación fue insultado y vejado, acompañado de persecusiones y amenazas alarmantes, bajo del pretexto de godas que injustamente se daba a la mayor parte»60•
Para evitar una matanza entre cartageneros, el gobernador Gual tomó medidas para dejar entrar las tropas de Castillo a la plaza, para sorpresa de los piñeristas. García de Toledo, quien entró a la plaza proclamándose gobernador, renunció en Gual, quien también presentó renuncia a fines de enero de 1816. El Colegio Electoral nombró entonces a Juan de Dios Amador como gobernador, quien expulsó hacia las Antillas a los principales cabecillas del partido piñerista. Otro grupo de militares venezolanos fue retenido en la plaza, hasta que por sus presiones obtuvieron pasaportes para abandonarla, marchándose hacia Mompós. Allí el corregidor José Celedonio Gutiérrez de Piñeres se había negado a reconocer la autoridad del nuevo gobierno cartagenero que había
La situación planteada por el pronunciamiento del coronel Castillo fue paradógica: unas tropas mandadas por un cartagenero sitiando la plaza de Cartagena, que a su turno era defendida por un venezolano. La pugna de dos facciones de la provincia había puesto a muchos
59 Comunicación de Pedro Gua! al prefecto y secretario del Colegio Electoral de Cartagena. Cartagena, 30 de enero de·
60 Memorias del coronel Luis Francisco Rieux, marzo de 1824. AR. vol. 1, f. 646.
1815. AR, vol. I, f. 304r-v.
«nada deseo yo tanto, como que se pudiese extinguir la aversión de los pueblos (de la provincia de Cartagena) a los oficiales venezolanos, y que se restableciera la confianza» 62 •
expulsado a su hermano, pasando en cambio a cerrarle a Cartagena sus comunicaciones con el interior. De nuevo se produjo la guerra civil entre Cartagena y Mompós.
Luis J osef Echagaray, presidente de la legislatura cartagenera, escribió61 al secretario de guerra de la Unión para solicitarle el no ingreso del general Bolívar a la plaza de Cartagena, acusándolo de haber tramado una conspiración con Gabriel Gutiérrez de Piñeres y el general Rafael Mariño para deponer al gobierno de Rodríguez Torices y nombrarlo a él como dictador. Por otra parte, los desórdenes protagonizados por Mompós tenían su origen en el apoyo que recibían de Bolívar, de tal suerte que los cartageneros esperaban de él toda suerte de venganzas.
Empero, en su opinión ello era casi imposible de lograr, pues además de crecer cada día esta aversión parecía a muchos «invencible e imprecindible». Esta aversión al mando militar del general Bolívar, en los momentos en que era más necesaria para la defensa de Cartagena ante la inminente reconquista, era el punto final de un enfrentamiento entre dos bandos de la dirigencia provincial que se había iniciado el 27 de diciembre del año anterior, con ocasión de las elecciones realizadas por el Colegio Electoral de la provincia.
Desde Cartagena, el 25 de abril de 1815, el canónigo Juan Marimón, quien había sido enviado por el Congreso a evitar una guerra civil, dirigió una comunicación al general Simón Bolívar para responderle una carta que éste le había dirigido el día anterior. En ella lo autorizaba a enviar su secretario al bohío de Juan de Jesús García, donde podría exponer los planes para la ocupación de Santa Marta, pero agregó que '
Al comenzar el mes de abril Bolívar puso sitio a Cartagena y empezaron los combates entre el ejército de Castillo y el de la Unión. Previamente, el gobierno de Cartagena había constituído una Junta de Seguridad Pública, la 'que encarceló y desterró a todos los partidarios
de Bolívar, entre ellos al coronel d'Elhuyar. Marimón proclamó que Bolívar actuaba contra las instp.Icciones del Congreso, variando su
61 Carta de Luis Josef Echagaray al secretario de guerra de la Unión. Cartagena, 13 de febrero de 1815. AR, vol. 1, ff. 347- 349.
62 Oficio de Juan Marimón al general Simón Bolívar. Cartagena, 25 de abril de 1815. AR, vol. 1, f. 385v.
cesar necesariamente cuando la patria peligra, y que todos debemos unirnos por la defensa de la causa general»63 .
destino de Santa Marta. Amador exhortó a toda la provincia a repeler con las armas el acto de hostilidad del ejército de la Unión.
Bolívar ofreció entonces a Marimón su renuncia del mando, pidiendo una embarcación para exilarse. En una junta de guerra que reunió en Turbaco quizo entregarle el mando al general Florencia Palacios, pero ésta se negó a admitirla en consideración al manifiesto emitido por el gobierno cartagenero, «en que se declara a los venezolanos por hombres sin patria y deseosos de alzarse con la familia social». Esa
Al caer Mompós en manos de los samarios se produjo una fuerte oleada de emigración de sus habitantes. Era tal la desconfianza que éstos tenían por el gobierno de Cartagena, que renunciaron a buscar su amparo. Martín José Amador, comisionado de su hermano el gobernador de Cartagena, se dirigió a esos exilados momposinos para reclamarles su temor a presentarse ante las justicias de los departamentos donde buscaron refugio, temiendo perder su libertad y bienes:
«proscripción de la mayor parte de los venezolanos que se hallaban en la plaza» obligaba al ejército de la Unión a hostilizarla.
«Jamás el gobierno (de Cartagena) trató de criminal a un habitante que por desgracia se vió comprometido a la socied?d de un déspota ... máxirne hallándose convencido hasta la evidencia de los padecimientos que ha hecho sufrir a los vecinos de la nominada ciudad de Mompóx el gobierno revoltoso del corregidor Piñeres y Pantaleón Ribón»64 •
Mientras tanto, las tropas realistas de Santa Marta tomaron Barranquilla, Soledad y pusieron sitio a Mompós. Vicente Celedonio Gutiérrez de Piñeres, corregidor de esta villa y cabeza de los partidarios de Bolívar, relató al Poder Ejecutivo, el 26 de abril de 1815, las penurias de la defensa de Mompós, «falta de todo género de elementos con que defenderse y sin gobierno». Ante la inminencia de su derrota, que ocurrió cuatro días después, pidió el envío de un comisionado para informar a Bolívar y al gobierno de Cartagena de su desesperada situación,
63 Carta de Vicente Celedonio Gutiérrez de Piñeres al secretario de guerra del gobierno general. Mompós, 26 de abril de 1815. AR, ~ol l, f. 391v.
«y les haga entender que la guerra civil y las diferencias entre hermanos deben
64 Llamamiento de Martín José Amador a los emigrados momposinos. Coroza!, 10 de mayo de 1815. AR, vol. 1, ff. 395.
declarándole la guerra, se ha usurpado la soberanía» 65 .
La noticia del desembarco de la expedición española de don Pablo Morillo en Venezuela forzó a Bolívar y a Castillo a realizar pactos secretos, cuyo resultado fue el exilio de Bolívar con rumbo a Jamaica el 8 de mayo de
El capitán Esteban Santineli, sargento mayor del Batallón de Barlovento, respondió negativamente a la consulta que le hizo el general Florencia Palacio, comandante del ejército de la Unión, respecto de la invitación de Juan Marirnón a unirse a las tropas de Cartagena en la recuperación de Mompós y ataque a Santa Marta, en los términos siguientes:
1815. Le siguieron otros distinguidos soldados venezolanos, como su secretario Pedro Briceño, el general Mariño y los hermanos Carabaño. El mando del ejército de la Unión pasó al general Florencia Palacio, también nativo de Caracas.
« ... la experiencia, regla maestra del hombre, le ha hecho en una absoluta desconfianza de que aquel (el gobierno de Cartagena) cumpla nada de lo que propone, después que tan injusta y descaradameñte quebrantó los tratados celebrados con el general Bolívar, ya permitiendo los insultos y tropelías que dentro de la misma ciudad se hicieron a muchos de nuestros oficiales que allí entraron, ya autorizando las sutilidades que se nos hacían en los pueblos ... ya arrojando de la ciudad al mismo ciudadano general, a su oficialidad y séquito, bajo las indecentes amenazas que contiene el oficio del
Manuel García de Sena, secretario del gobernador Amador, fue enviado a Santafé a pedir apoyo urgente para resistir el sitio de las tropas que había mandado Bolívar y la de las del Ejército Expedicionario español que se anunciaba. Allí le recordó al presidente de la Unión que la provincia de Cartagena había sido de las primeras en adherir a los principios federales de gobierno,
«y que si Bolívar con sus transgresiones propende a transtornarlo, Cartagena con su resistencia propende a sostenerlo. Ésta, suspendiendo la ejecución de una orden de este gobierno (permitir el ingreso del ejército de Bolívar a Cartagena y auxiliarlo con embarcaciones), no ha faltado en nada al pacto federal; aquel,
65 Comunicación de Manuel García de Sena al presidente del Congreso de la Unión. Santafé, mayo 23 de 1815. AR, vol. 1, f. 40lr-v.
federal tuvo que concentrar sus fuerzas en sitios insalubres, donde en menos de 20 días se diezmó en un tercio sus efectivos. Fue entonces cuando Bolívar optó por el exilio:
brigadier Castillo ... y por último cerrando sus puertas al grueso número de nuestros enfermos ... »66 .
El parecer de los demás miembros del es- . tado mayor del ejército de la Unión fue unáni-
<<El general, concibiendo impracticable la conciliación, prefirió hacer proposiciones para separarse del territorio, y confiando el mando del resto del ejército al jefe que por su mayor graduación y antigüedad le correspondiese mandarlo»67.
me, pues todos los venezolanos que componían la fuerza principal estaban enojados contra el gobierno de Cartagena, a causa de sus injurias publicadas contra ellos. Decidieron así el retiro de la provincia de Cartagena y su regreso a Santafé, abandonando al gobierno de Cartagena a su suerte.
Al aceptar esta propuesta el gobierno de Cartagena, Bolívar y otros oficiales se embarcaron en un bergantín de guerra inglés hacia Jamaica. Cesaron así las hostilidades entre los dos ejércitos. Mientras tanto los samarios habían tomado a Mompós, Barranquilla y Sabanagrande. Para recuperar estas posiciones, se reorganizó en Cartagena el ejército bajo el mando del general Palacios, quedando Mariano Montilla como jefe del estado mayor. El 16 de mayo fue sorprendida en Turbaco la tropa cartagenera, resultando derrotados el teniente coronel Stuart y Montilla, quienes se dirigieron hacia la villa de Magangué, «llevando tremolando el pabellón venezolano». En sólo 22 días .el ejército patriota se había reducido a menos de 800 hombres, y se suscitaron
El 24 de marzo de 1815 el ejército de Bolívar puso sitio a Cartagena, instalando su cuartel general en el cerro de la Popa y enviando dos columnas móviles a recorrer las partes de sotavento y barlovento, bajo la conducción de Fernando y Miguel Caravaño. Empezaron entonces los enfrentamientos armados entre las tropas bolivarianas y los vecinos de Barranquilla, San Estanislao, Santa Rosa, Pasacaballos y las sabanas de Coroza!, «capitaneados por sus alcaldes». Las guerrillas provinciales aumentaron sus efectivos, y el ejército
66 Parecer del capitán Esteban Santineli en la junta de guerra convocada por el general Florencia Palacio para contestar la propuesta presentada por Juan Marimón, comisionado del gobierno de Cartagena. Cuartel de Coroza!, junio 1 de 1815. AR, f. 411.
67 Ibid, f. 649.
6. ¿CÓMO CONSTRUÍR UNA NACIÓN DE PROVINCIAS?
competencias entre el general Palacios y varios jefes, las que terminaron por dividirlo. Una
parte se marchó hacia la provincia de Antioquia y la otra, comandada por Montilla y Stuart, regresó a marcha forzada hacia Cartagena, a donde llegaron el 22 de agosto de 1816 unos 350 hombres.
Pese a las disputas que oponían a los cabildos con las cabeceras de corregimiento, y a éstas con las «provincias supremas», apuntaladas en el discurso republicano o en el de la fidelidad realenga, lo cierto es que la construcción de la nueva nación de la Nueva Granada tenía que partir de las provincias existentes. El problema que se debatió, entre los dirigentes de las provincias agrupados en los congresos generales, fue el ~amino por el cual dichas provincias, autoproclamadas soberanas, pasarían a constituír un único estado nacional. Las respuestas dadas a este interrogante, en la circunstancia en que ya se habían decidido a romper todo vínculo posible con la nación española, pueden ser reducidas a tres: 'la que proponía construír la nación mediante una restauración de la jurisdicción del Nuevo Reino de Granada, en lo posible ampliada a la que tuvo el virreinato; la que opinaba que la nación sería el resultado de una cesión mancomunada de soberanías provinciales en favor del Poder Legislativo de una.Unión Federal, y la que esperaba una participación equitativa de todos los cabildos locales en el congreso federal. Un examen
artículo segundo del acta? En su opinión, sólo dos: las provincias que eran formadas por los distritos de las dos audiencias de Santafé y Quito. Por lo tanto, las otras provincias que eran sólo «subdivisiones para el mejor gobierno y cómoda administración de justi'cia, en corregimientos y alcaldías mayores», no eran auténticas provincias. Era un transtorno del orden lo que había sucedido, que hubiesen resultado tantas cabeceras de provincia arrogándose el derecho a sujetar los pueblos que quisieran, cuando éstos tenían la libertad para escoger a qué provincia querían estar subordinados. Cundinamarca no podía abandonar a los pueblos que voluntariamente se agregaron a ella, «para defenderse de la opresión» de las provincias que trataron de dominarlas.
detallado de estas respuestas mostrará que las pugnas entre «centralistas» y «federalistas», entre «cabeceras» y «sujetos», se produjeron en torno al mejor modo de hacer de un conjunto de provincias soberanas la única nación neogranadina que todos querían y necesitaban.
6.1. RESTAURAR LA JURISDICCIÓN DEL VIRREINATO
Manuel Bernardo Alvarez, diputado de la provincia de Cundinamarca, presentó en noviembre de 1811 al presidente Antonio Nariño un informe sobre el pacto de la federación de las provincias. En su opinión, algunos artículos de dicho pacto perjudicaban a la provincia de Cundinamarca, mientras que otros contradecían su constitución. Los cundinamarqueses estaban entonces obligados a negarse a suscribir el acta de la federación, por los motivos que expuso68
En la argumentación de Alvarez es clara la diferencia entre los conceptos de provincia y de pueblo:
«Quedó libre al momento el reino; quedaron libres sus provincias, corregimientos y sus distritos; quedaron libres los pueblos, quedaron libres las familias, y q~edaron libres todos los ciudadanos».
Para empezar, ¿ cuáles eran las provincias del Nuevo Reino que habían reasumido en sí el gobierno y administración interior, con derecho, desde el 20 de julio de 1810, según el
En segundo lugar, aunque el artículo sexto garantizaba la integridad de los territorios de cada provincia de la Unión, no debía
68 Exposición de motivos de Manuel Bernardo Alvarez. Santafé, 7 de diciembre de 1811. En: Congreso de las Provincias Unidas, 1989, II, pp. 53-60.
extenderse este derecho a la separación de los pueblos que voluntariamente se habían agregado a los gobiernos de otras provincias. Aunque las provincias se habían empeñado, incluso por las armas, en mantener los territorios de su mando, oponiéndose a que algunos pueblos se les separasen, Cundinamarca respetaría primero la libertad de esos pueblos que quisieron venir a anexarse a su autoridad, pues «en el fondo de su corazón nunca ha pretendido sino el bien de todo el reino». Cundinamarca no podía aceptar el artículo 22 que asignaba al Congreso las utilidades de la amonedación de la Casa de Moneda de Santafé, porque esta Casa era una de las propiedades adquiridas por dicha provincia con su libertad, constituyéndose en un monopolio fundamental a su favor. Finalmente, el artículo 40 del acta federal, que reservaba en el Congreso las relaciones exteriores, se oponía a la Constitución de Cundinamarca, pues ésta reclamaba para sí la libertad económica y mercantil.
que se habían formado durante la revoluciónhabían subordinado con violencia a los pueblos, con el sólo título de haberse proclamado «cabezas de provincias». «La tiranía de esa injusta conquista», mantenida «por el rigor de un despotismo armado», había forzado a algunos pueblos a una «obediencia involuntaria».
Participando plenamente de estas opiniones de su tío, don Antonio Nariño se preparaba entonces para ingresar decididamente a conducir el proceso político nacional. El 22 de mayo de 1812 le dirigió una nota al canónigo José Cortés de Madariaga para informarle que se encontraba vivo y firme en sus principios, a pesar de «la tremenda borrasca que me preparaban los gansos diplomáticos de las soberanas provincias, con cuyas luces y recursos no creo que nos salvaremos»69• Así que una vez posesionado en el cargo de presidente del estado de Cundinamarca, gracias a la agitación que forzó la renuncia de Jorge Tadeo Lozano, N ariño expresó su idea de reconstituír la «provincia legal» de Santafé antes de intentar el ingreso al Congreso de la Unión federal. Siguiendo a Alvarez, Nariño creía que la «provincia legal» de Cundinamarca comprendía a los corregimientos de Tunja, Socorro, Pamplona, Mariquita y Neiva. Como ya Mariquita había
Estos argumentos fueron expuestos ante todos los ciudadanos de Cundinamarca por el mismo A lvarez, en una alocución que intentaba explicar las razones tenidas en cuenta para no firmar el acta de federación. Dijo allí que la legitimidad de un Congreso se fundaba en el voto libre y espontáneo consentimiento de los pueblos, pero había resultado que los gobiernos provinciales -
69 Carta de N ariño a José Cortés Madariaga. Santafé, mayo 22 de 1812. AR, vol. l, f. 113.
sido anexada a Cundinamarca, su acción se dirigió a disolver los gobiernos establecidos en las demás provincias.
mientras su gobierno se instalaba en Santa Rosa. Mientras tanto, la provincia del Socorro se alzó contra el dominio militar de Cundinamarca, apoyándose en las tropas de Baraya, y obtuvo su liberación. Esas realidades militares obligaron a Nariño a firmar los tratados de Santa Rosa (30 de julio) con el gobernador de Tunja, Juan Nepomuceno Niño, comprometiéndose a instalar de inmediato el congreso de la Unión, a devolver Sogamoso, y a dejar que el congreso resolviera sobre las agregaciones de los pue-
La ocasión para ello se presentó con las tensiones de los cantones de Vélez y San Gil respecto del Socorro, la sede del corregimiento que englobaba a los dos primeros cabildos. Éstos se negaron a obedecer al gobierno de la junta socorrana encabezada por Lorenzo Plata,
anexándose a la jurisdicción del estado de Cundinamarca. Por otra parte, Nariño aceptó a los cantonees de Leiva, Timaná y Garzón, así como a la villa de Purificación. La resistencia del Socorro fue reprimida por tropas enviadas por Nariño, que por la fuerza anexaron dicha villa a Cundinamarca. Otra expedición militar enviada a la provincia de Tunja, bajo las órdenes de Baraya, se anexó a Sogamoso. Para entonces ya se habían adherido a Cundinamarca Chiquinquirá y Muzo.
blos que habían pertenecido al Socorro, Neiva y Mariquita. Había que posponer la realización del proyecto de reconstitución de la jurisdicción del Nuevo Reino, pues la iniciativa militar había pasado a las tropas del Congreso, que marchaba a sitiar Santafé.
Durante el mes de enero de 1813, cuando se preparaba el sitio de las tropas de la Unión contra Santafé, escribía en su Diario José María Caballero:
La defección de la tropas de Baraya, que decidió ponerse a órdenes del Congreso de la Unión en Tunja, obligó a Cundinamarca a suspender su constitución, concediéndole a Nariño facultades extraordinarias para obrar en calidad de dictador. Después de la fracasada mediación de los representantes del Congreso de la Unión, Nariño se puso al frente de las tropas y ocupó Tunja sin resistencia, el 30 de junio,
«(Santafé) tenía que pelear contra todas las provincias de la Nueva Granada, porque todas se conjuraron contra la capital, hasta los pueblos de la provincia de Cundinamarca» 70•
70 José María Caballero, 1986, p. 112.
Pese a todo, los santafereños resistieron la ofensiva y lograron desarticular al ejército de la Unión, apresando al presidente de Tunja. 1El 6 de febrero se reunió la representación nacional. Fue entonces cuando N ariño propuso un nuevo plan de reconstrucción de una autoridad centralizada en Santafé: cada provincia del reino enviaría un diputado por cada 50.000 almas, con el fin de formar una Junta Central. Reunida ésta, debería elegir el modo de gobernar en adelante la república unitaria. Respecto al Congreso de la Unión, se acordó suspender toda correspondencia con sus miembros, enviando una expedición militar a Villa de Leyva para exterminarlos.
Margarita, Caracas, Barinas, Mérida y Trujillo, las que se confederaban bajo el título de «Provincias unidas de Venezuela». El plan de esta confederación obligaba a cada una de estas provincias soberanas a auxiliarse mutuamente contra toda violencia exterior. Cada una de ellas se reservaba el derecho a arreglar a su manera su administración interior, pero todas se comprometían con los principios de la defensa de la religión católica, la seguridad de la propiedad, la defensa de la libertad individual, la igualdad ante la ley. Se erigió corno autoridad superior la del Congreso general de las provincias unidas, que tendría su sede en el pueblo de La Victoria, a quien competía la declaratoria de guerra o de paz, la acuñación de moneda, concesión de patentes de corso, imposición de contribuciones comunes, el derecho de Patronato y otras tareas de gobierno general. El plan prohibía la introducción o comercio de negros bozales (tal corno había ordenado la Suprema Junta de Caracas el 14 de agosto de 1810), promovía la educación popular en las artes y ciencias útiles, y ordenaba a cada provincia el nombramiento de diputados que las representasen ante el Congreso.
La restauración de la jurisdicción de la Real Audiencia de Santafé, como jurisdicción heredada de Cundinamarca, era el paso inicial para una posterior unión con las jurisdicciones restauradas de Quito y Venezuela. La promesa de unión con las Provincias Unidas de Venezuela adquirió plena realidad con la visita del canónigo de la Catedral de Caracas, enviado plenipotenciario del nuevo gobierno republicano venezolano.
El Semanario ministerial del gobierno de Santafé divulgó, en su edición 23 del 18 de julio de 1811, el proyecto federal acogido en Venezuela por las provincias de Cumaná, Barcelona,
Estos postulados de soberanía provincial, que podía ser cedida en parte para la constitución de naciones más allá de las mismas provincias,
posibilitó la expresión de una propuesta de confederar las provincias neogranadinas y las venezolanas. Fue así como el canónigo José Cortés de Madariaga escribió desde Pamplona, el 23 de febrero de 1811, a la Junta Suprema de Santafé, informando que había sido enviado por la Suprema Junta de Caracas como comisionado para adoptar conjuntamente
pueblos de Venezuela con los de la Nueva Granada», y se abría el de la fraternidad de dos estados americanos72.
Esta primera relación entre el canónigo Madariaga y la Junta Suprema de Santafé nos sitúa frente a las siguientes realidades políticas: -Pese a todas las divisiones provinciales del Nuevo Reino, existía un pueblo neogranadino distinto al pueblo venezolano, de tal manera que hacia el futuro cada uno de ellos proyectaría una nadón distinta. Cada un'a de esas dos naciones tendría su propio
«medidas capaces de centralizar el respetable poder depositado en ambos estados por los heroicos, religiosos pueblos, sus constituyentes71 •
José de Acevedo y Gómez le respondió de inmediato, complacido por la posibilidad de una «unión del poder y de los recursos de los dos estados de Venezuela y la Nueva Granada>>, entendiendo que «la confederación de los dos estados será un muro donde se estrellarán los esfuerzos impotentes que todavía hace el despotismo». Le anunció un gran recibimiento en Santafé, como correspondía al momento histórico en que «dos pueblos dignos de la libertad» se darían por primera vez «los ósculos de la fraternidad americana». Había terminado el tiempo en que los consejeros indianos habían prohibido «hasta el comercio inocente de los
estado, pese a que por razones estratégicas defensivas estaban dispuestas a constituír un pacto de confederación y un sentimiento de fraternidad americana. -El antecedente del divorcio de estos dos
pueblos y estados era la administración indiana, que incluso había restringido todo comercio entre el Nuevo Reino y la Capitanía de Venezuela. Esta separación de «hermanos americanos» había producido su escisión en dos pueblos distintos, una realidad que conducía a dos naciones cuyas capitales serían Santafé y Caracas.
71 Oficio del enviado de Caracas hacia el supremo gobierno de Santafé. Pamplona, 23 de febrero de 1811. En: Suplemento al No. 4 del Semanario ministerial del gobierno de Santafé de Bogotá (marzo de 181 l). AR, vol. 8, f. 25.
72 Respuesta de José Acevedo y Gómez a la carta del canónigo Madariaga. Santafé. 7 de mayo de 1811. En: Ibid, AR, vol. 8, ff. 25v-26.
La noche del 14 de marzo entró el canónigo de la catedral de Caracas a Santafé. Al día siguiente fue recibido solemnemente por las personas más distinguidas de la capital. El 16 fue recibido por el Colegio Electoral, donde pudo presentar sus credenciales y dar cuenta de su misión. A la entrada y a la salida del palacio le fueron hechos «los honores señalados por ordenanza a los embajadores de estados soberanos». Cortés de Madariaga pronunció un discurso en el que comunicó el ofrecimiento de la Junta de Caracas de
aviso en el Semanario ministerial, anunciando su regreso a Caracas e
«imitando la práctica inconcusa de las Cortes de Europa, en donde se anuncia con tiempo la separación de los ministros plenipotenciarios, embajadores, encargados de negocios y cónsules, cuando alguno de ellos ha de regresar al gobierno de su procedencia>>74 •
Advirtió que había traspasado sus poderes en favor de Antonio Nariño, «mientras vienen los señores que le ha subrrogado el Soberano Gobierno de Venezuela, ante el Supremo Estado de Cundinamarca». El 14 de junio salió de Santafé, quedando Nariño como encargado de negocios de Venezuela.
«invariable amistad y eterna decisión para mantener los vínculos e insoluble alianza de los dos grandes pueblos de Cundinamarca y Venezuela» 73 •
Los editores del Semanario ministerial celebraron la apertura de la posibilidad de comunicaciones directas entre venezolanos y granadinos sin licencia real, lo que nos proporciona un elemento explicativo de la formación de dos naciones distintas por sus respectivos pueblos. La prohibición real de establecer comunicaciones directas entre las grandes provincias había contribuído a formar la imaginación de que se trataba de pueblos distintos y separados:
Don Jorge Tadeo Lozano de Peralta, presidente del Colegio Electoral y Constituyente, le respondió en los mismos términos. El 28 de mayo fue finnado un tratado de alianza entre los estados de Cundinamarca y Venezuela, de tal suerte que la misión de Cortés de Madariaga pudo darse por terminada felizmente. El 1 O de junio de 1811 el canónigo mandó publicar un
73 Discurso del enviado de Venezuela ante el gobierno de la capital del Nuevo Reino, 16 de marzo de 1811. En: Suplemento al no. 6 del Semanario Ministerial del gobierno de la capital de Santafé de Bogotá (21 de marzo de 1811), p. 3. AR, vol. 8, f. 43.
74 Semanario ministerial del gobierno de la capital de Santafé en el Nuevo Reyno de Granada, no. 18 (13 de junio de 1811), p. 84. AR, vol. 8, f. 76v.
«Yo me horrorizo cuando veo las leyes del título de los pasajeros en nuestras (leyes) municipales, que prohibían con penas severas la comunicación de los ciudadanos de una provincia con los de otra provincia, ordenándose expresamente que ningún habitante de Caracas pudiese pasar a este Reyno, ni los de este Reyno a Venezuela sin licencia del rey ... La misma prohibición era impuesta para que los habitantes de Buenos Aires no pasasen a Lima, ni los de Lima por Buenos Aires; para que los habitantes de México no viniesen a este Nuevo Reyno, ni los de aquí pudiesen pasar a Nueva España» 75.
Unidas de la Nueva Granada»76 . Esta idea debió aparecer en un folleto impreso que circuló, el cual contenía el proyecto de gobierno provisional para la Venezuela liberada.
Esta idea de formar un solo cuerpo de nación con Venezuela había tomado fuerza en este año, pues en febrero el Congreso había recibido una carta77 enviada desde Cartagena por José María Salazar, «enviado de Venezuela, o ciudadano de la Nueva Granada», quien afirmaba la intención de estrechar las relaciones entre los dos estados, prestándose mutuo auxilio militar y celebrando tratados de recíproca utilidad. En ese momento ya había caído el gobierno patriótico en Venezuela y estaban llegando los exilados a Cartagena, «buscando en éste un asilo de seguridad y una segunda patria», pero Salazar estaba seguro de que esa defección atribuída a Miranda era un revés pasajero, esperando una pronta «regeneración» política. Solicitaba entor)ces el envío de tropas granadinas a la frontera venezolana para animar los esfuerzos que ya se estaban realizando por los mismos
El proyecto de formar una sola nación mediante la federación de las provincias neogranadinas y venezolanas se fortaleció cuando la campaña del Ejército neogranadino del Norte en Venezuela tuvo un rotundo éxito: el general Bolívar liberó Caracas y restableció su gobierno republicano. Don José Fernández Madrid, diputado por Cartagena ante el Congreso de la Unión, informó en Tunja, el 12 de noviembre de 1813, que el gobierno civil de Venezuela estaba meditando y proponiendo «formar un cuerpo de nación con las Provincias
76 Comunicación de José Femández Madrid al presidente de las Provincias Unidas. Tunja, 12 de noviembre de 1813. En: Congreso de las Provincias Unidas, 1989, I, p. 118.
77 Carta de José María Salazar al presidente del Congreso de la Unión. Cartagena, 10 de diciembre de 1812. AR, vol. l, ff.
75 Semanario ministerial del gobierno de la capital de Santafé en el NRG, 20 (27 junio 1811), p. 91. AR, vol. 8, f. 80.
agregando una nota confidenciaF9 , dirigida al secretario del Estado de Cartagena, en la cual se afirmaba que «el más noble uso» que los generales Bolívar y Mariño podían hacer de la autoridad que se les había conferido,
venezolanos, basándose en «el sagrado deber que le prescribe la fraternidad».
Efectivamente, este mismo año fue restablecido el gobierno republicano en Venezuela, ante lo cual la Provincia de Cartagena envió a Caracas un agente de negocios con instrucciones para darle a conocer «los diferentes actos y resoluciones que se han expedido por este gobierno a fin de unir los dos países en un cuerpo de nación», persuadiéndole de «los deseos sinceros de Cartagena de unirse por vínculos y pactos indisolubles con Venezuela» 78 . Para ello se propuso una convención de todas las provincias de la Nueva Granada y Venezuela, que podría iniciarse con la presencia de las provincias litorales comprendidas entre el Darién y el Orinoco. La sede del gobierno general proyectado tendría que ser Maracaibo o uno de los pueblos de Cúcuta cercanos a la laguna, pues las costas tendrían que considerarse «como la vanguardia de la nación que vamos a formar».
«es dar a la independencia de su patria un carácter sólido y estable, uniendo de hecho la Nueva Granada y Venezuela en un cuerpo de nación» 80.
Para conjurar «las odiosas rivalidades que vulgarmente nacen de las diferencias locales», los territorios unidos de la Nueva Granada y Venezuela se llamarían en adelante Colombia. Una vez que los diputados de Venezuela hubiesen firmado la unión, reconocerían al gobier- ► no de la Nueva Granada como gobierno supremo de toda la nación así formada. La primera tarea de este gobierno sería la liberación de to- , das las provincias de la costa atlántica comprendida entre el Darién y el Orinoco, y una vez cumplida, se convocaría a una convención general de todas las provincias granadinas y venezolanas, depositando el poder ejecutivo en una sola persona, «de conocida integridad y luces» auxiliada por tres secretarios: de estado . , t
Del mismo modo, el Poder Legislativo de Cartagena instruyó a sus diputados ante el Congreso de la Unión para que promovieran la unión de la Nueva Granada y Venezuela,
79 Nota confidencial al secretario de estado. Cartagena, marzode
78 Instrucciones para el agente de negocios de Cartagena de Indias cerca del Gobierno de Venezuela. Cartagena, 17 marzo de 1814. AR, vol. l. ff. 161-162v.
1814. AR, vol. 1, ff. 168-170v.
80 Ibid. f. 168.
canónigo José Cortés de Madariaga. En la carta que éste dirigió a la Junta Suprema de Santafé desde Pamplona, informando sobre su marcha hacia la capital del Nuevo Reino como enviado especial de la Junta Suprema de Caracas, escribió:
y relaciones exteriores, de hacienda, y de guerra y marina. Se nombraría también una Alta Corte de Justicia, y un reglamento provisorio establecería las atribuciones de los tres poderes. El objeto principal de esta convención sería el de expedir una constitución para ese cuerpo total de nación y «acomodar los gobiernos particulares de las provincias a la naturaleza del gobierno general». La residencia del gobierno general estaría en Maracaibo o uno de los pueblos de Cúcuta cercanos a su laguna.
,,La Providencia, que marca el destino de los seres ... fijó el mío en la capital de Venezuela desde 19 de agosto de 1802, y me dió parte en el suceso del 19 de abril de 1810; comprometiéndome a sostener con todo el conato de mi sensibilidad y pobres talentos, la obra portentosa de la regeneración colombiana, abortada en aquel dichoso día ... 82•
Para divulgar este proyecto, el gobernador Manuel Rodríguez Torices publicó el acto del Poder Legislativo del Estado de Cartagena que decretaba «la unión de este Estado con Venezuela», para los fines de liberación de las provincias costeras, autorizándolo para solicitar «los buenos oficios del gobierno de Venezuela para con el Congreso de la Nueva Granada, a fin de cooperar todos a hacer efectiva la unión de la Nueva Granada con Venezuela» 81 •
José de Acevedo y Gómez le respondió para darle cuenta de la alegría que había producido el anuncio de su llegada a Santafé, promesa de una unión entre los dos estados de Venezuela y la Nueva Granada, y «de fraternidad americana». Al publicarse estas dos cartas en el suplemento del Semanario ministerial de Santafé, el 7 de marzo de 1811, el público pudo
El origen del nombre Colombia, designado a la unión federal de las provincias granadinas, venezolanas y quiteñas, se debe al
82 Carta de Cortés de Madariaga a la Junta Suprema del Nuevo Reino de Granada. Pamplona, 23 de febrero de 1811. En: Suplemento al no. 4 del Semanario Ministerial del gobierno de la capital de Santafé en el Nuevo Reyno de Granada (7
81 Acto legislativo dado por el Supremo Poder Legislativo del Estado de Cartagena de Indias. 9 de marzo de 1814. AR, vol.·
marzo de 1811), p.2. AR. vol. 8. f. 25v.
l, f. 171.
conocer por primera vez la idea de una «regeneración política>>
«nuestros compatriotas mirarán con gusto al general Miranda en el lugar preeminente que le señala la justicia y le consagra la historia colombiana ... » 83 .
de naturaleza continental, o «colombiana». Esta idea, como lo comprobó más tarde el propio Acevedo y Gómez, provenía de unas cartas geográficas que traía, como obsequio, el canónigo Madariaga.
Esta correspondencia nos muestra que la familiarización con la palabra Colombia se inició en Santafé desde la llegada del canónigo ilustrado enviado por Venezuela, quien gracias a las cartas geográficas de D' Arcy de la Rochette podía nombrar con esa palabra al continente suramericano. En la circuntancia emocionante que se produjo por la propuesta de una confederación de los estados de Venezuela y la Nueva Granada para enfrentar unidos una posible reconquista española, la palabra comenzó a designar la idea de un nuevo continente unido e independiente. En vez de la voz genérica de América, la palabra Colombia podía designar al esfuerzo de hermandad de los pueblos liberados de España, en especial a los suramericanos.
Este regalo fue enviado por éste al presidente Jorge Tadeo Lozano, en la tarde del 16 de marzo de 1811, después de que en la mañana fue recibido solemnemente en el seno del Colegio Electoral y Constitucional de Cundinamarca. Se trataba de ocho cartas geográficas de S uramérica
«o Colombia prima, ordenadas por el último eminente y sabio geógrafo Luis S tanislao D' Arcy de la Rochette, con la preciosa edición de la Historia Natural del inmortal Buff on, clasificada en órdenes, géneros y especies, según el sistema de Linneo, por Rene-Richard Castel. .. ».
Por orden del presidente Lozano, José de Acevedo y Gómez examinó los regalos y escribió la nota de agradecimiento, en la que prometía el envío de ellos a la biblioteca pública de Santafé y aseguraba que
83 Carta de José de Acevedo y Gómez al enviado de Venezuela, José Cortés de Madariaga. Santafé, 18 de marzo de 1811. Publicada en el suplemento al no. 6 del Semanario ministerial del gobierno de la capital de Santafé en el Nuevo Reyno de Granada (21 de marzo de 1811), p. 4. AR, vol. 8, f. 43v.
6.2. CEDER LAS SOBERANÍAS PROVINCIALES EN FAVOR DEL CONGRESO DE LA UNIÓN NACIONAL
la Nueva Granada en todas sus provincias» (la nación) como «amigos, aliados, hermanos y conciudadanos».
El Congreso de los diputados de las provincias debería entonces mirarse como «el gran representante de la nación», y sería la promesa de la convocatoria final a una gran convención, preparada por los «sabios de la Unión», para la aprobación final de la constitución del estado. Estos sabios presentarían sus ideas e ilustrarían a sus conciudadanos para «disponerlos a un gobierno liberal».
El «congreso de canapé» que el 27 de noviembre de 1811 aprobó en Santafé el Acta de su «asociación federativa», redactada por Camilo Torres, expresó el deseo de que las provincias soberanas se unieran en una «asociación federativa». Esta asociación de provincias libres, iguales, soberanas e independientes se dirigía a la constitución de una sola nación dotada de un gobierno general y regida por una constitución. El primer paso hacia esa meta fue la adopción de unos pactos de federación, suscritos en un acta federal por los representantes de las provincias, que crearon una confederación de provincias soberanas (titulada Provincias Unidas de la Nueva Granada) mediante la cesión, a favor de la Unión, de <<todas aquellas facultades nacionales y las grandes relaciones y poderes de un estado». Esta erección de «una representación general» de todas las provincias, encarnada en su Congreso, prometía un sacrificio de los intereses particulares de las provincias en beneficio del bien común de la Unión, de tal suerte que cada provincia terminaría mirando «al gran pueblo de
Este discurso federal, como se vió, hacía partir el proceso de construcción del estado nacional desde la autonomía y soberanía de las provincias. Los representantes de éstos, unidos en un Congreso que ponía a salvo la independencia y el territorio de cada provincia, así como su absoluta igualdad, avanzarían gradualmente hacia la constitución de un estado nacional que sería el resultado de una renuncia voluntaria de poderes de las provincias en favor de un gobierno general. En la práctica, el poder nacional efectivo gravitaría en el Congreso, centro de la representación de las poderosas provincias autónomas.
Al tenor de este proyecto de cesión de soberanías provinciales en favor de la Unión
federal, un Colegio Constituyente de Antioquia que integraron Félix de Restrepo, Pantaleón Arango, José Manuel Restrepo, Francisco Javier Gómez y José María Ortiz redactó una nueva constitución provincial enjulio de 1815, la cual declaraba a Antioquia una «parte integrante de la República libre, soberana e independiente de la Nueva Granada». Cumplían así la promesa de ceder su soberanía para la construcción conjunta de una nueva nación federada. A partir de entonces, don Dionisia Tejada actuó como presidente de la provincia de Antioquia, entre mayo de 1814 y abril de 1816, cuando las tropas españolas comandadas por Francisco Warleta invadieron la provincia.
una comunicación84 al presidente del Estado de Cundinamarca en defensa de las posiciones del «acta de federación».
Previniendo que Nariño «llevaba adelante sus miras de hostilidad y agresiones contra las provincias», ejemplificó tal actitud con los casos siguientes: -Haber admitido a Garzón y a la villa de Puri-
ficación al Estado de Cundinamarca, violentando «la integridad del territorio y la independencia de la Provincia de Neiva, reconocida por todas las demás y garantizada ya por muchas de ellas en los pactos de federación»; -La ocupación militar de la Provincia de
Tunja por las tropas de Cundinamarca, «a pretexto de defensa del reino», con el fin de anexarse a «los facciosos de la Villa de Leyva y Sogamoso».
Para poner en acto los pactos del Acta de federación, el Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada trasladó de inmediato su sede a !bagué, tratando de ponerse a salvo de las presiones centralistas de Santafé. Antonio Nariño, presidente del Estado de Cundinamarca, autorizó la presencia del Congreso en !bagué, ciudad que para entonces ya estaba incluída en su jurisdicción.
Probaban con estos sucesos «los planes de subyugación, de opresión y de conquista de las provincias que se consideran débiles ... olvidando la salud del reino». Le advirtieron que aunque tuviera en ello un éxito pasajero, «tarde o temprano las mismas provincias reclamarán sus derechos, y vuestra
Desde su sede de !bagué, los diputados (Restrepo, Rodríguez, Campos, Torres, Camacho y Ordoñez Cifuentes) de las provincias unidas enviaron, el 13 de abril de 1812,
84 Comunicación del Congreso de las Provincias Unidas al presidente y consejeros del Estado de Cundinamarca. Ibagué,
13 de abril de 1812. Cfr. Congreso de las Provincias Unidas, 1989, tomo I, pp. 26-28.
feudatarias dependientes y esclavas de otras que quieren darles lo que les acomoda para vivir a sus expensas» 86.
excelencia no habrá hecho otra cosa que acumular todo su odio contra Santafé».
Otras provincias ya habían vindicado sus derechos sobre los pueblos disidentes, «pues eran partes de un todo de que no han podido separarse, y han debido recibir la ley de las demás». La interpretación política del Congreso era clara:
En mayo de 1812 don Miguel de Pombo y Pombo87 envió una carta88 desde Santafé a su amigo cartagenero González, en la que le informaba que «Santafé era la mansión de la tiranía y del despotismo». Había ocurrido que Joaquín Ricaurte, el comandante de las fuerzas del Socorro, había acusado a Nariño ante el Senado de haberle dado órdenes violatorias de la constitución cundinamarquesa y de su honor: se le había ordenado proseguir su marcha hacia Pamplona, «seduciendo sus pueblos e insurreccionándolos contra su gobierno, para agregarlos a Cundinamarca». Ese mismo día, el Colegio Electoral recibió un anónimo que pedía la nulidad de la elección hecha en Nariño, «y el peligro que corría la libertad si el gobierno continuaba en sus manos». En respuesta al anónimo, Nariño pidió al senado la suspensión de la constitución «para poder prender, entrar a
«Santafé no ha tenido ni tiene derecho alguno a provincias tan libres e independientes como ella, reconocidas siempre por tales en el antiguo gobierno ... que reasumieron de hecho y de derecho su soberanía desde el 20 de julio»85.
Desaparecidas las autoridades superiores y generales que las provincias admitían sobre sí, no se podía admitir ahora que Santafé pasara a oprimir a sus hermanas para «continuar bajo distinto nombre la opresión española ... y tal vez la figurada real autoridad de un nuevo Femando VII que quiera aparecerse ahora en América». En consecuencia, la «suprema ley» de las provincias
86 lbid, p. 27.
«consiste en no ser esclavas de nadie y en procurar cada una en su seno la administración de sus propios negocios, sin ser
87 Nativo de Popayán y primo de Lino de Pombo, fue un federalista acérrimo y estudioso de la constitución norteamericana, al punto que publicó su traducción del acta de federación de dicha nación. Cfr. Ruiz Martínez, 1996, p. 387,
88 Carta de Lino de Pombo a González. Santafé, 7 de mayo de
85 Comunicación cit. p. 27.
1812. AR, vol. 1, ff. 110-112.
las casas y abrir la correspondencia». Al concedérsela, publicó un bando desterrando de la provincia a José María del Castillo, a su tío Manuel Pombo y a treinta personas más. Pero una Junta de notables que fue convocada por el propio Nariño le obligó a revocar sus decretos de destierro y a negociar con los diputados de las provincias la pronta realización del congreso constitucional, «pero con la condición de que Cundinamarca eligiría sus diputados contando con las provincias que tiene oprimidas con el nombre de unión». Como era de esperar, los diputados no aceptarían esta condición.
acta de federación es la regla de conducta de todos»90, dado que los diputados de la Unión habían aceptado inicialmente como territorio del Estado de Cundinamarca las provincias (Mariquita, Neiva y Socorro) y los pueblos (Muzo, Chiquinquirá, Villa de Leiva y Sogamoso) de la Provincia de Tunja que N ariño había anexado a su jurisdicción.
Estos compromisos iniciales fueron modificados por los tratados91 de la villa de Santa Rosa, flffilados el 30 de julio de 1812 entre los representantes de los Estados de Tunja y Cundinamarca, pues Cundinamarca renunció a reclamar jurisdicción sobre algunos pueblos de Tunja (Sogamoso y Sutamarchán), permitiendo que Villa de Leyva eligiese la provincia a la cual se anexaría.
Los sucesos políticos de este año (llamamiento de Antioquia a formar una Liga para la defensa del reino, la ratificación del acta federal por el Colegio Revisor, el pacto de Antioquia, Cundinamarca y Cartagena contra Santa Marta, la defección de las tropas provinciales de Cundinamarca en Tunja, la rebelión de Pasto contra Popayán y las negociaciones entre Cundinamarca, Tunja y Baraya) llevaron a la firma del Tratado preparador del nuevo Congreso General del Reino para su «defensa común y seguridad» 89 • Los diputados de Cundinamarca reconocieron entonces que «el
Los peligros que representaba la rebelión de Pasto contra la autoridad de Popayán y la de Santa Marta contra Cartagena llevaron a esta conciliación que, de una parte legitimaba la autoridad general del Congreso de las Provincias Unidas, pero de la otra sancionaba las anexiones territoriales del Estado de
90 Comunicación de Manuel Bernardo Alvarez y Luis E. de Azuola al Congreso de la Unión. Santafé, 17 de agosto de 18 l 2. Cfr. Congreso de las Provincias Unidas, 1989, tomo I, p. 40.
89 Tratados firmados entre Antonio N ariño, presidente de 1 Estado de Cundinamarca, y la comisión de diputados (Frutos Joaquín Gutiérrez y José María del Castillo) del Congreso de las Provincias Unidas. Santafé, 18 de mayo de 18 l 2. En: Congreso de las Provincias Unidas, 1989, I, pp. 41-43.
9 l Tratados de la villa de Santa Rosa, 31 de julio de 1812. En: Congreso de las Provincias Unidas, 1989, I, pp. 95-98.
Cundinamarca. El Congreso se trasladó de Ibagué a Villa de Leyva, donde aparecieron con toda claridad las figuras que representaban a las provincias: Joaquín de Hoyos y José María Dávila por Antioquia; el pbro. Juan José de León por Casanare; Juan Marirnón y Enríquez por Cartagena; Manuel Bernardo Alvarez y Luis Eduardo Azuola por Cundinamarca; Camilo Torres y Frutos Joaquín Gutiérrez por Pamplona; el pbro. Andrés Ordoñez y Cifuentes por Popayán; Joaquín Camacho y José María del Castillo y Rada por Tunja.
representativo y dividido en poderes, provocó el retiro de dicha provincia: leída en Santafé en cabildo abierto celebrado cuatro días después, «con asistencia de todos los tribunales y empleados, y los padres de familia del alto y bajo pueblo», se votó por unanimidad que Antonio Nariño continuara con el mando absoluto del estado, «y que Cundinamarca no debe federar ahora con las demás provincias»92 .
Contribuyeron a esta escisión las resoluciones del Congreso que significaban un desconocimiento de la séptima clásula del tratado del 18 de mayo anterior, preservativa de los territorios anexados por Cundinamarca: por una parte, el Congreso puso bajo su autoridad a la jurisdicción de la Villa de Leyva, en calidad de
El 4 de octubre de 1812 se realizó la instalación formal de este Congreso que reconocía que el fundamento de su autoridad era el acta de federación del 27 de noviembre de
1811. Camilo Torres fue elegido presidente y Marimón vicepresidente. El secretario fue Crisanto Valenzuela. Orgullosamente, el Congreso proclamó que los pueblos de la Nueva Granada ya podían contar con «el cuerpo soberano de la nación», pese a las acciones cometidas por los «enemigos interiores» ( «algunos pueblos bárbaros que no están bien penetrados de sus derechos») contra la patria.
territorio federal, y por la otra recibió en su seno a los dos diputados de la provincia del Socorro (Miguel de Pombo y José Acevedo ), que se había liberado de la ocupación militar ordenada por Nariño. Aunque el Congreso ratificó la sumisión de la provincia de Mariquita, del partido de Chiquinquirá-Muzo y de los pueblos de Neiva al gobierno de Cundinamarca, «consultando a la paz interior», reconoció que «el germen de la discordia» en la nación formada
Pero la resolución que el Congreso tomó el 8 de octubre siguiente, al tenor del artículo 7 o. del acta federal, conminando a Cundinamarca a adoptar un gobierno popular,
92 Cfr. Congreso de las Provincias Unidas, 1989, tomo I, pp. 55-56.
estaba en el tratado del 18 de mayo, <<en la parte que habla de las segregaciones de pueblos hechas a Santafé» 93 . Los dos diputados de Cundinamarca confirmaron, en comunicación enviada al presidente del Congreso, que su retiro obedecía a «la insubsistencia de los pactos, en cuya virtud (Cundinamarca) convino en su unión con las demás provincias»94.
provincia de Cundinamarca y dejarla en plena libertad» 95 .
La resistencia de Cundinamarca a ingresar a la Unión pudo tener razones no muy alejadas a las que propiciaron las posteriores re-
sistencias de Cartagena a obedecer al ejército de la Unión. Así pudo concluírlo más tarde el diputado de Tunja, Joaquín Camacho:
« ... te contaré que cuando estaba en Tunja y fue don Jorge (Tadeo) Lozano, comisionado ( de Cundinamarca), a tratar de unión con Santafé, como se le notase su excesiva insistencia en ciertos puntos, dijo estas palabras: 'como mi provincia, cuando trata de entrar en la unión, no es en apariencia, como alguna otra, sino para observar los pactos que se celebren, es preciso apurar las manías, etc.' Todos conocieron de que provincia hablaba» 96•
El Congreso de las Provincias Unidas calificó entonces al gobierno de Cundinamarca de «tiránico y despótico», por haberse negado a elegir un nuevo gobierno «representativo, popular, dividido en poderes»; pasando a declarar a Antonio Nariño como «usurpador y tirano ... enemigo de la unión y de la libertad de la Nueva Granada». Decretó la retención de los diputados de Cundinamarca y el desconocimiento de todas las anexiones territoriales de dicho estado, autorizando al presidente de la Unión para emplear todos los medios, «sin excluír el de la fuerza armada», para «suprimir el intruso gobierno y su facción que afligen a la
Pronto el ejército del Congreso, acaudillado por Antonio Baraya, se puso en marcha contra Cundinamarca. En su «Aviso a los defensores de la patria», Baraya proclamó que al
93 Resolución de noviembre de 1812. En: Congreso de las provincias unidas, 1989, tomo I, pp. 61-62.
95 Decretos del Congreso de las Provincias Unidas. Villa de Leyva, noviembre de 1812. En: Congreso de las Provincias Unidas, 1989, tomo I, pp. 66-70.
94 Comunicación de Manuel Bernardo Alvarez y Luis Eduardo Azuela al presidente del Congreso de las Provincias Unidas. Villa de Leyva, 6 de noviembre de 1812. Cfr. Congreso de las provincias unidas, 1989, tomo I, p. 63.
96 Carta de Joaqufu Carnacho, ex-diputado de Tunja, a José María García. Santafé, 9 de septiembre de 1815. AR, vol. 1, f. 5 lOv- 511.
«tirano de Cundinamarca» (Antonio Nariño) no le gustaba el Congreso
representantes de Cundinamarca (Jorge Tadeo Lozano y Antonio María Palacio), realizadas en la villa de Zipaquirá, a donde fueron enviados sus representantes, José Fernández Madrid y José María del Castillo, en la esperanza de salvar «el reino». Un tratado98 fue firmado en Santafé el 30 de marzo siguiente, lográndose sólo la promesa de Cundinamarca de reforzar militarmente la campaña de defensa que realizaba el coronel Bolívar en la Provincia de Santa Marta, y el envío de una expedición a la defensa de Popayán. Este simple acuerdo defensivo contra la resistencia española aplazó cualquier entendimiento entre la causa federal de las provincias y la supremacía del estado de Cundinamarca. En mayo se llegó a un acuerdo del Congreso con Cundinamarca para la campaña militar sobtre Popayán: Cundinamarca renunciaba a Vélez, a cambio de que las tropas del Socorro se pusieran en campaña bajo la comandancia de Antonio Nariño.
«porque no quiere tener un superior que lo haga entrar en sus deberes, porque no quiere que exista quien le castigue sus crímenes, porque él solo quiere mandar y dominar a todo el Reino contra la voluntad de todos los pueblos» 97 .
El ejército del Congreso fue presentado entonces como «el salvador del Socorro, Pamplona y Tunja», el vencedor de Paloblanco ( contra las tropas de Nariño, en 1811 ), el retador del «tirano de Santafé». Mientras el congreso trasladaba su sede a Tunja, Nariño marchaba hacia él al frente 1.500 soldados. Los combates entre los ejércitos de Cundinamarca y el congreso se iniciaron el 2 de diciembre en el alto de la Virgen, cerca a la aldea de Ventaquemada. Derrotadas las tropas de Cundinamarca, Nariño regresó a Santafé a mantener el orden público y fortificarla.
El camino de construcción de la nación neogranadina a partir de la cesión de soberanías provinciales en favor de un Congreso de la Unión reprimió la propuesta original de los cabildos que intentaron alcanzar soberanía
El Congreso de las Provincias Unidas comenzó el año 1813 en campaña militar contra el Estado de Cundinamarca. El 9 de enero sus tropas fueron derrotadas a la entrada de Santafé, obligándolo a entrar en negociaciones con los
97 Antonio Baraya: Aviso a los defensores de la patria. Tunja. 11 de noviembre de 1812. En: AR, rollo 2, vol. 2, f. 589-590.
98 Tratados de Santafé, 30 de abril de 1813. En: Congreso de las Provincias Unidas, 1989, 1, pp. 102-104.
provincial en contra de las jurisdicciones de los corregimientos o gobernaciones que los sujetaban antes de la independencia.
Colegio Electoral y Constituyente de Cundinamarca.
La argumentación de los cundinamarqueses, que trataban de convencer al cura Gómez para que actuara como apoderado en la tarea de poner las dos ciudades que representaba bajo la obediencia del Supremo gobierno de Cundinamarca, consideraba que al comienzo de la revolución se había pensado en entregar la soberanía nacional a una Junta Suprema del Reino, integrada por los diputados de todos los cabildos locales. Por ello se había solicitado a estos dos cabildos de San Martín y San Juan de los Llanos el envío del suyo. Pero que luego se había cambiado de ideas, adoptándose el proyecto de constituír la nación mediante una federación de grandes provincias legales y soberanas y, en consecuencia, debían extinguir las pretendidas provincias que habían intentado formarse alrededor de cada cabildo. Por tanto, el presidente Lozano ordenó al cura Gómez que jurase obediencia a la constitución de
Ya se ha examinado la lucha que dieron los cabildos de Vélez, San Gil, Sogamoso o, Mompós para sentar sus diputados propios en el «congreso de canapé» de 1811, así como las pretensiones del cabildo de Cali al nombrar a Camilo Torres como su representante en la Junta Suprema de Santafé. Pero el caso de los lejanos cabildos de las ciudades de San Martín y San Juan de Los Llanos puede ilustrar mejor el deseo de los vecindarios locales por participar activamente en el Congreso federal y, en consecuencia, en la construcción de la nación. Incialmente, los cabildos de dichas ciudades eligieron, por solicitud de la Junta Suprema de Santafé, como su diputado propio a don Ramón Gómez, cura de la primera ciudad. Pero, como ya sabemos, la Junta mudó de parecer, advirtiendo que sólo las provincias superiores tenían derecho a conformar el Congreso del Reino. Fue entonces cuando se le dijo al cura Gómez que los territorios de San Martín y San Juan de los Llanos eran parte de la provincia de Santafé, cuyo gobierno tenía su legítima representación ante la federación. En consecuencia, pidieron a sus vecindarios sufragar ante el
Cundinamarca, regresándose a su «pueblo» de San Martín, donde debía proceder a esfumar las expectativas de su vecindario respecto a una supuesta invitación a formar en tomo a sí una nueva provincia autónoma.
Este ejemplo indica que la dirigencia de las grandes provincias «supremas», y de las
7. ¿CÓMO CONSTRUÍR UNA NACIÓN DE CIUDADANOS?
provincias-corregimiento, actuaron rápidamente para cerrarle el camino a los cabildos locales que intentaron erigirse en cabeceras de provincias autónomas, en la idea de constituír una federación de cabildos como camino hacia la nación.
En el año de 1814 estaba claro que los dos caminos básicos de construcción de un estado nacional podían ser recorridos, pero ninguno de ellos tenía fuerza hegemónica. Aunque el Congreso vió crecer su autoridad cuando la acción militar del general Bolívar obligó a Cundinamarca a ingresar a la Unión, aún su poder era muy débil como para asegurar la obediencia incondicional de santafereños y cartageneros, por no decir de las provincias que habían permanecido fieles a la Corona de España. Paralelo al debate relativo al lugar de las provincias en la nueva nación, se comenzaron a expresar los proyectos de construcción de la nación social, es decir, de la nación constituída por ciudadanos con todos los derechos del hombre. Los dirigentes de las provincias conocían bien, por el seguimiento que habían hecho de la Revolución Francesa, cuáles eran los derechos humanos de una sociedad modema99. Pero asumirlos en la vida cotidiana
99 La Constitución de la república francesa que se aprobó por la Convención el 24 de julio de 1793 delimitó, en su artículo
122, los derechos que el estado garantizaba a todos los franceses: igualdad, libertad, seguridad, propiedad, deuda pública. libre ejercicio de culto religioso, educación común, subsidio público, libertad de prensa irrestricta, derecho de petición, libertad de reunión y asociación, disfrute de todos los derechos humanos. En esta lista se contiene el programa revolucionario francés respecto de los derechos del hombre y del ciudadano.
era una cuestión de muy largo plazo, visto el estado de grandes desigualdades sociales de que partía la nación neogranadina.
hubieran tolerado tanto exceso. Y el gobierno de una república democrática cierra los ojos y pronuncia con voz enfática las palabras libertad, igualdad y fraternidad, cuando muchos de estos seres libres iguales y hermanos son tratados peor que las bestias!» 100.
Una muestra de esta brecha entre la utopía liberal y las realidades sociales fue identificada todavía al final de la sexta década de emancipación nacional por don José María Gutiérrez de Alba, quien registró en su Diario la notoria contradicción que percibió entre el discurso político liberal y las actitudes cotidianas de quienes lo emitían. Así, al subir la cuesta que conducía de Honda a Bogotá se enc;__,ntró este viajero español con «muchos pobres indios con bultos enormes, conducidos a la espalda y suspendidos principalmente de la cabeza, que con un grueso palo acabado en punta, para apoyarse, subían y bajaban por aquellos precipicios con una seguridad asombrosa». En esa ocasión, su comentario fue el siguiente:
Ya hospedado en Bogotá, don José María fue muy bien acogido por la élite intelectual de la ciudad. Después de visitar las casas que lo reclamaron e incluso de participar en la tertulia (El Mosaico) del matrimonio Samper-Acosta, don José María escribió el siguiente comentario:
«En este país, en cuyos círculos oficiales y políticos se exageran las ideas democráticas hasta un extremo inconcebible, las costumbres están en abierta contradicción con las teorías, y los mismos hombres que blasonan más de demócratas son los que dentro de su hogar y en sus relaciones sociales conservan más humos aristocráticos. Las damas bogotanas, entre las cuales hay bellezas de primer orden, son por lo general sencillas y modestas, amigas de su hogar, más que de paseos y diversiones, y en muchas
«¡Infelices acémilas humanas que por un pedazo de pan sucumben prematuramente a las fatigas de un ejercicio superior a las fuerzas del hombre! Y el comercio extranjero y el del país, a quien sirven particularmente, fomenta por su propio interés este inhumano abuso, y no encuentra palabras bastante fuertes para calificar a los españoles, que sin duda no
100 Gutiérrez de Alba, Diario citado, 1870, f. 95 r-v.
«Entre las señoras de la clase más distinguida y aún las de la clase media se usa todavía la saya y el antiguo manto español de los tiempos de Calderón y de Lope, y que no han abandonado aún completamente algunos pueblos de Andalucía. Este manto, cuando se lleva tan graciosamente como suelen llevarlo algunas señoras bogotanas, cubriéndose a medias el rostro y dejando aparecer entre sus pliegues su ardiente y voluptuosa mirada, constituye un adorno infinitamente más bello y sobre todo más poético que el ridículo sombrero que no hace sombra, que solo cubre una parte de la cabeza y la frente, y que sólo es soportable cuando se lleva con todo el refinamiento de la coquetería elevada a un arte con todas sus reglas entre ciertas beldades de la insustancial y frívola Fráhcia. Las mujeres del pueblo llevan por lo general un traje análogo en la forma al anteriormente indicado, pero de una tela de lana de un color azul oscuro y colocándose sobre el manto un sombrero de paja o palma enteramente igual al que llevan los hombres» t03 •
casas se conservan aún las costumbres severas y patriarcales de los mejores tiempos de la colonia» 10t.
La diferenciación social que don José María encontró en Bogotá, a la sazón una ciudad de 40.000 habitantes, «derivada de su origen», se establecía en dos grandes grupos: los calzados y los descalzos,
«siendo los primeros todos los oriundos, con o sin mezcla, de raza española o de alguna otra nación europea, y formando la clase descalza todos los individuos procedentes de raza indígena, cuya posición humilde no ha podido elevarse a la categoría de gente calzada. Hay sin embargo entre éstos, cuando son algo acomodados, una especie de término medio que usa alpargates fabricados en el país con la fibra del maguey y el algodón que en algunas partes se produce sin cultivo»
102 • La moda y el traje se le aparecieron a don José María como índices de esta diferenciación social, en especial la femenina:
Entre los hombres también el traje delataba la diferenciación social:
1 O l Ibid, f. 111 r-v.
103 Ibidem, ff. 113v-114.
102 Ibidem, f. l 13v.
«De éstos, los que pertenecen a las clases privilegiadas usan el traje europeo, excepto para montar a caballo, que entonces se identifican hasta cierto punto con los orejones o habitantes indígenas de la llanura, colocándose sobre el traje ordinario el anchísimo pantalón de cuero de res o de una tela impermeable a que dan el nombre de zamarros, y echándose sobre los hombros la ruana, que es una especie de manta de tela más o menos fina de lana o algodón y casi siempre de color oscuro, con una abertura en el centro por donde se introduce la cabeza. Cálzanse por último enormes espuelas, cuya rueda o carretilla suele tener a veces siete u ocho centímetros de diámetro y se cubren con el sombrero de jipijapa que es aquí el de uso más ordinario, diferenciándose su valor según la clase, desde un peso del país hasta 40 y 50 pesos fuertes, cuando la finura del tejido ha hecho emplear en su confección muchos meses de trabajo»104.
Pues sobre esa sociedad tan diferenciada socialmente había que construír una nueva nación de ciudadanos libres e iguales en derechos. La mayoría de los antiguos vasallos neogranadinos, ahora transformados en ciudadanos, eran considerados libres, sin distingo de su condición «aristocrática» o «plebeya». Como argumentaron los momposinos y mulatos cartageneros acaudillados por Gabriel Gutiérrez de Piñeres, la causa de la independencia había abierto las puertas «al mérito y a la virtud» personal, sin referencia al nacimiento.
Pero existían al menos dos grupos sociales que no tenían esa consideración social: los negros esclavos y los indios que aún tributaban a la Real Hacienda y compartían tierras de resguardo. Los dirigentes de algunas provincias del tiempo de la Patria Boba se plantearon entonces el problema de la incorporación de estos grupos a la ciudadanía plena, es decir, a la posibilidad de ser libre, tener alguna propiedad o profesión que emancipara de tutela, y saber leer y escribir.
El camino de la incorporación de los negros a la nación granadina fue señalado en la provincia de Antioquia durante el tiempo de la dictadura de Juan del Corral, cuando ya se sabía que la provincia de Popayán había sido reconquistada por los regalistas. El primer paso
104 Ibídem, f. 114.
a dar por ese camino era la liberación de los nuevos partos habidos en negras esclavas. Una ley en tal sentido fue redactada por el doctor José Félix de Restrepo y presentada ante el congreso restaurado de Antioquia, siendo aprobada el 21 de abril de 1814, catorce días después de la muerte del presidente Juan del Corral, que fue causada por una pulmonía. Además de liberar a los nuevos hijos de las esclavas antioqueñas, la ley prohibió la importación y exportación de esclavos, ordenando además la liberación de uno de cada diez esclavos transmitidos en herencias. Se estableció la formación de un fondo de manumisiones con un impuesto anual sobre los propietarios de esclavos, dos pesos por varón y un peso por hembra.
siempre ... si no procuráis hacer extensivas las leyes inmutables de la justicia sobre cierta clase de hombres desgraciados, que tascando con despecho el freno de la servidumbre, al fin han de prorrumpir en una insurrección sangrienta ... Nada es más temerario ni más inconsecuente que la proclamación de nuestros derechos, si los principios de libertad, de seguridad, de igualdad y de propiedad no han de comprender a unos hombres como nosotros, marcados de los mismos privilegios por el soberano Legislador del universo, y cien veces más oprimidos que lo que estábamos nosotros por la dominación de los españoles>> 105 .
Del Corral proyectó un camino para afirmar la seguridad de la naciente república que consistía en «ir nivelando las clases». Se le opuso el argumento que «unos hombres degradados en la servidumbre, sin educación de ideas y de sentimientos, sin propiedades y no teniendo vínculo alguno que los ligase a esta patria», al quedar libres de súbito se convertirían en
La intención de Juan del Corral quedó expresada claramente en el mensaje que dirigió al congreso de Antioquia sobre la importancia de esta ley de libertad de vientres:
<<Mientras no desaparezca de entre nosotros hasta la sombra de la esclavitud; mientras miremos a todas las clases interesadas por unos mismos principios, en
perpetuar la estabilidad de la república, no creais ¡ oh representantes del pueblo! que la libertad se ha consolidado para
105 Mensaje de Juan del Corral a la legislatura de Antioquia. Citado por José Manuel Restrepo, 1969, I, p. 323-326. La ley de libertad de partos fue aprobada por dicha legislatura e 1 20 de abril de 1814 y estuvo en vigor hasta el momento de la ocupación española de la provincia, a finales de marzo de 1816.
Nueva Granada, antes que por pasajeras conveniencias tácticas de la guerra de la emancipación. Como se supo por los informes del general Antonio Baraya106, fue el gobernador realista de la provincia de Papayán, Miguel Tacón, quien ofreció a los esclavos de las haciendas que existían en el camino que unía a Popayán con Pasto la libertad, a cambio de que abrazaran la causa realenga.
criminales y ladrones. Del Corral contestó que ese peligro no debería detener al legislador en la intención de producir una manumisión universal, tal como ya lo había ejemplificado el gobierno de Chile, el primero en decretar la libertad de los partos de esclavas.
Por iniciativa del gobernador de la Provincia de Antioquia, quien el 12 de diciembre de 1813 envió una comunicación al Congreso de las Provincias Unidas para convocar una reforma general de la suerte de los esclavos en toda la federación, el Congreso efectivamente entendió que dicha reforma estaba aconsejada «por la humanidad, por la justicia y por los principios del gobierno adoptado en la Nueva Granada, siendo necesaria para la seguridad de la Confederación amenazada». Sin embargo, se sabía que la adopción nacional de una resolución sobre tal asunto tendría que ser preparada. Por ello el Congreso decretó, el 3 de febrero de
Respecto de los indios tributarios, una revisión temprana sobre su acceso pleno a la ciudadanía se produjo en la provincia de Cundinamarca. La Junta Suprema de Santafé, animada de «sentimientos paternales» respecto a los indígenas, publicó en las calles de la ciudad, el 24 de septiembre de 1810, la nueva percepción liberal sobre este grupo social y el programa político que le aplicaría en adelante. Los indígenas fueron entonces definidos como
«antiguos naturales del país, que se han visto hasta aquí degradados y sin representación, desnudos de las prerrogativas de que gozan los demás individuos de su especie, negándoles hasta el derecho de
1814, solicitar informes a las provincias sobre el número de esclavos existentes, la opinión favorable a su libertad, su valor y medios para libertarlos.
Importa destacar que la intención de los legisladores antioqueños al marchar por el camino de la manumisión de los esclavos estaba orientado por la idea de nación de ciudadanos libres que tendría que ser construída en la
106 Informe del general Antonio Baraya a la Junta Suprema de Santafé. Popayán, 2 de abril de 1811. Publicado en el Suplemento al número 9 del Semanario ministerial del gobierno de la capital de Santafé de Bogotá, 11 de abril de 181 l, p. 36. AR, vol. 8, f. 52v.
la propiedad de las tierras que poseen, y de que son legítimos dueños; sujetos desde la conquista a un pupilaje vergonzoso que no les ha dejado desplegar los talentos de que están dotados, como los demás hombres, gravados con la pensión injusta e ignominiosa de tributo, que les sujetaba a las vejaciones de los asentistas y corregidores» w7.
calculado en razón de sus familias, las tierras de los resguardos que hasta entonces tenían. Para evitarles engaños, se les prohibió enajenar sus parcelas familiares antes de veinte años, cuando ya deberían haber «tomado apego al dominio y versádose en su administración»; - Separarles de las tierras de resguardo un pedazo para el establecimiento de escuelas públicas en sus pueblos, con el fin de instruírlos.
Para remediar este mal social, los diputados del pueblo resolvieron que en adelante se aplicaría el siguiente programa político a los indígenas: - Eliminarles la obligación de pagar «la divisa odiosa del tributo», quedando sujetos sólo al pago de las contribuciones generales de todo ciudadano para el estado; - Concederles el goce de «todos los privilegios, prerrogativas y exenciones que correspondan a los demás ciudadanos; que como tales puedan ser elevados hasta los primeros empleos de la república, y condecorados con los honores y premios a que se hagan acreedores por su mérito, conducta y procederes»; - Repartirles en propiedad, mediante reparto
El supuesto político de este proyecto fue la eliminación de las dos «repúblicas» que desde el siglo XVI habían segregado los indios respecto de los «españoles». En adelante los indios tendrían que entender que no había más que «una ley, un gobierno, una patria y unos mismos magistrados para todos los habitantes libres del Reyno». Esta igualación política de los indios con los demás habitantes del reino se realizó mediante su incorporación a la categoría niveladora de «ciudadano», de tal suerte que la concesión del ciudadanato fue entendida como una restitución plena de sus derechos políticos. El estado republicano definió así de una vez su política a seguir respecto a los indígenas:
<<el bien y comodidad de los indios, su fomento, buen trato, educación, civilidad y demás beneficios de que hasta la
107 Bando divulgador de la providencia tomada por la Junta Suprema de Santafé respecto a los indios. Santafé, 24 de septiembre de 18 IO. AR, vol. 8, f. 9.
presente han sido privados, y que se les restituyen por el nuevo gobiemo»w8•
Estos «abuelos>> indígenas de los neogranadinos, en las circunstancias de un <<estado de naturaleza», representarían «nuestro ser original»: el de la «libertad primitiva». La consideración sobre el ser nacional debería partir de ese estado original de libertad para poder explicar que la presencia española en América significó la invención de la esclavización de los hombres:
Este programa político para la incorporación de los indígenas a la nación estuvo acompañado de un discurso relativo a la dignidad de los aborígenes. Fue así como, durante la ceremonia realizada en Popayán para anunciar la instalación del Supremo Congreso Nacional, el doctor Francisco A. de Ulloa 109 pronunció un discurso relativo a la nueva imagen republicana sobre el estado primitivo de libertad que existía en las naciones indígenas americanas:
« Yo querría que mis conciudadanos estudiasen su ser, preguntasen a su corazón y averiguasen en el origen de las sociedades, y estado primitivo del hombre, si alguna vez anunció el criador, en medio de su cólera, que su imagen predilecta había de ser el juguete y escarnio de una fiera coronada, y de mil satélites del terror, que prevalidos de la fuerza, de la ignorancia, y de preocupaciones religiosas, supieron encadenar a sus iguales, sujetando su libertad original entre las leyes arbitrarias dictadas por el vicio y la depravación».
«Echad, señores, la vista sobre esas naciones errantes de América, a quienes llaman bárbaras los déspotas, porque han sabido conservar en las cavernas y montañas su independencia y dignidad, escapándose de la espada con que se presentaron a las riberas de Colombia los caribes del siglo 16. Vedlas despreciando la muerte, sepultándose vivas dentro de los bosques más ocultos y solitarios, y trunfando de todos los infortunios, por cumplir con los votos solemnes de la Naturaleza».
La actividad política criolla contra lamonarquía española no se conducía entonces por un sistema inventado por hombres, sino por la necesidad de reconquistar la libertad primitiva. Dios habría creado originalmente al hombre en libertad, marcándolo con
108 !bid., f. 9.
109 Discurso pronunciado al público de Popayán por el ciudadano Francisco A. de ffi]oa, el día en que se reconoció el Supremo Congreso Nacional. Popayán, 1821?. Mss. incompleto de 2 folios. BLAA. Sala de Manuscritos, Ms. 619.
presente, no maldiga en medio de sus cadenas el día ominoso en que permitieron sus padres que otros les arrancasen las porciones de libertad que se habían reservado, para reducirlos a ser manadas de animales sujetas a la vara de la arbitrariedad? ¿Y ha podido el discurso de una tiranía envejecida, y sin límites, borrar de nuestros corazones hasta el sentimiento de nuestra propia indignación?».
«los rasgos valientes de hombre libre, y había grabado en su corazón, para que transmitiese a su posteridad, el Código sublime de sus leyes, en que estaba solemnemente escrito que ninguno pudiese atentar contra sus derechos imprescriptibles sin hacerse reo delante de su especie».
Cuando los hombres se multiplicaron aparecieron los males e inconvenientes «de que conservase cada uno toda la plenitud de su libertad». Para dirimir las discordias que surgían entre ellos, resolvieron elegir a uno que fuese el «árbitro de sus diferencias». Aunque esas familias primitivas elegían por jefe a uno de sus elocuentes miembros, no por ello renunciaban al derecho a deponerlo del rango «en el momento que abusase de la confianza y del contrato». Pero ocurrió que con el tiempo hubo un jefe atrevido que, apoyado por un partido po-
De este modo, durante el tiempo de la Patria Boba fue resuelto el problema que oponía la existencia de los grupos sociales no libres a la nación granadina, definida como un conjunto de ciudadanos libres, propietarios, ilustrados e iguales en derechos y oportunidades. La esclavitud de los negros y la tributación de los indios habían quedado ya heridas de muerte.
deroso, impidió que el pueblo lo depusiera. Así se originó la nueva situación de despotismo y esclavitud social, con su contrapartida, la lucha social contra los tiranos para recuperar el ser original del hombre, su libertad:
«¿Habrá, por ventura, un esclavo tan vil y degradado, que al considerar lo que fue, y lo que ha perdido, y al comparar lo que va de su primera condición a su estado
8. ¿CÓMO GOBERNAR LIBERALMENTE LA NUEVA
Los dirigentes de las provincias neogranadinas sabían que tenían que construír una nueva nación inspirada en los principios liberales franceses y en las ideas de la Ilustración. Aunque cada provincia trataba de encontrar similitudes con las provincias norteamericanas, de tal suerte que «en una provincia regían con ligeras alteraciones las leyes fundamentales de la Pennsilvania, en otras las de Virginia, aquí las de Massachussetts y allí las de Maryland» 110, todas sabían que de su confederación, o centralización, tendría que resultar un estado nacional moderno. Puestos al frente de sus respectivos estados provinciales constitucionales, dichos dirigentes se esforzaron durante el tiempo de la Patria Boba por resolver los problemas de un buen gobierno para un estado nacional. Examinaremos entonces cuatro problemas que debieron enfrentar, desde la perspectiva de las ideas liberales, para mostrar el modo como los resolvieron, dando un claro ejemplo a la siguiente generación que conduciría el estado
110 Restrepo, 1969, I, p. 352.
Cada una de ellas se componía de un número variable de vocales. Además de éstos, actuaba el vicepresidente Joseph Miguel Pey y tres vocales secretarios (Camilo Torres, Frutos Joaquín Gutiérrez y Antonio Morales). Esta organización es un ejemplo de la continuidad del estado colonial, con su división del único poder por asuntos, siendo el corazón del poder la función de justicia. Así que los dirigentes de Cundinamarca sólo introdujeron posteriormente la división del poder del estado en tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), al adoptar su primera carta constitucional. Percibiendo la hegemonía de las ideas federales en todas las provincias, cuyas juntas habían concentrado en sí las administraciones provinciales, la de Santafé convocó a la organización del Colegio Constituyente y Electoral, instalado el 7 de febrero de 1811, para elegir las personas que ocuparían los empleos de las funciones legislativas, ejecutivas y judiciales de su gobierno, y también para formar la constitución provincial. Los representantes de Santafé y de los pueblos de la provincia empezaron declarando que había reasumido los derechos de la soberanía y, por lo tanto, que cesaba la autoridad de la Junta Suprema creada el 20 de julio. Fue elegido don Jorge Tadeo Lozano para presidir el
neogradino después de la temporal suspensión del
proyecto que impuso la Reconquista española.
8.1. ADOPTAR LA DIVISIÓN TRIPARTITA DEL PODER PÚBLICO
El movimiento político del día 20 de julio de
181 O transfirió, en Santafé, el poder unipersonal del virrey Antonio Amar y Borbón a una Junta Suprema, compuesta por el mismo virrey, quien la presidía, el alcalde ordinario de prim~r voto de la ciudad (José Miguel Pey) como vicepresidente, los regidores del cabildo de dicha ciudad y 24 vocales diputados, proclamados por el pueblo. Se entendió que jurídicamente el pueblo reasumía sus «derechos parciales», _sin perjudicar la representación nacional que eJercía el Supremo Consejo de Regencia en nombre de la soberanía que residía en el rey Fernando VII, «arreglada a los principios constitucionales del derecho de gentes y leyes fundamentales del Estado español».
Esta Junta Suprema de Santafé dividió su trabajo en seis secciones especializadas: negocios diplomáticos (interiores y exteriores), negocios eclesiásticos, Gracia (Justicia y Gobierno), Guerra, Hacienda y Policía-Comercio.
Colegio, acompañado por dos secretarios: Camilo Torres y Frutos Joaquín Gutiérrez. Las elecciones del Colegio se realizaron los días 27 y 28 de marzo, resultando elegido presidente del Estado don Jorge Tadeo Lozano de Peralta, vicepresidente don José María Domínguez del Castillo, como consejeros de estado los señores Domingo Camacho Quesada y Manuel Benito de Castro, y como secretario de estado, en el despacho de Gracia y Justicia, don José Acevedo y Gómez. El Poder Legislativo se configuró por un Senado, presidido por el mismo vicepresidente e integrado por los senadores José Miguel Pey, Pantaleón Gutiérrez, Luis Eduardo Azuola y Juan Dionisio Gamba. La Legislatura se integró por Camilo González Manrique (prefecto), el canónigo Femando Caicedo y Flórez (designado), Frutos Joaquín Gutiérrez (vocal) y otros 16 legisladores: pbro. Pablo Plata, pbro. Juan Gil Martínez-Malo, pbro. Ignacio Losada, fray Juan José Merchán OHSJD, fray Juan Antonio de Buenaventura OP, José María Lozano de Peralta (marqués de San Jorge), Camilo Manrique, Manuel Camacho Quesada, José Santamaría, Pedro Ricaurte, Francisco Javier Cuevas, Juan Agustm de Cháves, José Ortega, Sinforoso Mutis, José Gregorio Gutiérrez, Tadeo Cabrera y Benedicto Domínguez. Fueron confinnados
en sus empleos los funcionarios del Poder Judicial en las Salas de Gobierno y de Justicia.
Pero las necesidades de la conducción de la guerra contra las Provincias Unidas permitió la suspensión de la división constitucional del poder, concentrándolo en el presidente en funciones de dictador. Del mismo modo obró Antioquia con ocasión de la restauración del poder realengo en Popayán, de tal modo que el procedimiento de suspensión de la constitución para erigir dictaduras fue pronto percibido como práctica política abusiva. Por ello, el Congreso de la Unión debió prohibir, en 1814, toda nueva declaración de dictadura, cerrando para siempre este camino. Ello explica la dura crítica de todos los hombres ilustrados cuando Bolívar tomó a recorrer este camino en 1828. Para entonces, ya la palabra «dictador» no tenía la connotación positiva de los tiempos de Nariño (Cundinamarca) o Juan del Corral (Antioquia), sino la negativa que se fundaba en la experiencia prohibitiva de la Patria Boba.
Fue la provincia de Cartagena la que más difundió, como paradigma, la división tripartita del poder público. Producida la revolución, la provincia de Cartagena organizó una Junta suprema provincial, que de inmediato dividió el nuevo poder público a la manera de un estado liberal moderno. El Poder Ejecutivo fue
encabezado por el presidente Manuel Rodríguez Torices, secundado por los consejeros Juan de Dios Amador y Manuel Núñez, y por los dos secretarios de Hacienda (Juan Guillermo Roix) y Guerra (José Arrázola y Ugarte). El Poder Legislativo fue constituído por un Senado (Gabriel Piñeres, Remigio Márquez, Manuel Rebollo, Vicente Marimón, Miguel Granados) y una Cámara (Ignacio Cabero, Juan Fernández de Sotomayor, Ignacio Narváez, José Antonio Fernández, José María Moledo, Basilio del Toro, Ildefonso Méndez, Cecilio Rojas, Matías Carrazedo, Rafael Torres, Fray Joaquín Escobar, José Casamayor, Juan José Solana y Mauricio Romero). También se estableció un Poder Judicial, integrado por José María García Toledo, Germán Piñeres, Juan Nepomuceno Berrueco, Enrique Rodríguez, Ramón Ripoll y Francisco García del Fierro. Finalmente, se establecieron corregidores en Cartagena (Juan Elías López), Mompós y Simití (Celedonio Piñeres), Tolú y San Benito Abad (Ignacio Muñoz), y Barranquilla (Eusebio María Canabal).
modo federal para la organización del primer congreso del Reino, «único capaz de hacer felices a las provincias», en clara oposición a la propuesta centralista de la Junta de Santafé. En este manifiesto los cartageneros se opusieron decididamente la constitución de una Junta Central del Reino, una propuesta publicada por la Junta de Santafé el 29 de julio anterior, denunciándola como plan para «formar una junta central como la de España, gobierno monstruoso que atraería grandes males sobre la Nueva Granada». En su opinión, era mucho mejor
«establecer desde ahora un gobierno perfecto y federal en que se hallen divididos los poderes, pues sin esta división no puede existir la libertad» 111 .
El impacto de la propuesta cartagenera fue contudente: la mayor parte de las provincias desistieron de enviar diputados a Santafé o de asumir compromisos con la continuidad del mando centralizado en dicha ciudad. De este modo, ni el primer congreso general del reino convocado en Santafé ni el convocado para Medellín pudieron realizarse.
Esta ejemplar organización cartagenera fue opuesta por los federalistas a la dictadura cundinamarquesa. En efecto, Cartagena dirigió a todas las provincias, el 19 de septiembre de
Cuando la Junta Suprema de Cartagena acordó, el 10 de diciembre del mismo año, reorganizar el gobierno, mantuvo la división
1810, la propuesta de adoptar de inmediato el
111 Citado por Restrepo, 1969, I, p. 148.
tripartita del poder. Aunque ofreció a Mompós la posibilidad de colocar dos diputados en la Junta Suprema, y uno a Simití, en la práctica debió de reducir militarmente a Mompós a su autoridad. El nuevo gobierno que funcionó en
revolución política. Acorde con el acta de federación, dividió el poder público en tres ramas, creando dos cámaras para el poder legislativo. Al morir el presidente Gómez en octubre de ese año, fue reemplazado en su empleo por José Miguel Restrepo.
1811 estuvo presidido por José María del Real Hidalgo, y actuaron como vocales de las villas y pueblos lo señores García de Toledo, Juan de Dios Amador, José Ignacio Pombo, canónigo Juan Marimón, Joaquín Villamil, el canónigo José Antonio Madariaga, Teodoro Escobar, el clérigo Manuel Benito Rebollo, Cayetano Revueltas, Tomás Andrés Torres. Fue fiscal de la Junta don José María Rebollo. El Tribunal de Justicia fue presidido por José María García de Toledo, actuando como ministros Antonio José de Ayos y Miguel Díaz Granados, y como fiscal Germán Piñeres. El Tribunal de Cuentas y
8.2. CONSTITUÍR LOS MONOPOLIOS BÁSICOS DEL ESTADO
En el año de 1813, al producirse la reconquista regalista de la Provincia de Popayán, los antioqueños tuvieron que tomar medidas para conjurar la inminente invasión que los amenazaba. Suspendieron la vigencia de la constitución y nombraron un dictador, capaz de organizar el mando militar unificado de la provincia: don Juan del Corral. Apoyado por la secretaría de José Manuel Restrepo, del Corral desplegó una gran energía organizativa: desterró y expropió a 25 realistas antioqueños, obteniendo así unos 60.000 pesos para la Hacienda pública, y proclamó la independencia absoluta. Siguiendo una política de empréstitos forzosos obtuvo en 1814 otros 37.800 pesos, instalando fundiciones y nitrerías para la fabricación de armamentos. Por otra parte, el exilado Francisco José de Caldas organizó un cuerpo de ingenieros militares, y el inmigrante francés
Hacienda se constituyó por un contador mayor (Enrique Rodríguez), dos contadores ordenadores (Eusebio Canaball y José María Castillo) y un secretario archivero (Valentín Angulo). Como comandante militar de la provincia fue instituído el general Antonio de Narváez y la Torre.
La segunda constitución de la provincia de Antioquia, expedida el 21 de marzo de 1812, afirmó que ella garantizaría «la libertad, igualdad, seguridad y propiedad» prometida por la
Cartagena, el 27 de noviembre del año anterior. Esta comunicación 112 puso ante la mirada de los diputados una nueva perspectiva de las realidades políticas, partiendo de la experiencia fallida del Congreso Federal Venezolano. El exilado coronel Simón Bolívar ofrecía una crítica de las equivocaciones políticas cometidas por el congreso de su país. Aunque reconocía que el terremoto del 26 de marzo de 1812, con su saldo de unos veinte mil muertos, había impactado negativamente el ánimo colectivo por la emancipación nacional, postuló que la caída de la joven república venezolana provenía de dos errores políticos cometidos por su congreso federal: el primero de ellos, el debilitamiento de la autoridad que el gobierno de la ciudad de Caracas ejercía sobre su provincia, un fruto de la propuesta de «algunos genios turbulentos, ansiosos de dominar en sus ciudades» ' de dividir dicha provincia en «pequeños estados». Como resultado, la ciudad de Valencia, una de las más importantes de esa provincia, se había sublevado contra la autoridad caraqueña, resultando debilitado el gobierno federal, «que por sí mismo no es fuerte».
Manuel Serviez llegó para servir como instructor de un cuerpo auxiliar de la columna antioqueña mandada por José María Gutiérrez. Con estas medidas, los antioqueños mostraron el camino de un estado moderno: imponerle contribuciones forzosas a sus ciudadanos y es-
tablecer la defensa militar del territorio.
En desarrollo de la primera tarea, el 20 de mayo de 1815 el Congreso de las Provincias Unidas aprobó la ley que estableció la Contaduría General de Hacienda para toda la nación, compuesta por tres contadores generales, tres contadores segundos, un archivero secretario, tres oficiales de pluma y un portero escribiente. El objeto de esta institución era la revisión, glosa y fenecimiento de las cuentas de la hacienda pública estatal. Los gobernadores de las provincias quedaron colocados en la posición de intendentes natos de hacienda, como agentes naturales del gobierno general en este ramo.
Pero en la tarea de construcción del ejército nacional, que en esta época fue el ejército del Congreso, hay que destacar la impronta dejada por el general Simón Bolívar. Las relaciones del Congreso de las Provincias Unidas con este militar venezolano exilado se iniciaron en Tunja, en febrero de 1813, cuando se recibió una carta que había escrito éste desde
112 Comunicación del coronel Simón Bolívar y de Vicente Tejera, ministro de la alta corte de Caracas, al Congreso de las Provincias Unidas. Cartagena, 27 noviembre 1812. En: Congreso de las Provincias Unidas, 1989, I, pp. 71-74.
navegación por el río Magdalena de la amenaza española y recuperando el control militar en toda la zona. En efecto, después de una rápida campaña militar por el río Magdalena, el coronel Bolívar llegó hasta los valles de Cúcuta, en jurisdicción del presidente del Estado de
El segundo error político del Congreso fue el de no haber empleado los recursos financieros en preparativos militares capaces de repe-
ler cualquier agresión, sobre todo cuando la ciudad realista de Coro había calificado al Congreso de insurgente, declarándolo enemigo. En opinión de Bolívar, la perspectiva «filantrópica» del Congreso -creencia en que los principios republicanos se impondrían por sí mismos en
Pamplona, donde asumió el mando militar de ella para continuar «la gloriosa empresa» que se había propuesto.
El rápido movimiento del coronel Bolívar entre Cartagena y Cúcuta originó un conflicto político que fue examinado en el Congreso de la Unión114• Por una parte, Bolívar y sus tropas cartageneras habían invadido el territorio soberano de la Provincia de Pamplona, donde era comandante general el coronel Manuel del Castillo, quien también era miembro de la Comisión Militar de la Unión. En defensa de su jurisdicción militar, el coronel Castillo no podía tolerar esa invasión de tropas del Estado de Cartagena, así fuesen «hermanos contra el enemigo común». El coronel Bolívar trató de resolver el conflicto de competencias renunciando a la jefatura militar de la provincia de Santa Marta, que se había ganado en acción
todas partes- le había impedido aplicar la fuerza armada contra los reductos realistas, desde donde se fortalecía la resistencia contra la emancipación nacional. Para ejemplificar el modo de corrección de esos errores, Bolívar y su com-
pañero ofrecieron su experiencia militar en favor de los intentos de la Provincia de Cartagena por someter a la de Santa Marta, que permanecía en manos realistas.
Cuando el Congreso examinó esta propuesta ya su secretario había recibido otra comunicación113 del coronel Bolívar, en la que informaba sobre sus éxitos militares -al frente de las tropas de Cartagena- en el sur de la provincia de Santa Marta, desde la villa de Tenerif e hasta la ciudad de Ocaña, liberando la
114 Comunicaciones del coronel Simón Bolívar al secretario del Congreso de la Nueva Granada. Cúcuta, 24 de marzo: 6, 8,
113 Comunicación de Simón Bolívar al secretario del Soberano Congreso de la Nueva Granada. Puerto Nacional de Ocaña, 8 enero de 1813. En: Congreso de las Provincias Unidas, 1989, I, p. 75.
12. 15 y 26 de abril de 1813. Cfr. Congreso de las Provincias Unidas, 1989, I, pp. 75-95.
debate en el Congreso de la Unión, que incluso delegó en una comisión especial la investigación sobre las novedades introducidas por el coronel Bolívar en la Provincia de Pamplona. Éste, a la cabeza de mil fusileros, propuso entonces al Congreso el envío inmediato de una expedición militar para liberar a Caracas del dominio español. Los diputados pidieron entonces prudencia, solicitándole a Bolívar un examen de las fuerzas y recursos de los españoles Monteverde y Correa, antes de precipitar una «empresa desesperada» y, en cualquier caso, no le dieron más licencia para avanzar que hasta La Grita.
bélica, incorporándose a las tropas de Pamplona. Pero las diferencias con Castillo por el mando militar de esta provincia eran inevi-
tables, sobre todo porque el último fue reducido de mala manera al puesto de segundo del ejército provincial. Las quejas dadas por Castillo ante el Congreso de la Unión respecto de los excesos, robos y borracheras cometidas por los soldados que había conducido Bolívar a la villa de Cúcuta no fueron desvirtuados por éste, si bien alegó su esfuerzo por disciplinar una división militar que «no tiene de militar más que el nombre y el valor».
Por otra parte, las confiscaciones de bienes pertenecientes a comerciantes españoles, que administraban en la villa de Cúcuta almacenes filiales de casas comerciales de Maracaibo, también produjeron quejas contra Bolívar. Éste ordenó rematar los bienes decomisados a los comerciantes españoles, repartiendo entre sus soldados lo producido em calidad de gratificación extraordinaria, una operación que produjo las protestas del alcalde
La ruptura entre las tropas del coronel Castillo y las del coronel Bolívar no tardó en producirse. El primero, miembro de la Comisión Militar constituída el 6 de octubre de 1812 por el Congreso, entendía que él representaba el mando supremo sobre todas las tropas acantonadas en los cuarteles de la Provincia de Pamplona, como servidor directo de la federación de las provincias neogranadinas. En su opinión, el coronel Bolívar sólo mandaba las tropas de la Provincia de Cartagena, que aquel estado había puesto «absolutamente y sin limi-
Ambrosio Almeida, cuñado de dos destacados comerciantes catalanes de la villa. También Bolívar destituyó al párroco local, convencido
tación al servicio del gobierno general», es decir. bajo la autoridad del comandante general del Ejército de la Unión en la Provincia de
de su lealtad a la causa realista.
Las acciones del llamado inicialmente. «Ejército de Cúcuta» fueron entonces objeto de
Pamplona. Contrariando «al sistema de gobierno establecido entre nosotros», Bolívar lo había subordinado a su autoridad ilegítima, sólo para engrosar un ejército que quería conducir, imprudentemente, hacia Caracas. Tenía entonces que negarse a obedecer este mando advenedizo, reconociendo sólo la autoridad soberana del Congreso de la Unión.
la Provincia de Pamplona que encabezaba un oficial adscrito al Ejército de la Unión, fue resuelta por el Congreso a favor del primero: se ordenó al coronel Castillo obedecer, sin réplica, las órdenes del primer comandante del Ejército del Norte, el coronel Bolívar; y a éste se le instruyó 115 que aunque el gobierno de Cartagena le ordenara regresar para auxiliar la lucha contra Santa Marta, el gobierno de la Unión no consintiría en que dejara el mando del ejército federal del norte.
Por su lado, el coronel Bolívar se quejó indignado ante el Congreso, el 12 de abril de
1813, de ese desconocimiento de Castillo a su jefatura del Ejército del Norte, do que es un
Esta determinación abrió definitivamente el camino para el ascenso del coronel Bolívar al mando superior del ejército federal, eliminando las limitaciones que le había impuesto su identificación con unas tropas provinciales (primero de Cartagena y luego de Cúcuta) y, en la práctica, abrió el camino para la formación del ejército nacional. La experiencia previa del brigadier Antonio Baraya, quien presidió la Comisión Militar de la Unión, no había significado una ruptura efectiva del caudillo militar con las tropas de una provincia. De esta suerte, cuando Bolívar irrumpió en Venezuela, autorizado por el Congreso de la Nueva
delito capital en la milicia», así como de haber mentido en sus informes enviados ante el Congreso. Manifestó, en consecuencia, que ya no sufriría más la insolencia y falta de obediencia del coronel Castillo, «que me niega la obediencia con desprecio de la autoridad del soberano congreso», pues en todo (aptitud, lealtad, valentía) su persona lo superaba. En su opinión, las tropas provinciales de Cartagena habían venido a «salvar los países de la Unión que el enemigo oprimía», tales como las provincias de Santa Marta y Pamplona.
Esta peligrosa disputa entre el primer y segundo comandante del ejército del Norte, originada por la introducción de unas tropas de la Provincia de Cartagena, acaudilladas por un oficial venezolano, en la jurisdicción militar de
115 Comunicación del Congreso de la Unión al coronel Bolívar. Tunja, 2 de abril de 1813. Citada por Bolívar en su respuesta del 15 de abril siguiente. Cfr. Congreso de las provincias unidas, 1989, I. pp. 88-89.
Granada, lo hizo no al mando de un ejército provincial (de Cartagena, Pamplona o Cúcuta) sino del ejército de una federación (nacional). Por ello pudo decir al Congreso que en adelante conduciría <<ilustres guerreros, que abandonan su patria querida, para marchar a redimir la de sus hermanos esclavizados» 116 • La expresión no puede ser más clara: el ejército nacional granadino sale a liberar la patria del pueblo venezolano. En este giro mental forzado por Bolívar, quedaban atrás ,das disensiones civiles (provinciales) de la Nueva Granada», dando paso a la dirección política unificada del
gobernador de Pamplona, el juramento de fidelidad y obediencia que le obligaría en adelante con la soberana autoridad de la Unión granadina. En su respuesta117, Bolívar confirmó que hallándose «a la cabeza de las tropas de la nación», debía contribuír con ese acto a <<acallar las murmuraciones» de muchos ciudadanos de las provincias, que seguramente veían en él un peligro para sus independencias. Por otra parte, el coronel Castillo no cejó en su enfrentamiento con Bolívar, provocando con ello el desespero de este último y su petición de castigo ejemplar para el primero, a quien acusó de faccioso. Ya se vió en el capítulo 5.3 las terribles consecuencias de este enfrentamiento personal entre estos dos destacados militares, cuando en la circunstancia del inminente desembarco del Ejército Expedicionario español prefieron enfrentar sus ejércitos entre sí, oponiendo los cartageneros al general Bolívar un odio que ni siquiera merecieron los regalistas samarios. Esta destrucción del Ejército del Congreso y de las tropas cartageneras en 1815, por sus propias pugnas personales, ha sido una de las razones principales de la mala fama de la llamada Patria Boba.
<<respetable jefe del cuerpo soberano de la Nueva Granada», a quien este militar servía en calidad de «respetable jefe del cuerpo del ejército de la Unión». La idea nacional granadina había encontrado en el coronel Bolívar su más firme aliado, pues desde su perspectiva de formación de un poderoso ejército para liberar a «su patria» venezolana aparecían los celos de las provincias, en defensa de sus autonomías, como «disputas frívolas e inconducentes al servicio del estado y a la salvación de la patria».
El Congreso conminó entonces al coronel Bolívar para que diese, en manos del
116 Cfr. Comunicación del coronel Bolívar al presidente de la Unión. Cúcuta, 15 de abril 1813. En: Congreso de las provincias unidas, 1989, I, p. 89.
117 Comunicación del coronel Bolívar al presidente del Congreso de la Unión. Cúcuta, 26 abril de 1813. En: Congreso de las Provincias Unidas, 1989, I, p. 93.
constituciones originales, a la defensa de la religión católica corno religión oficial del estado. Seguían en ello sus tradiciones hispánicas, pues el estado monárquico español y el mejor título jurídico de Castilla al dominio de las Indias fue esta causa de expansión del ecumene católico.
8.3. DEFENDER LA RELIGION CATÓLICA
En el primer bando 118 que publicó la Junta Suprema de Santafé, tres días después de su constitución tumultuaria, se constató cómo el «pueblo fiel y obediente» de Santafé se había estremecido ante el espectáculo del «horrible monstruo de la anarquía y división de las provincias» que se había mostrado en las ciudades de Caracas, Barinas, Cumaná, Puerto Cabello, Guayana, Cartagena y la villa del Socorro. Ello habría producido la conmoción santafereña del 20 de julio que obligó a la celebración de un cabildo general abierto al público, en el que se entendió que la voluntad del pueblo era que se eligiese inmediatamente una Junta Suprema Gubernativa, la que efectivamente fue instalada ese día. Dueña de la suprema autoridad en el Nuevo Reino, esta Junta proclamó las tareas fundamentales que deberían apaciguar la conmoción y los ánimos del pueblo santafereños, entendidos como principios constitucionales del nuevo poder. El primero de ellos fue «el sostenimiento y la defensa de la religión católica».
El 24 de abril de 1813 el Congreso de la Unión concluyó las discusiones sobre el asunto de las relaciones de la República con el Vaticano, al tenor de lo dispuesto por el artículo 41 del Acta de Federación. Partiendo del postulado de «la religiosidad de la Nueva Granada», el Congreso estableció que la unidad nacional tendría que afirmarse en la unidad religiosa:
« ... la suprema autoridad civil, que haciendo la unidad política del estado se gloría de afirmarlo en la de la religión católica, apostólica, romana, que es y será siempre la de la (unidad) nacional a que corresponde» 119•
Al disponerse a enviar representantes ante el Vaticano, el Congreso definió tempranamente que el catolicismo sería base de la unidad nacional de las provincias y «semilla de prosperidad». Los cabildos eclesiásticos de Cartagena
Al igual que Cundinamarca, las demás provincias se comprometieron, en sus
119 Decreto del Congreso sobre envío de diputados ante el Vaticano. Tunja, 24 de abri de 1813. En: Congreso de las Provincias Unidas, 1989, I, pp. 108-l l0.
118 Bando al pueblo sensible. dócil, cristiano y fiel de esta ciudad y su comarca. Santafé, 23 de julio de 1810. AR, vol. 8, f. lr-v.
y Santafé acogieron con vacilación la propuesta del Congreso y se dispusieron, con pocas ganas, a colaborar en la tarea de seleccionar, en una asamblea del clero neogranadino, las personas que marcharían a Roma emprender las negociaciones entre el Vaticano y «la suprema potestad del estado neogranadino».
será nuestra suerte ... conviene perseverar en quietud, sin adelantar paso alguno acerca de la junta que propone el congreso».
Vista la mayoría favorable a la convocatoria a la asamblea eclesiástica, aunque reducida a los gobernadores del Arzobispado y los cabildos catedrales, se informó al Congreso sobre la condescendencia con el proyecto, a cambio de que éste hiciera esfuerzos para la venida del arzobispo electo, Juan Bautista Sacristán. En esa comunicación121se aprecian las preocupaciones del alto clero santafereño respecto de la emancipación neogranadina: por una parte, sobre el grado de religiosidad del Congreso, es decir, sobre el compromiso de este cuerpo político con la tarea de impedir que «hombres perdidos y ajenos de los rudimentos cristianos, blasfemen con impunidad contra el hijo de Dios y sus misterios». Por otra parte, sobre la relajación del espíritu religioso entre el pueblo, manifiesta en el hecho de que «sin temor de las prohibiciones y anatemas de los sumos pontífices, se leen libros escritos por los incrédulos del siglo anterior», con perversión de los jóvenes y abandono de la carrera eclesiástica.
Las vacilaciones del Cabildo eclesiástico de Santafé respecto de la propuesta del Congreso fueron expuestas en su reunión12º del 16 de noviembre de 1813. La mayoría de los canónigos (Fernando Caicedo, Andrés María Rosillo, Manuel Andrade y Juan Bautista Pey) urgían a la convocatoria de la asamblea eclesiiástica que eligiría los delegados ante la Santa Sede. Se opuso a tal idea el canónigo José Domingo Duquesne, estimándola empresa imposible por razones jurídicas, ya que en ausencia del arzobispo nadie tenía autoridad legítima para citar la asamblea eclesiástica, de tal manera que el único medio legal era <<elevar a Su Santidad cuantas peticiones y representaciones» fuesen necesarias. Por otra parte, el doctor Nicolás Cuervo, medio racionero de la catedral, opinó que «hallándose el reino rodeado de tropas enemigas, sin que se pueda saber cuál
121 Comunicación del cabildo eclesiástico de Santafé al Congreso de las Provincias Unidas. Santafé, 7 de diciembre de 1813. En: Congreso de las Provincias Unidas, 1989, I, pp. 129-132.
120 Acta del cabildo eclesiástico de Santafé, 16 de noviembre de 1813. En: Congreso de las Provincias Unidas, 1989, I, pp.· 121-129.
La liberación de Venezuela por el ejército de Bolívar debió fortalecer la legitimidad del proyecto del Congreso, en especial cuando el agradecido arzobispo de Caracas puso su iglesia bajo la autoridad de la Unión neogranadina, solicitando para ella protección y amparo. En efecto, el cabildo catedral de Cartagena se congratuló por esa carta, considerando que la asociación permitiría lograr ventajas en asuntos eclesiásticos, cuando el Congreso lograra pactar tratados con <da cabeza de la iglesia universal» 122.
De acuerdo al artículo 41 de 1 acta federal, el Congreso invitó, en abril de 1813, a los dos gobernadores del arzobispado a reunir una asamblea de todo el clero del reino. Querían determinar en tal evento los principios de las nuevas relaciones que deberían establecerse con la sede pontificia.
Pero los gobernadores del arzobispado, Juan Bautista Pey y José Domingo Duquesne, no contestaron a la invitación. Lo hicieron seis meses después, ante los repetidos llamamientos del presidente del congreso, argumentando que no tenían facultad para convocar la proyectada asamblea eclesiástica.
En su respuesta al arzobispo, el presidente Camilo Torres le repitió que «la religión ha sido siempre el principal apoyo de los estados», y que la católica romana era «seguramente la más propia para los nacientes gobiernos» de Venezuela y la Nueva Granada, «y para la futura grandeza y prosperidad que les espera». Si el gobierno temporal proporcionaba a los ciudadanos los bienes de que pueden disfrutar en esta vida, «la religión santa nos encamina a una
Comisionados por el congreso, los diputados Juan Marimón y Frutos Joaquín Gutiérrez presentaron, el 25 de enero de 1814, una refutación124 de las objeciones presentadas por el canónigo Duquesne y una propuesta de la representación que debería integrar la proyectada asamblea, si bien se advertía que el Congreso no apoyaría la venida del arzobispo Juan Bautista Sacristán si éste no abjuraba de la dominación española, reconociendo en cambio la independencia neogranadina. Instruído así el Congreso, resolvió el 28 de enero siguiente
• t 123 patria e erna ... » .
122 Comunicación del Cabildo eclesiástico de Cartagena al presidente de las Provincias Unidas. Cartagena, 10 de diciembre de 1813. En: Congreso de las Provincias Unidas,
1989, r. p. 145.
123 Comunicación de Camilo Torres, presidente del Congreso de las Provincias Unidas, al arzobispo de Venezuela. Tunja, 15 de noviembre de 1813. En: Congreso de las Provincias Unidas,
124 Informe sobre el proyecto de una asamblea eclesiástica. Tunja, 25 de enero de 1814. En: Congreso de las Provincias Unidas, 1989, I, pp. 133-139.
1989, I, p. 144.
descontentes comenzaron a divulgar la opinión que atribuía a la emancipación la intención de querer destruír la religión católica.
solicitar al poder ejecutivo que pusiera en efecto la formación de la asamblea eclesiástica. Pero la mayoría de los miembros del cabildo catedral se opusieron, quedando así suspendido el proyecto.
El Real Patronato también había adjudicado a los reyes la cobranza de los diezmos de las producciones agropecuarias de América, con destino al sostenimiento del culto católico. Era así éste un ramo de la Real Hacienda, cuyos funcionarios los distribufan entre el personal y las instituciones religios: conforme a cierta norma, quedándose el estado con una buena parte. Algunos canónigos del cabildo catedral opinaron que la independencias había suspendido este derecho de los reyes, de tal suerte que toda la masa de los diezmos republicanos correspondía al clero, sin participación alguna
Los problemas del congreso respecto de las relaciones del estado republicano con el Vaticano eran tres: la prolongación del derecho del Real Patronato, el recaudo de los diezmos y el asunto de las bulas de cruzada. El congreso quería conservar el derecho de patronato del estado sobre la iglesia católica, reservándose el poder nombrar las grandes dignidades eclesiásticas sin la intervención de otro poder. Pero algunos canónigos neogranadinos se opusieron, argumentando que tal derecho, concedido por los papas a los reyes de España, había cesado con la independencia. Sólo la silla romana podría ratificar tal derecho, y no la mera voluntad del gobierno neogranadino. Aconsejaban que mientras tanto las autoridades eclesiásticas proveyeran los beneficios, previo consentimiento del gobierno. Pero como los dos gobernadores del arzobispado eran adversos a éste, los nombramientos sólo pudieron hacerse en interinidad. Como a la sazón se agregó a esa anomalía la circunstancia de que no había titular en ninguna de las diócesis del reino, ni ordenación de sacerdotes por falta de santos óleos, muchos
para el estado. Pese a tal pretensión, los gobiernos provinciales siguieron recaudando los diezmos y repartiéndolos conforme a la tradición anterior, conservando una parte para las cajas provinciales.
Los gobiernos republicanos suspendieron la venta de las bulas de cruzada, una licencia para comer carne en días de abstinencia, con los cual muchos párrocos amenazaron con negarle la absolución a los confesos de dicho pecado, con las consecuencias derivadas en el empeño de salvación de las almas. Ello contribuyó a propiciar la agitación de muchos religiosos contra los gobiernos republicanos, y a sentar las bases de la futura intransigencia en las relaciones de la iglesia y el estado.
Pese a que todas las provincias se comprometieron con la defensa de la religión católica, en la época de la Patria Boba nació la idea que atribuía a los partidarios del federalismo una secreta intención de destruír la Iglesia. La primera vez que los clérigos y frailes usaron este espectro para movilizar a las masas fue durante el sitio puesto a Santafé por las tropas del Congreso de las provincias Unidas, en enero de 1813. Una vez que Atanasia Girardot tomó las alturas de Monserrate, los moradores de Santafé se llenaron de
La posición federal quedó entonces, en la tradición fanatizada de algunos religiosos, ligada al espectro qne amenazaba a la iglesia católica. Tiempos más adelante, los liberales encamarían este viejo espectro que servía los intereses de movilización política de algunos sectores del clero.
8.4. LEVANTAR LA LEGITIMIDAD DE LA AUTORIDAD
Los nuevos gobernantes de la Junta Suprema santafereña saborearon de inmediato las amarguras de gobernar legítimamente «en el nombre del pueblo soberano». Aunque ellos habían sido proclamados vocales diputados del pueblo en el tumultuario cabildo abierto del 20 de julio, muchos agitadores no cesaban de exigir
consternación. La agitación de los religiosos fabricó entonces el espectro:
« ... persuadieron a la generalidad del pueblo que la religión de Jesucristo iba a perecer si Cundinamarca se confederaba. Por muy ridícula que parezca esta invención, halló numerosos partidarios en Santafé, y el nombre escrito de Jesús a ser la escarapela general: de unos por fanatismo, y de otros por temor. Poco faltó para que Jesús Nazareno, cuya sagrada imagen se venera en el convento de San Agustín, fuera nombrado generalísimo cie las tropas de Nariño» 125.
medidas gubernamentales invocando al pueblo. El restablecimiento del orden público exigía que las peticiones siguieran un curso reposado, por medio del síndico procurador general, para darle tiempo a los gobernantes de proveer medidas reflexionadas:
«Retiráos y que no se oiga en adelante las tumultuarias voces de el Pueblo pide, el Pueblo dice, el Pueblo quiere; cuando tal vez no es más que un individuo, una
125 Restrepo, 1969, I, p. 264.
batir nuestras costas, y enemigos ocultos de nuestra independencia» 128.
pequeña facción, un partido que se aprovecha de vuestra reunión para usurpar vuestro nombre» 126
Por efecto de estos rumores, la Junta percibió cómo el pueblo se formaba «ideas siniestras» respecto de la conducta de sus gobernantes, a los cuales privaba de la «espontánea deferencia que es tan necesaria a su tranquilidad».
La maledicencia contra los nuevos agentes del gobierno se desató desde los primeros días de la república, obstaculizando la construcción de la legitimidad de las medidas gubernamentales. Contra ella se pronunciaron los editores del Prospecto de Gazeta ministerial de Santafé de Bogotá127, quienes declarando su intención de informar al público sobre los planes y trabajos del gobierno, reformas y nuevas instituciones adoptadas, enfrentaron la maledicencia de las personas que
Un caso dramático del nocivo efecto de esa malediciencia fue identificado de inmediato por la Junta Suprema de Santafé: se trataba del entorpecimiento de su entendimiento con las otras provincias:
«La capital, no bien instruída del modo de pensar de las provincias, no las cree animadas de aquel espíritu de unión que es tan necesario en la crisis presente. Las provincias, bien o mal informadas de las opiniones de la capital, creen que ésta vulnera sus derechos y trata de imponerles la ley como señora y soberana» 129•
<<bajo el especioso pretexto de que aman el bien de nuestra Patria ... siembran desconfianzas en el espíritu del pueblo, provocan su odio contra los agentes del gobierno, exageran las faltas reales e inventan otras imaginarias, pintan los hechos con el más negro colorido, forjan noticias favorables a la causa de la esclavitud, expediciones ideales que vienen a
El caso de la maledicencia que los ciudadanos oponían contra las intenciones de sus gobernantes republicanos ejemplifica las inmensas dificultades que el estado nacional ha enfrentado para infundir algo de respeto a su autoridad soberana. La majestad de los reyes,
126 Proclama de la Junta Suprema de Santafé, 23 de julio de 1810. AR, vol. 8, f. 3v.
127 Solamente se publicó el Prospecto, el 13 de diciembre de 1810, porque la Junta Suprema ordenó recogerlo en virtud de la aprobación que se hizo en esa entrega, de 4 páginas, del intento momposino por separarse de la autoridad de Cartagena. AR, vol. 8, ff. 15-16v.
128 Prospecto de la Gazeta Ministerial citada, 13 de diciembre
1810. AR, vol. 8, f. l5v.
129 Ibid., f. 1 Sv.
9. LA RESURRECCIÓN DEL PODER DE LA CORONA ESPAÑOLA
que infundía veneración entre sus vasallos, tendría que ser reemplazada en adelante por la majestad de un estado encamado en los representantes del pueblo. Nariño era querido por los santafereños y odiado por los pueblos de las provincias, como lo prueba la acción de los pasttisos que lo pusieron en las manos de los oficiales españoles. Bolívar fue odiado intensamente por los cartageneros y los santafereños, que sintieron su autoridad militar. En cuanto a los miembros del Congreso, la opinión popular los sospechaba débiles y veleidosos. Los dirigentes de la Patria Boba pudieron entonces experimentar, en carne propia, el grave problema de la edificación de la majestad del estado democrático.
Manuel Rodríguez Torices, gobernador de la Provincia de Cartagena, fue quien primero puso al Congreso de la Unión en noticia130 de la eventual reconquista española. Al puerto de Cartagena llegaron primero las gacetas inglesas que informaban sobre la terminación de la guerra europea, el confinamiento de Napoléon en la isla de Elba y la restitución de Femando VII al trono. En su opinión, la reconquista española empezaría por Cartagena, no sólo por ser la puerta de entrada a la Nueva Granada, sino porque Santa Marta era el asilo de los enemigos de la república. Y frente al peligro inminente reconocía su impotencia militar y económica para impedir la entrada española hacia Santafé.
En julio de 1814 se produjo una serie de comunicaciones entre Francisco de Montalvo, Toribio Montes, el presidente del Congreso de la Unión y el gobernador de Cartagena respecto a la posibilidad de una reanexión de las provincias granadinas a la monarquía española, una vez vuelto al trono Fernando VII.
130 Comunicación de Manuel Rodríguez Toríces al presidente de la Unión. Cartagena. 18 de junio de 1814. En: Congreso de las Provincias Unidas, 1989, II, pp. 4-8.
Rodríguez Torices respondió, de nuevo, que cualquier decisión a tomar sólo estaba en manos del Congreso de la Unión. Efectivamente, Camilo Torres respondió a Rodríguez Torices dándole instrucciones para responder a las pretensiones de Montalvo, quien desde Santa Marta se había proclamado capitán general y jefe superior del reino, en forma enérgica. Ar-
Francisco de Montalvo comenzó informándole, desde Santa Marta, el 15 de julio de
1814, al gobernador de Cartagena sobre las novedades de la restauración monárquica, pidiéndole «un nuevo modo de pensar y de obrar>> para tomar el partido de la reconciliación de dicha provincia con la metrópoli, obedeciendo la constitución gaditana y la autoridad del monarca. Don Manuel Rodríguez Torices, el gobernador de Cartagena, le respondió que sólo al Congreso de las Provincias Unidas competía la decisión de revocar la independencia absoluta de su provincia. Montalvo pasó entonces a exigirle la restitución de la provincia «al estado en que estaba» antes del apresamiento de Femando VII, pues ya había sabido que la constitución gaditana había sido abolida. En su opinión,
gumentó el presidente del Congreso de las Provincias Unidas que la separación de América del «bárbaro yugo» español no debía considerarse ya como una consecuencia de los sucesos políticos de panínsula, sino de la comprensión a la que se había llegado sobre la necesidad histórica de la emancipación, vista la imposibilidad de que un gobierno distante tuviera la capacidad para gobernar la grandeza de América:
<< ... sepan que la (resolución) de América es ser libre, y que la guerra y los males con que nos amenazan no nos intimidan ... El que pelea en su casa por defenderse y por arrojar a un injusto invasor, usa del primero y más sagrado derecho que concedió Dios al hombre en su creación» 132•
«La América no tiene campo abierto para más reflexiones que la de resolverse cuanto antes a implorar, a los pies de S.M., la real clemencia de que ha dado tantas prue-
bas el rey nuestro señor, o prepararse a todos los males consecuentes a la reconquista que debe seguir inmediatamente a su resistencia» 131 .
132 Carta de Camilo Torres al gobernador de Cartagena, instruyendo sobre la manera de responderle a Francisco de Montalvo. Tunja, 6 de septiembre de 1814. AR vol. l, f. 189v-
131 Comunicación de Francisco Montalvo al gobernador de Cartagena. Santa Marta, 5 de agosto de 1814. AR, vol. l. f.
Por su parte, Toribio Montes, teniente general español, escribió al Congreso desde Quito, el 13 de junio de 1814, negando cualquier intención sanguinaria de su parte y recordando que la constitución gaditana había concedido a los americanos «cuanto podían desear en orden a los derechos que reclamaban», igualándolos a los españoles europeos «y constituyendo una misma familia, con unos mismos intereses y acciones». Que pese a ello, el ejército de Nariño había marchado sobre Popayán, derrotando las tropas realistas mandadas por Sámano, que se replegaron hacia Pasto. Allí finalmente fue apresado Nariño, lo que daba al Congreso la posibilidad de destruír las pretensiones centralistas de ese dictador de Cundinamarca, buscando en cambio la reconciliación con la monarquía, evitando más derramamientos de sangre.
dominación de España, lo es porque diez y seis millones de almas no pueden recibir la ley de ocho o diez que hay en la península ... porque sus pueblos no se acomodan con el gobierno monárquico de España 133 •
En consecuencia, ya era imposible la reconciliación: «España quiere la dependencia, el pupilaje, la eterna esclavitud de la América. América ha jurado su absoluta independencia y libertad: esto no tiene remedio». Por ello, el Congreso adhería a la respuesta que le había dado Nariño y no temía la invasión de las tropas de Aymerich.
Las noticias europeas convocaban a las provincias a fortalecer un poder ejecutivo general para repeler cualquier intento militar enviado por una eventual restauración de la corona española. La Legislatura de Antioquia propuso, el 27 de abril de 1814, la realizacón de una convención nacional capaz de erigir un poder ejecutivo general que centralizara la conducción de los asuntos de las defensa militar y la hacienda pública. El periódico santafereño Argos comenzó a divulgar, en las plumas de José Fernández Madrid y José María Castillo,
Camilo Torres le dió respuesta recordándole los crímenes cometidos por los soldados españoles en Pasto y Popayán, advirtiendo sin embargo que
«la América no es libre porque el gobierno español sea cruel. .. lo es porque ningún otro pueblo tiene derecho a hacerla esclava. Lo es porque quiere y debe ser gobernada por sí misma, lo es porque la naturaleza la ha separado de la
133 Respuesta de Camilo Torres a Toribio Montes. Tunja, 9 de julio de 1814. AR, vol. 1, f. 195v.
la necesidad de fortalecer el poder real del Congreso de las Provincias Unidas. La idea se fortaleció con la posición favorable a dicha proyecto de la provincia del Socorro.
general, mientras que los asuntos legislativos quedaban en el congreso, en tanto «cuerpo deliberante». Una alta corte de justicia centralizaría el poder judicial de la Unión. Los gobiernos de las provincias serían ejercidos por gobernadores, dependientes en asuntos de guerra y hacienda del Poder Ejecutivo, y las legislaturas provinciales reducirían su actuación a los asuntos económicos. Pero Manuel Bernardo Alvarez, presionado por los centralistas de Cundinamarca, se negó a ratificar los pactos, presentando a cambio un plan de «alianza íntima», que no fue aceptado por el Congreso. En opinión de este cuerpo, Cundinamarca quería ser una novena parte en asunto de cargas y la mitad en asuntos de gobierno general.
Ante la necesidad de ofrecer una defensa común contra la invasión española, el Congreso había expedido, el 22 de junio de 1814, una nueva ley sobre relaciones con Cundinamarca, invitándola a enviar sus diputados al Congreso para tomar las medidas defensivas requeridas y reformar lo que fuese necesario, preservándole su territorio y la propiedad sobre la Casa de Moneda. En carta que envió a Nariño, Camilo Torres le recordó la triste suerte corrida por el Ejército del Sur y el peligro que se cernía, conminándolo a la unión con todas las provincias neogranadinas. Jorge Tadeo Lozano fue escogido como diputado de Cundinamarca para las nuevas negociaciones con el Congreso, llegándose a la firma de un plan de reforma civil que permitiría a ese estado el ingreso a la Unión.
El Congreso interpretó las propuestas de Alvarez como un regreso al estado político prerrevolucionario, es decir, «que las provincias de la Nueva Granada deben someterse de nuevo a un virrey que resida en Santafé» 134, y decidió exponer públicamente su versión de la conducta «escandalosa y descarada» del dictador de Cundinamarca en contra de la Unión para repeler la invasión española. Fue así como al volver de Venezuela las tropas derrotadas comandadas Bolívar y Urdaneta, el Congreso
El dictador de Cundinamarca, alarmado por las noticias del restablecimiento de Fernando VII en el trono español, comisionó a Jorge Tadeo Lozano para pactar con el congreso la
unión. El 11 de agosto se firmaron los pactos que permitieron el ingreso de Cundinamarca a la Unión federal: los asuntos de guerra y hacienda se centralizaban en un poder ejecutivo
134 Exposición del Congreso de la Unión. Tunja, 6 de octubre de 1814. En: Congreso ... , 1989, II, p. 32.
resolvió enviarlas contra Cundinamarca, intentando anexarla por la fuerza a la Unión. Efectivamente, esta provincia fue tomada por la fuerza el 12 de diciembre siguiente. Alvarez se retiró a la vida privada, y el Congreso emprendió, el primero de enero del afio siguiente, el camino hacia su nueva sede de Santafé.
cumplirían el acta de la federación. Los gobernadores provinciales fueron declarados «agentes naturales y subalternos inmediatos del gobierno general», que incluso podía llegar a deponerlos por incumplimiento de órdenes. El Congreso creó para el Poder Ejecutivo tres plazas de oficial mayor y tres de amanuenses. El 28 de noviembre siguiente se posesionó Custodio García Rovira como triunviro, en reemplazo de Camacho.
Pese a la defección de Cundinamarca, el 5 de octubre de 1814 tomó posesión del Poder Ejecutivo135 el triunvirato compuesto por José María del Castillo, Joaquín Camacho y José Fernández Madrid. En su primera proclama, llamaron a los gobiernos provinciales a obedecer las órdenes del nuevo gobierno general que se establecía para la defensa de todos ellos, divulgando el reglamento para el ejercicio de sus facultades y atribuciones 136• Por su lectura sabemos que este «gobierno general» fue declarado «jefe supremo y permanente del estado» y de las fuerzas armadas, y «primer magistrado» en lo civil, político y judicial. Los triunviros se turnarían cada cuatro meses el puesto de presidente de la Unión, debiendo jurar que
El Poder ejecutivo general propuso a todas las legislaturas provinciales la aplicación de un plan de reforma política dirigido a simplificar y centralizar la administración del poder político para adecuarlo a los requerimientos de la defensa nacional. En Cartagena el gobierno provincial se redujo al gobernador, a un ) senado compuesto por solo tres personas, a una legislatura de siete miembros y a un tribunal de justicia de_tres, incluído el fiscal. Se agregaba
el diputado provincial ante el Congreso de la Unión. Todos ellos fueron elegidos por un colegio electoral.
El primer triunvirato efectivo se constituyó por Custodio García Rovira, Manuel Rodríguez Torices y José Miguel Pey.
135 La Cámara de Representantes de Cartagena había invitado desde el 10 de junio de 1813 a las provincias de la Unión a constituír un Poder Ejecutivo general, capaz de fortalecer la resistencia contra el enemigo común y de atraer a Cundinamarca a ella.
Los diputados de Antioquia, Cartagena y Cundinamarca propusieron, en noviembre de
136 Decreto del gobierno general de las Provincias Unidas de la Nueva Granada. Tunja, 21 de octubre de 1814. En: Congreso ... 1989, II, pp. 35-42.
1815, concentrar el Poder Ejecutivo en una sola
persona, en atención a la rapidez con que tendrían que ser tomadas las decisiones, eiminando el triunvirato. Esta persona llevaría el título de presidente de las Provincias Unidas y tendría un mandato de seis meses, pudiendo ser reelegido por el Congreso. Se acompañaría de un vicepresidente y de un Consejo de Estado. Manuel Rodríguez Torices ocupó el cargo de presidente. Adicionalmente se organizó un Consejo Supremo de la Guerra, cuya función sería proponerle al presidente planes acertados para la defensa de la Nueva Granada. Después de muchas discusiones, no hubo unaninimidad respecto a esta idea de concentración del poder en una persona, pero finalmente se tomó por mayoría este decisión.
gobierno de Cartagena:
« .. .la nueva dirección que han tomado los negocios ( en el Congreso) después de la salida de García Rovira. Ya se piensa de otro modo, ya se calcula, ya se ven las cosas en grande, ya no hay un espíritu de partido, ya no existe la prevención que antes hubo contra ese gobierno (de Cartagena), contra tí (Manuel del Castillo), contra la provincia y contra todos sus hijos: y en favor de los destructores de la patria ... el maldito libertador (Bolí-
) 137 var ... . Por otra parte, el ex-diputado Joaquín Camacho reconoció que había sido un «error capital» el sitio puesto a Cartagena por Bolívar, lo que le había obligado a cambiar de opinión respecto de la conducta de dicho general:
Las negociaciones realizadas entre el gobierno de Cartagena, el comisionado Marimón y Bolívar, que llevaron al exilio de este hacia Jamaica y el traspaso del mando del ejército de la Unión en el general Palacios, provocaron una crisis política en el seno del Congreso de las Provincias Unidas. Uno de los triunviros, Custodio García Rovira, renunció a su cargo. En opinión de José María del Castillo, esta renuncia era el resultado de la defección de Bolívar, pues era público que García Rovira siempre había apoyado sin reservas al libertador, com-. batiendo en cambio a Manuel del Castillo y al
«Yo te confieso que era uno de los más apasionados de este hombre, y que creía ser el único de los nuestros capaces de desalojar a los enemigos de Santa Marta. Estoy tan perfectamente desengañado, que sentiré todos los días de mi vida haber así juzgado de un loco» 138.
137 Carta de José María del Castillo a su hermano Manuel del Castillo. Santafé, 19 de agosto de 1815. AR, vol. 1, f. 486.
138 Carta de Joaquín Camacho a José María García. Santafé, 9 de septiembre de 1815. AR, vol. l, f. 5 lür-v.
Los conflictos por esta salida de García Rovira del triunvirato debieron agudizarse en Santafé. A la sazón era gobernador de la provincia de Cundinamarca Manuel Xavier García Hevia, socorrano como su teniente de gobernador. Un auto de buen gobierno proveído por García Hevia fue replicado por una hoja mandada a imprimir bajo el título de «Bando publicado en la ciudad de Chilampia» por dos opositores de origen cartagenero, Valoco e Isidro Maestre, resultando este último apresado por ello. A esta resistencia se sumaba la del grupo de los piringos, encabezados por Urreta y Somoyar, quienes fueron fustigados por los partidarios del gobernador con un pasquín que fue clavado en sus puertas durante la noche:
gobierno político, civil y militar de las provincias unidas: «su primer y más sagrado deber es la defensa de la patria amenazada». Las funciones militares y de hacienda de los gobernadores de las provincias unidas quedaron bajo la dependencia de ese Poder Ejecutivo.
Como se sabe, el Ejército Expedicionario de Tierra Firme puso sitio a Cartagena, tomándola por hambre, pasando luego a ocupar el territorio interior. Fue entonces cuando pudieron
brillar las dos provincias neogranadinas que ·durante la Patria Boba habían permanecido leales a la Corona, probablemente porque así mantenían incólumes sus fueros provinciales antiguos frente a las pretensiones anexadoras de Cartagena y Popayán: se trata de las antiguas provincias de Santa Marta y Pasto.
« Vivan los intrépidos libertadores, leales socorreños. Mueran los infames enemigos y revoltosos santafereños, con el gobierno general, detestable triunvirato. Morir o vencer, con dictador o gobierno militar» 139 .
En la provincia de Santa Marta se había producido, desde el 22 de diciembre de 1810, una contraemancipación triunfante, encabezada por el gobernador español Tomás de Acosta. Convertida en santuario de los funcionarios españoles exilados, resistió militarmente todos los intentos realizados por los cartageneros y momposinos para someterla. Al comenzar el año 1813 un destacado dirigente momposino, Pantaleón Germán Ribón, informaba al Congreso que las tropas de Mompós habían logrado infringir una derrota a las de la provincia de
De cualquier manera, la inminencia de la invasión de tropas españolas ya había obligado al Congreso, que antes se había negado, a crear un Poder Ejecutivo de la Unión, encargado del
139 Carta dirigida a José María del Castillo y Alarcón por su hermano. Santafé, 29 de agoste de 1815. AR. vol. 1, f. 498r-v.
Santa Marta, «enemigo de eterna ignominia», en octubre del año anterior. Anunciaba que «los bárbaros catalanes» no hallarían en adelante <mi camino, ni misericordia». Frente a esos excesos verbales contra una provincia neogranadina, Frutos Joaquín Gutiérrez giró instrucciones 140
Camilo Torres envió una comunicación 141 , el 25 de abril de 1913, al ayuntamiento de Santa Marta, sobre las desaveniencias de esta provincia cori la de Cartagena. Recriminó al cabildo samario su adhesión a la autoridad española, chocando con el sistema general de la Nueva Granada. Acompañándoles una alocución dirigida a los habitantes de la provincia, y ejemplares impresos del acta federal, pidió comprensión para «la voluntad general» y «los principios liberales sobre que está formado el nuevo gobierno», invitándolos a ingresar a la unión federal.
al gobernador de Cartagena para que en adelante fuese usado un lenguaje conciliador con el cabildo samario, pues en vez de hablar de una «conquista» de Santa Marta debería hablarse de una «liberación». Por otra parte, desaprobó el procedimiento de obligar a los samarios a obedecer la constitución de Cartagena, en vez de haberles propuesto una adopción provisional de ella mientras la propia provincia de Santa Marta organizaba un gobierno local propio. Recordó que «los pueblos no sufren hoy ninguna idea de subyugación ni de conquista de sus mismos hermanos y, antes bien, padecerían gustosos un yugo extranjero por no sufrir otro doméstico». En consecuencia, estaba bien poner en Santa Marta un comandante militar prudente, pero el gobierno político tendría que recaer en un samario adherido a la causa republicana.
Como la expedición militar de Cartagena contra Santa Marta sufrió un revés, el Congreso instruyó 142 al gobernador de Cartagena sobre las medidas urgentes que debería tomar. En primer lugar, había que borrar la impresión de los samarios respecto a una anexión de su provincia a la de Cartagena, publicando entre ellos que «jamás pensó en enseñorearse de ella ni defraudarla en sus derechos: que es y debe ser tan libre como cualquiera de las demás de la Nueva Granada, para darse sus leyes, su
141 Comunicación de Camilo Torres al ayuntamiento de Santa Marta. Tunja, 25 abril de 1813. En: Congreso de ... , 1989, l. p.
142 Comunicación de Francisco Javier Cuevas al gobernador de Cartagena. Tunja, 14 de junio de 1813. En: Ibid, I, pp. [54-
140 Comunicación de Frutos Joaqum Gutiérrez al gobernador de Cartagena. Tunja, 26 de abril de 1813. En: Ibid, I, pp. 153-
gobierno y su constitución particular». Por otra parte, advirtió que la defección de Santa Marta respecto de la causa nacional «parece que han vuelto a despertar en el ánimo del presidente de Cundinamarca (Antonio Nariño) ideas adormecidas».
expedición enviada desde España. El Congreso ordenó a Cartagena contribuír con hombres y pertrechos a este objetivo. Como se sabe, las pugnas de Cartagena con Bolívar y los momposinos frustró toda colaboración para lograrlo, permaneciendo Santa Marta como bastión regalista hasta el fin de la Patria Boba.
El hecho es que la defensa de los fueros provinciales samarios contra la pretensión cartagenera de anexar esa provincia antigua a su autoridad optó por el camino de mantenerse adherida a la Corona, garantía plena de su autonomía frente a las ambiciones de los cartageneros. Fue así como la provincia de Santa Marta se convirtió en el fortín de la resistencia realista contra la autoridad de Cartagena y del Congreso de la Unión. Allí estableció su sede don Benito Pérez, «pretendido virrey», y «bandadas de los malcontentos que han emigrado dé todas las provincias del interior». De allí se enviaban mensajes y emisarios a la Habana, Puerto Rico y Maracaibo solicitando ayuda militar contra el Congreso. El Congreso decidió bloquear desde 1811 la introducción de mercancías por ese puerto, ordenando a las demás provincias el decomiso de las que por allí entraran. Una vez tomada Santafé, Bolívar fue enviado a la campaña contra Santa Marta, Riohacha y Maracaibo, en la idea de liberar toda la costa atlántica para repeler cualquier
El regalismo a ultranza de la provincia de Pasto, celosa de que las tropas de Cundinamarca exterminaran su soberanía, en favor de las pretensiones de Popayán, es uno de los sucesos que los centralistas de todos los tiempos no le perdonan a los pastusos 143 . Una muestra de dicho regalismo es la orden dada por don Toribio Montes, presidente de Quito, para que el tesorero del Ejército Real entregara al cabildo de Pasto unos cabos de bayeta que una señora Vicuña, de Quito, había donado a las mujeres de Pasto, «en premio de la defensa que hicieron contra el rebelde don Antonio N ariño». Una vez recibidos, el cabildo de Pasto ordenó -el 9 de noviembre de 1815- a su procurador y mayordomo que hicieran una lista completa de
143 La provincia de Pasto sufre hasta hoy el castigo presidencial de llevar el nombre de «Nariño», es decir, del general cundinamarqués que capturaron y entregaron a los oficiales españoles.
1 1 1
«las mujeres viudas de los milicianos y paisanos que rindieron sus vidas en la gloriosa defensa que ha ocasionado esta remuneración, digna de la mayor gratitud y que labra una de las mayores distinciones de honor a esta fidelísima ciudad» t44,
a Antonio Nariño, <<a lo largo del río Juananbú», fue ganado en franca lid. Al enviarlo preso a Quito, los pastusos estaban convencidos de haber cumplido los deberes con su patria provincial.
informando de tal cosa al rey, con el fin de que quedase como «monumento» capaz de esclarecer el mérito de la ciudad de Pasto desde el año 1809, pues en opinión de los capitulares, esta ciudad se convirtió en «el refugio y el asilo, tanto de nuestras tropas derrotadas», como de las del rey.
Como ya se mostró, la posición realenga de Pasto puede ser interpretada como una defensa a ultranza de su aspiración a la autonomía de su «patria», frente al proyecto de Cundinamarca a reanexarla por la fuerza a la provincia «suprema» de Popayán, en manos de los republicanos. La intensidad de la defensa de sus fueros locales fue una consecuencia de su posición de honor, enfrentada a la «tiranía» de quienes intentaron invadir su territorio. El duelo de honor que el cabildo de Pasto ofreció
144 Cfr. Archivo Histórico de Pasto, fondo cabildo de Pasto, Independencia, caja JO, ff. 94-95. Agradezco a Dora María Chamorro su colaboración para localizar este documento.
En una carta dirigida a Toribio Montes, teniente general español en Quito, el presidente Camilo Torres trató de aclarar el sentido que tenían las disputas del Congreso que encabezaba con los dirigentes de la provincia de Cundinamarca:
«Nuestras diferencias intestinas son los debates de pluma que aclaran mejor los derechos de un gran pueblo que se va a constituír en nación; son hijas de la ilustrada razón del americano que sabe discernir entre las diferentes formas de gobiemo» 145.
Esta opinión bastaría para destruír la calificación de «Patria Boba» impuesta a una época en la que se plantearon los problemas de la construcción del estado nacional neogranadino, llegándose a ensayar en algunas provincias las , soluciones que fueron adoptadas. Hemos visto
que la expresión «Patria Boba» no se debe a la historiografía, sino a los periodistas de la década de 1820 que disputaban con Antonio Nariño en el contexto de una «conciencia culposa» por
145 Comunicación de Camilo Torres a don Toribio Montes, Tunja, 9 de julio de 1814. En: Congreso de las Provincias Unidas, !09 1989, I, p. 166.
los errores de táctica cometidos en la década anterior por los ejércitos de Cundinamarca y del Congreso. Pero estos errores tácticos de los militares no fueron sólo el producto de las pasiones personales de sus caudillos, sino del celo de los cabildos en la defensa de sus fueros autonómicos y de las pretensiones de algunas cabeceras provinciales por mantener sus viejas jurisdicciones.
provincias legales: Cartagena, Popayán y Quito. Por ello envió sus tropas a liberar Popayán y urgió a los cartageneros para que sometieran a la rebelde provincia de Santa Marta.
Contra esta proyecto de unión de las «provincias legales» se alzó el proyecto de las provincias que habían sido cabeceras de corregimiento, tales como el Socorro, Pamplona, Tunja, Antioquia y Mompós, que defendieron los fueros de los corregimientos creados por la administración modemizante de la segunda mitad del siglo XVIII. La intensidad de la oposición de estas grandes provincias, agrupadas en el Congreso de las Provincias Unidas, llevó a la guerra contra Cundinamarca e incluso contra Cartagena, una «provincia legal» que se opuso tenazmente a los momposinos y al ejército del Congreso que mandaba el general Simón Bolívar.
En la imaginación de la mayor parte de los dirigentes de la Patria Boba ya había dejado de existir la Casa real española, pues se partía del supuesto de la irreversibilidad de la acción napoleónica en Europa. En presencia de ese «vacío de poder», el movimiento inmediato fue la asunción de soberanía absoluta por cada una de las provincias. Este principio fue el punto de partida del proyecto de construcción del estado nacional pero, al mismo tiempo, la fuente de las disputas entre las provincias.
Finalmente, contra el proyecto de las provincias-corregimiento se alzó la insurgencia de las pequeñas provincia-cabildo que defendían los fueros antiguos que provenían de las jurisdicciones capitulares establecidas en los siglos XVI y XVII. En contra de las modernas jurisdicciones provinciales del siglo XVIII, los cabildos de San Gil, Vélez, Girón, Santa Marta y Pasto defendieron las antiguas jurisdicciones capitulares, rebelándose armadamente contra
En efecto, Cundinamarca, que empezó su actividad política con un prudente respeto por los fueros de las demás provincias, derivó hacia la creencia de que estaba destinada a heredar la antigua gobernación del Nuevo Reino de Granada, de tal modo que, como única «provincia legal» en dicho territorio, construiría la nación mediante una unión con las otras tres
las pretenciones de las cabeceras de corregimiento o gobernación por mantenerlas sujetas en los tiempos republicanos.
Los dirigentes de las grandes provincias «legales» de Cundinamarca y Cartagena lograron imaginar la posibilidad de unirse en un solo cuerpo de nación a las provincias «legales» de Venezuela y Quito. Al enviado de Venezuela, el canónigo Cortés de Madariaga, se debe la propuesta de nombrar como «Colombia» el resultado de esta gran unión. Como se sabe, en Venezuela y Quito también se experimentaban los mismos obstáculos que enfrentaba la ambición de Cundinamarca, de tal suerte que sólo la construcción de un único ejército de dichas provincias, gracias a las dotes personales del general Bolívar, lograría realizar tal proyecto en la década siguiente.
Este complejo juego de intereses provinciales de tamaño distinto, unos basados en fueros antiguos y otros en jurisdicciones modernas, fueron definiendo las lealtades de signo distinto que se construyeron durante la Patria Boba. Por una parte, las grandes provinciascorregimiento se nuclearon en el Congreso de las Provincias Unidas, entendiendo que la nueva nación sería el resultado de la cesión mancomunada de sus soberanías en favor de un cuerpo legislativo resultado de su federación. De la otra, Cundinamarca derivó hacia la dictadura para potenciar el esfuerzo militar que le demandó el proyecto de reconstruír la jurisdicción gubernativa del Nuevo Reíno, fundamento de una nación que resultaría de su unión con las otras dos jurisdicciones gubernativas de Popayán y Cartagena. Finalmente, las pequeñas provincias-cabildo se la jugaron, para contrarrestar las pretensiones de dominio de las provincias-corregimiento, a la anexión a los grandes poderes gubernativos de Cundínamarca (Vélez, San Gil, Sogamoso) o España (Santa Marta y Pasto), capaces de defender sus aspiraciones de la autonomía, ofreciendo a sus naturales una mejor representación política.
El proyecto de construcción de una nación moderna de ciudadanos exigió pensar el problema de la incorporación de los grupos sociales que no disfrutaban de plena libertad política o de individualidad económica. Los dirigentes de la provincia de Antioquia_mostraron entonces el paso de la liberación de los partos de esclavas como apertura del camino que conduciría hacia la liberación total de este grupo y su incorporación a la ciudadanía. En la provincia de Cundinamarca se planteó el asunto de la dignidad de los indígenas, presentados como origen social de la nueva nacionalidad, formulándose las ideas que llevarían a la
extinción de las tierras de resguardo y de la obligación de tributar como camino hacia su incorporación plena a la nación neogranadina. En general, los momposinos trataron de mostrar, con su acción política radical en la plaza de Cartagena, que la independencia abría a los hombres libres la posibilidad de ascender socialmente, independientemente de su nacimiento, por sus propias virtudes y talentos.
defensa de la religión católica, una continuación de la tradición hispánica. Finalmente, cada dirigencia provincial tuvo que sortear las dificultades opuestas a la tarea de mantenimiento del orden público interno, provenientes no sólo de la oposición política de grupos de ciudadanos sino además de la maledicencia que acompaña la acción de los nuevos gobernantes. Desde entonces, el problema de la legitimidad de la acción del gobernante se puso a prueba.
Puestos en acción de gobernar independientemente, los dirigentes de las provincias del tiempo de la Patria Boba experimentaron las formas de resolver los problemas de la construcción de la nación neogranadina, paladeando los sinsabores propios del arte de gobernar a los aprendices de ciudadanos. Así, las primeras cartas constitucionales dividieron el nuevo
La provincia de Cartagena, por su situación geográfica, fue la primera que dió las noticias sobre la restauración monárquica acaecida en la península y sobre la invasión de tropas españolas que se avecinaba. El Congreso de las Provincias Unidas debió entonces fortalecer al poder ejecutivo para enfrentar los problemas de la defensa, pero las contradicciones personales entre el general Bolívar, que comandaba el ejército de la Unión, y el coronel Manuel Castillo, defensor de Cartagena, frustraron el proyecto de someter la provincia samaria. Desmoralizados por el odio de los C.!1[tageneros, los militares venezolanos que sucedieron a Bolívar en el mando cuando éste se marchó al exilio, permitieron la disolución de una fuerza militar que podría haber hecho un mejor papel en la resistencia contra el Ejército Expedicionario de Tierra Firme. La caída del primer
poder público en las tres ramas que prescribía el ideario liberal, estableciéndose las metas de levantar los monopolios básicos del estado: la guerra y la hacienda pública. La provincia de Antioquia mostró una gran eficacia en estas tareas, ora organizando fábricas de pólvora y fundiciones de armamento, ora imponiendo empréstitos forzosos a sus ciudadanos.
Correspondió al Congreso de las Provincias Unidas la tarea de restablecer las relaciones con el Vaticano, dando cumplimiento al compromiso que todas las provincias con la
experimento republicano de la Nueva Granada y la desaparición de buena parte de los dirigentes de la Patria Boba dejó abierto a los patriotas sólo el camino de las armas. Empezó así el momento del Ejército Libertador, situado más allá de la defensa de cualquier fuero provincial, modificando sustancialmente las condiciones de la futura acción política. Con la creación de Colombia, después de la ley fundamental de Angostura, la defensa de los fueros provinciales pareció haber quedado definitivamente en el pasado. Al menos por un tiempo ...
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