Academia Nacional de la Historia
Armando Martínez Garnica
5.971 palabras · unos 30 minutos de lectura
Conferencia anual José Gil Fortoul
La impronta de los venezolanos en la experiencia revolucionaria de los neogranadinos
Armando Martínez Garnica
Influencia de las gacetas y declaraciones caraqueñas
Los inmigrados de Caracas
La visita oficial del canónigo de Caracas a Santafé
El nacimiento de Colombia en el Congreso constituyente de Venezuela
El Virreinato de Santa Fe y la Capitanía General de Venezuela fueron dos entidades administrativas distintas del Estado monárquico de los Borbones españoles. Los cuerpos de vasallos que administraban en sus respectivas jurisdicciones eran distintos, pero hacían parte del conjunto de los estados de la misma monarquía. Esa pertenencia conjunta a lo que se comenzó a designar en la primera mitad del siglo XIX con el nombre de Nación española fue la condición del interés y atención con que sus respectivos sucesos fueron seguidos por los ilustrados de ambas jurisdicciones, pero aquí solo nos ocuparemos de la influencia de los venezolanos en el proceso revolucionario que vivieron los neogranadinos desde 1810 y hasta la creación de Colombia que, digámoslo de un vez, fue una invención de venezolanos.
Influencia de las gacetas y declaraciones caraqueñas
La Gaceta de Caracas era leída con mucho interés por los abogados neogranadinos, pues gracias a este medio podían seguir las noticias europeas. Fue así como el abogado más brillante que actuaba en los estrados de las Real Audiencia de Santa Fe, el doctor Camilo Torres Tenorio, adquirió y distribuyó entre sus amigos entregas de dicho periódico, tal como se registra en una carta dirigida a su hermano Jerónimo, el 5 de febrero de 1809, quien vivía en la ciudad natal de ambos, Popayán.[1] Redactor de la representación que en 1809 el Cabildo de Santa Fe intentó dirigir a la Junta Central y Suprema de España y las Indias, este abogado fue candidato de seis cabildos del Virreinato a diputado ante ella, y siguió con atención el resultado de las elecciones en los cabildos de la vecina Capitanía, donde resultó electo un paisano suyo, el payanés Joaquín de Mosquera y Figueroa, a la sazón regente visitador de la Audiencia de Caracas.
El 12 de junio de 1809 se realizó la selección de la terna del cabildo de la capital del Virreinato, resultando el doctor Torres en ella, junto con dos abogados más: el santafereño Luis Eduardo de Azuola y el tunjano José Joaquín Camacho. El sorteo realizado favoreció al doctor Azuola. El 16 de septiembre siguiente procedió el Real Acuerdo a escoger la terna final del Virreinato, resultando integrada por el doctor Azuola, don Juan José Matheu ―conde de Puñonrostro― y el mariscal de campo don Antonio de Narváez. Un niño de tres años sacó de una jarra de plata la boleta correspondiente al mariscal Narváez, el cartagenero que se convirtió en el diputado del Virreinato de Santa Fe. Como se sabe, el cabildo de Caracas controvirtió la elección del diputado de la Capitanía General, precisamente porque su origen payanés lo hacía no natural de ella, y el éxito de esta demanda llevó al doctor Mosquera a las filas del Real Consejo de Indias, y desde 1813 a integrar el Real Consejo de Regencia, convirtiéndose en el neogranadino que más alto pudo encumbrarse en la burocracia del Estado monárquico.
Gracias a la Gaceta de Caracas comprobó el doctor Torres que los diputados de América ante la Junta Central habían perdido su destino, cuando esta se disolvió, y que tampoco serían ya necesarias las instrucciones que muchos cabildos habían preparado para el diputado del Virreinato. Esta doble frustración del extraordinario trabajo político que los abogados neogranadinos habían realizado durante el año 1809 fue el supuesto de las decisiones que tomaron en el siguiente año de 1810. Pero para ello no solamente tenían la inspiración de la fallida junta de gobierno que se formó en el Quito del 10 de agosto de 1809, sino de la que se formó en Caracas durante la Semana Santa de 1810.
Por su vecindad, los corregimientos de Pamplona, Socorro y Tunja, así como la plaza de Cartagena de Indias, fueron los lugares que registraron con mayor prontitud la erección de la Junta suprema de Caracas. Don José Jover, teniente de corregidor y justicia mayor de Tunja, hizo leer un bando el 7 de junio de 1810 para prevenir “la obstinación y perversidad de los vecinos de la ciudad de Caracas, que han llegado hasta el lamentable extremo de retraerse de la justa obediencia a la suprema autoridad que ejerce la Soberanía en nombre de nuestro legítimo Rey el señor Don Fernando Séptimo”.[2]
En este mismo día los señores capitulares de la ciudad de Tunja leyeron en su sesión ordinaria la comunicación que el virrey Antonio Amar y Borbón había enviado al teniente de corregidor de Tunja para informarle sobre los sucesos acaecidos en Caracas, encargándole que estuviese vigilante y “se cele que no se introduzca en esta provincia emisarios ni papel alguno que puedan dirigir los rebeldes de la ciudad de Caracas, con el depravado objeto de atraer a su abominable partido a los leales vasallos de esta provincia, y que en el caso de introducirse unos u otros se les diese parte o aviso para providenciar lo conveniente en defensa de los derechos de nuestro legítimo soberano Don Fernando 7º, lo que se prometía de la lealtad, fidelidad y patriotismo de todos los individuos de este cuerpo”. Efectivamente, el teniente de corregidor ordenó al cabildo cumplir con lo que había prevenido el virrey.[3]
En 1811, cuando el Congreso de las provincias de Venezuela se reunió, las noticias sobre lo que ocurría en sus sesiones fueron seguidas por los abogados santafereños con mucha atención. El doctor José Gregorio Gutiérrez, quien informaba de todo lo que ocurría a su hermano Agustín, residente en Santa Marta, es una fuente de primer orden para el registro de ese interés. El 9 de junio de 1811, por ejemplo, relató a su hermano que “el Congreso de Caracas está dominado por la Sociedad Patriótica que se ha establecido allí. Se compone ya de más de 150 miembros, entre ellos Miranda. Tienen sus sesiones públicas, se tratan materias que le gustan al Pueblo, y forman sus actas. Regularmente los puntos que se discuten son de los que actualmente trata el Congreso, y que este va a decidir, no puede hacer otra cosa que lo que ha determinado ya la Sociedad Patriótica. Todo esto cómo les agradará a los chapetones, y a los Ingleses, que se disputarán quién debe llevarse la presa”.[4]
Como se sabe muy bien, el 5 de julio de 1811 se produjo en el Congreso la votación que aprobó la Declaración de independencia de Venezuela respecto de la monarquía de los Borbones. Esta noticia llegó a Santafé durante el mes siguiente y produjo un estallido popular de júbilo que fue relatado por José Gregorio Gutiérrez con las siguientes palabras: “Caraqueños (dice la proclama en que se anunció esta determinación en Caracas) ya no reconocéis superior alguno sobre la tierra, solo dependéis del Ser eterno. Este papel que vino impreso en un carácter de letra arrogante lo fijó el Bola Ricaurte en la esquina de la Calle Real. Comenzó a divulgarse la noticia; los chisperos empezaron a ensalzar hasta las nubes la conducta de Caracas y a blasfemar de la España y de Fernando 7º, y la Calle Real se llenó de gente. Por la tarde pidieron licencia para una música, y salieron con ella desde la Plaza por las calles reales hasta las Nieves, quemando voladores sin término, y gritando “Viva la independencia”. Toda la jarana duró hasta las 6, en que gritaban ya “muera Fernando 7º, por pendejo, y todos los chapetones”, y se quitaron e hicieron quitar las escarapelas”.[5]
Sabemos que don Miguel de Pombo mantenía una nutrida correspondencia con el venezolano Domingo González. Este último decidió enviarle una copia de esa correspondencia a Juan Germán Roscio, quien en la respuesta que dio desde Caracas, el 7 de septiembre de 1811, vertió unos comentarios muy ilustrativos sobre el interés de algunos congresistas venezolanos en el desarrollo de los acontecimientos políticos en Cartagena.[6] Esta carta muestra bien los motivos de Roscio al escribir Patriotismo de Nirgua y abuso de los reyes, un folleto de gran trascendencia en la revolución neogranadina. Roscio no solo siguió con cuidado la situación del vecino Reino sino que mantuvo además correspondencia con varios dirigentes de las juntas provinciales, entre ellos don Miguel de Pombo. El Manifiesto al Mundo[7], fechado el 30 de julio de 1811, fue puesto a circular por la Gaceta de Caracas. El comentario de José Gregorio Gutiérrez a su hermano, fechado en Santafé el 9 de octubre de 1811, prueba su impacto en el Nuevo Reino de Granada: “Poco me queda que decirte de noticias públicas después que he puesto en el correo todos los impresos que han salido, y que las contienen. Van en pliego cerrado, para que no se extravíen, particularmente el famoso Manifiesto de Caracas, que expone los fundamentos que tuvo aquel Estado para declarar su absoluta independencia de España: papel interesantísimo, y que desearía que no se perdiese antes de llegar a tus manos, principalmente que no cayera en las de los de Tenerife.[8]
La historiografía colombiana ya ha reconocido los tres contextos históricos en los cuales se produjo la declaración de independencia de Cartagena. Son ellos el momento histórico en que se publicaba en el mundo ese tipo documental llamado declaraciones de independencia, el conflicto interno que acaecía en la propia provincia de Cartagena, y el la coyuntura política marcada por la reciente declaración de independencia de Venezuela y por su Manifiesto al mundo.[9] Así como “la conexión caraqueña” es parte de la representación histórica reciente sobre la independencia de Cartagena, también habría que esperar alguna similitud entre los textos de las declaraciones de estos dos movimientos. Efectivamente, el texto de la primera constitución de Venezuela fue bien conocido y estudiado por los abogados neogranadinos, quienes no dejaron de compararla con las que ya se había dado Cundinamarca y la que se dieron Antioquia y Cartagena a comienzos de 1812. Los caraqueños fueron más lejos al proponer a los neogranadinos la realización de un Congreso continental de toda la América Española, un proyecto que fue considerado por unos de los principales ideólogos del Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, el doctor José Joaquín Camacho: “No sabemos si esta confederación general supone el centralismo en cada uno de los grandes departamentos o reinos que envían a él sus diputados, y esperamos que el sabio autor del proyecto nos dé el pormenor para dirigirnos en las medidas ulteriores, que tal vez habrán comunicado a este gobierno, y de que daré a vuestra excelencia las noticias que pueda adquirir en tan importante asunto.[10]
Los inmigrados de Caracas
El terremoto político del 26 de marzo de 1812 puso en marcha un nuevo impacto de los sucesos de Caracas en el Nuevo Reino. Ya no se trataba de la influencia de sus gacetas y de sus manifiestos, sino del impacto inmediato de los hombres de Venezuela que llegaron inmigrados a la escena neogranadina. Los recién llegados expresaron de inmediato su inconformidad con la inactividad que percibían en el Gobierno de Cartagena, y alegaron que no estaban dispuestos a “ser testigos de otra catástrofe igual a la de Caracas”. La contrarrevolución de las Sabanas de Tolú y del Sinú, el 15 de septiembre siguiente, fue la primera oportunidad para que estos emigrados de Venezuela entraran a las acciones militares en el nuevo escenario de la lucha entre los realistas de Santa Marta y el Gobierno de Cartagena. La historiografía colombiana ya ha mostrado el modo como los emigrados de Venezuela participaron en la expedición contra los pardos de las Sabanas de Tolú en dos partidas: la terrestre fue acaudillada por el teniente coronel Manuel Cortés Campomanes y la marítima por el coronel Miguel Carabaño, quien estaba acompañado por su hermano Fernando.[11] El 12 de noviembre siguiente, en el arroyo grande de Mancomojan, Cortés derrotó a los pardos insurrectos y los puso en desbandada. Por su parte, los hermanos Carabaño y el zambo José Padilla tomaron la fortaleza de Cispatá el 26 de noviembre siguiente y obligaron a los soldados del regimiento Albuera a embarcarse en Tolú con rumbo a Panamá. El comandante Cortés Campomanes impuso a los pueblos de las Sabanas una conscripción forzosa, con lo cual llevó a Cartagena 800 soldados nuevos para emplearlos en la campaña contra la plaza de Santa Marta.
A la vista de los éxitos militares logrados por los militares inmigrados de Venezuela, el coronel Simón Bolívar terminó de redactar, el 15 de diciembre de este año, su Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada. Salida en el mes de enero de 1813 de la imprenta cartagenera de Diego Espinosa de los Monteros, esta Memoria se convirtió en la primera convocatoria a defender las semillas y las raíces del “árbol de la libertad de Colombia”. Su plan de campaña era sencillo: “aproximarnos a Maracaibo por Santa Marta, y a Barinas por Cúcuta”. Este audaz y ambicioso coronel caraqueño fincó gratuitamente el honor y la gloria de la Nueva Granada en la propuesta de “tomar a su cargo la empresa de marchar a Venezuela a libertar la cuna de la independencia colombiana”, argumentando que el “benemérito pueblo caraqueño” clamaba por la ayuda de “sus amados compatriotas, los granadinos”, a quienes aguardaban con impaciencia, considerándolos, además de compatriotas, como a sus “redentores”.
Nació con esta Memoria pública el proyecto político de convertir a los caraqueños y a los granadinos en “compatriotas” y en “hermanos”. La tozudez y la suerte militar de este caraqueño hizo posible entonces el nacimiento constitucional de la República de Colombia en la Villa del Rosario de Cúcuta ocho años y medio después, pero también con su muerte este proyecto bajó “tranquilo al sepulcro”. No fue el único soldado venezolano que dejó sus huesos en la Nueva Granada por la causa de la independencia. El 8 de julio de 1816 fue fusilado en la plaza de San Camilo de la ciudad de Popayán, por orden del último virrey, el oficial Prudencio España, hijo del capitán retirado José María España, el primer sacrificado en Venezuela por la impresión del texto de los Derechos del hombre y del ciudadano, quien había sido capturado en el combate de la Cuchilla del Tambo, el grito de cisne de la primera república neogranadina.[12]
La inmigración de venezolanos a Cartagena, tras la caída de la primera república venezolana y de la capitulación de San Mateo, había sido un proyecto acariciado por Miranda cuanto sus esperanzas de triunfar sobre Domingo Monteverde se esfumaron. El general Pedro Gual recordó una conversación con Miranda sobre esta capitulación, en la cual este expuso el siguiente plan inmediato: “Dirijamos la mirada hacia la Nueva Granada, donde cuento con [Antonio] Nariño, que es mi amigo. Con los recursos que probablemente obtendremos en ese virreinato, y con los oficiales y las municiones que podemos llevar de Venezuela, reconquistaremos Caracas sin correr los riesgos que nos amenazan en el momento presente. Es necesario permitir que Venezuela se reponga de los efectos del terremoto y las depredaciones de los realistas.[13] Pero la mayoría de los oficiales venezolanos que se preparaban para defender a su patria en peligro, entre ellos Bolívar, no podían adivinar esta intención. Juzgaron entonces la capitulación como una traición de Miranda, y por ello al alba del 31 de julio de 1812 lo capturaron, ante su inminente partida de La Guaira en una embarcación que lo esperaba. Con ese acto pusieron término a la acción política de Miranda, quien terminó sus días enfermo en el hospital de la cárcel de La Carraca, cuando comenzaba el día 14 de julio de 1816. Fue así como el eminente caraqueño, quien había alimentado por más de dos décadas el sueño de la construcción de una nación colombiana en el continente suramericano, murió en las manos de la justicia española y bajo la sospecha de “traidor” que le imputaron sus propios oficiales. Pero su sueño le sobrevivió, precisamente en quien lo entregó a las autoridades españolas de La Guaira: el coronel Simón Bolívar, otro caraqueño.
La visita oficial del canónigo de Caracas a Santafé
El canónigo de Caracas, José Cortés de Madariaga, fue enviado en febrero de 1811 ante la Junta Suprema de Santafé como comisionado de la Suprema Junta de Caracas para adoptar conjuntamente “medidas capaces de centralizar el respetable poder depositado en ambos estados por los heroicos, religiosos pueblos, sus constituyentes”[14]. José de Acevedo y Gómez le respondió de inmediato, complacido por la posibilidad de una “unión del poder y de los recursos de los dos Estados de Venezuela y la Nueva Granada”, entendiendo que “la confederación de los dos estados será un muro donde se estrellarán los esfuerzos impotentes que todavía hace el despotismo”. Le anunció un gran recibimiento en Santafé, como correspondía al momento histórico en que “dos pueblos dignos de la libertad” se darían por primera vez “los ósculos de la fraternidad americana”. Había terminado el tiempo en que los funcionarios indianos habían prohibido “hasta el comercio inocente de los pueblos de Venezuela con los de la Nueva Granada”, y se abría el de la fraternidad de dos estados americanos[15].
Durante la noche del 14 de marzo entró el canónigo a Santafé, acompañado por Francisco Xavier Briceño. Al día siguiente fue recibido solemnemente por las personas más distinguidas de la capital. El 16 fue recibido por el Colegio Electoral, donde pudo presentar sus credenciales y dar cuenta de su misión. A la entrada y a la salida del palacio le fueron hechos “los honores señalados por ordenanza a los embajadores de estados soberanos”. Cortés de Madariaga pronunció un discurso en el que comunicó el ofrecimiento de la Junta de Caracas de “invariable amistad y eterna decisión para mantener los vínculos e insoluble alianza de los dos grandes pueblos de Cundinamarca y Venezuela”[16]. Don Jorge Tadeo Lozano de Peralta, presidente del Colegio Electoral y Constituyente, le respondió en los mismos términos. Por orden del presidente Lozano, José de Acevedo y Gómez examinó los regalos que entregó y escribió la nota de agradecimiento, en la que prometía el envío de ellos a la Biblioteca pública de Santafé y aseguró que “nuestros compatriotas mirarán con gusto al general Miranda en el lugar preeminente que le señala la justicia y le consagra la historia colombiana...”[17]. Estas palabras demuestran que la familiarización con la palabra Colombia se inició en Santafé desde la llegada del canónigo ilustrado enviado por Venezuela, quien gracias a las cartas geográficas de D'Arcy de la Rochette podía nombrar con esa palabra al continente suramericano. En la circunstancia emocionante que se produjo por la propuesta de una confederación de los estados de Venezuela y la Nueva Granada para enfrentar unidos una posible reconquista española, la palabra comenzó a designar la idea de un nuevo continente unido e independiente. En vez de la voz genérica de América, la palabra Colombia designó el esfuerzo de hermandad de los pueblos liberados de España, en especial de los suramericanos.
Después de varios días de conversaciones entre las partes, el 28 de mayo fue firmado un Tratado de alianza y federación entre los Estados de Cundinamarca y Venezuela, de tal suerte que la misión de Cortés de Madariaga pudo darse por terminada felizmente. Un resumen de los artículos de este Tratado fue certificado por José Acevedo y Gómez,[18] el cual nos deja saber que los dos nuevos Estados se habían prometido “la más firme amistad y sólida alianza”. Una unión federativa de Cundinamarca y Caracas fue presentada como opción futura, una vez que pudiera reunirse un Congreso General de más estados independizados. Los editores del Semanario ministerial celebraron la apertura de la posibilidad de comunicaciones directas entre venezolanos y granadinos sin licencia real, lo cual nos proporciona un elemento explicativo de la formación de dos naciones distintas por sus respectivos pueblos. La prohibición real de establecer comunicaciones directas entre las grandes provincias había contribuido a formar la imaginación de que se trataba de pueblos distintos y separados. El Tratado fue ratificado por el Congreso Constituyente de Venezuela el 22 de octubre de 1811, indicándose que solo era para “prosperar y fomentarse recíprocamente, para mantenerse libres e independientes de toda dominación y yugo extranjero, y para llevar a su perfección la obra que ha emprendido la América”.
El proyecto de formar una sola nación mediante la federación de las provincias neogranadinas y venezolanas se fortaleció cuando la campaña del Ejército neogranadino del Norte en Venezuela tuvo un rotundo éxito: el general Bolívar liberó Caracas y restableció su gobierno republicano. José Fernández Madrid, diputado por Cartagena ante el Congreso de la Unión, informó en Tunja, el 12 de noviembre de 1813, que el gobierno civil de Venezuela estaba meditando y proponiendo “formar un cuerpo de nación con las Provincias Unidas de la Nueva Granada”[19]. Esta idea debió aparecer en un folleto impreso que circuló, el cual contenía el proyecto de gobierno provisional para la Venezuela liberada.
Esta idea de formar un solo cuerpo de nación con Venezuela había tomado fuerza en este año, pues en febrero el Congreso había recibido una carta[20] enviada desde Cartagena por José María Salazar, “enviado de Venezuela, o ciudadano de la Nueva Granada”, quien afirmaba la intención de estrechar las relaciones entre los dos estados, prestándose mutuo auxilio militar y celebrando tratados de recíproca utilidad. En ese momento ya había caído el gobierno patriótico en Venezuela y estaban llegando los exilados a Cartagena, “buscando en este un asilo de seguridad y una segunda patria”, pero Salazar estaba seguro de que esa defección atribuida a Miranda era un revés pasajero, prometiendo una pronta “regeneración” política. Solicitó el envío de tropas granadinas a la frontera venezolana para animar los esfuerzos que ya se estaban realizando por los mismos venezolanos, basándose en “el sagrado deber que le prescribe la fraternidad”.
Efectivamente, este mismo año fue restablecido el gobierno republicano en Venezuela, ante lo cual la provincia de Cartagena envió a Caracas un agente de negocios con instrucciones para darle a conocer “los diferentes actos y resoluciones que se han expedido por este gobierno a fin de unir los dos países en un cuerpo de nación”, persuadiéndole de “los deseos sinceros de Cartagena de unirse por vínculos y pactos indisolubles con Venezuela”[21]. Para ello se propuso una convención de todas las provincias de la Nueva Granada y Venezuela, que podría iniciarse con la presencia de las provincias litorales comprendidas entre el Darién y el Orinoco. La sede del gobierno general proyectado tendría que ser Maracaibo o uno de los pueblos de Cúcuta cercanos a la laguna, pues las costas tendrían que considerarse “como la vanguardia de la nación que vamos a formar”.
El Poder Legislativo de Cartagena instruyó a sus diputados ante el Congreso de la Unión para que promovieran la unión de la Nueva Granada y Venezuela, agregando una nota confidencial[22], dirigida al secretario del Estado de Cartagena, en la cual se afirmaba que “el más noble uso” que los generales Bolívar y Mariño podían hacer de la autoridad que se les había conferido era “dar a la independencia de su patria un carácter sólido y estable, uniendo de hecho la Nueva Granada y Venezuela en un cuerpo de nación”[23].
Para conjurar “las odiosas rivalidades que vulgarmente nacen de las diferencias locales”, los territorios unidos de la Nueva Granada y Venezuela se llamarían en adelante Colombia. Una vez que los diputados de Venezuela hubiesen firmado la unión, reconocerían al gobierno de la Nueva Granada como gobierno supremo de toda la nación así formada. La primera tarea de este gobierno sería la liberación de todas las provincias de la costa atlántica comprendida entre el Darién y el Orinoco, y una vez cumplida, se convocaría a una convención general de todas las provincias granadinas y venezolanas, depositando el poder ejecutivo en una sola persona, de conocida integridad y luces, auxiliada por tres secretarios: de estado y relaciones exteriores, de hacienda, y de guerra y marina. Se nombraría también una Alta Corte de Justicia, y un reglamento provisorio establecería las atribuciones de los tres poderes. El objeto principal de esta convención sería el de expedir una constitución para ese cuerpo total de nación y “acomodar los gobiernos particulares de las provincias a la naturaleza del gobierno general”. La residencia del gobierno general estaría en Maracaibo o uno de los pueblos de Cúcuta cercanos a su laguna. Para divulgar este proyecto, el gobernador Manuel Rodríguez Torices publicó el acto del Poder Legislativo del Estado de Cartagena que decretaba “la unión de este Estado con Venezuela”, para los fines de liberación de las provincias costeras, autorizándolo para solicitar “los buenos oficios del gobierno de Venezuela para con el Congreso de la Nueva Granada, a fin de cooperar todos a hacer efectiva la unión de la Nueva Granada con Venezuela”[24]. Este Tratado fue ratificado por el Congreso Constituyente de Venezuela el 22 de octubre de 1811, indicándose que solo era para “prosperar y fomentarse recíprocamente, para mantenerse libres e independientes de toda dominación y yugo extranjero, y para llevar a su perfección la obra que ha emprendido la América”.
Al igual que lo había hecho Miranda, el coronel Bolívar usó la voz Colombia para designar a todo el hemisferio hispanoamericano, pero fue solo después de su sorprendente triunfo en la batalla del campo de Boyacá que estuvo en condiciones políticas para lanzarse a la realización del proyecto, pero cuando ya la ambición de la nueva nación había reducido sus límites al tamaño de la reunión de los territorios que habían pertenecido al virreinato de Santa Fe y a la capitanía general de Venezuela. En vez de hablar del Continente Colombiano, como tanto placía a Miranda, Bolívar prefería usar las expresiones Hemisferio Colombiano y Hemisferio de Colón. Por ejemplo, cuando entró a Santa Fe, a mediados de diciembre de 1814, al frente de las tropas del Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada que forzaron finalmente a Cundinamarca a suscribir el Acta de Federación, se dirigió a los vencidos mencionado el hemisferio de Colombia.[25] Pero cuando se dirigió al presidente de la Unión de Provincias de la Nueva Granada, a finales de diciembre de 1814, para congratular la instalación del Gobierno de la Unión en Santa Fe, propuso que el amor ligara “con un lazo universal a los hijos del hemisferio de Colón”, para que “esta mitad del globo” perteneciera “a quien Dios hizo nacer en su suelo, y no a los tránsfugas trasatlánticos”. Todavía a mediados de 1818, cuando respondía a Juan Martín Pueyrredón, presentaba al “pueblo de Venezuela” que se mantenía independiente en Angostura como “la gloria del hemisferio de Colón” y el “baluarte” de la independencia de la América del sur.[26]
El nacimiento de Colombia en el Congreso constituyente de Venezuela
Durante el año del bicentenario del Congreso constituyente de la Villa del Rosario la historiografía colombiana se atrevió a reconocer que la República de Colombia fue una creación de venezolanos. La datación de este hecho es muy clara: el 17 de diciembre de 1819, el Congreso de Venezuela reunido en Santo Tomás de Angostura aprobó la Ley fundamental de Colombia. Esta ley fue firmada por 16 diputados venezolanos y un único diputado granadino. Una semana después, el general Bolívar ingresó a este Congreso para prestar el juramento de desempeñar las obligaciones de primer presidente interino de la República de Colombia, paradójicamente conforme a la constitución de Venezuela. No hay duda alguna: Colombia fue una creación de venezolanos, y fueron ellos quienes abandonaron esa ambición política.
Las provincias de la Nueva Granada fueron convertidas por esta Ley fundamental en partes del nuevo Departamento de Cundinamarca. Cuando el primer vicepresidente interino de Colombia, Francisco Antonio Zea, fue enviado a Londres para tramitar un empréstito, fue reemplazado en interinidad por un venezolano, Juan Germán Roscio, quien se encargó de trasladar la sede del Gobierno de Colombia a la Villa del Rosario de Cúcuta, donde encontró la muerte antes de poder abrir el Congreso constituyente.
Durante la sesión del 7 de septiembre de 1821 procedió el Congreso constituyente de Colombia a elegir el primer presidente constitucional. Recibieron votos tres militares venezolanos, los generales Bolívar, Soublette y Montilla, y solo un general granadino, Antonio Nariño. Como se sabe, por amplia mayoría resultó elegido el general Bolívar, con lo cual la República de Colombia fue gobernada durante el resto de la década por un caraqueño. Hay que agregar la nómina de los oficiales venezolanos que fueron escogidos por este como los primeros intendentes de los departamentos de Venezuela, Orinoco, Zulia, Magdalena, Istmo, Guayaquil y Quito, respectivamente Carlos Soublette, José Francisco Bermúdez, Lino de Clemente, Mariano Montilla, José María Carreño, Juan Paz del Castillo y Antonio José de Sucre.
Aunque los historiadores caraqueños han dicho que la provincia de Caracas no estuvo representada en el Congreso constituyente de Colombia, hay que recordarles que efectivamente no hubo tiempo para organizar las jornadas electorales que le habrían permitido enviar los cinco diputados que les correspondían, pero que sí estuvieron presente cinco diputados nativos de Caracas representando otras provincias: José Prudencio Lanz, Pedro Gual Escandón, el presbítero José Félix Blanco, el coronel Francisco Conde y Cerbeleón Urbina. Hay que agregar a don Miguel de Zárraga, vecino de Caracas, donde falleció a su regreso de la Villa del Rosario.
La impronta de los venezolanos en la experiencia revolucionaria de los neogranadinos, y en especial en la experiencia de la primera República de Colombia es un dato significativo de su historia. Por eso fue tan desalentadora su mínima participación en el Congreso de Historia conmemorativo del bicentenario que se reunió en la Villa del Rosario a finales del pasado mes de agosto. Ojalá esta experiencia no vuelva a repetirse en el futuro.
Carta de Camilo Torres Tenorio a su hermano Jerónimo. Santafé, 5 de febrero de 1809. ↑
Archivo Histórico Regional de Boyacá, fondo Archivo Histórico, legajo 474. ↑
Archivo Histórico Regional de Boyacá, Cabildos, legajo 44. ↑
Carta de José Gregorio Gutiérrez a su hermano Agustín, Santafé, Junio 9 de 1811. ↑
Carta de José Gregorio Gutiérrez Moreno a su hermano Agustín, Santafé, agosto 28 de 1811. ↑
Carta de Juan Germán Roscio a Domingo González donde le explica las intenciones que ha tenido con sus reflexiones acerca del origen del poder monárquico. Caracas, 7 de septiembre de 1811. Fundación John Boulton, Sección Venezolana del Archivo de la Gran Colombia, Serie G, números 55-62. Manuel Pérez Vila, comp., Epistolario de la Primera República, t. 2, Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1960, pp. 222-226. ↑
Este Manifiesto fue publicado por entregas en la Gaceta de Caracas (9 de agosto a 6 de septiembre de 1811), firmado por Juan Antonio Rodríguez Domínguez, quien presidía el Congreso en ese momento, y por Francisco Isnardi, su secretario. Algunos historiadores, como Caracciolo Parra Pérez (Historia de la Primera República de Venezuela, 1939, tomo II, p. 55) atribuyeron su autoría al diputado José María Ramírez, dado que el 5 de julio, cuando fue declarada la Independencia, presidía el Congreso; pero la historiografía posterior la concedió a Juan Germán Roscio, teniendo en cuenta su brillante ilustración. Sin embargo, como tanto en la Historia de Venezuela de Feliciano Montenegro y Colón (1839), como en la compilación monumental de José Félix Blanco y Ramón Azpúrua titulada Documentos para la vida pública del Libertador Simón Bolívar (1873) fue publicado el Manifiesto con las dos firmas originales, la reciente historiografía mantiene la autoría de Rodríguez e Isnardi. Agradezco a la doctora Inés Quintero Montiel, de la Universidad Central de Venezuela, la información precisa que me suministró sobre el primer Congreso de las Provincias Unidas de Venezuela. ↑
Carta de José Gregorio Gutiérrez a su hermano Agustín. Santafé el 9 de octubre de 1811. ↑
Armando Martínez Garnica, “Los contextos de la declaración de independencia de Cartagena de Indias”, en revista Economía & Región, Cartagena, Universidad Tecnológica de Bolívar, 2011, en prensa. ↑
Carta de José Joaquín Camacho a la Junta de Tunja informando sobre el alcance de la Constitución de Cundinamarca, sobre la propuesta caraqueña de un Congreso Continental, sobre la comisión de Custodio García Rovira ante las juntas del Socorro y Girón y sobre la posible entrada del nuevo virrey al Reino. Santafé, 22 de mayo de 1811. Manuscrito, Real Academia de la Historia, 2 f. Sig. 9/7648, leg. 5, a), ff. 48-49. ↑
Armando Martínez y Daniel Gutiérrez, La contrarrevolución de los pueblos de las Sabanas de Tolú y el Sinú (1812). Bucaramanga, Universidad Industrial de Santander, 2010. ↑
Santiago Arroyo: Apuntes históricos sobre la revolución de independencia en Popayán, 1896. ↑
BLANCO, José Félix y AZPURÚA, Ramón. Documentos para la historia de la vida pública del Libertador, Caracas, Imprenta de “La Opinión Nacional”, 1875, tomo 3, 761. ↑
Oficio del enviado de Caracas hacia el supremo gobierno de Santafé. Pamplona, 23 de febrero de 1811. En: Suplemento al No. 4 del Semanario ministerial del gobierno de Santafé de Bogotá (marzo de 1811). Archivo Restrepo, vol. 8, f. 25. ↑
Respuesta de José Acevedo y Gómez a la carta del canónigo Madariaga. Santafé, 7 de mayo de 1811. En: Ibid, Archivo Restrepo, vol. 8, ff. 25v-26. ↑
Discurso del enviado de Venezuela ante el gobierno de la capital del Nuevo Reino, 16 de marzo de 1811. En: Suplemento al no. 6 del Semanario Ministerial del gobierno de la capital de Santafé de Bogotá (21 de marzo de 1811), p. 3. AR, vol. 8, f. 43. ↑
Carta de José de Acevedo y Gómez al enviado de Venezuela, José Cortés de Madariaga. Santafé, 18 de marzo de 1811. Publicada en el suplemento al no. 6 del Semanario ministerial del gobierno de la capital de Santafé en el Nuevo Reyno de Granada (21 de marzo de 1811), p. 4. AR, vol. 8, f. 43v. ↑
Certificación expedida en Santafé, el 7 de junio de 1811, por don José ACEVEDO GÓMEZ, secretario de Estado y del Despacho Universal de Gracia y Justicia. El artículo 1 transcrito es el texto modificado por el Congreso de Venezuela. En Jorge Tadeo LOZANO. Documentos importantes sobre las negociaciones que tiene pendientes el Estado de Cundinamarca para que se divida el Reyno en Departamentos, Santafé de Bogotá, Imprenta Real, 1811, 89-91. BNC, Pineda, 299. CVDU1-367, no. 3. Publicada por Humberto CÁCERES en Jorge Tadeo Lozano, Bogotá, Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, 1987, 79-81. Publicada también por el coronel José de AUSTRIA en Bosquejo de la historia militar de Venezuela en la guerra de su independencia, Caracas, Librería de Carreño Hermanos, 1855, tomo I, 95-96. Publicada también por Antonio José URIBE en su Colección de tratados internacionales de Colombia y también por Daniel ARIAS ARGÁEZ en el Boletín de Historia y Antigüedades, 21: 244 (septiembre de 1934), 494-496. ↑
Comunicación de José Fernández Madrid al presidente de las Provincias Unidas. Tunja, 12 de noviembre de 1813. En: Congreso de las Provincias Unidas, 1989, I, p. 118. ↑
Carta de José María Salazar al presidente del Congreso de la Unión. Cartagena, 10 de diciembre de 1812. AR, vol. 1, ff. 144-145v. ↑
Instrucciones para el agente de negocios de Cartagena de Indias cerca del Gobierno de Venezuela. Cartagena, 17 marzo de 1814. AR, vol. 1, ff. 161-162v. ↑
Nota confidencial al secretario de estado. Cartagena, marzo de 1814. AR, vol. 1, ff. 168-170v. ↑
Ibid, f. 168. ↑
Acto legislativo dado por el Supremo Poder Legislativo del Estado de Cartagena de Indias, 9 de marzo de 1814. AR, vol. 1, f. 171. ↑
Proclama de Simón BOLÍVAR, general en jefe del Ejército de la Unión, a los ciudadanos de Cundinamarca y a los granadinos. Cuartel General Libertador en Santa Fe, 17 de diciembre de 1814, en Simón BOLÍVAR. Obras Completas, compilación de Gerardo Rivas, Bucaramanga, FICA, 2008, tomo 1, 278-279. ↑
Carta de Simón BOLÍVAR a Juan Martín Pueyrredón. Angostura, 12 de junio de 1818, en Obras Completas, Bucaramanga, FICA, 2008, tomo 2, 189. ↑