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Artículo

1808 en el Nuevo Reino de Granada

Armando Martínez Garnica

1.228 palabras · unos 6 minutos de lectura

El primero de enero de 1808 se abrió en el Cabildo de Santa Fe, capital del Virreinato del Nuevo Reino de Granada, el pliego que contenía la selección de los funcionarios que ejercerían sus empleos este año. Se vio entonces que los dos alcaldes ordinarios serían don Juan Nepomuceno Cabrera y don Nicolás Rivas, y que el Cabildo estaría integrado por siete regidores, el alférez real, el alcalde mayor provincial, un alguacil mayor, el fiel ejecutor, el síndico procurador general, un abogado asesor, el mayordomo de propios, el secretario y dos porteros. Se trataba de los beneméritos de la ciudad, todos colegiales de la misma y la mayoría abogados, aunque había sillas ocupadas por los hacendados locales de mayor prestigio social, como la familia del marqués de San Jorge y los Caicedo, si bien pesaba en ellos más su ilustración que sus propiedades.

La Guía de forasteros que dos años antes se había publicado nos recuerda que la máxima autoridad de este Virreinato era don Antonio Amar y Borbón, quien desde mediados de 1803 vivía con doña Francisca Villanova en el Real Palacio de Santa Fe. Era en este sitio donde se concentraba la mayor parte de los altos funcionarios: los ocho oidores de la Real Audiencia, el regente y el asesor general del Virreinato, así como un nutrido grupo de oficiales menores que componían una nómina de 125 empleados. Todos ellos vivían de su oficio de pluma, como también lo hacían los 71 abogados que cotidianamente ingresaban para representar a sus clientes en los estrados de la Audiencia. La jerarquía eclesiástica de la capital estaba encabezada por el arzobispo Juan Bautista Sacristán, y el cabildo de la Catedral se integraba por 22 profesionales de la palabra y de la pluma, cuyos beneficios provenían de la mitad de la masa de los diezmos del Arzobispado. En todo el Arzobispado de Santa Fe ejercían 535 miembros del clero secular y 532 miembros de los cleros regulares, a los que habría que agregar los correspondientes a las diócesis de Cartagena, Santa Marta y Popayán. Los hombres de la profesión militar servían en Cartagena al Regimiento Fijo y en Santa Fe al Batallón Auxiliar que reforzaba la guardia personal del virrey.

Desde junio de 1808 las noticias de la crisis familiar que condujo a la sucesión monárquica fueron ampliamente conocidas en los cabildos de las ciudades y villas que integraban este Virreinato. La respuesta unánime fue la tradicional en estos casos: lectura pública de bandos, repicar de campanas de las iglesias, misas de acción de gracias, iluminaciones nocturnas y cohetes. Pero la nueva crisis de la sucesión de los reyes Borbones en José I Bonaparte desafió todas las tradiciones políticas conocidas en los reinos indianos, poniendo en alerta a todos los espíritus ilustrados.

El 9 de agosto siguiente desembarcaron en el puerto de Cartagena de Indias los comisionados de la Junta de Sevilla y entregaron a don Blas de Soria varios despachos. Uno de ellos era la real provisión que convocaba a "conservar la unión y fidelidad de esos dominios a éstos reinos y a esta Suprema Junta que los representa, contra las tentativas y especies sediciosas que puedan promover algunos traidores y los simulados despachos del emperador de los franceses". Pero también pedía que le fuesen entregados a los comisionados todos los caudales reales que estuvieran en caja, así como los donativos patrióticos que dieran los neogranadinos. El 3 de septiembre siguiente entró a Santa Fe uno de estos comisionados, el capitán de fragata don Juan José Pando y Sanllorente. Después de reunirse con el virrey y los oidores para relatarle las novedades de la Península, todos los funcionarios, clérigos, colegiales, seglares y mujeres comenzaron a usar en el pecho, el sombrero o en el brazo izquierdo "la cifra de Fernando VII". La jura de fidelidad a Fernando VII se efectuó en la capital del Virreinato el 11 de septiembre siguiendo la larga tradición de los reinos indianos en estos casos: salvas de artillería en la Huerta de Jaime, retreta de músicos, cabalgata de todas las personas principales con el pendón real, jura pública del oidor Fernando Benjumea sobre un tablado fabricado a toda prisa, reparto de monedas conmemorativas y reales de plata, faenas de toros y ecuestres, refresco en la casa del alcalde Nicolás Ribas, iluminación nocturna con faroles y comedias.

El 13 de septiembre siguiente fue leído un bando declarando la guerra al emperador de los franceses, llamándolo "traidor y usurpador de las personas reales y católicas de España". Tres días después se leyó otro pidiendo al vecindario donativos para apoyar la guerra de los españoles contra los franceses. Fue de esta manera como el capitán Sanllorente pudo llevarse consigo el recaudo patriótico de este Reino: medio millón de pesos entre donativos y el situado. El 22 de septiembre, el doctor Benito Joseph Lambi, obispo de Cartagena de Indias, leyó una Carta pastoral sobre los sucesos de la Península. Llamó a la unidad de la nación española y a defender a Fernando VII contra "ese dragón infernal, el emperador de los franceses", luchando por su restauración en el trono español.

El 29 de octubre se realizó la jura de fidelidad a Fernando VII en Popayán. El alférez real, don Manuel Antonio Tenorio y Carvajal, levantó el real pendón "con un júbilo y regocijo tan completo y general que no tiene ejemplo, y que sólo podrá exceder el que explique esta leal ciudad en el deseado día de la restitución al trono de su amado monarca". El 20 de diciembre siguiente, el virrey y la Audiencia de Santa Fe ordenaron la realización de las juras de fidelidad en todas ciudades y villas del Nuevo Reino de Granada. El cabildo de la villa de La Purificación, en la provincia de Neiva, fijó el día 7 de diciembre siguiente para la puesta en escena de la ceremonia. La misa de acción de gracias fue realizada el día siguiente, pronunciando el panegírico del nuevo monarca el doctor Manuel Campos y corriendo el refresco por cuenta del hacendado Luis Caycedo.

Este año se cerró en Santa Fe y Cartagena con la lectura del Manifiesto de creación de la Junta Suprema de Sevilla (17 de junio de 1808), en el que se decía que Carlos IV no tenía derecho alguno a enajenar la Corona de España, dado que la Monarquía de España no era suya sino de la descendencia de la familia de Borbón, y que entre el 23 y 27 de mayo "toda la Nación se ha levantado en masa a proclamar a su rey y defender a su Patria".

Al despuntar el año siguiente se recibió la comunicación del conde de Floridablanca, quien presidía la Junta Central Suprema y Gubernativa que se había formado en la Península, en la que se enumeraban las tres tareas de las juntas patrióticas: conservación de la Religión Católica, defensa de los derechos y soberanía de Fernando VIII, y "todo lo que conduzca al bien y felicidad de estos Reinos y mejoría en sus costumbres". En consecuencia, el 18 de enero de 1809 se repitió en Santa Fe la jura de fidelidad al rey cautivo y a la nueva Junta Suprema. Cuatro meses después de formó en Quito la primera junta patriótica de este Virreinato, con lo cual se abrió la posibilidad de la revolución política que llevaría a la independencia de las provincias de este Reino.

Ex libris de Armando Martínez Garnica: las tres plumas del Príncipe de Gales sobre una corona, con el lema «Ich Dien» y su nombre manuscrito.
Del archivo personal de Armando Martínez Garnica.